¡Al fin! ¡Al fin termine este capítulo! *-* Antes que nada, gracias por seguir el fan fic y esperar hasta la actualización. Enormes disculpas! El hecho es que tenía poco menos de la mitad ya escrito y en estos días termine el resto. Este será el último cap. con el titulo "La cita de Rin" xD ya me extendía bastante. Poquito más y acaba su cita :v . Jajaja, bueno pues espero que lo disfruten y que no les aburra Q_Q . Actualizando lo más pronto posible..!
Así que.. sin más, lean~
Y de nuevo, gracias a mi amiga Ana K. por la ayuda :33
Capítulo 9. La cita de Rin [Parte 3]
–No creo que sea buena idea, Rin seguro se molestara –seguía quejándose la chica de cabellos oliva. No paraba de lanzar suspiros, bueno, para ser sincero, prefería estar en cualquier otro lugar que no fuese la escuela, con tantos acosos como de los que habían sido presos últimamente.
–Ya es demasiado tarde para regresar Makoto-senpai –le sonrió Gou, mientras iban de pie asomadas por las puertas de aquel tren hasta donde habían seguido al pelirrojo –Y por eso mismo es importante que nos ocultemos –dicho esto, le guiño el ojo y señaló discretamente hacia al frente; a dos vagones a lo lejos se encontraba la pareja, Mikoshiba de pie platicando quién sabe qué cosas, y Rin sentada frente a él, con una cara de molestia y flojera.
Makoto rascó su mejilla y volteó a su derecha, Haruka y la profesora Ama-chan iban sentadas en la fila del costado. Nagisa y Rei también estaban de pie, frente a la peli oliva. La rubia estaba muy entretenida con su teléfono móvil, no lo había soltado desde que salieron de la casa de Haruka. El colguije de pingüino bailaba en el aire mientras Nagisa presionaba las teclas, con una enorme sonrisa dibujada en el rostro.
– ¿Nagisa-kun que ha estado haciendo desde hace rato? –le cuestionó Rei con una ceja alzada.
La mencionada soltó una risita juguetona.
– ¿A quién le está enviando mensaj – Nagisa cubrió la boca de Rei, haciendo un ademán para que no dijera más.
Volteó discretamente hacia donde estaban Mako y Gou, la primera distraída en el paisaje fuera.
–Te diré si guardas el secreto Rei-chan –susurró a su amiga, la peli azul dudó un poco pero asintió.
La de ojos fucsia se acercó hasta el oído de Rei, ésta abrió los ojos sorprendida e iba a hablar cuando Nagisa volvió a cubrirle la boca y le guiñó un ojo.
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Casi se les perdía la pareja. Al bajar se hizo un mar de gente del cual no podían librarse con facilidad, pero así mejor, no los notarían y podían seguir de incógnito tras la peculiar pareja, que parecía, todavía a la distancia, mantener una conversación completamente unilateral.
El parque de diversiones en el centro de la ciudad más cercana fue la meta de toda esa carrera. Nunca habían tenido la oportunidad de ir ahí. Las seis mujeres quedaron con la boca abierta al ver la inmensidad del parque, sin dejar de lado la cantidad de gente que se encontraba paseando por ahí.
– ¡Rin-chan es muy afortunado! –se quejó Nagisa mirando todo el lugar –Su primera cita es en un parque de diversiones... ¡Me encantan los lugares como éste! –volvió a quejarse –Toma nota Rei-chan –le codeó a la peli azul.
– ¿T-tomar nota? –preguntó pero la rubia la ignoro y comenzó a caminar muy entretenida con su alrededor.
Las demás le siguieron y una vez dentro del parque, cada quien había decidido sus planes.
Gou y la profesora compraron un pequeño mapa de toda el área del parque para evitar perderse. Nagisa se enganchó de Nitori y Rei insistiendo en ir a ver las zonas donde vendían dulces y demás comida.
Al parecer, perseguir a la pareja pasó a segundo plano.
Por otra parte, Makoto y Haruka permanecían todavía sin moverse del lugar.
– ¿En dónde estarán? –pensaba la de cabello negro. Paseando la vista por todo el lugar sin encontrar señales de la pelirroja y el capitán. No les podía perder la vista, no después de haber soportado ese camino largo y aburrido en metro, o caminar varias calles para llegar hasta el parque.
– ¿Y si también vamos a ver por ahí? –le preguntó Makoto, posándose a su lado.
Haruka asintió en silencio y así, ambas chicas se perdieron entre los locales que había. Mientras que las demás también comenzaban a explorar.
No muy lejos, una silueta alta y con porte galante, observó como la de cabello negro y oliva desaparecían entre la multitud.
–Después de todo la rubiecita tenía razón –guardó su teléfono celular en uno de los bolsillos de su pantalón escolar y dibujo una sonrisa seductora en el rostro –Parque de diversiones; dulces, muñecos de felpa y atracciones por doquier, sumando un chico atractivo y detallista... Si no caes con esto, entonces no eres humana Mako-chan –dijo divertido y arreglando su camisa.
Así es, Kato también estaba ahí. Defendiendo su título como acosador de Makoto. Aunque claro, con ayuda de alguien más; por supuesto que no dudó ni un minuto cuando la "rubiecita" (como él llamaba a Nagisa) le informó vía mensaje de texto, que Makoto y ellas estaban cerca de la estación que él abordaba para ir a la escuela y que, si tenía oportunidad, pasaría algo de tiempo con la de cabello oliva en cuanto llegaran a su destino.
Cuando llegaron al parque de diversiones, Kato seguía fielmente las instrucciones que Nagisa le daba para dar con ellas. No fue hasta que vio a Makoto cuando supo que Nagisa no mentía y en realidad quería ayudarlo para que su relación con la de ojos verdes avanzara.
Claro que para Nagisa, ese no era el verdadero plan, sino dos sencillas palabras: "Triángulo amoroso". Y con ayuda de Rei (que ésta última ni enterada de cómo había participado en eso) se encargó de averiguar el número telefónico del muchacho y de paso dónde vivía.
Kato comenzó a caminar tras el dúo, siguiéndolas sigilosamente y esperando el momento adecuado para hacer su entrada.
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– ¿Mitsuya-chan quieres un muñeco de felpa?
–...–
– ¿O quizás un helado?
–...–
– ¡Ya sé! ¿Subirte a la nueva atracción?
–...Quisiera que desaparecieras...–susurró una molesta pelirroja. Todo el día escuchando el mismo timbre de voz, diciendo sólo sandeces era un infierno para sus oídos.
– ¿Mitsuya-chan? –tenía suerte de no haber escuchado la respuesta de la pelirroja, o su increíble estado de ánimo habría caído hasta el suelo. Porque entonces se daría cuenta que el ser detallista y todo un caballero no estaba funcionando.
¿Pero qué tan ilusionado podía estar ese hombre para no notar las caras que desde hace rato Rin traía? O bueno, "Mitsuya-chan".
Lo cierto era que todo el mundo alrededor podía notarlo, menos quien debería dé.
Rin maldecía una y otra vez a Haru. Por haber ganado y por haber elegido la ropa que vestía. Y si el día no podía ser peor, estar en una "cita" con su capitán que lo veía como si fuera la primera mujer con la que trataba en el mundo. Ahora realmente se preguntaba ¡¿Cómo demonios Gou podía aguantarlo?! Era sólo un idiota, que no paraba de hablar un montón de tonterías.
Miró hacia su costado derecho para ignorar esa mirada boba que tenía Mikoshiba. Por un momento le pareció ver una cabellera oliva entre la multitud, pero al agudizar su vista no había nada. Tal vez estaba imaginando cosas, pero juraría haber visto a Makoto desde lejos.
–Mitsuya-chan, hay un espectáculo allá, vayamos a ver –no respondió, pero igual siguió a su capitán, mirando por última vez donde creyó ver a Makoto antes de comenzar a caminar.
Dejar abandonado a Mikoshiba mientras éste se quedaba mirando como un bobo el espectáculo de lucha que ocurría frente a sus ojos, ni esconderse entre la gente en un par de ocasiones fue lo suficientemente eficaz como para perderlo y disfrutar lo que restaba del día. Ese hombre resultó ser más hábil de lo que había pensado en un inicio.
Y por si no fuera poco, ese sentimiento de sentirse acosado en la distancia se intensificaba con cada paso que daba. No es como si fuera una especie de paranoico pero en realidad sentía una presencia no muy lejos de donde se encontraba con su capitán.
–Mitsuya-chan... –le llamó de nuevo con ese tono tonto. Rin le miró de soslayo a modo de prestarle atención – ¿Qué tal si entramos? –señaló divertido hacia el frente, donde se alzaba ante ellos la famosa "Casa del terror", una de las mayores atracciones en el parque.
Rin hizo una mueca de disgusto, no se asustaba con facilidad pero al ver la fila que esperaba paciente para entrar pudo descubrir las verdaderas intenciones de Seijuurou.
Y en realidad sus pensamientos no distaban mucho de los del capitán; casi el 90% de la fila era de parejitas, donde seguramente aplicaría la típica: aprovechar que era un lugar oscuro, lleno de sustos sorpresivos, personas persiguiéndoles, disfraces horrorosos que cobraban vida; aprovechando el miedo de la chica para tomarla de la mano y abrazarla, intentando calmarla con frases dulces y suaves.
Y justo así era como todo pasaba en la imaginación del peli naranja.
De pronto, a Rin se le vino una idea. Ese lugar era perfecto para perder de vista a Mikoshiba sin que se diera cuenta, poniendo como excusa la oscuridad del lugar y las ganas de salir de ahí para no asustarse más, sí ¡Esa era la mejor idea que se le había ocurrido!
Asintió para responder a la propuesta del capitán y en un santiamén ya estaban formados.
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No muy lejos de donde la pelirroja se encontraba, Makoto y Haruka les seguían el paso. El primero bastante entretenido con la cantidad de cosas que vendían como los muñecos de felpa o los dulces, sin darse cuenta de la presencia de su propio acosador en el parque, escondido discretamente entre la multitud.
Haruka, también estaba entretenido, pero a diferencia de la peli oliva, su entretenimiento era acosar con la mirada a una peculiar pareja. Con cámara en mano y dispuesto a capturar cualquier escena que sirviera para la burla de Rin en un futuro, como quien dice; para la posteridad.
Su rostro inmutable no evitó dibujar una casi imperceptible sonrisa al darse cuenta que la pareja se formó para entrar a la casa del terror. Esa era la oportunidad perfecta para capturar a la pareja en una situación comprometedora.
–Haru ¿Qué has estado mirando desde hace rato? –cuestionó la peli oliva, quedando al lado de Haruka.
–Makoto, entremos –dijo, tomando por la muñeca a su amiga y empezando a caminar.
–¿Entrar? ¿A dónde? –preguntaba, sin comprender bien la actitud de Haruka. Cuando fijó la mirada al frente, palideció y comenzó a temblar –N-no quiero entrar ahí ¡Haru! ...¡No quiero entrar! –forcejeaba para soltarse del agarre, pero no fue hasta que la peli negra recordó lo miedoso que era Makoto, que le soltó la muñeca.
–Esta bien Makoto, no me separaré de ti –tomó su mano y entrelazó sus dedos, causando un leve sonrojo en su amiga.
–P-Pero... –balbuceó nerviosa. Los ojos oceánicos de Haruka lo miraban intensamente. ¿Cuántas veces no había confiado en esa mirada? Ahora que lo pensaba, un par de veces había terminado en lugares escalofriantes y oscuros, pero después todo resultaba bien. Claro que "La casa del terror" no se comparaba, pero si estaba con Haruka... todo estaba bien. –¿Para qué quieres entrar ahí?... Vamos a otro lugar –suplicaba.
Sus cavilaciones fueron interrumpidas por los empujones que la gente les dio para que apresuraran el paso; las grandes puertas de madera, con un aspecto medieval y escalofriante se habían abierto para dejar pasar a toda la gente que estaba formada.
Y sin darse cuenta cómo, Makoto estaba dentro de la casa, sujetando con fuerza la mano de Haruka, miró hacia atrás, ya su única esperanza de salir corriendo estaba demasiado lejos.
Atravesaban un túnel bastante oscuro, con algunas luces en tenues colores púrpuras y verdes. Las paredes le daban el aspecto escalofriante e inquietante que lo hacían una de las mejores "casas del terror" en Iwatobi. El túnel parecía bastante largo y la estrechez de éste no ayudaba a relajar los nervios. A los lados, habían muñecos que infundían miedo de tan solo ver su aspecto, algunos cobraban vida asustando a quienes pasaban. Al frente, se escuhaba de todo; desde gritos desgarradores de tortura, risas macabras, hasta aullidos largos y profundos. y eso que aún no llegaban al centro de la casa.
–Así que Mako-chan no soporta este tipo de lugares –pensó Kato, estaba también dentro de la casa siguiendo el paso de su querida peli oliva. Con una mano peinó su cabello mientras soltaba una risita –¡Esta es mi oportunidad! Sólo tengo que separarla de esa amiguita suya –comenzo a caminar, acercándose cada vez más a donde se encontraban éstas, pensando ¿Cómo era posible que estuviera celoso de una chica? Y de que ésta estuviera demasiado cerca de su Mako-chan.
Al frente, la peli oliva estornudó.
–H-Haru... tengo la sensación de que alguien nos sigue –susurró a su amiga, apretando con más fuerza el agarre.
–Bueno, hay mucha gente detrás de nosotros ahora –respondió también en un susurro.
–No me refiero a eso –chilló.
–Estas asustado, no pasa nada –trató de calmarle. Makoto no hizo más que seguir temblando, e intentar converserce de esas palabras.
Más al frente, otra pareja era acosada por las dos anteriores.
–M-Mitsuya-chan, n-no tengas miedo... yo te protegeré.
–¿Estás realmente en posición de decir aquello? Estas temblando –soltó una risita burlona. Vaya, pero que hablador podía ser ese capitán.
De pronto todo se obscureció y detuvieron el paso.
–¡T-Tranquila Mitsuya-chan!
Rin suspiró. El capitán no era más que un cobarde y, todo lo que decía parecía más bien palabras para convencerse a si mismo que a Rin.
–¡ALTO AHÍ! –escucharon una ronca voz al frente, seguida de ésta una carcajada. Una luz bajita de color blanco iluminó lo que parecía ser una montaña de huesos y tierra. Donde un hombre con aspecto podrido se podía ver –¿ESTÁN LISTOS PARA LO QUE VIENE? –la muchedumbre soltó risas y uno que otro gritito de miedo. Makoto era parte de ese último grupo –EN ADELANTE, NO HAY OTRA MANERA DE SALIR DE AQUÍ, SÓLO CRUZANDO LA ÚNICA PUERTA QUE ENCONTRARAN AL ATRAVESAR ÉSTA TEMIBLE CASA –el hombre gritaba con una voz ronca. Muy adecuado al ambiente tenebroso. De repente soltó una carcajada –PERO CUIDADO, PORQUE MÁS ADELANTE TENDRAN UNA SORPRESITA... BIENVENIDOS SEAN A LA CASA DEL TERROR... –dicho esto, rió por última vez antes de que las luces se apagaran y un escandaloso relámpago iluminara la habitación.
Poco a poco la gente comenzó a avanzar. Rin se adelantó dejando atrás a un temeroso Mikoshiba, el plan de perderlo comenzaba ahora. Makoto iba prácticamente pegado a Haruka, colgando de su brazo como si esto fuera a desaparecerlo de aquel lugar tan terrible y oscuro. Kato no tardó mucho en alcanzarles, si estiraba su brazo podía palmar el hombre de la peli oliva. Estaba cerca, pero para su mala suerte Mako-chan iba aferrado como un koala a la peli negra.
Después de unos sustos de infarto y de quedar casi sordos por los repentinos gritos desgarradores que taladraban sus oidos al moverse figuras entre la oscuridad, llegaron a una especie de salón que parecía más bien una cueva húmeda y sorpresivamente silenciosa.
Algunos soltaron risas nerviosas, otros discutían sobre lo que estaba por venir ahora. Cuando todos los presentes entraron por completo al salón, la puerta por donde habían entrado se cerró de golpe, provocando más de un grito en la mayoría.
–H-H-Haru...t-tengo miedo –aferró más la mano de su amiga, observando por todos lados por si algo grande, peludo y asqueroso se asomaba de pronto. Bueno, su imaginación no era tan fiel como quisiera.
–Tranquilo... no me voy a separar de tí –le dijo en un susurro, también paseando la mirada, buscando a cierta parejita que se escondía entre la multitud. De nada servía ahora su cámara, el lugar estaba completamente a oscuras.
De repente, el lugar se tiño de un color rojo, las luces parpadeaban al tiempo que una alarma sonaba, como una advertencia de peligro. Una puerta al fonto de abrió y de ésta, comenzaron a salir criaturas deformes, medio humanas, horriblemente delgadas y otras parecían ser sólo una bola de cebo con vida, algunas se arrastraban mientras hacían sonidos guturales. Todos empezaron a gritar aterrorizados, esa era la "sorpresita" de la que hablaba el hombre podrido. Cuando las criaturas empezaron a correr rodeando a la gente, hubo una enorme conmoción y todos comenzaron a empujarse. Al frente del salón, en una de las paredes, se alzaron tres cortinas, permitiendo el escape de todas esas personas que corrían despavoridas.
Todo fue un completo caos, sobre todo para cierta peli oliva que por todos esos empujones había soltado la mano de Haru, no sabía que hacer, se había quedado prácticamente congelada.
– ¡Makoto!... ¡Makoto! –Haruka había sido empujada por toda esa gente que corría despavorida buscando salir por alguna de las puertas. Después de soltar accidentalmente la mano de la peli oliva, ésta había desaparecido de su vista. Estaba frente a la primera puerta, no había rastro ni de Mako ni de Rin.
Decidió entrar por esa puerta, seguramente Makoto también había echado a correr después de todo el alboroto. Tenía que encontrarlo, si tenía suerte, probablemente le encontraría en el túnel.
Kato, que estaba rezagado, divisó lo que parecía ser la figura de la muchacha entre la muchedumbre buscando de un lado a otro a alguien y, sin pensárselo dos veces, corrió hasta poder sujetar su mano y correr hacia la segunda puerta.
Mikoshiba, que había perdido de vista también a Rin, sintió que tomaron su hombro, cuando giró, la luz roja permitió ver en unos cuantos segundos una silueta alta y delgada, al parecer con cabello rojizo así que hechó a correr a la segunda puerta, de la mano con Mitsuya-chan.
O eso era lo que creía.
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En su vida había corrido tan desesperadamente como hace unos segundos, no tenía ni idea de cómo es que había conseguido salir de aquella horrible casa, prácticamente a la velocidad de la luz. Su respiración era bastante agitada. Makoto estaba sentada en el suelo a unos metros de la casa, al frente de la salida. Se había dejado caer de rodillas una vez consiguió salir y la adrenalina bajo.
– ¿Mako-chan? –alzó la vista. Se encontró con un par de ojos fucsia que lo veían intensamente.
–N-Nagisa –chilló y se abrazó a la cintura de la rubia. Agradeciendo encontrar a alguien después de semejante susto.
– ¿Qué sucedió Makoto-senpai?
– ¿Se encuentra bien Tachibana-san?
–Rei, Nitori... –suspiró y se incorporó con ayuda de Nagisa. Las tres la veían dudosas con un deje de preocupación – ¡Haru! –gritó volviendo la vista. Aún no salía nadie. Nagisa cayó en cuenta de la ausencia de la peli negra.
– ¿Y Haru-chan? ...¡Mako-chan estás muy pálida!
–Es una suerte que pasáramos por aquí –habló Nitori –Será mejor que lo llevemos a un lugar tranquilo, cuéntenos que sucedió en el camino Tachibana-san.
Y así, las tres chicas se alejaron del lugar, con un traumado y muy, muy pálido Makoto.
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Dentro de la casa, la situación ahora era mucho más tranquila. Los túneles eran bastante oscuros, era como caminar dentro de una cloaca, pero sin el peligro latente de alguna criatura persiguiéndoles.
En la segunda puerta, Kato sonreía triunfante. Al fin, al fin conseguía un momento a solas con Mako-chan. A pesar de que no podía ver la silueta de ésta por estar sumergidos en completa oscuridad, sentir el contacto de su mano aferrándose a él con fuerza era suficiente.
Aún más cuando sintió que lentamente, Mako-chan, se recargaba hombro a hombro con él cortando así toda distancia. Tragó saliva, rayos ¿Por qué ahora estaba tan nervioso?, suspiró al comprobar cómo lo hacía actuar la peli oliva con sólo estar así de cerca.
Podía ver la salida a unos cuantos metros más, una luz blanca los esperaba al final.
Poco antes de llegar, literalmente, hacia la luz, una última figura disfrazada de zombi les sorprendió lo suficiente como para que Kato escuchara un quedo "¡Kyaa!" provenir de su costado izquierdo y como el otro cuerpo se tensaba asustado. Entonces decidió soltar su mano para envolverle en un suave abrazo y, con la mano libre, alzar su mentón para darle un deseado beso, su rostro se acercaba poco a poco, quedó a sólo un par de centímetros.
Parpadeó dos veces cuando acarició la espalda... ¿Robusta? Y ahora que caía en cuenta ¡¿Desde cuándo Mako-chan era tan alta como él?¡
–¿Mitsuya-chan? –se le erizó el cabello de sólo escuchar aquel tono varonil.
–¿Mako-chan?
Hubo unos segundos de silencio antes de que ambos hombres se separaran bruscamente, buscando alguna respuesta a lo que era obvio sobre todo cuando la luz de salida les iluminaba lo suficiente. Ambos se señalaron puerilmente.
–¡¿Q-Quién eres tú!? ¡¿Qué hiciste con Mitsuya-chan?! –preguntó un histérico y, sin poderlo evitar, sonrojado Mikoshiba.
–¡Eso debería decir yo! ¡¿Qué hiciste con Mako-chan?! –alterado y también con un sonrojo, Kato sentía su cuerpo estremecerse de tan solo pensar que hubiera pasado si no se percatara a tiempo de que "ella" era él".
–¡No sé de qué estás hablando, pero déjame decirte que a mí no me van los hombres!
–¡A mí menos! ¡Déjame recordarte quién fue el que se le pegó a quién!
–¡Y quién era el que quería besar a quién! –se defendió el capitán.
–¡No te sientas el importante, creía que eras Mako-chan!
–Ya me extrañaba que Mitsuya-chan fuera tan cariñosa –chilló decepcionado Mikoshiba, relajándose un poco. Empezó a caminar directo a la salida, tenía que encontrar cuando antes a su peli roja. Kato lo miraba como bicho raro, comenzando a caminar también –¡Oye tú! No me sigas, ya te dije que no me van los hombres.
–¿Ah? ¿Pero quién te está siguiendo? Tengo que encontrar a Mako-chan –espetó Kato, envuelto también en un aura deprimente.
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Haruka no lograba encontrar a Makoto. Se sentía mal por haberle perdido, ahora que no encontraba tampoco a Rin se regañaba internamente al dejarse llevar, todavía arrastrando a Mako-chan a sabiendas de lo miedoso que era.
El sol ya estaba cayendo y aún así la gente no parecía disminuir, por el contrario, aumentaba y hacía más asfixiante la búsqueda.
Miró hacia los lados. Ni una pista. Ni siquiera un ligero rastro del paradero del peli oliva. Al frente había un juego que le llamó la atención; "Splash Free", suficiente título para que se le hiciera atractivo.
En menos de dos segundos ya estaba sin el suéter y blusa de la escuela, dejando ver su nuevo bañador femenino, con claras intenciones de entrar al juego acuático que –cabe señalar- era para niños de 5 a 10 años.
La gente de alrededor la veían desconcertada, (por supuesto que los hombres muy atentos) cuando estaba por quitarse la falta y zapatos una mano en su antebrazo derecho la detuvo.
Giró para sentir gran decepción y algo de nerviosismo cuando en vez de encontrarse a Mako-chan deteniéndole como siempre, se topó con un uniforme azul marino y dorado.
–Señorita, es bastante mayor para entrar en este juego –le regaño uno de los guardias del parque, con un bigote enorme que se movía conforme hablaba –Será mejor que me acompañe. Está dando un mal ejemplo a los niños.
Haruka frunció el entrecejo y tiro hacia atrás su brazo para zafarse del agarre.
–No se resista que será peor. Además de desnudarse en público, rebelde –el oficial negó. Lo que le faltaba, en su vida le habían detenido (al menos alguien con esa autoridad) por querer sumergirse en el agua.
Los forcejeos continuaron, hasta que de pronto, un hombre alto, rubio y bastante bien parecido, le rodeó los hombros a Haruka con un brazo, al tiempo que le cubría con una especie de gabardina.
–¡Honey! ¿Dónde te habías metido? –inquirió con un ligero tono preocupado –Te pierdo de vista por unos segundos y mira lo que sucede –el extraño prosiguió, aclarando las dudas que la mirada del guardia dejaban ver, antes de que éste continuara. –Es mi novia. Lo lamento mucho oficial –alejó sutilmente la mano del hombre, liberando a la pelinegra que lo veía expectante desde abajo –No volverá a suceder, si nos disculpa.
El extraño recogió las ropas de Haruka y así ambos desaparecieron entre la multitud...
Continuará...
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Cuídense, nos leemos!
