One-shot: el roce de sus labios.
Advertencias: Ooc.
Pareja: Ryoma y Sakuno (14 años Sakuno. Ryoma 14)
— ¿Una… fiesta de pijamas?
Rinko asintió, sosteniéndole las manos con firmeza. Sus ojos brillaban intensamente mientras su cabeza se movía durante la afirmación y su boca se extendió hasta formar una imposible de negar sonrisa. Nanako también se encontraba en el lugar- la casa de los Echizen-, mientras sostenía una bandeja con la que había servido el té contra sus senos.
De algún modo, aquello había comenzado de la forma más confusa posible. Primero, Rinko la recoge a la salida de las clases, la invitan a comer y cuando padre e hijo están entrenando, le sueltan la invitación. Una noche de fiesta de pijamas, solo para chicas. Pero… ¿Rinko no era ya grandecita para esas cosas? Y Nanako… bueno, Nanako era una universitaria.
—Pero… ¿seguro que estará bien? — cuestionó, dudosa.
—¡Pues claro que estará bien! — Exclamó excitada Rinko—. Es una fiesta entre chicas. Puedes decirle a tu amiga que venga también. ¿Cómo se llamaba?
—Osakada no— gruñó una voz con cansancio desde la puerta.
Ryoma se mostró, sudoroso, descalzo y con su padre siguiéndole los talones que sonreía feliz. Al parecer, había vuelto a aplastar a su hijo con una derrota digna. Su rostro se había agriado.
—Osakada no— repitió, mirándola fijamente.
Sakuno conocía perfectamente la adversidad que sentía Ryoma hacia su mejor amiga. No le gustaban los gritos: Tomoka gritaba. No le gustaba la hiperactividad: Tomoka era hiperactiva. Y eso que los polos opuestos se atraen…
—No seas mal educado, Ryoma— regañó Rinko—. Debes de aceptar las amistades de Sakuno igual que ella acepta las tuyas. No debes de excluir a nadie. Todavía más si son importantes para ella, ¿estamos?
Ryoma bostezó como respuesta, dirigiéndose hacia el baño. Nanjiro se unió a ellas rápidamente, queriendo saber qué tramaban y aunque su esposa se lo puso difícil, terminó por comprendiendo todo e interpretándolo a su modo.
—Oh, oh, pervertidas en potencia— anunció—. Seguro que os ponéis a ver videos porno de tíos desnudos y cosas similares mientras tu pobre marido está en la habitación de al lado, esperándote con la bata abierta para que te sientes sobre su bien formado y ten…
—¡Stop! — Exclamó Rinko a tiempo—. Primero, es normal que si es porno estén desnudos los hombres y segundo: Somos chicas, no tíos babosos en plena adolescencia que prefieren ver chicas desnudas que culturizarse con la amistad.
Nanjiro parpadeó, confuso.
—¿Desde cuándo una nuera y una suegra se llevan bien?
—Desde que mi nuera es Sakuno— presionó Rinko—. Ahora, déjanos idear esto, por favor. Cosas de chicas.
Sakuno estaba perdida y agradeció cuando Ryoma se asomó a través de la esquina de la entrada y le hizo señas para que se acercara, tirando de ella escaleras arriba.
Sí, Rinko era su suegra. Y el muchacho que tiraba de ella era la causa. No sabía muy bien en qué momento había comenzado, pero repentinamente Ryoma comenzó a interesarse un poco más en besarla, abrazarla, tomarla de la mano disimuladamente y hasta quedarse mirando fijamente sus senos sin venir a cuento para girar la cabeza después y fingir que nada era verdad. Pero aquello la hacía feliz porque se sentía importante para él.
—¿Qué sucede, Ryoma-kun? — Preguntó, una vez entró en su habitación.
Siempre desordenada y con pelotas de tenis expandidas por todos lados. Sakuno solía recogérsela de vez en cuando, pero jamás se acercaba a la cama, aunque él estuviera extendido sobre ella y la mirara en cada movimiento. La cama de Ryoma era tabú. Ella misma se había autoimpuesto no acercarse. Porque era un peligro. Ni siquiera las veces que podría haberse quedado a dormir se acercó a ella, excusándose y obligando al chico a acompañarla a su casa con su padre.
—Osakada no— susurró, escondiendo sus ojos entre sus flequillos. Demonios, adoraba cuando hacia eso.
Llevó una mano hasta su mentón, levantándoselo y asintió.
—Además, estoy tan sorprendida con esto que… me gustaría atesorarlo— confesó.
Ryoma chasqueó la lengua, empujándola contra sí y echándose hacia atrás. La pared evitó que cayeran al suelo y quedó entre las piernas estiradas del joven. Olía maravillosamente bien. No sabía qué demonios pasaba con ella que aunque Ryoma acabara de correr la mayor maratón del mundo, siempre olía bien. Y besaba tan bien como olía.
Nanako carraspeó desde la escalera, sonriéndoles.
—Dejad eso para un poco más tarde, por favor— rogó— o al menos, hacerlo en el cuarto— recomendó.
Ryoma maldijo entre dientes, pero no la forzó a seguirle, metiéndose dentro de su dormitorio. Nanako sonrió nuevamente, acercándose a ella.
—Rinko ya ha preparado todo. Parece que se va a celebrar esta noche, así que sería buena idea que avisaras a tu abuela para que no se preocupe.
Afirmó con la cabeza y buscó entre sus ropas el móvil. Nada más abrir la pantalla aparecía una fotografía de Ryoma extendido sobre uno de los campos de hierbas cercanos a Seigaku, con la gorra cubriéndole parte del rostro, dormitando. Siempre había querido estirarse ahí con él, descansar a su lado y ver qué se sentía, pero era demasiado. No obstante, nunca lo había intentado. Dormir junto a Ryoma parecía ser un presagio de pesadillas especialmente, si era de noche.
Tal y como Nanako había confirmado, Rinko había hecho los preparativos. Sacó tres futones y los extendió sobre el tatami de la sala del televisor, expulsando a su marido y colocando un cartel de "prohibida toda cosa que sea del género masculino si no quiere perder lo que lo cataloga como tal". Era un aviso amable, ¿verdad? Porque hasta Karupin huyó cuando la mujer le dedico una mirada y le sonrió.
Cargó videos de películas románticas, de esas que te hacen llorar como Titánic, P.D: Te quiero y alguna que otra más ñoña de esas que te hacían recurrir al paquete de clínex e inundar la habitación de mocos y lágrimas. También había kilos de comida con calorías extras para rematar la noche y bebidas refrescantes. Juegos y chocolate.
Rinko estaba emocionada y Nanako sonreía. Lo único que le dio a tiempo a hacer hacia Ryoma fue despedirse con un simple movimiento de su mano, anunciándole su retirada. Éste bostezó y asintió, restándole importancia.
La noche fue divertida, no pudo negarlo. Nunca hubiera pensado que estar con la prima y madre de tu novio fuera divertido y mucho menos, que una noche de chicas resulte tan impresionantemente divertida. No era de extrañar que terminara agotada, quedándose dormida casi en la mitad de la última película que lograría ver más o menos. Quizás fue el llanto.
Cuando despertó, su reloj digital marcaban las cuatro y media de la mañana. Rinko dormía en un rincón de la habitación, abrazada al cojín como si fuera un amante quien dormía junto a ella. Nanako era más pulcra y parecía haber sido quien recogió parte de la habitación.
Abrió la puerta silenciosa y salió en busca del baño.
Cuando regresó las luces de la calle que había utilizado para guiarse habían sido apagadas y no tenía ni idea de la estructura de la casa como para poder encontrar un simple interruptor. Giró sobre sus pasos, creyendo que era el camino indicado hasta que su pierna tropezó con algo. El ruido fue menos que el dolor que sintió cuando se tocó el lugar. Levantó la pierna, apoyando el pie sobre ello y empezó a subir. ¿Había escaleras mientras había ido al baño? No lo recordaba y la verdad, tenía demasiado sueño como para pensar en ello.
Quería encontrar la cama rápido y volver a meterse, aunque la oscuridad comenzó a darle miedo. Cubrirse con el cobertor sería lo mejor, así se protegería.
Continuó subiendo y tanteó la pared de la izquierda, buscando una puerta o algo que la llevara hasta el lugar. Estaba segura de que era la izquierda donde debía de entrar. Empujó la puerta que encontró y se adentró. Alguna de las latas rodó por el suelo, haciéndola tropezar, caer de rodillas y protestar nuevamente. A ese paso iba a terminar más lastimada que si hubiera caído por un camino de piedras.
La luz se encendió, encontrándose con una mirada dorada, completamente cubierta de sueño. Ryoma. El chico parpadeó, bostezó, estiró una mano hacia ella y tiró con fuerza. Antes de que pudiera si quiera protestar se encontraba tumbada a su lado.
—¿Ryoma-kun? — Farfulló. Él la silenció.
Sus labios suavemente posados sobre los suyos, tirando de las ropas y cubriéndolos a ambos con la sábana. Fue consciente entonces de todo.
Los nervios le cosquilleaban la garganta y la oscuridad… oh, ahora no le parecía tan mala. Estar entre sus brazos, cubierta por tanto olor a él, como si sus brazos la envolvieran mucho más allá del simple efecto físico. Una tranquilidad que en algún momento de la noche, hizo que su mente dejara de funcionar y a salvo, sus sentidos se derritieron hasta transformarse en un tupido velo de sueño.
Casa Echizen.
8:30 de la mañana.
Dormitorio de Ryoma Echizen, hijo menor. Despertándose con fuertes sacudidas contra sí gracias a una raqueta en manos de su progenitora.
Descubrimiento por parte del hijo: No dejar jamás raquetas a manos de su madre. Las puede usar como armas.
—¡Ryoma! ¡Ryoma! ¡Dios mío! ¡No encuentro a Sakuno por ningún lado! ¡A mi sí que se me va a caer lo que no me cuelga! ¡Despierta, vago!
Sakuno se removió bajo las sábanas, encontrándose con la mirada ambarina, confusa y claramente desconcertada, no solo por los golpes que su madre parecía estar dándoles si no… ¿Qué demonios hacía su novia dentro de su cama?
Ambos dieron un salto hacia atrás. Rinko se cayó al suelo al verla antes de abalanzarse y abrazarla. Ryoma tenía interrogantes a su alrededor y buscaba furtivamente restos de algo por la cama. Sakuno era un tomate al completo y no recordaba qué hacía en la cama de su novio. La primera vez que dormía con él y era… un desastre al despertarse.
No. Realmente acercarse a la cama de su novio no era un buen presagio. Sus sentimientos eran ciertos: Era muy problemático.
n/a
Bien, aquí uno más de este fic. ¿Eran lo que esperaban de la vez anterior?
Para ir calentando motores, les dejo como siempre ese pequeño avance.
No era normal para él estar nervioso. Él era Ryoma Echizen. Debería de llevar eso en los genes y ser algo normal. Entonces, ¿por qué cojones estaba tan nervioso? Solo era Sakuno Ryuzaki…
¡Nos vemos! ¡Cuídense mucho mientras no estoy por aquí!
