Las cosas se estaban enlazando... La Resistencia me necesitaba para localizar a los Rebeldes, para encontrar a Moyo; princesa del Reino Acacia del Norte, el cual seguía en disputa con Sol Rojo, ambos presas de Laaga que deseba conquistar como lo hizo con el Rey Ahadi y su Reino.
Al día siguiente ya sentía mi cuerpo mejorado, todos ya estaban fuera del Santuario. Rafiki me despertó tocándome levemente con su bastón.
-Anda león, debemos marcharnos- me dijo con una sonrisa, parece que no tenía sentimiento de rencor o si estaba enfadado conmigo por no poder obtener a la princesa.
-Fracasé- dije sin siquiera verlo, pero él se incorporó hasta recostar su cabeza al piso para verme de lado.
-Todos nos equivocamos, inclusive yo he tenido mis errores- decía Rafiki tratando de hacerme sentirme mejor, pero cada vez que recordaba como Djur, Damu y Längta escapaban con la princesa me hacía sentir mal. -En verdad tú no sabes lo que es equivocarse realmente.
-No lo creo- inmediatamente Rafiki se puso frente de mí para contarme algo que desconocía de él.
-No, de verdad... yo me he equivocado enormemente... deja que te cuente algo...
Rafiki comenzó a narrar un relato sobre cómo es que terminó siendo parte de los Sabios, lo cual parece ser algo bastante cruel para cualquier ser vivo.
"Fue hace mucho, en realidad ya no recuerdo cuanto ha pasado desde eso. Era un joven babuino con la esperanza de tener pareja; su amada era hermosa, su pelo y ojos brillaban más que la Luna misma, hasta que de repente sin dar aviso, ella enfermó y se fue de sus manos después de veinte soles.
Estaba devastado, tenía que buscar una manera de regresarla a la vida, así que caminó varias tierras hasta buscar a los Sabios de la naturaleza, ellos le otorgaban el poder de revivir a su amada, pero con la condición de que tomara el lugar de uno de los Sabios y que él tuviera que hacerse cargo de la vida animal para toda la vida.
El valiente babuino aceptó, de inmediato al volver a su hogar pudo notar que su pareja había vuelto a la vida, he inclusive pudieron tener crías y una familia feliz, pero pasaron los años, ambos envejecieron, y su esposa lo hizo hasta que dio su último aliento de vida, al mismo tiempo que sus hijos; pronto el babuino se percató que estaba solo; todos sus amigos y conocidos estaban muertos, menos él.
El babuino regresó a la tierra de los Sabios, preguntó por qué estaba sucediendo eso; los Sabios respondieron que los guardianes de la naturaleza no mueren, tan sólo protegen la vida y la ven perecer.
Y así se dio cuenta que él se había vuelto uno de los Sabios, que ahora se quedaría en una Tierra donde el tiempo transcurre, menos él. Estaba en una prisión hasta el fin de los tiempos"
Rafiki quedó en silencio y me miró fijamente.
-Yo he visto muchas cosas joven león, pero nunca he vuelto a ver a alguien como a quien amé- sonrió y con un profundo suspiro caminó hasta la salida de la cueva. -Vamos, debes luchar por tu princesa.
Ahí estaba Rafiki, un ser misterioso que parecía quería ayudarme, al igual que el Rey Safi.
-Muy bien muchachos, tenemos pista de parte de Rafiki que la última vez que vio a Moyo fue en Upendi, de ahí partiremos y nos dividiremos para buscarla- decía Haki quien separaba a todos en dos, mientras que él se iría a lado de Sarabi, Mufasa iría con Nadia y Taka con Abiria, lo que significaba que me quedaría con el cuarto de los Sabios; Rafiki, lo cual me reconfortaba porque era con quien me sentía más cómodo porque no me juzgaba con la mirada.
Fue un trayecto largo, los Sabios nos habían advertido antes que tardaríamos en llegar a aquella guarida donde Damu y yo habitábamos; estaba seguro que ahí estaba Moyo tenía una corazonada, aunque tardaría otros dos días para saber si mi instinto decía la verdad, no podía fallar porque muchas personas dependían de mi dirección.
-Debemos apresurarnos- dijo Rafiki preocupado. –El aire presagia que el sol se ocultará nuevamente a nuestra suerte.
RESISTANCE
PARTE X
Un Arcoiris no fue suficiente
-Reunir a las tropas de Acacia del Norte y las forasteras de las extintas Tierras del Ocaso no fue nada fácil- decía aquel león de mirada fría, mientras una gran manada de leonas estaba detrás de este sombrío animal que tenía en su cabeza miles de formas de destruir a lo que tenía enfrente. Era el Reino de la Roca del Rey, a lo lejos parecía que tenían un enfrentamiento dos leones, pero eso al león no le interesaba, tan sólo miraba a una leona que se encontraba en lo alto de una rocas; ella era la Reina de aquel lugar y la más vulnerable para el ataque sorpresa que estaban a punto de realizar el león de melena negra y compañía.
-Mira bien Princesita, esto es lo que haremos a tu Reino sino cooperas- le dijo a la doncella que se encontraba rodeada de otras leonas como ella, pero con un aspecto imponente, parecían de verdad guerreras a lado de la delicada joven que era ella.
-¿Qué es lo que quieren de mi padre?- preguntó ella desesperada.
-Su poder… y ahora mismo serás testigo de que nosotros no estamos jugando- como un relámpago todas las leonas se movilizaron sigilosas después de ver que aquella Reina se alejaba de la multitud que rodeaba a la Roca del Rey.
La princesa empezó a preocuparse porque vería la extinción de otro reino, se sentía impotente por tener a cuatro leonas vigilando sus movimientos, mientras que los cuatro leones que se autonombraban "Los Rebeldes" veían como buitres a punto de arrancarle la piel a su presa.
-¡Bahari!- la doncella de inmediato reconoció que su héroe estaba junto a un ave de color verde.
-¿Qué?- dijo aquel maligno animal de melena despeinada, sus ojos se abrieron de modo sorpresivo, estaba extasiado, parecía como si el destino le hubiera regalado esa oportunidad que no podía desaprovechar. -¡De acuerdo!, Längta, Djur… quédense aquí hasta que les dé la orden para atacar… y ustedes mis guardianas no dejen escapar a la princesa Moyo, debo arreglar unas cuentas pendientes con ese infeliz.
-¡Si mi Rey Laaga!- le contestaron ellas, mientras él alzaba su ego aún más por aquellas palabras, seguro iba al ataque de otro león que respondí con el nombre de Bahari.
-¡No!- gritó la princesa fuertemente, mirando a todos lados de aquel próximo campo de batalla que cada vez era adueñado por leonas de color marrón, lo que significaba que la emboscada de Los Rebeldes estaba dando resultado, el golpe sorpresa había resultado un éxito. –Damu por favor… yo sé que tú no eres como ellos… ayúdame, ¿recuerdas lo que hablamos atrás?- le insistía continuamente la princesa Moyo a Damu, él tan sólo la ignoraba, pero dentro de él sentía que se pudría su corazón de vergüenza.
La batalla entre Laaga el líder de los Rebeldes y Bahari había comenzado, las leonas que hacían guardia de la princesa reían por cada lamento que tenía Moyo. Damu cerró los ojos con fuerza, no quería ver un acto del cual se declaraba culpable, su amigo estaba siendo golpeado por su jefe, mientras sus compañeros soltaban insultos a su viejo camarada.
-Ese Bahari no era más que un cobarde, ¿no es así Damu?- le preguntó el Rebelde Djur, un león mitad tigre que tiraba pestes al amigo de Damu.
-Sí… un cobarde, ¡me dan ganas de destazarlo con mis garras!- decía el impulsivo de Längta que le gritaba traidor a Bahari, quien recibía todo el odio de Laaga.
-¡Basta!- gritó Damu a sus compañeros, mientras ellos lo veían preguntándose sobre su actitud, Damu permanecía con la mirada baja, inclusive se le llegó a notar unas gotas caerle del rostro y eran muy distintas a las que el cielo dejaba caer en ese momento, aquellas lágrimas caían de su corazón. –No quiero ser parte de esto.
-¿Qué demonios te pasa Damu?, desde que Bahari dejó el grupo te comportas muy extraño- Djur comenzaba a notar que Damu estaba en discordia a las decisiones de los Rebeldes ,así que Djur con un tono agresivo le hizo entender a Damu que tenía sólo dos opciones para seguir con vida. –Me tiene harta tu actitud de bebito, dijiste que ya te ibas a comportar como todo un Rebelde, así que mantente firme a tu decisión, si quieres irte con tu amiguito le diré a Laaga para que se cobre con la familia de ambos.
"¿La familia de ambos?" se preguntaba la princesa Moyo al escuchar eso, tal vez esa era la amenaza que le había contado Damu.
-No tengo nada de qué hablar contigo… si quiero irme de los Rebeldes se lo haré saber a Laaga- respondió un poco tímido Damu, quien evitaba verle a los ojos al gran Djur.
-¿Mejor porque no arreglamos eso ya?, ¡cobarde!- le gritó Djur para después soltar un gran rugido. –Es increíble que hasta para engañar a tu amigo seas malo.
-Es cierto, ¡es patético!- le seguía Längta burlándose de Damu.
-Ahora no tienes a nadie quien te proteja Damu, fue un error el dejar que tu único protector se fuera- cada palabra que le decía Djur le parecía una pesadilla a Damu, él sabía que todo lo que Djur le encaraba era verdad, pero tenía que permanecer firme para no terminar muerto.
Al ver el trato hostigador que recibía Damu, la princesa Moyo no pudo evitar gritar para detener esa injusticia.
-¡Déjenlo en paz!- la princesa Moyo sintió pena por Damu, ella se interpuso entre el feroz Djur y el pobre Damu. –Es suficiente, es increíble que aun cuando él está de su lado quieran hacerle daño… Bahari tenía razón, los Rebeldes son una sociedad corrupta en la que todos tratan de alimentarse de todos.
-Infeliz- gruñó Djur, pero antes de que levantara su garra para atacar a la princesa Moyo, as leonas que la cuidaban empujaron a Djur para que fallara su golpe, ellas sabía que si la princesa se mantenía en vida la recompensa sería grande.
-¡¿Qué es lo que te pasa a ti?- preguntó alterada una de las leonas a Djur. -¿Te crees muy rudo acaso?... deberías saber que la princesa debe estar en vida para el chantaje con su padre.
-¡Cállate!- dijo otra de las centinelas.
Moyo había comprendido todo, Laaga y los Rebeldes estaban usándola para que llegaran al Reino de Acacia del Sur, como lo que estaba sucediendo en la Roca del Rey; Moyo volteó a ver qué había pasado con Bahari, pero él ya estaba tendido en la tierra. Todos debajo de la tormenta donde no había rastro de esperanza. Las leonas que acompañaban a Laaga habían terminado con todas las tropas del Reino de la Roca del Rey, y uno de los príncipes; Mufasa quien era amigo de la princesa se encontraba junto a su padre; ambos fueron obligados a ir a la gran entrada de la gigantesca roca inclinada, todos inclusive Bahari que por ayuda de una leona que tenía apariencia de mayor edad que las demás lo ayudaban a llegar junto al príncipe Mufasa, Laaga y los demás.
-Es nuestra llamada Längta- decía aquel imponente ligre Djur, que se arrojó hacia la lucha junto a Längta, ambos cargados de ira, hambrientos de poder y saborear esa dicha que tanto les tenía sometidos la vida misma.
"¿Qué puedo hacer?" se preguntaba Damu, su cabeza daba vueltas hasta ser un torbellino, pero no podía asimilar una respuesta para resolver el problema, inclusive en su catástrofe mental ideaba una fantasía en la que rescataba a su amigo y ayudaba a la doncella Moyo para liberar a su padre de la presión; Damu soñaba con la solución de sus problemas, pero era demasiado cobarde para actuar, demasiado ciego para ver que la sangre que corría en la tierra era verdadera.
-¿A dónde vas?- cuestionó Moyo a Damu, el cual se dirigía al gran mar de almas perdidas en una batalla en la que sólo el hambre de poder gana. Moyo trató de detener a Damu, pero era tarde, él corría enérgicamente para cuestionar a Laaga de sus acciones, tenía una deuda con su amigo Bahari.
A pesar de las cosas que habían sucedido, Damu se daba cuenta que no podía engañarse, en realidad él deseaba al igual que los otros el poder; tanto tiempo había pasado que ya se había olvidado de lo que eran los Rebeldes en realidad, tan sólo deseaba tocar la gloria para darle a su madre un poco de orgullo, quería saldar su cuenta con ella por su muerte.
Cada paso que daba Damu se imaginaba a su amigo Bahari junto a él, creciendo juntos, riendo, llorando, preocupándose el uno del otro, pero del otro lado Damu era seducido por el tener un título, por dejar de ser el segundo en todo, era un león independiente con la fuerza para rugir sus ideales al mundo; era él con su manada en la cima de todos. Se acabó la amistad, la fraternidad, la unión, era Damu abandonando a su amigo por la gula.
-¡¿Qué me pasa?- gritó fuertemente Damu para que antes de dar un paso más, se dejara caer derrotado como muestra de todos sus esfuerzos de poder sobresalir de todos y vencerse por a sí mismo. –Madre... quiero que estés conmigo.
Y es que para Damu su madre era todo, el día en que la vio partir sintió como si se le hubiera arrancado parte de su cuerpo; sentirse incompleto era lo que hacía que Damu no tuviera claras sus decisiones.
De inmediato las leonas que vigilaban los movimientos de la princesa Moyo y de Damu les ordenaron seguirlas, al parecer ellas tenían medido el tiempo en que sucedería el altercado entre el reino de la Roca del Rey.
Al principio tanto Moyo como Damu se quedaron quietos sin saber que sucedía, hasta que una de las leonas guardianes soltó un gruñido y les gritó a ambos.
-¡Muévanse!, Laaga los está esperando- todo parecía estar planeado desde antes, algo le incomodaba a Damu, dentro de si se sabía que Laaga llevaba tiempo organizando el movimiento de aquel día, pero sin duda una cosa lo tenía inquieto.
Las leonas guiaban a Moyo y Damu a la misma cueva en donde habían entrado Laaga y su grupo. Moyo se entristecía al ver como las leonas del Reino de Ahadi habían caído, el ataque sorpresa había funcionado, lo cual a Damu lo ponía nervioso. "¿Ahora qué hará?" se preguntaba él.
Al entrar, Laaga tenía recostado a Bahari en una esquina del lugar, parecía inconsciente, las leonas guerreras estaban detrás de él, pero una de ellas sobresalía y Damu sabía que era la madre de Bahari, quien era guardiana de la tribu de las leonas de las lejanías. "¿Será posible?" pensaba Damu. "¿Acaso convenció a la madre de Bahari para que entregara todas sus tropas y aliarse a él?".
-Bienvenidos mis queridos reyes de esta sucia roca- dijo Laaga mientras reía. Damu y Moyo veían a su alrededor donde se podía ver a los príncipes Taka y Mufasa quienes eran vigilados por Längta y Djur, los otros secuaces de Laaga. Todo tenía un toque siniestro, los gemidos de dolor del Rey Ahadi eran escalofriantes mientras todas las leonas detrás de Laaga reían sin control.
-Laaga, ¿qué es lo que quieres ahora?- preguntó temeroso Damu, mientras Moyo se ocultaba detrás de él.
-Princesa Moyo, no se oculte, quiero ver su lindo rostro- cuando dijo eso Laaga, Moyo se sintió ofendida y empezó a reclamarle por qué hacía todas esas acciones.
-¡Estoy harta!, ¡Tú y tus seguidores son causantes de tanta miseria en los reinos!, ¡tú eres el que destuye por poder!, pero te diré algo, hay quienes hacen cosas buenas, y que seguirán haciéndolas hasta verte caer.
Laaga empezó a reír con más fuerza. –Princesita, todos los demás ya cayeron, ahora no hay nadie que me pueda vencer- se acercó a ella y rápidamente volteó a ver a Damu. -Preparen a la princesa y a Damu y llévenlos a Upendi, ahora entregarán su amor a los grandes Reyes.
-¿Y crees que dejaré que sigas con tus planes Laaga?- decía Moyo, quien esperaba que Damu la ayudara a enfrentarlo, pero tan solo quedaba quieto sin decir una palabra.
-Si no haces lo que digo tu padre y toda tu familia pagará muy caro- se volteó Laaga y con un rugido un grupo de leonas rodearon a la princesa y a Damu.
-¿Qué le hiciste a mi padre?, ¡Quiero verlo!- gritaba desesperada mientras las leonas la embestían para que caminara y las siguiera.
-Princesa… si usted actúa como le diga, le daré a su padre… ahora solo quiero que se vuelva reina de estas tierras junto a Damu… no les será difícil ser pareja… ya han convivido un tiempo juntos- terminó con una carcajada mientras las leonas empujaban a Moyo y a Damu a la salida, el joven león no decía nada, tan solo miraba a su amigo con los ojos cerrados, lamentaba que no pudiera hacer nada por él, ni por sí mismo.
-¿Qué sucede Rafiki?- le pregunté por su reacción.
-Hay que correr, ya sé dónde está tu princesa.
