Writer´s Call

Episodio Final

La verdadera escritora

Aquel día estaba haciendo un poco de frio. Llevé mis manos hacia el café para poder calentar un poco las manos. Mientras respiraba podía sentir como el aire caliente de mi boca se enfriaba de inmediato. Después de sobar las manos un poco para hacerlas entrar en calor, levanté la mirada hacia la chica que me acompañaba. Me sonrió dulcemente.

― Quiero pedir un poco de tarta, ¿Deseas?

― Eh, si, está bien—contestó ella.

Presioné el botón que se encontraba sobre la mesa, y en poco tiempo se acercó una chica vestida elegantemente que nos entregó una pequeña carta con los postres disponibles. Después de que escogimos lo que ambos queríamos, se retiró. La miré.

Con un suspiro, Hikari comenzó con su historia. Levantó la mirada, y comenzó a hablar.

― Me costó mucho dejar de llorar en cuanto llegué a Nueva York—dijo Hikari. Yo la miré apenado—Estaba sola en un país desconocido, y sentía que el corazón se me partía cada vez que me acordaba de ti.

― Todavía guardo tus primeros mensajes—dije, recordando los mensajes de texto que aún estaban en la memoria de mi celular.

― Debí haber parecido una loca desesperada—dijo ella, aguantando la risa.

― No es tan gracioso—le dije también aguantando la risa—Mi factura de teléfono fue enorme.

― Hubiera sido tan sencillo ponernos a hablar por Skype…

― Lo hicimos las noches siguientes, ¿Recuerdas?

― Me cantabas para que me durmiera—dijo ella sonrojándose, tomando un poco del café.

― Nunca he cantado bien—dije.

― Para mí, eras el mejor.

Cuando dijo esto, suspiré, echando mi cabeza hacia atrás.

― No tardé mucho en hacer amigos—dijo Hikari—Nunca tuve problemas con el inglés… Y poco a poco, pude empezar a ver mejor las cosas—dejó el café en la mesa—Me dediqué a estudiar como si no hubiera un mañana, porque el no pensar me hacía bien.

― ¿Pensar en mí te hacía daño?—le dije sin mirarla.

Hubo un silencio cuando le pregunté. Como no respondió de inmediato, llevé mi rostro hacia delante. Pude observar la sinceridad en sus ojos cuando respondió que sí.

― Había un par de chicos entre mis amigos—dijo ella, recordando con cariño a ambas personas que mencionaba—Se llamaban Luke y Sally, y cuando los conocí, ambos estaban comenzando a salir como pareja.

Me vio, y yo moví mi mano como diciéndole que continuara. Parecía que esperaba que yo dijera algo.

― Y me deprimí de nuevo—dijo con una sonrisa, como burlándose.

Me reí por un momento. Hikari era tierna, y resultaba gracioso que dijera las cosas de esa manera. Sin embargo, sabía que había sufrido lejos de todo.

― Intenté hablar con mi hermano, y él siempre me decía que hablara contigo, que no me dejara vencer por la soledad, porque mi sueño se estaba cumpliendo, y debía luchar hasta el final. Aunque jamás pensé que el precio por ese sueño iba a ser tan alto.

― ¿Y por qué no seguiste el consejo de Taichi? Si me llamabas, yo…

― Sabía que si escuchaba tu voz de nuevo en ese instante, iba a mandar todo al demonio, y me embarcaría en el primer avión que hubiera hacia Narita.

― Vaya—En ese momento, si me sentí culpable, por el hecho de que en ese momento yo no estaba desesperado por agarrar el primer avión a Nueva York—Pero al final lo superaste.

― Creí que debía forzarme a olvidarme de ti.

La miré.

― Suena horrible, lo sé—dijo con una sonrisa—Pero debía seguir adelante. Estudié hasta que se me quemaron las pestañas, salía con mis amigas, escribía, veía televisión, iba al cine, incluso empecé a jugar videojuegos en línea… Con el fin de que tu recuerdo no volviera a aparecer en mi mente.

Y entonces empecé a pensar. Tal y como lo había descrito Hikari, en el momento en el que los mensajes dejaron de llegar, yo había hecho exactamente lo que ella describía en su relato. Habíamos actuado coordinados incluso a tan grandes distancias. Taichi tenía razón cuando dijo que ambos estábamos hechos el uno para el otro. Sin embargo, ahora era demasiado tarde, porque, con todo, yo ya había encontrado con quien era aún más compatible que Hikari. Era cruel, era horrible, pero cuando ella dijo eso, me di cuenta de que había dejado de amarla desde hace mucho, quizás desde que me enteré que viajaría, aunque nunca podría estar seguro de eso.

― Y luego apareció Carter.

― ¿Carter?—dije levantando la cabeza.

― Era uno de los amigos de Wallace—dijo ella—Era rubio, de ojos azules… Y hasta sabía francés…

Mi cerebro tardó un momento en procesar lo que Hikari acababa de mencionar. Después de eso eché a reír. Duró más o menos unos dos minutos, en el que casi sentía que el corazón se me desbocaba y sentí miedo de morir por un infarto o algo parecido.

― ¿Qué pasa?—dijo ella, algo contagiada de mi risa.

― Es que es tan irreal, Hikari…― dije observándola― ¿En realidad, pasó todo eso?

― Sí—dijo ella, riendo también—Fuimos pareja por un mes o poco más, no recuerdo bien—Me miró con un poco de temor.

Cuando observé esa expresión, cambié a una expresión más dulce.

― Continúa.

Ella tomó un poco del café.

― A pesar de que le terminé me siguió buscando por un rato.

― Pienso que cualquiera lo haría.

― Sí, pero tú no eres cualquiera—dijo, haciéndome sonrojar un momento—Por eso a quien amo eres tú.

Hikari llevó su mano hasta la mía. La miré con tristeza, tratando, quizá inútilmente, de contarle con aquella mirada, todo lo que había sucedido cuando ella no estaba. Sin embargo, entrelacé sus dedos con los míos, porque mentiría si dijera que ese contacto me desagradaba.

― Hikari… ― le dije.

― Dime.

― Tú… ¿Por qué razón volviste realmente?

Hikari quedó por un momento observando a un lado.

― ¿Por qué, preguntas?

― Ajá.

Esta vez dirigió su mirada hacia la mía.

― Creo que por ti.

― ¿Crees?

Hikari dio un suspiro, y bajó su mirada hacia el café.

― Aún ahora—dijo frente a mí—No me arrepiento de todo lo que he vivido—Le sonreí—Y creo que puedo pelear por ti, aunque…― dijo observándome—No estoy segura de que es lo que tú sientes por mí… Y no quiero parecer egoísta por obligarte.

― Antes que nada, tú no me estás obligando a nada—contesté, haciendo que sonría—Yo estoy aquí por mi propia voluntad, porque quiero pasar un rato contigo, y porque necesito escuchar de tu historia, que aún falta por contar, ¿verdad?

― No falta mucho—dijo ella, apretando los dedos alrededor de los míos.

En ese momento, la misma chica que nos había atendido, apareció con dos pedazos de tarta con mousse que dejo delante de nosotros, dio una reverencia, y se retiró.

― Mousse de maracuyá… ―dijo cuando vio lo que había pedido.

― Mousse de chocolate…― contesté, viendo el suyo.

Hikari y yo adorábamos el mousse. Como yo no era tan bueno en la cocina, ella incluso había aprendido a prepararlo, y siempre que terminábamos en su casa o en la mía, era el postre obligado. Reímos por un momento al darnos cuenta.

Comimos en silencio, mirándonos y sonriéndonos ocasionalmente. A veces la sentía sonreírme y cuando levantaba la mirada, ella la desviaba hacia otro lado. Vaya, que parecía un adolescente nuevamente.

― ¿Y tú?—me dijo en ese momento—Yo he contado una historia… Pero no sé nada de la tuya.

El suspiro me salió natural.

― Pasaron demasiadas cosas cuando te fuiste—le dije.

― ¿En serio?

― No tienes idea. A pesar de que ahora me siento bien a tu lado, y me gustaría que fuera así siempre, no puedo negar el hecho, de que me enamoré de otra persona.

Sé que fui frío. Pero, ¿Acaso Hikari merecía que le ocultara la verdad? Sentí en ese momento, como Hikari retiraba su mano de la mía y era entendible.

― ¿Entonces…?—dijo en un susurro.

― Sí—le contesté—Mimí es mi novia ahora.

― ¿Mimí?—dijo ella, sorprendida—Pero ella… Matt…

― Por eso te digo que hay demasiadas cosas que no sabes. Simplemente, me enamoré de ella, y ella de mí. Es todo.

― ¿Y Matt?

― Con Sora, como siempre debió haber sido.

Hikari dio un suspiro tranquilo.

― Las cosas como deben estar, ¿verdad?

― Así es—le dije, triste, porque sabía que la estaba lastimando.

― Bueno, no puedo decirte, que no esperaba algo como esto, sobre todo si llegaba tan sorpresivamente.

― Las promesas… son dolorosas Hikari.

― Por eso no dijiste nada ese día, ¿verdad?

― Así es. Todo es tan cambiante que… de un día a otro, todo el amor que sentí por ti, ahora lo siento por esa otra persona. ¿Debería pedirte perdón?

― No—dijo ella—Vine aquí para tratar de averiguar qué es lo que no me dejaba avanzar.

― Así que ese era el verdadero motivo.

― A pesar de haber intentado de todo para olvidarte, no lo he logrado.

― Me haces sentir mal, si me dices eso—dije.

― Pero es la verdad—dijo—Creo que fue un error, el haberme ido. Mi hermano tenía razón.

Volvió a dejar su mano en la mesa y la tomé entre las mías.

― Haya sido o no un error, ya no puede cambiarse. Hikari, de alguna manera, tu encontrarás a alguien que te complemente, que te aprecie por lo que eres, por todo aquello que incluso no muestras ante los demás.

― Pero no serás tú.

― Y hubiese querido serlo, pero no puedo engañarme a mí mismo, y menos a ti.

En ese momento, pedí la cuenta del café. La chica ordenó unas cosas a la recepcionista y apareció frente a nosotros con la cuenta. Dejé unos cuantos billetes encima. Salimos del café, y el tiempo parecía haberse templado un poco.

― Takeru—me dijo.

― ¿Uhm?

― Aunque sea, por esta vez, ¿Podrías?

La observé nerviosa, mirando a ambos lados, como si estuviera asustada.

― ¿Qué deseas?—pregunté, pero al momento siguiente, se colgó de mi cuello, y me besó con bastantes ganas, y bastante pasión. Me vi contagiado por el movimiento de sus labios, y de su lengua dentro de la mía.

Nos separamos.

― Vaya…― dije mientras ella se alejaba de mí.

― Gracias, T.K.

Llevé mi mano hacia mi cabeza. Y le sonreí al ver que se alejaba de mí. Volteó y me dedicó una sonrisa.

― ¡Vamos! Al menos llévame hasta la estación del metro.

Y entonces la acompañé. Fue una situación rara, pero también tranquila. Hikari y yo nos conocíamos tan bien, habíamos sido tan unidos, que podíamos leer los sentimientos del otro. Y yo sabía que Hikari sufría por mi culpa. Si había algo que pudiera hacer, estaba seguro de que trataría de aliviar su dolor lo más que pudiera.

Llegamos a la estación. Hikari parecía un poco ida, por lo que no solté su mano durante todo el trayecto. Compró su boleto, y cuando llegamos al lugar donde debía parar el tren, ella se volteó hacia mí. Exhibió la misma sonrisa que tuvo aquel día en que nos separamos en el aeropuerto. Sin embargo, esta vez yo tenía la seguridad de que no debía levantar la mano. Se acercó a mí, con esa misma sonrisa, mientras el tren se iba parando lentamente detrás de ella. "Cachun, cachun, cachun", escuchaba. Hikari se acercó, y me dio el beso de su despedida. Pude sentir un sabor salado en la boca, porque sentí que ella estaba llorando. La separé de mí, cuando el tren paró finalmente, y las personas empezaron a bajar. Limpié sus lágrimas y la besé por última vez en mi vida.

Cuando levanté la mirada, mi corazón se paró. Las personas habían bajado en gran cantidad del tren. Y había una persona en medio de ellas. Vestida hermosamente, con un vestido blanco y un chal de color rojo, con sus botas blancas altas. Me miraba extrañada, y Hikari dio la vuelta para poder subir al tren. Sin embargo, quedó parada en seco por la sorpresa. Ninguno atinó a moverse, y de pronto, otro grupo de gente entró al tren, y la puerta se cerró.

Mi mente se volvió un torbellino. Y una sola frase salió de mis labios:

"Carajo".

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La chica salió de su casa sin apuro, contenta. Se había vestido y maquillado para la ocasión, y sonrió mientras bajaba los escalones del edificio donde ella vivía. Matt la esperaba en la primera planta, sonriéndole cuando llegó.

― ¿Estás lista?—le preguntó.

― Sí—respondió ella, alegre.

Matt le dio el brazo para que ella se sujetara de él. Avanzaron los dos por la calle, sin preocuparse. Llegaron pronto a la esquina de la calle donde una furgoneta con el nombre de la banda de Matt los esperaba.

― Por un nuevo comienzo—dijo Matt, dándole la mano para que suba.

― Hasta el final—dijo Sora, sintiéndose plena.

-/-

Corrí hacia el letrero que indicaba las paradas de las diferentes líneas del metro. Hikari llegó detrás de mí.

― La siguiente parada es…― dije mientras revisaba la imagen.

Hikari miró alrededor. Salió corriendo hacia algún lugar, pero no le di importancia mientras seguía buscando cual era la siguiente parada. Extrañamente había una cercana al puerto. Decidido, salí corriendo de la estación, sin importarme lo demás. En ese momento, escuché que me llamaba una voz:

― ¡Takeru!

Hikari estaba saliendo de un taxi, dirigiéndose a mí apresuradamente. No sabía cómo agradecérselo y en ese momento no encontraba las palabras.

― ¡Suerte!—dijo, abrazándome y besándome en la frente— ¡Y muchas gracias!

Me obligué a no pensar, mientras abordaba el taxi y le mencionaba el lugar al cual me debía llevar.

-/-

Si había algún lugar al que Mimí podía huir, sería a la terraza donde tantas veces habíamos estado juntos. El taxi llegó después de un rato, debido al maldito tráfico que se formaba en algunas zonas de la ciudad. Sin embargo, después de pagar, me quedé en blanco. Bajé del taxi sin saber siquiera que es lo que pretendía hacer. Nunca me había encontrado en situación semejante. Veamos, Mimí me había visto besar a Hikari. Eso era grave de por sí. Yo estaba con Mimí después de que ella había soportado por un buen rato el engaño de mi hermano. Eso lo hacía aún más grave. ¿Creería en mi explicación? Pero, un momento, ¿Acaso realmente podía explicárselo? Ahhh….

Sacudí mi cabeza para poder aclarar mis ideas, pero quedé aún más confundido. Avancé entre las bancas. La terraza en toda su extensión se abría ante mí, y al fondo el mar. Estaba un poco elevada la marea, y el agua se notaba fría. Una corriente de brisa cayó sobre mi rostro y no pude sino temblar ya que estaba helada.

Quizá debería dejarla por un rato. ¿Aclararía sus ideas? Sería mejor esperar a que se tranquilizara. Podía estar pensando miles de tonterías. Mientras no hiciera nada realmente estúpido… Genial, ahora estaba más preocupado.

Mientras avanzaba por la terraza, sentí una vibración en el bolsillo de mi chaqueta. Saqué de inmediato el celular, y vi la pantalla. El número era desconocido. Sospeché por un momento, pero decidí finalmente contestar.

― Te sientes confundido, ¿verdad?

La voz que entró por mi oído derecho era inconfundible.

― ¿Dónde estás?

― Ahora presionas el celular fuerte contra tu oído, preguntando preocupado a quien le hablas.

Miré alrededor tratando de ver donde se encontraba la chica, sin embargo no había ningún sitio donde ver a la chica. La terraza se encontraba completamente vacía.

― Y ahora miras alrededor tratando de saber quién te está hablando.

― Mimí, no me gusta este juego.

― Y ahora te molestas sin razón, llevándote las manos hacia el cabello, como siempre que estás nervioso.

― ¿Qué pretendes?

― Ahora piensas en las razones que llevan a alguien a hacer algo. Y pateas la baranda como siempre que estas frustrado. Ahora te sientas, y tratas de tranquilizarte. ¿Qué debo hacer piensas?

Todo lo que dijo Mimí había sido una descripción de mis acciones. Una vez sentado, bajé el celular. Estaba jugando conmigo. Lo llevé de nuevo a mi oído.

― Ahora sientes una presencia extraña. Te paras y volteas rápidamente… Dime, ¿Qué es lo que ves?

Había aparecido de la nada. Y ahora estaba ahí frente a mí.

― Veo todas las tonterías que hice en mi vida, cayéndome encima como piedras.

―¿Desde cuando eres poeta?

― Soy un literato… creo.

― Tampoco seas arrogante.

Nos quedamos viendo el uno al otro.

― Qué curioso—comencé—Ahora me toca a mí hacerte la pregunta. ¿Qué debo hacer para demostrarte… que sólo te quiero a ti?

Mimí avanzó hacia la terraza. Señaló con la mano hacia el mar. La miré con incredulidad. Y sólo asintió.

Me quité el polo, y el abrigo, y me dejé los vaqueros. Corrí hacia la escalera de la terraza, y Mimí se quedó sobre ella. No me tomó mucho tiempo el llegar a la playa. El viento helado me golpeaba en el pecho y los hombros, como cuchillos. Sin embargo, no cerré los brazos.

En mi mente, solamente pensaba en lo irónica que era la vida. Levanté mi mirada, y ahí estaba ella, observándome. Me quité los zapatos y los calcetines. Retrocedí un poco para poder tomar vuelo. En el fondo podía ver como las olas empezaban a avanzar hacia mí. Corrí con todas mis fuerzas, y me metí en el agua helada de un solo chapuzón.

El frio golpeó mis músculos como si fueran martillos, y por un momento sentí que mis huesos iban a romperse. Sin embargo, luego de eso, me sentí aliviado. Como si hubiera pagado una prenda. El alivio que se siente al saber que has pagado tus culpas. El mar a mi alrededor se arremolinaba, siendo cada vez más violento, más fuerte, y salvaje. Sentía como si debiera dejarme llevar. Traté de levantar mis brazos, pero no me respondían, sin embargo, mis piernas seguían moviéndose como si fueran la cola de un pez, internándome cada vez más. Esta vez pude mover los brazos y seguí avanzando. A pesar de tener los ojos cerrados, pude sentir como la ola pasaba por encima de mí. Pude salir y tomar una bocanada de aire antes de continuar.

En la siguiente ola, sabía que debía usarla de ayuda. Cuando pude abrir los ojos, me encontraba a unos 6 metros de la orilla. Podía sentir la ola que venía detrás de mí. Usándola como impulso, fui avanzando hacia la orilla. Finalmente, cuando salí del agua, el viento me chocó y de nuevo el frío fue increíble. Pero no me importaba.

Allí en la orilla, Mimí me esperaba.

― Creí que te negarías.

Caí al suelo, esperando a respirar fuerte. Solo en ese momento sentí que mi cuerpo estaba extremadamente cansado.

― ¿Qué te pareció?

― Que eres un imbécil.

― Lo sé—le dije.

― ¿Por qué besaste a Hikari?

Me quedé callado por un instante.

― Para poder cerrar una etapa de mi vida.

― ¿Cerrarla?

― Aún tenía muchos sentimientos por ella. Y era nuestra despedida.

― La amas, ¿verdad?

La miré a los ojos.

― Sí, pero como mi mejor amiga. A ti te amo, como la mujer de mi vida.

Mimí dio un suspiro.

― Ya estoy más tranquila—dijo ella, sacudiéndose la arena de su vestido y alcanzándome mi polo.

Me lo puse y en ese momento estornudé.

― Esto me va a costar un buen resfriado.

― Te lo mereces.

― Sí, lo sé.

En ese momento se acercó a mí, tomándome por la oreja. Era un dolor fuerte.

― Au, au au…

― La próxima vez que me ocultes algo—me dijo seria—Me desapareceré un mes.

― Como si yo…

― Ya dije.

― Está bien. ¿Entonces me perdonas?

― Déjame pensarlo.

― ¿En serio? Diablos…

― Idiota.

Ambos comenzamos a salir de la playa. Subimos las escaleras despacio. Mimí tomó mi mano y no la soltó hasta que llegamos a la terraza.

― Hace frío.

― ¡Achís!

Rió cuando estornudé.

― No es gracioso.

― Lo es.

― Mimí…

Mimí volvió a observar el mar. Pude observar su perfil, el cual era perfecto antes mis ojos. Me apoyé de espaldas a la baranda, y observé hacia el cielo.

― Fue una gran experiencia.

― Sí.

Busqué en mi chaqueta. Ya no tenía los cigarrillos. Sonreí, al acordarme de que los había tirado. Me obligue a pensar en otra cosa. Cerré mis ojos y cuando los abrí, Mimí estaba delante de mí. Me abrazó.

Y fue entonces que lo comprendí. Había terminado una etapa de mi vida, en la cual, había dejado muchas cosas atrás. Mucho sufrimiento, y también creo que mucho drama innecesario. Pero había valido la pena. Por el hecho de tener a Mimí entre mis brazos. Me sentía completo, y me sentía feliz.

― Takeru, apestas.

Me eché a reir.

― ¿Por qué no vamos a mi departamento, a darnos una ducha?

― Idiota.

Sin embargo, me sonrió de manera sincera.

― A propósito—le dije—Creí que estabas de camping con tus padres…

Ella abrió sus ojos cuan grandes eran.

― ¡Por Dios, prometí llevar los impermeables!

Me reí al verla preocupada por lo que había hecho. Ella me encantaba por lo que era, libre espontánea, natural, tonta, olvidadiza, caprichosa… tierna, amable, y una amante incomparable. Ella me vio a los ojos.

― ¿Qué pasa?

― Te amo—le respondí.

― Ya lo sé—dijo ella inflando sus cachetes—Ahora ayúdame con lo de mis padres.

― Claro, claro—dije—pero primero, debo quitarme esta ropa.

― Tendremos que ir al apartamento.

― No será mi culpa si no sales de allí hasta mañana.

― ¡Takeru, por Dios!

― Solo te advierto ¡Achís!

― Ahhh, ¡Me contagiarás!

Y así volvimos al departamento. Hikari me llamó al celular, y le pase con Mimí. Se la paso un rato pidiéndole perdón, y Mimí acepto sus disculpas, sin antes dejarle en claro que yo era su novio. No sé si las cosas entre ellas seguirían bien después de lo que pasó, pero sé que estaría bien. Después de todo, Hikari no dejaría de ser mi mejor amiga, y Mimí, la mujer a la que amaba.

Las cosas habían terminado. Una situación que me hizo conocer que el amor puede aparecer en cualquier momento de la vida, y que aquel que creemos que es el único, puede no serlo. Aprendí mucho de Mimí, de Hikari, de Matt y de Sora. Sólo podía estar agradecido con todos.

Porque después de eso, jamás tuve problemas tan graves de falta de inspiración para poder escribir. Mimí estaba conmigo siempre, hasta en mis pensamientos. Era la verdadera escritora detrás de mí.

Y si en algún momento me faltaban las palabras, todo se solucionaba con abrir el celular, y llamarle. Una llamada a la verdadera escritora de los mejores momentos de mi vida.

Fin

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Quiero agradecer a TODAS las personas que se tomaran la molestia de leer esta historia desde su inicio hasta hoy, que publico el final. Me siento muy contento, ya que es el primer fic más o menos largo que termino, y lo siento como un gran logro para mí. Espero que puedan seguirme apoyando en esta actividad.

Agradecimientos especiales a: aljpadilla, Diego Takaishi, Deb, Itur, lukas 10, IzzieBlake, SkuAg, Himiko-chan Hirisashi, Scripturiens, Hikari Blossom, Guest, francis 2015, vere31 y Rilliane Duchannes. Sin todos ustedes nunca hubiera podido terminar este proyecto. Les agradezco de todo corazón.

Hasta la próxima.

Karyatoz.