Buenos días, tardes y noches, estimados lectores. Aqui de vuelta Sombra de Maldad. Antes que nada, lamento mucho la larga tardanza que tuve para terminar este capitulo. Una de las principales causas de ello, es por los personajes. Cualquiera podria hacer un fic de Dipper, Mabel, Soos... ¡Incluso de McGucket! Y eso es porque todos ellos tienen un buen desarrollo de personaje. Sin embargo, la cosa cambia cuando se trata de personajes que van no de secundarios ni terciarios. ¡Sino hasta cartarios! (¿Asi se escribe?) Bien, el principal problema que tuve aqui fue el que en esta ocacion utilice personajes a los que no se les da profundidad. Por ello me diverti más al intentar darles forma con lo poco que nos mostro la serie.

Tampoco ayudo la poca motivacion que me dieron desde el ultimo cap...

Bien, espero que disfruten el capitulo, y que sea merecedor de la espera que tuve que hacerles. Disfrutenlo luego del anuncio forzado.

"Gravity Falls", sus locaciones y personajes son creaciones del brillante Alex Hirsch y propiedad del imperio de Disney. Solo los tomo prestados para narrar una historia de mi autoria sin fines de lucro... pero si me quieren dar dinero por él, no me opondre.


Diario del Raromagedón

HORA 13:41


Esa era una mañana muy diferente a las que él hubiera tenido antes, si puedes considerar mañana aun cuando el tiempo había dejado de fluir en ese pequeño rincón perdido del país. No solo por el cielo rojo, las casas y locales despoblados en su mayoría y que empezaban a desmoronarse, y las criaturas enfermizas que vagaban aquella tierra de desesperanza. Sino porque también era la primera vez que amanecía sin ser despertado por su esposa.

La forma con la que lo hacía siempre le causaba enojo por su brusquedad. Incluso más de una vez tuvo que ponerse alguna bandita por ello. Y eso solo era el comienzo de las muchas discusiones que tenían. Sobre qué comer, que hacer durante el día, prácticamente de todo. Muchas veces o el se iba de la casa, o lo hacia ella. Una rutina que con el tiempo ya empezaba a acostumbrarse, pero no por ello lo disfrutaba.

Esa rutina continúo hasta el día anterior, cuando toda la catástrofe se desato de un momento a otro. Como el resto del pueblo, no considero a ese raro invasor como una amenaza hasta que demostró de lo que era capaz. Y al igual que todos, intentaron escapar con la multitud aterrada cuando los ojos empezaron a petrificar y secuestrar a los indefensos pobladores.

El estuvo presente en esa primera oleada de terror. Y mientras huía, fue testigo de cómo incluso las personas más rápidas que él mismo no pudieron evitar ser presa fácil para la legión invasora. Incluso él mismo hubiera sido víctima de los ojos… de no ser por su pareja. Ella con su habitual brusquedad lo golpeteo de pronto, causando que él se tropezara cuando uno de los voladores le había disparado. Gracias a ello, el logro salvarse de ese frívolo destino… pero, a cambio de que fuera solo ella la única en sufrirlo.

Las circunstancias hicieron que no pudiera lamentarse de aquella tragedia, al menos hasta lograr refugiarse dentro de una florería. Por suerte pudo llevarse el cuerpo frio y rocoso de su consorte. Al menos así el terrible tirano amarillo no la tendría en sus manos, aunque eso no reducía su dolor. Siempre peleándose, pero al final ella se sacrifico por él. Y ahora lo único que podía hacer por ella, era cuidar de lo que quedaba de su ser, aun preguntándose si debajo de aquella piel rocosa, aun pudiera estar la posibilidad de que continuara viva.

Volviendo a su situación actual, su escondite pronto empezó a tener rarezas demasiado cerca. Por poco logra salir sin que alguno de esos adefesios lo viera, estando muy cerca que uno que parecía libro con lenguas y ojos rosas lo descubriera. No sabía que debía hacer, pero su instinto le indicaba que debía encontrar otro lugar donde esconderse. Al menos, hasta que llegara la ayuda… si es que la había.

Con mucho cuidado vago por las calles infestadas del pueblo, repletas de abominaciones que ni el más enfermo mental podría concebir. No le ayudo en nada a escabullirse el que muchos de ellos tuvieran más de 8 ojos. Luego de apenas esconderse bajo un auto de una especie de gato con patas de tarántula, desde su escondite alcanza a ver un pequeño bar en media calle. El lugar se veía lo suficientemente seguro como para pasar al menos el día ahí.

Una vez encontró unos pocos segundos en los que las miradas de todas las criaturas espeluznantes se desviaran de esa parte de la calle por cualquier motivo se lanza a toda prisa hacia el bar. Lucho un poco con la perilla para finalmente abrirla, y cerrarla apenas estuviera dentro. Una vez en el local, recobra el aliento que había perdido al haber corrido tan rápido. Estaba tan ocupado en eso que no se percato en qué momento alguien lo había tomado del cuello de su camisa y lo había tirado al suelo.

Recuperándose del fuerte golpe que se dio, pronto se ve rodeado de un buen grupo de tipos de aspecto rudo y violento. Al parecer los habituales clientes de ese local habían tomado el lugar como su refugio, y el cometió el error de invadirlo.

-Chicos, miren lo que tenemos aquí. – dice uno de tez oscura y con tatuajes por todo el cuerpo: el portero del local.

-Oye, anciano. ¿No crees que estas muy lejos de tu casa? – indica otro de los presentes. Este era calvo con una barba negra abundante. Camiseta blanca debajo de un chaleco negro, una pañoleta roja atada en su frente. Botas negras y pantalón de mezclilla, y un tatuaje de un cuchillo con la palabra "Bats" en él.

-¡Por favor! ¡No nos hagan nada! – suplica el señor de traje verde, cabello canoso y un pequeño bigote que en este momento había cometido el error de ingresar en su territorio. Estaba muy preocupado por su esposa, quien aun se mantenía petrificada en su hombro.

-Tranquilo, anciano. Tú y tu esposa carpintero saldrán bien de esta… si nos dan todo lo que tienen. – y sin esperar respuesta del sujeto, empezaron a catearlo, encontrando pronto una billetera con algunos dólares, un reloj de bolsillo, y unas cuantas herramientas pequeñas que parecían ser de relojero o carpintero.

-Nada útil. – dice uno de ellos, mientras veía el interior de la billetera, y la tiraba por ahí. el dinero había dejado de ser útil desde el día anterior.

-Ni si quiera comida. ¡Y ya me muero de hambre! – dice el tatuado con "Bats" bastante malhumorado. - ¿Cuándo van a volver los chicos del saqueo?

Y como si hubiera sido escuchado, escuchan golpeteos en la puerta principal. Estos sonaban a un cierto ritmo y frecuencia. Luego de que estos se repitieran dos veces el portero abre la puerta, dándoles paso a otros 3 sujetos de complexión musculosa, pero que se veían agotados y heridos. Esto último había sorprendido a los habitantes de la taberna. Pronto unos cuantos los ayudan a mantenerse de pie, y los guían a las mesas.

-¿Qué rayos les paso? – pregunta el portero sorprendido.

-Fuimos al centro comercial… está destrozado… - comienza a contar uno delgado. – No había mucho, pero encontramos bastante comida. De pronto caímos en las trampas de algún loco, y se llevo todo lo que teníamos. Ni si quiera pudimos verle la cara a ese desgraciado.

-¿Solo uno? ¡Ustedes son tres! – reclama furioso a los heridos el pelón.

-Di lo que quieras… ¡No volveré a ese lugar! – contesta otro de los lesionados.

-¿Y ese tipo… les hizo eso? – pregunta preocupado el prisionero de los tipos. Lo que menos necesitaba el pueblo era algún loco que saqueara a la gente.

-Claro que no. Solo nos noqueo, y al despertar estábamos en el suelo sin nuestras cosas… Pero… - de pronto, fuertes golpes de empezaron a sacudir la puerta. Unos muy violentos y desenfrenados… y extremadamente fuertes.

-¡Oh, no! ¡Nos siguió! – exclama de nuevo uno de los recién llegados, mirando aterrado a la puerta.

-¡¿Qué los siguió?! – pregunta el calvo empezando a espantarse. De repente, los golpes habían dejado de escucharse. Todo el mundo mantuvo silencio, quedándose todos completamente inmóviles, atentos a cualquier sonido del exterior. Solo escuchando silencio, respiran con alivio, pensando que sea lo que sea que había afuera, se había ido.

-¿Qué fue…? – enseguida escuchan el sonido de metal siendo cortado. Al ver la puerta ven que unas largas y filosas garras metálicas habían atravesado la puerta, y estas la desgarraban como mantequilla, para luego destrozarla en pedazos.

Ante la mirada atónita de todos, ven como entraba a paso lento una criatura de forma reptilinia de dos metros. Pero, compuesto en su totalidad de motocicletas. Las garras que habían destrozado la entrada pertenencia a sus patas delanteras, una larga cola con varios tubos de escape que expulsaban llamas, y una mandíbula repleta de fierros a modo de colmillo que babeaba gasolina con un olor fuerte. La nueva rareza miro a todos los presentes con curiosidad, mientras las brillantes luces amarillas que tenia por ojos cambiaban de intensidad.

A pesar de sentirse completamente alarmados por la presencia por la bestia mecánica, todos supieron mantenerse quietos, no queriendo causar la ira de la criatura por algún movimiento brusco. Así, lentamente y con la mayor discreción que pudieron fueron tomando sus propias armas: palos de billar, bates, tubos de acero, cadenas. Era lo que componía en el arsenal de todos ellos, salvo por el cantinero que era el único con escopeta. Y mientras este recargaba su arma bajo la barra, por error uno de los cartuchos se le cayeron de las manos, rebotando con fuerza contra el suelo.

Fue todo lo necesario para que el monstruo soltara un rugido agudo con eco, para enseguida lanzarse al dueño del local. Pronto dos de los fornidos hombres con barra metálica y palo de billar lanzan sus ataques a modo de defensa. Aunque el palo se deshizo al chocar contra su cuerpo metálico, los dos golpes fueron suficientes para atontarlo. Lo suficiente para que el cantinero terminara los preparativos y disparara contra el lagarto de motos. Dio en el blanco, pero lo único que causo fuera que retrocediera un par de pasos, y algo de su baba se prendiera en fuego. Sin embargo se repone pronto, y con mayor furia que antes se lanza. Sus dos primeros atacantes intentaron bloquearlo, pero ambos son lanzados por los aires por un simple golpe de su enorme cuerpo. Llegando hasta el cantinero lanza un zarpazo de su gigantesca garra. El apenas pudo esquivarlo, pero no evito que la barra principal fuera rebanada con rapidez.

-¡Todos! ¡Acábenlo! – ordena el portero, y pronto el resto de los hombres se lanzan hacia el monstruo de metal.

Todos lanzaron sus ataques con sus armas por todas partes. En un comienzo los ataques acertaban y aturdían a la criatura. Sin embargo la ira por tal paliza le da la fuerza y la ferocidad suficiente como para pronto bloquear ataques, romper armas, y golpear a sus atacantes usando su enorme cuerpo y su larga cola, también expulsando humo de ella para cegarles y dejarles vulnerables a sus contraataques. Cuando todos ellos ya estaban tirados en el suelo, el lagarto motorizado enfoca sus ojos en ellos, y afila sus garras entre sí.

Por fortuna, el cantinero aun con arma en mano vuelve a disparar contra la abominación mecánica, permitiéndoles a sus fieles clientes apartarse e ir en búsqueda de nuevas armas. Por desgracia, ahora era este hombre el objetivo de toda su atención, y en vez de cargar de vuelta hacia él, lanza un escupitajo de la sustancia negra de su boca hacia la barra. El tipo vuelve a tirarse al suelo para evitar el tiro, aunque quedo extrañado por lo que había hecho.

El reptil mecánico, como si no le importara no haber dado con su objetivo comienza a lanzar más escupitajos de gasolina hacia su alrededor. Mesas, piso, paredes. No le importaba que no diera con ninguno de los humanos. Estos pronto se vieron provistos de nuevas armas, y se preparaban para volver al combate. Pero una llamarada proveniente de los escapes de la cola del monstruo los hizo retroceder. Al principio pensaron que fallo. Pero al girarse ven que el fuego cayó directo a uno de los charcos de gasolina que había creado.

Como era de esperarse, el mismo se prende en un fuego más vivo, lo suficiente como para darle de su llama a otra mancha de combustible cercano sobre una mesa. Así, como en reacción en cadena cada porción de gasolina que había disparado la rareza ardía rápidamente, transformando ese refugio improvisado en un local incendiándose. Y como si ese fuera su objetivo, la criatura sale del lugar, pero no antes de dar un golpe de su cola en la entrada, causando su derrumbe y bloqueando la salida.

-¡Maldito monstruo! ¡Salgan todos de aquí! – nadie se hizo el sordo ante la orden. Y lanzando taburetes y mesas rompieron las ventanas haciendo nuevas salidas que usaron para escapar.

Dos de ellos iban a ser lo últimos en salir, el pelón de chaleco negro, y el señor con su pareja petrificada. Este último se dio prisa para recuperar sus pertenencias arrebatadas que fueron olvidadas, mientras el otro estaba en medio camino para escapar de ese infierno dentro del infierno. Por desgracia, las llamas empezaron a causar severos daños en la estructura del establecimiento, y pensando que estaría pronto a salvo siente el peso de una porción del techo caer sobre él. El hombre del traje verde lo presencia una vez tenía todo de vuelta. Y haciendo caso a su moral, va en su auxilio.

-¿Qué…que haces, viejo? – pregunta el pandillero, casi a punto de haber quedado inconsciente al ver a quein fue su prisionero hace poco intentando levantar la viga que lo mantenía atrapado.

-¡Intento sacarte! – exclama con mucho esfuerzo, causado por el que hacia al intentar levantar lo suficiente el soporte para que el otro pudiera salir.

Este sintiendo cada vez más cerca las llamas lo ayuda, apoyándose en sus brazos para empujar su obstáculo con la espalda. Pronto la madera que les impedía salir empezó a levantarse, lo suficiente como para que el hombre atrapado tuviera la suficiente movilidad para arrastrarse y salir. Conseguido su objetivo el tipo del bigote suelta al instante la viga, y sabiendo que no había tiempo para recobrar el aliento, ambos salen por una de las ventanas rotas, a tiempo para evitar una pequeña explosión ígnea, causada cuando el fuego finalmente alcanzo los licores y bebidas alcohólicas que se servían ahí. no fue una explosión de película, pero si hubieran sufrido unas serias quemaduras de no haberse tirado al suelo una vez estuvieron afuera.

-Whoa… eso estuvo… - el peli plata no continua hablando por la enorme mano que le cubre la boca. El calvo que acababa de salvar lo tomo del hombro, lo levanto y lo guía hacia un callejón.

El hombre estuvo confuso por la acción, hasta que ve pronto un grupo de ojos murciélago sobrevolando la calle. Pudo ver como un par de ellos ya llevaban consigo a dos de los fornidos hombres que lo habían capturado. Y a nivel de la tierra, vio a los otros dispersarse entre las calles, mientras el lagarto de motos vagaba a paso lento, o porque los había perdico, o porque qqueria darles tiempo de huir antes de cazarlos.

-Debemos irnos de aquí. – susurra con cautela el pandillero. –oye, viejo. ¿No tienes un escondite o algo así?

-yo pensaba usar el bar como uno. – contesta con algo de nervios el del carpintero petrificado.

-Perfecto… - murmura malhumorado. – Viejo, si quieres seguir convida, será mejor que hagas lo que diga. Y lo que digo ahora, es que me ayudes a buscar donde escondernos. – y asegurándose de que ningún ojo o el lagarto los viera aun, recorre el callejón hacia la otra calle con la que conectaba.

-¿Y qué hay de tus compañeros?- pregunta, siguiéndole el paso.

-Si también escapan, seguro los encontrare luego. Ahora importa que no nos queme esa cosa. – llegando al final, se asoma por la calle, dando un vistazo rápido y pronto visualizando el establecimiento de Laser Tag. Se veía vacío, perfecto para ocultarse.

-Por ahí. Rápido.

Corriendo, ambos llegan al local, a paso veloz y sin mirar si algo más los veía. Una vez dentro ingresan lo más adentro posible, ingresando a la habitación principal donde se practicaba el juego dedicado al lugar. Una vez ahí, ambos respiran agitadamente. Aunque fuera por poco tiempo, ambos estuvieron en un momento de gran riesgo, pero ahora sentían que podían respirar tranquilos.

-Bien… por el momento podemos estar aquí… - sentencia el hombre de la barba. De repente, su compañero temporal se puso notablemente nervioso. Incapaz de articular alguna palabra señala hacia atrás del hombre fornido. Este tarda en notar la indicación del su acompañante, y en cuanto mira a la razón del miedo del otro.

Al otro lado del pasillo del juego de rodillas había una enorme figura en baja resolución, se le veía completamente pixeleado. Pero se lograba distinguir que tenia la forma de uno hombre de complexión musculosa de piel clara, pantalones rasgados azules que eran sostenidos por un cinturón negro de karate atado a otro cinturón negro. Una cabellera rubia y una banda roja atada alrededor de su cabeza. A pesar que lo que veían era su espada, parecía que lo que fuera que fuera ese "hombre", probablemente otra rareza nacida de las olas de rareza, se encontraba…. Lamentándose. De pronto, antes que ellos pudieran decir o hacer algo comienza a escucharse un tipo de banda sonora cono tonos suaves de naturaleza oriental.

-Mi maestro me preparo para vencer a cualquier oponente que se interpusiera en mi camino por la venganza de la muerte de mi padre…para superar cualquier obstáculo que se interpusiera en mi camino… para triunfar en todo lo que me propusiera… pero… jamás me preparo para afrontar la derrota… - ambos adultos empezaron a oír de pronto una voz, en un tono melancólico y reflexivo. – Desde que volví a poner pie en esta extraña tierra… con ahora muchas criaturas que pensaba podría vencer, y así volverme más fuerte… Pero lo único que he hecho hasta ahora, ha sido perder… ser derrotado por todos los habitantes de esta tierra. ¿Cómo puedo ser el mejor peleador del mundo, si hasta un reloj de bolsillo con gatitos por manecillas gigante fue capaz de derrotarme sin problemas? ¿A caso… todo mi entrenamiento…? ¿Todo mi ser…? ¿No es nada, en realidad?

-Es idea mía, ¿o ese tipo acaba de tener un momento dramático? – se pregunta en voz alta el pelón. Aparentemente fue escuchado por el peleador, quien rápido se gira para verlos. Ambos hombres se congelan espantados, pensando que los iría a atacar como todas las cosas raras que llegaron al pueblo. Pero él no se movía en lo absoluto.

-Ah… ¿más peleadores que quieren derrotarme? ¿Arrebatarme más del honor que ya he perdido? – contesta el rubio, sonando muy pesimista al hacerlo.

-Oye, amigo. Parece que estas pasando por un mal momento. – dice el delgado hombre del traje verde. No sabía si era porque era la primera rareza que no los atacaba, o porque daba demasiada lastima y se veía totalmente patético. Pero con calma se acerca al colorido personaje.

-¿Mal momento? Solo es el comienzo del resto de mi vida como un perdedor. – dice, bajando la mirada en vergüenza.

-No digas eso. Te vez muy fuerte. ¿Cómo te llamas? – pregunta nuevamente, sentándose a lado del luchador, y colocando su mano sobre su brazo, tan arriba como podía en su posición.

-Antes me conocían como Rudo McGolpes… pero creo que ahora seré "Débil McGolpes". – confirmando que aquel peculiar personaje era inofensivo, el motociclista también se acerca.

-Vaya. Y yo que pensaba que Ian el infeliz era el más infeliz que he visto. – suspira, cruzándose de brazos.

-No estás ayudando… - y es entonces que el tipo que cargaba al carpintero se dio cuenta que no conocía su nombre.

-Dime Bats. – contesta, señalando su tatuaje y comprendiendo por que se había callado. - ¿Y por que eres suave con esa cosa, viejo? Por si lo olvidas, otras más como él han destruido el lugar.

-Por que es el primero que no busca arrancarnos las cabezas. – contesta de inmediato. De repente su mirada se vuelve pensativa, y regresa al otro. - ¿No nos arrancaras la cabeza, cierto?

-¿A caso crees que tengo la fuerza para eso? – cuestiona Rudo, inconscientemente flexionando sus músculos y mostrándolos más grandes que antes.

-Ahm… ¿no? – no sabía cómo responder a ello.

-Como sea. No se ustedes, pero en cuanto ya no haiga más fenómenos afuera, me largare y veré si encuentro una hamburguesa para comer. – sentencia, dándole la espalda a ambos mirando la entrada del local. Al hacerlo, se percata de algo horrible: el lagarto de motos estaba justo en la entrada y los veía a través del vidrio roto de la puerta. Y para su desgracia los ve. - ¡Oh, rayos! – exclama, retrocediendo unos pasos.

-¿Qué ocurre? – pregunta el viejo mirando al del chaleco. Enseguida se da cuenta también de la presencia del monstruo, quien al verse observado con un rugido parecido al de un motor atraviesa la puerta y corre rápido hacia ellos.

-¡Oye tú, McGolpes! – llama Bats al personaje de videojuegos aun arrodillado. - ¡Si en verdad eres un peleador, deshazte de ese monstruo! – demanda, corriendo hacia los otros pasillos del campo de tiros, esperando que le monstruo lo perdiera de vista.

-¿Cuál es el caso? Seguramente terminare perdiendo, como siempre lo he hecho. – replica a la orden, manteniéndose imperturbable en su posición de lamento. En cuanto al fenómeno metálico ya había cruzado el recibidor.

-Por favor, Rudo. Sé que puedes vencerlo si quieres. – trata de animarlo el mayor, a su vez que intentaba levantarlo tirando de su brazo. El moto reptil pronto había cruzado la entrada a la sala del juego y se detuvo para mirarlo a él y a la rareza rubia.

-Si peleo contra él… ¿Me dejaran continuar con mi desdicha y vergüenza? – interroga, sintiendo que no podría continuar su agonía en paz de no hacer lo que ellos pedían.

-Te conseguiré 20 litros de helado para que te deprimas tanto como quieras. ¡Solo véncelo! – ya suplica desesperado, viendo como el monstruo parecía prepararse para lanzarse a ellos.

-Muy bien. Lo intentare… - finalmente accede, poniéndose de pie con tortuosa calma.

Entonces, ansioso por enterrar ya sean sus garras o sus colmillos en alguna de sus presas, el lagarto de metal se lanza en un veloz salto hacia el hombre con bigote. Sin embargo su movimiento fue velozmente bloqueado por un certero golpe que el luchador da sin siquiera mirarle. La criatura sale despedida contra los acolchonados muros del juego, aunque eso no ayudo a hacer menos dura su caída. Con algunas de sus partes abolladas y unos pequeños trozos desprendiéndose de su mandíbula, la criatura con mas ira que antes vuelve a lanzarse en contra del luchado, atacando con varios tajos de sus largas garras metálicas. Sin embargo, Rudo no tuvo que hacer más que solo colocarse en su posición de guardia para protegerse del daño, y prácticamente no sufrir ninguno. Y como contraataque toma de los hombros al monstruo, y con una llave de lucha lo arroja al otro lado del salón, justo donde Bats veía la lucha.

La frustración de no hacerle nada a aquel raro personaje hizo que el reptil ignorara al pandillero y fuera de regreso contra McGolpes. Pero lo único que él hizo en respuesta a las mordidas que su oponente que deseaba darle a su cabeza fue una patada giratoria directa a su metálico cráneo, volviéndolo a arrojar contra los muros hechos de colchón pintado. Ante todo lo que acababa de hacer, Rudo se veía completamente sorprendido. Como si no supiera, o había olvidado que podía hacer todo eso. Al contemplar el estado en el que había dejado al monstruo tras solo unos muy contados movimientos, lentamente una sonrisa llena de confianza, contraria al que ambos humanos vieron al conocerlo, aparece en su rostro al igual que un aura de confianza empezaba a percibirse alrededor de él.

-¡JAJAJAJA! – estalla de pronto en carcajadas arrogantes, mientras colocaba sus puños en su cintura. - ¡Tu! ¡Débil monstruo de metal! ¡Prepárate para recibir la furia de mis puños! – y sin palabra más de por medio se lanza hacia el moto reptil.

El mencionado también se arroja en contra del luchador luego de lanzar un rugido motorizado. En cuanto a los sobrevivientes, ellos volvieron a la recepción, donde tenían una buena vista de la pelea. Ahí vieron como de nuevo el fenómeno de metal atacaba de nuevo con sus garras, a lo que el de los pixeles esquivaba retrocediendo. Y luego de otro zarpazo que esquiva, se agacha y da una barrida hacia las patas del reptil. Este es derribado por la maniobra, pero aun en el suelo intenta lanzar sus fauces mecánicas en contra de Rudo. Pero él esperando esa reacción ya tenía levantado su pie hasta lo más arriba posible para luego dejarlo caer sobre la cabeza del monstruo con gran fuerza. Y mientras este seguía atontado por el ataque recibido, el luchador lo toma de su cola compuesta por escapes y girando sobre su eje lo lanza contra el muro, esta vez haciendo que la criatura de acero lo atravesara.

Pasaron considerables segundos antes de que el moto reptil se volviera a poner de pie, con más trozos de su metalica fisionomía desprendiéndose o colgando de su cuerpo, dándole un aspecto más atemorizante. Y mucho más furioso que antes comienza a disparar escupitajos de gasolina en contra de Rudo, con la idea de luego prenderle fuego. Sin embargo el peleador virtual vio venir los proyectiles.

-¡Bola de fuego! – acompañado de su grito dispara su técnica especial, la cual choca contra el tiro de combustible.

Y no solo causa su inmediata ignición, sino que también se lleva consigo ese nuevo fuego con dirección al lagarto mecánico. Este no solo recibió el fuerte daño que daba la Bola de Fuego, sino también se vio bañado de su propia gasolina incendiándose, haciendo que su rostro se viera cubierto por el enorme fuego. Cegado por su propio ataque corre como gallina decapitada, chocando contra las paredes, transmitiéndoles de la misma llama que le nublaba la vista. Aun cuando el ambiente de aquel campo de batalla se torno uno más infernal, Rudo se mantuvo implacable, confiado, y seguro.

-¡ACABEMOS CON ESTO! – exclama mientras de pronto sus musculos se tensaron aun más, viéndose más grandes y con venas palpitando por su cuerpo. Entonces a gran velocidad se para frente a la rareza metaliza, y aun cubierto por su propio fuego y sin compasión lanza una serie de brutales y poderosos golpes. En cuanto a los espectadores, estos miraron como las llamas de las paredes empezaban a expandirse sin control, y como debido al ataque que ahora lanzaba su luchador contra la rareza el techo y suelo empezaba a desquebrarse, como si el mismo fuera incapaz de soportar aquel ataque final.

-Corre… - murmura suavemente el viejo al pandillero, y con mucho miedo salen los dos del local, mientras Rudo continuaba con su técnica, y el fenómeno empezaba a desarmarse en sus golpes

- ¡súper poderosa ninja turbo neo ultra híper mega multi alfa meta extra oper suma COMBINACIÓN! – al termino de aquella oración, fuego fue expulsado por las ventanas del establecimiento destrozándolas en el progreso, y el techo pronto fue incapaz de seguir sosteniéndose, colapsándose y cayendo, convirtiendo el Laser Tag en puros escombros aun consumiéndose por el fuego.

Tanto el viejo como Bats se acercaron cautelosamente a las ruinas del lugar, buscando si las dos rarezas, o cual de ellas, habían conseguido sobrevivir si era el caso. Fueron momentos de gran tensión antes de que una sombra se asomara en las llamas. Y ante la sorpresa, y luego alivio de ambos, era Rudo McGolpes quien caminaba entre las llamas de los destrozos, como si estas no lo afectaran en lo más mínimo, lleno nuevamente con el aire de confianza con el que un niño con gorro de pino lo había conocido.

-¡Lo lograste, Rudo! – festeja alegre el del bigote. En respuesta, el luchador se coloca firme con la mano extendida en V de victoria.

-¡Los ganadores no pierden! – asegura para luego soltar estruendosas carcajadas. Los otros dos también comienzan a reír, pero de la incomodidad. Ese tipo los había salvado, pero no por eso dejaba de ser raro. Pero, las risas se detienen cuando sienten el suelo temblar. Alertados miran por todas partes, y pronto encuentran la razón del sismo: una cabra gigante.

-¡Larguémonos ahora! – sugiere con miedo el pandillero, quien junto al del traje comienzan a correr en busca de un nuevo escondite. Pero se detienen al ver que el luchador no se había movido.

-¡Rudo! ¡Debemos irnos! – le grita al luchador el canoso preocupado. Pero el aludido solamente vuelve a reír.

-¡Tu! ¡Cabra enorme! ¡No eres rival para mí! – exclama con gran soberbia, corriendo a gran velocidad hacia el gigante. Al parecer el tipo había recobrado la confianza en sí mismo, eso veía los dos. Sin embargo, ven también que antes de ser un pesimista, era un muy orgulloso buscapleitos. - ¡Por un momento pensé que era débil! ¡Pero ahora sé que nada puede derrotarme! ¡Ni ese niño sudoroso! ¡Ni ese monstruo de metal! ¡Y NI SI QUIERA…! – sus orgullosas palabras se ven calladas con la enorme pata de la cabra, quien al ni si quiera verlo lo pisa al caminar con dirección al bosque, en búsqueda de algo que comer.

Los dos adultos se quedaron congelados con las miradas aterradas al ver lo que le había ocurrido al luchador de videojuegos. Aquello los hubiera dejado con un horrible trauma… de no ser porque Rudo se volvió a regenerar a un lado de ellos, en la misma postura con la que fue pisoteado. Al darse cuenta del porque había aparecido a lado de esos dos, vuelve a caer de rodillas, con un aura depresiva de regreso en él.

-Eh… he vuelto a perder…

Minutos después de la última derrota de Rudo McGolpes, el mismo luchador caminaba por las calles vacías del pueblo con la ayuda del motociclista y del tipo con el carpintero. Ya que de no ser por ellos se hubiera quedado frente a las ruinas del laser tag, continuando con sus lamentaciones de rodillas.

-Recuérdame por que nos llevamos a este fracasado. – cuestiona con frustración Bats, a la derecha de Rudo.

-Viste lo que hizo con ese monstruo. Y también que él no es tan malo como el resto de esos monstruo. Estoy seguro que el nos ayudara a sobrevivir en cuanto se recupere de esta crisis existencial que tiene. – explica con bastante esfuerzo el viejo, pues a diferencia de los otros dos no era tan fuerte. Mientras lo hizo, aun podían escuchar al peleador depresivo con su reflexión pesimista, con una banda sonora aun más triste que la anterior. - … Espero.

-Como digas… tal parece que seremos tu, tu esposa de piedra, el señor perdedor, y yo… - comenta con desanimo el pelón. De repente mira de reojo a la mencionada carpintera de roca, y finalmente se anima a preguntar. – Por cierto, ¿Por qué sigues llevándola? Es posible que este muerta. – el hombre interrogado gruñe por la pregunta.

-Pues gracias a ella, no quede igual. No voy a abandonarla así como así. – por primera vez noto carácter en sus palabras, cosa que sorprendió a quien hizo la pregunta.

-Calma, viejo. Lo entiendo. Ahora busquemos donde escondernos… pero que sea un lugar donde no pueda incendiarse. – sugiere, intentando amenizar el ambiente.

-Totalmente de acuerdo.

Así, este cuarteto peculiar continuo su camino por esta tierra post apocalíptica. Un grupo único entre los que aun se mantenían juntos. Una clara evidencia que el destino puede unir a las personas más inesperadas. En especial… si es en el fin de los días.


Aqui de nuevo Maldad. Espero que les haya gustado el capitulo, a mi me gusto redactarlo una vez me senti lo suficientemente inspirado para terminarlo. Estoy seguro que al igual que yo nadie se esperaba ver a estos personajes en la cabaña refugiados. NADIE, ni si quiera los locos teorisadores del fanfom. Aunque algo que si me molesto del final es que pese a que estuvieron con el resto, una vez empezaron los diseños del Shacktron, el tipo del carpintero y "Bats" practicamente desaparecieron, sin haberles dado un papel aunque sea un poco más activo que puro cameo. Pero bueno, por algo hago este fic. Bueno, me despido, ya que no veo necesidad en hacer analisis de personajes en esta ocacion, pero si les dejare pista sobre el proximo capitulo.

PISTA: Continuacion de lo que le paso a alguien de un capitulo pasado.

Sin nada mas que decir, nos vemos en el proximo capitulo, y esperare con ansias sus Reviews.