Eren se despertó en un suelo suave y frío con un enorme dolor de cabeza. El castaño recordaba perfectamente cómo había terminado ahí. Después de la discusión con Mikasa, el chico empezó a destrozar la habitación que le habían dado. Todo el enfado. Toda la ira. Todo el odio que no le había podido expresar a aquel hombre que afirmaba ser su padre lo demostró contra los muebles, las paredes…incluso sobre la cama.
¿Por qué le tocaba a él? ¿Por qué le tocaba a él ser el que tuviera que tomar las decisiones más difíciles y tener que sufrir tanto? Él, quién había hecho mil sacrificios, había abandonado toda si humanidad y se había tenido que despedir de varios amigos y conocidos. No era justo. Varias personas le habían tachaado a Eren de héroe. Que al parecer él era el elegido, la última esperanza de la humanidad... Bueno…A alguien le tenía que tocar.
El muchacho se levantó del suelo para poder ver a su alrededor y observar que la habitación permanecía igual que como se la habían dado. Vaya, parece que ni destrozar piezas se le daba bien al castaño.
-¡Joder!-Gritó Eren mientras le daba un golpe a la pared. Después de eso se dirigió a la puerta para irse pero para la sorpresa del chico vio que la salida de la habitación estaba ocupada por un maniquí. Un maniquí que sostenía una armadura rojo con detalles dorados que iba acompañada de una capa carmesí. Aquella coraza tenía tres cabezas de oro esculpidad en cada una de las corazas.
A Eren al principio aquello le pareció una estupidez. Seguramente Zeus habría ordenado que se la diera. Recordaba aquella prenda de la estatua de ese hombre que se hacía llamar Ares y que al parecer era el Dios de la Guerra. ¿Qué significaba aquello? ¿Qué tenía eso que ver con él?
El castaño no tenía ninguna intención de ponerse eso pero entonces recordó lo que le había ordenado el capitán Levi: Haz lo que te digan. Si te hacen ponerte un vestido te lo pones, si te hacen follarte a alguien te lo follas y si te golpean… tragas la sangre que haya en tu boca y te levantas.
…..
Eren, con la armadura ya puesta, se fue tratando de explorar todas las cosas que le faltaban por ver en aquel monte sobre las nubes. Al final, terminó en una especie de zona de entrenamiento donde tuvo la sorpresa de encontrarse con Mikasa y aquel otro castaño que afirmaba ser hermano suyo. Los dos jóvenes se encontraban en medio de un entrenamiento que consistía que la pelinegra usaría sus dos espadas dobles para luchar contra Perceo que llevaba su sable dorado. Los chicos parecían felices, incluso Mikasa parecía estar sonriendo. Lo más alarmante es que vio a su hermanastra vestida únicamente con su sujetador deportivo blanco y sus pantalones cortos de color negro. Le parecía horrible que Mikasa se mostrara de esa forma para aquel desconocido. ¿Quién se creía? La gota que colmó el vaso fue cuando Mikasa trató de hacerle una zancadilla al castaño pero falló, haciendo que los dos terminaran en el suelo. Ella encima de él, para ser exactos.
-¡Eh, vosotros dos!-Les llamó Eren a los dos chicos.-¿Qué creéis que estáis haciendo los dos?
-¿Nosotros? Absolutamente nada, hermano.-Contestó Perceo con sinceridad y una sonrisa en su rostro.
-No me llames hermano, maldito cabrón.-Dijo con furia Eren. ¿Por qué tenía que llamarle hermano? ¿Por qué se comportaba de esa manera con él? Demasiadas preguntas.
-Oye Eren, no hace falta comportarse así.-Sentenció Mikasa a causa del comportamiento del chico.
-No. No hace falta que tú te comportes así con él. Joder, lo conoces desde ayer y ya te estás abriendo de piernas para él.
Perceo y Mikasa se quedaron sin habla ante la respuesta del castaño. Perceo incluso se sonrojó un poco. A Eren eso lo único que hizo fue enfadarle aún más. Fue en ese moemento en el que se le ocurrió lo que él pensaba que era una buena idea.
-Pero sabes qué. Resolvamos estao. Ahora. Tú y yo solos.
-¿A-A qué te refieres?-Preguntó el otro castaño.
-Ya que afirmas ser mi hermano demuéstralo. Lucha contra mí.
Para Eren, la lucha era el único descanso de la tortura constante que era su vida. A Mikasa le sorprendía el tremendo cambio de actitud que había tenido el chico pero le sorprendió mucho más la respuesta del retado.
-Está bien Eren, tú ganas. A luchar.
…..
La noticia del enfrentamiento de los dos hermanos no tardó en volverse noticia entre todos los habitantes del Olimpo. La zona de entrenamiento no tardó en llenarse de ciudadanos olímpicos que esperaban ver una lucha feroz. Por otra parte, también estaban presentes todos los miembros del equipo de exploración. No hablando Zeus, que lo veía todo desde una enorme silla en el centro del estadio.
Erwin y Levi estaban un poco alejados de allí porque al parecer el rubio quería hablar de un asusnto privado con el mejor soldado de la humanidad.
-Levi, necesito que hagas una cosa. Sí por casualidad Eren gana esta lucha, tú y yo iremos a buscar nuestras armas y tomaremos este lugar.-Sentenció el comandante.
-¿Se puede saber por qué, Erwin?
-Sé que ese tal Zeus nos oculta algo, pero tambien sé que no nos lo va a decir. Haremos que hable por la fuerza. Reuniremos a nuestro equipo y tomaremos este sitio pasillo a pasillo.
Levi se quedó callado por un momento. Esperaba poder hablar con su superior y amigo acerca de lo que había descubierto acerca de su pasado y su presente, pero al parecer el rubio tenía otros planes.
-Esta bien Erwin. Como siempre confío en tu buen juicio.
-Gracias Levi. Y por cierto...-Empezó a hablar el comandante.-Te quedan muy bien esas espadas encadenadas que llevas a la espalda, por no hablar de que esa mancha roja en tu ojo va mucho contigo.
Mientras tanto en la arena de combate, Eren parecía estar feliz por el encuentro, por fin tendría la oportunidad de poder soltar todo ese odio que llevaba dentro y que se había originado desde hace apenas un día. Pero no se podía decir lo mismo del pobre Perceo. Él no deseaba luchar contra Eren. Después de tanto tiempo separado de su hermano…Él no le aceptaba, no le quería, le odiaba. Podría haber dicho que no al duelo pero había una cosa que el castaño no era, un cobarde. Tenía que mantener el rumbo.
El árbitro dio comienzo a la lucha y los dos hermanos se pusieron el posición. Eren no dudó ni un solo comienzo y se convirtió en titán. Una inmensa nube de polvo se levanto una vez que A Eren le golpeo aquel rayo. Un inmenso titán de pelo castaño surgió de la tierra y lanzó un fuerte rugido que llegó a los oídos de todos los espectadores que incluso llegaron a asustarse. Esta vez, la forma Titán del chico tenía una forma diferente. Debía ser por el hecho de que Eren llevara puesta aquella armadura de que el titán tuviera unas placas de color rojo acopladas al cuerpo como si fueran brazales, rodilleras, grebas y demás cosas. A pesar de eso, Perceo no retrocedió. Podía ser la primera vez que veía un titán pero ya se había enfrentado a cosas duras antes. Él sabía que era por esa forma que muchos jóvenes morían en la tierra.
Al instante Eren lanzó un ataque contra su hermano, quién lo esquivó sin ningún problema haciendo un salto hacia atrás. A los miembros del equipo de exploración es sorprendió que a continuación Perceo pudiera hacerle frente a un titán inteligente a pesar del hecho de no tener un equipo de maniobras.
Perceo pudo esquivar los golpes que Eren no dejaba de soltar sin ningún problema, pero sabía que tenía reducir el terreno de juego pues el tamaño importaba en ese caso.
De la nada una lanza dorada se formó en la mano del chico, la cual le lanzó al titán haciendo que este pe partiera de la cintura para abajo. Lo había conseguido pero el trofeo no le duraría mucho pues una vez que Eren consiguió equilibrar lo que quedaba de su cuerpo, una inmensa ola de fuego le rodeo. Muchos de los espectadores se asustaron pero Levi, Erwin y Hanji sabían lo que significaba aquello. Eren había llegado a la fase dos de la titanización la cual aumentaba sus poderes y le hacía habitualmente perder el control de sus acciones. Levi preparó sus espadas en caso de que algo ocurriera.
Perceo sabía que esta vez el tablero estaba igualado. La ventaja de Eren era su tamaño, la de Perceo era la ira de su hermano.
Automáticamente, Eren le lanzó un golpe a Perceo el cual no pudo esquivar y le terminó dando de lleno. Todos los espectadores quedaron sin habla, en especial Mikasa ya que por lo que ella sabía: Perceo era como cualquier otro ser humano. Se cansaba, sudaba y sangraba... Y moría. No parecía del todo un dios. La mestiza no sabía que pensar en aquel momento. Una parte de ella quería que Eren ganara esa lucha pero otra le hacía querer que Perceo saliera sin un solo rasguño.
De los escombros de una pared salió el joven de la armadura azul, el cual había escupido algo de sangre y estaba polvoriento. El pobre chico respiraba con mucha dificultad y parecía que se había lastimado especialmente en la pierna derecha. La batalla podría haberse terminado ahí porque era cierto lo que Mikasa decí no tenía la fortaleza ni la inmortalidad de un Dios Olímpico, pero eso no significaba que no tuviera los poderes de uno.
-No me queda de otra. Tendré que hacerlo.-Habló para sí mismo el chico.
Unas llamas azules empezaron a rodear el cuerpo de Perceo. El chico terminó haciendo una esfera de llamaradas en sus manos, la cual le lanzó a Eren haciendo que el fuego que rodeaba su cuerpo se disipara. A continuación, le lanzó un tridente que parecía estar hecho de agua haciendo que el titán quedara atrapado en una esfera de líquido. Por último, Perceo se esforzó para formar esta vez un relámpago en sus manos. Una vez que el relámpago le golpeo a Eren, se produjo una gran explosión que hizo que todo el estadio se llenara de polvo. Cuando este se fue, se pudieron ver los huesos restantes del monstruos que estaban alrededor de Eren.
Perceo sabía que había ganado, por lo que se dirigió hacia su hermano para estrecharle la mano pero en cuanto estuvo cerca de él, este le dio un puñetazo que le hizo al guerreo azul retroceder ya que el puñetazo fue extrañamente fuerte. En cuanto recuperó la visibilidad, Perceo pudo ver que esta vez era el cuerpo humano de Eren el que estaba en llamas.
-¿Qué es eso? ¡Se está quemando!-Exclamó Mikasa desde las gradas a lo que Zeus intervino para ponerle una mano en el hombro a la chica.
-No debes preocuparte, niña. Mi hijo no está sufriendo daño alguno. Este es el verdadero poder de un Dios de la Guerra.
-¿Acaso tú tienes el poder de Ares?-Preguntó sorprendido Perceo en el campo de batalla mientras que Eres esbozaba una sonrisa diabólica.
-Bueno…Ya calentamos suficiente, ¿no? Ahora empieza lo que es bueno.-Dijo el chico mientras que una espada de fuego se formaba en su mano y la empuñaba hacia su hermano.
RenKouhen: Me alegro de que te gustara la historia de Kratos. Si quieres conocerla mejor te recomiendo que te mires el videojuego de God of War. En mi opinión es uno muy bueno y es por eso que he querido hacer este tipo de crossover. No te preocupes, muestra toda la ira que quieras respecto a cualquier personaje. Lamento el haber tardado tanto en subir una actualización pero la escuela me ha mantenido muy ocupado. Me enteré de que eras chica porque tengo ciertos…instintos. Nah, es una coña. Me enteré porque usabas adjetivos femeninos para referiste a ti misma.
