Acá estamos otra vez, no pasó tanto tiempo. Creo que le agarré el ritmo a la historia aunque (cruzo-dedos) nunca se sabe. Voy a ser escueta. El capítulo lo pensé en base al tema HACELO POR MI de Ataque 77. Pero la primer escena de Harry y Ginny, está inspirada en otros dos: "Bonita" de Cabas, y "Ella dijo" de Los Estelares. El segundo es un temón y... prácticamente copié la imagen entera del tema, porque es maravilloso jaja.

Ahora sí, respuestas:

Natu: Jajajajajaja me reí con tu comentario de la sacudida. Espero no desconcertarte pero, Harry todavía tiene sus pires jajajaja está muy loquito, igual.. en este capítulo se sigue viendo así que... En cuanto a la cerveza, a mí tampoco me gusta, pero es de una canción de Sabina y lo quise poner jajajajaja. Espero que te guste el capítulo, y... ¡Extraño nuestras charlas! Te quiero. Beso.

Joanne: Amigaaaa, como siempre, tus reviews levanta-ánimos. ¡Muchas gracias!, aunque más me levantaría saber de tu vida... pero en fin, estamos complicados qué se le va a hacer. No sólo me fui de vacas, me fui con el gordo jajaja, pero la pasé mayormente enferma asi que... jajajajaja. Si podes dejar los reviews de siempre, como ya sabes, bienvenido... sino, con darme un renglón de opinión me conformo (pero no me dejes sin, que sos mi guía para entender si voy bien o no jajaja). Gracias por todo!, Te quiero!.

Tinazuaje: ¿A vos te dio calor leerlo? ¡A mi me dio calor escribirlo! jajajajajaja pero no entremos en detalle que me dejo muy mal parada. La verdad es que tenía más miedo que ganas con esta escena porque... no eras la única con expectativas! Y, no da desilusionar jajajajaja.. Sinceramente, hice lo mejor que pude pero, tenía miedo jajaja. Tampoco me lo imaginaba dejándolo en franeleo porque... ¡Vamos!, ¡Es Harry! ¿Quién se conforma sólo franeleando? Y menos Ginny jajajaja.
Sobre Ron y Hermione no quiero acotar nada porque se me escapa la lengua. Sólo que estoy poniendo mucho de mí en esa relación. O sea, no de mí, mi historia.. sino lo mejor de mí porque, me estoy enamorando de ellos. En este capítulo no va a pasar tanto pero ya en los próximos dos, explota todo jajaja. Espero que te guste. Muchas gracias por tu review!

Susy Snape: Ya era hora de que notara su idiotez no? Jajajaja. Pobrecito. ¡Gracias por el review!, espero que te guste el capítulo!, Hacémelo saber. Besos

Myriam Torres: Gracias por el review!, espero que la evolución paulatina de la historia de Ron y Hermione te guste. Yo me estoy encariñando bastante con ella. Saludos y gracias por el review!.

Andryharryp: ¡Que bueno que te gustara la canción!, La verdad es que cada vez pongo más esmero en los temas porque, me ayudan mucho a guiar el capítulo por completo. Lo de Sophía, ennloquecería a cualquiera jajaja esta hecha mierda la mina jajajja. Por otro lado, me alegro que te gustara la inclusión de Anne en la historia, la realidad es que ya estaba pensada desde un inicio, pero recién se entera acá. De todos modos, lo importante es cómo saldrán de ello. ESPERO QUE TE GUSTE el capítulo. Saludos y gracias por el review.

Fatty73: Como siempre amiga!, MUCHAS GRACIAS POR EL APOYO!. Me encanta saber que sieempre voy a contar con uno de tus reviews, muchas gracias y... espero que disfrutes el capítulo. Besos!.

Lali Evans: Que bueno que te gustara el avance en youtube. A mí me gustó hacerlo y, no creo que se vuelva costumbre, pero para el capítulo 12 estoy preparando otro... espero que también guste, la idea es incentivar un poco más la imaginación que sólo con pequeños párrafos de adelantos. Asi que, QUE BUENO QUE HAYA FUNCIONADO!. En cuanto a la charla entre Ron y Hermione, si bien comienza a percibirse un poquito ahora, falta un capítulo más para que explote con sinceridad... Espero que te guste. GRACIAS POR LA OPINION y, a ver que te parece el capítulo. Besos.

Rocidito: ¡No puedo explicarte lo bien que me hizo leer tu review! Como siempre, de primera tus observaciones y, me encanta como desentrañás hasta la última gota de razón en los actos de cada uno. Me da ganas de seguir dándole profundidad a cada personaje... ¡Me encanta! MUCHAS GRACIAS!. En cuanto a lo que me pedías de subir algo mío, bueno, la verdad es que todavía estoy aprendiendo y, no me siento conforme con nada de lo que haya hecho desde cero.. Y aunque le pongo toda mi pasión a los videos que edito (como el del avance del capítulo anterior), al no tener el material con las expresiones exactas, se me complica mucho, por eso me las rebusco como puedo, ¡Pero muchas gracias por la observacion! Ahora bien, en cuanto a tu análisis, a Harry todavía le falta golpearse contra varias piedras para exorsisarse por completo de las secuelas que Sophía le dejo, pero no quiero arruinarte nada, así que.. shhh!, (Sólo voy a decirte que, cuando eso vaya avanzando, algunas de las dudas que me comentaste que te quedaron, se aclararán). Como bien notas, el viejito importa, pero más importa Draco y... no la va a pasar tan bien. Y... De Ron y Hermione no quiero acotar nada porque soy muy boca floja y voy a cantar toda la verdad jajajaja NO ME OBLIGUES. ¡Amiga, muchas gracias por tomarte el tiempo para dejarme semejante review! Aprecio muchísimo los detalles, me ayudan a saber qué tan bien o mal encaminada voy, así que, si la trama está evolucionando, es siempre gracias a lo que me aportan ustedes y reviews como el tuyo. Por eso, de nuevo, gracias!. Espero que disfrutes este capítulo. Besos!.

Ahora sí... CAPÍTULO. ¡Disfruten!


Capítulo 10: Engañándonos

Yo no sé lo que sentí esa tarde que te vi.
Yo pensaba en otras cosas, fuiste mucho para mí.
Yo creía en tus palabras, tu mirada me engañó,
a
hora sé que no sos mía, la culpa la tuve yo.
Yo no quise lastimarte, jamás tuve esa intención,
f
uimos presos de un impulso, yo solo buscaba amor...Y cuando te veía en la calle, no podía evitar,
que el silencio se adueñara, me quedaba sin hablar.
Y ahora sé que no sos mía, la culpa la tuve yo.
Si queres podés marcharte, sólo te pido un favor.
Si aun te queda algo de amor, dentro de tu corazón,
no me mires a los ojos que me muero, yo me muero de por mi... Y todo eso que sentía, esa tarde que te vi,
a
hora no tiene sentido, fue un mal sueño para mi.
Y al pensar en tu mirada, ya no puedo sonreír.
Si queres podés marcharte, sólo te quiero decir:
Si aun te queda algo de amor, dentro de tu corazón,
n
o me mires a los ojos, que me muero, yo me muero de por mi...

[…]

La pelirroja abrió por fin los ojos algo aturdida y mareada aún de la resaca. Se desperezó y, cuando percibió que el resto de la cama no estaba fría cómo debería, lo recordó todo. ¡Qué tonta de ella! ¿Cómo iba a olvidar la maravillosa noche que ese lunático le había hecho pasar? Porque seguía pensando que Harry estaba algo trastornado. Después de todo, no habían sido normales la mayoría de sus arranques sexuales, ni el modo en que dominó su cuerpo, ni el modo en que enrolló su lengua en la propia... y en otros tantos lugares. Tampoco había sido normal el ímpetu con el que la abordó cada vez que volvía a desearla; ¡es que no se había cansado de ella en toda la noche!. Ginny había perdido la cuenta de las veces que se habían acobijado entre intimidades; no así, casi podía contar los minutos de sueño entre un acto sexual y el otro.

Ni hablar, estaba loco. Seguro. ¡Y tan loco!, que su locura la estimulaba ininterrumpidamente.

Pero, ¡mierda! si estaba loco ¡Era el loco más jodidamente excitante y seductor que se había metido bajo sus ropas! ¿Quién dijo que el sexo trastornado era malo? Ella jamás lo diría... no después de esa desenfrenada noche.

Sin duda ella también estaba algo loca, porque tras semejante cantidades de sexo... ¡Aún seguía ansiosa de él!. No pudo evitar pensar en Sophía; quizás entendía ahora un poco más, su macabra necesidad de tenerlo y dejarlo... Harry debía consumir demasiadas energías. Pero no podía negarlo; Sophía debía de haber pasado excelentes noches... excelentes y palpitantes noches a su lado.

Giró la cabeza para encontrarse con el despeinado y cansado morocho, que ya comenzaba a parpadear. ¿Sería muy pronto para abalanzarse sobre él nuevamente? ¿Cuánto tardaría en despertar por completo? Quería continuar con la fogosidad de la noche, aunque el día los asaltara de manera inapropiada. Quizás sí fuera temprano... sólo habían dormido una hora desde la última sacudida sorpresiva que él le había dado. Sonrió al recordar cómo se le había acercado de manera sigilosa. Ella dormía de espaldas a él, (o eso creía... pero sin duda estaba recuperándose de la vez anterior) cuando sus húmedos labios comenzaron a besar su nuca, de forma avasallante e inescrupulosa, encendiendo exitosamente, hasta la última fibra de su ser.

Ginny lo sintió removerse a su lado, haciéndola volver a su prometedor presente.

Cuándo él abrió los ojos la encontró ida en algún pensamiento, mirando hacia el techo. Harry la cuestionó con la mirada. Ella se giró a mirarlo nuevamente, abatida.

-Demasiadas cervezas...-(*) refunfuñó sonriente.

Él se acomodó para acercarse a ella, tomó su cuello con suavidad y la atrajo para besarla nuevamente. Ella respondió al beso con sincera devoción.

-Aún estoy algo mareada...-susurró.

-Quizás me toque ir a mí arriba esta vez -sonrió sugerente. Ella le devolvió la sonrisa, más ansiosa de lo que él supo interpretar.

-Debo buscar mi saco, tengo...-comenzó a girarse.

-Ginevra, me importa un cuerno tu... ¡Tienes un tatuaje! -exclamó pero no llegó a verlo ya que ella se acostó de nuevo, para no dejarlo ver su espalda.

-¡Mierda! -susurró.

-No sabía que... No pude verlo, ¿de qué es?

-Es una larga historia.

-¿Cómo es que antes no lo vi?

-Estabas borracho...-simplificó.

-¿De qué es? Déjame verlo -le pidió.

-No, es algo personal.

-¿Y?

-Que no me siento cómoda mostrándotelo, es algo personal -recalcó.

-¿Eso que se oculta entre tus piernas no es personal también? Porque no tuviste problemas para mostrármelo -se burló. Ella le pegó en la cabeza, divertida.

-Esto es distinto, tonto.

-De acuerdo, no me interesa. Ya me lo mostrarás otro día -susurró y la atrajo nuevamente a él, abrazándola con posesividad, y degustando sus labios como si fuera néctar prohibido en la mejor catación de su vida.

-Mientras tanto puedo mostrarte lo que se oculta entre mis piernas -alzó sus cejas, sugerentemente y sonrió, tirando de él para que se colocara encima suyo.

Harry comenzó a explorar su boca como si la noche anterior no hubiera recorrido ni la mitad de ella, o como si todo su descubrimiento se le hubiera olvidado. Quería recorrerla eternamente, ¿sería eso posible con ese tipo de mujer?.

Si la noche anterior, él había avanzado y parecía dominar, ahora era ella la desesperada, la que ardía de deseos por él. Ella comenzó a incitarlo a la fricción, deseosa de volver a sentirlo en su intimidad.

-¿Me parece a mí, o cada vez te despiertas más caliente? -le preguntó él, entre bromista y lujurioso.

-No sabría decirte -sonrió y continuó frotando sus cuerpos-, creo que anoche no me has dejado dormir en absoluto.

Harry juzgó innecesario los juegos previos en aquel momento. Después de todo, parecía que nunca se saciaban y siempre estaban algo consumidos por el otro, por lo que comenzó a penetrarla en un reconocimiento mutuo. La verdad era que desde la primera vez había sentido una exquisita sensación de hogar entre sus piernas, pero cada vez que se adentraba en ella era una nueva sensación; su pulso se aceleraba, su garganta se cerraba y le escaseaba la respiración. Pero sobre todo, era embargado por esa sospechosa euforia de creerla suya; lo cual enardecía sus actos y aceleraba sus embestidas.

Ella se sintió rápidamente en sincronía y comenzó a moverse a la par de él, mientras estiraba su cuello intentando alcanzar sus labios. Él la complació, abrigando su boca con la propia e imitando el desenfreno que revolucionaba sus sexos, en los movimientos de su lengua.

-No hagas eso...-le rogó. No porque no lo quisiera, sino porque la torturaban sus capacidades- Harry...-jadeó.

Él se dedicó a besar su cuello, dejándole marcado, el moretón número cinco en la historia de la noche. Ella sólo había notado los cardenales que había dejado en sus senos, pero cuando viera como había terminado su cuello... lo asesinaría. Sonrió, aún más excitado y continuó embistiéndola con profundidad.

La oía gemir y jadear debajo suyo y eso lo elevaba aún más. Si Sophía había sido una tortura, Ginny sería su destrucción. Sólo entonces se dio cuenta de lo lejos que había llegado el asunto y... cuánto se había perdido en él. Ya era tarde para volverse atrás; era tarde para separarse de su vida.

La sintió vibrar entre sus piernas y llegar a un nuevo y alocado orgasmo. Le encantaba sentir que ella era tan insaciable como él; que ella podía pasar toda la noche entre sus brazos y los éxtasis que él le provocara, y sin embargo, nunca sería suficiente.

No necesitó más que aquello para sentirse en las nubes él mismo. No recordaba cuántas veces había recorrido esos suaves y esponjosos senderos aquella noche, pero ahí estaba una vez más... en el paraíso.

Se dejó caer rendido sobre ella, cuidando de no soltar todo su peso. Fue consciente de las aceleradas respiraciones de ambos, y de la gran y gratificante sonrisa en el rostro de ella. Y gozó de ello. Gozó de ser el causante de aquella demostración de lujuria acabada; de pasión reciclada en una armoniosa mueca.

-Mierda, Ginevra -resopló resignado- eres estupenda.

-No sé cómo lo haces pero, me dejas sin palabras -se quejó sonriente, mientras se llevaba una mano a la frente, en un claro movimiento de cansancio.

Él se removió suavemente, y se acomodó a su lado.

Un silencio incómodo y hasta preocupante, los invadió. Ambos giraron su rostro al mismo tiempo y se sonrieron. Ella resopló, encantada, haciendo volar libremente un mechón de su rojizo pelo. Harry admiró esa simple escena y estiró su mano, y cuando estuvo por acariciar dulcemente su mejilla, el celular de la pelirroja sonó groseramente, en algún lugar de la casa. Ginny rodó los ojos y él volvió su mano con fastidio.

-Lo siento, debo atender...- se puso de pie exhibiendo sin verguenzas, su perfecta y desnuda figura al morocho- aunque, para eso debería encontrar mi móvil.

Correteó en puntitas de pie hasta el ambiente contiguo y removió algunas cosas.

-¡Ah!, maldito...!-susurró victoriosa.

Harry podía aún escucharla, por lo que la oyó atender.

-¿Si? -contestó mientras continuaba removiendo cosas- Aún no puedo...-contestó- ¡Si, ya lo sé Draco! -se quejó- ¡Ya sé que es hoy, yo mandé a redactar la carta por si lo olvidas! -continuaba removiendo cosas- ¿Dónde lo metí...? No, no es a ti, estoy buscando algo -agregó, molesta-. Bueno, ya sabes hacer tu trabajo, no me necesitas... No, no me sucede nada pero aún no estoy lista -se quejaba. Luego la oyó volver al cuarto como si nada, con el celular en su mano y una pequeña caja en la otra. Se sentó nuevamente en la cama, sin mirarlo-. De acuerdo, tienes razón, lo siento. ¿Podrías hacerlo por mí? Tengo algunas cosas que hacer en casa antes de salir... te llamo ni bien me desocupe, ¿si?. ¡Si, iré con tiempo! ¿Alguna vez llegué tarde? -se molestó-, bueno entonces no me... ¡Oye! Creí que yo era la jefa... Bueno entonces no me corras -le rogó-. De acuerdo. Adiós.

Ella estaba sentada con la espalda cómodamente sobre el dosel. Él la observaba desde su horizontalidad, pero no la miraba precisamente con buenos ojos.

-Lo siento -dijo sin mirarlo mientras dejaba su celular sobre la mesita y tomaba la pequeña caja de cigarrillos que traía en la otra-, los días que hay juicios importantes se altera un poco -lo excusó mientras sacaba un cigarrillo y lo encendía.

Inhaló una certera y gratificante bocanada de alquitrán procesado, y se relajó. Sólo entonces se animó a mirarlo.

-No sabía que fumabas -sólo dijo. Mejor eso por el momento, que entrar en temas más escabrosos.

-Si, bueno. No lo hago regularmente... ¿Te molesta que fume en tu casa?

-No, no es eso. Es sólo que... con los ataques que tienes, no me parece que te haga bien ¿no?

-Mis ataques nada tienen que ver con el tabaco -desestimó- pero gracias por preocuparte.

Harry había puesto lo mejor de sí por buscar una conversación alternativa, a todas aquellas otras que quería mencionar pero sabía que a ella le molestarían. Sin embargo, aquella única que encontró como suplente, también fue fletada con displicencia. ¿Hablaría alguna vez de ella?

-¿Qué quería Malfoy? -preguntó, intentando sonar natural, pero la realidad auditiva de la pelirroja fue otra muy distinta.

-Está preocupado por las evidencias que presentaremos y... Bueno no sé. Dijo que tenía algo importante que decirme -fumó.

-Me imagino.

-Eso y que no debía llegar tarde; que Knight y Falstaff están merodeando por ahí y lo inquietan -él rió con ironía pero sin felicidad.

-Lo que a él lo inquieta es no estar follando contigo -soltó con fastidio, lo cual le valió una severa mirada de ella.

-¿Qué?

-Eso -repuso seguro-. Que inventa historias para que estés a su lado. Busca excusas, dice cosas... sólo para llamar tu atención.

-¿Y qué haces tú para llamar mi atención? -lo penetró con la mirada, mientras aspiraba otra bocanada, haciéndolo perderse entre el humo y su rostro relajado y amanecido.

-Yo no juego ningún juego -certificó-, me entrego a ti tal cual soy.

"¡Mierda!" pensó la pelirroja. Aquello no podía ser bueno.

¿Podría haber sido realmente así? ¿Que a ella la obnubilara la fogosidad y lo exótico del magnífico sexo que habían compartido, mientras él... se entregaba? ¿Y de qué clase de entrega hablaban?. Aquello le hizo recordar el modo en que él la había abrazado, segundos antes de acabar la primera vez que habían intimado aquella noche. Supo entonces que ese abrazo debió preocuparla porque... decía más que un simple affair; pero estaba tan maravillada por la novedad del asunto que, lo había omitido enseguida. Ahora se arrepentía. Si de verdad él estaba hablando de lo que ella creía que hablaba, se arrepentía de no haber entendido cómo eran las cosas para ambos; para ella, magnífico y supurante sexo, y para él... ¿Pronta entrega?.(**)

Ginny resopló, hubiera deseado desde lo más profundo de su alma, no tener que llegar a eso.

-No sé a qué se debe eso...-sonrió, algo incómoda. Dejó el cigarrillo a un lado y se giró para recostarse encima de él, quien la recibió con los brazos abiertos. Ginny lo besó con una dulzura que le supo extraña en aquel momento, y luego lo miró-. Harry...- agregó con una suavidad y una ternura consciente- No vayas a obsesionarte conmigo, ¿si? -le pidió, mirándolo a los ojos para medir la repercusión de sus palabras-. Sé que te encanta aferrarte a las relaciones, y lo haces de una manera sincera... pero yo no estoy buscando nada serio contigo... Es decir, con nadie -se apresuró a explicar.

No es que él estuviera esperando un matrimonio con ella, pero aquello no le sentó bien ni le supo agradable. Se removió incómodo debajo de su cuerpo, intentando escaparle al momento.

-Es sólo que... no me interesa, ¿entiendes? -se preocupó por cómo reaccionara-. No es por ti, Harry.

-De acuerdo, ya entendí. No soy idiota.

-Es que...

-Ginevra no te pedí que nos casáramos -soltó sarcástico, pero serio-, ni hice alusión alguna a...

-No, lo sé. Es que todo esto fue tan rápido y sorpresivo que... recién ahora entiendo lo que puede implicar normalmente para una persona, pero para mí...

-Si ya sé, no te causa nada -se enfadó-. Creo que debí suponerlo, después de todo, el sexo solidario es tu especialidad ¿no?. Así pagas y cobras en tu oficina -se removió molesto y se puso de pie mientras se calzaba sólo el bóxer.

-Sé que no es lo que esperabas oír, pero no tienes porqué ser hiriente. Yo estoy hablando civilizadamente contigo.

-Yo también -le dijo de espaldas-, la gente civilizada es honesta y yo lo fui contigo -se puso de pie-. Lo que a ti no te gusta, es la verdad que rige tu vida -sentenció mientras se dirigía hacia la salida del cuarto.

Ginevra vio salir a un Harry que reprimía su enfado. Ella rodó los ojos y resopló. No tenía porqué lidiar con eso. Mejor dicho... ¡No quería tener que lidiar con eso!. Pero la verdad era que Harry tenía algo especial, más allá de lo físico, que le importaba. Si bien no lo suficiente como para cambiar sus propios métodos de vida, sí como para mantenerse cerca de él, para frecuentarlo, para... para que calentara su cama. A razón de verdad, él no estaba siendo completamente trasparente con ella y eso lo percibía. No había forma de que ella volviera a confiar en un hombre más que para el abrigo de la noche. Y menos en uno como él...

Pero, ¡Mierda! a su vez tenía algo que la hacía volver. Una impronta que lo acercaba a él aunque no lo deseara.

Se levantó y, como si fuera dueña de la casa, abrió la puerta de su armario. Sacó la primer camisa suya que encontró y se la calzó. Tomó el cigarrillo aún prendido y caminó lentamente hacia su redimido destino.

Lo encontró en la cocina, de espaldas a la entrada, preparando café. Eso no la entusiasmó, al parecer sólo preparaba para sí, porque había separado una sola taza. Se acercó precavidamente y, sin previo aviso, lo abrazó por la espalda, dejándolo atónito.

-No me malinterpretes, Harry -le rogó. Se paró en puntitas de pie para susurrarle-. Me encanta ir a la cama contigo... -él se giró sobre sus talones para enfrentarla- pero no quiero nada más(***) -se encogió de hombros. Él la miró fijamente-. Estamos grandes para estos absurdos de 'el amor' y 'la pareja'...

O quizás ni siquiera era eso, pensó internamente ella. La realidad era que ya no quería más desilusiones en su vida, y la única manera de no tenerlas, era no dándoles el pie a los demás. Él mismo ya la había desilusionado una vez, años atrás.

-Vamos, Harry... No lo arruines. Tú y yo hacemos un excelente dúo -se pegó a su cuerpo buscando tentarlo-. ¿Qué digo dúo? ¡Somos una fantástica unidad! -sonrió sugerente y alegre. Él la miró unos segundos más, serio.

-¿De dónde sacaste la camisa? -preguntó. Ella sólo había prendido un botón, por lo que se veían levemente sus fabulosos senos. Ginny se encogió de hombros.

-La saqué de tú armario. Creo que perdiste mi ropa interior así que, la tomé prestada- aspiró la bocanada de su cigarrillo y luego lo apagó en el lavabo, sin romper la cercanía.

¿Por qué se dejaba hechizar tan fácilmente por esos labios, por esos pechos y...? Toda ella era alucinante y fabulosa, y... ella tenía razón; no podían perder esa mina de oro que acaban de encontrar. Eran explosivos juntos, ¿por qué privarse?.

Pareció meditar unos segundos más y luego le correspondió por fin al abrazo, rodeando su cintura. La beso con parsimonia y cierta pasión reprimida. Ella le devolvió el mismo, con grandes expectativas, mientras se pegaba más a él. ¡Merlín! ¿Qué le pasaba con ese hombre? ¿Acaso nunca dejaría de resultarle apetitoso?.

Él la separó levemente para indagar en sus ojos. Bajó la mirada y prestó atención a la camisa torpemente abrochada y a la insinuación de sus pechos. Soltó el abrazo para desabotonar el único botón que la tapaba, para luego abotonarlo correctamente.

-¿Cómo será cuando te vea? -preguntó con mayor interés en aquel diálogo, que el que su cuerpo le quería hacer creer que sentía por sus senos- ¿Debo fingir que todo esto nunca pasó? -la miró por encima de sus gafas. Ella sonrió radiante.

-Sólo si me ves en el trabajo...-acarició su torso con apego y deseo- No me gusta mezclar las cosas -Harry rió irónicamente por segunda vez en la mañana, y otra vez era sin alegría... y otra vez era por el mismo motivo.

-No me hagas comentar al respecto.

-No, y tampoco es que haga falta. Ya dejaste muy en claro tu opinión hace unos instantes. Pero como ya te dije una vez, me tiene sin cuidado lo que crean de mí -lo miró fijamente-. Yo sé quién soy... y eso no cambiará con los demás.

Él asintió, no complacido con todo aquello. Ella divisó como al pasar, el reloj en su pared.

-¡Mierda! ¿Ya son las doce? -se separó rápidamente- ¡Debo ir al ministerio ya mismo! -volvió a mirarlo preocupada y se acercó a besarlo fugazmente-. Nos vemos allí ¿si? No lo olvides, es a las dos.

-Si, si... vete.

-Adiós- repitió y salió de allí para adentrarse en el cuarto.

Harry la oyó tomar algunas cosas, y luego desapareció. Suspiró con cierta congoja. La verdad era que, no sabía si estar feliz por haber encontrado semejante fuente de placer... u odiarse por ser tan fácil, y por consiguiente odiarla a ella, por ser tan fría y escurridiza.

Aquello no podía ser bueno... Escapaba de una loca, para involucrarse con otra, quizás peor por indescifrable. Sophía al menos, era evidente y predecible. Con Ginny no tenía la menor idea de qué esperar en adelante.


La ex-pareja se hallaba en la pequeña mesada de la cocina. Almorzaban sin siquiera mirarse, aún envenenados con la ponzoñosa sensación de orgullo y malestar, que solían dejar las peleas inconclusas. Si se miraban era de soslayo, y sólo habiéndose asegurado previamente que el otro no lo notaría.

Ron, aún ensimismado en la seguridad de que él poseía la razón y ella debía de una buena vez aceptarlo, no le había dirigido la palabra en toda la noche, ni siquiera había cenado con ella. Se había negado por completo a cocinar la noche anterior, ¡y ni hablar de lavar los platos!.

Hermione por su parte, aún inmersa en la culpabilidad del pelirrojo en los hechos del pasado (tanto como en su malhumor del presente), había instaurado un tácito acuerdo de fingida indiferencia hacia él: No le hablaría, no le pediría ayuda ni aún necesitándola desesperadamente, y... sobretodo, no sería la primera en buscar la restauración del diálogo. Si las cosas no le gustaban, bien podía irse al demonio... o volver a su casa y dejarla a ella en paz. Aunque esa idea pronto le revolvió el estómago. Algo había en la ausencia de su presencia, que la enfermaba a niveles escandalosos. Sólo de pensar que él podría irse y dejarla en aquel vacío existencial y físico nuevamente, sin importar qué tan enojada estuviera con él, la hacía afiebrar y perder la razón con una facilidad lunática.

Aquel era quizás, el almuerzo más austero y desagradable que habían tenido en meses. ¡Y eso que tenían un historial plagado de histerias!. No hubo en la entre-mesa ni un sólo "pásame la sal", ni un "esto está frío" como tiempo atrás habían estipulado decirse (como mínimo) cada vez que pelearan.

Le tocó a él el turno de mirarla, y lo hizo con enfado, esperando que el mismo la atravesara y le hiciera levantar la vista, aunque más no fuera, para ver sus pupilas.

Pero nada.

Ni pupilas, ni enfado.

Sólo indiferencia.

Resopló y bajó nuevamente la vista.

En el ambiente contiguo se escuchó un ligero ruido.

-¡Qué hambre! –soltó la pelirroja en voz alta, mientras se acercaba a la cocina. Habiendo llegado al umbral de la puerta, frenó en seco-. ¡Oh!, no sabía que estaban –se incomodó por la clara tensión en el ambiente.

Ambos la miraron con la incógnita en su rostro. Ella estaba ligeramente desaliñada, con sus calzas del día anterior, al igual que las botas, y una camisa que claramente no le pertenecía... ni a ella, ni a ninguna mujer.

-¿De dónde vienes? –le preguntó Ron, extrañado.

-Me junté con amigos anoche.

-¿Y jugaron a usar las ropas del otro? –repuso, incrédulo. Ella sonrió.

-Si, algo así -agregó con una gran sonrisa interna-. Ensucié mi remera con comida –agregó en pos de la paz mental de su hermano. Si le contaba realmente qué había sucedido, era capaz de morirse de un síncope allí mismo.

-¿Quieres comer algo? –le preguntó Hermione.

-Emmm... –los observó detenidamente, entendiendo la escabrosa situación- no, gracias, perdí el apetito. Además, mejor me apuro a bañarme... –comenzó a salir- ¡Hoy es el juicio de Potter!

-¡¿Hoy?! –se preocupó una Hermione sorprendida- ¿Por qué no me dijiste? –Ginny se dio vuelta para mirarla con cara de pocos amigos.

-Hermione, ¿de qué me has oído quejarme únicamente, los últimos días...?

-Pero no dijiste que fuera hoy.

-Pues, es hoy.

-¡Quiero ir! –se puso de pie, resolutiva. Ron la miró con recelo.

-Pues... ven –se encogió de hombros, y salió.

Hermione tomó los platos que había usado y los llevó al lavaplatos, mientras un ofendido Ron la miraba ir y venir.

-¿Es enserio? –le preguntó, por fin rompiendo el pacto de silencio entre ambos, con cierto dejo de indignación- ¿Vas a ir?

-Si –sólo dijo, sin siquiera mirarlo.

-No estoy de acuerdo.

-No me importa –dijo y se fue.


Visto que ella era famosa entre sus colegas (y el ministerio entero) por sus imponentes, llamativos y dominantes atuendos, la pelirroja caminaba estrechamente entre los tajos de su ceñido Kimono oriental: Un vestido de una maravillosa seda de hilo rojo, estampado con pequeños detalles florales en hilo plateado; de mangas cortas y cuello alto, que en la pechera llevaba un gran agujero en forma de gota de agua, que hacía las veces de escote y que, a su vez, insinuaba aquel profundo valle que tanto había ilusionado a los hombres que la rodeaban, al menos una vez. Llevaba unos discretos zapatos aguja rojos, y el pelo recogido por un palillo chino, en un ordenado rodete alto. Su maquillaje no era excesivo pero sí cuidadoso, sobretodo en sus ojos; los cuales habían sido delineados con precaución, esmero y un poco de mala intención, pues si quería ganar ese juicio imposible, derribaría más con la mirada que con las fehacientes y exhaustivas evidencias.

Llevaba entre sus manos algunas carpetas y folios con hojas, más que nada para hacer de cuenta que tenía evidencias que presentar. Pero tanto ella como Draco, sabían que iría para... improvisar. Estaba casi segura que Falstaff no tenía tantas cosas para inculparlo tampoco. Podía decirse que estaban a mano. Después de todo, Falstaff ni siquiera sabía que ella tenía copia de sus análisis, ni que Sophía había confesado.

Se acercaba ya a la puerta de la sala circular, con el gracioso e irritante repiqueteo de sus zapatitos siguiéndola detrás, resonando en las oscuras paredes.

-Ginevra...-ella se detuvo en seco y volteó.

-Señor ministro -éste le hizo una seña para que se acercara, haciéndole notar que lo que le pediría, era un gran favor.

-Dos palabritas, antes de entrar -ella asintió, atenta-. Te pediré lo mismo que le pedí a Billius, instantes antes de entrar en la sala: Imparcialidad -simplificó con una significativa mirada por encima de sus gafas-. Como bien dijiste ayer, confié en tu capacidad por eso creo que no debo preocuparme. Pero como soy viudo de las sopresas hace ya muchos años, me gusta ser precavido y cauteloso -se quitó las gafas con parsimonia y luego la miró con sinceridad-. Sólo, procura que no me arrepienta de haber concedido la prórroga y... sobretodo -pausó unos segundos- sé imparcial.

-Señor -se defendió, aparentemente con el orgullo herido-, me considero una profesonial -irguió su postura-. Y como tal, me tomo mis responsabilidades muy enserio. Si hay algo que no puedo permitirme en un caso como este, es ser parcial.

Rogó haber sonado convincente, pues en la "teoría" sonaba todo genial y resultaba todo fantástico. Pero... si Knight realmente supiera en lo que había invertido el tiempo de su "práctica" las últimas horas... Bueno, digamos que no estaría tan de acuerdo con su bendita prórroga.

-De acuerdo entonces -le sonrió fraternalmente. El quincuagenario se puso a su nivel y le indicó que dieran inicio al suplicio, ¿o era el juicio?.

Knight abrió las puertas de par en par, llamando la atención de todos los presentes que voltearon a verlos. Ya todos estaban ubicados en sus respectivos lugares, atentos al primer signo de desestabilidad. La tensión del ambiente podía cortarse con papel.

Ambos entraron altaneros; el por ser el ministro, ella por ser la solución. Knight le hizo una seña indicándole que avanzara ella primero. Ginny y su barbilla bien paralela al piso, ingresaron con seguridad. Llevaba una sonrisa sofisticada y pagada de sí. Detrás de ella se adentró el ministro, serio.

Harry, como el acusado que era, estaba sentado en la silla central de la sala, por lo que fue quien mejor perspectiva tuvo cuando los vio entrar a ambos; abrigados con una complicidad que le resultó de mal gusto y horriblemente disimulada. ¡No quería mezclar las cosas, dijo! Recordando las palabras matutinas de esa pelirroja. ¡Qué hipócrita!, era obvio que ese viejo-abusador-de-poder quería encamársela... si es que ya no lo había hecho.

Harry se estremeció. Aquellos pensamientos lo atormentaron, incluso más que la idea de que, ese mismo día pudiera terminar en Azkaban. Pero, ¿cómo no pensar en ello, cuando ella estaba tan jodidamente provocativa -en su idea de llevarse el mundo por delante- y el viejo parecía no dejarla ni siquiera respirar, como perro olfateador de culos?.

Ella ni siquiera le dirigió la mirada. Pasó a su lado y se ubicó de pie, detrás de su silla, al lado del inservible Jeffreys. Una vez que no hubo más excusas para seguir observándola, todas miradas se dirigieron al ministro, quien terminaba de sentarse en su palco. Miró a los presentes con solemnidad.

-De acuerdo -sólo dijo-, acabemos con esto de una buena vez.

Knight tomó las mismas carpetillas que había leído en el primer juicio, y releyó los cargos inferidos contra Harry.

-"Uso indebido de la magia" Claúsula 18 de las Medidas de Regularización Mágicas."Realizar hechizos mágicos ante la presencia de muggles"...

Las palabras continuaron llegando a sus oídos, pero se desvanecían en algún universo paralelo. No quería estar allí, no de nuevo. Luego de que repasaran todas las cláusulas y códigos que había violado en una primera instancia, el ministro dejó los anteojos de lado y lo miró fijamente.

-Bien, ¿Has traído defensores esta vez? -Jeffreys dio un paso adelante, orgulloso. Harry tragó saliva.

-Creo que Jef...

-Yo lo defenderé, su Señoría -intervino ella, segura, adelantándose también y mirando al novato, que pronto volvió lo pasos atrás.

Bueno, al parecer, ella había dejado atrás la absurda idea de no testificar ni defenderlo judicialmnte. Seria ella por fin, la encargada de su seguridad. ¿Acaso sus apasiondos besos la habían hecho cambiar de idea? Esa mujer era realmente indescifrable; ¡Con razón Malfoy estaba hecho un idiota con ella!. Lo tenía todo, era una mujer completa... ¿qué completa? ¡Completísima!.

-Presentaré evidencias y testimonios a favor del acusado en tanto la justicia me lo conceda.

-Concedido -afirmó Knight-. ¿Quién presenta los cargos? -miró a Falstaff.

-Yo, su señoría -agregó éste.

Sin duda todo eso era una idiotez. ¡Todos en el ministerio sabían quién lo quería en Azkaban y quién... lo quería conservar en su cama!.

-Bien, entonces... puede empezar -cedió la palabra.

-Señor Ministro -se puso honradamente de pie-, a los cargos que acaba de nombrar, considero pertinente agregar un apartado, para que los aquí presentes evalúen la causa con un criterio más absoluto y real. Si bien no perjudica directamente nuestras leyes como comunidad mágica, éste hombre -lo señaló con impertinencia- es un peligro para la misma. Considérese que ha dañado no sólo en duelo sino también físicamente, a otro mago.

-¿Qué pruebas fehacientes existen al respecto? -Falstaff levantó una de sus manos, con un puñado de fotos.

-Yo mismo se la saqué a la víctima, señoría. Sophía Baxter -las hizo levitar para que pasaran por entre los miembros de Wizengamot, levantando un leve murmullo de desaprobación y disgusto-. Ella ha quedado así después del primer duelo -alegó- pero además -hizo levitar otro puñado de fotos-, estas fotos son la prueba de la agresión directa y física, del acusado hacia la aludida.

-Le pido a los miembros -intervino la pelirroja, correcta- que consideren la posibilidad de equívocos que presenta la causa.

-¿Equívocos? -se indignó Falk, una de los miembros de Wizengamot- Las fotos hablan por sí solas.

-Las fotos pueden forzarse, si me lo disculpa -agregó con falsa modestia-.

-¡¿Está acusando de corrupto a un miembro de la corte?! -se ofendió, la anciana de la capa.

-De ninguna manera -rectificó una calmada Ginny-. Sólo pido que se tenga en cuenta lo endebles que son estas pruebas.

-No tan endebles -alegó Falstaff- si van acompañadas del siguiente análisis extraído de la varita del señor Potter -el cual también hizo levitar y se lo alcanzó al ministro-. En éste se encuentra la detallada lista de hechizos realizados por el acusado; el primero pertenece en efecto, al primer hechizo que atenta contra el señor Smith.

-El primero es un Bombarda -alegó ella, sorprendiendo a Billius, que no entendía porqué sabía eso-, y hasta donde sé... no va contra las leyes mágicas.

-¿Y todos los demás? -preguntó el ministro, imparcial.

-Aquellos que señalé en rojo son los que alega la señorita Baxter en su declaración y que coinciden con el análisis, denunciando un duelo directo y agresivo por parte del acusado. Los demás -descartó- son sin duda los inferidos al muggle.

-Señor ministro pido que considere que eso es sólo una suposición -discutió, Ginny-. No hay pruebas de que tales hechizos comcluyeran realmente en él.

-Había sólo dos personas al momento del ataque -dijo Falstaff, soberbio.

-¿Y cómo se sabe qué hechizo pertenece al día del ataque, y cuál no?

-¿Ha terminado con la acusación? -interrumpió Knight, mirando a Falstaff. Ambos callaron respetuosamente. Él asintió-.¿Qué tiene la defensa para decir?

-Para empezar, señor ministro -avanzó una Ginny convencida-, y con respecto a la acusación principal por la que se lo somete al señor Potter a juicio, deseo alegar que no hay más testimonios de la causa, que los que podamos dar aquellos que presenciamos el estado final de la víctima. La realidad es que, el estado del señor Smith, no permitía ninguna clase de interrogatorio -se explayó con sinceridad-. El sanador a cargo, el doctor Rivers, no nos dejó tomarle declaración, y mucho menos desmemorizarlo, sino hasta avanzada su rehabilitación.

-¿Y lo tienen ahora?

-No, señor. Como bien mencioné en el informe redactado ese mismo día, la víctima ya hacía sido desmemorizada cuando llegamos. Aún estamos buscando al culpable por ello...-miró de soslayo a Falstaff-. Pero la realidad es que ese hombre no testificó, y por tanto, jamás tendremos el relato específico e imparcial de los hechos- agregó, certera. Luego inspiró aire, erguida-. Pero, con el derecho y la eminencia que se me otorgó en el caso, y habiendo visto y analizado el estado de la víctima y hablado personalmente con el sanador, interpreté que, las consecuencias no han sido de la magnitud colosal que se le adjudica.

-¿Cómo así? -pareció confundido el ministro.

-El muggle se habría desmayado antes de pasar a mayores, señor. Al menos esa fue la declaración del acusado.

Todos lo miraron a Harry, esperando que él acotara algo al respecto.

-Pero, el señor Potter ha declarado antes, otra cosa distinta -alegó uno de los miembros.

-Declaró no recordar bien los hechos, sí. Luego hizo memoria -sonrió, reconociendo lo absurdo que sonaba todo aquello.

-¿Y qué me dice de las nuevas agresiones hacia la maga? -preguntó Falk, nuevamente.

-¿Qué digo? -sonrió superada-, digo que es una blasfemia que consideren esas fotos, una razón suficiente para encerrar a alguien.

-¡Weasley! -le advirtió el ministro.

-Disculpe su señoría pero, esas fotos son falsas.

-¿Y qué pruebas secundan su acusación?

-¡Eso no es una acusación! -acotó Falstaff- ¡Es un agravio!

-Agravio es lo que te impulsó a falsearlas -lo acusó ella-. Señor Knight, tengo en mi poder la declaración de la misma señorita Baxter, que alega que las fotos y las pruebas en la varita del señor Potter, fueron implantadas.

-¿Cómo? -se sorprendió el ministro.

Ginny se acercó a la silla en la que, un Harry atónito y desorientado, miraba hacia todos lados. Ella le estiró el brazo, pidiéndole que le diera algo, a lo que Harry la miró confundido. Ginevra rodó los ojos y metió la mano en el bolsillo del saco de Harry, sacando la pequeña grabadora muggle.

Otra vez, lo sorprendió. Harry no tenía idea de que eso estaba en sus bolsillos. Le había parecido a él, que Ginny se había presentado allí con la idea de improvisar, pero ahora... se permitía dudar. ¡Tenía todo jodidamente calculado!.

La pelirroja se dirigió a la totalidad de los miembros de Wizengamot.

-Permítanme que les haga oír lo siguiente -apretó el botón.

-¿Sacaste o no mi varita del cajón? ¿Te la llevaste?

-¡Si!

-¿Y plantaste falsas evidencias en ella?

-Si.

-¡Di que yo no fui quien te pegó! ¿Esas fotos son falsas?

-No.

-Bien, si no son falsas, lo que ellas muestran de tu cara... ¿Cómo te lo hiciste?

-Con un encantamiento...

-¿Por qué lo hiciste?

-Para inculparte.

-¿Por qué?

-Porque estás loco, ¡Perteneces a Azkaban!

-Tú también estás loca, linda, y parece que nadie hará nada al respecto.

-¡Tú eres peligroso!

-No parecía importarte antes... ¿Quién te dijo eso? ¿Quién quiere que me temas?

-Billius...

Ginny detuvo la cinta, observando las atónitas caras de los presentes. Algunos incluso, se atrevieron a mirar a Flastaff, que había empalidecido. La pelirroja sonrió con cierta sensación de victoria.

-¡Esa evidencia es falsa! -alegó Billius, incrédulo y molesto.

-¡Vamos, Billius! -dijo con sarcasmo- Es su voz. Y, en todo caso, ¿por qué no vino ella a testificar si lo que tú acusas la afectó directamente? Hace tiempo que no dejo de preguntarme por qué te empeñas en mantenerla oculta de los juicios de este caso. Los miembros, y el mismísimo ministro, tendrían que poder apreciar las reales consecuencias... no sólo lo que tú dices que pasó. ¡El señor Potter es acusado de graves faltas y está aquí! ¿Qué la detiene a ella? ¿Por qué se esconde?

Aquello causó un revuelo entre los miembros; los que se habían estado preguntando aquello mismo, coincidieron directamente con la opinión de la pelirroja, y aquellos que ni siquiera lo habían notado, se sintieron incómodos rápidamente, como engañados por uno de los suyos.

-Dejando esta salvedad de lado -retomó ella, que nada le interesaba hacerlo quedar en falta a Falstaff-, quiero agregar que, el acusado reconoce haber estado en falta... Reconce sus errores y reconoce la causa de los mismos, por lo que... El auror Malfoy y yo, hemos considerado que la condena más apropiada sería, no el encierro, sino generar la conciencia- relató, capaz-. Creemos que lo que el acusado necesita es un re-educación de los principios y, contando el ministerio con un fabuloso programa de C.D.I., nos vemos obligados a sugerirlo -El minisitro sonrió casi satisfecho, por lo que ella continuó-. Con esto lograríamos solventar la mitad del atentado -explicó-. Pero, como también se lo acusa de uso indebido de la magia, creímos que lo más adecuado sería un escarmiento acorde. Malfoy propuso, y yo adhiero, la restricción al uso de su varita por no menos de dos meses.

Harry abrió grandes los ojos, sintiéndose no tan sorprendido como traicionado. ¡Maldita arpía! ¿¡Le sacarían su varita nuevamente!?

-¡Jeffreys...! -susurró él, irritado- ¡Mierda, haz algo! ¡Esto es inaudito!

-Señor Potter, no conseguirá nada mejor -le susurró.

-¡Pero es mi varita!

Mientras tanto, entre los miembros se había armado un revuelo. Había quienes se miraban complacidos al fin, otros que se quejaban con vehemencia... y otros que sólo querían terminar con aquello. Pero Ginny mantuvo la mirada en la del ministro. Éste por fin asintió.

-De acuerdo, aquellos a favor de mandar a Azkaban a Potter...-miró, esperando que levantaran sus manos. Unas veinte manos se alzaron seguras- ¿A favor de condenar al señor Potter a un mes de C.D.I. y dos meses sin varita? -volvió a mirar, levantando él mismo su mano.

Ginny contó rápida y mentalmente, las manos. ¡Treinta y cuatro! ¡Genial!. Sonrió complacida, sin siquiera voltear a mirar la reacción del morocho. Knight golpeó el atril con la varita.

-¡Firmada la sentencia! -declaró- ¡Esta sesión se levanta!

Todos se pusieron eufóricamente de pie, Harry incluido, quien deseaba agarrar a la pelirroja y propinarle unos cuantos golpes; ¡¿Cómo se le había ocurrido aquella estupidez?!. Quiso adelantarse hacia ella, pero pronto desapareció entre los miembros. La vio buscando al ministro con la mirada, y corriendo tras él sin disimulo.

-¡Ginevra! -corrió detrás. Entre frustrado y colérico.

La pelirroja no lo escuchó, pues alcanzó rápidamente al ministro y se dispuso a caminar a su lado.

-Señor, ¿puedo hablar unos segundos con usted? -lo acompañó antes de que él le diera el sí. Éste asintió y caminó rápidamente, saliendo de la sala antes de que todos se amedrentaran contra la salida. Salieron por fin y comenzaron a caminar en dirección al despacho del ministro-. Señor ¿cree que este caso se ha desenvuelto correctamente? -preguntó dudando.

Todas las inseguridades y titubeos que no parecieron abordarla durante el juicio, la sometieron entonces, a una urgente aprobación de su superior.

-Ginevra, los resultados hablan por sí solos.

-Si, pero a veces la gente no sabe lo que opina. Los miembros pudieron haber votado por falta de mejores resultados, no por convicción.

-¿Qué esperas que te diga? ¿Qué hiciste un buen trabajo? -la miró y alzó la ceja-. Sabes que lo hiciste.

-No, señor, no quiero eso.

-¿Entonces?

-Es que... me preocupa un poco que quede todo así, en la nebulosa.

-¿Han quedado temas sin tratar? -preguntó incrédulo, mientras seguía guiando el recorrido.

-Bueno, para empezar... ¿Quién desmemorizó a Smith, señor?

-Te sugiero no te metas en ese terreno, o Potter correrá el riesgo de una reapertura de causa. Hazme caso, si ellos no preguntaron, tú no te...

-Pero, ¿no le molesta no saber? -se sorprendió, apasionada de más. Knight se detuvo y la miró fijamente.

-Weasley sabes que te respeto -ella asintió-, y que estoy por demás conforme con tu trabajo... pero a veces puedes ser una verdadera patada en los...-se calló, no era propio que siguiera.

-¡Señor! -se ofendió, no por sus palabras, sino porque ella consideraba la pasión por su trabajo, como una de sus mejores virtudes.

-Escucha -intentó calmarse-, si no le di importancia al hecho, es porque considero que no es suficientemente grave como para mandar o dejar de mandar a alguien a Azkaban. Potter no terminó en prisión porque, al parecer no lo merecía; no porque alguien más hiciera tu trabajo...

-No es de mi falta de trabajo de lo que me quejo, señor. ¡Han saboteado una investigación!

-No sabemos si fue intencional. El informe redactado por Rivers lo decía; su condición era tal, que podía pasarle sin que ningún mago entrometiera su varita.

-Pero yo vi sus signos; la postura, su mirada, su estado... todo él aludía a una desmemorización. Y a una no muy capacitada. Lo ha hecho un novato... alguien que no suele dedicarse a estas tareas.

-¿Quieres dejar el caso abierto? Hasta donde entiendo, tú consideraste que Potter era condenable porque no había pasado a mayores. ¿De qué nos sirve ahora, si le lanzó un Expeliarmus o un Diffindo? Ya se dictó la sentencia, Ginevra. El caso está cerrado.

-Sólo quiero permiso para continuar investigando.

-¿En horario de trabajo?

-Siempre y cuando no lo hubiere.

-No hay forma de que vaya a reabrir la causa.

-¿Y si hubiere algo peor detrás de todo esto?

-¿Algo como qué?

-No lo sé. Algo peor... Alguien se tomó el trabajo de burlar las leyes de San Mungo y desmemorizar a un testigo judicial, señor. Eso es grave a mi entender.

-Te diré algo. Haz lo que quieras, te considero demasiado capaz para perder el tiempo en estas trivialidades, pero haz lo que quieras.

-Gracias -sonrió complacida-. Si llegara a descubrir algo...

-Mantenme al tanto... ¡Pero sólo si es grave! Demasiados problemas tenía, antes de que Falstaff y tú me atormentaran día y noche con esto.

-Gracias, señor.

[…]

Harry casi la había alcanzado casi había agarrado su brazo, justo cuando ella se mezcló entre la multitud de los miembros de Wizengamot que bajaban de sus palcos. Tropezó unas cuantas veces antes de llegar por fin a la puerta. Cuando logró salir, miró hacia el pasillo y vio que ella ya se había alejado con Knight a su lado. Refunfuñó varias veces, y cuando estuvo a punto de correr para alcanzarla, una tímida mano tocó su hombro.

Él giró rápidamente para encontrarse con Hermione, quien de pronto y entre la multitud, le pareció más pequeña, ¿o acaso estaba mucho más enferma de lo que Ron había descrito, el día anterior?. "¡Mierda!" pensó, mientras una imperiosa necesidad de resguardarla lo abordó; ¡La muchedumbre la iba a pisar!. Se veía tan frágil.

-¡Herms! -intentó parecer contento, pero se vislumbró más preocupado.

Al siguiente segundo, Ron salió de entre las personas y tomó sus brazos. Le susurró algo al oído y la corrió unos metros, alejándola de la hecatombe. Harry los miró confundido y luego, entendiendo, los siguió.

Ron había buscado una esquina apartada de la pequeña y concurrida salida de la sala circular. Ambos se detuvieron allí sin hablarse, y Hermione se dio vuelta, esperando que Harry los alcanzara.

-Lo siento -resopló, por fin llegando a ellos-. No sabía que vendrían.

-No podía quedarme en casa sabiendo que era hoy...-alegó ella- Me enteré esta mañana -se quejó-. Que bueno que todo resultara bien...

-Si bueno, más o menos.

Harry miró a Ron, esperando poder intercambiar unas palabras con él. Definitivamente no se sentía el mejor amigo del mundo... pero sin duda aún se creía su amigo y... necesitaba arreglar las cosas con él. Aunque ESE no era el mejor momento, y lo sabía.

-¿No te sentirás raro viniendo al C.D.I.? -le preguntó ella, sorprendida- Siempre pensé que sería una estupenda solución para la mayoría de tus problemas pero... si no te lo dije es porque estaba segura de que odiarías la idea.

-¿Qué C.D.I? Herms, ¿de qué hablas? ¡Me condenaron a dos meses sin varita! Qué mierda me importan unas siglas.

-Harry, el C.D.I es un programa de 'Control De Ira' -le explicó, observando cómo cambiaban las facciones de su amigo-. ¿Nunca escuchaste de él? -éste negó-. El programa dura un mes. Debes ir tres veces por semana a encontrarte con un grupo de especialistas que te dicen cómo...

-¡Voy a matar a Ginevra! -se encolerizó y salió echo una furia, en la dirección en que la había visto desaparecer.

Hermione se quedó con la palabra en la boca y sintiendo un extraño vacío. Miró confundida a Ron y él se encogió de hombros.

-Es un egoísta, desagradecido. Te dije que era una pérdida de tiempo venir, pero tú siempre haces las cosas a tu modo.

Comenzó a caminar en dirección a los elevadores, sintiendo cómo ella resignada, lo seguía detrás.


Luego del estresante juicio (por lo rebuscado e improvisado), Ginny se adentró cansinamente en su oficina. Draco, que estaba de pie reposando su hombro sobre una de las paredes mientras leía un informe, levantó la mirada para verla y lo cerró rápidamente. Ella le sonrió mientras se sacaba los zapatos.

-¡Ufff...! -suspiró casi en un jadeo- Estaban matándome.

Lejos del resguardo que le inferían los tacos, pronto perdió poder y altura, volviendo a la normalidad de sus cotidianos días, y a su cotidiano trato de igual a igual con el rubio.

-¿Cómo fue? -preguntó él, acercándose.

-Bueno... Salió todo extrañamente como lo esperamos.

-¿Culpable?

-No, Draco -rodó los ojos-. Me refiero a que, las evidencias sirvieron después de todo. Le dieron la condena que pautamos.

-¿Falstaff se quedó sin estrategias? -preguntó extrañado- Eso no me lo creo, el tipo es una patada en los...-ella se encogió de hombros.

-Pareció quedarse sin palabras al oír la confesión de Sophía. Lo que me extraña es que nadie haya notado que eran los efectos del Veritaserum.

-Seguro lo han notado -agregó- pero no podían culparlo por ello sin darle el cien por ciento de la razón -razonó-. Si daban por sentado que era Veritaserum, debían absolverlo de todo pues... él decía la verdad.

-Si, suena lógico.

-¿Qué tal si dejamos de hablar del cara-rajada? -se acercó sugerente y la abrazó por la cintura- Si te sacaste los tacos es porque das por finalizado el día y podemos...-se acercó a rozar sus labios. Ella sonrió, aunque algo incómoda.

-Debo cerrar el caso -anunció-. Es decir, debo asentarlo en los papeles- señaló su ordenador.

-Y yo todavía tengo que contarte lo que me dijo Gregory... pero ¿qué tal si lo dejamos todo para mañana?

Ella estuvo por protestar nuevamente pero él selló sus labios con un dulce beso, al cual, al principio se resistió, y luego fue sucumbiendo de a poco. No obstante, no era la misma entrega con la que lo complacía, días atrás. Ella se separó apenas, ligeramente molesta.

-No, Draco... no tengo ganas.

-Ginny vámonos de aquí -le rogó-, necesito hablar contigo. Necesito... necesito salir un poco de esta oficina; que dejemos de pensar en todos los problemas de otro y nos preocupemos por los nuestros.

-¿Qué nuestros? -se extrañó.

-Vayamos a comer -le rogó-, quiero y necesito hablar contigo por lo que pasó en San Mungo. Yo no me siento bien con lo que dije...-ella se separó completamente del abrazo.

-Olvidemos lo de San Mungo -solicitó secamente.

-No. No quiero olvidarlo... quiero disculparme y quiero que me escuches, ¿puede ser? -se volvió a acercar a ella y a abrazarla-. No debí decir lo que dije. No debí hablar de Eliott...

-¿Y por qué lo vuelves a mencionar? ¡Olvidemos el tema! -comenzó a ponerse nerviosa.

-¿Ves a lo que me refiero? -se molestó- Ambos estamos cansados. Necesitamos airear nuestras ideas. Hemos estado mucho tiempo entre estos papeles, entre los trastornos de Potter... Nosotros tenemos nuestros propios problemas que resolver, ¿no te parece? -ella lo miró a los ojos, no muy convencida. Pero él tenía un punto; necesitaban aire-. Tendríamos que aprovechar que todo esto termino y...-se inclinó levemente para volver a besarla.

Cómo no podía ser de otra manera en aquellos últimos días, y de acuerdo a lo que dictaba la costumbre, un furioso Harry abrió la puerta con desmesurado ímpetu. Ambos se separaron con la duda en el rostro, para encontrarse con un hombre fastidiado y exasperado. Cualidades que no revirtieron al verlos besándose; muy por el contrario.

-Es el colmo...-susurró Draco- ¿Puede ser que alguna vez toques la puerta?

Harry, que al verlos tan entrecruzados a ambos había olvidado por completo la razón por la que se había dirigido a su oficina, hizo caso omiso al rubio mientras que a ella, la fulminaba con la mirada. Ginny lo miró entre afligida y molesta, pero luego agachó la mirada.

-Ya te ayudó -continuó Draco-. ¡Ve a disfrutar de tu libertad y déjanos en paz!

Harry continuó ignorando sus palabras. Sus neuronas tardaron algunos segundos en contener la apremiante sensación de gritarle enormes cantidades de improperios a ella, y golpearlo a él hasta el cansancio. Y tardaron unos segundos más aún, en coordinar algún pensamiento coherente o alguna frase para decirle.

-¡¿Cómo pudiste hacerme esto?! -le preguntó Harry, atormentado, sin duda queriendo aludir a la condena que ella había estipulado. Pero de pronto, y mirando su cercanía y posición con el rubio, le pareció que se aplicaba a varios aspectos de su relación con ella-. ¡¿Dos meses sin varita?! -soltó fuera de sí- ¡¿Control de la ira?! ¡¿QUÉ MIERDA ES ESO?! -caminó hacia ella, sin quitarle los ojos de encima.

-¡Hey! -se interpuso Draco- ¿Por qué no te calmas un poco?

-¡Estoy hablando con ella! -le gritó directamente a la cara-. ¿Qué tal si te corres?

-¡¿Qué tal si te rompo la cara, idiota?!

-¡Hey! -se interpuso ella, ahora- ¿Qué tal si ambos se calman? -Los dos la miraron rogándole que se hiciera a un lado para poder continuar-. Draco -le susurró amorosamente-, déjame con él. Tal parece que Harry tiene cosas que aclarar.

-¡Ni loco! -soltó- Este tipo es un peligro.

-Peligro cuando te agarre...-intentó abalanzarse, pero Ginny lo detuvo.

-¡Basta! ¡Harry, compórtate! -lo empujó.

Se sintió algo idiota queriendo calmar a dos fieras como ellos, desde aquella escasa estatura en la que, tranquilamente podían devorársela de un zas. ¿Por qué se había sacado sus tacones?. Ella lo miró a Draco.

-Será mejor que te vayas para que hablemos tranquilos...

-No hay modo de que te deje sola con este desquiciado.

-Draco, por favor... sólo empeorarás las cosas -le explicó, intentando retener los avances del morocho.

-¡Déjame, Ginevra! -se soltó Harry- Que se defienda si es tan hombre...

-¿Defenderme de ti? -se adelantó Draco, desafiante- ¡Ni que fueras hábil con las manos, idiota! Dame dos segundos y te dejo en San Mungo.

-¡Basta...! -se interpuso ella, nuevamente- ¡Draco, haz el favor de irte!

-Pero...

-¡Vete!

-¡Eso! -dijo Harry y se irguió, soberbio- Vete antes de que...

-¡Basta! -le advirtió ella- Basta, o también te las verás conmigo.

-Yo debo de ser un idiota...-le susurró Draco mirándola- queriendo ayudarte y manejar estas cosas, y tú...- Ginny lo miró con pesar.

-Draco esto no tiene nada que ver con...

-¿Con qué...? ¿Con su relación? -se burló Harry- ¿Qué? ¿Aún no le dijiste que cuando te llamó esta mañana, estabas follando conmigo? -soltó, engreído. Ginny se quedó inmóvil.

La pelirroja miró a Harry con odio y luego al rubio, aterrada. Draco pareció golpeado por un camión con acoplado. Sus infelices palabras retumbaron en su mente como si su cabeza fuera una gran campana.

Harry sonrió victorioso ante el efecto que había causado en él; los golpes bajos solían ser su especialidad. Draco la miró una última vez, con una mueca que resultaba la mezcla perfecta entre el repudio absoluto y el asco eterno. Ginny no supo qué decir para retenerlo, segundos antes de que la puerta se cerrara tras él.

Se quedó detenida unos minutos más, mirando en aquella dirección. Luego giró para asesinarlo con una mirada llena de odio. Harry se encogió de hombros.

-Pensé que se lo habías dicho...-soltó sobrado de sí.

Ginny se acercó a paso firme y le volteó la cara de una sonora bofetada. Él se quedó con el rostro de perfil y alicaído, respirando sonoramente; claro signo de que su cólera comenzaba a acumularse, y que pronto, sería irreprimible.

-¡Maldito idiota! -le gritó, fuera de sí- ¡¿Qué crees que te da el derecho para...?! -él volvió el rostro y le tomó ambas muñecas, empujándola contra la pared, y apresándola en medio de su cuerpo.

-¿El derecho para qué, Ginevra? -susurró, exaltado- ¿Para reclamar lo que me pertenece?

-¡¿Quién te pertenece, idiota?! -lo empujó, pero él continuó sosteniéndola. Tenía el rostro transformado; sus ojos la miraban oscura y perversamente-. ¡Te metes en mi vida como si te perteneciera de alguna forma! ¡Suéltame!

-¿Que no me perteneces? -se burló.

-No te pongas enfermo -le advirtió.

-¿Que no me perteneces? -repitió, pegando su cuerpo al de ella con un exagerado erotismo-. Si te derrites cuando te beso, ¡Claro que me perteneces!

La besó esquizofrénicamente, de una forma que a ella no le gustó en absoluto. Era oscuro y temerario. La besó con un odio que la aterraba, y con una pasión que la apabullaba. El beso la obnubiló unos segundos, pero luego reaccionó. Levantó su rodilla y le propinó un rodillazo en la entrepierna, haciendo que él la soltara y se corriera.

-¡¿Estás loco o qué?! -le gritó mientras lo veía retorcerse- ¡Pero claro que estás loco!

Harry tardó unos segundos en recobrar la entereza, pero las punzadas en su ingle continuaron sintiéndose durante varios segundos. Levantó su mirada y la atacó con ella.

-¿Yo? Pues mírate, Ginevra -la señaló, entre quejidos-. Tú tampoco estás muy cuerda.

-Jamás te di el derecho para que te metieras en mi vida...

-No, ¿sólo entre tus piernas no? -soltó con enfado-. Seguro lo tratas a Malfoy de igual modo. ¡Y te haces llamar normal! ¡Qué hipócrita!

-¡Deja de meterte en mis cosas! -lo amenazó, desenvainando su varita y acercándose a él con el rostro desfigurado por la impotencia. Harry río sardónicamente.

-Clásico...-bufó- te enojas conmigo porque no puedes enojarte con nadie más.

-No me provoques.

-Y tú no me subestimes. Llevas tan sólo cinco minutos en este tipo de relación... -le advirtió- yo llevo años.

-¿Relación?

-Mírate... Míranos...-señaló la varita con sus ojos- No es muy distinto de lo que repudiabas de Sophía ¿verdad? Tú creías saber todo de nosotros y, mírate... has caído en el mismo costal.

Ginny lo soltó, aterrada con aquella idea. Retrocedió, incapaz de aceptar su cuota de razón en aquella locura. Ella estaba ocupando el lugar vacío que Sophía le había dejado. Ella estaba ocupando el lugar de la loca psicótica come-hombres. Pero, ¿desde cuándo?.

Ginny lo miró horrorizada; ¡era Harry!. ¡Era Harry el problema en todo aquello!.

Ron y Hermione, incluso ella misma, siempre habían dado por sentado que la trastornada era Sophía... que ella era la mala influencia. Ahora... ahora quizás hasta se arrepentía de haberlo librado de Azkaban.

-Merlín -susurró- ¿qué hice?

Harry se acercó lentamente a ella, intetando recobrar la compostura, pero ella retrocedió rápidamente, asustada y chocando de espaldas contra su escritorio.

-Te ayudé a librarte de Azkaban cuando, en realidad...

-¿Ayudarme dices? ¡Pero a qué costo! -continuó avanzando a ella, mientras ella recorría la sala entera, caminando de espaldas-. ¡Me has quitado la varita, Ginevra!

-¡Y menos mal! -reaccionó, volviendo en sí y deteniendo su andar, queriendo hacerle frente a ese lunático-. ¡Eres un peligro con ella!

-Jamás mencionaste una condena como esta.

-Sin duda no es suficiente -cercioró.

-Ginny escúchame -se obligó a serenarse-. No puedes hacerme esto, son dos meses...-tomó su mano.

-¡Suéltame! -se escurrió rápidamente-. No me vuelvas a tocar porque...

-De acuerdo -levantó sus manos en señal de rendición-, tienes razón, estuve mal recién... se me zafó un tornillo. ¡Pero fue sólo porque te vi con ese idiota! -alegó, fuera de sí- Me molesta sobremanera verte con otro.

-No pongas excusas idiotas, nadie te pone loco; ¡el loco eres tú! -acusó.

-No, Ginny, no...-buscó vanamente, acercarse-. ¡Vamos, mujer! ¡no me huyas! -se exasperó.

Ese hombre la desconcertaba enormemente. ¿Cómo hacía? En un segundo era un tipo normal, y al otro, una fiera descarrilada. En un instante era insufrible, pedante y egoísta; y al siguiente era una persona suficientemente dulce como para preocuparse por cuidarla cuando le agarraban los ataques, o reprocharla por verla fumar. Era increíble y extraño para su entendimiento, pero le tenía tanto aprecio y necesidad, como repulsión y temor. Si Harry se equivocaba y ella no estaba loca... no le faltaba mucho para llegar también a ello.

-Ginny -volvió a ser el dulce y atormentado Harry que solía abordarla- ¿cómo pudiste hacerme esto? -preguntó herido, como si realmente lo hubiera traicionado- ¡Tú sabes cuánto amo la magia!

-¡Qué hipócrita! -soltó- Hace menos de un mes la aborrecías...

-¡Sólo de palabra! No quería quererla porque sabía que nos perjudicaba a Sophía y a mí... pero ahora...

-Ahora deberás abstenerte dos meses más, no veo cuál es el problema -intentó también serenarse. Mejor sería, no tentar la suerte-. Has vivido tres años sin magia, ¿en qué te modifican dos meses más?

-Tú no entiendes.

-¡Si! ¡Entiendo que no sabes controlarte! -acusó- Tienes todo ese poder y no sabes cómo administrarlo... ¡Por eso te condené a cumplir obligadamente con el C.D.I.! Y si te quité la varita fue para evitarte más problemas cuando todavía están alborotadas las aguas.

-¿Crees que eres la única con capacidades aquí? -se molestó. Comenzando a bramar de nuevo- ¿Crees que eres la única sensata? ¡Control de la Ira! -se burló- ¡Control de la ira! Lo que me vendría bien para no sacarme de quicio, es que tú fueras un poquito más recatada ¿no crees?

-¿Puedes dejar de celar cosas que no te corresponden?

-¿Celar? -sonrió irónico- ¿Crees que estos son celos?

-Si. Creo que eres un enfermo de los celos... pero que no tienes el derecho para celar a nadie, ¡Y mucho menos a mí!

-Tú no tienes idea lo que son los celos -advirtió, mientras la mirada se le oscurecía nuevamente-. Esto es simplemente una gran decepción hacia la persona que creí que eras.

-¡Pues bien! Ya va siendo hora de que los decepcionados sean los demás para variar.

-¡¿Y yo que tengo que ver con tus malditas historias?! -se acercó, colérico, sin que ella lo advirtiera-. Me importan una mierda tus historias, en tanto estén en el pasado cuando folles conmigo -ella volvió a abofetearlo, esta vez con más fuerza, marcando su cara.

Harry reaccionó aún más rápido y le tomó el rostro con ambas manos, con un excesivo uso de su fuerza, y la obligó a recibir su ofensivo y humillante beso.

Harry no podía evitarlo; no podía herirla ni rebajarla físicamente a lo que él se sentía en aquel momento. La única manera de subyugarla a sus dominios, era con la pasión que los doblegaba a ambos, pero que a ella la dejaba vulnerable y en evidencia.

Ginny batalló contra la fuerza que él aplicaba en ella. Sentía hacia él, tanto enfado y temor, como una sofocante necesidad sexual. Pero en aquel momento dominaba más su temor hacia él... la frustración de no creerlo capaz de ser normal. Normal... sólo un poco. Y sereno.

Ginny comenzó a empujarlo para separarlo de ella, ya con el pecho oprimido. Comenzó a llorar inevitablemente.

-Déjame -gritó, entre empujones, pues él no se separaba.

Harry, recordando el odio que sintió al verla con Draco, buscó herirla lo más posible de cuanto estuviera a su alcance. Pudo sentir las lágrimas de ella en las propias mejillas, pero continuó presionándola y besando con fiereza sus labios.

La puerta se abrió nuevamente.

-¡¿Qué mierda crees que haces?! -lo separó fuertemente Draco, casi haciéndolo chocar contra la pared, librando a una llorosa Ginny.

Draco se abstuvo de comenzar a golpearlo, pues creyó que ella era quien necesitaba más contención, por lo que se acercó a abrazarla, sin quitarle los ojos de encima al morocho.

-¿Estás bien? -le susurró Draco, preocupado.

Ella negó con la cabeza y fue inevitable hundirse en su pecho en busca de consuelo, como si fuera una quinciañera traicionada por su primer amor. Siempre había creído que los años la habían endurecido a desilusiones como esas; a enfrentamientos cara a cara del peor tipo. Pero... sin duda no estaba preparada para enfrentarse con Harry, y menos luego de las cosas que había comenzado a sentir por él.

Cuando Harry por fin recuperó la estabilidad y la vio destrozada en sus brazos, se sintió la peor basura. Fue demasiado tarde cuando por fin notó lo brusco que había sido en todo, pues ella ya estaba llorando frente a él, sino de la impotencia, del dolor inferido por él.

-¿Y me dices que no lo necesitas? -ironizó ella mirándolo, entre lágrimas- ¡Mírate! ¡Necesitas urgente alguien que te controle!

Harry por fin cayendo en cuenta de lo que casi acababa de hacer, de cómo casi la golpeaba reiteradas veces, se tomó los cabellos nerviosamente y caminó histérico por la oficina.

-Otra vez lo mismo...-susurró para sí, aterrorizado- No otra vez lo mismo -rogó. Luego se detuvo en seco y la miró lleno de pesar. Ginny identificó en aquella mirada, al verdadero Harry- Lo siento, Gin...-soltó a punto de quebrar.

-¡No le digas así! -Harry miró al rubio, también apenado.

-Lo siento, de verdad lo siento. Yo... no quiero pasar por esto de nuevo, yo...-una lágrima se le escapó y apretó fuertemente los labios-. Tienen razón... necesito ayuda -negó con la cabeza-, necesito ayuda -repitió. Se acercó a Ginny, pero Draco la separó, y le mandó una mirada asesina- Lo siento. Lo siento de verdad... Yo...-los miró acongojado- Debo irme.

Harry dio media vuelta y, sin mirar atrás, se fue. Se arrepentiría de aquello toda la vida... y, si llegaba a perderla por sus exabruptos...

Si la quería con él, como no había dejado de pensar en ello en los últimos días, tendría que comenzar a cambiar su actitud o las cosas acabarían muy mal. La necesitaba... pero también necesitaba protegerla de él y... ante todo, aprender a no herirla.


El cuarentón abrió la puerta de par en par, para encontrarse con el preocupado rostro de la rubia.

-¿Y? ¿Cómo resultó?

-Fue todo en vano -soltó Falstaff, irritado-. ¡Porque el imbécil de tu novio grabó una declaración tuya, Sophía!

-¿Mía? -preguntó incrédula y algo ofendida- ¡Yo no veo a Harry desde que fui a llevarme su varita tal como pediste!

-No me mientas, Sophía.

-¡Pero que hombre perseguido! -soltó refunfuñando- Te digo la verdad.

-Pues algo pasó, porque era tu voz la que nos evidenciaba a ambos -se frustró.

-¿Y qué vamos a hacer ahora?

-Descuida -sonrió tranquilo-. Pude haber discutido la grabación, y quizás hubiera conseguido algo mejor para él -le explicó-, pero antes de que terminara el juicio se me ocurrió algo mejor. No di más batalla porque, lo que estoy planeando será un plan infalible, siempre y cuando Weasley no se entrometa -reflexionó.

-¿Cómo vas a lograrlo? Ella no lo deja un sólo segundo -dijo, molesta.

-Para empezar... debemos dejar pasar un tiempo. Que crean que todo terminó, que bajen la guardia. Quizás una semana. Cuando mucho, dos. Y luego... tú y yo lo hundiremos -sonrió satisfecho y seguro de su magnífico plan.


(*) Demasiadas cervezas, dijo al ver mi cabeza al lado de la suya en la almohada, y la besé otra vez, pero ya no era ayer, sino mañana... canción de Sabina "Donde habita el olvido".

(**) "Recordando tu expresión, vuelvo a desear esas noches de calor, llenas de ansiedad. Sofocado por el sueño y la presión, busco un cuerpo para amar. La distancia va perdiendo su espesor... Pronta entrega por favor" canción de una banda argentina llamada Virus, "Cuando es con vos".

(***) "Y todo en un minuto, yo estaba en la cocina... me abrazó por la espalda, y me dijo al oído que le encanta ir a la cama conmigo, pero no quiere nada más..." canción de Los Estelares, "Ella dijo".

Adelantos:

" -Harry..-lo llamó. Él se detuvo con resignación, a medio paso de la salida- ¿Recuerdas lo que te dije en tu casa? -agregó con suavidad, apelando a toda la dulzura que poseía. Harry se estremeció levemente, pero no exactamente por recordar sus precisas palabras, sino todo lo demás. Se giró lentamente para mirarla- Me gustaría que nos lleváramos bien -se sinceró-. Aunque me has fallado más de una vez... no puedo racionalizarlo -se encogió de hombros-, me gusta estar cerca tuyo."

" -No puedo más, Hermione -quebró él, soltando las lágrimas nuevamente-. Merlín es consciente de todo lo que te amo y lo que haría por ti pero... no puedo más -explotó-. Ordenaré mis cosas esta noche y... mañana dejaré todo esto atrás... para siempre -la miró, secándose el rostro."

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Besos. Ceci.