RECUÉRDAME DENTRO DE UN ÁTICO
- Luces fatal –mencionó Ikki mientras desayunaba fruta completamente solo, sentado a la cabeza del comedor de la enorme mansión. Hizo a un lado una revista que había estado leyendo, dispuesto revivir un viejo pasatiempo que durante años no había disfrutado, molestar a Hyoga.
- ¿Qué haces aquí? –gruñó el rubio sentándose delicadamente en la silla de al lado, esperando que el par de analgésicos surtieran efecto.
- Aquí vivo –mencionó escueto.
- Creí que vivías…en… en bueno en otro lado –tomó el vaso de jugo que le había servido el peliazul.
- Ya no vivo con Shun, si es lo que quieres saber –señaló dando un sorbo al café que tenía enfrente.
- Yo no dije eso –murmuró molesto cruzándose de brazos.
- Pero, te mueres por preguntar –dijo con una sonora carcajada que taladró el dolorido cerebro de Hyoga.
- Son casi las 12, ¿no deberías estar trabajando? –en un intento vago de desviar la conversación apunto a un costoso reloj empotrado en una pared del comedor que quedaba frente al gran ventanal.
- ¿Quién eres, mi conciencia? –el peliazul alzó una ceja.
- ¿Acaso el imperio Kido puede vivir un día sin ti? –preguntó con ironía y falsa incredulidad.
- Y más que eso, vacaciones rusito, vacaciones –explicó con el mismo tono que utilizaría para un niño pequeño, lo que creo un ligero disgusto en el rostro de Hyoga –las conocerías pero no, lo que tú haces no es trabajo, Hyoga frunció el ceño.
- ¿Vives con Saori?.
- Tanto alcohol, comienza a tener efecto –volvió a reír el peliazul –hartó de toparme con un nuevo paciente de Shun todas las mañanas, decidí alquilar un departamento. El cual casi siempre está vacío porque todo el tiempo estoy viajando, y para que ir a un lugar donde seguramente no hay más que una botella de agua caduca en el refrigerador si aquí me atienden a cuerpo de rey –Ikki entrelazó los dedos de las manos y estiró los brazos a la altura de su pecho.
- Siempre puedes quedarte con tu hermano –dijo con fastidio Hyoga mientras recargaba un vaso fresco de jugo contra su cabeza.
- Quiero dormir noches completas –mencionó secamente –además estoy de vacaciones agregó.
Hyoga experimentaba los estragos de haber bebido durante todo el día anterior pero aun así notó, que por alguna razón Ikki estaba molesto con su hermano, solo había visto ese comportamiento una vez que encontró a Shun con una prueba de embarazo en sus manos. El mayor estuvo un par de semanas resentido con su hermano y por boca de Shun, Hyoga supo que Ikki le había reprendido cerca de dos horas por su irresponsable comportamiento y cada vez que tenía oportunidad le hablaba acerca del compromiso que implicaba traer una nueva vida al mundo. Por suerte para todos, esa ocasión fue una falsa alarma de las suelen pasar cuando se inicia la vida sexual.
- Si no te conociera, diría que te estas poniendo sentimental –mencionó con sorna el rubio –viviendo con la familia ya sabes.
- Es comodidad, y la boda se acerca, si me voy de viaje podría no regresar a tiempo –dijo Ikki mientras tomaba un panque de vainilla con chispas de chocolate –y me perdería de toda la diversión –dijo con ojos maliciosos –tienes futuro en el mundo de la floricultura.
- Cierra el pico –Hyoga se retiró del comedor, con nauseas de ver todo lo que Ikki había estado comiendo, decidió ir a dormir debajo de un par de árboles cuya frondosa sombra le invitaba a estar debajo de ellos todo el día. Era casi media tarde cuando Seiya fue a despertarlo y lo llevó al comedor para que juntos pudieran comer algo.
- Te ves fatal –mencionó el castaño mientras comía una rebanada de pizza con mucho entusiasmo.
- Que novedad –ácidamente dijo, viendo con algo de rencor a Seiya.
- Vamos, Hyoga, come más –el castaño le acerco la caja de la pizza –me dijo Ikki que no almorzaste nada y ya es tarde, si no me hubiera retrasado tanto la junta. Moría de hambre y ese tonto director no nos quería dejar sin antes darnos sus estúpidas críticas semanales.
- No te entiendo, siempre te quejas de él, pero ya tienes años trabajando a su lado. ¿Por qué no buscas otra escuela y ya? –resoplo fastidiado.
- ¿Y dejar a la escuela, en manos de un tirano? Jamás es mi deber como santo de Atena, luchar contra la injusticia –Seiya pronunció su discurso solemnemente de pie, de no ser porque Hyoga lo conocía de sobra, hubiera echado a reír.
- Y yo que creí que luchábamos en contra de dioses malvados que querían matarnos –mencionó despreocupadamente el rubio tras tragar un bocado –acabar con la humanidad y exterminar a Atena.
- No te burles, Hyoga, esos chicos son el futuro de nuestro país, no, del mundo –corrigió –si permitimos que mentes enfermas y retorcidas como las de ese tipo logren mermar sus sueños y anhelos sería casi como si mil dioses malignos amenazaran con destruir nuestro planeta, de sobra sabemos lo que una infancia arrebatada puede lograr.
Nos debemos mucho, sin nuestra mutua compañía tras todo lo que paso, solo las estrellas saben lo que sería de nosotros ahora.
Enseño deportes porque a diferencia del resto de las materias los niños, están relajados y me ven como un amigo, no como su profesor, además a esa edad si existe un pequeño que no le guste correr y saltar es sinónimo de algún problema serio. –Hyoga contempló a Seiya comer, nunca pensó de esa forma acerca de la profesión que su amigo eligió cuando recién comenzaron a estudiar la preparatoria.
- Te dije que estaría comiendo –aseguró Ikki. Entró al comedor seguido por Shiryu y Sunrei.
- Insinúas que soy un glotón –molestó Seiya se levantó aun con una rebanada de pizza en su mano a modo de espada.
- No insinúo, todos lo saben –añadió el peliazul mientras arrebataba la rebanada de la mano del castaño –además no hablaba de ti.
- ¡Hey! Ikki dámela, consigue la tuya propia –Seiya forcejeaba con Ikki mientras este lo mantenía a distancia con una mano.
- El sabor cambia cuando es robada –aseguró mientras rápidamente engullía la pizza ante la desilusión de la Seiya.
- Nunca cambiarán –Shiryu sonrió con nostalgia, se alejaba de este mundo fraternal y pronto regresaría a China y seguramente serían pocas la veces que volvería a compartir estos momentos. Sun-rei entrelazo sus dedos con los del santo del dragón como si adivinara sus pensamientos y sonrió tiernamente.
- Sun-rei, sus hijos compartirán algunos genes, aun estas a tiempo de arrepentirte –burlón Hyoga miraba a la pareja.
- Eres mi amigo ¿o no? –soltó falsamente molesto el dragón.
- Por eso lo hago, quiero evitarte un problema futuro –Hyoga recargó el codo sobre la mesa acostumbrado a oír las riñas del Fénix y Seiya. Solo existían dos personas con las cuales Ikki no actuaba así una era Shun y la otra era Shiryu.
- Así que aquí están todos –Saori entró a la habitación y se sentó en una silla –ya lo he buscado, pero me temo que están en el ático.
- Me cuesta trabajo creer que lo hayas buscado –Ikki alzo una ceja incrédulo, recorrió con la mirada las manos de Saori que remataban en un hermoso decorado en las uñas –sería más correcto decir que Rei lo buscó por ti –añadió burlón.
- Bueno ya, no está en la casa eso es lo que necesitan saber –la chica miró desafiante a Ikki.
- ¿Y así es siempre? –murmuró Sunrei al oído de su prometido.
- No –respondió Shiryu –hoy es un día bueno –Sunrei, suspiro derrotada, cada día que pasaba se convencía que su vida era modesta y solitaria, a comparación del fraternal ambiente que rodeaba a los santos.
- ¿Qué están buscando? –preguntó Seiya, que una vez más estaba sentado, comiendo.
- Hay un juego de té chino, que era el orgullo de mi abuelo, y quiero que sea usado en la boda pero no hemos logrado encontrarlo –explicó Saori, mirando de soslayo a Ikki.
- ¿No sería más fácil comprar uno y ya? –mencionó desenfadado Seiya.
- Seiya, puedes explicarme ¿Por qué comprar uno, si tenemos un juego en esta casa? –cuestionó Saori
- Para que complicarte, es solo un viejo juego de té –refutó.
- Es importante tomar el té, en las bodas chinas, además no está perdido estoy segura que está en el ático, ¿Hyoga podrías hacernos el favor de buscarlo?.
- ¿Y porque yo? –gruñó.
- Porque eres un buen amigo, además los demás tenemos cosas que hacer –intervino Shiryu.
- ¿Insinúas que yo no?, además soy un invitado aquí, deberían tratarme como tal –cruzó los brazos en su pecho enfadado, en otra ocasión el ruso bien podría obedecer pero en su actual estado no quería siquiera moverse.
- Vamos ruso, si no te conociera bien, pensaría que no deseas colaborar en esa parte de la ceremonia –añadió Ikki. Hyoga se topó con la sincera sonrisa de Sunrei, avergonzado de todo lo que la china había contemplado en esta semana se sintió derrotado, se levantó y comenzó a avanzar pesadamente hacia la puerta.
- Pienso que hubiera sido más fácil que le dijeran la verdad –mencionó Seiya cuando vieron pasar al rubio frente al ventanal por fuera de la mansión –. Que es para que se conserve sobrio.
- No sería divertido.
- ¡Ay, Shiryu! Da miedo que sigas pasando tanto tiempo junto a Ikki, tiene un sentido muy bizarro de la diversión –finalizó el castaño haciendo reír a todos en el salón.
Tardó mas tiempo del que hubiera deseado Hyoga en llegar hasta el viejo ático, escondido dentro de los jardines de la mansión. En la juventud del anciano Mitsumasa habían sido establos de sus caballos, pero con la llegada de los chicos se acondicionó el lugar para albergar a algunos, dado que estaba tan alejado de la mansión nunca se ocupó tal función, siendo el lugar preferido de Tatsumi para doblegar a los huérfanos que a su parecer, pecaban de orgullo y rebeldía.
- Buen amigo. Tonterías. No encontraron a otro tonto que quisiera caminar casi un kilómetro y después de comer. Además parece que va a llover –fijó sus azules ojos en el cielo gris. –¡Pesados! que lugar tan deprimente. ¿Quién puede encontrar algo en este desorden? –refunfuñaba Hyoga entrando al ático inexplicablemente abierto e iluminado, cerró la puerta tras de sí en un movimiento automático.
- ¡IDIOTA! –gritó una voz desde de dentro.
- ¿Y porque me dices idiota? Imbécil –retó.
- Te digo idiota, porque la puerta tiene años que no abre por dentro, además está apunto de llover.
- ¿Aún no la arreglan? –preguntó incrédulo –torpe, ¿olvidas quiénes somos? Una puerta y un poco de agua no pueden detenernos –aseguro orgulloso. Hyoga estaba a punto de congelar la gruesa puerta de acero cuando un rayo partió por la mitad un árbol frente al edificio, dejándolos en penumbra. –Ya lo pensé mejor, es un buen lugar para esperar a que la tormenta pase –agregó mientras Shun que se había acercado a Hyoga, asintió. ¿Y qué haces aquí? –preguntó el rubio cuando Shun se alejó.
- Buscar –respondió secamente, reanudando la actividad que estaba haciendo cuando entró el ruso además quería aprovechar la escasa luz proveniente del exterior y mantenerse alejado de los ataques verbales de Hyoga.
- ¿Que buscas? –volvió a preguntar.
- ¿Te importa? –respondió con desdén mirándolo fieramente.
- Que carácter, solo quería hacer platica –ofendido desvío la mirada –solo pensé que si algo buscas y algo me enviaron a bus…ah ya entiendo.
- Me importa un carajo lo que entiendas –mencionó aún más molesto, tirando la caja registrada anteriormente.
- De acuerdo, solo quise ser amable –exclamó el ruso desplomándose en un viejo colchón en medio del ático.
- Tienes un concepto retorcido de la amabilidad –bufó Shun –. Aun me debes un celular –se acercó hasta donde estaba acostado Hyoga, lo que le permitió fijar su atención en el antebrazo del peliverde que ostentaba una cicatriz. –Recuerdo de tus amiguitos siberianos –expresó enfatizando la última palabra al percatarse de la atención que le prestaba Hyoga.
Shun sintió que Hyoga no estaba emanando hostilidad en ninguna de sus preguntas, pero había tenido suficiente de la actitud de todos y buscaba con quien desquitar su rabia contenida por años. –Tengo otra más interesante, espero que ellos también tengan un buen recuerdo de mi –una torcida sonrisa le recordó a Ikki.
- Ellos solo trataban de protegerme –susurró, dentro de su pecho sintió una opresión, nunca preguntó los detalles de esa pelea solo supo por la gente del pueblo que los amigos del rubio se habían enfrentado a un forastero que huyó de la policía. Cuando el rubio los vio estaban en mal estado pero nada de gravedad, lo que nunca le habían confesado es que ellos estaban armados con navajas.
Al percatarse que el rubio conservaba la calma y el olor a alcohol, Shun regresó frustrado al rincón donde estaba y siguió con su búsqueda mientras la débil luz del día lo permitiera. La tormenta se desato obscureciendo por completo el ambiente, las siluetas de los chicos eran iluminadas por los frecuentes relámpagos que estaban dispuestos a tocar a cada árbol cercano, el golpeteo interminable de la lluvia fue el único sonido imperante por casi una hora.
- Debes estarte congelando el trasero, ven acá –Hyoga le hizo espacio en el sucio colchón.
- Prefiero congelarme completito ha acercarme a ti –resopló furioso.
- Eso no fue lo que dijiste la última vez que estuvimos encerrados aquí –Hyoga le sonrió por primera vez…
- ¡Inútiles hijos de puta, fuera de la cama, es tarde! –Tatsumi entró a una gran habitación con dos hileras de camas, comenzó a golpear con la Shinai* a cuanto niño que no se había levantado al encender la potente luz –. Imbéciles les he dicho que a las seis en punto deben estar entrenando son las 6:01 y aún siguen dormidos, holgazanes –dijo con desdén el calvo.
- Pero ayer entrenamos hasta la 1:00 am –contestó Shun inocentemente para después bostezar mientras se abotonaba una vieja camisa que debió ser negra cuando nueva.
- ¿Quién se atreve a contradecirme? –bufó rabioso Tatsumi, enfundado en su típico traje negro –¿Contesten engendros? Mocosos mal agradecidos –su mirada recorrió a cada chico en el cuarto hasta posarse en el asustado niño peliverde que se escondió tras su hermano mayor. Sus ojos brillaron con una desquiciada maldad, desde que el par de hermanos habían llegado había aguardado el momento para poder doblegar al terco hermano mayor y estaba seguro que lo conseguiría en esta oportunidad que se presentaba en bandeja de plata –. Ven acá idiota te enseñare a respetarme –Tatsumi jaló del brazo al pequeño bruscamente, Ikki intento retenerlo y gritaba para que no se lo llevará ante el silencio de la mayoría de los niños, solo Seiya gritaba con Ikki diciendo que era injusto, con la punta de la Shinai les dio a los dos en la boca del estómago tumbándolos en el piso.
Ikki se levantó con dificultad mientras Seiya era atendido por Shiryu, y corrió hasta Tatsumi que jalaba a Shun sin ningún cuidado fuera del cuarto. El pequeño se retorcía, ponía resistencia, lloraba y gritaba el nombre de su hermano, debido a que el fiel mayordomo de los Kido apretó el brazo del niño con fuerza lo que más tarde le ocasiono varios moretones evidentes. Cuando logró estar a una distancia prudente Ikki pateó con furia la parte posterior de la pantorrilla de Tatsumi, permitiendo que se liberará Shun y corriera al lado de su hermano.
- Maldito escuincle, ahora veras –bramó mientras se sobaba la pierna –si lo que quieres es ser castigado eso tendrás. –Los niños estaban asomados en las puertas debido al alboroto, era usual ver a Ikki metido en problemas, la gran mayoría acarreados por defender a su hermano pero también por evitar que fueran castigados los chicos por causas injustas, pero que Shun fuera el que era conducido a la celda de castigo, como le decían al ático, era digno de atraer la atención de todos.
Ikki se sentía satisfecho porque pasar un día completo alejado de las duras sesiones de entrenamiento al lado de su hermano por horrible que fuera ese lugar era reconfortante, luego de casi un año de golpizas, regaños y maltratos pero la sensación de alivio le duro poco cuando Tatsumi añadió por lo bajo para que solo el fuera capaz de oírlo –pero será otro día, el pequeño bastardo recibirá su castigo hoy –. Tatsumi comenzó a reír burlonamente y tomó de nuevo por el pequeño brazo a Shun y lo haló contra su voluntad por el pasillo. Mientras solo era audible el lejano llanto de Shun, Ikki fue rodeado por Seiya y Shiryu, ninguno de los dos se percató que el pequeño cerraba sus puños con fuerza y parpadeaba rápidamente en un intento de contener las lágrimas de furia que se apoderaba de su infantil cuerpo. Ikki respiró rápidamente un par de minutos y se dio vuelta encontrándose de frente con el rubio niño que tanto buscaba Shun, bufó molesto se dio cuenta que era el centro de atención de todos los niños de la mansión.
- ¿Que tanto miran? vayan a entrenar, ¡Ahora! –ordenó. Todos los pequeños huyeron para iniciar su entrenamiento.
El desayuno era servido a las 8:30, hora en que el anciano Kido dejaba la mansión para dejar a su nieta personalmente en el colegio. Los pequeños huérfanos llegaban cansados, sucios y hambrientos después de su entrenamiento matutino, otra razón por la cual se les daba de comer a esa hora, de esa forma la caprichosa nieta no tendría oportunidad de asquearse con su desagradable presencia.
Los chicos comían tranquilamente y Hyoga notó que de vez en cuando Ikki tomaba algo de comida de más y la desaparecía rápidamente bajo una servilleta que tenía en su regazo, sin duda su madre no lo aprobaría jamás, esconder comida era de pésima educación y peor aún si esa comida estaba manoseada. Al pensar en su madre Hyoga sintió un hueco en su pecho, y entendió porque el peliazul estaba comportándose de esa forma. Tal y como había pasado anteriomente, ahora sería el mayor quien llevaría de comer aunque esté astutamente no dejaría de comer; con lo que no contaba Ikki es que es ese momento Jabu y Seiya se pondrían a discutir como siempre, empujándolo haciendo que su servilleta y él cayeran al piso. Tatsumi vino a ver la raíz del alboroto y adivinado las razones del castaño para pelear, después de insultarlos un rato se dispuso a salir del comedor, tropezando con Hyoga que traía un plato con miel.
- Infeliz, bastardo, mira lo que has hecho –gritó Tatsumi –me has llenado de esa cosa, quítate de mi paso –ordeno el calvo –. ¿Estas sordo? Te dije que te largarás –enfatizó con la mano señalando hacia un lado, Hyoga movió la cabeza en esa dirección, volvió a mirar a Tatsumi y ladeó la cabeza sin entender nada. –Estúpido gaijin, me has ensuciado –dijo muy despacio, como si hablara con un bobo, apuntó hacia su traje, Hyoga lo volvió a mirar, su rostro reflejaba que no comprendía ni media palabra. –Los gaijin además de idiotas, son sordos –dijo con sorna. Ikki notó como el rubio apretaba sus puños con furia, te daré tu castigo mocoso –Tatsumi asió por el brazo a Hyoga que se dejó conducir al ático mansamente. Tatsumi pensaba que sería divertido jugarle una broma al tonto que había encerrado ahí, sabía que Shun amaba platicar y como el ruso no entendía nada se cansaría y sin duda se pondría a llorar desesperadamente y lo que era mejor el rubio no sabía a donde lo conducía, estos pensamientos retorcidos le daban una inusual alegría a Tatsumi.
- ¡Eh!, tu llorón te traje compañía –sórdidamente mencionó el calvo al abrir el ático y echar a Hyoga hacia la oscuridad –espero que se diviertan charlando. –Se retiró y los niños seguían oyendo su retorcida risa a la lejanía.
Shun se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y se acercó a Hyoga cuando pudo reconocer su silueta se abalanzo sobre él recargando su pecho sobre el del niño rubio, estallando nuevamente en llanto, Hyoga al intentar abrazarlo sintió como el menor se sobresaltó. Shun lo miró apenado y se subió la camisa, dio la vuelta mostrándole la espalda llena de golpes que le había propinado el calvo. Hyoga no sabía que hacer así que decidió poner en práctica algo que hizo su madre cuando unos chicos del pueblo le riñeron por no tener un padre, distraerlo.
- ¿Tienes hambre? –preguntó mientras de los bolsillos de la sudadera sacaba un par de panques, galletas y una naranja.
- Vaya así que le tiraste la miel al viejo –rió Shun, que se había sentado en el colchón alejado del rubio –nunca me lo habías dicho, estoy seguro que más de uno gozó con eso.
- Debo confesar que gocé más que me mirara como si fuera un bicho raro, logre desesperarlo de verdad –Hyoga sonrió –sí, se hubiera tomado la molestia de averiguar que para entonces ya entendía casi todo, no le hubiera hecho ninguna gracia.
- ¡Bah!, ese cretino no prestaba atención a nada más que no fuera el anciano o a Saori. Eran su mundo –suspiró Shun, al tiempo que se quitaba a una araña que trepaba por su pantalón –de poner atención hubiera pasado esa noche solo –bajó la voz y abrazo sus piernas, escondiendo su rostro, de nuevo le invadía ese sentimiento, era idéntico al que había sentido cuando vio a Hyoga cuando eran niños, pero aunque lo deseara esta vez no podía lanzarse a sus brazos y esperar encontrar un consuelo entre los bolsillos del rubio.
- Al fin ceso la tormenta –el rubio se puso en pie, se acercó rápidamente a la puerta, congeló el picaporte y de una patada los libero del encierro.
Shun se puso en pie pesadamente, tomó los libros que tenía junto y salió tras el rubio anduvieron el camino completo hasta la verja limitante de la mansión, caminaron muy lentamente, en silencio.
Los dos perdidos en sus pensamientos y recuerdos en un pasado que los mantenía fuertemente unidos, a pesar de la traición del peliverde. Shun suspiró al llegar a la puerta principal del enrejado, estaba cerrada y no tenía deseos de entrar a la mansión acercó los libros a la puerta, ladeó la cabeza porque eran muy gruesos para pasarlos y tendría que lanzarlos, corriendo el riesgo de maltratarlos y ensuciarlos pero no tenía opción. El rubio adivinado sus pensamientos los quitó de las manos, sin decir nada Shun brincó la puerta sin dificultad y Hyoga lanzó los libros que el peliverde atrapó sin dificultad.
- Les resultó al fin ¿no? –una ligera sonrisa asomó por el rostro del rubio.
- ¿Qué quieres decir? –interrogó incrédulo.
- Quien más si no Shiryu ideó todo esto –aseguró el rubio.
- Hyoga –ló miro extrañado –nadie excepto tú, sabe que estoy en la mansión –bajó la mirada, quería decirle todo lo que había pasado en la semana, lo humillado que se sentía, lo triste y enojado, prefirió callar, no era como si por pasar unas horas fueran a olvidar todo y empezar de nuevo. Nadie conocía mejor el orgullo del rubio que Shun, además él había ya sufrido tanto por darle una explicación que recién se había convencido que no había palabras que pudieran enmendar los errores del pasado, un simple disfraz que ponía sobre su orgullo herido.
- Ejem –carraspeó el rubio atrayendo la triste mirada del menor –sabes…dudo que sepas, mañana bueno en la mañana no…en la noche, habrá algo por…bueno –le costaba mucho tragar su gran orgullo para poder decir lo que durante todo el camino de regreso no se animó a decir –Shiryu, es decir Sunrei y Saori organizaron una como…reunión, yo…pues solo pensaba que…si puedes estar aquí, a él le agradaría.
- ¿No crees, que eso le pueda molestar? –preguntó.
- Pues…creo que no, está bien…es decir por él está bien –murmuró incómodo.
- Si a él no le molesta, puedo venir –finalizó el peliverde, inclinó la cabeza a modo de despedida y se dio la vuelta.
Hyoga empezó a andar colina arriba, caminó a la mansión pero en varias ocasiones miró sobre su hombro observado la silueta que se perdía en la distancia del peliverde, preguntándose una y otra vez sí podrían tener una conversación civilizada algún día. No quería reconocerlo pero le echaba mucho de menos. ¿Su corazón tendría el valor para perdonarlo?. Con esta pregunta en mente Hyoga entro en la mansión, resignado a escuchar el sermón de Saori por no traer el maldito juego de té.
*Shinai es una espada en bambú muy usada en artes marciales como el kendo. Está formado por cuatro varillas de bambú, hecho que lo hace muy flexible.
Bueno les dejo esta entrega ya entrado el domingo, al fin lo termine debo confesar que me costo mucho trabajo y tenia el principio del cap incluso antes de subir el anterior pero no le daba forma a todo.
¿Hyoga dejara de arruinar los momentos felices de la pareja?¿Se respirara la quietud en una reuniòn con todos los Kido? ya veremos. Gracias a todas. Sigan creando, por cierto dejare unos links proximamente de unos fanarts que me han echo llegar donde se retrata un poco de mis fics ahorita no lo hago porque el sueño ya me vence. Cuidense, besitos
