-¡He dicho que no ¿Cuál es la parte que tu cerebro de imbécil no entiende?!-gritó Roxas abrazándose al colchón de la cama igual que un niño pequeño que se niega a ir al colegio.
-¡Maldita sea, Roxas! ¡Deja de comportarte como un chiquillo y hazme caso!-protestó Sora tirando a Roxas de los tobillos a la vez que intentaba ejercer más fuerza apoyando su pie en la pata de la cama en su intento desesperado por hacer que se levantara.
Varios residentes del hostal se habían asomado por la puerta movidos por la curiosidad en cuanto Kairi y Riku entraron por ella para ver si esos dos estaban listos para partir, encontrándose con la divertida escena. Roxas y Sora estaban tan enfrascados en su confrontación matutina que no se percataron, o por lo menos parecían no hacer caso, a los ojos curiosos que los observaba además del peliplata y de la pelirroja. Al parecer el rubio había recuperado todas las fuerzas que había perdido la noche anterior y venía con tantas ganas de batallar que en el momento en que se percató que Sora estaba vistiéndose para llevarlo a quien sabe donde se puso de una mala leche que competiría contra un Sagnar enfurecido, comenzando así a atacar al castaño hasta que…por cosas de la vida, acabó aferrado al colchón de su cama y Sora peleando por sacarlo de ahí.
-Me parece, Sora, que Roxas no es el único aquí que se está comportando como un chiquillo.-rió Riku cubriéndose media cara con la mano intentando contener la carcajada que luchaba por manifestarse. Aquello era tan absurdamente surrealista e infantil que no podía evitar que le entrara la risa.
-Sora…-suspiró Kairi ruborizada de vergüenza siendo ella al parecer la única consciente de todas las miradas cernidas sobre el rubio y el castaño, estaba sintiendo demasiada vergüenza ajena y no sabía para donde mirar.
-Pues en vez de quedaros ahí mirando como pasmarotes agradecería que vinierais a echarme una mano. Está agarrado como una garrapata.-reprochó Sora mirando a sus amigos molesto por su nula colaboración.
-¡Garrapata, tu abuela!-atacó Roxas mirando a Sora mostrando dientes de tiburón haciendo notar lo cabreado que estaba.
-Nos gustaría ayudarte, amigo, pero esto parece ser un asunto entre compañeros y no creo que sea incumbencia nuestra por eso…-intentó excusarse pero una pequeña risa traicionera se le escapó de los labios, echando a perder su intento de sarcasmo.-…¡Nah! ¿Para qué voy a engañarte? Esto es demasiado divertido como para dejar de verlo tan pronto.
-¡Riku!-exclamó Sora.
-Vale, vale; lo pillo-guiñó Riku el ojo dirigiéndose hacia donde se encontraban el castaño y el rubio, procediendo apartar al castaño del lado de la cama. –Mira, esto en el fondo es muy sencillo de hacer.
-¿Qué vas haces…?-cuestionó Sora arqueando una ceja en desconfianza de lo que tuviera en mente su mejor amigo.
-Riku…-llamó en advertencia Kairi con la misma desconfianza que demostraba el castaño. Conocía demasiado bien a su compañero como para saber interpretar que lo que se traía entre manos para resolver el problema no iba a acabar en buen puerto.
-Bueno, Roxas, voy a darte la oportunidad de hacer esto por las buenas y a dejar que seas tú el que deje la cama por su propio pie, se adecente un poco y nos acompañe sin armar jaleo hasta el barco que nos llevará a las Islas del Destino…
-¡Que te den peces de colores y tengáis hijos en blanco y negro!-gruñó Roxas.
Un silencio se instaló en la habitación por unos breves momentos.
-…Vaya, eso fue hasta creativo.-admiró Kairi dando un pequeño aplauso mientras Sora se daba en la cara con la mano en vergüenza ajena.
-Ey, yo lo he intentado y todos sois testigos.-dijo Riku mirando a todos los presentes que asintieron estando de acuerdo con él-Bien, luego de haberte dado la oportunidad y que la hayas desaprovechado…¡esto es lo que te toca!
Sin más previo aviso que ese, Roxas sintió como si fuera lanzado por los aires sintiendo que su espalda había impactado contra el suelo estando aún agarrado al colchón que en esos momentos estaba sobre él. Pero cuando fue a protestar, de golpe sitió un nuevo impacto contra su cuerpo y el colchón lo encontró sorprendentemente pesado de repente.
-Riku, esto sí que es infantil.-reprochó Kairi con los puños en la cintura al ver a su compañero acostado cómodamente sobre el colchón con los brazos tras la cabeza y una pierna sobre otra como si estuviera disfrutando de unas merecidas vacaciones, mientras que el pobre Roxas movía los brazos y los pies luchando por liberarse.
-Ey, yo le di una oportunidad y él no la quiso aprovechar ¡es su responsabilidad!-se encogió el peliplateado de hombros cerrando un ojo mirando con aire travieso a su compañera y mejor amigo.
-Yo que tú no habría hecho eso, Riku.-indicó Sora echándose también los brazos tras la cabeza viéndose venir lo que iba a pasar a continuación.
-¿Eh? ¿Por qué dices e…?-se cortó al escuchar una especie de rugido de guerra para a continuación sentir como de pronto fue impactado contra la pared al otro lado de la habitación dándose justo de cara.
-…Por eso mismo…-señaló Sora con una gota tras la nuca al ver el panorama.
-¡Riku!-exclamó Kairi desconcertada al ver a su compañero con la cara pegada a la pared.
Al haberse sentido atrapado contra el suelo, a Roxas le había invadido uno de sus ataques de furia descontrolada y haciendo acopio de toda la fuerza que tenía en ese momento empujó con la cabeza el colchón lo suficiente para que sus brazos se apoyaran en el suelo permitiéndole incorporarse, a partir de ahí ya sostuvo el colchón con ambas manos y con toda la mala uva del mundo se levantó empujando el colchón con Riku aun encima para estamparlo sin contemplación alguna contra la pared más cercana.
-Roxas es más fuerte de lo que parece…por eso digo que nunca hay que bajar la guardia con él-suspiró Sora rascándose la nariz con un dedo dejando ver una expresión de resignación.
-Ya…veo…-logró responder el peliplata todavía sin poder despegar la cara de la pared al estar Roxas aún haciendo presión.
-Por favor, Roxas, déjalo, le estás haciendo daño.-rogó Kairi acercándose al rubio que no cesaba en su empeño de mantener a Riku atrapado contra la pared.
Al escuchar su voz, de inmediato Roxas dirigió su mirada a ella congelándose ante su presencia como si se acabase de dar cuenta que se encontraba ahí observándolo.
-Yo…lo siento…-se disculpó por inercia al ver aquellos ojitos azules clavados en su persona, haciendo que acabara apartándose del colchón como si éste quemara, dejándolo caer al suelo junto a Riku que ahora tenía la cara decorada con un bonito color rojo por el golpe.
Sora se rascó la cabeza viendo que todo aquello estaba siendo ya un desastre pero al menos se alegraba que Roxas se cortase delante de Kairi. Se imaginaba que porque su amiga se parecía a la entrometida de Naminé, Roxas no podía evitar sentirse achantado ante ella.
Y al parecer el propio Roxas se daba cuenta de ello, pues apreció como el rubio parpadeaba confundido unos segundos antes de sacudir la cabeza y dirigir una mirada seria hacia la pelirroja.
-Si no te gusta que le haga eso, entonces contrólalo-volvió a gruñir Roxas hacia Kairi, que ahora estaba arrodillada junto a Riku para examinar si el golpe en la cara había sido para tanto.
-Aquí el que debe controlarse eres tú, Roxas, además de como un crío, te estás comportando como un loco-reprochó Sora con los brazos cruzados.
Roxas lo miró indignado.
-¿He de recordarte quién es el culpable de que esté así?-cuestionó entre dientes mirando con furia al castaño.
-Ajá. Si, si, lo que tú digas. Tengo toooda la culpa de tu enfado, ahora yo te pregunto ¿te va a servir de algo comportarte como un idiota?-contraatacó Sora cruzándose de brazos sin dejarse intimidar en absoluto por las miradas matadoras del rubio y, al ver que estaba por contestarle se apresuró en interrumpirle.-No. Ahora te callas y me vas a escuchar. Tanto si te gusta como si no, tanto si detestas lo que he hecho como si no debes tener clara una cosa; este NO es el mundo en que te criaste. Aquí no se juega ni con tus reglas ni con tus exigencias ni con tus berrinches, si te sigues comportando así te haré dormir y te arrastraré hasta mi isla dado que no eres capaz de ser el adulto aquí…
-¡¿Ves…?!-interrumpió Roxas de golpe sin querer escuchar como lo sermoneaba.-¿Cómo quieres que te haga caso si no paras de amenazarme con dejarme inconsciente?
-¿Y qué quieres que haga si cada vez que intento algo te pones a gritar y a dar problemas? No esperes un trato considerado si tú no pones de tu parte.
-Sora…-intervino Kairi poniéndose justo en medio de las miradas de ambos ojiazules.-Sal de la habitación…
-¿Qué…? ¿Kairi?
-¿Cómo quieres que Roxas entienda lo que dices si eres tú el que le estas poniendo nervioso todo el tiempo?-cuestionó Kairi dándole un toque en la frente con dos dedos como llamada de atención.
-¡¿Qué?! ¡¿Ahora soy yo el malo?!-exclamó ofendido el castaño mirando a su amiga con el entrecejo fruncido, echándose de pronto hacia atrás en cuanto la pelirroja se le acercó abruptamente a su cara.
-Deja que hable yo con él, que tú no haces más que meter la pata-le susurró Kairi evitando ser escuchada por el rubio, que seguía observándolos con enfado y desconfianza.-Haz el favor de salir de la habitación, en realidad los dos-indicó mirando al castaño y al peliplateado, pero al hacerlo se fijó en los espectadores que seguían observando la escena con curiosidad.-Y cerrad la puerta…
Sora entrecerró los ojos inconforme con la exigencia de la pelirroja, echó un vistazo al que era su compañero apreciando la palpable tensión que se veía en sus hombros y que no tenía pinta de que fuera a desaparecer mientras él estuviera cerca. Apartó la mirada chasqueando la lengua para hacer notar su molestia con todo ese asunto; no es para nada justo. Se suponía que Roxas era su compañero, debería ser responsabilidad suya ¿Por qué tenía que ser Kairi la que tuviera que controlar la situación?
Ah, si…porque se parecía a Naminé y eso le daba a Roxas sentir debilidad por la pelirroja y por tanto ella podía ganarse más fácilmente su confianza que él. Como le repateaba eso…
Sora gruñó internamente ante aquel pensamiento y, echándole un último ojo a su compañero, les dio la espalda a todos dirigiéndose a la puerta y salir por ella, haciendo que los curiosos se apartaran de inmediato al ver el semblante molesto del elegido de la keyblade.
-Si se te ocurre hacerle un simple arañazo te mato ¿me has entendido?-susurró Riku de pronto al oído de Roxas justo a su espalda.
Roxas, al sentirlo tan cerca se sobresaltó, dando un salto a un lado para poner distancia encontrándose con la fría sonrisa que le dedicaba el peliplateado.
-Riku…-advirtió Kairi mirándole con reproche mientras señalaba la puerta, indicándole de esa manera que saliera por ella.
-Sí, lo sé, princesita, sé que sabes defenderte muy bien tú solita-rió Riku de aparente buen humor mientras se encaminaba hacia la puerta con las manos en los bolsillos.-Sora y yo estaremos en la cafetería del hostal, os pediremos algo para el viaje.-dicho esto salió por la puerta, echando una miradita tenebrosa a los curiosos que seguían ahí plantados.-¿Vosotros no tenéis nada mejor que hacer?
Las criaturas retrocedieron al ver aquella dura expresión por parte del peliplateado y, uno a uno, fueron alejándose de la zona para continuar con sus quehaceres antes de aquella escena. Aquel grupo de jovencitos ya eran bastante conocidos en Ciudad de Paso por su trabajo, la fuerza y la habilidad que poseían los elegidos de la keyblade era tan famosa que incluso provocaba temor, además de que el trabajar para el rey elevaba todavía más aquella posición de privilegiados que tenían, era mejor no hacerlos enfadar si no querían tener problemas.
Riku echo una sonriente mirada hacia atrás despidiéndose del rubio y de su compañera con la mano antes de cerrar la puerta, dejándoles intimidad.
Kairi, al encontrarse ya los dos solos, suspiró.
-A mí también me agotan a veces, no te creas.-se encogió la pelirroja de hombros dirigiéndose hacia a Roxas.-Los dos son tan inmaduros que hay ocasiones en las que creo que yo tomo el rol de madre para tenerlos controlados ¡es agotador!
La tensión en los hombros del rubio había disminuido un poco con la marcha de los otros dos chicos en la habitación pero Kairi tenía claro que aun estaba un poco lejos de sentirse calmado.
-No hace falta que te esfuerces en ser amigable conmigo para hacer que hable contigo, ya me conozco yo ese sistema-cortó encogiéndose de hombros sin poder evitar sonar como un borde.
-Sólo pretendía ser amable, Roxas, no hace falta que te enfades conmigo-sonrió la pelirroja sin alterarse en lo mas mínimo haciendo que al rubio le diese un vuelco al corazón.
"Maldita sea, son como dos gotas de agua" se lamentó internamente al volver a ver a su buena amiga en el rostro ajeno. Le era complicado mostrarse agresivo con Kairi si lo miraba de esa forma.
-¿Qué es lo que Sora quiere de mi?-se apresuró en preguntar intentando disimular lo que la pelirroja le hacía sentir con sólo su presencia. Ya estaba lo suficientemente abochornado por sentirse vulnerable como para que encima aquella chica lo hiciera sentir aún más cohibido.
Kairi sonrió internamente, pese a lo tímido que se mostraba, que tuviera el suficiente interes Roxas para preguntarle directamente significaba que el muchacho estaba más confiado con su presencia y se sentía más seguro a tener una conversación civilizada. Eso era una buena señal.
-Creo que algo ya te dijo ayer ¿no? Tu familia le dio el encargo de ir a buscarte…-respondió Kairi pero no consiguió terminar la frase cuando se vio interrumpida.
-No me vengas con esas-le cortó Roxas con los brazos cruzados.-Si de verdad fuera cierto que mi familia está buscándome como me ha dicho ¿por qué ninguno está aquí esperándome?
-Sora no lo creyó conveniente para ti-contestó ella encogiéndose de hombros.
-¿Ah, si? ¿Sora no lo creyó conveniente?-cuestionó con evidente tono de burla en su voz.-¿Y se puede saber qué derecho tiene a decidir lo que me conviene y lo que no?
Kairi estuvo tentada a decirle "porque él es tu compañero" pero decidió cortarse con respecto aquel asunto. Sora le había explicado que el término para referirse a los "compañeros" no tenía el mismo significado para Roxas como lo tenían para ellos, por lo que el castaño le había pedido discreción respecto al tema y no abusar demasiado en el uso de esa palabra para no hacer sospechar al rubio. Para Kairi aquello era realmente cansino. Entendía la preocupación que Sora tenía por Roxas, pero ocultar esa clase de información al rubio de forma tan deliberada le hacía prever que iba a ocasionar varios problemas en un futuro no tan lejano. Si algo sabía Kairi es que ocultar lo que verdaderamente significaba ser compañeros a Roxas sólo le provocaría un enfado mayor si Sora no se decidía a contárselo por su propia boca, si llegaba a enterarse por segundas o terceras personas el cabreo del rubio iba a ser descomunal.
"En menudos líos te metes tú solo, Sora" protestó ella en su fuero interno.
-¿Acaso estás preparado para encontrarte de cara con ellos?-cuestionó Kairi hábilmente sin darle tiempo al otro a sospechar de sus pensamientos-Sora pensó que el shock de encontrarte de repente en un mundo lleno de "criaturas sacadas de cuentos de hadas" como tú nos llamas ya iba a ser demasiada carga para ti como para encima plantarte frente a tu familia que no recuerdas de nada…sinceramente yo también creo que te habría explotado la cabeza.
Y Roxas también lo creía, vamos que si lo creía. Así que, sabiendo que la pelirroja tenía razón no pudo rebatirle su suposición. Todavía no se creía del todo que tuviera una familia, había vivido toda su vida sin una y saber de su existencia a esas alturas era algo que le estaba costando digerir, aquel mundo fantasioso ya era demasiado para su cabeza como para meterse en más líos y conocer de repente a una familia que no recordaba.
Él solo quería regresar a su casa con sus amigos ¿cómo narices se había visto metido en semejante lío?
-¿Y por qué Sora?-fue su siguiente pregunta mirando a la muchacha con la ceja arqueada.-Digo…¿por qué precisamente él? Ayer me comentó que él estaba relacionado de alguna forma conmigo y…bueno, con mi familia-susurró esto último como si le costase demasiado emplear aquella palabra.-¿Qué tiene que ver él conmigo?
Kairi ante su pregunta se quedó mirándolo largamente como si estuviera pensándose muy bien sus palabras para responderle.
-No es a mí a quien corresponde contarte eso…-evadió Kairi.
-Sí, sí, sí, sí, lo sé. He visto suficiente anime como para saber que esto es algo que sólo debería contarme Sora ¿verdad?-Kairi, sorprendida por sus palabras, asintió ¿había dicho anime?.-Pero…¿sabes qué? ¡Que por mucho que le pregunte y le pregunte el muy maldito no suelta prenda!-exclamó enfadado provocando que con la potencia de su voz el cabello de la pelirroja ondeara como una bandera.
-Tal vez Sora te contaría encantado si dejases de mostrarte tan agresivo cada vez que estáis juntos en una misma habitación...-y al ver como él iba a comenzar a quejarse ella le dio un toque en la frente con los dedos.
-¡Auch!
-Que sí, que todos comprendemos perfectamente que tienes todo el derecho del mundo a enfadarte y a decirle de todo pero, Roxas, siendo realistas ¿de qué te ha servido hasta ahora?-cuestionó ladeando la cabeza-Si de verdad alguien hubiera querido hacerte daño créeme que no se te habría permitido tantas quejas ni tantas borderias como has estado soltado hasta ahora. Ya sabes que estás aquí porque tu familia, esa que te ha faltado, te ha estado buscando durante años mientras tú merodeabas solo y sin recuerdos por un mundo que no era el tuyo…¿no crees que vale la pena que te calmes un poco y te hagas las preguntas correctas en vez de ofuscarte y atacar a todo aquel que se te acerca? Si te calmaras un poco y permitieras que Sora tuviera una conversación decente contigo te enterarías de muchas cosas y casi todas tus preguntas serían contestadas…pero no se lo estás poniendo nada fácil y a cada cosa que intenta decirte tú te echas a su yugular escudándote en "lo enfadado que estás y que los demás debemos comprenderlo"
Roxas la miró escocido por su llamada de atención, encima eso, sonaba igual que Naminé cuando lo regañaba.
-Pero…Sora no tiene intención de llevarme con mi familia, sino a una isla que no conozco de nada…-se escudó bajando la mirada.
-Es lo mismo de antes, Roxas ¿Estás preparado para ver a tu familia precisamente ahora?-cuestionó Kairi y al ver que rubio evitaba mirarla no pudo evitar sonreír con cierta gracia.-¿Ves? Precisamente por eso, ya has tenido suficiente de momento con todo lo que has visto como para ver a tu familia ahora mismo. No te preocupes, no eres ningún prisionero, pero ir a la isla te vendrá bien…además, por lo que me ha contado Sora, las vacaciones no es algo que hayas podido tener desde hace mucho…
-Ah…cierto…no las he tenido…tenía que trabajar…-murmuró frotándose uno de sus brazos ruborizado ante la insistente mirada de la pelirroja.
-Eso me parecía, así que…¿Por qué renunciar a unos días en la playa de unas preciosas islas?-aplaudió un poco la muchacha sonriendo alegremente al creer que Roxas estaba comenzando a ser razonable.
-Quizá porque esto más que una oferta de vacaciones es un secuestro con todas las letras…-y hasta ahí llegaba su raciocinio.
-¡ROXAS!-exclamó Kairi ya empezando hastiarse de la cabezonería del otro. Dios, si que por fuerza era el legitimo compañero de Sora. Son tal para cual.-Si no quieres tomártelo como unas vacaciones entonces piensa en tu salud. Llevas mucho tiempo sin recuerdos, y el estar aquí va a debilitarte durante una temporada mientras pasas por la Adaptación, estar en las islas te ayudará a que te sientas bien, de verdad.
Roxas la miró por el rabillo del ojo con expresión de hastío. No era su intención permanecer en ese lugar y con esa gente el tiempo suficiente para que se produjera ese rollo de la Adaptación, pero lo cierto es que no tenía ni idea de que hacer para alejarse de ellos ni de cómo regresar a su casa. Suponía que de momento tenía que montarse algún tipo de paripé.
-Vale, vale…-claudicó de pronto Roxas con un suspiro haciendo que Kairi lo mirara sin entender.-Mira, si que comprendo que quizá no he procedido como debe ser, pero…joder, sólo quiero que alguien haga el esfuerzo en entender como me estoy sintiendo que el que me vengan exigiendo que me tranquilice y encima me reprochen por enfadarme. Han dormido a mis compañeros de clase y a mis amigos, me han sacado de mi instituto a la fuerza, me han arrastrado a un mundo de fantasía y el responsable de ello no me quiere dejar volver…¡pero!-se apresuró en interrumpir al ver que la pelirroja iba a decir algo más.-Está visto que para regresar a mi casa dependo de vosotros y puesto que eso es indiscutible intentaré controlarme mejor por la cuenta que me trae…
Dicho esto, y sin dejar que Kairi le dijera nada mas, Roxas salió de la habitación dando por terminada la conversación dejando a la pelirroja sentada en la cama mirando anonadada la puerta por la que habia salido el chico.
Ofuscada, Kairi tomó una almohada ahogando en ella un grito de frustración.
-Es como tratar con otro Sora…-gimió ella asomando sus ojos por encima de la almohada-Son igual de cabezones…
Pero al pensar en su amigo, Kairi no pudo evitar sonreír.
-Está bien que hayas decidido colaborar un poco, Roxas, estoy segura que cuanto más tiempo pases en este mundo menos extrañarás el otro.-murmuró para sí misma, sintiéndose un poco más segura con todo eso ahora que parecía que Roxas colaboraría más.
Roxas, por su parte, se sintió aliviado de abandonar la habitación, no le parecía mala chica pero Kairi era amiga de Sora y era de cajón que iba a tratar de convencerlo para que fuera más flexible con el castaño, bueno, en realidad, de momento a Roxas no le quedaba opción que ser tolerante pero esperaba que fuera algo temporal. Aunque hablar con Kairi le hubiera hecho sentir un aire de familiaridad por su parecido con Naminé por ese mismo motivo se sentía especialmente incómodo a su lado. Eran muy parecidas tanto en su rostro, como en sus movimientos y en su forma de hablar y expresarse, literalmente eran muchachas que les pegaban hacer el papel de madres o de hermanas mayores para los que estaban a su alrededor. Estar junto a una persona que se parecía y se expresaba igual a alguien a quien tanto quería no le hacía sentir del todo cómodo. Sólo acrecentaba su deseo de regresar cuanto antes a casa.
Exploró un poco los pasillos del hostal, mirando de un lado a otro preguntándose donde rayos se encontraban las escaleras para ir a la planta baja, quería ver si allí podría encontrar alguna cafetería. El del pelo de plata había mencionado que había una cafetería, aunque no recordaba si se refería a la del hostal o alguna de los alrededores. Esperaba que fuera dentro del hostal, la verdad es que tenía hambre y le gustaría poder comer algo pero no se sentía suficientemente confiado como para salir al exterior con todos esos animales antropomórficos merodeando por las calles, aunque sinceramente no llevaba mucho dinero encima y dudaba que en aquel mundo plagado de raros aceptasen los yenes…
-¡Roxas!-exclamó la voz de Sora. Sobresaltado, Roxas miró hacia los lados buscando al dueño de esa voz pero no fue hasta que miró hacia abajo a su derecha cuando se fijó en que justo a su lado estaban las dichosas escaleras y que justo bajando por ellas Sora lo miraba con un trozo de pan metido en la boca y una bolsa de plástico entre los brazos.
-Sora…-siseó Roxas con aburrimiento al ver al moreno que comenzó a subir los escalones hasta llegar a su lado. Al hacerlo Roxas lo miró de arriba abajo dándose cuenta de un detalle del que no se había percatado hasta ese momento.-Pero…¿de qué vas disfrazado?
-¿De qué me estás hablando?-preguntó Sora arqueando una ceja.
-De esa ropa que llevas…parece que estés haciendo cosplay de algún juego de rol…-señaló Roxas a su indumentaria, y no era para menos, la ropa que el castaño llevaba en ese momento era perfecta para hacerse pasar un personaje de algún tipo de videojuego de rol. Recordaba que hasta ayer estaba usando el uniforme del instituto, pero llegó a fijarse cuando se despertó que clase de ropa estaba usando en ese momento…y mira que era difícil no notarlo, aquella indumentaria era de todo menos discreta.
…De hecho, aquel curioso estilo le sonaba de haberlo visto en otro sitio…
-¿Qué haces aquí solo…?¿Por qué Kairi no está contigo?-preguntó frunciendo el ceño ignorando el comentario del rubio y mirando hacia los lados en busca de la pelirroja, como si aquello fuera más importante y urgente para atender.
-¿Ahora resulta que necesito una niñera…?-cuestionó Roxas con una vena de enfado en su frente.
-No conoces nada de este mundo, dejarte solo sería una estupidez por mi parte-contraatacó Sora señalándole con el dedo.-Y hasta que no sepas manejarte por tu cuenta lo más seguro es que estés cerca de alguno de nosotros por lo que pudiera pasar…
-Cierra el pico, aun puedo tener autonomía ¿sabes?…-gruñó Roxas alborotándose más sus rubios cabellos.
-¿Dónde está Kairi?-insistió Sora.
-La he dejado en la habitación hace apenas dos minutos, neurótico.-se encogió el de hombros. Y al ver como el castaño lo miraba murmuró fastidiado-Si, descuida, que tu amiguita ya ha tenido una charla conmigo, y ya le he prometido que a partir de ahora me portaré bien…al menos durante un tiempo.
Entonces Roxas tuvo que ver como el pan que Sora había estado agarrando todo el tiempo entre los dientes caía por su propio peso hacia suelo, mostrando una expresión incrédula por su parte.
-¿En serio…?-cuestionó Sora mirándolo con sus ojazos azules.
-Sí.-respondió sin más, no le apetecía nada hablar con el moreno en esos momentos. Bastante hacia conteniéndose para evitar soltarle un puñetazo en la cara en ese momento, se le hacía demasiado atractiva la idea de noquearlo pese a tener plena consciencia de que no tenía nada que hacer frente a él.
Sora sonrió con amplitud, Roxas lo miró arqueando una ceja esperando que empezara hacer preguntas o algo así pero para su sorpresa nunca llegó, de hecho le pilló desprevenido sentir como el brazo de Sora se entrelazaba con el suyo con descaro.
-Vamos a la cafetería, es por aquí-dijo comenzando a tirar de un sorprendido rubio para que bajara las escaleras.-Seguro que estás hambriento y te digo por experiencia que no es nada recomendable tener el estomago vacio cuando vas a ir de viaje a un Barco Volador.
-…¡Espera! ¡¿Qué?! ¡¿Cómo que un Barco Volador…?!-protestó Roxas siendo tirado del brazo sin piedad por un entusiasmado Sora, que al parecer no cabía en sí del gozo.-¡Sora! ¡¿Quieres parar el carro un momento?!
-¡No quiero!-negó Sora feliz como un niño.-Ya verás, los bollos de crema de la cafetería están de muerte ¡seguro que te encantan!
-¡SORA!-bramó Roxas aun siendo llevado contra su voluntad mientras dejaban atrás a la pelirroja que los observaba desde la distancia con una divertida sonrisa.
-Al fin y al cabo, Roxas, tú eres el indiscutible compañero destinado para Sora.-murmuró Kairi mirando su mano izquierda apreciando que en su anular se encontraba un fino hilo rojizo.
Sonriente, Kairi siguió el camino que el hilo siempre le marcaba, bajando tranquilamente por las escaleras encontrándose con que sus amigos estaban ya sentados en las mesas de la cafetería, Sora pidiendo cientos de cosas a la camarera mientras Roxas le protestaba abochornado. Riku fue el único que pareció percatarse de su presencia fuera de la cafetería porque se giró a mirarla. Él le sonrió y la saludó con su mano derecha, dejando ver que en su anular se encontraba el otro extremo del hilo rojo.
-Si…todos tenemos un compañero destinado…-murmuró sonriente al ver al peliplateado.
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Hace mucho, mucho tiempo el mundo que Gaia, tierra de magia, dragones y bestias mágicas, trazó su destino hacia un futuro que marcaria a sus habitantes magos para toda la eternidad. Era un mundo donde la magia nacía en cada uno de los seres vivos de una u otra manera, que era tan natural como el respirar y que conformaba parte de las leyes naturales que mantenía el equilibrio de su existencia. Pero…como suele ocurrir con toda especie inteligente; se cometen errores que llegan a poner en peligro este equilibrio…
Los magos de este mundo quisieron saber demás…tan inteligentes y tan imprudentes a la vez, insaciables en su búsqueda continua del conocimiento para prosperar como especie. Algo totalmente natural…y totalmente peligroso. Pero aquello que buscaban era imposible de conseguir…
Existe una ley inquebrantable. La única ley que tenían en común todos los universos sin excepción alguna.
Los muertos no pueden volver
No hay excepción para nadie, ni el más poderoso, ni el más valiente, ni el más rico, ni el más malvado ni el más benévolo…
Los magos cometieron este grave error; querer adaptar las leyes a su propia conveniencia. Movidos por el dolor y la determinación de querer hacer regresar a aquellos que se fueron ¿fue por amor? ¿Por egoísmo? Tantas posibilidades, ninguna de ellas buena, ninguna de ellas justificable de cometer el mayor tabú de todos...
Ninguna de ellas razón para querer jugar a convertirse en Dios.
Y los magos pagaron cara su osadía.
Pidieron su deseo, lucharon por ello pero el precio a pagar era tan elevado como imposible de cumplir como dictaba la ley; no era posible cumplir ese deseo, no existía pago que pudiera servir para sostener la estabilidad de los universos, por ello recibieron su castigo. Sus almas pagaron el precio de su castigo por su deseo.
El castigo se extendió por todo el mundo, condenando a los magos a que sus almas se partieran en dos mitades perfectas, una maldición que los perseguiría a través del tiempo y de las posteriores generaciones sin importar las veces que se reencarnaran, sin importar cuantos siglos pasaran, aquella condena seria eterna. Seres eternamente incompletos…
Pero en aquel entonces hubo un gran mago erudito, uno tan sabio, tan poderoso y tan misericordioso que sus semejantes le conocían como el Mago Primigenio, el primer gran mago conocido por su sacrificio, el pionero de la magia actual, que, buscando la forma de darle paz a la humanidad hizo el noble acto de entregar su propia alma en un hechizo para darles la oportunidad a las almas de los condenados de poder encontrar a sus mitades. Era poderoso pero los magos recurrieron a alguien que estaba en otro nivel, en otro universo para hacer realidad su deseo, por tanto el Mago Primigenio no tenía suficiente capacidad como para liberar a la humanidad de su castigo, pero si tenía lo suficiente como para hacer más soportable su condena;
Un hilo rojo.
Un guía confiable que acompañaría a todo ser humano desde su nacimiento hasta el día de su muerte, siempre guiando al portador hasta el otro extremo donde se encontraría su otra mitad, la que le haría ser completo y pleno, nunca habría forma de volver a juntar sus almas pero el permanecer cerca la una de la otra hará posible la estabilidad de sus cuerpos y mentes. La historia con el tiempo fue modificándose, cambiando detalles de la misma y su coherencia, pero lo cierto es que la unión del hilo hacia posible la unión de dos almas destinadas a estar juntas. Dos compañeros de por vida.
-Pero…mamá…yo nunca he visto el hilo rojo ¿por qué tiene que aparece justo en este momento?-protestó el pequeño Sora ante la historia que le contaba su madre mirando el dedo anular de su mano derecha al ver aquel resplandor rojizo brillando en forma de fino hilo perdiéndose en algún punto de la calle.
El hilo era el guía visible que mantenía conectadas dos almas que, hace muchos siglos, fueron divididas en dos por la Condena Mágica. Todos los magos existentes nacían con ese hilo que los unía a su compañero destinado y sólo era visible para las dos personas que conectaba el hilo. Era normal que los niños pequeños no fueran capaces de ver el hilo con el que nacieron, sus poderes se encontraban en desarrollo y sólo cuando estaban lo suficientemente desarrollados para mantenerse con un mínimo de estabilidad, el hilo comenzaba hacerse visible para ellos.
Mitsuki, la madre del muchachito, rió enternecida ante el puchero de su pequeño hijo. El pobre se había despertado sobresaltado aquella mañana al encontrarse con el hilo rojo del destino rodeando su dedo anular, indicando que había llegado su momento de reunirse con aquella persona que lo acompañaría el resto de su vida.
Sora hacia poco que había cumplido su séptimo año de vida y su madre no podía sino sentirse orgullosa de ver que su pequeño ya era capaz de ver su hilo rojo. No era capaz de ver el hilo rojo de su niño ni el de ningún otro salvo el que la unía a ella con su compañero, pero el desconcierto que veía en los ojos de Sora, que miraba incansablemente su dedo anular le daba la clara señal de que al fin Sora estaba preparado para encontrarse con la otra mitad de su alma.
-Mi pequeño Sora el hilo siempre ha estado en tu dedo, sólo que no podías verlo. Se necesita ser un hombrecito, como lo eres tú ahora, para ser capaz de verlo.-sonrió Mitsuki acariciando los alborotados cabellos del castaño que seguía mirando distraídamente el hilo enredado en su dedo.
-Eso significa…¿Qué ahora voy a tener una compañera o un compañero como le ha pasado a Riku…?-murmuró Sora mirando a su madre con una ceja arqueada como si la idea no le entusiasmase demasiado.
-¡Por supuesto! Como todos, cariño.-dijo la mujer aguantando las ganas de soltar carcajadas ante las expresiones de disgusto de su niño.
Sora sintió un ligero escalofrío al recordar como su mejor amigo fue llevado casi a rastras por sus padres cuando le llegó el día en que fue capaz de ver su hilo, como era de esperar sus padres y demás familiares se volvieron locos de contentos ante ese acontecimiento tan importante y no perdieron el tiempo en comenzar a prepararse para realizar el viaje para encontrar a la persona que estaba al otro lado del hilo. Lo habitual era que los niños fueran capaces de ver su hilo rojo cerca de los ocho años pero aquel dato sólo era una referencia, una aproximación, porque a la hora de la verdad la visualización del hilo era diferente para cada niño. Hay casos de niños de cuatro años que ya podían ver el hilo y otros no eran capaces de verlo sino hasta que tenían doce o trece años, todo dependía de la estabilidad de magia que tuvieran. Y el momento de Riku llegó bastante pronto, con tan sólo cinco años sus padres ya estuvieron haciendo los preparativos para ir de viaje en busca del compañero o compañera destinado para el peliplateado. Sora podía recordar que su mejor amigo estuvo cerca de un mes desaparecido de las Islas y cuando regresó fue acompañado por aquella niña pelirroja de buenos modales y habla refinada. Casi todos los de la isla se cayeron al suelo de la impresión al ver como aquel niño que conocían desde siempre, hijo de cazadores profesionales, teniendo por compañera a una de las princesas de Vergel Radiante. Por consecuencias de las parejas destinadas, en Gaia no se hacía distinción entre género ni clases sociales cuando del hilo del destino se trataba porque era, junto con la muerte, la cosa más absoluta e irremediable que existía en ese mundo, pero eso no significaba que la gente humilde estuviera acostumbrada a tratar de cerca a la aristocracia o a los miembros de la realeza. Más que por su emparejamiento con el hijo de cazadores, a los isleños les chocaba más la propia presencia de una princesa en sus islas, y sobretodo porque los padres de la muchacha hubieran llegado al extraño acuerdo de permitir que la pelirroja se trasladase a vivir a la casa de los padres de su compañero hasta que se hicieran adultos como para vivir ellos dos solos. Aquello era un hecho insólito cuando lo que se esperaba era que fuera el peliplateado quién se hubiera trasladado a vivir al castillo de Vergel Radiante, eran dos las princesas nacidas en aquel reino y solo una de ellas podría llegar a convertirse en reina en cuanto los actuales reyes pasaran a mejor vida, pero el que una de ellas se trasladase a vivir a una isla lejos del hogar familiar y de la educación y disciplina que se suponía que debía recibir para poder tomar el cargo daba a entender que la niña, o los padres de ambos niños, había renunciado a su sucesión al trono ¿Por qué? Esa era la pregunta que mas curiosidad había despertado siempre en los isleños, mas sin embargo por respeto nunca indagaron en el tema. Sora, siendo el mejor amigo del peliplateado y además, siendo todavía tan pequeño como para entender la diferencia de poderes entre él mismo y aquella princesa no trató a Kairi diferente a como trataba a cualquiera que conociera.
Sin embargo aquella situación tan extraña para él de ver a su amigo ya emparejado le hizo cuestionarse a sí mismo por primera vez el día en que llegaría su momento de reunirse con su compañero o compañera. Desde que nació había escuchado todas las historias, cuentos, referencia y, sobretodo, la total importancia que tenía la presencia del hilo en la vida de cada persona pero nunca llegó a tomárselo tan en serio como cuando vio regresar a Riku acompañado de aquella niña de pelo rojo, en ese momento Sora no lo entendía pero sí que era lo suficiente perspicaz como para darse cuenta que a raíz de conocer a Kairi algo en Riku había cambiado. No sabía el qué, porque el peliplateado seguía comportándose igual que siempre, sus peleas cotidianas no cambiaron, ni sus bromas, ni sus entrenamientos, nada de su día a día se había alterado…pero sin embargo, Sora podía percibir aquel sutil cambio que no haría sino reforzarse con el tiempo y la convivencia entre esos dos. Cuando Kairi no estaba presente, Riku siempre preguntaba por ella, siempre sintiéndose incomodo de no tenerla a la vista, cuando se iba a la práctica con el grupo de cazadores Sora pudo darse cuenta que su amigo se volvía mas fanfarrón de lo normal cuando la pelirroja estaba mirando, también pudo fijarse en que Riku tendía a mostrarse irritado cuando alguien lo regañaba delante de su compañera, cuando en otro tiempo solo se habría quedado con la mirada ausente ignorando el regaño.
¿Él también tendría esos cambios raros en cuanto se emparejara? Aquella idea no le hacía demasiada gracia al castaño, por mucha importancia que tuviera aquel famoso hilo rojo no le gustaba pensar que llegaría el día en que tendría aquellos comportamientos extraños donde provocaría la mofa de los niños mayores y el de los adultos. Kairi le caía bien y se divertía cuando jugaban o entrenaban juntos, pero Sora nunca podía evitar sentir aquella punzada de contrariedad cada vez que la miraba y pensaba que de no ser por ella, Riku no estaría comportándose como un raro….y la verdad es que a Sora no le apetecía nada acabar como su mejor amigo en cuanto encontrarse a su compañera o compañero.
Los magos sólo podían enamorarse y emparejarse una única vez en sus vidas, no había segundas oportunidades. No eran capaces de formar relaciones ni familias con otra persona que no fuera el compañero destinado, era una maldición desde hace miles de años pero al final la humanidad acabó adaptándose a ella y ejerciendo tanta influencia en la vida, en la reproducción, en las relaciones sociales y en la construcción de las familias que todos habían comenzando a romantizarla con el paso de los años con el fin de hacer más agradable y llevadera aquella carga de por vida surgiendo de paso tradiciones como la responsabilidad de los padres por acompañar a sus hijos a encontrar a sus destinados y procurar que crecieran juntos con el fin de evitar posibles complicaciones en el futuro, aquella función había quedado tan arraigada en las costumbres y tradiciones universales que casi se había convertido en ley para todas las culturas del mundo. Nadie cuestionaba si dos destinados debían o no estar juntos, era absurdo hacerlo, si la pareja no estaba junta no habría futuro alguno, no dejarían hijos, no formarían hogares, ni tan siquiera serían útiles para la sociedad en sí. Porque dejando aparte los sentimientos románticos que dos personas destinadas pudieran tener, no había que olvidar que una pareja de destinados eran las dos mitades de una misma alma y ambas partes necesitan la una de la otra para poder sobrevivir. A lo largo de la historia, las guerras, las enfermedades, los accidentes, los asesinatos, los atentados terroristas y muchas otras cosas habían demostrado lo abrumadoramente mortal y aterrador que podía resultar que una persona se quedase sin su compañero; igual que una enfermedad degenerativa, los afectados entraban primero en un estado de apatía en donde no tenían motivación alguna por la vida, ni por relacionarse con otras personas, ni de atender a su familia o sus negocios, perdiendo el interés por comer incluso aquello por lo que antaño habría sido irresistible para ellos; otras veces su número de relaciones sociales se volvía pequeño y trataba de acaparar a su diminuto circulo social todo lo posible como si tuvieran un miedo obsesivo y paranoico a estar solos o a ser invadidos por otras personas pese a no estar en un entorno nocivo ni peligroso, duermen poco y mal, sufren pesadillas y manía persecutoria, finalmente algunos llegaban al suicidio o perdían la cordura causando muerte y destrucción a todo aquel que lo rodeaba incluyendo a familiares y amigos, quedando completamente incapaces de volver a razonar o siquiera saber quiénes son quedando como única forma de pararlos dándoles muerte…en resumen, perder a un compañero suponía una muerte lenta y agónica sin posibilidad alguna de poder librarse de ello. Muchos eruditos y curanderos habían tratado esta anomalía a través de los siglos, estudiando, probando, experimentando, haciendo exámenes físicos, anímicos y psicológicos…pero la cura era algo completamente imposible de desarrollar. La razón de que aquella anomalía existiera era porque la mitad de un alma había muerto y la otra no era capaz de sobrevivir sin ella, pese a tantos estudios y teorías el tema de las almas todavía era un tema demasiado misterioso dado que las almas no podían verse ni tocarse por lo tanto era imposible estudiarlas como era debido para saber cómo prevenir la anomalía, o averiguar cómo construir de forma artificial un alma que compensara la pérdida y que sirviera de sustituta.
Pero era evidente que los niños pequeños no eran capaces de entender del todo toda la importancia que significaba el permanecer junto al compañero destinado, por eso era deber de los padres enseñárselo adecuadamente a medida que iban creciendo y mediar por ambas partes cuando conseguían que dos niños destinados comenzaban a convivir.
Mitsuki observó a su hijo por el rabillo del ojo volviendo a aguantarse las ganas que le daban de soltar una carcajada. Todos los niños conocían la importancia que implicaba el poder ver el hilo y encontrar a su compañero cuanto antes, no lo comprendían del todo pero sí que entendían que para el mundo de los adultos, ése al que tanto ansían llegar, era algo importante, aun sin saber que era más esencial para sí mismos que para los padres o adultos en general. Las diferentes reacciones infantiles que experimentaban los niños ante el acontecimiento resultaban enternecedoras y divertidas para los adultos, sobretodo para los padres del niño; la mayoría de los pequeños consideraban que aquello era un paso irrefutable que los encaminaba al mundo de los adultos, donde al fin recibirían respeto y no serían tratados como niños a los que había que proteger. En la mente de los infantes, sólo los adultos podían ver el hilo rojo y sólo los adultos podían tener compañeros, por ello el estar implicados en ese acontecimiento tan importante por el que se montaba una gran algarabía sólo les hacia hinchar el pecho en orgullo al sentirse que ya no eran niños. Pero como también solía ocurrir, había otros tantos niños, como era el caso de Sora, que solían renegar la idea de tener un compañero, como si estuvieran obligados a arrastrar a un lastre por el resto de sus días.
Por ello era imprescindible hacer que los niños conocieran a sus compañeros tan pronto comenzaran a ver el hilo, de esa forma se ahorrarían muchos problemas en el futuro. Lo ideal siempre era que los niños, junto a sus padres, comenzasen a buscar a su compañero siguiendo el rastro que dejaba el hilo, en cuanto se encontraran los padres debían ponerse de acuerdo entre ellos para reajustar sus vidas y criar a los niños juntos o por lo menos que pasasen el mayor tiempo posible juntos. Claro, siempre y cuando ambos destinados fueran de la misma edad.
La mujer estaba emocionada y orgullosa al mismo tiempo, emocionaba por poder compartir con su hijo aquel momento tan importante. Por cosas que a veces pasan, ella sólo pudo dar a luz a su único hijo, y su compañero y padre de Sora, un valeroso cazarecompensas, pasaba periodos largos fuera del hogar cumpliendo con su trabajo como para pensar en tener más niños correteando por la casa, ella esperaba que en cuanto le contase que el niño ya podía ver el hilo se tomase unas pequeñas vacaciones para acompañarlo a buscar a su compañero o compañera; por ello, aquella podría ser la única oportunidad de la joven madre de celebrar con su hijo aquel importante acontecimiento. Y orgullosa porque para una madre siempre era motivo de presunción el que un hijo fuera capaz de ver el hilo rojo siendo tan pequeño, ver el hilo suponía una estabilidad mágica perfecta y eso sólo se conseguía con el tiempo y con el adiestramiento adecuado para el control de la magia, que Sora pudiera ser capaz de ver el hilo rojo antes de haber cumplido su octavo año de vida dejaba claro ante el mundo que sus padres habían hecho un buen trabajo adiestrándolo para el control mágico. Pero, al mismo tiempo, un gran alivio se había asomado en el corazón de la mujer, su hijo veía el hilo y eso significaba que en el otro extremo tenía a su destinado, eso ha quedado claro.
Para los padres, en especial para las madres, la incertidumbre por el futuro y la vida de sus hijos estaba presente en ellas desde el momento en el que saben que están embarazadas. La regla natural era que antes o después los niños comenzaran a ver el hilo y los padres se hicieran cargo de reunir a las dos partes y discutir la convivencia entre ellos…pero no eran hechos aislados que a veces esa regla no podía cumplirse. Muchos padres vivían en agonía constante cuando ven a un hijo crecer y crecer y que éste nunca es capaz de ver su hilo, este hecho solo podía tener dos explicaciones posibles; la primera que el destinado todavía no hubiera nacido y por ello era imposible que el hilo pudiera manifestarse, no era un hecho insólito que un adulto joven comenzaba a ver el hilo rojo y que lo guiase hasta un bebé recién nacido. La segunda causa, y la más terrorífica, es que el destinado en cuestión hubiera muerto en ese caso el hilo jamás se manifestaría y, por ende, el niño estaría condenado a seguir el mismo camino de su compañero con el tiempo.
-Vamos, Sora, no te lo tomes así-murmuró Mitsuki colocándose al lado de su niño, que estaba haciendo un puchero de disgusto.-Entiendo cómo te sientes…a mí tampoco me hizo ninguna gracia que tus abuelos me hicieran correr de aquí para allá buscando a mi compañero cuando comencé a ver mi hilo…
Sora miró a su madre, interesado en lo que le estaba contando pero aun mostrando total apatía por aquella situación.
-Si, a mí también me daba repelús imaginarme comportarme de forma acaramelada y besucona con tu padre…-confesó ella rememorando aquellos momentos de su infancia cuando comenzó a ver su hilo.-En ese entonces yo ya había visto a varias amigas mías yéndose de viaje y regresar con sus compañeros y compañeras, sus actitudes muchas veces me daban mucha grima y me daba bastante pavor pensar que yo también acabaría comportándome como si estuviera tonta al conocer a mi compañero.
-Si…eso es lo que pasa.-asintió Sora sintiéndose en confianza al ver que su madre lo estaba entendiendo.-No quiero comportarme como un idiota…no quiero parecerme a una de esas niñas tontas que suspiran y lloriquean por las esquinas cuando quieren que sus compañeros les ponga atención…o como esos niños que parecen que siempre vayan de chulos para impresionar a sus compañeras…
-Y no te pasará, cielo, la conexión con tu compañero no tiene porque ser acaramelada y edulcorada…mira a tu amigo Riku, cuando conoció a Kairi ¿le viste tú comportándose como un tonto?
Sora se rio al recordar cómo había visto innumerables veces a su amigo molestando a la niña pelirroja que era su compañera destinada hasta que ésta se hartaba de él y acababan enzarzados en una graciosa pelea. Sora no quería contradecir a su madre mencionándole aquellas sutiles rarezas que había encontrado en Riku en cuanto Kairi llegó a su vida, pero lo cierto era que la personalidad y el comportamiento habitual de su amigo no había cambiado.
-Pero dime…¿a qué seria genial que tu compañero fuera…tu amigo?
-¿Amigo?-cuestionó Sora esta vez mirando a su madre con gran interés, como si hubiera dicho la palabra mágica.
-Ya sabes…encontrar a alguien que le guste trepar a los árboles igual que a ti, o que le apasione la lucha de espadas ¿te imaginas pelear con él en medio de la playa? Oh, también sería estupendo que fuera tan rápido como tú y ambos hicierais carreras hasta el centro de la isla…
Ante todas esas posibilidades, la cara de Sora fue cambiando conforme la escuchaba. Había oído hablar de la unión de los compañeros prácticamente desde que nació y, como cualquier otro niño, sabía lo que se esperaba de él una vez que fuera capaz de ver su hilo rojo y por ello una parte de él siempre rumió ante la idea de tener a alguien que lo atara para siempre. Sora era muy activo, con espíritu aventurero y unas ansias enormes de conocer el mundo y siempre había pensado que tener un compañero o una compañera iba ponerle limitaciones a esos objetivos que quería conseguir.
Pero…¿y si esa persona resulta que era igual que él? Otro aventurero. Otra persona además de su mejor amigo, y la que ahora era su compañera, que quisiera recorrer el mundo.
-Ahora ya no suena tan terrible ¿a qué no?-preguntó risueña la mujer al ver que su hijo empezaban a brillarle los ojitos.
-Y…¿Cuándo iremos a buscar a esa persona?-preguntó ruborizado el pequeño castaño mirando a su madre con timidez.
Mitsuki sonrió ampliamente. Había logrado que su hijo se interesase en conocer a la persona que le era destinada.
Ahora sólo quedaba contactar con su compañero y prepararlo todo para realizar el viaje para encontrar a esa persona.
/*/*/*/*/
-¿Me tomas el pelo…?-cuestionó Roxas con un tic en el ojo derecho al ver a semejante trasto ante él.
-No, no lo hago.-rió Sora divertido por la expresión del rubio.-¿A que es impresionante?
-¡¿En serio pretendes ir algún lado en esa chatarra?!-exclamó alterado Roxas señalando el aquello que el castaño se refería como "un barco volador", que mas bien parecía una nave espacial sacada de la película de Lilo y Stichs.
-¿Por qué te agobias? Vale que parezca más cantoso pero en el otro mundo están esos pájaros de metal que llamas aviones ¿No? No se diferencian tanto…
Roxas sintió el impulso de protestarle pero lo cierto es que no tenía argumentos validos con los que descargarse, ciertamente aquel trasto parecido a una nave parecía igual de seguro que un avión y con las mismas funciones que uno, sólo que con una forma y modelo que nada tenían que ver con los que él haya visto, incluso parecía más bien un dirigible. Pero aun así, mirándolo, tan grande, saber que iba a tener que subirse en él y viajar por el aire no era una idea apasionante para el rubio. Le imponía demasiado aquella chatarra gigante y desconocida.
-Roxas…no me digas…-murmuró Sora al ver el gesto del rubio al ver la nave.-¿Nunca has montado en…?
Al intuir lo que iba a decir, Roxas se apresuró en interrumpirle con voz alterada;
-¡Cállate! ¡Soy terrestre ¿vale?! ¡Si al ser humano no le salieron plumas ni alas, por algo seria! ¡La naturaleza es sabia! ¡No nos hizo aptos para volar! ¡Y esa ley hay que acatarla! ¡No seré yo quien viole las leyes naturales montando en ese trasto! Como tampoco voy a dejar que me obligues a ello ¡Así que ten claro que…!
-¿Qué le pasa a Roxas?-murmuró Kairi anonadada ante el parloteo de histerismo que se estaba marcando el rubio, parecía que no fuera capaz de dejar de hablar ni de gritar y sin estar dirigiéndose a nadie específicamente.
-Creo….-sonrió de forma circunstancial el castaño viendo que su compañero no dejaba de hablar y hablar como si no fuese capaz de parar de hacerlo.-Creo que al pobre le da miedo volar…
-Pfffff ¿es en serio?-se carcajeó Riku cargando con un par de bolsas de equipaje sobre sus hombros.-Vaya por dios, suena irónico que precisamente el compañero de Sora le tema a volar…eeeeeh SORA.
Tanto el aludido como la pelirroja lo miraron con cara de circunstancia, como si estuvieran cuestionándole si en serio había hecho ese chiste.
-…chiste fácil y malo, amigo.-inquirió Sora, como respuesta Riku se encogió de hombros.
Negando con la cabeza, Sora se acercó hacia donde estaba su compañero para tocarle el hombro y de esa forma llamar su atención. Cuando el rubio volteó a mirarlo, Sora pudo apreciar que estaba un poco pálido y aquello, de alguna manera le tocó el corazón.
-No tienes que preocuparte, Roxas, el barco volador es totalmente seguro, he viajado montones de veces en muchos de ellos y nunca ha pasado nada.
-Yo no he dicho que tuviera miedo…-murmuró Roxas mirando preocupado aquel cacharro.
Sora no pudo evitar sonreír derritiéndose por dentro ante la ternura que Roxas le trasmitía, no es que estuviera teniendo una imagen encantadora de su parte y era plenamente consciente que el rubio ya tenía que estar bastante cansado de estar constantemente sintiéndose vulnerable todo el tiempo ante tantas cosas desconocidas para él, pero para Sora el sentimiento que le trasmitía su compañero era simplemente el de ternura. Sentirlo nervioso y achantado le daba tentación de protegerlo pero también sabía que si algo le sobraba a Roxas eran las ganas de peleas, y aquello era fácilmente superable para él.
-Dejémoslo en que sólo estás nervioso porque nunca has volado ¿te parece?-le propuso en tono conciliador-Vas a estar bien, de verdad, y te puedo asegurar que las vistas son espectaculares. Podrás pasearte por la zona al aire libre y sentir el viento en tu cara o sólo ver el cielo si quieres.
-Genial, no sabes la ilusión que me hace saber eso…-se mofó el rubio con todo el sarcasmo pintado en su tono de voz, más el moreno fingió no darse cuenta de ello y se apresuró en colocarse a su espalda y empujarlo para hacerle subir al barco.-¡Ey! ¡Para, no me empujes, idiota!
-¡Va! ¡Va! Cuanto antes te subas, mejor! No hay que darle tiempo a la inseguridad a que gane terreno.
-¡¿Quieres dejar de empujarme, maldito chalado?! ¡Puedo caminar por mi cuenta!
-Nos espera un largo viaje.-suspiró Riku a la espalda de la pareja siendo secundado por un asentimiento de su compañera. Eso sí, el viaje seria de todo menos aburrido.
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-¡Vaya! ¡Esto es genial!-exclamó el pequeño Sora sentado en el suelo del barco volador con el viento revolviéndole los cabellos y la vista clavada en el lejano horizonte donde había una gran pradera verde. Entonces volvió a fijarse en su dedo, donde estaba aquel fino hilo rojizo resplandeciente y se perdía a la vista en algún punto de aquel paraje natural. Era difícil olvidar que se encontraba ahí.
"Mi posible compañero o compañera está al otro extremo…"-pensó para si mismo el niño con la vista de nuevo clavada en el horizonte. "¿También podrá ver el hilo? ¿También me estará buscando?"
Hacia como un par de días que Sora y sus padres habían emprendido aquel viaje en busca de su persona destinada, en ese tiempo Sora había tenido tiempo para pensar subido en aquel Barco Volador sintiéndose más emocionado de lo que hubiera esperado, hasta el punto de sentirse muy nervioso. En su cabeza comenzaban a agruparse pensamientos que no hacían otra cosa que presionar su estomago…estaba ansioso por conocer a la persona que estaba al otro lado del hilo luego de aquella charla con su madre pero al mismo tiempo la incertidumbre y lentitud del viaje le hacía sentirse inseguro por lo que pudiera estar pensando esa persona…
¿Y si su destinado no lo quería? Los adultos siempre decían que dos personas destinadas siempre iban a estar juntas pero Sora tenía por referentes a sus padres y a los de sus amigos y aquello no era alentador. Aunque era muy consciente del cariño que sus padres se profesaban vivían mucho tiempo por separado. Su padre se pasaba casi toda la vida de viaje como cazador de monstruos para las personas ricas y su madre, aparte de educarlo, se había dedicado a dar clases en el colegio de primaria que había en las Islas del Destino. Sus respectivos empleos impedían que pudieran convivir juntos en un mismo espacio durante demasiado tiempo ¿cómo podían soportarlo? ¿No era tan importante estar siempre junto a tu persona destinada?
Aquellas dudan abrumaban la mente del pequeño y le hacía cuestionarse si tendría esa clase de vida con su propia compañera o compañero…
-Sora.
El moreno dio un bote en el sitio y se giró por completo para contemplar la figura de su padre, Taiyou Leonheart, que lo miraba con una expresión relajada en su rostro.
-Padre…-saludó Sora con una sonrisa mientras su progenitor terminaba por acercarse a él.
-¿Estamos yendo bien en el rumbo? ¿O hay algún cambio?-preguntó el fuerte guerrero de ojos y cabello castaños clavando su mirada en su hijo.
Al ser Sora el único que era capaz de ver su hilo rojo era responsabilidad suya el guiar a los adultos para que condujeran en la dirección adecuada y no perderse por el camino, algo bastante tedioso para un niño pequeño que debía estar constantemente atento a la dirección que marcaba el hilo, si se le ocurría distraerse o ponerse a jugar corrían el riesgo de que acabasen por tomar la dirección equivocada y encontrar a la otra persona que esperaba en el otro extremo del hilo conllevaría más tiempo. Por ello, ambos padres decidieron hacer turnos para mantener vigilado a su hijo de que no se distrajera de su tarea…
-No, no hay cambios.-afirmó el muchachito alzando por inercia su mano para mostrar su hilo aunque sabía que su padre no sería capaz de verlo.-El hilo sigue marcando hacia el frente.
-Está bien, con un poco de suerte no tendremos que ir mucho más lejos…-murmuró el guerrero de cabellos castaños sentándose con las piernas cruzadas junto a su hijo para observar el paisaje.
Desde ese momento ambos se sumieron en un cómodo silencio, sintiendo el agradable viento acariciando sus caras y cabellos, el olor a plantas silvestres y el sonido del motor del Barco. Sora miró por el rabillo del ojo a su padre. Desde que recordaba era un hombre muy ocupado y apenas pasaba por casa, pero también recordaba que el poco tiempo que estaba lo dedicaba por completo a su familia, no hablaba de lo que le esperaba en el trabajo ni de los problemas que estos pudieran conllevar, cuando estaba en casa el tiempo que estuviera, mucho o poco, se lo dedicaba exclusivamente a su compañera y a su hijo, éste ultimo disfrutando con gran deleite de las historias que siempre le contaba sobre la caza de monstruos.
Pero esa separación y brevedad en el hogar por parte de su padre le generaban ciertas dudas a Sora respecto a su porvenir con su compañera o compañero.
-Tu mirada me dice que me quieres preguntar algo.-se escuchó la grave voz de Taiyou haciendo sobresaltar al moreno, Sora clavó sus ojos en su padre sorprendido por haberlo escuchado. El mayor soltó una suave carcajada ante su divertida reacción.-Vamos, hijo ¿Qué es lo que te preocupa?
De pronto Sora se sintió tímido ante su progenitor, hasta el punto de ponerse a juguetear con sus dedos y tartamudear avergonzado de haber sido tan evidente en su malestar ¿y si resulta que su padre se reía de él? Es un adulto, a lo mejor lo que sentía era tan infantil que provocaba burla…
-Sora, por favor, cálmate.-murmuró con cariño posando su mano sobre la cabeza de su pequeño, silenciando su tartamudeo haciendo que le prestase atención.-Todo esto es algo nuevo para ti y entiendo muy bien que estés nervioso y tengas dudas y preguntas que quieres resolver antes de encontrarte con tu destinado. Soy tu padre y si quieres hablar de algo soy todo oídos y te ayudaré en todo lo que pueda.
Escuchar aquellas palabras reconfortó al menor bastante más de lo esperado, aunque aun se sentía algo inseguro de compartir sus pensamientos con el mayor, no quería sonar demasiado aniñado pero si su nerviosismo estaba siendo tan evidente ¿Qué haría si su destinado se daba cuenta de ello? ¿Qué le diría? A Sora le invadía la preocupación pensar en poder dar una muy mala primera impresión y quedar en ridículo ante su compañera o compañero ¿Riku también se sintió de aquella manera cuando fue en busca de Kairi? Si así fue nunca se lo dijo, la verdad es que Riku nunca le contó lo que sintió o lo que pensó durante su viaje y Sora tampoco se tomó la molestia de preguntárselo. En su momento no le interesaba y estaba demasiado distraído fijándose en que su mejor amigo tenía esos comportamientos raros cuando Kairi andaba cerca de él. Ahora se arrepentía de no habérselo preguntado cuando tuvo la oportunidad…
-Estaba pensando…-empezó hablar el niño con la voz un poco quedada.-Padre, tú…¿quieres mucho a mamá?
Taiyou se quedó mirando a su hijo sorprendido por su pregunta.
-Sora, tu madre es mi compañera. Mi persona destinada para toda la vida ¿Cómo no voy a quererla?-cuestionó arqueando una ceja, sospechando que aquella no era realmente la pregunta que su hijo quería hacerle.
-Ya…-murmuró nervioso Sora alborotándose su rebelde pelo, buscando las palabras exactas.-Y cuando no estás en casa…¿la echas de menos?
-Sora…-suspiró el mayor con una sonrisa.-No hay día en que no la eche de menos y, por supuesto, a ti también.
-Entonces…¿Por qué lo haces?-preguntó el castaño mirando a su padre.-Se supone que sois compañeros; destinados. Siempre me han dicho que los destinados están hechos para estar siempre juntos, que separarlos provocaría que uno de los dos o los dos les pasara cosas malas y…no entiendo porque a pesar de saber eso…vosotros dos permanecéis siempre separados…
Su padre esbozó una cariñosa sonrisa, pensando que su hijo se veía encantador, Sora nunca había mostrado interés en los compañeros antes ni tampoco había cuestionado ni puesto en duda la relación que había entre sus padres, hasta claro que tuvo que quedarse un tiempo sin su mejor amigo cuando éste se fue en busca de su compañera. Taiyou se imaginó que aquello tenía que haber sido el detonante. Sospechaba que eso formaba parte de las dudas que consumían a su hijo ahora que estaba cada vez más cerca de conocer a la persona con la que compartiría su vida por siempre.
-Mi trabajo es muy importante para mí, al igual que para tu madre el suyo también lo es.
-¡Pero eso os mantiene mucho tiempo separados! ¿No es eso algo malo? ¿No os lo hace pasar mal?
Taiyou suspiró un poco al pensar en esas preguntas, ni él ni su compañera eran inmunes a la separación que tenían pero Sora debía entender que pese a la gran importancia que tenía estar junto a la persona destinada, eso no significaba que las cosas eran grandes como parecía verlas. Debía saber que, aparte de los compañeros, había cosas que podías vivir sin estar pegado todo el día a la pareja.
-Sora, las cosas no funcionan de manera tan exagerada como te piensas.-dijo Taiyou acariciando de nuevo la cabeza de su hijo, que lo miraba con ojos ansiosos-Tener un compañero no significa pasarte todo el tiempo pegado a él. Es cierto que es vital para nuestras vidas estar siempre juntos, pero eso no significa tener que permanecer en el mismo espacio las veinticuatro horas del día. No seriamos capaces de vivir si hiciéramos eso.-levantó el rostro de su hijo para intentar trasmitirle tranquilidad.- Tienes razón en que mi trabajo me hace viajar y eso hace que no esté mucho en casa, pero no debes agobiarte por eso. Puede que no esté todos los días con tu madre, pero yo sé que cuando regrese a casa ella estará ahí esperándome de la misma forma que ella sabe que siempre regresaré a su lado cada vez que me vaya. El saber que estamos ahí, a pesar de estar lejos, es lo que hace de nuestra unión algo sólido y fuerte.
Sora parpadeó unos instantes pensando en lo que había dicho su padre, aquello sonaba como las típicas frases empalagosas que tanto le gustaban escuchar a las niñas tontas cuando fantaseaban de cómo sería el trato de sus futuros compañeros hacia ellas. Oírlo en boca de su padre le resultó extraño pese a que se estuviera refiriendo a su madre.
-¿Estaré también de esa forma con mi compañero o compañera?-preguntó al fin con un tono bajo de voz.
-¿Eso es lo que te preocupa, pequeño?
-No estoy seguro…antes ni siquiera me interesaba conocer a mi compañera o compañero, y ahora no paro de pensar en cosas que me asustan. Me pregunto si le veré poco como os pasa a mamá y a ti. Me asusta pensar que me volveré tonto y raro como le pasan a las niñas o a Riku cuando conocieron a sus compañeros pero al mismo tiempo me asusta pensar que yo…que yo pueda no gustarle ¿y a él o a ella tampoco le interesa conocerme, como yo al principio? ¿y si cuando me vea pone cara de asco y se aparta para no acercarse a mi…?
-Sora ¿cómo puedes pensar eso? Eres un chico encantador, simpático, fuerte y valiente ¡no hay nadie a quien no puedas gustarle! Y a quien vamos a conocer es a la persona que nació para ti, que está hecha para ti, no existe en este mundo nadie más que esa persona que pueda encajar a la perfección contigo.
-Pero es que…
-Pequeño, sé que es abrumador, conocer al destinado siempre lo es porque es algo abrumador solo de pensarlo; al fin y al cabo, al principio tu destinado será un desconocido con el que compartirás el resto de tus días, y eso siempre pone los pelos de punta. Pero debes pensar que puede que incluso esa persona también esté tan asustada como tú.
Aquello capto el interés del muchachito.
-¿A…Asustada?
-Quien sabe…pero imagino que esa persona se sentiría mejor si tú, que eres quien está buscándola, se le presenta con una gran sonrisa para de esa forma decirle "ey, ya estoy aquí y todo irá bien"
-Vaya…¿tú hiciste eso cuando conociste a mamá?
-No, hijo, al contrario.-murmuró Taiyou sonrojándose del bochorno.-Fue tu madre la que se plantó en mi cara con todo su descaro a decirme que mas me valía ser alguien fuerte que estuviera a su altura o que se pasaría el resto de nuestras vidas pateándome el trasero.
Sora fracasó en su intento de reprimir una carcajada al imaginarse semejante escenario con sus padres siendo niños.
-Mamá es muy fuerte-comentó sonriente Sora poniéndose el dedo índice en la mejilla como si estuviera pensando en una graciosa anécdota.-Aun me acuerdo cuando te incendió la cara con Piro cuando se te ocurrió entrar en casa echando la puerta abajo.
-Estaba contento de regresar a casa ¿vale? Tenía ganas de ver a mi familia.-se excusó el mayor abochornado por recordar aquel episodio en el que, preso de una euforia impropia de él, echo la puerta de su casa abajo al ver a su compañera a través de una ventana luego de estar meses fuera de su hogar.
-Mi compañera o compañero…¿también me estará buscando?-preguntó entonces el niño volviendo a mirar el horizonte donde se perdía el hilo rojo.
-No lo sé, pequeño-murmuró el mayor rodeando al menor con un brazo atrayéndolo hacia su cuerpo a modo de abrazo.-No sabemos si los dos habéis empezado a ver el hilo a la vez o si has sido tú el primero en hacerlo, pero cuando le encontremos lo averiguaremos.
Sora se aferró a su padre restregando su cara en el costado ajeno sin dejar de mirar el horizonte.
-Todo…irá bien ¿verdad, padre?-cuestionó el niño.
Taiyou sonrió cálidamente.
-Sora, no hay nada que pueda contigo. Puedes con esto y con todo lo que se te ponga por delante.
Más confiado, Sora dejó escapar una risita y se aferró aun más aquel hombre al que adoraba.
/*/*/*/*/
-Mundo cruel…-gimió Roxas con un hilo de voz.
-Roxas…¿cómo te encuentras?-preguntó con cautela Sora a su espalda.
-Cada vez que me preguntas eso pierdo las ganas de vivir…-contestó con la cara verdosa como si hubiera contraído alguna clase de enfermedad rara.-Mátame…mátame ahora…
-Con lo que me ha costado dar contigo no te creas que te voy a dejar ir al otro barrio tan fácilmente.-bromeó Sora sentándose al lado del rubio en las escaleras, observando su rostro lleno de sudor frío y un insano color verde que lo cubría por completo.
Llevaban ya un par de horas de viaje en el interior del Barco Volador y se habían adentrado en las praderas, en al menos un rato mas no comenzarían a cruzar el océano y Sora calculaba que hasta dentro de seis horas más no llegarían a las Islas del Destino. Al principio el viaje fue sin contratiempos, de hecho Sora pudo hacer un tour turístico con Roxas en el interior de la nave, enseñándole los camarotes, la zona de los pilotos, la parte de la zona de carga de mercancías, la de los pasajeros, la cafetería, y después el exterior donde había una amplia cubierta donde Roxas podía pasear a sus anchas, observar los mástiles con las velas que se alzaban orgullosos, la increíble vista que se extendía por toda la ciudad viéndose de lejos las praderas. Pero al cabo de estar unos cuarenta y cinco minutos de viaje, Roxas comenzó a sentirse mal mientras daban su paseo, aquello hizo que Sora estuviera pendiente de él ofreciéndole alguna bebida y el echarse un rato en el camarote, Roxas rechazó esta última opción, no quería volver a quedarse dormido y vulnerable ante Sora. Pero cuando pasó la siguiente hora y cuarto, el rubio se encontró mucho peor tanto que Sora tuvo que sacarlo de la zona de pasajeros y llevarlo a la cubierta para que le diera el aire.
Desde luego, Sora no se habría esperado que Roxas tuviera tendencia a marearse en los medios de transporte, y al parecer ese dato era algo que ni siquiera sabía el propio Roxas.
-En el tren y en el metro no vi que tuvieras estos problemas…-comentó Sora acariciando la nuca de Roxas intentando darle algo de confort.
-¡No me toques..:!-gruñó Roxas haciendo que Sora dejara su acto en ese momento.-Juro que si me tocas no respondo a lo que mi estomago hará…
-Venga, bebe un poco…-Sora le ofreció un trago de un zumo de frutas tropicales, esperaba que el sabor dulce del zumo le ayudara asentar un poco el estomago. Roxas observó el envase por el rabillo del ojo antes de tomarlo entre sus dedos y llevarse la pajita a la boca bajo la atenta mirada del castaño.
-Nunca me he mareado cuando he viajado…-respondió al fin Roxas luego de dar un pequeño sorbo al zumo, se sentía vulnerable y su malestar le quitaban hasta las ganas de ponerse borde con el castaño.-Pero nunca he viajado en barco ni en avión…nunca tuve oportunidad de comprobar si me provocaban mareo o no…
-Supongo que ahora ya lo sabes…
Siendo justos, aquel barco volador era bastante antiguo con los motores, modelos y funciones clásicos, un tipo de transporte de mercancías que emplea la fuerza del viento natural como el del hechizo Aero para hacerlo funcionar, además de los motores que alimentan los propulsores que se encontraban en la base del barco para mantenerlo estable en el aire. Más que un barco, aquella nave era más parecido a un dirigible por lo que su desplazamiento recordaba mas al de un globo aerostático gigante…. Es decir, era un medio de transporte lento pero seguro…demasiado lento, y con bastante movimiento.
Sora tomó nota mental de no volver a obligar a su pobre compañero a viajar en los Barcos Voladores en una buena temporada. Aquel color verde no se veía nada saludable.
-Uuuurg, esto es horrible, mi estomago no me deja vivir.-se quejó el rubio pasándose las manos por la cara haciendo un esfuerzo titánico por no vomitar. Sólo le faltaba eso.-Oye…se supone que eres un mago, o algo por el estilo ¿no? ¿No tienes algún hechizo que pueda curarme?
-¡Ajá! ¿Ahora esto ya no te parece tan de fantasía, eh?-se burló Sora de buena manera sonriéndole al rubio de forma guasona.
-¿Lo tienes o no?-gruñó Roxas irritado por la guasa de su contrario, que ahora contenía las ganas de reír.
-Por tener, lo tengo. El hechizo Cura.
-Ajá, si, muy original ¿puedes usarlo para quitarme este maldito mareo?
-Lo siento, Roxas, pero el hechizo de Cura solo sirve si estás herido o si hay un virus o una bacteria que matar. Tu mareo no es consecuencia de ninguna de esas tres cosas, así que por mucho que te aplique el hechizo no notarás nada.
Roxas lanzó un largo gemido de lamento antes de dejar caer su cabeza entre sus brazos, acto que se arrepintió al instante al sentir como una feroz arcada le contrajo el estomago y el esófago, tuvo que colocar su mano sobre su boca ante el temor de acabar por vomitar.
-Eh, eh, calma, tranquilo, respira.-se apresuró Sora en atenderlo tomándolo de la espalda y de los hombros intentando brindarle calma.-Ya…relájate…
El suave masaje en la espalda pareció mitigar un poco el malestar de Roxas, su estomago se calmó lo suficiente como para no seguir dando la orden de vaciarse pero estaba demasiado lejos de relajarse del todo y el rubio tenía que vigilar sus movimientos para no tentar demasiado a la suerte.
-Y yo que me reía de Natsu cuando le pasaban estas cosas ¡qué mal se pasa, joder!…-murmuró acordándose de aquel personaje de cabello rosado tan épico que perdía toda la dignidad cuando se subía a un medio de transporte.
-Ah, yo también vi ese anime. También me reía cuando lo veía marearse al subir al tren, aunque también me daba pena. Pobrecito, una vez los demás se acostumbran a su condición le dejan totalmente abandonado en su agonía…-rio divertido, pero al notar que su compañero lo miraba con una expresión extraña ladeó la cabeza confundido.-¿Qué…?
-…¿Tenéis anime en este mundo…?-cuestionó Roxas mirando con ojos parpadeantes al moreno.
Sora parpadeó de vuelta al rubio por unos instantes, como si estuviera analizando la pregunta que le había hecho hasta que al final una bombilla imaginaria se encendió sobre su cabeza y sus ojos comenzaron a brillar como dos luceros.
-Eh…¿Sora…? ¿Hola?
-Ah, perdona…no, no tenemos anime en este mundo pero sí que vi la serie mientras estaba investigando el mundo donde te criaste.
Roxas no pudo evitar dejar escapar una débil risa.
-¿Investigabas viendo anime? Je, yo también quiero investigar de esa manera, seguro que mis notas en el instituto habrían sido mucho mejor con ese plan de estudio.-se guaseo el rubio pese a su malestar, imaginando una escena donde Sora observaba atento una televisión o un ordenador siguiendo Fairy Tail mientras tomaba apuntes como si de verdad estuviera aprendiendo de ello.
La simple imagen mental también le hizo acordarse de cierta dinosaurio científica obsesionada con el anime de un juego de RPG bastante popular…curioso…
-Estaba investigando las cosas que te gustaban-aclaró Sora ruborizado ante el bochorno de pensar en lo que podría estar imaginándose su compañero de él.-Probé varios videojuegos, anime y deportes para averiguar qué era lo que te entretenía tanto de esas cosas.
-…Cada vez que dices algo así suenas más y más perturbador ¿lo sabías? Tu nivel de stalker empieza a llegar a niveles estratosféricos…
-Pero reconozco que ese anime en especifico me atrajo bastante.-siguió hablando sin hacer caso a esa última frase.-Se ambienta en un mundo parecido al nuestro, por lo que me daba añoranza verlo. Hacía que me acordase de mi casa. Y vale, lo confieso, me gustó demasiado el personaje de Natsu y quería ver todo lo que pudiera de la serie…
-Que predecible eres…-se burló entonces el rubio con otra débil risa.-Es muy básico que precisamente te tenga que gusta el protagonista del anime…
-¿Y qué pasa con eso?-cuestionó Sora cruzándose de brazos haciéndose el ofendido.-Es un personaje épico, genial y poderoso. Me gustan esa clase de protagonistas.
-¿Poderoso? No sabes lo que dices-rebatió casi al instante.-Estoy de acuerdo, Natsu es genial, pero ¿Qué se puede esperar? Es un protagonista, lo suyo es que se luzca todo lo que pueda. Pero, como dice Gray, es un cabeza de carbón que sólo se guía por la fuerza bruta en vez de pensar las cosas…además, todos saben que al lado de Erza está acabado.
-¡¿AH?! ¿Precisamente tenías que nombrar al demonio pelirrojo? Pero si se vuelve una inútil cuando Jellal está por el medio. En el fondo es la típica personaje que cuando ve a su noviete por el medio tiene que ser la indefensa para que la rescate
-¿Qué has llamado a Erza, pedazo de escoria?
-Lo que has oído, piltrafa humana.
-¡¿Pero tú te oyes?!
A partir de ahí, ambos se sumieron en un debate respecto a una serie de animación japonesa, algo que Sora reconocía que era un poco ridículo pero que al mismo tiempo no le importaba, de hecho le encantaba. Lo adoraba. Había encontrado algo que lo conectaba a Roxas de alguna manera, algo con lo que iniciar una divertida y pacifica conversación entre ellos, y lo mejor es que había sido su querido rubio el que había dado el paso para dar inicio a esa conversación. Era cierto que la serie le interesó cuando estuvo investigando sobre los gustos de su compañero, pero nunca pensó que pudiera resultarle útil ahora que ya lo había traído a la fuerza de regreso a su mundo. Pensó de verdad que Roxas no estaría dispuesto para nada en tener alguna conversación con él al marguen de las preguntas que quisiera hacerle para saber de su pasado olvidado. Y ahí estaban, discutiendo como un par de chiquillos por una simple serie de televisión…y Sora disfrutaba de ello como nunca. Estaba cerca de su compañero, tan cerca que sus hombros se rozaban, charlando, lanzándose puyas y bromeando por la serie…
No sabía si era por el mareo, porque la serie resultaba un factor familiar y nostálgico para el rubio o si era obra del hilo rojo que ya comenzaba a estrechar su unión, pero no le importaba, quería seguir gozando de aquella complicidad y tranquilidad todo cuando pudiera. El ambiente se había vuelto tan relajado que incluso Sora podía tener el atrevimiento de tocar a Roxas sin que éste pusiera una sola pega, ya sea un golpecito en el hombro o revolverle un poco su cabello.
Era algo tremendamente agradable, y Sora quería acaparar ese momento todo lo posible.
-En el fondo es una inútil y lo sabes.-indicó Roxas con una sonrisita socarrona, apoyado en la barra anticaidas del barco que se encontraba pegada a las escaleras.
-¡Oh, venga ya, Roxas! ¿Dónde está tu sentido del buen gusto? Lucy tiene tanto poder como los demás y hay episodios en donde les da una buena lección a los villanos.
-Corrección; son sus espíritus estelares los que hacen ese trabajo, para ella es super fácil invocarlos y ponerse a cubierto. Al fin y en cuentas ¿Cuántas veces hemos visto que haya peleado por si cuenta sin que nadie estuviera todo el tiempo protegiéndola o rescatándola? como protagonista no vale nada, siempre tiene que estar siendo rescatada por Natsu o por alguien del gremio porque no sabe cuidarse de si misma…mira en esa temporada en que los espíritus estelares se volvieron villanos, se pasó todo el tiempo huyendo de Virgo y al final fue la que menos hizo.
-Es que era su amiga. Es normal que no quisiera pelear contra ella, intentaba hacerle entrar en razón.-justificó el castaño haciendo un puchero.-Yo no querría pelear contra un amigo al que le tengo aprecio a no ser que fuera algo extremadamente necesario, y aun así intentaría evitarlo.
-Te recuerdo que los problemas que atentan contra tu propia integridad no se pueden solucionar hablando o recurriendo al sentimentalismo. De hecho Lucy no hizo absolutamente nada, al final Virgo dejó de atacarla porque precisamente fueron otros los que solucionaron el problema…
-¿De verdad te piensas eso?
-Sin un ápice de dudas…
-¡Pues que sepas que…!
-¿Alguien le apetece comer algo?-invadió entonces una tercera voz procedente de cierto peliplateado al mismo tiempo que un trozo de carne asada se interponía entre la pareja.
Ambos chicos miraron parpadeantes el otro de carne asada procesando que aquel alimento estuviera ahí de verdad. Sora se puso pálido al caer en la cuenta de lo que estaba por suceder, mientras que Roxas volvía a ponerse verde a una velocidad preocupante. La charla entre ambos muchachos había ayudado al rubio a distraerse de su malestar lo suficiente como para que su estomago poco a poco se relajara, pero la abrupta intromisión de aquel humeante alimento y su aroma infiltrándose por sus fosas nasales le hizo cobrar demasiada consciencia de que su estomago no estaba por la labor de recibir alimentos, ni siquiera de olerlos. El simple aroma de la carne le sentó como mil agujas en el estomago de Roxas hasta el punto en que toda la relajación que había estado consiguiendo se había esfumado de un plumazo, culminando en una tremenda arcada que lo obligó a cubrir su boca con ambas manos.
En un burdo intento de resistirse a lo evidente, el rubio agachó la cabeza apretando fuertemente las manos contra su boca y, de paso, los ojos, mientras su cuerpo temblaba y tenía alguna convulsión.
-¿Roxas…?-se atrevió a preguntar Sora alzando la mano hacia su compañero con la intención de tocarlo pero no consiguió siguiera rozarlo cuando de pronto éste se puso en pie de golpe y salió corriendo como alma que lleva el diablo.-¡ROXAS!
Pero Roxas no le hizo caso y desapareció al girar la esquina de la cabina de los pilotos, dejando a Sora y a Riku mirando como pasmarotes la dirección por donde se había ido y quedándose unos cuantos instantes en silencio como si de esa manera estuvieran procesando lo que acababa de pasar.
-Que compañero mas enclenque te ha tocado, Sora.-se burló Riku de manera divertida dándole un bocado al trozo de carne que había estado ofreciendo a ambos chicos, Sora como respuesta lo fulminó con la mirada.
-Lo has hecho aposta, Riku-recriminó Sora poniéndose de pie y cruzándose de brazos delante de su amigo.-Sabías que Roxas no se estaba sintiendo bien y aun así vienes a dejarle comida caliente en la cara para que la huela bien, no ha sido muy amable de tu parte.
-Por mucho que me divierta meterme con Roxas, querido Sora, esta vez puedo asegurarte que lo hice con la mejor intención.-dijo Riku encogiéndose de hombros.-Lleváis un buen rato de charla aquí los dos, Kairi y yo no nos hemos acercado antes porque por una vez parecía que os lo estabais pasando bien los dos juntos, y pensamos que compartir una bandejita de comida caliente asentaría mejor el estomago de Roxas estando más tranquilo y de paso tendríais un momento meloso…
Sora, lejos de abochornarse con lo que insinuaba Riku arqueó una ceja desconfiado y con una expresión que le dejaba claro a su contrario que no le estaba creyendo una sola palabra.
-Ahora me dirás que tú, tan romántico y detallista como eres, se te ocurrió la idea a ti solito ¿verdad?-cuestionó Sora.
-Wow, no me mires así, Sora. Lamento intentar ser un buen amigo y querer amenizar la situación con tu compañero.-dijo en un tono guasón, estaba más que claro que se lo estaba pasando la mar de bien con todo esto.
-Tú lo has dicho; mi compañero.-siseó Sora con irritación mostrando una faceta oscura al dejar al descubierto solo uno de sus brillantes ojos entre la sombra que se había formado en su cabello. Riku borró si risa al instante al ver la frialdad e irritación que se leían en ese único ojo azul que podía ver.-Aquí nadie te ha pedido que hagas de Cupido ¿te enteras? No vuelvas a fastidiar a Roxas mientras esté conmigo o voy a tener que enfadarme de verdad…
-Sora, cálmate, no lo hice con mala intención.
-Comprende tú que ahora mismo las intenciones me dan lo mismo, Riku. Llevo años buscando a Roxas, no hemos empezado de la mejor manera y creí que tardaría mucho tiempo en conseguir que hablara conmigo con naturalidad, pero ahora lo había conseguido y estábamos pasando un agradable rato. Y has tenido que venir con tus ganas de bromitas a fastidiarlo ¿sabes lo mucho que me has jodido al querer hacerte el gracioso precisamente ahora?
Riku comprendió el enfado de Sora cuando terminó de escucharlo, dándose cuenta de su completa falta de tacto ante la situación. Sora había recuperado a su compañero luego de tantos años de intensa búsqueda, pero la situación en su relación no había empezado con buen pie y Roxas estaba demasiado lejos de sentirse cómodo estando al lado de Sora, por lo que para el castaño cualquier situación que le permitiera estar de buenas maneras con el rubio, aunque fuera por poco tiempo, eran como un pequeño avance para mejorar su relación. No era buen momento de bromear con el rubio…
-Lo siento, amigo, tienes razón-se disculpó Riku llevando su mano a la nuca y alborotarse el cabello de esa zona, incomodado con lo que había causado.
Sora asintió aceptando de esa manera sus disculpas pero no borró su expresión de irritación mientras le sostenía la mirada al cabizbajo de su mejor amigo. Le conocía demasiado bien y sabia que su arrepentimiento era sincero, pero aún se sentía demasiado molesto con él ¡Maldita esa! ¡Estaba tan a gusto con Roxas…!
-Creo…-intervino esta vez Kairi apareciendo con actitud comedida justo al lado de otra de las esquinas de la cabina, llevaba algo entre las manos que Sora no alcanzaba a identificar bien.-Creo que deberías ir a revisar cómo se encuentra Roxas…ten.-le ofreció una pequeña bolsita y un vaso de plástico reciclable cuyo contenido desprendía humo.-En la bolsa hay caramelos y lo otro es una infusión hecha con varias hierbas medicinales que son muy buenas para el mareo y el malestar general, les pedí a las encargadas de la cafetería que me prepararan una para Roxas y…
-Gracias, Kairi.-agradeció Sora al momento tomando ambos objetos.-Me alegro que al menos uno de los dos si tenga en cuenta las cosas que hay que hacer.
Riku no respondió ante la puya, sabía que se lo merecía y no iba a rebatir las palabras de Sora.
Sin esperar ninguna palabra más por parte de ninguno de sus dos amigos, Sora se volteó y fue a trote a buscar a su compañero, no le gustaba nada la idea de no tenerlo a la vista.
-Riku…-dijo entonces Kairi mirando ceñuda a su compañero unas vez el castaño se alejó.
-Sí, lo sé, no fue buen momento para bromear, ya me he disculpado por eso. Por favor, deja de fusilarme con la mirada.-rogó Riku.-Pero en serio, crei que una vez haber encontrado a Roxas la actitud de Sora cambiaría al menos un poco…
-Todavía es demasiado pronto.-jugó un poco con su cabello mirando la dirección en donde se había marchado su amigo.-No es como un interruptor, que encuentra a Roxas y ya de pronto todo está bien con él. Tu mismo lo dijiste; ahora Sora está demasiado ansioso con la presencia de Roxas junto a él, como si no terminase de asimilar que lo tiene de nuevo a su lado y hace cualquier cosa con tal de mantenerlo vigilado. Es como un animalito marcando su territorio…no se lo tomes en cuenta…en cuanto pase un tiempo, Sora también se sentirá mejor y más confiado, y será él el primero en hacerle bromas a Roxas.
-Supongo que tienes razón.
Entretanto, Sora había dando un pequeño rodeo por el barco y no tardó nada en dar con el paradero de su compañero. Lo descubrió inclinado sobre la popa del barco, con la cabeza desaparecida en algún punto de la barrera que limitaba la cubierta con el vacio, y por los temblores y espasmos que podía apreciar en su cuerpo, junto a un desagradable sonido de regurgitación, el pobre rubio debía de estar vaciando el contenido de su estomago hasta su comida del día anterior. Sora se sintió mal por él, debería haber estado atento y no perderse tanto en el ambiente que se había creado entre ellos, pero tampoco quiso hacerse el santo, estaba demasiado a gusto con Roxas hasta hace un rato que incluso él mismo se había olvidado por completo del mareo que atenazaba al rubio.
-Al que le caiga eso le habrás hecho el día.-bromeó acercándose a su compañero.
-Cállate y no me mires ¿quieres?-gruñó Roxas con el rostro más verde que un guisante y agotado por el esfuerzo. Aquello además de asqueroso lo estaba dejando en la más absoluta mugre. Sora no le interesó para nada asomarse para ver el espectáculo pero tampoco hizo nada por alejarse de donde estaba, quería mantenerse cerca de su compañero-Y no me hagas sentir peor de lo que ya estoy, estamos en medio de la nada…
-Lo dices como si en las praderas no vivieran pastores, agricultores o cazadores, y eso sin contar las tribus que viven en la naturaleza en vez de en la ciudad.-le recordó Sora con las manos tras la nuca en una posición relajada, esperando a que Roxas terminase de aliviar su estomago-Desde luego, das una imagen bastante patética.
-Nadie te ha pedido que te quedes ahí mirando, lárgate a otro lado y déjame agonizar tranquilo.-volvió a gruñir Roxas antes de sentir una nueva arcada y volver a meter la cabeza al otro lado de la barrera, Sora se sintió agradecido por ello…
El castaño no se movió del sitio, no tenía ninguna intención de perderlo de vista y mucho menos dejarlo ahí en su malestar. Roxas era un orgulloso y saber que estaba mostrando tal espectáculo ante su presencia era algo que ya de por si iba a costarle de digerir, válgase lo irónico del asunto, en cuanto se recobrase un poco pero al menos el moreno podía quedarse salvaguardando sus espaldas, vigilando de que nadie más se detuviera a mirar aquella situación incómoda y nada agradable. Sora estaba convencido que Roxas no iba agradecerle ese detalle pero si tenía claro es que si no lo hacía el bochorno del rubio iba a ser mucho mayor y prefería ahorrarle eso. Al fin y al cabo, Roxas era el primero en estar avergonzado de todo aquello.
Pasaron unos cuantos minutos antes de que por fin Sora pudo apreciar que su compañero parecía haber acabado de vaciar su estomago en cuanto se dejó caer de rodillas en el suelo con la frente apoyada en la barrera, sudoroso y exhausto. Se atrevió acercarse a él, pero al ver que Roxas lo miraba por el rabillo del ojo se detuvo, instantes después el rubio apartó la mirada de su persona clavándola de nuevo en la barrera mientras trabajaba en normalizar su respiración.
Sora sabía que su compañero debía estar muy abochornado en esos precisos instantes, también asqueado y malhumorado, y por ello evitaba mirarlo. No quería que viera lo patético y expuesto que estaba en esos momentos, pero Sora no estaba por la labor de dejarlo ahí. Aun quedaban muchas horas de viaje y era probable que ese no fuera el único mareo que el pobre rubio iba a sufrir durante la travesía, así que era más sensato dejar los agradables paseos y las charlas para otro momento en el que el rubio estuviera mejor.
"Aunque todo estaba yendo a las mil maravillas hasta que a Riku se le ocurrió la brillante idea de gastar una de sus bromitas" aquella situación le había escondido bastante más de lo que le hubiera gustado reconocer, pero no podía evitarlo. Estaba convencido que si Riku no hubiera intervenido, Roxas no estaría ahora arrodillado en el suelo con la mirada avergonzada y sintiendo asco de sí mismo.
-Kairi te ha traído esto de la cafetería del Barco.-indicó Sora situándose justo al lado de Roxas colocando el vaso humeante con la infusión al alcance del rubio. Roxas observó el vaso por el rabillo del ojo que brillaba en desconfianza.-Es una infusión de hierbas medicinales que te ayudará a calmar tu estomago y a que se te pase el mareo.
Mas contento con aquella información, Roxas tomó lentamente el vaso entre los dedos de su mano, aun sin atreverse a voltear su cabeza en dirección a Sora no quería exponer su rostro a mas vergüenzas de las que ya tenía encima.
Dio un sorbo y su rostro se contrajo ligeramente ante aquel sabor que no era estaba seguro de identificar.
-Sabe raro…
-Es una infusión de hierbas ¿Qué esperabas, un té?
-El té está hecho con hierbas y hojas, gilimemo…
-Lo que tú digas, rubio.-se burló el moreno consiguiendo de esa manera lo que quería, casi no terminó de decir la última palabra de su frase cuando la cabeza de Roxas se giró furiosa en su dirección lanzándole una mirada asesina, olvidando por completo que quería esconder su cara de él.
-Sora…-siseó molesto porque el moreno aprovechase que estaba con las defensas bajas para burlarse de él.
-Parece que aun no te encuentras demasiado bien.-apreció observando con atención su rostro, que seguía pálido y con una tonalidad verdosa. Sacó la bolsita de los caramelos de donde la tenía guardada y se los tendió a su compañero.-Toma. Son caramelos. Tomate uno para quitarte el mal sabor de boca en lo que esperas a que la infusión se enfríe un poco.
Roxas arqueó una ceja, de nuevo desconfiado en las acciones del moreno. Se había vuelto a burlar de él y Roxas tuvo que ser consciente de que había bajado la guardia mientras estuvieron juntos charlando. Se recriminó mentalmente por ello, desde luego no podía hacer nada ni ir a ninguna parte si Sora o alguno de sus amigos estaban con él, por ello su convivencia era algo ineludible aunque no por ello menos fastidioso.
-Dame uno…-indicó levantando la mano para que le diera uno de los dichosos caramelos, el mal sabor de boca era horrible y a falta de un cepillo y pasta dental tendría que conformarse con un caramelo en lo que tardaba en conseguir lo que necesitaba para hacerse una limpieza bucal.
Sora dejó caer un caramelo en la palma de su compañero y Roxas se lo llevó inmediatamente a la boca, sin tan siquiera mirar el tamaño o el color del dulce.
Un sabor dulce y afrutado al mismo tiempo recorrió toda su boca en apenas unos instantes, sustituyendo el desagradable sabor ácido que lo había estado molestando. Aquel sabor le hizo sentir un agradable placer disminuyendo incluso el malestar de su estomago ¿de qué le sonaba aquel sabor? Sabía que era el de una fruta pero no lograba identificar cual, era como una combinación de varios tipos ¿Piña? ¿Mandarina, tal vez?
-Está bueno…-reconoció moviendo el caramelo a cada lado de su boca para saborearlo mejor.-¿De qué es? No reconozco el sabor.
-Es un caramelo de Paopu, un tipo de fruta que crece en las Islas del Destino.-explicó Sora apoyando su mejilla en su puño viendo a su compañero degustar aquel dulce, el cual solo hizo un sonido con su garganta para darle a entender que había oído su respuesta.
Al moreno casi se le escapó una risita al caer en la cuenta del tipo de sabor que contenían los caramelos. Desde luego, Kairi era una pilluela. El Paopu era una fruta autóctona de las Islas del Destino que tradicionalmente se usan como regalos entre dos destinados, una deliciosa fruta que una pareja podía disfrutar mientras paseaban por las playas…era una de las tantas tonterías que se hacía pero desde luego a Sora le llenó de ternura saber que técnicamente estaba compartiendo una fruta Paopu con el que era su compañero.
-Oye, moreno ¿tú qué miras?-la voz de Roxas lo despertó de su súbito estado de distracción, la ceja arqueada de su compañero junto a su expresión de grima le hizo darse cuenta de que había estado todo ese rato mirándolo con cara de bobalicón. Ese detalle le hizo sentir vergüenza mas por haber sido pillado en su indiscreción que por otra cosa la verdad pero tampoco quería perder por completo aquella fantasía que se había generado en su cabeza por unos breves instantes, por lo que tomó él también uno de los caramelos y se lo llevó a la boca, tomándose su tiempo en saborearlo bien dejando que envolviera su boca con su sabor bajo la atenta mirada de su compañero.
Ahora si podía decir que estaba compartiendo un Paopu con Roxas, tal vez en forma de caramelos pero Paopu al fin y al cabo.
-Estaba pensando que cuando te termines de beber la infusión deberías irte al camarote y echarte a dormir lo que queda del viaje.
Roxas lo miró con el ceño funcido.
-Te dije antes que no quería irme a dormir…
-Y yo no te estaba preguntando, Roxas. No entra dentro de discusión.-afirmó tajante cruzándose de brazos y, viéndose venir que el rubio iba a decir una lindeza de las suyas, decidió proseguir.-Aun queda muchas horas de viaje hasta llegar a las Islas del Destino, ni siquiera hemos empezado a surcar el mar, y la infusión es buena pero no es tan fuerte como para prevenirte el mareo lo que queda del viaje. Así que si eres juicioso coincidirás conmigo en que dormir te sentará mejor que el quedarte pululando por el barco pensando y obsesionándote con que estás mareado y que puedes volver a dejarle un regalito a alguien cuando ya no puedas más.
Roxas se ruborizó al instante ante aquella llamada de atención, soltó una serie de improperios en voz baja maldiciendo todo lo que estuviera a su alrededor antes de clavar sus ojos azules en el moreno.
-¿Sabes lo pesado que eres al respecto? Parece que estés buscando todo el tiempo que esté dormido.-siseó Roxas, el contrario por su parte le sonrió, ya se esperaba que su compañero quisiera atacarlo por ese lado.
-Es que cuando duermes el león pasa a ser gatito.-se carcajeó al ver que su compañero se le descomponía la expresión a una de asombro por su descaro.
-Eres muy imbécil ¿te lo han dicho alguna vez?
-Sí, tú, ahora mismo y no sabes cómo me duele en el alma que me digas esas cosas tan feas, a mí, que te quiero como la trucha al trucho…-se llevó una mano al pecho dramáticamente bajo la atónita mirada del rubio.
-…Eso ha sido perturbador hasta para ti…-susurró con un tic en la ceja.
-Y como ésta tengo muchas más ¿te ha gustado? ¿O prefieres que ingenie una mejor?
-Oh, no, por favor…-suplico agachando la cabeza dándose por vencido mientras el moreno se reía, si tenía que estar aguantando puyitas así durante todo el viaje desde luego prefería perder la consciencia.
-Venga, tomate la infusión.-indicó el moreno acercándole de nuevo el vaso.-Luego te acompaño al camarote y ahí te vas a quedar dormidito hasta que lleguemos a las Islas del Destino ¿de acuerdo?
-Mira que te gusta darme órdenes…-murmuró agotado el muchacho tomando de nuevo el vaso entre sus manos.
-Oh, sí, rubito, no lo sabes tú bien. Si hay algo que me encanta hacer es mandar…tenlo en cuenta para un futuro.-le guiñó el ojo con una coquetería descarada que al rubio le hizo sentir tenso hasta tal punto en que se movió hacia el lado contrario para evitar seguir cruzando mirada y palabras con el moreno.
¿Sora acababa de flirtear con él? ¿otra vez? Era absurdo hacerse esa pregunta a ésas alturas cuando Sora había dejado bien clarito desde el principio su interés y daba igual que lo hubiera rechazado tanto de forma directa como indirecta, parece ser que el chico de verdad tenía exactamente las mismas intenciones que cuando lo estuvo persiguiendo. Roxas quería pensar que el interés de Sora había sido algo de conveniencia para intentar atraerlo a ese mundo pero lo cierto es que desde que había llegado allí estaba tan centrado en buscar la forma de escaparse que no se había vuelto a plantear que Sora siguiera estando detrás de su trasero. El moreno parecía demasiado relajado en ese aspecto, no le importaba lo que pudiera decirle ni que le hubiera rechazado de la manera más clara y tajante posible…sus intenciones no habían mermado ni un ápice.
Cobrando nueva consciencia de ello, Roxas se sintió más en apuros que antes.
-Creo que ya no quiero dormir…-gimió para sí mismo escuchando la risa de Sora.
-No está en discusión, rubito…
Definitivamente estaba bien jodido.
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-¡Madre mía! Si que está esto animado.-comentó Taiyou observando a su alrededor con atención al ver a tanta gente por la calle.
-Sora, cariño ¿vas bien?-preguntó Mitsuki al ver que su hijito parecía cada vez más nervioso.
La noche anterior por fin el hilo les había llevado a una zona situada en tierra firme, haciéndoles aterrizar ni más ni menos que en Villa Crepúsculo; una tierra cuya ubicación estaba posicionada de tal manera que daba la sensación de estar siempre bañada por la luz del crepúsculo, no era un lugar grande a comparación de otras ciudades como Midgar, Alexandria o Atlántida, pero si tenía bastante fama por ser el lugar de nacimiento y residencia de uno de los magos más famosos e importantes de todo el planeta, muchas personas importantes pasaban de vez en cuando por aquella simpática villa para visitar aquel mago famosete, y aquella influencia había beneficiado a la economía del lugar al recibir a los turistas y estudiantes que ansiaban conocer la historia del lugar que el Gran Mago se resistía abandonar.
Ahora, luego de una merecida noche de descanso, la familia Leonheart se encontraba caminando a paso lento por la villa encontrándola abarrotada de gente, algo que desde luego no esperaban encontrarse. Parecía que habían llegado justo cuando estaban celebrando alguna clase de festival o feria al haber tantos puestos de comida, regalos y artesanía repartidas por las calles, había mucha gente riendo y gritando, y ambos padres tenían que estar muy atentos en su hijo que, iba tan centrado y nervioso en su andar, que no parecía querer fijarse en lo que había a su alrededor.
-Estamos cerca…-gimió el moreno ralentizando el paso cada vez más, los nervios lo estaban comiendo por dentro y a cada paso que daba sentía que sus piernas pesaban más de lo normal. Estaba comenzando arrepentirse de haber escuchado a su madre de ir en busca de su destinado y aún así sentía una sensación de tirantez en su pecho que lo empujaba a seguir caminando pasara lo que pasara, era la misma sensación que cuando caminas en contra de tu voluntad porque tiran de tu cuello con una soga. No podía parar de andar aunque sus piernas quisieran parar…
Estaba asustado, casi entrando en pánico al sentir que estaba ya muy cerca de conocer al que iba a ser su compañero o compañera para toda la vida, en cuanto se encontrasen ya no iba a tener una vida sin esa persona, tendría que quedarse a vivir ahí o llevársela consigo a las Islas del Destino donde posiblemente su madre les haría compartir la habitación ¿Qué iba a ser de él si no se llevaban bien? ¿y si se peleaban por el espacio?
Pero…
No quería echarse para atrás, debía mantenerse sereno y tener en mente las palabras de su padre. El primer encuentro nunca es fácil, suponía el principio de demasiados cambios que pondrían nervioso a cualquier chiquillo pero Sora quería tener presente que debía ser el fuerte, demostrar que por algo tenía el apellido Leonheart, un corazón de león que rebosa valentía para hacer frente a cualquier situación…
El moreno mayor, por su parte y ajeno a las emociones de su hijo, iba sonriendo a todo lo que estaba a su alrededor, no era la primera vez que estaba en Villa Crepúsculo, por cosas de trabajo más de una vez había tenido que ir a parar a esa lugar, ya sea por negocios o porque le pillaba de camino hacia algún destino y le servía como punto para hacer noche. Siempre pensó que era un lugar agradable lleno de luz y de niños correteando de un lugar a otro, por lo que durante el trayecto no perdió detalle del lugar, recordando de forma divertida los lugares que había visitado con sus camaradas…
Pero le llamó la atención cuando de pronto comenzó a sentir que cada vez había menos personas a su alrededor y el paisaje comenzaba a cambiar de forma, las casas comenzaban a sustituirse por árboles altos y frondosos, el asfalto se convertía en tierra y raíces gruesas, y el bullicio de la gente comenzaba a ser un eco lejano mientras se sumían en un silencio mientras su alrededor se ensombrecía un poco.
A Taiyou se le hizo extrañamente familiar aquel luga. Parpadeó un poco consternado de la familiaridad que estaba sintiendo al mirar a su alrededor ¿había pasado por ahí antes? Entonces, al mirar a los lejos pudo apreciar unos cuantos árboles caídos y llenos de marcas de garras por todo el tronco…entonces la comprensión llegó a su mente.
-Oh, oh…-murmuró Taiyou al caer en la cuenta por el camino por el que les estaba llevando su hijo.
-Taiyou ¿pasa algo?-preguntó Mitsuki volteando a verle al sentir que se había detenido de pronto, preocupándose a continuación cuando al mirarlo apreció que una de sus cejas temblaba y tenía los ojos abiertos como platos, como si algo lo hubiera asustado.-Taiyou ¿estás bien? ¿Qué pasa?
-Tiene que ser una broma…-sin responder a las preguntas de su compañera, Taiyou abandonó la postura relajada que había estado teniendo todo el camino y trotó en dirección a su hijo, que continuaba andando con cara de nervios y expectación.-¡Sora! ¿Estás seguro que éste es el camino correcto?
Ajeno a la expresión que su padre tenía en ese momento, Sora asintió diciendo un "Ajá" sin molestarse en mirarlo concentrándose mucho por donde el hilo estaba señalando.
-¿Va todo bien?-preguntó Mitsuki llegando también al trote para colocarse junto a su compañero, que no había borrado aquella expresión de incredulidad de su rostro.
-Es ahí-anunció entonces el moreno atrayendo de nuevo la atención de sus padres.
El hilo había guiado al niño hasta una enorme mansión protegida por unos gruesos muros de piedra y una puerta con barrotes de hierro. El edificio era ancho y alto a partes iguales, compuesto por algunas torres y una forma triangular que recordaban a una especie de castillo pequeño.
-No me lo puedo creer…-susurró el moreno mayor llevándose la mano a la nuca esbozando una sonrisa de circunstancia.
-Pero ¿me quieres explicar ya que pasa?-quiso saber Mitsuki, esta vez siendo ella la que arqueara una ceja.-De repente te has puesto raro y nervioso…
-Creo que es mejor lo veas por ti misma cuando toquemos la puerta, eso sí, sólo te pido que…no te pongas histérica.-rió Taiyou mirando divertido a su compañera.
-¿Yo? ¿Por qué iba a ponerme histérica?-preguntó confusa la morena sin entender a lo que se refería su compañero.-Taiyou ¿es que ya has estado aquí antes?
-Ya lo veras, ya…-le guiñó el ojo con picardía adelantándose para colocarse junto a su hijo, que no perdía detalle de aquel enorme edificio que se alzaba orgulloso frente a ellos.-Sora, dime ¿es éste el lugar?
Sora asintió con lentitud, dentro de ese sitio, esa enorme casona, estaba su destinado. Allí es donde estaba la persona por la que había hecho su viaje, apenas a unos pocos metros de distancia y Sora no sabía si estaba emocionado o a punto de orinarse en los pantalones del miedo que estaba sintiendo.
-Recuerda, Sora, tienes que ser un chico fuerte y valiente.-le recordó su padre tomándole de pronto de la mano para comenzar arrastrarlo hacia la verja.
-¡Padre! ¡Por favor, para, no estoy preparado!-exclamó el moreno intentando clavar los talones en la tierra para no seguir acercándose a esa puerta, mas su padre no parecía siquiera notar sus esfuerzos por recular, lo llevaba arrastras como si nada ¿Por qué tenía que ser tan fuerte?
-Vamos, vamos, no hay que darle tiempo a la inseguridad a ganar terreno.-se carcajeó tocando sin remilgo el botón del tiempo de aquella casa haciendo casi chillar a Sora de puro terror, sintiéndose igual que si su padre estuviera ofreciéndole a los leones.
Mitsuki se acercó a su compañero y a su hijo, no entendiendo la actitud del primero y que ahora parecía estar totalmente relajado, incluso parecía encontrar divertido todo aquello. Pero no tuvo tiempo de volver a cuestionárselo a él cuando de pronto la verja se abrió lentamente y la figura de una persona se acercaba a ellos con paso lento y elegante.
Ante ellos se les presento una mujer que Mitsuki intuía que debía ser mayor por algunas arrugas que resaltaban en su cara, poseía una cabellera rubia platina peinada hacia atrás que dejaba al descubierto todo su pálido rostro y unos impresionantes ojos azules que a Mitsuki la hicieron temblar; trasmitían una afabilidad y calidez de la que era difícil resistirse, era como sentir la mirada de una amorosa madre saludando a sus retoños con afecto.
-Taiyou, querido, cuánto tiempo sin verte.-saludó la mujer acercándose con tranquilidad a la familia observando al moreno alto y poderoso.
-Señora, es un honor volver a verla.-inclinó la cabeza de manera respetuosa mientras colocaba los brazos firmes y envolvía su puño con la otra mano, en una actitud servicial hacia aquella mujer.
-Tienes buen aspecto.-comentó antes de dirigir su mirada hacia las otras dos personas que acompañaban al hombre al que tanto apreciaba, aunque su expresión pareció enternecerse cuando sus ojos quedaron fijos en el niño morenito que la miraba confuso.-¿Estaría en lo correcto si digo que ese precioso niño con cara de pillo es ese hijo tuyo del que nunca dejas de hablar?
-No se equivoca, mi señora-afirmó Taiyou dejando su mano sobre la cabeza de su hijo.-Vamos, hijo, preséntate.
-¡Ah!...yo…esto…ems…-se alteró el niño mirando hacia todos lados, nervioso y tratando de decir algo con coherencia, la mirada de la mujer por alguna razón le cohibía y no sabía cómo actuar sin quedar en ridículo ante ella.-S…Soy Sora Leonheart…de las Islas del Destino…encantado…
-Tienes un nombre muy bello, pequeño, de alguien digno de conquistar los mismos cielos-sonrió la mujer haciendo sonrojar al morenito ante tal halago.
Mitsuki, confusa por la familiaridad y respeto con la que su compañero se dirigía a esa mujer, tomó de la ropa a Taiyou para llamar su atención y que se la presentara.
-Y ésta mujer tan preciosa y encantadora es mi compañera Mitsuki.-sonrió Taiyou enseñando su blanca dentadura mientras tomaba a Mitsuki de la cintura colocándola apropiadamente a su lado.
-Encantada, señora, soy Mitsuki Leonheart de Ciudad de Halloween.-se presentó ella con un cabeceo respetuoso hacia la anciana.
-Encantada, querida, las veces que he estado en compañía de Taiyou siempre me ha hablado de su maravillosa familia.-sonrió la mujer.
-Espero que para bien…-advirtió Mitsuki con guasa mirando a su compañero, el cual se rió divertido.
-Más que bien, a éste tontorrón se le cae la baba cuando habla de su familia.-se rió divertida pero al ver como la morena la miraba con una expresión confusa pareció caer en la cuenta.-Oh, lamento mi falta de cortesía; Mi nombre es Ayla Strife de la Ciudad de Tebas.
-¡¿Strife?!-exclamó Mitsuki poniéndose de pronto tensa y con los pelos de punta, lanzando una rápida mirada hacia los muros encontrándose con una placa de mármol donde tenía grabado el apellido "Strife" en él.
-Oh, vaya, y aquí vamos…-suspiró resignándose a lo que sabía que iba a ocurrir a continuación.
-U…Usted…es…de la familia Strife…-murmuró temblorosa Mitsuki mirando incrédula a la dulce anciana que no dejaba de sonreír de manera afable.
-Sí, querida, lo soy-afirmó divertida Ayla, aquella jovencita le estaba resultando muy graciosa.
-¿E…Está…p…por casualidad…emparentada con…Ventus Strife?-preguntó con los ojos que parecían estar a punto de salirse de sus orbitas en lo que su compañero se daba una palmada en la frente ante aquella pregunta hecha por su compañera mientras que Ayla reía como si le hubieran contado un chiste muy gracioso.
-Ventus es mi nieto.
Y con esas tres palabras el cerebro de Mitsuki explotó haciendo resonar por toda la zona un grito que espantó a los pájaros que dormitaban tranquilos en la copa de los árboles.
-¡¿Te das cuenta de dónde nos has traído, Sora?!-exclamó Mitsuki alterada mientras zarandeaba de manera brusca y cómica a ojos de los otros dos adultos al pobre niño que gemía confuso por lo que estaba pasando.
-¡Mamá! ¡Para!-rogó el niño mareado por tanto zarandeo ¿no se suponía que fue su madre la primera en instarle a ir al otro extremo del hilo? No era su culpa que el hilo marcase aquella casa como su destino.
-Tu compañera es muy divertida, Taiyou.
-Y eso que le he dicho que no se pusiera histérica.-murmuró con un rubor de bochorno en las mejillas viendo que su hijo ya estaba teniendo los ojos en espiral.
-¡Y tú! ¡Traidor!-exclamó Mitsuki clavando sus ojos en su compañero al mismo tiempo que dejaba caer a su hijo sin cuidado, el pobre acabó cayendo sobre su trasero viendo pajaritos revolotear en su cabeza.-¡¿Cómo nunca me has dicho que conocías a Ventus Strife?!
-Es que no conozco a Ventus Strife…
-¡No me mientas, Taiyou! ¡Conoces a su abuela ¿y no conoces a Ventus?! ¡Eso no hay quien se lo crea!-hizo berrinche la del pelo negro mirando a su compañero con fervor.
-Conozco a la señora Strife porque ella ha solicitado mis servicios en varias ocasiones. He trabajado para ella, pero no para su nieto.
-Es cierto, querida.-intervino Ayla con calma.-Tu compañero es un cazador excelente y muchas conocidas mías me recomendaron sus servicios para mi trabajo.
-¿Su trabajo?-cuestionó entonces Mitsuki mirando a la mujer.
-La señora Strife es sacerdotisa de dragones.-soltó Taiyou para terminar de hacerle explotar la cabeza a su compañera.
-¡¿De dragones?!-exclamó con el corazón saliéndole por la boca.
Los dragones eran de las criaturas más poderosas y respetadas de todo el planeta. Seres gigantes y milenarios que vagaban por el planeta como si fueran sus dueños o protectores. Místicos, hermosos y codiciados pero terriblemente feroces, criaturas que pocos o nadie se atrevería a poner un solo dedo encima si valoraban su vida, siempre era preferible dejar en paz aquellas criaturas para que de esa manera su poder y fuerza no se volvieran contra las personas.
Mitsuki había escuchado que existían en el mundo personas que nacían con la rara habilidad de comunicarse con los dragones como si estuvieran hablando el mismo idioma mirándose a los ojos. Unos aseguraban que se aprendía mediante la observación del lenguaje corporal de aquellos animales mientras que otros se inclinaban a pensar que existía una conversación real entre dicho mago con la bestia como si estuvieran hablando a través de una telepatía que sólo unos pocos afortunados podían tener. Algunas de estas personas dedicaban su poder a la domesticación de los dragones para que sirvieran como parte del cuerpo de defensa de los castillos de algunos reinos, de hecho Mitsuki recordó que en Vergel Radiante poseían un dragón para mantener protegida a la heredera al trono. Pero Mitsuki nunca llegó a conocer en su vida alguien así, aquel poder de comunicarse con bestias tan poderosas era algo que pocos podían presumir de tener…
-Nací con el don de poder escuchar las voces de los dragones.-explicó Ayla al ver el asombro de Mitsuki ante su oficio. Su poder era insólito-Desde niña siempre he estado rodeada de dragones, de todos los tipos y tamaños, y desde siempre mi trabajo consiste en hacer de embajadora entre las personas y los dragones para poder mantener una convivencia pacífica. Pero ya no soy tan joven como antes y ahora me cuesta cada vez más calmar a los dragones con mi magia cuando se alteran, muchas veces necesito ayuda y tu compañero siempre ha sido alguien en el que podía confiar para mantenerlos a raya sin que ninguno saliese herido.
-V…Vaya…lo que me está diciendo es…muy…muy fuerte…-dijo asombrada Mitsuki, todavía sin poder creerse que estuviera ante la abuela y, por ende, en la casa del mismísimo Ventus Strife.
-Bueno, grandullón ¿Qué es lo que te trae por aquí? ¿Has venido con tu familia a ver el festival y has decidido hacerle una visita a este vejestorio?
-De hecho, señora Ayla…-murmuró Taiyou mirando por el rabillo del ojo a su hijo, que se revolvía incomodo a su lado observando insistentemente la casa.-Lo cierto es que no estamos aquí por el festival, sino porque estábamos siguiendo el hilo rojo de Sora.
Parpadeante, la dulce mujer observó al niño plantado en la puerta de su casa, parecía nervioso y se removía incómodo al lado de su padre evitando mirarla a toda costa.
-…Y resulta que nos ha guiado hasta aquí; hasta su casa-finalizó Taiyou con una sonrisa.
Ayla levantó la cabeza al instante mirando al moreno mayor con el asombro dibujado en su cara. Miró alternativamente al niño y a su padre varias veces, asimilando lo que había escuchado y tratando de procesar si era verdad lo que decían o era una broma. Pero al ver el nerviosismo del menor y la mirada orgullosa y brillante del padre no tuvo dudas de que aquello no era ninguna broma.
-No me digas…-murmuró llevándose una mano a la boca mientras esbozaba una emocionada sonrisa.-¡No me digas!-exclamó entonces intentando contener la emoción que le daba.
-Y tanto, señora Strife…y tanto…
-Oh ¡por todos los santos, que alegría! pequeño, debes de estar muy emocionado.-se inclinó hacia el menor que seguía evadiendo la mirada ajena como si de esa forma pudiera ocultar su bochorno.
-Supongo…
-Por favor, pasad, os ofreceré una taza de té.-invitó la mujer dándoles la espalda para que la siguieran al interior de su hogar.
La familia comenzó a caminar tras la anciana, con Mitsuki tomando la mano de su hijo para hacerlo avanzar mientras observaba sorprendida y fascinada aquella hermosa estampa. El jardín estaba colorido por una gran cantidad de flores repartidas de forma estratégica para que provocaran un precioso impacto visual al entrar, el olor dulzón de las flores llenó de pronto sus fosas nasales de manera agradable, aunque Sora no pudo reprimir un estornudo.
Las columnas que se encontraban en ambos lados del camino hacia la entrada eran altas y en su cima había estatuas de dragones que parecían salvaguardar aquel hogar, aquello reforzó la noticia de que la matriarca parecía dedicarse al cuidado de aquellos animales. Mitsuki esperaba que no hubiera ninguno merodeando por la casa…
La puerta se abrió por su cuenta en cuanto Ayla subió los tres escalones que había para llegar hasta ella dejando paso una amplia entrada que dejaba a la vista, a través de una puerta corredera de cristal, una extensión del jardín en la parte de atrás, y en ambos lados de dicha puerta se encontraban dos escaleras que llevaban al piso superior.
Pero Sora no apreció esas cosas como hizo su madre, su visión estaba completamente enfocada en por donde se dirigía el hilo y tragó duro cuando vio que estaba indicando al otro lado de esa puerta de cristal que conectaba con el jardín trasero.
Entonces se escuchó un estruendo de dos objetos metálicos colisionando con fuerza haciendo vibrar ligeramente las paredes de aquella casa. Los tres Leonheart se sobresaltaron ante aquel sonido y clavaron sus vistas en el sitio donde lo había oído, encontrándose con que había dos figuras moviéndose a toda prisa por todo el jardín y colisionando una contra la otra una y otra vez reproduciendo el mismo ruido y vibración en la casa.
-¿Qué es lo que está pasando?-preguntó Mitsuki en alerta en lo que llevaba su mano libre a la parte de atrás de su cinturón donde tenía escondida una daga, preparada para luchar si se daba el caso.
-Oh, no se angustie, joven, no hay nada por lo que deba preocuparse.-sonrió Ayla echando una mirada también la misma dirección.-Mis nietos son muy ruidosos cuando se ponen a practicar esgrima, y hay veces en que por su culpa se mueven los muebles, pero no se apuren, no hay peligro.
-¿S…sus nietos? ¿Ha dicho... sus nietos?-cuestionó Mitsuki dejando su posición de defensa para volver a mirar a la agradable anciana.
-Sí, eso he dicho.
-¿E…Esta diciendo que Ventus Strife está ahí fuera, a menos de diez metros de nosotros?-cuestionó la de pelo negro temblándole la mandíbula.
-Ésta es su casa, señora Leonheart, creo que lo suyo es que estén rondando por aquí a menudo.-afirmó Ayla mirando al pequeño de la familia y apreciando que no apartaba la mirada la ventana, por la distancia y la fuerza con la que se movían sus nietos no era posible apreciar quien era quien pero lo que sí tuvo claro Ayla es que aquel niño moreno ya había encontrado a quien había venido a buscar.
-Mitsuki, haz el favor de controlarte.-susurró por lo bajo Taiyou tomando a su compañera del brazo para hacerla reaccionar.
-¿Cómo esperas que lo haga…? ¡Estamos en la casa del mismísimo Ventus Strife! ¿Sabes lo que eso significa…?
-No eres una niña, Mitsuki.-cortó tajante su compañero haciéndola sorprenderse por la mirada sería que éste le estaba dedicando.-Estamos en casa ajena y desde hemos llegado no has parado de dar grititos y de llamar la atención de la señora Strife. Estás quedando como una maleducada además de cómo una fanática chiflada que parece estar más pendiente de conocer al famoso que al destinado de tu hijo, y te recuerdo y si aquí hay alguien con derecho a sentirse nervioso es él, no tú.
Ofendida por sus palabras Mitsuki abrió la boca lista para soltarle unas cuantas lindezas, pero no llegó hacerlo. Le fastidiaba que su compañero la hubiera regañado poniendo en duda su madurez, pero si lo pensaba bien tenía que darle la razón. Sora llevaba todo el viaje nervioso e inquieto por el encuentro inminente con el que sería su compañero o compañera, necesitaba tener a sus dos padres atentos a él para brindarle calma y seguridad para afrontar aquel tenso paso, pero si que era cierto que desde que supo que aquel era el hogar de los Strife la pelinegra había estado ansiosa de poder ver al mago genio del que tanto se hablaba por todas partes, dejando en un segundo plano a su hijo.
Abochornada por sus actos, y de paso escocida por el rapapolvo, se apartó de su compañero de un manotazo y volteó la mirada al lado contrario con dignidad. Aunque sabía que no había actuado bien, no quería dejarle ver a su compañero que le daba la razón, ahora mismo para ella fue mucho más ofensiva la llamada de atención que sus actos.
-Mitsuki, no seas cría…-susurró como última advertencia Taiyou pero ésta le ignoró. Con un suspiro, el moreno mayor decidió que era mejor pasar de la indignación de su compañera, cuando se ponía de esa manera se volvía bastante irracional e inmadura y era mejor darle su espacio para que pensase en lo que había hecho, y para eso era mejor dejarla que protestase dentro de su mente.
Sora, ajeno a la pequeña trifulca entre sus padres, se había quedado contemplando la ventana del jardín trasero con una intensidad que pocas veces había demostrado, intentando arduamente poder ver con nitidez aquellas dos figuras que no dejaban de moverse y colisionar todo el tiempo dificultando el averiguar sus identidades. Pero no pudo hacerlo y por alguna razón tampoco se atrevía acercarse para mirar, no se sentía con valor suficiente para hacerlo, y en su interior se generaba de nuevo aquella lucha de querer y no querer hacerlo.
"Esto es demasiada presión"-pensó para sí mismo rascándose la nuca con impaciencia sin moverse del sitio.
-Pequeño, si eres tan amable de acompañarnos…-Sora se sobresaltó al escuchar de nuevo la voz de la anciana que se había inclinado para dirigirse a él.-…si no te gusta el té puedo ofrecerte chocolate caliente o un refresco.
-Ah…si…suena genial.-lo dijo de una forma tan lenta que apenas fue audible, pero sus ojos volvían a quedar clavados en el ventanal del jardín trasero, buscando, todo el tiempo buscando.
Taiyou se dio cuenta de aquel detalle, miró a Ayla y al ver la complicidad en su mirada le sonrió y tomó de nuevo a su hijo de la mano.
-Vamos, Sora, no nos quedemos aquí sin hacer nada, sería descortés por nuestra parte no pasar al salón luego de que la señora Strife nos invitara a pasar.
-¡Ah! Padre…¡espera! Yo…¡es que…!-protestó el niño intentando resistirse al agarre que tenía su padre sobre él.
-¿Si? ¿Pasa algo, Sora?-cuestionó de manera jocosa Taiyou entrecerrando los ojos y esbozando una sonrisa burlona, de esas que dan a entender que te habían cazado haciendo algo.
En respuesta, el menor se ruborizó una vez más y miró hacia el jardín trasero donde aquellas dos figuras seguían armando escándalo, esperando que justo en ese momento alguien abriera las puertas de cristal y poder ver la cara de esas personas, pero no ocurría. Se quedaba tenso de la mano de su padre mirando como idiota unas puertas que no parecían que iban abrirse pronto.
-N…No…nada…-musitó con la voz quedada, sintiendo que le costaba decir aquellas simples palabras.
-Bien, pues vamos.
Sora esta vez no opuso resistencia cuando su padre le hizo caminar, pero sin embargo, volvió a sentir aquella tirantez en el pecho, la sensación que lo instaba a ir hasta el final del hilo y verle la cara de una vez por todas a la persona a la que estaba conectado. Estaba lleno de ansía, de desesperación, con terribles ganas de salir corriendo y tomar un billete directo de vuelta a las Islas del Destino, pero también tenía la obsesión de encontrarse con su destinado…
¡Maldita sea! ¡Tenía tantas sensaciones y pensamientos contradictorios que ya Sora no tenía ni idea de lo que tenía que hacer al respecto!
-Por favor, tomad asiento, el té estará listo pronto.-de nuevo la voz de Ayla le hizo despertar de su revoltijo de emociones, encontrándose con que de pronto se encontraba en un amplio salón decorado con muchas pinturas que no podía identificar bien, aunque podía hacerse una idea por las siluetas que había de que podrían tratarse de retratos de la familia Strife.
El lugar era luminoso, la luz parecía resplandecer de forma acogedora en aquel salón, invitando a cualquiera que pasara a descansar o leer en ese sitio. Los muebles en su mayoría eran de pura artesanía, tallados y trabajados con mimo por unas manos fuertes, algunos sofás y sillones repartidos por el lugar, preparados para acoger a los miembros de aquella casa que, por lo que Sora apreciaba, debían de ser numerosos. Una mesa en medio de todos aquellos asientos, bajita y un jarrón con flores doradas en el centro a modo de decoración.
El detalle de las flores llamó la atención de Sora haciendo que de nuevo pasease su mirada por los cuadros de la familia acabando por la mujer que ya se había sentado en un cómodo sillón frente a ellos mientras una tetera flotante hacia el trabajo de llenar un par de tazas con té y otra bandeja repartía unas pastas para acompañar.
Al sentirse observada, Ayla miró al niño y le sonrió.
-¿Pasa algo, pequeño?
-A ustedes…les gusta mucho el color dorado ¿verdad?-preguntó Sora ladeando la cabeza con curiosidad haciendo que los adultos lo mirasen extrañado.
-¿Por qué preguntas eso, mi niño?-Ayla lo miró con la confusión en sus ojos cuando el niño señaló el jarrón con las flores.
-Flores doradas,-a continuación señaló a Ayla y de paso a varios retratos que había cerca-cabello dorado,-y finalmente, con sus dos dedos índices señaló la estancia en general.-Y un salón dorado por el sol…por eso digo que debe de gustarles mucho ese color.
Hubo unos instantes de silencio antes de que los adultos presentes estallaran en carcajadas ante la inocencia mostrada por el menor, que los miraba a todos confuso y ruborizado, sin entender qué era lo que había dicho para que los adultos se estuvieran riendo de él.
-Sora, qué cosas dices.-dijo Mitsuki con mucho mejor buen humor.
-Nunca lo había pensado.-rio Ayla secándose discretamente una lágrima.-Lo cierto es que mi color favorito es el azul, igual que esos preciosos ojos que tienes, mi niño.
Una vez más, Sora se sorprendió con los piropos de esa mujer y con una sonrisa bobalicona intentó disimular su rubor jugueteando con las flores doradas del centro de la mesa.
-¡Está pegajosa!-exclamó entonces al sentir que los pétalos y tallo se le pegaban.
-Cuidado, pequeño, la flor Gorse puede pegarse a la ropa y no es muy agradable.-advirtió Ayla pasándole un pañuelo para que pudiera limpiarse.-Pero admito que se hace un té delicioso con ellas.
-Un té hecho con flores de Gorse ¿eh?-murmuró divertido Taiyou perdido en sus memorias mientras se acomodaba en el ancho sofá.-Espero que tengan tan buen sabor como dice…porque la mayoría de las veces dan problemas…
-¿A qué te refieres con eso?-preguntó Mitsuki mirando a su compañero en lo que hacía que Sora se sentase a su lado en el sofá junto a él.
-Una de las veces en las que estaba trabajando para la señora Strife, uno de los dragones me dio un coletazo que me mandó al otro lado del jardín y acabé cayendo en un montón de flores Gorse…amortiguaron un buen golpe pero son tan pegajosas las muy condenadas que luego no pude salir de ahí.
-…Y tuvieron que ir mis hijos a sacarlo de ahí, tendrías que verlo, fue muy divertido.-Taiyou la fulminó con la mirada.-Oh, vamos, querido, no me mires de esa manera, si hasta tú mismo te reíste de lo cómico que fue todo.
-Sí pero esas malditas flores me hicieron pasar un mal rato, y me dejaron la ropa asquerosa, como si estuviera bañado en savia de árbol y polen.
-Vaya, me habría encantado ver eso.-dijo de manera guasona Mitsuki mirando a su compañero con expresión burlona.-¿Aunque no habría sido mejor cortar las flores para que pudieras salir?
-Oh, por nada del mundo.-negó la anciana.-La mayoría de las plantas y flores que hay en el jardín son de mi nieto que usa para sus estudios sobre botánica y para elaborar medicina.
-Vaya ¿en serio?-preguntó Mitsuki
-Y tan en serio, las flores son preciosas pero casi todas las cultiva para sus estudios en vez de para darle a su abuela el regalo de tener un jardín hermoso. Y encima, Ventus pone el grito en el cielo cuando alguien estropea sus flores.
-Espere…¿Ha dicho Ventus?-preguntó Mitsuki de nuevo con el interés plasmado en su mirada.-¿Las plantas del jardín son de…?
-Tal vez si no te trajeses el trabajo a casa yo no tendría que estar poniéndome nervioso por mis plantas, abuela.-intervino una voz desconocida justo a la entrada del salón.
Los Leonheart voltearon a mirar a la nueva persona en la estancia, al verlo Mitsuki tuvo que reprimir un chillido de histerismo al reconocer a esa persona. Un muchacho joven, de cabello rubio alborotado y echado a un lado, poseedor de unos impresionantes ojos azules guasones que miraban directamente a Ayla y se acercaba a ella con confianza, evidenciando el sudor que recorría su rostro conforme se acercaba.
-Mi niño, tú eres el primero en se trae el trabajo a casa, la presencia de tus plantas en mi jardín para que las uses en tu trabajo es lo que te delata.-regañó cariñosamente la anciana viendo como su nieto esbozaba una de sus contagiosas sonrisas.
-Mira que te gusta quejarte, si en el fondo estás encantada. Tienes ese precioso jardín del que siempre presumes a todo el mundo y gracias a ello también puedo seguir viviendo aquí en vez de en el castillo.
-Calla, sabelotodo, que siempre tienes que hacerte el listo.-el rubio soltó una carcajada ante esas palabras-Y agradece de que te preste mi jardín para cultivar tus plantas, además también puedo aprovechar de tomar unas cuantas para hacer té o usarlas como condimentos para algunos platos.
-¿Ves? Si admites que te encanta aprovecharte de mí.-señaló el rubio guiñándole un ojo provocando las risas de aquella anciana a la que adoraba.
Sora inmediatamente miró la mano de aquel muchacho, pero para su decepción, o alivio según como se quiera mirar, aquel chico no tenía enredado en su dedo un hilo rojo, al menos no uno que él pudiese ver. El morenito suspiró y miró su propia mano encontrándose con que su hilo estaba señalando fuera del salón, tal vez todavía al jardín trasero. Aquel chico mayor por el que su madre parecía babear tanto no era su compañero.
-Oh, mi niño, deja que te presente.-dijo Ayla tomando de la mano al muchacho- Estos son los Leonheart, el joven Taiyou es el hombre que se encarga de ayudarme con mis dragones.
-¡Caray! Encantado de conocerle al fin, señor Leonheart, yo soy Ventus Strife de Villa Crepúsculo, y déjeme que le agradezca por sus servicios, mi abuela está encantada con su trabajo.-halagó el muchacho ofreciéndole su mano libre al hombre que no dudo en estrechar.
-Es un placer, joven Strife-inclinó Taiyou levemente la cabeza a modo de respeto como mostraba en todos sus clientes.
-Yo siempre estoy tan ocupado que no siempre puedo estar para ayudarla, y mis primos y sobrinos a veces parece que les conviene desaparecer cuando hay dragones de por medio y mas en nuestro jardín.-suspiró con aire apenado. Aquella actitud humilde le gustó a Taiyou, le demostraba que pese a su fama e importancia, Ventus era un chico con los pies en la tierra.
-Descuida, muchacho, es un placer ayudarla.-asintió Taiyou mirando de reojo a su mujer, que no le quitaba la vista de encima al rubio y parecía estar haciendo un esfuerzo titánico para no ponerse a gritar como una loca ahí mismo.-Yo te presento a mi familia, mi compañera Mitsuki Leonheart, de Ciudad de Halloween, y mi hijo Sora, de las Islas del Destino.
-Encantado de conocerlos, señora Leonheart, muchachito-saludó Ventus con una inclinación y una sonrisa que no hizo otra cosa que derretir aun más a la pelinegra.-Disculpe mi impertinencia pero me llama la atención que usted sea de Ciudad de Halloween, he visitado ese lugar muchas veces y usted no se parece en nada a ellos.
Mitsuki se ruborizó hasta las orejas al sentir aquel joven dirigiéndose a ella con aquellos modales tan refinados.
-Puedes llamarme Mitsuki, joven Strife, señora Leonheart suena demasiado formal. Y respondiendo a su duda…soy de Ciudad de Halloween de nacimiento pero mi madre es de Vergel Radiante y mi padre de Ciudad de Paso-indicó Mitsuki antes de tomar a su hijo en brazos y colocarlo sobre su regazo para poder susurrarle al oído-Sora…¡¿es él?! ¿Tu hilo te ha llevado hasta Ventus?! ¡Dime que si! ¡Dime que es así! ¡Dios, emparentados con Ventus Strife! ¡Tú siendo su compañero! ¡¿Sabes lo que puede significar eso, Sora?!
-M…Mamá…-gimió el pobre moreno asustado de decirle algo a su madre que la alterara más de lo que ya estaba.
Taiyou, que la había oído, volteó a verla con la molestia marcada en su cara, ahí estaba de nuevo esa actitud descarada e inmadura por parte de su compañera ¿es que era incapaz de tener un mínimo de autocontrol o qué? Los Strife eran clientes importantes para su trabajo, y la actitud de su compañera lo abochornaba demasiado, no querían que le perdieran el respeto o la confianza por aquella manera tan infantil de actuar. Y encima presionando al pobre niño…
Ventus, habiendo cruzado una mirada cómplice con su abuela, sonrió divertido ante la cara de aquella graciosa mujer que apretujaba a su hijo contra ella como si la vida le fuese en ello. El pobre niño estaba comenzando a ponerse azul.
-Señora Mitsuki, lamento tener que decirle que yo ya tengo compañero.-le informó haciendo que la pelinegra de inmediato lo mirara incrédula y dejara de apretujar al pobre Sora, que al fin pudo respirar de nuevo.-Y creo que de haberse dado el caso, tendría que haber sido yo quién hubiera tenido que ir en busca de su hijo cuando nació y no al revés ¿no cree?
Abochornada como nunca en su vida por haberse evidenciado de tal manera y más aún sabiendo que Ventus tenía razón en lo que había dicho, Mitsuki se sonrojo furiosamente hasta las orejas asintiendo tímidamente con la cabeza y usando el cuerpo de su hijo para ocultarse tras él. Taiyou se revolvió su propio cabello, avergonzado de aquella escena, si es que no había sido buena idea haber dejado que su compañera fuera al viaje con ellos…
-Por cierto, mi niño ¿Dónde está tu hermano? Estabas con él hasta hace nada ¿no?-preguntó entonces Ayla mirando a su nieto.
-¿Hermano?-preguntaron los Leonheart al unisonó.
-Pues él debe de estar…-comenzó a responder Ventus antes de que el terrible ruido de una puerta abriéndose de una patada retumbara por la cara.
-¡VENTUS! ó una voz infantil entrando por la puerta.
-…al caer.-finalizó Ventus mirando hacia el lugar viendo como se acercaba corriendo aquel terremoto de cabellos dorados.
El niño, porque por su tamaño era indudablemente un niño, se abalanzó sobre Ventus alzando en alto una espada de hierro envuelta en un aura mágica con intención de incrustárselo. Pero justo cuando estaba bajando aquella enorme arma, Ventus hizo aparecer una llave gigante bajos los ojos incrédulos de los presentes.
Ventus se cubrió y la colisión de la espada de hierro contra el artefacto hizo vibrar con mayor intensidad el salón, provocando que las tazas de té amenazaran con derramarse con tan sólo haber sido sometidas a la onda expansiva de aquel golpe.
-Una Keyblade…-susurró Taiyou sorprendido al reconocer el arma que estaba portando Ventus en sus manos.
Sora, por su lado, se había quedado rígido entre los brazos de su madre al ver aquel brutal cruce de espadas, lo había sentido tan cerca que los oídos le pitaban y el corazón le vibró con aquel estruendoso sonido pero quizá lo que más le puso impresionar fue el ver la mirada retadora de los dos guerreros que estaban con sus armas entrecruzadas, una de ellas buscando desesperadamente someter al otro.
-Ventus, maldito…-siseó el niño aun en el aire intentando ejercer presión con su propia espada en la Keyblade, buscando hacerlo caer pero todo cuando recibió fue una sonrisa juguetona por parte del rubio alto que le hizo hervir la sangre.
-Nos vemos, hermanito.-se despidió moviendo su arma como si hiciera un corte en horizontal con tanta fuerza que impulsó al pobre niño fuera del salón de un golpe, haciéndolo rodar por el suelo.
El menor levantó la cabeza inmediatamente solo para ver como el otro le despedía felizmente con la mano antes de hacer un gesto de juntar los dos dedos índices al mismo tiempo que la puerta del salón se movían al unisonó.
-¡VENT…!-empezó a gritar pero justo las puertas se cerraron en su cara haciendo regresar el silencio al salón.
-Por favor, disculpen a mi hermano pequeño, es un consentido y le encanta llamar la atención.-se disculpó con una sonrisa apenada hacia los impresionados Leonheart, que asintieron por inercia sin saber muy bien que decir.
-¡VENTUS!-volvió a rugir el mismo infante repitiendo la acción de abrir con brutalidad las puertas de una sola patada, mostrando su rostro enrabietado y espada en mano.
-Mi niño, por favor, no sigas haciendo eso, vas acabar por romperme las puertas.-regañó con dulzura Ayla tomando un sorbo de su té tranquilamente como si solo estuviera pidiéndole que no jugara a la pelota en el salón.
-Ah, sí, perdona, abuela, no volveré hacerlo.-se disculpó el pequeño borrando de manera impresionante todo rastro de agresividad para dar lugar a una actitud más cohibida y respetuosa al dirigirse a la anciana.-¿Qué estaba diciendo…? Esto…¡ah, sí! ¡VENTUS!-volvió a gritar obviando por completo a los presentes y apuntando con el filo de su espada a la cara de su hermano, que lo miraba con una calmada sonrisa.-¡Eres un maldito tramposo! ¡Me has dejado inmovilizado en el suelo en mitad del entrenamiento y te has ido dejándome ahí tirado como si nada! ¡¿Pero quién te has creído que eres?!
-Tu hermano mayor, enano-se burló Ventus aparatando con un dedo el filo de la espalda del menor de su dirección-¿Y sabes la ventaja que tengo de ello? Que puedo burlarme todo lo que quiera.
-¡¿Se puede saber por qué te metes tanto conmigo?!-exclamó el pequeño alzando la espada a modo de amenaza.
-¿Qué por qué? Mmmh, déjame pensar.-hizo como que pensaba colocándose un dedo bajo el mentón.-Ah, ¿sabes por qué? Porque me encanta hacerte rabiar.
-¡VENTUUUUUUSSS!-bramó el menor haciendo berrinche para diversión del que era su hermano mayor que no podía evitar estallar en carcajadas.
Ayla, como forma de evitar que siguieran con sus juegos, invocó el hechizo Aero para elevar a su nieto menor por los aires. El pequeño se sobresaltó al no esperarse aquello pero viendo que era obra de su abuela, se cruzó de brazos y piernas para demostrar lo molesto que estaba y se dejó llevar cuando Ayla lo acercó a ella.
-Vamos, cielo, deja eso para más tarde y saluda a nuestros invitados. Mira ésta es la familia Leonheart, unas personas encantadoras que me han ayudado mucho-el niño pareció entonces percatarse de la presencia de extraño en su hogar al dirigir su mirada sorprendida hacia ellos, encontrándose con rostros apenados que lo saludaban con cierta timidez.
Entonces se fijó en ciertos ojos azules que habían permanecido clavados en su persona desde que entró en el salón.
Cuando Sora sintió aquella mirada cernirse sobre él le invadió un escalofrío recorriéndole toda la columna vertebral, haciendo que le temblaran los labios como si no supiese que decir. Su mirada se dirigió con apuro hacia las manos de aquel chico de inmediato.
Y ahí estaba.
El otro extremo el hilo rojo enredado en el dedo anular de aquel chiquillo.
Era él.
Era él.
¡ERA ÉL!
¡Aquel muchachito de cabello rubio, intensos ojos azules como los suyos y la cara llena de moratones y cortes era su compañero! ¡Aquel a quién había estado buscando!
Sora sintió el impulso de dar un grito, del mismo tipo que daría su madre, pero no pudo hacerlo al sentir que se le había formado un nudo en la garganta que le impedía decir nada ¿Ahora que se suponía que debía hacer? ¿Qué era lo que tenía que decirle en ese momento? El moreno comenzó a temblar más y más, sintiendo aquellos desagradables sudores fríos recorriéndole la espalda y las manos. Estaba convencido que debía de estar quedando como un auténtico idiota frente a ese chico, oh, ya se lo imaginaba, debía de estar preguntándose que era lo que le pasaba aquel imbécil rarito que temblaba como un polluelo y seguro que también estaba pensando que…
-Oye, moreno ¿tú qué miras?
Y en ése momento Sora dejó de temblar y de pensar.
Alzó la cabeza, mirando parpadeante al pequeño rubio que ahora se encontraba situado justo frente a él. Al no esperarse aquella invasión a su espacio personal, Sora pegó un pequeño chillido haciéndose para atrás solo llegando a topar su cabeza contra el pecho su madre, que continuaba teniéndole en brazos.
Genial, encima eso, que su madre lo estuviera sosteniendo igual que a un bebé. Menuda primera impresión debía de estar causándole al rubio.
-¿Q…Que…?-murmuró nervioso mirando aquellos ojos que lo miraban con insistencia.
-Te he preguntado qué es lo que miras.-dijo el chico picándole con el dedo índice la mejilla ajena, instándole de esa manera a que contestara rápido.
Sora volvió a parpadear confuso por la situación, volviendo a mirar la mano del muchacho para comprobar que en efecto había visto el otro extremo del hilo en su dedo. Y efectivamente, ahí estaba.
¿Dónde estaba la famosa sensación de mariposas en el estomago?
¿Dónde estaban esos fuertes latidos desbocados del corazón que se suponía que debía experimentar?
Había oído de las niñas de su isla todo tipo de las supuestas emociones empalagosas y edulcoradas que se experimentaba cuando estabas frente al destinado. Se supone que se empezaban a tener sensaciones intensas, fuertes, que no podías controlar ni disimular, que el corazón te latía desbocado, que te sonrojabas por todo, que te volvías tímido o vergonzoso sin razón aparente, tartamudeabas y hacías un montón de tonterías.
Pero Sora se estaba dando cuenta que, salvo los nervios que había estado experimentado por la incertidumbre de conocer a su destinado, no estaba teniendo ninguna de esas sensaciones de las que tanto se hablaba.
No sentía nada de eso.
Pero…
Lo que si sentía, al ver aquel chico, era una conexión. Algo atrayente y fuerte, si tuviera que compararlo con algo sería con la sensación de haber conocido a un nuevo amigo y que esa persona te cayese tan bien desde el primer momento que sabrías con exactitud que esa amistad iba a ir para largo, para muchos años en realidad. Era un sentimiento acogedor y le daba bienestar.
-Yo nada ¿y tú, rubio? ¿Qué haces fijándote en lo que miro o en lo que dejo de mirar?-contraatacó con una sonrisa juguetona hacia el muchacho que tenía enfrente.
Casi al momento, el rubio empezó a reírse divertido por su respuesta y Sora, sin poder evitarlo, le acompañó riéndose también de manera más suave pero más relajado en comparación a como estaba antes.
-Eres osado ¡me gusta esa actitud, chico!-halagó tomando a Sora de la muñeca instándole a que se bajara del regazo de su madre para tenerlo de frente. El castaño lo hizo de inmediato.-Yo soy Roxas ¿y tú quién eres?
-Roxas…-advirtió Ventus con los brazos cruzados pero sin borrar la sonrisa, en respuesta, el menor lo miró de malas maneras antes de sacarle la lengua, pero sabiendo que su hermano tenía razón, tosió un poco intentando verse más sereno de lo que se había estado mostrando.
-Lo siento, eso ha sido grosero por mi parte.-se disculpó.-Encantado, soy Roxas Strife de Villa Crepúsculo ¿tú cómo te llamas?
Sora volvió a parpadear una vez más, quedándose con la mirada fija en los ojos de su contrario como si estuviera esperando algo por su parte. Esperó. Esperó un poco más. Pero conforme pasaban los instantes sin dar su respuesta, notó que el ambiente comenzó a incomodar un poco a Roxas, que terminó por lanzarle una mirada a su hermano como preguntándole si había algo mal en su presentación.
"No lo ve"-dedujo Sora ante la falta de reacción por parte de Roxas.
Roxas no había reaccionado de la misma forma en que él lo había hecho, y se había percatado de que el rubio no había mirado su mano ni una sola vez desde sus miradas conectaron.
Roxas todavía no podía ver el hilo rojo.
No sabía que a quién se estaba presentando era a su compañero destinado.
-¿Hola? ¿Te encuentras bien, moreno?-preguntó Roxas ya más preocupado de no recibir una respuesta, ante aquel apodo al final de la pregunta, Sora despertó una vez más mirando con molestia al rubio.
-¡Ey! No me llames "moreno". Tengo un nombre; Soy Sora Leonheart de las Islas del Destino.-refunfuñó un poco el castaño provocando que de nuevo Roxas se riera.
-Es que no sabía tu nombre, y tú eres muy moreno. Así que si no sé tu nombre, pues te llamo "moreno"
-Que ingenioso eres ¿te has comido un payaso para desayunar y por eso eres tan…ocurrente?
-¡Sora…!-exclamó Mitsuki ¿Qué era lo que pasaba con su hijo?
-Si ¡tú eres de los míos!-exclamó Roxas con los ojos brillantes y señalando a Sora perdiendo todo el recato que había intentando mostrar hace unos momentos.
De alguna manera, Sora se sintió halagado…
-Roxas ¿te apetecería irte a jugar con Sora en lo que atiendo a sus padres?-preguntó Ayla luego de cruzar una picara sonrisa con su nieto mayor.
-¡Eso ni se pregunta!-exclamó Roxas comenzando a tirar de la muñeca de Sora para sacarlo del salón.
-H…Hey…espera ¡no me tires!
-Ven conmigo, tienes que ayudarme armar un plan malvado para poder patearle el trasero al creído de Ven.
-Yo también te adoro, hermanito.
-¡Púdrete, tramposo!-le gruñó el muchachito lanzándole una mirada de perro rabioso en lo que seguía tirando Sora para sacarlo del salón. Quería enseñarle el jardín trasero donde solía entrenar.
Sora por su parte, se quedó mirando la espalda del muchachito mientras era arrastrado hacia quién sabe donde y cuando una vez más sus ojos se posaron en la mano de su contrario encontrando por tercera vez el hilo rojo no pudo hacer otra cosa más que sonreír.
¡Había encontrado por fin a su compañero, que encima le caía bien! ¡Y lo mejor de todo es que el sentimiento parecía ser mutuo! Le agradaba a Roxas.
No sintió ninguna de las emociones de las que tanto había oído hablar, al contrario, todos sus nervios habían desaparecido y estaba deseoso de poder planear cosas malvadas con él para fastidiar al tal Ventus. Parecía ser divertido.
Entonces Sora se acordó en ese momento de Riku ¿acaso Riku se había sentido igual cuando se encontró con Kairi por primera vez? No lo sabía y debía acordarse de preguntárselo en cuanto regresase a las Islas, pero de ser así, si resulta que sus emociones al ver a Roxas eran las mismas que las que había sentido su mejor amigo al conocer a su compañera….entonces el tema de convivir con Roxas no le parecía tan terrible ni le dejaba a él en tan mal lugar como habría esperado.
Había ganado un nuevo amigo, quizá un amigo más especial al tener que compartir su vida con él, pero tal y como empezaba la cosa no le desagradaba en absoluto.
-Y bueno…-comenzó Ventus por su parte acomodándose en uno de los reposabrazos del sillón en donde estaba sentada su abuela.-…supongo que nosotros tenemos que ponernos de acuerdo en algunas cosas si queremos que esos dos comiencen a vivir juntos ¿no creen?
Taiyou y Mitsuki sonrieron encantados. Sora no podía haber acabado con mejor compañero ni haberse emparentado con mejor familia.
CONTINARÁ
Por fin, después de mucho tiempo he conseguido terminar con este dichoso capitulo que me ha llevado horas y salud hacerlo. Literalmente HORAS Y SALUD ¡CUERNOS!
Ays…lectores ¿me queréis animar jugando a un pequeño juego conmigo? ¿Sí? No es obligatorio y es gratis…bien si quieres jugar hazlo; ¿Cuántas referencias de anime, historias y videojuegos habéis captado en este capítulo? Hay unas cuantas y algunas muy sutiles XD dejádmelo en los review para ver cuanta gente está atenta.
Ah, quisiera dejar un poco en claro algunas cositas con respecto al fic, nada, son solo detalles por si acaso os lo preguntabais. El que los personajes digan su nombre, apellidos y ciudad es típico como un modo de presentación para hacer saber a la otra persona de donde vienen, ojo, no dicen el lugar donde viven sino el lugar donde nacieron (Por ejemplo Kairi se presenta a sí misma como de Vergel Radiante a pesar de que vive en las Islas del Destino). Lo segundo son los nombres de los padres de Sora, aquí he intentado ser un poco más original que cuando le puse los nombres a los padres de Roxas; Mitsuki significa "luna llena" y Taiyou significa "sol", me pareció apropiado que Sora, cuyo nombre significa "cielo", tuviera unos padres que representasen al sol y a la luna.
Ah, si alguien se lo preguntaba, si toda la familia Strife viven en la mansión XD que sorpresa ¿verdad?
Y finalmente confirmamos el significado de la palabra compañero o compañera; pero para los aun despistados se lo digo; va mas allá del ser novios o amantes, es directamente es marido o esposa XD.
Por cierto, para quien se lo pregunte; NO, la anciana Ayla no es viuda, su compañero simplemente no estaba en casa en ese momento XD.
Bueno y…hay una personita al que debo dar un saludo muy grande y mi más sincero agradecimiento por su apoyo hacia mi misma y trabajo; Alfredo o Raion Kedaka, muchísimas gracias, has conseguido que escribir esta historia vuelva a valer la pena. De verdad muchas gracias.
Vamos con las contestaciones a los review, que no quiero ponerme demasiado moñas XD;
Alfredo; Okey, chicos, dejad su pelea de enamorados para otro momento, por favor XDDD. Lo lamento y relamento mucho, pero Kairi es la compañera destinada para Riku, pero no tienes que odiarla, seguirá siendo ese amor que tanto adoras y Riku tampoco hará mucho por aquí salvo ser amigo de Sora…tal vez…Ah y normal que no hayas reconocido los apellidos de Riku y Kairi, me los inventé para darles un apellido aunque también fue a lo cutre. El apellido de Kairi significa "océano" y el de Riku "Oscuridad Luminosa", supongo que todos captamos el porqué de esos apellidos XDD ¿Roxas empuñar Keyblade?...Tal veeeeeez. Aquí has conocido ahora a la abuela y líder de la familia Strife ¿Qué opinas ahora de esa familia?
Hikari Heartsong; hay que entender que para Sora tampoco es nada fácil el haber estado todo ese tiempo sin Roxas y su desespero por hacerlo adaptarse y normalizar su vida lo antes posible lo tiene angustiado sobretodo por el desconcierto y desespero del propio Roxas ante todo lo que le rodea. ¿Qué pasaría si Roxas se negara a estar con Sora y volviera al mundo "normal"? Pues lo he explicado en la historia pero para aclarártelo mejor es que ambos, tanto Roxas como Sora serían llevados a su propia autodestrucción porque literalmente no pueden estar toda su vida sin el otro. De hecho la actitud oscura de Sora y la dependencia emocional de Roxas a Hayner y los demás y su reticencia a ampliar el circulo social o a crecer son consecuencias directas de haber permanecido separados tantos años.
Happy: Lo de "compañero" es…maridito…
Raion Kedaka: TOMA ACTUALIZACIÓN, CON MAS DE 50 PAGINAS PARA QUE LAS LEAS BIEN A GUSTO MUAJAJAJAJAJA. No pienso matar a Riku, no seas mala gente, pobrecito XD. No tenia pensado volver a sacar a los muchachos luego de la marcha de Roxas pero digamos que no esta descartado que aparezcan en flash back o momentos puntuales :3
