Nota: me ha costado Dios y ayuda traducir todo esto a tiempo, pero acá está xD Disfrutad :)


Desenmascarada - Parte I: Recuperación - Capítulo 10 En nuestros Recuerdos

Linda diferencia entre ser derribado y arrodillarse, ¿no crees?


La mirada de Sakura recorre el paisaje a su alrededor. Es un cuadro un poco irreal, pero no es una ilusión. Hay cráteres profundos donde una vez hubo montañas, la tierra rota y hecha pedazos de forma antinatural.

Es un lugar estéril. Lo que antes era el País del Hielo se ha convertido en un pedazo de roca rota y restos de agua congelada. La escala masiva de los ataques usados durante la guerra destrozó este país casi por completo.

El cielo está velado por una gruesa capa de nubes oscuras, prometiendo mal tiempo muy pronto. Cada paso tiene que ser cauteloso y perfectamente calculado, o la muchacha se arriesga a una caída terrible, probablemente letal.

Es frío y silencioso; la misma sensación de vacío que recuerda haber sentido tras la batalla es su única compañía. En el vacío dejado por la ausencia de vida, Sakura puede oír las voces de los caídos, ahora que nada cubre su sonido.

Desde que fue rescatada, siempre hubo algo en su mente. Fuera preocupación, una tarea sencilla, miedo, ira… éstos envolvían los pensamientos de la kunoichi en un abrazo muy apreciado. Ahora, no hay nada. Y el espacio está siendo ocupado por fantasmas.

—Deberíamos estar a un día de Shimogakure —murmura la chica, parándose al borde de una garganta profunda, buscando una manera de cruzar al otro lado.

"Eres consciente de que empezaremos a encontrar ruinas y cuerpos pronto, ¿no?" comenta su voz interna, con quien se ha habituado a hablar, en un intento de cubrir las otras.

—Sí —es todo lo que ella responde, negándose a adentrarse en las implicaciones de este detalle.

El País del Hielo no tiene muchas aldeas; la mayoría eran pequeños asentamientos construidos en torno a Shimo. Cuando más se acerque a su destino, más abundante será la destrucción.

La muchacha sigue caminando a través del terreno irregular, muy cuidadosa de no caer en los cortes abruptos del terreno que se abren bajo sus pies. Sakura repasa su plan mentalmente, mientras tanto.

"Sabes, fue un poco estúpido huir así," comenta Sakura Interna. "¿Y si no está en Shimogakure? Estarás sola, en una tierra hostil, sin nadie que pueda ayudarte."

Lo sabe… algunos días después de abandonar los bosques del País del Agua Caliente, la chica empezó a darse cuenta de cómo de irreflexivo es su plan de rescate.

—Bueno, no estaba a salvo en Yu y posiblemente ellos no habrían tenido tiempo de ayudar a Misho —replica, aunque es una excusa pobre y la kunoichi lo sabe muy bien.

"Todos los síntomas de paranoia están ahí," ofrece Sakura Interna, dando voz a algo en que no había querido pensar. Como de costumbre.

Si la kunoichi se hubiera cuestionado cada movimiento durante su estancia en un territorio hostil, las cosas podrían haber ido de mal en peor y rápido. Es temerario, pero al menos lo hizo con motivo.

Es algo que le duele reconocer: estaba simplemente desesperada por tener un objetivo, algo que hacer. La pérdida de cualquier sentido de normalidad que lograra recuperar aún duele.

La traición tiene un sabor amargo, y lo sabe muy bien. Con un poco de suerte, Kiri no estará pagando por sus acciones.

Quizá, Sakura debería haber confiado en él y Riko más. Al menos uno de ellos estaba de su parte, yendo en contra de órdenes para ayudar. Amigos… La chica recuerda sus pensamientos allá en el campo de batalla: no le quedan amigos, sólo personas de las que desconfiar.

¿Es paranoia o de veras ha perdido a todos aquellos en que podía confiar? ¿Acaso ha abandonado a sus únicos aliados?

Ya no importa, supone ella, apartando los pensamientos a un lado.

—Saquearemos las ruinas… deberían estar vacías. Creo que todo el mundo fue evacuado. Con un poco de suerte, sólo habrá cuerpos en Shimo. —Sakura repite su plan en voz alta, para ayudar con su concentración, negándose a dejar que sus pensamientos se descarrilen más.

Sakura Interna suelta una risilla, sacudiendo su cabeza imaginaria.

"Y entonces, ¿qué? El cuerpo podría estar en cualquier otro lugar, o ni siquiera allí. Diablos, quizá incluso no tenga el pergamino encima."

La muchacha suspira, agotada. No es un plan muy brillante… hay muchas cosas que podrían ir mal. Pero era su única opción y no se arrepiente de haberla elegido.

Había esperado que Yugakure mandara a alguien tras ella, pero no fue así. Sakura no ha visto a una sola alma en mucho tiempo. De algún modo, eso la pone más nerviosa que saber que la persiguen.

Quizá es que, simplemente, no han encontrado su rastro. Algo que agradece, puesto que sus métodos de defensa son bastante limitados por ahora.

Sin embargo… no le gusta esta situación en absoluto. Se siente constantemente tensa y esperando una emboscada.

—Podrías ayudar por una vez… —gruñe, hacia su voz interna. Es casi de noche y se siente agotada de la mayor parte de su energía. La última cosa que Sakura quiere es que "alguien" esté sermoneándola respecto a cada detalle de sus acciones.

Este lugar es muy frío, piensa ella. Y es cada vez peor, debido a la proximidad del invierno. La kunoichi agradece tener ropas gruesas, pero no se siente animada en absoluto sabiendo que tendrá que pasar otra noche luchando contra la hipotermia.

Es como si la guerra hubiera acabado de nuevo: Sakura se esconde en cualquier hueco que pueda encontrar, acurrucada y temblando, escuchando cosas en el exterior que no deberían estar ahí.

Sin embargo, la alternativa es quedarse en medio de la oscuridad durante la noche, en una tierra moteada de agujeros en los que caerse, así que se apresura a encontrar refugio antes del anochecer.

El ciclo se repite una y otra vez. La paranoia de Sakura aumenta, puesto que se siente como si alguien la persiguiera; un sentimiento que está, poco a poco, corrompiendo sus pensamientos.

Sakura discute con su voz interna, tratando de ignorar los signos crecientes de ilusiones que están filtrándose en su mente. Yugakure no le dio ningún tipo de medicación para contrarrestarlo, no que ella sepa… y ahora está alcanzando puntos alarmantes.

No ayuda que, sin chakra, su viaje le lleva mucho más tiempo de lo que ella querría. Su cuerpo entero duele, pero la pelirrosa se obliga a continuar, tratando de mantener la imagen de Misho en su cabeza. No puede rendirse.

Tres días después de abandonar Yu, la chica por fin encuentra lo que estaba buscando: los restos esparcidos de una casa rural y un camino maltrecho. En la distancia, puede ver unas cuantas estructuras artificiales. Shimo está cerca.

—Oh, genial —musita, mirando hacia el cielo gris con una mueca.

La kunoichi había estado rogando por que, a pesar de todos los signos de una tormenta próxima, no sucedería antes de que encontrara refugio. Para demostrarle lo mucho que se equivoca, una sola gota de agua acaba de rozarle la mejilla.

La atmósfera se está volviendo demasiado húmeda y gélida… es probable que se convierta en una tormenta de nieve pronto.

"¡Cha! Piensa otra vez, suertuda," comenta Sakura Interna, mientras la kunoichi acelera para alcanzar la construcción más cercana.

No es una idea muy inteligente, pues un mal paso podría causarle una gran cantidad de problemas, pero mojarse en esta situación tampoco es algo sano.

Patinando sobre los restos del camino adoquinado, Sakura por fin llega a las ruinas de la casa. Es pequeña y tradicional, adornada con un letrero de color rojo brillante.

—Familia Shira —musita la chica, entornando los ojos para leer los caracteres. Ojalá que hayan sobrevivido…

El segundo piso ha sido destrozado por fuerzas desconocidas, pero el resto de la casa parece estar más o menos intacto, sólo afectado por su abandono.

Sakura se agacha bajo los restos de la puerta principal; este lugar no tiene pinta de haber sido visitado en bastante tiempo.

Sólo hay tres habitaciones: cocina, almacén y la parte central de la casa. Hay charcos de agua de lluvia en las partes bajas del suelo y no está mucho más cálido que el exterior… pero es un cobijo.

La chica se pasa la siguiente hora canturreando canciones y tratando de rebuscar en busca de útiles. Aunque Sakura no se siente muy cómoda con robar las cosas de gente inocente, lo necesita mucho ahora mismo.

Se dice a sí misma que dejará una nota para decirles lo que ha pasado, si es que vuelven.

La casa fue dejada más o menos intacta, signo de una huida apresurada. Atrás quedaron unos cuantos sacos de dormir, comida y un generador de electricidad.

Ingenioso, se dice. El motor parece utilizar agua como combustible, la cual es proveída por el terreno en gran cantidad.

Sin embargo, Sakura no se arriesga a ponerlo en marcha, optando por esconderse en la seca y pequeña habitación de almacén. ¿Quién sabe si alguien está de veras tras ella?

Sakura Interna canturrea algo sobre paranoia, pero la muchacha la ignora y arrastra varios sacos de dormir al interior de su nuevo refugio.

La mayor parte de la comida se ha mantenido a salvo de la podredumbre, una vez más, gracias al sabio uso del clima por parte de la gente del Hielo. Y oh, ¡qué bien se siente, comer algo que no sean raciones rancias robadas del hospital!

Sakura bloquea la puerta con un sofá viejo y un montón de cajas pesadas, encendiendo una vela mientras busca una linterna. La sala es completamente hermética y oscura, así que mantener un fuego no es una opción muy inteligente.

Tras escoger un sitio que debería proveer un escondite temporal si alguien lograra entrar, Sakura se encoge en un ovillo y se entierra bajo un montón de mantas y sacos de dormir.

Por primera vez en días, nota calor, y es una sensación gloriosa, cosquilleándole por el cuerpo agradablemente. Quizá la causa es cansancio, pero no se siente mal en absoluto.

El viento silba en el exterior de su refugio, y Sakura casi podría jurar que lleva consigo voces familiares. También está el suave golpeteo de gotas de lluvia contra el techo y los muros.

Estos sonidos la calman hasta que se duerme, en sueños llenos de memorias y seres amados.

Esta vez, son tan reales que le impiden dormir por mucho tiempo. Hacía tiempo que no tenía sueños tan realistas, probablemente porque no ha dormido en condiciones más o menos buenas, desde que dejó Yugakure.

La muchacha se despierta a cada rato, asustada, sólo para encontrarse de nuevo en el almacén, todavía sola. Pensamientos de preocupación y pesadillas acechan en cada rincón de su mente, previniendo cualquier tipo de descanso real.

La noche entera pasa de este modo, en un ciclo sin fin de falsas esperanzas y sin ningún resultado bueno. Un viejo reloj canta las horas que pasan, marcando la llegada del amanecer con siete pesados toques de campana.

Resignada a su situación, la kunoichi decide que es tiempo de recoger sus cosas y reanudar la marcha. Coge una mochila más grande, un cambio de ropa y provisiones, gruñendo al ver lo pesado que es. Al menos, el viaje ya casi ha terminado.

Cuando sale, sin embargo, Sakura se da cuenta de algo que le provoca un escalofrío: gruesa niebla envuelve el mundo a su alrededor, tan densa que se podría cortar con un kunai.

Es un silencio mortal: no hay viento, ni lluvia, ningún sonido aparte de su respiración. Tardando unos pocos segundos en recuperarse, la muchacha se fuerza a mirar hacia abajo; la carretera, aunque dañada, sigue ahí. Todo lo que tiene que hacer se seguirla hasta Shimo.

Dicha tarea es cada vez más difícil, puesto que aunque debe de ser mañana temprana, sus alrededores están oscuros y parecen estar repletos de monstruos deambulantes, en forma de gente.

Resulta imposible bloquear las voces y Sakura siente cómo empieza a temblar. Suenan más fuerte que nunca antes.

La kunoichi decide sacar su pluma, girándola un poco demasiado rápido y tropezando más de una vez. Sus ojos perciben movimiento entre la niebla, figuras humanas que saltan fuera y dentro de su campo de visión, demasiado rápidas como para centrar la mirada en ellas.

—No es real, no es real, no es real —musita Sakura, tratando de ignorar la creciente locura a su alrededor. Suena tan fuerte que apenas puede oír su propia voz, y es absolutamente aterrador—. Misho, tengo que llegar hasta Misho, tengo que…

Una de las figuras se mueve más cerca, vestida en un muy familiar traje naranja. La chica salta hacia un lado para evitar el contacto, pero están en todas partes. Es imposible escapar, y así se lo dicen, con susurros llenos de maldad.

Únete a nosotros…

—¡No! —grita Sakura, echando a correr, porque irse bien lejos de esas cosas es más importante que ser precavida. ¿Qué demonios son? ¿Se trata de una ilusión o de una amenaza real?

—No corras… no puedes huir —se ríen, y sabe que tienen razón; las Voces siguen rodeándola. Sin importar cómo de rápido se mueva, no puede dejarlas atrás. Tarde o temprano, titubeará y caerá, y entonces…

—¡NO! —chilla ella, tropezando y apenas logrando parar su caída con las manos.

Las Voces se ríen de ella, sus ojos brillantes reluciendo en sus rostros irreconocibles. Se están acercando, mostrando más y más detalles de su apariencia… Sakura se pone en pie tan rápido como puede, adoptando una postura defensiva.

Es caos. La muchacha no tiene tiempo de pensar, esquivando las sombras que saltan hacia ella constantemente, añadiendo sus propios mensajes a la cacofonía a su alrededor.

—Eres débil.

La atacan sin descanso, rozándole las ropas y empujándola. Como un gato jugando con su presa…

—Tú nos mataste.

Las sombras son más fáciles de ver ahora, más claras… puede identificar a algunas de ellas. Borrones de color pasan frente a sus ojos, todos trayendo memorias de horribles destinos, que acaecieron a las personas que las figuras imitan.

Sus cuerpos están pintados con una miríada de heridas. Nadie podría haber sobrevivido esas marcas de tortura brutal, idénticas a las de sus resurgentes memorias.

¡Muere!

La muchacha suelta un alarido de desesperación, sintiendo cómo una de las sombras le roza el brazo mientras pasa junto a ella. ¿Pueden… dañar? Esto está yendo de terrible a mucho peor, muy deprisa.

Se queda en medio del camino, mirando a su alrededor con movimientos frenéticos. ¿Cuál atacará ahora? ¿Cuánto tiempo será capaz de resistir?

Las Voces parecen aumentar el sonido de sus palabras, mientras Sakura nota una extraña sensación recorriéndole el cuerpo. Peligro. Es como un sexto sentido, una combinación de su estado de alerta y pistas sutiles que sólo su subconsciente llega a percibir.

La pelirrosa se da la vuelta y lanza un puñetazo hacia una de las sombras, que estaba tratando de abalanzarse sobre ella.

Bump.

Su respiración se detiene súbitamente, mientras la chica se fuerza a mirar hacia arriba inseguramente. ¿Qué…? El corazón de Sakura se salta un latido cuando se da cuenta de que esto no es un mero borrón de sombras, sino alguien.

Sus ojos están atrapados, capturados por los irises rojo y morado de una cara familiar. Él ha bloqueado su puñetazo sin esfuerzo alguno y la arroja al suelo fácilmente. La kunoichi se pone en pie de inmediato, sus ojos reflejando sorpresa, incredulidad y miedo.

—No… —susurra, dando algunos pasos hacia atrás y entonces parándose. No puede ser real… no lo es—. N-no… —Su voz es ahogada, su cuerpo entero temblando sin control.

Sin embargo, Él no se mueve. Sakura no puede sentir sus propios miembros, notando un poco demasiado tarde que está llorando. ¿Hay alguien hablando? Hay una voz, o quizá un millar, pero es imposible reconocerlas.

Se siente como un sueño, como si no le estuviera pasando a ella, sino a otra persona. Ella simplemente observa. No puede detenerlo, ni actuar, ni hacer nada.

Su mente ha perdido la habilidad de procesar lo que está pasando, porque Sasuke Uchiha está justo enfrente de ella, mientras un coro de Voces y sombras danza a su alrededor, lanzando burlas con un lenguaje muy colorido.

Mientras se trata de poner en pie, las piernas de Sakura se doblan bajo su cuerpo y ella cae hacia adelante, mirando abajo hacia el suelo desde su posición de arrodillamiento forzada.

Hay sangre, de algún modo. Deja un sabor metálico en su boca y color en sus uñas, mientras sus dedos tratan de agarrarse a la roca bajo ellos. El suelo está húmedo y es resbaladizo, se percata. No hay posibilidad de aferrarse a él.

Las memorias de los eventos que siguieron a la batalla están invadiendo su mente, imparables… lo que Él le hizo a cada uno de sus amigos y aliados; a su mente, a cada centímetro de su cuerpo. Es insoportable.

Como entonces, no puede detenerlo. Una vez más, está sola para enfrentarse a demonios mucho más fuertes que ella.

¡Duele, para, por favor para!

Sus propias palabras se hacen eco a través de su mente, imágenes de dolor y carmesí y violeta nublándole la vista. Memorias.

No hagas esto… ¡por favor, no!

Rota mente, cuerpo y corazón; observando cómo poco a poco, su vida era destruida, devorada por llamas negras de odio y venganza. E ira, centrada exclusivamente en ella.

Sasuke…

Sakura nunca quiso recordarlo. Todo su esfuerzo en bloquearlo ha salido volando por la ventana en un instante, y no puede evitar gemir de dolor.

—No es real… —susurra, encogiéndose y tratando de forzar los pensamientos a dejarla sola.

Cómo llegó hasta aquí, o por qué está en este lugar… ya nada importa. Sakura sabe que va a sufrir una muerte horrible. Será un acto de piedad, comparado con este sufrimiento.

Una cara familiar se desliza entre sus memorias. La razón, el motivo… por un mismo momento, mientras oye las voces coreando a Sasuke para que la destroce, Sakura recuerda.

—Gano yo —informa él, monótono. Ella es capaz de sentir su mirada despreciativa hacia ella. La pelirrosa escucha el eco de pasos, moviéndose hacia ella. Sólo unos pocos segundos más…

"Tiene razón… No puedo derrotarles…" se dice, lúgubremente. Nadie la ayudará o salvará. Es cierto: de ningún modo puede hacerlo.

Las lágrimas se deslizan sobre la piel de su rostro. Este es el momento más aterrador de su vida. Al menos, se acabará pronto. Todo su ser duele y quiere dejar de existir, porque el mero acto de existir es el peor de los destinos.

"Pero… ¡que me parta un rayo si les dejo derrotarme a MÍ!"

Los pasos se detienen. Es ahora o nunca.

—¡Shānnarō!

Haciendo un sello de manos tan deprisa como puede, Sakura detona los explosivos.

Su movimiento y actitud sirvieron para esconder su cuidadosa colocación de los cinco que tiene: dos bajo sus manos, uno escupido desde su boca y en el suelo, y otro par bajo su cuerpo y piernas.

Siente el dolor de forma instantánea. Los dos enfrente de ella son los primeros, forzando a la ilusión a saltar lejos de ella.

¡Esta es su oportunidad!

Las detonaciones disipan la niebla y envían piedrecitas hacia ella, arañándole la piel de la cara y manos. Es sólo la primera parte del plan, la menos dolorosa.

Sakura sabe que nunca sería capaz de dañar directamente a Sasuke… así que optó por utilizar los explosivos para quitárselo de en medio. Su finalidad no es dañar, sino permitirle huir.

Con tanta fuerza como puede enviar a sus piernas, Sakura salta hacia adelante y activa el segundo set. Los otros tres sellos explotan justo debajo de su parte inferior, algo por lo que tendrá que pagar muy pronto… pero funciona.

Es lanzada hacia adelante, a través del espacio que la ilusión de Sasuke había ocupado hasta hace unos segundos. Sakura está segura de que algunos de sus huesos están rotos, el daño interno enviando olas de dolor a través de su cuerpo entero.

No importa; la adrenalina y su propia determinación le dan la energía suficiente como para moverse. Aterriza en las palmas de sus manos y pies, usando el impulso para salir corriendo a través del espacio que acaba de despejar.

Puede sentir el pinchazo distante que le recorre el cuerpo cuando sus sandalias tocan el suelo, pero apenas sirve para frenarla.

Su sospecha era correcta: está a las afueras de Shimogakure. Lo ha logrado.

Las Voces se han callado y nada más se entromete en su camino. Antes de que la visibilidad descienda una vez más, la chica esprinta hacia uno de los edificios cercanos, entrando atropelladamente y finalmente tropezando.

A su alrededor, sólo hay el más absoluto silencio, una vez más. Se acabó, la pesadilla ha terminado. Sus piernas envían aguijonazos de dolor a su través, para recordarle que sus problemas no han acabado.

La muchacha se vuelve hacia la entrada, no muy segura de estar a salvo. Sus ojos detectan movimiento: una única pluma negra es arrastrada por los últimos soplidos de viento causados por las explosiones.

Aterriza suavemente en su regazo, tan inocente como siempre. Su visión empieza a volverse borrosa, devorada por oscuridad sin fondo. Una vez que la adrenalina desaparece, Sakura siente cómo pierde la consciencia, sus párpados mucho más pesados de lo habitual.

"No puedo… rendirme ahora…"

Tras un cansado parpadeo, hay una miríada de plumas de cuervo bailando a su alrededor, a pesar de la falta de viento.

—Rayos… estaba deseando que no acabarías aquí de nuevo, tan pronto.

Ya no hay dolor. Sakura se encuentra a sí misma observando su propio cuerpo inconsciente, por segunda vez en su vida. Su visión es clara de nuevo y ahora puede apreciar los pequeños detalles de la habitación en la que acaba de entrar de estampida: parece una tienda de cerámica.

Junto a ella, Naruto sacude la cabeza, entristecido. No parece una sombra desenfocada y horripilante, pero la chica salta lejos de él de todos modos, mirándolo con recelo.

—Hey, calma —pide él, sonriendo sin un sólo signo de inseguridad—. No soy como las cosas que viste allá afuera. Estoy en ti —Naruto explica, punteando su propia frente.

La simple imagen del chico es un recuerdo del temido desenlace de la guerra. Los muros que había construido en su mente para mantener estos pensamientos a raya han desaparecido. Con su cabeza funcionando de forma más clara, Sakura es muy consciente de todas las cosas que intentó olvidar.

Quizá es la pérdida de la mayor parte de su esperanza, o de los eventos que la llevaron hasta aquí, pero… no puede parar. Sakura se acurruca y abraza sus piernas firmemente, decidiendo ignorar cualquier ilusión que esté pasando a su alrededor.

"Ya no quiero más… sólo quiero que pare, pero nunca lo hace..."

El clon de Naruto parece opinar que no va a aceptar esta actitud, porque ella puede oírle poco después de empezar a tratar de aislarse del mundo.

—No voy a dejar que te rindas, Sakura. Incluso si tengo que molestarte tanto que querrás levantarte para huir de mí, ¡créelo!

La pelirrosa alza la cabeza lo suficiente como para echar un vistazo sobre sus rodillas, encontrando a Naruto a cuclillas enfrente de ella y mirándola con ojos severos. Está hablando en serio.

—No mientas. Crees que soy una debilucha —Sakura musita, sus ojos de jade apenas visibles bajo su pelo.

Naruto resopla, agitando una mano en el aire, desdeñosamente. Parece no saber cómo actuar en esta situación, nota la kunoichi. Probablemente porque su guía en cómo lidiar con cosas no incluye "chicas que están teniendo una crisis mental".

Tras algunos momentos de pensamientos y consideración, el chico aparta algunas madejas de su pelo con un dedo, dejando la frente y cara de Sakura despejadas.

Es un gesto sorprendentemente gentil, viniendo de alguien que suele tratar sus problemas de forma mucho más dinámica, y se siente bastante incómodo.

—Todo lo que veo es a una linda Sakura —murmura, sonriendo—. Y si ésa eres tú tras esta cara triste, sé que puedes ser muy fuerte —añade el chico, no muy adepto a conversaciones tan delicadas como esta—. ¡ASÍ QUE…! Ahora te vas a poner en pie y patear unos cuantos traseros, ¿sí o sí? —Naruto prosigue, poniéndose de pie con entusiasmo.

Sakura se limita a observar su propio cuerpo: sus piernas no están completamente rotas, pero caminar será definitivamente difícil. Su aspecto es incluso peor que la última vez, tan cansado y con una mueca en el rostro.

—El niño cuenta contigo —Naruto comenta, mirándola con suficiencia cuando la kunoichi se vuelve hacia él una vez más, inquisitiva. Él asiente energéticamente, como si estuviera respondiendo una pregunta silenciosa—. Eres su héroe. Y tienes que protegerlo. ¡Lamentarse en un rincón no ayudará!

La kunoichi suspira, porque lo sabe. Y sin embargo… su cuerpo y mente parecen estar en un estado de bloqueo completo. Hay demasiadas cosas incapacitándola, como para poder moverse.

Sakura sacude la cabeza, sus facciones repletas de tristeza.

—No puedo… —murmura—. Simplemente… no puedo. Me estás pidiendo que corra cuando mis piernas están rotas —añade la chica, señalando su cuerpo inconsciente.

—¡Entonces correrás con tus manos, como Lee y Gai! ¡Y si no tienes manos, te arrastrarás por el suelo mordisco a mordisco! ¡No me importa cómo, pero no te puedes rendir sin más, Sakura! —Naruto replica, mostrando el fuego interno que cambió el mundo y su gente. A todos, menos a uno.

Es como un ciclo sin fin que la lleva a permanecer encogida y de mal humor. Sakura sabe qué lo causa: trauma, shock, represión de ciertos pensamientos y memorias para poder funcionar mejor…

Las palabras de Naruto parecen estar estrellándose contra un muro, y ella puede darse cuenta de que está frustrado. Quizá no lo entiende, quizá Sakura está siendo tozuda, pero nada de lo que dice logra romper la cadena.

Su mente vaga por una lista de caras familiares y memorias atadas a ellas: compartir la primera merienda del Equipo 7 con Naruto cuando él estaba atado a un poste, Ino dándole su cinta roja, las excusas de Kakashi por llegar tarde…

Sus propios padres, organizando una fiesta sorpresa de cumpleaños; Lee y Gai con sus poses ridículas; Hinata sonrojándose; la amable mujer a la que siempre saludaba en su camino hacia el hospital de Konoha.

Uno por uno, pasan por su memoria, de pasado a futuro. Y se detienen en la conocida imagen de Misho, sonriendo mientras la foto de su archivo era tomada.

Es la misma cara que recuerda cuando pensó que iba a morir. Cuando creyó que Sasuke la torturaría y violaría otra vez, cuando estaba en la niebla.

Las facciones del niño y su sonrisa característica están borrosas… ¿es él o Naruto? Ella no lo sabe… pero, como aquél entonces, se da cuenta de que no puede fallarle. A ninguno de los dos. ¡Así tenga que caminar a través del infierno y de vuelta!

Es como darle a un interruptor: de inmediato, Sakura es consciente de que él la necesita. ¿Cómo podría haber esperado tanto? Pensar en rendirse… se siente tan incorrecto de pronto.

Naruto nota el cambio en su expresión, deteniéndose en medio de un discurso sobre amen. Sus ojos azules se encuentran con los de Sakura, y una sonrisa de comprensión se asienta en sus labios.

Ella responde con la suya propia.


El aliento de la kunoichi crea pequeñas nubes de vapor. El aire es helado y el invierno pronto hará su gran entrada. Cojeando hacia un edificio diferente, Sakura echa un vistazo al cielo velado, como si lo retara a desatar la tormenta que esconde entre sus nubes.

Todo su ser siente dolor de una manera o de otra, pero tras tres horas, su cuerpo se recuperó lo suficiente como para recuperar la consciencia. De inmediato, se dedicó a examinar el estado de sus piernas: malo, pero no lo suficiente como para ser completamente paralizante.

Con la ayuda de un kunai, la chica arrancó algunas de las tablas del suelo y las usó para hacerse un entablillado apresurado. Ya lo arreglará cuando tenga tiempo. Un paraguas viejo servirá para hacerle de bastón, a falta de muletas.

El resto estaba más o menos bien y no había rastro alguno de las ilusiones que la atacaron, aunque algunos de sus cortes seguían en su piel, haciendo que frunciera el ceño. ¿Cómo se hizo ésos cortes, en verdad?

La única otra cosa que resaltaba en su piel eran las marcas de chakra: parecían estar apretándole la piel con mucha fuerza, quemando con gran intensidad. Acostumbrada a la sensación, tardó un poco en darse cuenta, y pronto dejó de prestarles atención.

De todos modos, la niebla había desaparecido y la prioridad pasó a ser apresurarse, para acabar el siguiente paso de su misión lo antes posible. Todo otro problema o pregunta ha sido relegado a un segundo plano de su mente.

Así empezó la búsqueda a través de Shimo: el objetivo es un hombre de mediana edad llamado Tetsu Tomohiro, que murió en la aldea. Según los archivos de Yugakure, aunque no se metieron de cabeza en la guerra, sí que enviaron ayuda cerca del frente de batalla: sus equipos especializados para trabajar en condiciones de peligro.

Muchos de ellos fueron mantenidos lejos de la peor parte de las luchas, como ayuda secundaria para curación, pero ahí estaban. Y reuniendo lo que había en los archivos de Yu y lo que Kiri contó sobre los eventos tras el desenlace de la guerra, sabe que muchos acabaron aquí.

La mayoría de ellos nunca salieron de la aldea.

Casi todos murieron de agotamiento o heridas, ya que muy pocos tenían la energía suficiente como para curar a otros. Su estado tuvo que haber sido muy malo…

Shimo había sido evacuado y el daño hecho a la infraestructura les impidió contactar ayuda, así que sólo un puñado logró llegar a Yugakure. Quizá no fueron asesinados por Sasuke, pero sus acciones causaron sus muertes.

Si los archivos de Yu son correctos, Tomohiro era un invocador de ratas; alguien que entrenó para utilizarlas en su trabajo. A diferencia de otros, sin embargo, solía llevar su pergamino encima.

Aparentemente, según sus documentos, desarrolló una técnica basada en dejar que otras personas lo usaran para obtener la ayuda de los roedores.

Éstos funcionaban como mensajeros; creando una conexión entre diferentes personas y ratas, el médico podía crear pequeñas redes de mensajería, primeros auxilios y ayuda en caso de peligro. Muy útil, en áreas donde mantenerse alerta era necesario.

Sin embargo, no lo salvó de ser una de las muchas víctimas del clima del Hielo y la falta de ayuda. Si logra encontrar su cuerpo… Sakura debería de ser capaz de invocar a una rata y pedir información sobre Misho. Incluso una reversión de la técnica podría llevarla hasta donde está él.

Fue lo suficientemente cuidadosa como para traer una muestra de su sangre para utilizarla en el pergamino Buscador y en el de Tomohiro. Quién sabe en qué estado se encuentra su cuerpo…

Shimogakure está envuelto en una atmósfera tétrica. No es una aldea grande, pero está vacía y las calles silenciosas hacen que se parezca más a un cementerio. En cierto modo, se ha convertido en uno.

Es probable que mucha gente no vuelva nunca a sus casas: el daño hecho a esta tierra es demasiado grande.

Los cadáveres empiezan a ser comunes cuando se acerca al pequeño hospital. Todos están vestidos con atuendo de la Alianza y la mayoría se han congelado, así que apenas han decaído.

Es bueno porque registrarlos es más fácil, y malo porque se ven casi como cuando murieron. Como médico ninja, Sakura no está asustada de ver gente muerta. De algún modo, sin embargo, la muerte de estos se siente como si fuera su culpa. Si sólo hubiera podido hacer algo para ayudarles…

Le lleva la mayor parte del día examinar más o menos un centenar de ellos. Caminar con las piernas en estas condiciones es bastante difícil, especialmente porque el suelo está helado. ¡Si sólo tuviera píldoras de soldado!

Mientras el sol se hunde tras el horizonte, Sakura logra encontrar a Tomohiro. Está derrumbado contra un muro, aparentemente muerto durante su sueño. Al menos es una manera pacífica de fallecer.

Sakura deja a un lado su bastón improvisado y se sienta junto a él con un gruñido de dolor. La muchacha saca el frasco de sangre de su mochila y guarda en ésta el pergamino Buscador.

Tras buscar en la chaqueta del hombre, logra encontrar el objeto que la ha traído hasta aquí: un contrato de invocación, mantenido a salvo de lo peor del clima en un bolsillo.

Su respiración es irregular y le tiemblan los dedos. Es ahora o nunca. Si esto no funciona…

La kunoichi extiende el documento sobre el sucio suelo y derrama unas pocas gotas de sangre en el sello, con cuidado.

Tras hacer unos torpes sellos de mano, Sakura planta la palma de su mano en el papel, murmurando el nombre de la técnica de invocación.

"Funciona, por favor…" roga en silencio, cerrando los ojos.

—Ey, moza, ¿llamaste?


Nota: ¿contentos, decepcionados? No sé qué impresión causará este cap, pero con él concluye la primera parte del fic. Sasuke aparecerá más a partir de ahora y habrá más detalles revelados.

Detallito: la primera parte del fic se basa mucho en depresión/estrés post-traumático/trauma y tal (y además de otras cositas que afectaron a Sakura); de ahí el nombre, "Recuperación". Espero haber representado correctamente algunos de los efectos de estas enfermedades/condiciones mentales. Es un mal necesario en la historia, pues precisamente trato de mostrar el lado más humano de Sakura.

Como siempre cualquier comentario que tengais es más que bienvenido :)