Muuuy buenas, ¡nos vemos otro Viernes! Esta vez toca Amazonas uwu Buenobueno esta semana tocaba Jerza. Yo lo sabía, vosotros lo intuíais, Erza lo estaba esperando y Jellal lo deseaba JAJAJAJAJA Vale. Me relajo.
Muchas gracias a Nat por corregir los capítulos con su infinita paciencia *^*
Fairy Tail ni sus personajes me pertenecen, son de Mashima. T-T
Capítulo 9 - Intensa
El rumor se extendió como la pólvora y poco tardaron las multitudes en rodear a la Reina amazona que no se encontraba precisamente en su mejor estado.
-Tenemos que irnos de aquí.- dijo Lucy antes de empujar a otro hombre que extendía su brazo para poder alcanzar a la pelirroja, en el centro de un círculo.
Erza, por su parte, miraba confusa a su alrededor, como ausente. Mareada. Quería volver a sentarse.
Habían sido solo unos segundos y ahora mirara a donde mirase solo encontraba rostros de desconocidos, desfigurados, con sonrisas bobaliconas. Sentía que su cabeza funcionaba a cámara lenta y todo a su alrededor comenzaba a girar estrepitosamente, junto a las figuras que la tocaban, empujaban y arrastraban.
-Vámonos de aquí, a mi habitación mismo, podremos despistar a la gente por el camino.- le dijo Gray a Lucy.
-¡Rival de amor!-se oyó decir de fondo.
Mirajane, quien se había levantado de la barra para poder defender a su hermana, logró enterarse del plan. Comenzaba a sentirse un poco culpable ya que ahí estaba su hermana, enfrentándose a sus miedos, totalmente indefensa. Y por su culpa.
-No vamos a ir a tu habitación, podemos despistarlos e irnos. No hace falta quedarnos allí.-añadió Lucy con la intención de acabar con aquella situación de inmediato.
-¿Vas a vagar por ahí con tu hermana en este estado y teniendo toda esta multitud detrás?- preguntó Gray con el entrecejo fruncido.
Lucy se quedó callada pensativa.
-Iremos a su habitación.- añadió Mirajane.
-Pero, ¿cómo van a salir de aquí?- inquirió Juvia quien ignoró a hombre que estaba en frente de ella, diciendo cosas no muy educadas.
-Se ve que necesitáis la ayuda de un hombre.- comentó Laxus, mientras de un empujón se llevaba a cuatro hombres por delante.
Mirajane entrecerró los ojos. "Y pensar que horas atrás había conseguido atisbar un rastro de bondad. Pero aquí vuelven sus comentarios machistas", pensó Mirajane antes de resoplar.
-Puedo hacerme cargo yo solita.
-Lo dudo, aquí se necesitan hombres que sean capaces de controlar este tipo de situaciones. ¿Acaso alguna vez te has enfrentado a una muchedumbre de borrachos?
Gray se agachó para recoger a Natsu del suelo, pues estaba siendo pisoteado por la gente.
-No, pero me he enfrentado a hombres tan gilipollas como tú. Y victoriosa…
-Juvia,- Erza, mientras ambos peleaban, posó una mano sobre su hermana.- No me encuentro muy bien, creo que voy a vomitar.
-No serían como yo, preciosa. Créeme que a mí no me podría una mujer.-le respondía Laxus a Mirajane.
-¡Erza tiene que apuntar allí!- dijo Juvia mientras la sacaba del círculo para ponerla de manera que su vómito acabase encima de los acosadores.
-¿Cómo estás tan seguro!- preguntó la albina exasperada.
-Natsu, reacciona.- decía Gray mientras golpeaba a Natsu para despertarlo.- Tenemos que salir de aquí y buscar a Jellal.
Lucy por su parte, miraba confundida los distintos tres escenarios que estaban sucediendo a su alrededor. Era tal la confusión que no advirtió lo mucho que Juvia exponía a Erza, hasta entonces rodeada por los guerreros y amazonas. Tampoco se imaginó que esto ocasionaría que un hombre agarrara con éxito a la amazona y la metiera entre la masa de gente.
-¡Mirajane!- exclamó Lucy antes de ir tras su hermana.
Juvia y Mirajane siguirieron sus pasos sin más tardanza. Laxus, se puso en el hombro al inconsciente Natsu para poder así seguirlas junto con Gray. Lucy atizaba y empujaba aleatoriamente a la gente en busca de algún rastro escarlata. Entonces escuchó golpes y quejas.
-¡Alejaos si no queréis acabar igual!- exclamó un barítono.
Lucy consiguió, con esfuerzo, hacerse paso entre la gente. Y así pudo ver la escena en primera fila. Cierto peliazulado desconocido para Lucy, pero conocido por todos los demás, se encontraba mirando amenazadoramente a su alrededor. A sus pies, el cuerpo de un hombre que se taponaba una nariz rota de la que no paraba de brotar sangre.
Se escuchaban protestas y amenazas, pero eso no importó mucho al peliazul ni a Lucy cuando vio la figura de su hermana tras él.
-¡Que susto!- exclamó Mirajane antes de abrazar a la pelirroja.
-Te dije que se necesitaba la figura de un hombre.- añadió Laxus malhumorado antes de dar dos palmadas en la espalda de Jellal. La albina fulminó con la mirada al rubio.
-Te estas ganando una de sus llaves demoníacas.- advirtió Lucy.
-Escúchame, Juvia.- dijo Erza de nuevo, esta vez agarrando a Mirajane.
-Soy Mira…
-Vámonos a casa, llévame a Polucvdslkfnvka.
-No puedes pronunciarlo.- Mirajane no pudo evitar reírse.
-¡Juvia se siente culpable!-gimoteó la peliazul antes de unirse al abrazo.
-Un gran don conlleva una gran responsabilidad Juvia.- le comentó Mirajane intentando animarla.
-¿Qué le pasa?- preguntó Jellal ignorando la parodia entre hermanas.
-Bebió demasiado.- le informó Gray.
-Hicieron que bebiera demasiado.- corrigió Lucy.
El peliazul agarró con ambas manos los hombros de la amazona para observarla, una vez que fue liberada del abrazo de sus hermanas. Era ella. La misma chica del encuentro en aquel callejón. Y se culpó por no haberse dado cuenta antes de quien era en realidad, si se fijaba con atención en ella no solo encontraba una piel suave y delicada, sus facciones denotaban fuerza. Sus ojos eran cálidos pero mostraban fiereza. Su piel era blanca y suave, pero también firme y tersa, fuerte. Y su pelo. Si por un momento pensó que algo de lo mencionado anteriormente le había llegado a enamorar, estuvo equivocado pues cuando verdaderamente comprendió lo bella que era fue cuando vio la capucha resbalar por su cabellera. Exponiendo así su cabello escarlata, tan salvaje y atrayente.
-Está bien, llevémosla a mi cuarto.- añadió Jellal incómodo por el hecho de que todos le hubieran visto observar tan intensamente a Erza.
-Se dijo el cuarto de Gray-sama –dijo Juvia mientras agarraba el brazo de Gray. Este dio un salto del susto que le dio aquel abrazo tan espontáneo.
-Va a ser mi cuarto.
-¡Va a ser su cuarto!- añadió Mirajane quien miraba con desaprobación a Gray.
-Bien, pues movámonos antes de que te pierdan el respeto y tengamos a la multitud de nuevo encima, Jelly.- dijo Laxus para después dar una palmada en la espalda del cuerpo que aún colgaba a su hombro.
-Si me dices Jelly en público, lo perderé fácilmente suspiró el aludido. Pasó un brazo por la cintura de la escarlata y la elevó.
-¡Espera!- gritó la escarlata al sentir aquel movimiento tan inesperado. Jellal la dejó en el suelo precipitadamente, mirando a la amazona preocupado.
-No pasa nada Erza, solo te ha…- comenzó a decir Mirajane, pero se interrumpió, anticipándose a lo que iba a pasar.
La pelirroja vomitó. Y todo encima de Jellal. Los demás intentaron contener la risa. El guerrero, quien se apartó al momento, la rodeó para sostenerle frente y ayudarla.
-Al menos has conseguido que todos los que aún merodeaban la zona se alejasen.- comentó Lucy cuando Erza hubo acabado de vaciar su estómago.
-Ya que dejó de vomitar, vamos. Creo que tengo un remedio perfecto para esto.- comentó Laxus mientras comenzaba a andar de nuevo. Luego paró y miró a Jellal.- Y además, alguien debería darse un baño.
Este solo suspiró y volvió a coger en brazos a Erza, esta vez sin ninguna sorpresa. Mirajane por su parte, se adelantó para poder de nuevo discutir con el rubio.
-¿En serio la has vuelto a coger? –preguntó Lucy. Erza había apoyado la cabeza en el hombro del peliazul y cerrado los ojos. Le dolía la garganta y la cabeza después del esfuerzo; y ni siquiera se daba cuenta de quien la llevaba en brazos.- Te gusta el riesgo.
-Da igual, solo es vómito.- Jellal se encogió de hombros.- Cuando mi hermana era pequeña solía vomitar mucho.
-¿Tienes una hermana pequeña? ¿Cómo se llama?
Jellal tensó la mandíbula. Wendy. Esa era la razón por la que debía traicionar a aquellas mujeres. Y se lo estaban poniendo muy difícil. No habían resultado ser las mujeres frías y agresivas que pensó que iba a encontrar. En realidad, se había llegado a enamorar a primera vista de una. Sin embargo, Wendy lo necesitaba. Si él conseguía el poder que le había sido prometido, podría recuperar la libertad de su hermana. Su tan inocente y pequeña hermana.
-Wendy
-Un nombre muy bonito.- comentó Lucy sonriente.
-Lo es.
Esta se desplazó al lado de su hermana Juvia para poder así darle un respiro al peliazabache. Mirajane, aunque continuaba al lado del rubio, había dejado de discutir para sumirse en el silencio. La albina se encontraba inmersa en sus pensamientos. A ella le parecía demasiado raro que justo los cuatro coincidieran con todas sus hermanas. Y sus ojos no podían evitar pasearse hacia el peliazul que aún llevaba en brazos a Erza. La cual había escuchado más de una vez quejarse.
-Avísame si te vuelves a encontrar mal- le había dicho el peliazul.
-Bájame.- le había respondido.
-Avísame.- repitió él. Luego la peliescarlata comenzó a reírse. El estómago de Jellal se encogió al escuchar la risa más melodiosa que jamás había oído. No pudo evitar contagiarse de ella, aún sin saber la razón que la había provocado.- ¿Qué pasa?
-Lo siento, es que tu tatuaje se mueve.- llevó una mano hacia él para acariciarlo.
Jellal la miró fijamente. Pasó por alto el comentario tan estúpido que acababa de hacer solo por el hecho de que este le había permitido sentir una caricia de ella. Una sonrisa se le escapó.
-No se está quieto, creo que deberías hacer que te lo miren.- le dijo mientras dejaba de tocarlo.
Al final, consiguieron esquivar a la muchedumbre, callejeando. Y llegaron a la taberna.
-Juvia, Lucy- las llamó Mirajane antes de entrar.- Quiero que os vayáis a casa.
Ambas estuvieron a punto de protestar, pero la albina les echó una mirada severa que las hizo asentir. Satisfecha de su disciplina, se giró para reunirse de nuevo con el grupo de guerreros.
-Se van.- les dijo en cuanto vio que miraban como sus hermanas se marchaban.
Todos asintieron y Laxus se alegró de que Natsu continuara inconsciente. "Él seguro que habría corrido tras ella. No traería más que problemas.", pensó mientras recordaba la conducta despreocupada del pelirrosa.
-Llévate a Natsu a tu habitación.- dijo Laxus mientras le pasaba el cuerpo inconsciente a Gray. Al entrar en la posada se asombraron de lo solitaria que se encontraba para ser aquellas horas. Sin embargo, no se detuvieron y prosiguieron su camino a pesar de las miradas que los pocos asistentes le echaron. Jellal, con su capa, cubrió a Erza para que no la reconocieran.- Iré a mi habitación a por el remedio. Vosotros id yendo a la habitación de Jellal.
Todos partieron hacia sus diferentes destinos, Mirajane siguiendo de cerca a Jellal. Tras entrar a su habitación, la amazona se inquietó por el orden que lucía esta. Parecía como si nadie habitase en ella. El peliazul dejó a la pelirroja en su cama con cuidado.
-Puedes sentarte.- le dijo con educación. Mirajane miró con cautela al guerrero para luego asentir.
-Lo haré, pero al lado de mi hermana.- se sentó en la cama, cerca de ella, que mantenía la mirada fija en el techo.
El peliazul, por su parte, cogió una silla y se sentó al pie de la cama.
-Erza, te sienta fatal la bebida.- le dijo quejumbrosa.
-Ya estoy mejor…- le contestó con voz ronca.
-Claro que debes de estar mejor, si has vomitado todo lo que llevabas en el cuerpo…- le contestó con una sonrisa cariñosa.-Seguro que mañana no te acuerdas… Y espero que no lo hagas, porque si no me vas a matar.
El rubio entró en la habitación con una botellita verde, y cerró la puerta tras él.
-Le dije a Gray que se quedara con Natsu para cuando despertase…-le dijo a Jellal mientras se encaminaba a las amazonas y le tendía la botella a la albina.- Es esto.
-¿Qué es eso?- preguntó mientras examinaba la botella con precaución.
-Sirve para que mañana no esté para el arrastre. Es un remedio casero.
Mirajane le miró desconfiada.
-Pruébalo tú.- le mandó.
-¿Qué! No, qué asco, sabe fatal.- puso un mohín que hizo que pareciese un niño. Mirajane negó varias veces y volvió a ofrecerle la botellita.- Mira, ese líquido es una de las razones por las que dejé de emborracharme.
-¡Que lo pruebes!- le ordenó Mirajane con una aura oscura a su alrededor.
-¿Lo pruebo yo?- preguntó Jellal, temeroso de la amazona.
-He dicho que lo va a probar Laxus, y lo va a probar él.- rechinó la albina con furia.
El rubio suspiró y agarró la botellita, mascullando más de una maldición. Dio un sorbo para luego poner la máxima expresión de asco.
-Maldita sea, que asco.-dijo mientras corría hacia el baño para lavarse la boca.
-Puedes ver que no está envenenado.- comentó Jellal a la amazona que permanecía atenta a las acciones del rubio en el baño.- Quizá sería buena idea poner un cubo al lado, suele dar náuseas. Te limpia el estómago.
-Pero si ya ha echado mucho…
-Lo sé, créeme que lo sé.- respondió el peliazul.- Pero no quiero arriesgarme.
-Haz caso a Jellal, que ya se ha bañado lo suficiente en vómito por hoy.- añadió el rubio mientras salía del baño para reunirse de nuevo con el resto.
-A ver, Erza.- dijo la albina, ignorando a los dos hombres.- Bébete esto.
-Yo no bebo más de lo que tú me des, Mirajane.- dijo con cara de asco, mientras empujaba el frasquito.
-Creo que está retomando la consciencia…-suspiró la amazona.- No me hagas usar la fuerza.
-No te atreve…- le metió el frasco en la boca y lo inclinó, haciendo que bebiese hasta la última gota.
La pelirroja tosió y gimió.
-Puede que le dé un poco de sueño.- dijo el rubio mientras se apoyaba en la pared, cerca de donde Jellal continuaba sentado.- Podríamos dejarla dormir un rato, antes de que os marchéis. –Vio la mueca de disgusto de la albina.- No puedes corretear por las calles con una muchedumbre de hombres borrachos que están dispuestos a violar a tu hermana estando esta medio dormida.
Mirajane suspiró cansada.
-Vale, podéis iros.
-No te vamos a dejar aquí con todas las pertenencias de Jellal. Tú te vienes a mi habitación.- Mirajane levantó una ceja tras el giro de la situación.
-No voy a dejar a mi hermana sola. Y menos con una panda de pervertidos buscándola para violarla, como tú bien has dicho.
-Mira, Jellal se va a ir al baño a ducharse. Tú y yo a otra habitación. Esto se cierra con llave y te aseguro que nos enteraremos cuando despierte.
Mirajane pensó durante un rato el plan. Era cierto que en cuanto su hermana despertase en un escenario completamente distinto y sin tener muy claro lo que hizo para llegar ahí, iba a montar en cólera. Y aunque el hecho de dejarla sola no le agradaba, tenía cierta curiosidad por ir a la habitación del rubio a inspeccionar y averiguar algo sobre los guerreros que tanto estaban acosando a ella y a sus hermanas. Podría conocer nuevos datos.
Pero había algo que no le cuadraba.
-¿Y Jellal que hará cuando acabe de ducharse en los baños públicos del hostal?
-Se irá a la habitación de Gray.-paseó su mirada al peliazul.- Tendrás que controlar a esos dos.
Jellal solo asintió.
Mirajane tuvo que pensárselo varios segundos más antes de asentir también.
-Pero quiero la llave de esta habitación, para que nadie entre.- dijo Mirajane.
Tras salir y cerrar la puerta con llave, se la dieron a la amazona que no dudó en guardársela en el escote. Jellal se dispuso a marcharse no sin antes acercarse a su compañero y susurrarle:
-Es la primera vez que te veo involucrarte tanto en una misión.
Acto seguido desapareció por las escaleras en busca de los baños comunes que había en la planta baja.
-~.~-
-No se darán cuenta.- le volvió a repetir Juvia mientras arrastraba a su hermana hacia la posada.-Estarán en la planta de arriba.
-Pero, ¿por qué tanta insistencia?- gimoteó Lucy ante la mala costumbre que tenía la gente por arrastrarla hacia lugares.
-Juvia tiene que investigar.
-Pero, ¿y si Mirajane se entera?-un escalofrío recorrió a ambas al pensar en un posible castigo de la albina.
-Ha pasado más de una hora desde que entraron, seguro que van a pasar la noche allí. Lucy no tiene que preocuparse.- dijo Juvia mientras arrastraba a la rubia dentro de la taberna.
Para la sorpresa de ambas, la taberna se encontraba asolada, con unos 3 hombres bebiéndose en una esquina del local. Había una muchacha en la barra gritando varias cosas inentendibles y un hombre con varias canas en la barra, asintiendo a los gritos de la muchacha.
Juvia no lo dudó y se sentó en la barra. El hombre dejó la jarra que se encontraba limpiando y acudió a las amazonas.
-¿Desean algo?
-Información.- dijo Juvia decidida, intentando imitar la decisión de su amiga Ultear.
-Me parece que se ha equivocado, esto es una taberna.- le respondió con una ceja levantada.
-Juvia necesita tener respuesta a varias preguntas.-insistió.
Un hombre salió del local carraspeando varias cosas.
-Y yo también tengo varias preguntas sin responder.- dijo mientras seguía con la mirada a otro hombre que le prometió que volvería antes de salir de la taberna.- Así que porque no os sentáis y os tomáis algo, invita la casa.
Juvia se sintió cohibida por no haber conseguido nada, desde luego no tenía tanta habilidad como Ultear. Pero Lucy, quien vio a su hermana deprimirse, suspiró. Entendía el modo de pensar del hombre.
-Espera.- le dijo al hombre que tras dejarle las jarras se iba de vuelta a hacer compañía a la muchacha joven.- No te conviene que nos vayamos, esto está vacío porque ha corrido el rumor que la Reina amazonas anda por la ciudad con sus hermanas. Ahora que saben que estamos aquí, vendrán todos en manada, llenándote la caja de dinero por consumiciones.- el hombre se paró y miró intensamente a la amazona.- Si quieres que nos quedemos, tendrás que responder las preguntas.
El hombre se quejó penumbroso y se arrimó a las mujeres.
-¿Qué queréis saber?- preguntó a la rubia.
-Juvia quiere que le diga todo lo que sabe sobre un símbolo.-le dijo, haciendo que desviara su mirada hacia ella. Sin embargo, no se atrevía a sacar el objeto en público. No cuando podían aparecer en cualquier momento.- ¿Tendría algo donde pintarlo?
Asintió con un gruñido y volvió con un trozo de carbón.
-Puedes pintar en una servilleta.- le dijo mientras se lo ofrecía.
Con toda la delicadeza que el trozo de carbón le permitía, Juvia dibujó el símbolo que había visto en el cuarto de Gray y se la ofreció al hombre. Este la inspeccionó con detenimiento. Lucy miró extrañada el dibujo, "¿Dónde vio eso mi hermana?", se preguntaba. Pero aunque la mirara llena de dudas, esta ni si quiera le devolvía las miradas, pendiente del posadero
-Si ellas están aquí y se vio a la albina entrar a los dormitorios, la Reina tardará poco en aparecer.- dijo un hombre que entró acompañado de ocho más. Le hicieron varias señas al dueño para que les sirviera.
-Cana, cielo, atiende a los clientes.- le dijo a la muchacha, que solo asintió y se dispuso a trabajar. Luego, volvió la mirada a Juvia.- Tienes suerte, cuando era joven fui un trotamundos. Recorría tierras desconocidas, dejando corazones rotos en mi camino. –Sonrió nostálgico.- Gracias a ello reconozco cada uno de los símbolos de nobleza que pertenecen a cada lugar- le devolvió la servilleta a la peliazul.- Estos símbolos suelen ser entregados a nobles muy cercanos al Rey o a guerreros que son reconocidos por aportar un gran honor al sitio… En este caso, se trata de Argos.
-¿Qué sabes sobre Argos?- preguntó Juvia satisfecha, "al menos conoce de lo que esta hablando", se dijo, pues había acertado el lugar de procedencia de Gray.
-Argos es una ciudad que adora a la diosa Hera, está gobernada actualmente por Hades, quien tiene una hija soltera.-miró de reojo a las muchachas- Es una ciudad conocida por sus guerreros, han conseguido muchas victorias… Entre ellas la de Esparta.
-¿Y habría alguna razón por la que Argos mantuviera alguna tensión con las amazonas?- preguntó Juvia más fuerte, pues la gente comenzaba a entrar a borbotones y producía mucho ruido.
-Pues que yo sepa, no hay razón alguna…
-¡Gildarts!-lo llamó la muchacha.- ¡Estoy hasta arriba! ¡Ayúdame!
-He de irme, el amor de mi vida me llama.- dijo sonriente.
-¿El amor de tu vida? –Preguntó sorprendida Lucy- ¿No es un poco mayor para ella?
-Es mi hija.- respondió con una mueca de disgusto antes de desaparecer para socorrerla.
-Juvia, explícame lo que…
-Buenas noches.- un hombre se interpuso entre las hermanas, sonriéndoles.- ¿Qué hacen dos chicas como vosotras solas?
-Esto…-comenzó a decir Juvia, pero un ruido de la planta de arriba, sorprendió a todo el personal que acalló al momento.
Era como un mueble cayendo al suelo. Lucy, alarmada, se levantó del taburete y corrió escaleras arriba.
-¡No seáis cotillas! ¡Ronda de cervezas para todos! ¡Invita la casa!- gritó la castaña, haciendo que todo el local se estremeciera de júbilo. Haciendo así que se disimulara todos los posibles ruidos de la planta superior.
"Es una chica que sabe ganarse al personal", pensó Juvia antes de seguir a su hermana. El hombre que antes las había saludado, se encogió de hombros y serpenteando, volvió a la mesa que ocupaba con su grupo de amigos.
Tras subir las escaleras se quedaron quietas.
-¿Qué habitación es la de Jellal?- preguntó Lucy que correteaba alrededor de las puertas.
-Juvia no te recomienda que hagas eso.- le dijo recordando su anterior encuentro.- Juvia sabe cuál es la habitación de Gray-sama.
-¿Cuál? Podemos intentar encontrar a alguien, al menos.- dijo Lucy, volviéndose a su hermana. Esta corrió hacia la puerta de la habitación del peliazabache y la aporreó.
-¡Gray-sama! ¡Gray-sama!- le comenzó a llamar repetidas veces. Hasta que por fin, el guerrero le abrió la puerta, desnudo.
-¿Qué pasa?- preguntó mientras se revolvía el pelo.
Ambas amazonas se quedaron quietas, aun asimilando la escena.
-¡Gray, estas desnudo!- le gritó el pelirrosa desde dentro, tirándole una toalla para que tapase sus partes íntimas.
-¿Es esto lo que pasa cuando dos hombres se aman?- pregunto Juvia aún con la mirada puesta en lo que ahora estaba cubierto.
-Juvia deja de imaginar cosas que no son.- respondió Lucy mientras miraba al fondo del pasillo, para no tener que cruzar miradas con el peliazabache. "Nunca podré volver a mirarlo igual", pensó Lucy. Y con la mirada puesta en ese pasillo vio como una albina aparecía por la puerta del final, acompañada por un rubio.
-¿Lucy! ¿Juvia! ¿Qué hacéis aquí!- preguntaba mientras se colocaba la capa. Tenía todo el pelo revuelto y se mostraba un poco sonrojada.
-Mira, tienes un botón desabrochado.- le dijo Lucy mientras se fijaba en su blusa. Esta asintió y se lo abrochó. "No solo nosotras tendremos que dar explicaciones, al parecer", pensó Lucy mientras se fijaba en que la camisa del rubio también estaba descolocada.
-¿Me vais a responder!- preguntó cuándo ya estuvo lo suficiente cerca.
-Es que Juvia y Lucy escucharon ruidos.- respondió Juvia aun con la mirada puesta en Gray.
-¿No erais vosotros?- preguntó Laxus, uniéndose a la conversación.
-No…- respondió Lucy aun mirando de arriba abajo a su hermana.
-Entonces…
-¿Volvió Jellal?- preguntó Mirajane, asomándose a un semidesnudo Gray. Este negó, para luego asentir.
-Se le olvidó la ropa. Tuvo que entrar a su cuarto.
-¿Qué!- exclamó Mirajane.-¿Ha entrado desnudo en su cuarto con Erza! ¡Rezad a vuestros dioses para que no esté muerto!
-~.~-
Minutos antes, cierto peliazul llamaba a la puerta de Gray.
-¿Qué pasa?- le pregunto este en cuanto lo vio mojado y con una toalla anudada a su cadera.
-No tengo llaves de mi cuarto y tengo ahí mi ropa. Con las prisas por salir, se me olvidó…- dijo Jellal, luego se detuvo, al ver a su amigo desnudo.- Deberías vestirte, ¿Qué pasaría si un desconocido llamara a tu puerta y te viera así? Podrían mal pensar.
-Habló el que está completamente cubierto.
-Lo mío está justificado.
-¡Hola Jellal!- gritó un pelirrosado desde la cama. Jellal entró en la habitación para responder el saludo al guerrero que se encontraba en la cama, con una bolsa de agua fría en su cabeza.- ¿Qué clase de monstruo me hizo esto? Nunca me había sentido tan mal…
Jellal se rió, divertido, y se volvió a Gray, dejando a Natsu solo con sus lamentos.
-Déjame ropa tuya, no quiero molestar a Erza.
-No sé si te será útil, eres más alto y más musculoso.- le dijo Gray mientras rebuscaba en su saco de prendas.
-Dame lo más grande que tengas, y solucionado.
-Si al menos supiera donde tengo la llave de mi cuarto, te dejaría la mía.- masculló el pelirrosa.
-Cállate, bola rosa, tú eres más bajo que yo. El problema sería mayor.
-¿Qué has dicho, pervertido?- preguntó Natsu mientras se incorporaba en la cama.
-Lo que escuchas, cerilla rosada.
-Vuelve a repetirlo, ojos rasgados.- dejó la bolsa a un lado y comenzó a acercarse a el peliazabache.
-¿Ojos rasgados? ¿Tú te has visto?- preguntó mientras dejaba el saco y se acercaba a él respondiendo a la amenaza
-¡Oye, chicos! Que necesito la ropa.- suspiró Jellal, cansado de sus peleas habituales.
Gray suspiró y volvió a buscar entre su ropa.
-Esto es lo más grande que tengo.- le dijo Gray. Se probó la camiseta, la cual crujió varias veces mientras intentaba que bajase más. Al final se dio por vencido y decidió que no era lo suficiente grande para él.-Deberías pedirle ropa a Laxus.
-Al menos me sirve la ropa interior… Y Laxus está con la albina en su cuarto, no quiero que me asesine si interrumpo algo…-suspiró Jellal conmocionado.
-Oye, estar desnudo tampoco es tan malo.- le dijo Gray mientras se tumbaba en la cama.
-No, ya tengo suficiente trauma contigo.- respondió Natsu, apartándose apresuradamente de su amigo para dejar espacio entre ellos.
Al peliazul no le entusiasmaba la idea de pasar la noche con tres hombres. Pero lo que realmente le asustaba era la idea de pasarla con un hombre desnudo y otro que te abrazaba por las noches también estando él desnudo. Se negaba.
-Voy a entrar en mi cuarto.- dijo tras un breve lapsus de silencio.
-¿Y por qué te diriges a la ventana?
-No tengo llaves.
-¡No me digas que vas a ir por las paredes!- se carcajeó Natsu mientras tiraba la bolsa por los aires y corría en dirección a Jellal para no perderse el espectáculo.
-Es la habitación contigua, solo será un pequeño salto.- respondió Jellal tras encogerse de hombros.
-Intenta que no se te caiga la toalla.- le aconsejó Gray quien no se movió de la cama.- No sabes lo incómodo que es entrar por la ventana de alguien, desnudo.
Jellal miró confundido a Gray, pero prefirió no preguntar.
En la habitación contigua, una pelirroja se había despertado aún mareada. No tenía recuerdos claros de cómo había llegado a esa situación, ni por qué su ropa estaba tan sucia. Le dolía la cabeza un poco, pero tampoco le era insoportable como en alguna jaqueca que había soportado tras pasarse el día a pleno sol. Se levantó de la cama y le contentó poder guardar el equilibrio, lo último que recordaba era haber intentado levantarse del taburete contiguo al de Mirajane, pero no haber podido ya que el suelo había comenzado a moverse.
"¿Dónde está Mirajane? ¿Dónde estoy?", se preguntaba mientras daba vueltas por la pequeña habitación, sin encontrar ninguna evidencia de donde encontraba. La ventana no le ofrecía vistas claras. "Diablos, no sé moverme por la ciudad, ¿Cómo voy a intentar localizarme?" Intentó salir de esta, pero alguien había echado la llave y le fue imposible abrirla. Con un suspiro se volvió a tumbar en la cama. Aún se sentía cansada, habían sido los gritos de un muchacho de la habitación contigua la que la había despertado de tan grato sueño.
De nuevo había silencio, y sus párpados le pesaban mucho. "¿Me habrán dado algo para dormir?", se preguntó mientras sus ojos se cerraban muy poco a poco. "Tranquilízate, seguro que Mirajane está cerca y no te ha abandonado con algún desconocido."
Entonces escuchó un golpe y una brisa fría la bañó. De un salto, a la defensiva, se incorporó.
Una figura había aparecido delante de la ventana, enfocó la vista en alerta para poder identificar al sujeto. Se trataba de una figura alta y esbelta.
-¿E-estas despierta?- preguntó el barítono.
-¡Tú!- exclamó Erza al reconocer al joven que acababa de entrar. El tatuaje, el pelo azul brillante, sus ojos cálidos… Se sonrojó por completo al notar la desnudez del mismo, con solo una toalla atada a su cadera.- ¿Qué haces aquí!
-Es mi habitación…- levantó las manos para recalcar su inocencia.
Erza, aún sin palabras, se llevó las manos a su pelo para poder hundir sin problemas sus dedos en él. No había capucha alguna que lo impidiese. "Sabe quién soy", fue lo primero que pensó.
-Escúchame, tranquila, no te voy a…-iba acercándose lentamente con cada palabra, intentando tranquilizar a la amazona que lo miraba con pánico.
-¡NO TE MUEVAS!- le gritó mientras en su cabeza intentaba recordar cómo podía haber acabado en la habitación de aquel desconocido, y el semidesnudo. Pero no encontraba explicación, ni recuerdo.
-Erza…- la llamó moviéndose, a pesar de la insistencia de la pelirroja que le reclamaba espacio.
De un rápido movimiento y sintiéndose amenazada, se levantó, agarró la silla que había al pie de la cama, y se la tiró encima. El peliazul, quien la esquivó rápidamente, suspiró aliviado de tener agilidad a pesar de la noche tan larga que estaba sobrellevando. Sin embargo, la amazona no arrojó otro objeto para la sorpresa de este. Se quedó inmovilizada y muy sonrojada. Jellal notó una sensación rara, como más frío en todo su cuerpo. Al mirar hacia abajo, vio la toalla en el suelo.
-¡Perdón!- exclamó antes de volver a taparse.- ¡Estaba en la…!
Otra silla había volado y esta vez, si lo había golpeado.
-¡Escúchame!- le gritó mientras se abalanzaba a ella para pararla de lanzarle esta vez el armario.- ¡No te hice daño ayer! ¡No tengo intención de hacértelo ahora!
Erza se quedó quieta, confusa por las palabras del guerrero. Esto fue aprovechado por el para inmovilizarla contra la pared.
-Te emborrachaste.- le dijo antes de que comenzara a protestar.- No sé si fuiste tú o tu hermana, no tengo ni idea. Una multitud de hombres venía a buscarte porque revelaste tu identidad, decidimos que sería mejor ocultarte hasta que te recuperaras para poder irte con tu hermana, Mirajane. Ella está aquí, en una habitación contigua. Puedes relajarte.
-No me puedo relajar si un hombre medio desnudo entra por la ventana y me inmoviliza contra la pared.- le dijo con una nota de veneno e intentando olvidar el hecho de que estaba arrinconada en la habitación de un desconocido desnudo.
-Perdón.- la soltó y puso espacio entre ambos.
-No entiendo nada.- dijo con los brazos cruzados bajo su pecho y retrocediendo, para sentarse en la cama. Jellal, quien estaba a punto de ir a coger su ropa y marcharse, pudo sentir la confusión de la amazona por lo que decidió sentarse a su lado. –No habremos hecho…
-Nonono-negó rápidamente.- Ni con nadie. Tu único contacto con un hombre ha sido el que tuviste con mi amigo Natsu, lo dejaste inconsciente.
-Eso está bien…-dijo Erza contenta. Jellal tuvo que hacer un esfuerzo para no reírse del pobre Natsu. Luego, la amazona, volvió a pasear la vista sobre el peliazul, incómoda.- Oye, ¿puedes vestirte?
-Eh, sisi- dijo, levantándose de un salto. Se encaminó hacia su saco, donde cogería los primeros pantalones y camiseta para largarse a la habitación de sus amigos, dejando así a la amazona descansar de una vez.
-Oye, y mi hermana, ¿Dónde está?
-Puees- comenzó a decir.- en la habitación de un amigo…
-¿Qué!- exclamó Erza mientras se levantaba de un salto.-¿Dónde!
-Déjalos en paz, ya sabes, son cosas que pasan.- dijo sin darle importancia. Pero la pelirroja se levantó de un salto.
-¿Cosas que pasan! O me lo dices, o hecho esta puerta abajo y llamo a todas las puertas de este piso hasta encontrar la habitación en la que tenéis a mi hermana secuestrada.
-¿Secuestrada! –exclamó. Se volvió en cuanto vio como la amazona se posicionaba para derribar la puerta.- ¿Pero qué haces!- exclamó Jellal mientras dejaba la ropa a un lado e iba a detener a la amazona.
-¿Y si la está violando!
-¡No la está violando!- dijo en respuesta mientras la lanzaba hacia la cama para así apartarla de la puerta y no hacerle daño.
Ella se levantó, dispuesta a torturarlo hasta que le dijese en que habitación se encontraba su hermana. Se había olvidado de la inquietud que le suponía el hecho de que él era el único hombre con el que se atrevía hablar, y también del hecho de que prácticamente estaba desnudo. Y es que puede que en su interior se debatiese entre si amaba u odiaba a Mira después de aquello, pero no iba a dejar que nadie le hiciese daño. Él la recibió agarrando sus brazos, sorprendiéndose de la fuerza de esta. Ambos acabaron cayendo de nuevo sobre la cama y rodando en una masa de forcejeos.
-¡Dímelo ahora mismo! ¿Dónde está!-exclamaba Erza cuando estaba encima.
-¡Para y hablemos!- le respondía este cuando conseguía arrinconarla de nuevo.
En el forcejeo, la toalla de Jellal había acabado en el otro lado de la cama. Y el vestido de Erza, roto, estando la falda subida hasta el nivel de su cintura. Aun así, ambos se concentraban en mantenerse firme y no ceder.
-¡Eres muy intensa! ¿No te lo han dicho nunca!- exclamó Jellal mientras se colocaba encima, justo antes de que la puerta de la habitación se abriese.
Pues se acabó. Relajaos, relataré lo que pasó entre Laxus y Mirajane en el siguiente capítulo. Espero que aprendierais con Erza las fases de la borrachera: mareo, desorientación, vomito y cansancio. Y si ya lo sabíais... Sois unos rebeldes empedernidos ewe
Para los que sigan "Lealtad", la semana que viene habrá lemon uwu ¡Para que vayan felices a la batalla! JAJAJAJAJAJA Me da penita, me quedan 2 capítulos y el epílogo por publicar. Lloraré mientras los escriba :'(. El primer capítulo de mi siguiente fic lo sacaré junto al epílogo de lealtad ^^ Ya lo tengo medio avanzado, con lo que no tengo problema en publicarlo y tal. :3
Ahora respondo a reviews:
DanasLovesOhana: Aish, gracias, me alegro que te guste mi idea *^* Avisaré por aquí cuando lo haya publicado :) Sii *^* Quería darle ese toque a Lucy de inocente, pero que cuando se meten con los suyos es capaz de sacar fuerzas xD Y si, los "Hmph" pegan demasiado con Laxus jajajaajaj Juvia y Mirajane tienen un peligroso don xDD
Zarc: Es que hay partes en las que tengo que contar más y en otras en las que tengo que contar menos :') No me entiendes, Carlos, no me entiendes. T^T PD: Esto no funsiona.
Y eso es todo por hoy. Muchas gracias por las reviews *^*
¡Y para finalizar! Gracias también a los lectores tímidos que seguís el fic. :) Si tenéis algún lamento, queja o cualquier emoción que expresar dejen su review ^^
¡Nos leemos!~
