Etnia


Capitulo 9

Las piernas ya le respondían aunque el dolor que aun punzaba entre ellas continuaba, pero le era tolerable. Aprovechando la distracción que la llegada de Tala había creado se removió para alcanzar la desechada ropa y enfundarse desgarbadamente en ella. La reconfortante y protectora presencia de Drigger a su lado, cuidando cada uno de sus movimientos le hizo sonreír apenas y con amargura. A pesar de todo, no estaba solo.

Escuchó el chocar de metal contra metal y sus ojos se giraron para ver al nahual bloquear y rechazar el ataque de Zeo obligando al humano a retroceder un par de pasos. El de largo cabello se había lanzado contra el pelirrojo en el momento en que éste intentó alcanzar a su regente con el obvio objetivo de cumplir la amenaza de darle muerte.

Brooklyn por su parte aun portaba aquel feroz gesto de mal contenida furia y sed de venganza. Sus ojos parecían haberse opacado con mortífero filo mientras que aquella oscura energía volvía a envolver su cuerpo, concentrándose en sus manos otra vez. Dos esferas pronto distinguibles levitando entre sus dedos.

Rei arrugó el rostro, el humano se preparaba para atacar nuevamente a Tala con aquella energía; el nahual se percató de ello igualmente pero Zeo se lanzaba en aquel instante contra él, evitando que pudiera retirarse de la línea de fuego y forzándolo a centrar su atención en los certeros y peligrosos movimientos de su espada.

El nekojin apretó los puños y reuniendo fuerza se levantó, no permitiría que lastimaran a nadie más por su causa.

-¡Drigger, bloquéalo!- exclamó autoritario. El tigre blanco rugió poderoso y se lanzó de inmediato contra Brooklyn, éste sin embargo sólo arrugó más el rostro y dirigió una de sus bolas de energía contra el feroz felino.

Drigger abrió sus fauces y el ensordecedor rugido que emitió generó una gran oleada de sonido que se estrelló directamente contra la bola negra que se dirigía contra él explotando con increíble fuerza al encontrarse. Por instinto Rei alzó los brazos para protegerse de la onda de choque, clavando una rodilla en el piso cuando la potencia le empujó hacia atrás.

Tala se cubrió y saltó justo a tiempo antes de ser golpeado directamente por la onda expansiva, aunque no pudo evitar ser alcanzado y la intensidad de la misma le hizo terminar chocando contra una pared de la ahora destruida habitación. Zeo no reaccionó a tiempo y la explosión lo mando a volar hasta el otro lado del enorme cuarto detenido sólo cuando la puerta de la habitación se interpuso en su trayectoria.

Brooklyn gruñó por lo bajo molesto, por no haber alcanzado al nahual o el descuido de su escolta sólo él lo sabría, pero igualmente no perdió tiempo en considerar a su guardaespaldas ni en desaprovechar la guardia baja del nahual.

-¡Tala cuidado!- La voz de Rei resonando desesperada hizo que el pelirrojo –ligeramente aturdido- levantara la vista. Sus gélidos ojos azules abriéndose un poco más de su natural circunferencia con sorpresa. Maldijo por lo bajo, no tenía tiempo de esquivar aquella bola de energía negra que se dirigía a toda velocidad contra él. Sujetó la empuñadura de su espada con fuerza trayendo la misma frente a él en paralelo y musitó el nombre de su espíritu guardián, tendría que recibir de lleno el impacto.


Aquella oscuridad que le rodeaba no lo evitaba.

Podía escuchar el llanto. Podía respirar el dolor. Podía sentir el miedo.

Un intenso ardor naciendo en la base de su vientre se expandió por todo su cuerpo y cada célula de su organismo se consumió en aquel abrasador fuego.

Furor. Instinto. Poderío. Posesividad. Fuerza. Pasión.

Se sintió envuelto y devorado por aquel agudo calor, por aquella creciente flama azul que alimentada con su desesperada voluntad consumía el vacío que le rodeaba.

Tenía que alcanzarlo.

Tenía que llegar hasta él.

Rei


-¡Tala…!

La bola de energía impactó contra el nahual de cabello rojo causando una segunda onda expansiva. Drigger se agazapó frente al nekojin bloqueando parcialmente la fuerza de la explosión y cubriéndole del intenso destello que se había generado por la misma. Tras unos segundos Rei se incorporó, la fluorescente luz cedía ya y necesitaba auxiliar a Tala de inmediato. Sus ojos buscaron desesperados el lugar donde estaba el nahual sólo encontrando un gran hueco en la pared, la orilla del mismo mostraba residuos tanto de lava negra como hielo. Ambos destruyendo por igual los vestigios de lo que fue una pared.

No

-¡Malditas bestias! –gruñó Brooklyn con rabia escurriendo de sus labios.

Rei volvió su atención al humano, cuya gélida mirada se clavaba en el otro extremo de la habitación. El nekojin siguió su vista y sus ojos no pudieron evitar abrirse en extremo asombrados ni que sintiera otra oleada de alivio inundar su pecho.

Tala –con sólo algunos rasguños en un brazo y ligeras decoloraciones rojizas en la piel de su apuesto rostro- se incorporaba ya encontrando soporte en el fornido brazo de Bryan. El alto nahual pelilla se plantaba desafiante y con una sonrisa un tanto sardónica en los labios cubriendo parcialmente con su cuerpo a Tala y encarando al humano sin atisbo de temor.

-Maaai, alguien está de mal humor –dijo Bryan con clara burla en el tono de su voz. Sus ojos miraron por unos segundos a Rei, arrugando el ceño al notar las marcas en su cuerpo.

-Sácalo de aquí – siseó el pelilila obteniendo un bufido del nahual a su espalda.

-Sácalo tú de aquí –rebatió- Yo soy quién da las órdenes.

Ambos nahuales se sonrieron arrogantes y un segundo después ambos se plantaban en posición de ataque contra el humano frente a ellos.

-¡Jodida peste! ¡Dejen de aparecer y sólo mueran! –replicó con veneno Brooklyn mientras los observaba con ojos muertos, su cuerpo envuelto en aquella energía parecía comenzar a levitar por la intensidad que desprendía.

Los tres nahuales pudieron sentir y casi ahogarse por el incremento en la presión energética que envolvía la habitación –o lo que quedaba de ella- y supieron más por instinto que por entender realmente lo que pasaba, que debían salir de ahí de inmediato.

¿Qué demonios es ese humano?

Drigger rugió atrayendo la atención de los dos guardianes hacia el felino. De inmediato se movieron llegando hasta Rei en sólo segundos, cada uno flanqueando un lado del nekojin. El tigre gruñó de nuevo y una blanquecina luz comenzó a rodearlo, logrando con ello bloquear un poco la presión que ya ejercía contra ellos Brooklyn.

-¿Tala estás bien? –musitó Rei, evaluando al nahual que estaba a su lado. Un corte a primera vista bastante profundo en su antebrazo derecho atrayendo la atención de los dorados ojos.

-Estoy bien –rumió volviéndose al menor- Hay que sacarte de aquí. Ahora. – ordenó tajante Tala tomando de un brazo al nekojin para atraerlo contra sí. Rei se quejó por lo bajo y trató de soltarse. No necesitaba que lo trataran como un inútil. La fuerza del pelirrojo sobre su ya maltratada extremidad sólo se incrementó.

-Adelante, yo los cubro. Falborg. – replicó Bryan sujetando la piedra de su cinto, la que comenzó a parpadear al instante. Un reflejo convexo pronto se distinguía, formando una especie de escudo frente a ellos.

Los azules ojos de Tala evaluaron rápidamente su posición. La única manera de salir era a través del hueco que Drigger había hecho al atravesar la pared exterior de la habitación. Usar esa salida sin embargo, resultaba un poco complicado ya que se encontraban en lo alto de la torre sur.

-Maldición.- chasqueó la lengua en disgusto- Tendremos que saltar.- gruñó el pelirrojo mientras trataba de sujetar al nekojin y levantarlo en brazos. Rei de inmediato manoteó alejando el contacto de sí.

-¿Qué haces? ¡Puedo sostenerme yo solo!-

Una fina y rojiza ceja se alzó ante aquel reclamo. El sencillo gesto retando la veracidad del postulado. El nekojin lo miró con algo parecido al resentimiento en sus ojos. Estaba harto de que se le tratara como una frágil hembra, pero sabía que si bien podía mantenerse en pie, correr aun no era algo que pudiera asegurar. Un detalle necesario para lo que Tala quería hacer.

-Desaparezcan… -

Todo pasó demasiado rápido. La fuerza de aquella energía se concentró frente a Brooklyn y fue expulsada contra ellos a gran velocidad. Drigger rugió y por un leve instante su réplica detuvo el ataque. El instante que Bryan necesitó para girarse, sujetar por la cintura a Rei con un brazo y tomar la muñeca de Tala con el otro corrió con rapidez hacia el orificio de la pared y se lanzó a través de ella.

La explosión que segundos después tuvo lugar destrozó por completo la edificación y parte del ala en donde había estado la torre. Una gruesa cortina de polvo y piedras levantándose enseguida en reacción.

-¡Falborg! –el grito de Bryan llamando a su guardián hizo a Rei abrir los ojos y gritar con fuerza el nombre de Drigger. El tigre se había quedado en aquella habitación ahora inexistente. El pulsante brillo de la piedra que Tala aun llevaba sobre su cinto resplandeció en respuesta, haciendo que el nekojin respirara un poco. Su guardián estaba bien.

Sintió de pronto como caía sobre algo suave y afelpado pero firme. Bryan no le había soltado en ningún momento hasta ahora. Rei se encontró entonces parpadeando ante lo que parecía el lomo de una gran ave. Un halcón, el guardián de Bryan supuso.

Tala le tomó del brazo y le hizo sentarse, siguiendo el mismo la acción un segundo después. Bryan permanecía en pie sobre la majestuosa ave y no parecía necesitar sujetarse de nada para mantenerse en equilibrio sobre su lomo.

-Aquí tienes – la voz del nahual pelirrojo llamó su atención y sus ojos se encontraron con la piedra de su guardián. Tala se la devolvía sabiendo que para que el Tigre pudiera ayudarles de nuevo tenía que estar en contacto con su portador. Rei asintió en agradecimiento y tomó el cinto, amarrándolo enseguida a su cintura.

-¡Sujétense!- gritó Bryan, sorprendiendo a ambos nahuales antes de tumbarse sobre ambos para cubrirlos con su cuerpo. Falborg, se lanzó en picada igualmente y por sólo medio metro logró esquivar otra bala de energía negra. Varias más les siguieron y obligaron al ave a evadirlas en un zigzagueo que dejó a dos de sus ocupantes con una sensación de vértigo embotando sus sentidos.

-¡Tala! –el alto nahual llamó con urgencia y el pelirrojo abrió los ojos, entendiendo de inmediato que su nombre era un llamado de ataque. Se incorporó, clavando una rodilla en el plumífero cuerpo. Su mano buscó al instante la empuñadura de su espada y la levantó alineando la hoja en perpendicular a él.

-Wolborg…- susurró el nombre de su guardián y al instante la hoja de la espada comenzó a brillar con un intenso brillo azul-blanquecino y de la misma se notaba una ligera capa de niebla desprendiéndose.

Con una segura y certera estocada la espada de Tala cortó el aire, enviando en dirección de una bala de energía negra lo que semejaba una hoz de hielo que deshizo en dos la amenazante esfera, congelando cada mitad y haciéndola despedazarse en el aire en miles de fragmentos de hielo.

No pasó un segundo cuando otra gran explosión se dejó oír proviniendo del castillo. Los tres nahuales viraron sus ojos para observar como se derrumbaba otra parte del edificio y de los escombros se observaban columnas de humo elevarse. Rei apretó la mandíbula y sus ojos se abrieron asustados, aquel lugar… a pesar de la distancia a la que estaba pudo identificar aquella área como la zona de 'los comederos'.

Pánico comenzó a fluir por entre sus venas.

Un potente bramido rompió de pronto en el aire y de entre las cortinas de humo emergió una bestia negra dispuesta a acertar un potente zarpazo en el halcón guardián. El ave esquivó escasamente las garras del animal viéndose forzado a retroceder y encontrar soporte en la explanada central de la ciudadela humana.

-¿Qué demonios…? –musitó sorprendido Bryan, pasando una mano por el plumaje del halcón.

-Es Zeus…- musitó Rei con alarma en la voz.

-¡No hay tiempo! ¡Sólo esquívalo!-comandó Tala tomando del brazo a Rei para tirar de él, saltar del lomo de Falborg y buscar un mejor refugio del ataque que se avecinaba de la bestia negra.

El ave se impulsó con un gran salto para emprender vuelo nuevamente, esquivando con dificultad otro zarpazo del animal, quien de inmediato redireccionó su trayectoria para perseguir al halcón e iniciar una escaramuza a muerte.

Tala observó con la mirada fría y la mandíbula tensa. Falborg a penas si podía evitar los ataques de Zeus, el animal no le daba oportunidad de contraatacar y temió que el guardián no sólo no pudiera enfrentarlo sino que terminaría derrotado. Aquella bestia era impresionante, sus ojos proyectaban veneno y toda su presencia destilaba muerte. Fuego negro ardiéndole en el hocico y los chillidos fúricos acompañándolo; hacían a cualquiera erizar la piel de terror.

La lucha entre ambas bestias, las explosiones, los gritos alterados, el llanto histérico y el continuo sonar del choque de espadas aunándose a la escena, haciéndola por demás caótica y desesperante. La esencia misma de una guerra.

Rei se llevó una mano al pecho y formó un fiero puño mientras sus ojos dorados recorrían aquella tétrica representación frente él. Cierto que no era el primer combate en el que luchaba pero ello no hacía este conflicto trivial ni más digerible tampoco. Ver nahuales o humanos caer con horribles muecas de dolor, desangrándose y agonizar lo indecible, sabiendo que se enfrentaban por la insana obsesión que un hombre sádico tenía para con él, le dejaba sin capacidad para respirar y con una incomparable sensación de remordimiento y culpa. Una que sabía jamás podría expiar.

-¡Bryan! –el pavor en el grito de Tala sacó al nekojin de su tormento interno para ser inerme y pávido testigo de como Falborg y su portador caían envueltos en llamas a escasos metros de donde él y el nahual pelirrojo habían encontrado resguardo.

El golpe hueco con el que se estrellaron estremeció todo su cuerpo, congelándolo. Tala sin embargo no dudó un segundo en alcanzar al nahual caído, acunarle ávido entre sus brazos y repetir su nombre llamándole desesperado, tratando de hacerle reaccionar. El dolor y miedo que reflejaba en el gesto el normalmente imperturbable pelirrojo, apretujó con punzante fuerza el corazón del nekojin. En ese instante -al verlos juntos- comprendió y tragando el nudo de su garganta, deseó con toda su alma que el vibrante nahual de ojos cielo, no perdiera también a su pareja.

Movimiento percibido a través del rabillo del ojo hizo que Rei se diera cuenta de que Zeus enfilaba nuevamente contra el caído guardián y los desprotegidos nahuales. El nekojin emitió un enfadado sonido por la garganta y corrió hacia donde estaban los guerreros plantándose frente a ellos con firmeza; sujetó la gema mágica e invocó a su espíritu guardián, concentrando toda su atención y energía en el llamado para traer al tigre en su más imponente forma.

-No dejaré que lastimes a nadie más –sentenció Rei.

Con un cegador destello y un estridente rugido Drigger -de casi el doble del tamaño que generalmente mostraba- se materializó frente a los tres nahuales y el lastimado halcón, cuyo cuerpo se desintegraba en incontables partículas translúcidas que regresaban a la piedra que Bryan portaba en su cinto.

Zeus abrió sus fauces y una gran bola de energía negra se formó en su hocico, hizo un leve movimiento con la cabeza –echándola hacia atrás primero- antes de lanzar la mortífera esfera contra ellos. Drigger respondió de inmediato, se agazapó un instante para luego deslizar el cuerpo hacia el frente, tomando con ello el impulso necesario para la feroz onda de sonido que brotó de su garganta, contraatacando.

Las dos energías colisionaron ensordeciendo a la vez que encandilaron a todos los presentes con la explosión que generaron y la onda de choque lanzo en todas direcciones y cual muñecos de papel a los desprevenidos guerreros tanto humanos como nahual.

-Nnh… ¿por qué tanto ruido?- rezongó apenas audible el nahual pelilla haciendo que Tala, que se había echo un ovillo sobre el inconsciente guardián para protegerlo, se irguiera de inmediato. Sus dilatadas pupilas cielo llenándose de alivio al ver al otro volver a la conciencia. Una semi sonrisa curvando fantasmal sus labios.

-¿Durmiendo en medio de una misión? Inaceptable. -replicó con ironía el otro arrancándole con ello una mueca sórdida al pelilila. Levantó –con esfuerzo- un brazo hasta alcanzar con los nudillos la mejilla del nahual de rojizos cabellos y deslizarlos contra ella en una silente disculpa. La angustia del guardián aunque para cualquier otro invisible, legible completamente en sus pupilas cielo para Bryan.

-Idiota, ten más cuidado… –musitó el pelirrojo realmente bajo, pero antes de que pudiera continuar una escalofriante carcajada llenó el vacío de aquella noche, estremeciendo hasta la medula a los nahuales de fuego. Nunca habían escuchado un sonido tan gutural y maligno.

Rei, sí.

Rechinó los dientes y apretó los puños con fuerza, comandando a Drigger para que estuviera en guardia. Los vellos de su nuca erizándose y su corazón llamando aún a su alpha, deseando que estuviera junto a él.


El fuego en su interior incontenible ya.

En abrasadora combustión, se vio así mismo ser engullido y transformarse en incinerada ceniza.

Libertad.


Brooklyn avanzó con un enervante caminar lento. Uno que hablaba de su sentir de superioridad y excesiva confianza. Aquella negativa aura negra rodeándolo con mayor fuerza, emitiendo intermitentes y visibles descargas de energía. Sus muertos ojos jade sólo reflejaban el vacío de su alma.

Zeus se plantó a su espalda, alzándose sobre sus dos patas traseras, extendiendo las alas y rugiendo feroz al cielo nocturno. El hocico se le llenó de espuma y el constante gruñido ronco y bajo, inequívoca señal de que estaba listo para atacar.

-Bestias inútiles. Me desharé de ustedes de una vez y para siempre, como lo hice con su patético líder. – se burló el humano.

Los rostros de los nahuales de fuego se contrajeron en molestia y llevados por el orgullo, ambos se incorporaron y se prepararon para atacar nuevamente. La espada de Tala se iluminó y Bryan levantó un arco de pulsante energía plateada, con la gema guardián del pelilila empotrada en el centro.

Drigger rugió en advertencia, pero ninguno de los dos jóvenes se inmutó caminando hacia el frente del tigre. Rei les llamó igualmente, él sabía lo que era enfrentarse al humano, y si es que tenían una oportunidad era estando los tres juntos, pero fue ignorado también.

Brooklyn sonrió con sarna lleno de arrogancia y extendió los brazos hacia los lados. Sus ojos burlones.

Los nahuales de fuego no dudaron en aceptar el desafío y en un segundo ambos se lanzaron contra él.

La enorme bestia tras el humano rugió exaltada como si comprendiera que la batalla recién comenzaba. Tomó impulso elevándose en el aire tras un salto batiendo sus negras alas con furia dispuesta a atacar; el feroz aullido de Wolborg se escuchó entonces, la gema en la espada de Tala brilló pulsante y levantó una ráfaga de viento helado que giró alrededor del nahual elevándose luego hacia el cielo, la ráfaga se desvaneció entonces dejando en su lugar la imponente figura del Lobo guardián, que no perdió un segundo en interceptar a la bestia negra, sumergiéndose ambas en una batalla de garras y colmillos.

La espada de Tala chocaba una y otra vez contra Brooklyn golpes que buscaban asestar heridas mortales en el humano; los movimientos del nahual eran excelentes, potentes y agudos, más la oscura energía que rodeaba al regente actuaba como un escudo impenetrable en el que se estrellaba continuamente el filo de la espada y cada vez que lo hacía, chispas de energía saltaban en el punto en que colisionaban. De igual manera terminaban las flechas que Bryan le lanzaba, disgregadas en tres o cuatro listones de energía que rebotaban en todas direcciones hasta desintegrarse ellas y lo que fuera que tocaran al estrellarse.

El alto nahual gruñía frustrado pues no sólo su ataque resultaba inofensivo para el humano, los descontrolados rebotes a veces se interponían en el ataque de Tala o se estrellaban demasiado cerca de donde Rei se encontraba. En su cabeza aun resonaban las palabras de Kai ordenándole cuidar que nada le pasara a su beta, y si lo hubiera hecho, nada de esto estaría sucedido.

-¡Maldita sea…! – gritó exasperado al verse obligado a evadir un rayo de su propia flecha que rebotaba en su dirección.

Brooklyn reía sádico, disfrutando de la creciente frustración en los rostros y ataques de los nahuales. El rostro del pelinaranja sin embargo, mostraba cada vez menos rasgos humanos, se le notaba consumido en la rabia y la demencia, un gesto siniestro que profundizaba un par de ojeras bajo sus ojos vacuos de vida y que a cada segundo se envilecían más.

-¿Lo entienden ahora? ¡Soy invencible! –musitó arrogante, reuniendo en sus manos energía para formar nuevas esferas oscuras, mientras en el cielo Zeus rugía con rabia y sediento de sangre, abalanzándose salvaje contra el Lobo.

-¡Wolborg! – Gritó el pelirrojo llevándose una mano al pecho y resistiendo una fuerte punzada en él, sus ojos dilatados levantándose al cielo y buscando ansioso a su guardián, horrorizándose al verle sometido bajo las garras y colmillos de la bestia del humano. Agonizante y a punto de recibir el golpe final.

Forzándose a ignorar el dolor, el nahual de fuego intentó correr hacia su guardián acercarse lo más posible y preparar su espada para auxiliar al lobo. El brazo de Bryan asiéndole de la cintura le detuvo en seco, su cuerpo chocó contra el pecho del otro por inercia mientras la potente y grave voz del pelilila llamaba a su guardián a la batalla. El grito de Falborg fue inmediato y su figura alzándose hacia el lobo fue momentáneamente un borrón en el aire.

Ambos nahuales se concentraron en sus espíritus guardianes, Zeus resultaba demasiado fuerte aún para dos guardianes juntos. Pero unidos era la única esperanza que tenían.

-¡Cuidado! – Rei corrió, trató de alcanzar a los nahuales y brindarles la protección de su guardián pero sus piernas apenas respondían y Brooklyn ya lanzaba contra ellos sus poderosas esferas. Éstas estallaban con devastadora fuerza empujando al nekojin en dirección contraria a la que se dirigía, envolviendo todo el lugar en una ventisca de polvo, escombros y cegadora luminiscencia.

Durante los segundos en los que volaba sin control por la fuerza de la explosión Rei apretó los ojos con fuerza y deseó desvanecerse.

Deseó alcanzar a Kai.


Un torbellino de fuego azul envolvió la inerte figura, ardiendo abrasadora y elevándose hasta el cielo sin final.

Un par de pupilas de pronto despiertas y fulgurantes como ese majestuoso fuego.

Un chillido estremecedor que retumbó en todo el bosque.

Se levantó. Extendió sus alas. Desapareció entre la negra noche consumido en el ardiente ardor de la flama.


-Aagh…- Rei trató de incorporarse de entre los escombros que habían caído a su alrededor con la explosión. Sus afilados sentidos lo habían echo esquivar la gran mayoría, mientras volaba por el aire con la fuerza del estallido, dejándole sólo con golpes superficiales y mallugaduras en la piel.

Sus ojos de inmediato buscaron a los nahuales, segundos en los que su pecho se contrajo ansioso por encontrarlos entre aquella nube de polvo que aun eclipsaba parcialmente el lugar. Escuchó el rugir de Drigger y su vista giró de inmediato hacia su derecha logrando distinguir entonces a su espíritu guardián apostado frente a Brooklyn mostrando sus colmillos amenazante.

-¡Aah! Maldición… - Gruñó el pelinegro cuando intentó avanzar y su pierna punzó intensamente, acalambrándole toda la extremidad. Una astilla de metal incrustada justo debajo de la rodilla era la causante de aquel paralizante dolor.

-¿Los proteges?- La voz de Brooklyn seca y fría llegó hasta sus oídos. El humano no se movía de su posición frente a su guardián pero su atención estaba fija en el nekojin.

-Te lo dije. No dejaré que lastimes a nadie más – replicó Rei con seguridad en su voz. Ignoró el metal en su pierna y se irguió retador, mostrando por primera vez en mucho tiempo una sonrisa autosuficiente.

Brooklyn también lo hizo, esa mueca sórdida que hacía a sus facciones huecas.

-Protegiste sus cuerpos, pero no fue lo único que ataqué Mi amor…-

-¿De qué…? –Los ojos de Rei se abrieron con horror al ver cómo Zeus se regodeaba maniaco entre la sangre y la piel desgarrada que colgaba de su hocico ensangrentado. Las inertes figuras de los dos guardianes caían entonces del cielo y azotaban con pesadez contra el suelo.

Drigger rugió angustiadamente colérico y Rei pudo ver finalmente a los nahuales. Los dos guerreros permanecían estáticos a la espalda del tigre. Tala mantenía una rodilla clavada en el suelo y su mano derecha arrugaba en un fuerte puño la tela sobre su pecho. Bryan permanecía en pie semiencorvado al lado del pelirrojo, sus hombros caídos y los brazos colgando lánguidos a sus costados. Las armas de cada uno olvidadas en el suelo con las gemas empotradas opacas, sus cabezas gachas ensombrecían los rostros impidiéndole al nekojin poder distinguirlos.

-¿Ta- Tala?...- La voz del pelinegro se escuchó quebrada pero el abrumador silencio que en ese momento reinaba la hizo resonar con fuerza, magnificando el terror que invadía el corazón del nekojin cuando el pelirrojo no se movía ni un solo ápice.

No, ustedes no… por favor…

Respiró profundo haciendo ruido al aspirar, pero no le importó. Tenía que sacar fuerza de aire que llenaba sus pulmones y calmar el tremor que había sacudido su cuerpo al ser conciente de que por él nuevamente se habían sacrificado valiosas vidas y que otra vez… estaba solo.

Apretó los puños con fuerza hasta sentir que sus uñas se enterraban en la piel, tragándose el nudo que apretaba su garganta se irguió y giró sus ojos ámbar, dejando que su abatida mirada descansara en la figura del humano.

-Aun no comprendes lo fuerte que soy, Mi Amor…- musitó enarcando una ceja y haciendo que todo el gesto burlón de su rostro se tornara cínico. Borró el gesto ante el silencio que obtuvo del nekojin. -Mírate y mira a tu alrededor, no hay nada que puedas hacer. –

El aura del nekojin había cambió entonces, a pesar de la postura simple con la que se levantaba frente a Brooklyn y su bestia, el pelinaranja supo que finalmente estaba ante un guerrero dispuesto a ganar la batalla por todos los medios. Esa aura pronto fue fácilmente distinguible, la intensidad con la que fluía del nekojin la volvió visible y comenzaba a rodear su cuerpo. Su energía brillaba en un destello blanquiesmeralda que pronto comenzó a consumir la oscuridad de la caótica ciudadela humana volviéndose la fuente de toda luz.

Rei estiró su brazo con la palma al cielo, sobre ella se formó una luminiscente lanza cuyo final portaba empotrada la gema del nahual y de ella nacía una gran cuchilla encorvada. El pelinegro cerró su mano y la sujetó con firmeza, haciendo con ello que el arma dejara de brillar y se solidificara. Cuando giró la muñeca para bajarla, el arma se levantó en vertical con un fluido movimiento; al tocar el piso éste se hundió, como si la lanza fuera extraordinariamente pesada.

Brooklyn arrugó el ceño.

-¿Intentarás oponerte a mí? –No obtuvo respuesta- Que así sea. – musitó el humano con fatalidad en su voz reuniendo en sus manos nuevas esferas de energía.

Ambos se lanzaron contra el otro en ataque fiero, llenando enseguida el lugar de explosiones, derrumbes y sangre.


Continuará…

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