Autor: Shameblack
Advertencias: están a punto de chutarse casi 20 k palabras.

N/A: la verdad que últimamente me ha dado una pereza exorbitante postear aquí, en fanfiction . net , así que probablemente esta sea la ultima vez que actualice la historia en esta pagina. OJO, no me refiero a que dejaré morir la historia, si no que me limitaré a continuarla nada más en AO3. Por ello, este capitulo realmente es el compendio de los capítulos 10, 11, 12 y 13 y será el ultimo publicado en fanfiction . net (qué mierda, no me deja poner el nombre pegado).


Detrás de la devastación (vuelve a salir el Sol)
X, XI, XII, XIII

Así, el día más temido por muchos y más fastidioso para Shikamaru, llega. Milagrosamente logran tener todos los documentos en orden un día antes de la partida, y Naruto es capaz de pasar una noche entera en su casa. Hinata le sonríe sobre la mesa en la cena y luego a través de la cama antes de acostarse. Naruto piensa que han pasado más de dos meses desde que no toca a su esposa, y el remordimiento le asalta.

Hinata está recostada dándole la espalda, y Naruto piensa en tocarle el brazo, en acariciarle el cabello, en hacer algo, pero no puede. No cuando lo único que desea realmente es volver a dormir con Sasuke y pasar la noche con él, compartiendo la cama. Sin embargo, es Hinata la que se voltea primero, en movimientos pausados, hasta que ambos están frente a frente, con menos de veinte centímetros entre ellos.

Ella le acaricia con suavidad la quijada hasta que Naruto le toma la mano y se la besa, un contacto cálido, pero que al rubio se le figura vacío. Ella le sonríe y se acerca hasta tocar su nariz con la suya. Naruto se obliga a no apartarse y corresponderle el beso tímido que le da. Es entonces que se da cuenta que ha pasado también mucho tiempo desde que no se besan, y aunque es ridículo pensarlo, se ha desacostumbrado a los labios de su esposa, a su docilidad y la manera dulce que tiene. Sus labios son tan finos y carnosos, son pacientes y maravillosos, como un perfume vaporoso que vuela por el aire pero no molesta. Hinata es una mujer espléndida, femenina y exquisita; pero Naruto no la desea. El repentino pánico de que ella lo note lo asalta y profundiza el beso, lo hace desesperado sin querer, como todos los besos que comparte con Sasuke, que parecieran ser siempre el último que se darán, como si la vida se les fuera a acabar. Hinata suelta un sonido sorprendida, pero le enrolla los brazos en el cuello y se deja hacer. Naruto quiere terminar todo de una vez pero no puede, no cuando su mujer se retuerce contra él, cuando suspira contra su boca y le pide con la mirada, le pide con solo decir su nombre.

Ella lleva puesto un camisón fino, y Naruto no tiene que aventurar mucho sus manos para sentir la piel de sus piernas, cómo tiembla ligeramente cuando toca con sus yemas sus caderas. Naruto siente el borde de sus bragas de encaje y es entonces cuando se da cuenta que no tiene idea de cómo seguir con esto, porque no cree que haya vuelta atrás sin repercusiones. Hinata lleva sus manos debajo de su camisa, y le raspa la espalda levemente con sus uñas. El rubio quiere llorar de la impotencia, porque nada en su bella esposa le hace desearla. Es la primera vez en su matrimonio que se ve con la dificultad de sentirse sexualmente atraído por Hinata.

Se repite que él tiene control sobre su cuerpo, y entre más rápido acabe todo mejor. Sin mirar le quita la ropa interior y toca con dedos apresurados la piel del interior de su pierna. Hinata vuelve a gemir y Naruto no va a juzgarse por imaginar a Sasuke, que fuera su voz, que fueran sus jadeos y sus piernas las que estuviera tocando. Hinata se deshace en sus dedos, con la cabeza echada sobre la almohada y el cabello desperdigado contra la blanca funda. Naruto cierra los ojos, porque no puede seguirla viendo si no es en ella en quien está pensando. Ella le trata de besar lento, apasionado, pero Naruto no puede tener nada de eso, no puede soportarlo, así que la besa frenético, como se siente, y enrolla sus piernas en su cadera antes de bajarse el pantalón sólo lo necesario para metérsela. Ella ahoga un gemido y sus uñas se le encajan en los hombros. Naruto contiene un sollozo contra el cuello de su mujer, y comienza a moverse, pensando que es alguien más quien está con él, pidiendo al cielo porque todo acabe rápido.

—Na-ruto—su voz se le entrecorta y a cualquier hombre el mero sonido le causaría fantasías, pero él no puede con ello, no lo soporta, y se mueve más rápido, más fuerte hasta que lo único que Hinata es capaz de decir son sílabas inconexas y suspiros contenidos.

No tiene idea de si sus hijos pueden escucharlos, y en otras circunstancias lo haría muy lento, para no despertar a los niños, pero ahora el solo imaginárselo le causa náuseas del remordimiento.

Termina en un gruñido que esconde su suplicio y Hinata gime en su oído, le tira del cabello y tiembla alrededor de él, extasiada. Llevan la ropa mal puesta, y a Naruto se le figura a una cogida furtiva de adolescentes. Se separa y Hinata le mira desde abajo; tiene sudor en la frente y el cabello un poco desacomodado. El camisón se le ha movido de lugar y casi puede verle uno de sus pezones, los pechos más hermosos que ha visto. Una imagen deliciosa, para alguien más. Naruto la besa, y trata de imprimir en ese beso la confianza y pasión que no siente.

Se despega y se sube los pantalones, para luego alcanzar la sábana y cubrir a ambos. Ella se le acerca, esperando que la abrace y Naruto lo hace reluctante. Le acomoda el camisón y cierra los ojos, tratando de dormir. Tarda mucho en hacerlo y no es sino hasta que Hinata ha caído dormida y puede alejarse un poco de ella. La luna, en su fase menguante, pareciera juzgarle y reírse de él. Naruto no la culparía si así fuera.

A la mañana siguiente Hinata le despide con una sonrisa más cálida que otras veces, y Naruto trata de enfocarse únicamente en sus hijos, a los que besa y abraza por separado. Sale de su casa con el sol apenas alumbrando, y la culpa hecha un nudo en su estómago. Al llegar a la oficina, es a Sakura a la que ve primero. Está sola, parada a un lado de la puerta, lleva un papel en una mano y Naruto puede escucharla tararear. Cuando le escucha voltea a verle y su sonrisa amigable decae hasta que en su faz puede ver la preocupación.

—¿Qué sucedió? —pregunta, acercándose hasta casi tocarle. Sus ojos jade desbordan angustia y Naruto no cree que realmente se vea así de mal, pero con el paso del tiempo ha llegado a pensar que Sakura es de las pocas personas que pueden ver a través de cualquier fachada que tenga. No sabe en qué momento es que su amiga consiguió tal habilidad, pero es en situaciones como ésta que odia que lo haga.

—Nada, todo está bien—voltea para entrar a su oficina, pero Sakura le sigue en los talones. Cuando cierran la puerta, es su mano sobre su hombro lo que lo hace parar.

—Te conozco mejor de lo que crees—su mano resbala hasta su codo, y ella le rodea hasta quedar frente a él. Tiene su mano agarrada con la suya y Naruto teme por romper a gritos.

—No es nada Sakura.

—No me mientas, por favor—su otra mano le acaricia la mejilla y hasta ese momento es que el rubio se arma de valor para encarar a su mejor amiga.

Ella le sonríe, y Naruto siente que no han pasado los años ni la guerra, que es Sakura de dieciséis queriéndole, consolándole porque ella cree en él, pero odia verlo desvivirse por Sasuke. Piensa en qué momento las cosas cambiaron tanto que lo que lo hace sufrir no es la partida de Sasuke, si no el daño que les está causando a su esposa y su mejor amiga. Y es que, habrá muchas cosas que antes le costaba admitir y ahora no, pero una verdad certera que no ha cambiado en todo este tiempo es lo mucho que Sakura puede leer en él, todo lo que lo conoce. Sabe, que dadas las circunstancias, Sakura sabe más de él que la propia Hinata, y es un pensamiento tan triste y desalentador que se pregunta cómo es posible que se hubieran casado.

—No tienes por qué decirme—se acerca un poco más—, pero por favor, no cargues con esto tu solo, sea lo que sea.

—Soy una mala persona, Sakura.

Ella le sonríe con tristeza y aprieta su mano entre sus dedos.

—¿Y quién, en este mundo, es completamente bueno?

Lleva su mano hasta su nuca y lo acerca hasta rodearle la espalda con un brazo. Naruto la abraza también, y es muy fácil olvidar el momento, olvidar que ha cumplido su sueño y es por fin Hokage, que están en tiempos de paz y el mundo vive en armonía. Es fácil olvidarlo cuando su mejor amiga le abraza y Naruto siente la libertad de dejar todo fluir. Sin darse cuenta suelta un llanto culposo y Sakura le aprieta aún más. Llora lo que no pudo llorar por la noche y entierra sus manos en ella, en que está ahí para él. Es terrible y hermoso, porque había olvidado cómo se sentía estar con ella, sentir su afecto y su apoyo, aunque él la esté traicionando desde hace muchos años.

Kakashi tenía razón, no tardará mucho en darse cuenta. Naruto, no por primera vez, teme perder la amistad con Sakura. ¿Cómo puede explicarle que su matrimonio ha sido destruido por su culpa?, ¿cómo decirle que Sasuke le prefiere a él, y se han visto cientos de veces a sus espaldas?, ¿cómo podrá Sakura soportar que la persona en la que más confía es la que le ha clavado el puñal mientras no veía?

Aún así, Sakura le abraza todo el tiempo, le acaricia el cabello y lo deja llorar sobre su hombro, sin saber el motivo ni razón. Para cuando Naruto logra controlarse se da cuenta que han terminado en el piso, de rodillas, y que su cara ha de estar roja e hinchada. Ella le sonríe y le limpia las últimas lágrimas de los ojos. Le coge con ambas manos la cara y le besa la frente.

—Voy a estar aquí, por si me necesitas.

Naruto no sabe si ella seguirá estando ahí una vez se entere de la realidad, pero aprecia las palabras.

Se levanta y le extiende una mano para ayudarla. Sakura se está sonriendo -probablemente por el aspecto de su pelo- cuando entra Shikamaru por la puerta y le pide, sin voltearlo a ver, que se dé prisa porque la comitiva ya está lista en la puerta.

—¿Me escuchó, verdad?

Sakura se ríe, mientras le termina de quitar polvo de encima.

—Te va a conceder el fingir que no lo hizo.

—Mierda—se lleva una mano a la cara para sobarse los ojos y luego las sienes—. Soy un desastre, Sakura.

—Creo que te he visto en peores circunstancias.

—Joder—suspira fatigado, mientras Sakura le inspecciona, con curiosidad y afecto escritos sobre su cara—. En verdad me gustaría poder decirte.

—A menos que sea Secreto de Estado, aunque estoy autorizada para algunos, puedes decirme—comenta casual, pasando una mano por su pelo—. No es que debas de, ni que sea justo ahora pero…

—Después de la Cumbre—Naruto la interrumpe, y la sorpresa en la cara de Sakura no es nada comparada a la suya propia. Es como si pudiera escuchar a Kakashi en su cabeza, pero Naruto no tienen ningún jodido plan de qué hacer y no sabe de dónde vino la intención de decirle, pero ya está hecho, porque Sakura deja de sonreír y su semblante cambia al de la profesional ninja médica que es—. Hablaremos de esto después de la Cumbre.

—Aquí estaré.

Naruto asiente y se encamina a la puerta. Voltea para ver a Sakura aún en medio de la oficina, con una mano levantada, despidiéndose. El corazón se le rompe un poco, y no sabe exactamente por qué. Quizá porque ahora su amistad con Sakura tiene los días contados, y le aterra pensar que la va a perder. Suspira cansado, y agrega un remordimiento más a la lista que ha ido cultivando con los años.

Shikamaru le espera afuera del edificio, al igual que su escolta. No le dice nada, y simplemente se dispone a caminar. Cuando están a punto de llegar a las puertas Sasuke se manifiesta a su lado, y le manda una mirada interrogante, porque probablemente Naruto aún se ve terrible e hinchado por llorar.

—Te explico luego.

Tan solo pasan las puertas Naruto siente al resto de su escolta aguardar en el bosque, esperando indicaciones por parte de él o Shikamaru. El día está fresco y soleado, ameno como solo en Konoha se da. El aire corre muy lento, moviendo los árboles suavemente, una caricia fina de la naturaleza. El nudo en su estómago sigue ahí y Naruto desearía tener el tiempo y el valor de decirle a Sasuke la inmensa estupidez que acaba de hacer, a lo que los acaba de condenar. Siente las murallas de la Aldea a sus espaldas, como se ciernen en él; es imposible no pensar en Hinata y en Sakura, en su familia y la reverenda mierda en la que está metido. El solo pensar en el qué será, la responsabilidad, la ruta que su vida ha tomado le hace asfixiarse, de culpa y temor. No lo puede aguantar y decide poner todo el espacio posible entre Konoha y él. Desde hace días que se había decidido la formación que tomaría el cortejo, pero Naruto no cree aguantar tantas horas de viaje con tantas personas a su alrededor, la posibilidad de que se quiebre a mitad de la nada y le vean.

Voltea hacia Shikamaru y no necesita decirle nada, porque Nara siendo tan eficiente ya lo sabe y cómo no hacerlo si le escucho entrar en un colapso y fingió no hacerlo. Shikamaru es un gran amigo y Naruto lo sabe, pero eso no evita que se sorprenda y le caliente el pecho cuando Nara asiente y le dice que espere en el punto de reunión cerca de la frontera.

—Sasuke—el mencionado voltea a verlo, una ceja enarcada-, ¿puedes seguirme el paso?

No dice nada, solo asiente con la cabeza y es suficiente para Naruto. Comienza a correr, alejándose de su escolta y todo el acompañamiento. Sasuke le va pisando los talones, una pregunta silenciosa en su cara. Con cada paso dado, cada metro recorrido Naruto se siente más libre, como el mar en la tormenta, como el viento contra las montañas; con cada minuto que transcurre, Naruto colapsa un poco más, su pecho temblando y las lágrimas cayéndole por el rostro. Llega un momento en que corre con los ojos cerrados, saltando a la nada, a lo desconocido. Una mano le toma del hombro y le obliga a detenerse. No sabe en dónde están, no tiene percepción del tiempo, pero Sasuke le toma de la cara y le limpia las lágrimas. Naruto se siente una basura humana y el sollozo que se le escapa fractura la serenidad del bosque, le rasga el alma.

—¿Cómo—la voz no le sale, la garganta la siente apretada, adolorida. Su mirada está borrosa, aún peor que cuando estaba con Sakura en su oficina. Es patético, llorar como un niño, pero Naruto no sabe qué más hacer.

—¿"Cómo" qué?

—¿Cómo puedo ser tan mierda? Yo—hipa, cortándose la frase. A su mente viene la imagen de Hinata acostada debajo de él, jadeando y con el sudor en la piel, su fino camisón desacomodado y temblando por el orgasmo—¿Por qué no me matas y ya? Joder

—Eso ya lo intenté—responde Sasuke, volviendo a pasarle los dedos por la mejilla—. No funcionó.

Naruto se ríe irónico, con los ojos hinchados y rojos. Recarga su cabeza contra el hombro de Sasuke y las ganas de rodearle con sus brazos le nacen repentinamente, una llamarada súbita desde el fondo de su estómago, de su pecho, de su mente. Piensa en aquel día, hace muchísimos años, cuando le dijo sobre Hinata embarazada de Himawari, cuando el mundo parecía demasiado y él muy poco. No ha cambiado mucho ese sentimiento, se dice, pero de una forma u otra sigue aquí, respirando, rogando con cada paso no arruinarlo más, su vida, la de Sasuke, la de sus hijos.

—Me acosté con ella—confiesa abruptamente, porque si no lo dice ya explotará, porque Sasuke merece odiarlo casi tanto como Naruto se odia a sí mismo.

—¿Lo disfrutaste?

A lo lejos, un pájaro canta para seducir a la hembra, y un coro de trinos se forma. Es un silencio lleno de ruido, una canción de fondo sin propósito ni voz. Naruto aún tiene su cabeza apoyada en Sasuke y niega. Niega con el cuerpo y luego con la voz, llorando de nuevo, sorprendiéndose de aún poder hacerlo. Cree que está gritando, o quizá solo es su imaginación. No, no ha disfrutado ni un poco, ha sido un martirio, una tortura. Se odia y se desprecia, ¿por qué Sasuke no puede odiarlo también? ¿Por qué?

—Solo estoy arruinándonos, Sasuke, soy un desastre.

—Lo eres—afirma con sosiego, acariciando su cabello—. Eres un desastre, Uzumaki. Y aún así, aquí estoy.

—No puedo Sasuke—levanta la cabeza, sosteniéndose de Uchiha—. Sasuke, no puedo seguir con ella. Y Sakura…

—¿Qué con Sakura?

Naruto aprieta los ojos y recuerda las manos pacientes de Sakura, su familiar calidez. Comprensiva, su mejor amiga. ¿Cómo puede seguir haciéndole esto?, ¿cómo puede quitarle el sueño que ella siempre tuvo?, ¿cómo puede arrebatar de entre sus dedos el amor y cariño que desde niña anheló?

—Me vio siendo este desastre—empieza a explicar, aún con los ojos cerrados, los puños apretando la ropa de Sasuke, tratando de encontrar el coraje o la estabilidad para continuar—. La veo y siento lo mierda que soy. No podemos seguir lastimándola, no puedo cargar con eso.

Sasuke no dice nada, y a Naruto le viene un pánico inexplicable, porque no sabe si es por él, por Sakura o por todo. Quiere gritarle, implorarle que diga algo, que le consuele, que sepa la decisión a tomar. ¿Por qué nadie puede saber cuál es la ruta correcta? ¿Por qué nadie nunca lo preparó para esto?

—¿Quieres que lo dejemos?

Y aunque Naruto se esperaba muchas cosas, definitivamente no eso. Menos aún, que Sasuke lo dijera tan sereno, con una voz casi pequeña. Como si le doliera, pero pudiera entender el porqué Naruto desearía algo así. El rubio, por su parte, siente más lágrimas recorrerle la cara y se odia, se odia porque sabe que es egoísta, y no podría dejar de tener a Sasuke con tal de dejar de lastimar a los demás. Niega con la cabeza, lento al principio luego con fuerza, y sus manos que antes tomaban del pecho al otro, se mueven hasta abrazarlo, hasta que su cara está escondida en el cuello de Uchiha y niega, sigue negando. Le aterra pensar ya no tenerle, le desgarra el alma la sola idea.

—¿Cómo podría dejarte ir? —susurra contra su piel—. Eres los respiros que doy y mis fuerzas en los malos días. Eres lo que más quiero en este jodido mundo, ¿cómo mierda podría soltarte? Eres…

—Tú también—le contesta y se quedan ahí, en medio de la nada, abrazándose y doliendo.

Después de un tiempo, Naruto es el que se aparta un poco. No hay nada que indique que Sasuke lloró salvo los caminos secos de sus lágrimas en las mejillas. Naruto le envidia, porque cree que su cara podría estallar de lo hinchada que la siente, lo roja y caliente que debe estar. Está deshecho en mil formas, pero Sasuke le mira como si no hubiera nada mejor para él, este niño que se convirtió en hombre a causa de adversidades y malos tratos.

—Sasuke—murmura su nombre como una súplica, como si con ello pudiera hacer que las cosas fueran a mejor. Espera que sí—, sé que no me corresponde, pero…quiero decirle a Sakura. No puedo verla y pensar en todo esto, en…Lo siento. No quiero arruinar tu matrimonio, y tampoco quiero arruinar lo que he construido con ella todo este tiempo, pero voy a terminar volviéndome loco de la culpa.

Entre los rayos del sol, Sasuke le observa. Sus dedos tocan muy suavemente su espalda baja y Naruto siente su aliento contra su mejilla. Entiende si Sasuke no quiere hacerlo, y sabe que si esa es su decisión Naruto no presionará más, porque comprende lo delicado de la situación. No sólo debe pensar en Sakura, y cómo la relación de amistad entre ellos se quemaría, pero también en Sarada, que no ha sido capaz de experimentar un verdadero hogar y que, si le revelaran a Sakura la verdad, aquella ilusión de familia se convertiría en un imposible para la adolescente. Naruto entiende esto, y le duele porque sabe que si las cosas fueran al revés, probablemente no accedería tan fácilmente a ser honesto con Hinata. Su mente le dice que es diferente, Kurama le dice que es diferente, pero al final del día, son matrimonios arruinados por un amorío. Son hijos quebrados por el divorcio. Son pedazos rotos que probablemente nunca podrán unirse otra vez.

—Sakura y yo, jamás hemos tenido una relación normal—empieza Sasuke, que desenrolla su brazo de Naruto y retrocede un paso—. Nuestro matrimonio, no creo que sea convencional. Ella es la madre de mi hija, pero nunca la he visto como mi mujer. Lastimarla, no es algo que me quite el sueño, realmente. La aprecio, y creo que ella no está del todo consciente de ello, pero su dolor o el tratar de evitarlo, no está en mis prioridades—pausa, mirando a la franja de cielo visible entre las copas—. Ella no es mi prioridad—con el reverso de su mano, repasa sutilmente las marcas en la mejilla del otro, su mirada otra vez sobre la suya, el calor del bosque en su piel—. Quiero hacerte feliz—confiesa, casi tímido, con un murmullo que podría perderse en el ruido de las hojas contra el pasto—, pero Sarada, ella si me preocupa.

—Lo sé—siente un nudo en la garganta, y le duelen muchas cosas, pero más aún el temor, casi escondido, en los ojos de Uchiha. Naruto sabe que, pese a todo, Sasuke quiere ser un buen padre. No tiene la mejor disposición para ser un buen esposo, pero es fácil notar, mirando en los gestos y acciones adecuados, lo mucho que se esmera en remediar todo lo malo que provocó su ausencia. Pedirle deliberadamente que dañe, de una u otra forma, la relación que ha comenzado a construirse con Sarada es demasiado cruel.

Naruto le ama lo suficiente –y más- como para comprender. Si de esta manera Sasuke puede ser feliz, Naruto es capaz de aguantar todo el dolor y culpa consecuentes. No sabe qué pasará después de la Cumbre, qué hará cuando regrese a casa y esté Hinata esperando en su cama, esperando por algo que Naruto ya no desea dar. No quiere pensar en Sakura, con su mirada paciente y comprensiva, lista para no juzgarle a lo que sea que Naruto tenga para decirle. Es más fácil ignorarlo por ahora y concentrarse en el presente. En Sasuke respirando frente a él y todos los kilómetros que separan a ambos de la villa y sus vidas ahí.

Se mantienen en ese claro unos minutos más, hasta que Naruto decide que es mejor continuar con el viaje y ahorrarse el regaño –o lo más parecido a un sermón- por parte de Shikamaru.

Eventualmente, se reúnen con la comitiva y el camino se hace un poco menos difícil. Anochece para que ellos se queden en el refugio de los arboles, esperando a que pase la oscuridad. Naruto se siente joven de nuevo, como en una misión. Solo falta Kakashi y Sakura para sentir por completo la añoranza del breve, pero buen tiempo, que tuvieron como el Equipo Siete.

Un poco antes del tiempo estimado toda la comitiva arriba a Kiri, y son recibidos de manera amena y diplomática. Sasuke nunca ha sido bueno con la gente, pero Naruto sí, y como el líder de Konoha, es más que bien recibido que tenga la habilidad. Shikamaru puede dejar de preocuparse por ser quien tercie las conversaciones, dejando que el Hokage sea quien se enfrente a los otros líderes y los diplomáticos presentes. Van a ser días difíciles y cansados, tratando de llevar las negociaciones de la mejor manera para todos las partes.

Sasuke se asegura de mantenerse a raya lo más posible, solo estando presente cuando es estrictamente necesario. Shikamaru no le recrimina por ello, y Gaara se limita a mirarle curioso un par de veces, pero nadie extraña ni exige la presencia del líder Uchiha en las pláticas.

Kankurō es el único que, aparte de Naruto y Shikamaru, se ve dispuesto, por su propia voluntad, a buscarle plática, por más inexplicable que esto sea. No es que Sasuke tenga un historial de una mala relación con el shinobi de Suna, pero esto solo por el simple hecho de no tener un historial en general. Así que, aunque extraños los acercamientos de parte del otro, Sasuke los afronta de la manera más diplomática y tranquila que puede. Aunque, después de los primeros cuatro días de negociaciones intensivas, es más fácil dejarse caer a un lado del marionetista y fingir que ambos no están tan hartos como para hablar del clima. Y es que, aunque ha estado lloviendo día sí y día también, los momentos en que cesa, el calor se siente asfixiante y terrible.

Es casi media noche cuando Naruto entra a su habitación –asignada amablemente por el Mizukage- para toparse con Sasuke recargado a un lado de la ventana. No ha dejado de llover en más de tres horas y el tedio se ha vuelto tan grande que Sasuke está comenzando a querer conocer el sistema de canalización de la ciudad para prevenir la indudable inundación que no está ocurriendo. Claro, esto se ve interrumpido por la presencia de Naruto y el suspiro exhausto que avienta antes de dejarse caer en la cama.

—No quiero volver a saber de Reformas Energéticas en mi puñetera vida.

Sasuke se acerca a la cama con pasos lánguidos, hasta rozar con sus dedos el interior del codo del rubio, que yace sobre su cabeza.

—Improbable.

—Qué envidia te tengo, bastardo. Ojalá pudiera simplemente salir caminando de ahí, como te he visto hacerlo.

—¿Ah, sí?

Naruto levanta su brazo de sus ojos y le mira con una ceja alzada, el inicio de una sonrisa asomándose también. Recarga el codo en el colchón y tantea con su mano su brazo, hasta llegar a su mano. Sasuke no va a negar las ridículas ganas que tiene de arrancarle la capa de Hokage, pero prefiere esperar y ver. Naruto se ríe de medio lado, algo que ha acostumbrado hacer en esta reciente etapa de su vida, y más frecuentemente cuando Sasuke está involucrado.

—¿Los días largos, cansados y lluviosos, o los agotadores convenios internacionales entre diplomáticos necios y cerrados te ponen, Sasuke? —dice Naruto, en un tono de voz sardónico, hasta que lentamente se levanta de la cama, sin dejar de ver al otro—. ¿O solo es que me extrañas? —pregunta en un timbre de voz grave, su cara a la altura del cuello de Sasuke.

Y no es ni una ni otra, porque los días lluviosos le dan igual, y no es que precisamente extrañe a Naruto todas las horas del día, pero Sasuke no puede negar la sed de estar a su lado que en las noches lo golpea, y que en especial hoy tuvo el cinismo de atacarle más fuerte que ayer.

Ambos deberían irse a dormir pronto, pero por el brillo en los ojos de Naruto y la forma en que sostiene su mano, Sasuke sabe que es más que bienvenido el que pase su pierna sobre la cama y se siente a horcajadas sobre el otro. Naruto suspira, entre una risa y un jadeo, antes de besarle desesperado. Sasuke le lleva la mano al cabello y Naruto a sus nalgas, para luego dejar que ambos se vayan a rodar por el colchón. Es un tipo de ansia muy diferente a todas las demás, como si ahí, en una Aldea Aliada, lejos de casa y preocupaciones, pero con una buena excusa para estar ausentes, tuvieran toda la seguridad del mundo para arrancarse la ropa a tirones y dejar que la lluvia opaque sus gemidos.

Sin quererlo rompen el cabezal de la cama y la lámpara de la mesita de noche. No es que justamente eso les haya detenido en el momento, pero después de que ambos están acostados, con la sábana en el piso y el sudor secándose, se dan cuenta de lo problemático que va a ser explicarlo. Por el momento, sin embargo, se acomodan para dormir; Sasuke con su brazo lanzado sobre la cintura de Naruto, y las ventanas dejándose el vaho poco a poco.

En la mañana Sasuke desaparece a su habitación, dejando a Naruto con un último beso lánguido y caliente. Es casi vergonzoso lo feliz que ha amanecido y lo difícil que le resulta ocultarlo.

Es al medio día que el Mizukage decide que pueden poner un cese a las pláticas, para dar un paseo por la Aldea, demostrando las actualizaciones y reconstrucciones hechas en los últimos años. Es una manera sutil de presumir lo logrado y evadir diplomáticamente otra serie de debates que rayan en agresivos. Un descanso para todos. Sasuke no está obligado a asistir a la excursión, o como sea que hayan decidido nombrarlo, pero tanto él como Kankurō están comenzando a pensar seriamente a jugar piedra-papel-o-tijera para pasar el rato, y hay mejores maneras de perder la dignidad que esa.

—Kiri ha cambiado mucho. Una gran evolución—comenta el marionetista mientras adelante va el Mizukage explicando el edificio de la derecha.

—Considerando que ya no enfrentan a muerte a los niños entre sí, claro, una gran evolución—le contesta Sasuke, a lo que Kankurō suelta una risa sarcástica.

Pasan por varios edificios más, Naruto, con ojos curiosos y una sonrisa amable para Chōjūrō mientras el susodicho explica la razón e historia de los Centros de Investigación que están visitando. Al final, Sasuke le va a conceder al líder de la Niebla que es una distracción muy agradable de las tediosas negociaciones. Hace buen clima, considerando que hay sol pero el ambiente no está bochornoso como los días anteriores y la lluvia que ha caído ha sido muy fina y tranquila.

Llegan al hospital, un monstruo enorme comparado con los otros edificios, que se ve aún más moderno y tecnológico que los demás. Al parecer a éste si van a entrar, por lo que Sasuke sabe tendrá que mantenerse afuera, junto con los demás miembros de las comitivas que no figuran como guardaespaldas de los Kages.

Kankurō encuentra una sombra fresca debajo de un ceibo, que apenas está comenzando a florear. Son cerca de las dos de la tarde cuando Sasuke ve desaparecer a Naruto detrás de las puertas del hospital, seguido de los demás Kages e imperceptiblemente los guardaespaldas. Cierra la mano en puño y se obliga a concentrarse en algo más, quizá el cielo despejado o la falta de bancas por este lugar.

El marionetista comienza a hablar de los acuerdos a los que tanto Konoha como Suna han llegado –los cuales, Sasuke no se había interesado en conocer- y van cerca de quince minutos cuando ambos lo notan.

Hay mucha gente en la calle, es un sábado ajetreado y de buen humor, razón por la que muchas familias se encuentran afuera. El hospital está situado cerca del centro de la Aldea, por lo que muchos puntos turísticos –o lo más parecido a turismo que Sasuke conoce- se localizan relativamente cerca. Así, cuando Sasuke y Kankurō lo notan, muchos otros ninjas y civiles también. El movimiento de las personas se detiene y el desconcierto comienza a aflorar.

—¿Eso es…—murmura Kankurō, entre desconcertado y nervioso.

Luego el ceibo comienza a moverse más notoriamente y resulta claro lo que está pasando.

Las personas comienzan a gritar mientras el suelo se estremece y el temblor progresa en fuerza. Sasuke no lo piensa y se lanza al hospital, seguido de cerca por el marionetista. Hay pocas cosas que pueden sorprender a Sasuke, teniendo en cuenta todas las insanas experiencias que ha acumulado con los años, pero ver cómo el hospital es zarandeado sin compasión le hiela la sangre. Hay gente adentro, muchos pacientes, Naruto también. Justo cuando llega a la puerta es él con quien casi choca, acarreando a un hombre en sus brazos.

—¡Hay que sacarlos!

De pronto, todos los ninjas que habían estado alrededor comienzan a sacar gente, otros más a tratar de darle apoyo al edificio para evitar lo peor. Sasuke carga con los que puede, y usa más chakra del que esperaba para ir lo más rápido posible. Pierde la cuenta de las veces que ve a Naruto entrar y salir, siempre con personas, más de un centenar de clones. Los pilares de piedra, y otras cosas que tratan de poner para estabilizar el edificio craquean también. No sabe cuánto tiempo ha pasado, parecieran horas, pero sabe que no es así.

De pronto un sonido opaca los gritos de miedo de la gente y Sasuke ve cómo media ala este del hospital se craquea y cae. El polvo se levanta y se crea un silencio efímero, hasta que la gente asustada comienza a gritar, tosiendo y llamándose entre sí, porque es difícil ver por la tierra levantada. Un ninja de la Niebla informa que todos los pacientes ahí ya habían sido evacuados, lo que calma de alguna manera a la multitud en histeria. Sasuke solo escucha su propia respiración, ahogando en el fondo los gritos de los civiles y sus llantos. Vuelve a entrar y carga a una muchacha que se encuentra tirada en unas escaleras, recorriendo los pasillos en busca de más pacientes, de enfermeras y personas heridas. Trata de vislumbrar a Naruto, pero no tiene éxito. Son quince pisos del hospital, y Uchiha no tiene idea de donde podría estar el rubio. Sale y ve como la gente no puede ponerse en pie por el temblor. Gaara tiene un montón de arena tratando de sostener el edificio, de evitar su bamboleo. Le ve y grita, Naruto está en pediatría. Sasuke corre, como nunca lo ha hecho, el corazón en la garganta. Y ahí está, rodeado de niños. Son muchos, todos llorando, tratando de agarrarse a las paredes para evitar ser sacudidos.

—¡Ayúdame a cargarlos!

Sasuke crea clones, todos los que puede, y toma en brazos a los niños que tiene cerca. Naruto hace lo propio, sus clones también, y salen del hospital. Sasuke sabe que aún hay niños dentro, al igual que Naruto. El edificio se mueve con violencia, Gaara y los demás evitando que colapse.

Naruto da media vuelta y Sasuke le toma el brazo, le quiere decir que tenga cuidado, que se quede, que no vaya a ir a ser sepultado ahí. Naruto le sonríe con confianza y se suelta. Le ve entrar a él y a cinco clones. Sasuke sabe que Naruto es el shinobi más veloz en el mundo, que puede entrar y salir del edificio en tres segundos. Que puede resguardar a esos niños sin problemas. Se aferra a ese pensamiento mientras ve a Gaara apretar los puños, mientras las ventanas del hospital se quiebran y la gente alrededor trata de mantenerse en calma. Se aferra a la sonrisa de Naruto, a todo lo capaz que es de hacer, y confía. Y confía, hasta que ve las columnas ceder, y la arena de Gaara sucumbir, y desde el último piso, el edificio cayendo sobre sí mismo.

Naruto no sale.

Los gritos son ensordecedores, y el polvo de las ruinas dificulta la visión. Sasuke voltea a ver, y se sorprende al notar que aparte del hospital, otros dos edificios han colapsado. Toda la gente está reunida en la plazoleta, sosteniéndose unos a otros y llorando. Uchiha escanea por todos lados y se topa con Shikamaru, que tiene el ceño fruncido y las manos apretadas. El Mizukage está unos pasos más atrás, gritando órdenes y acomodando a su gente. Sasuke, por su parte, no sabe que sentir. El vacío en su pecho es algo que no le deja respirar bien. Es estúpido. Naruto está bien, un simple derrumbe no le hará nada. Sasuke tiene que ser objetivo; conoce a Naruto mejor que nadie, sabe de lo que es capaz. Probablemente haya evitado la compactación del techo, está a salvo, en medio del derrumbe. Es el portador de Kurama, un edificio no va a detenerlo. Si Sasuke no lo hizo en su momento, un temblor no lo hará ahora.

Con los pasos más firmes que puede dar se dirige hacia Shikamaru. Éste le observa, para luego volver a dirigir su atención al edificio. Gaara y Kankurō rodean a Shikamaru también, el primero con los ojos hacia el edificio, los puños apretados, y el segundo mirando a Sasuke.

—No podemos simplemente quitar los escombros y llegar a Naruto—dice Shikamaru, volteando hacia Sasuke, sabiendo lo que éste pensaría—. No se sabe si el hospital fue evacuado del todo.

— Chōjūrō está organizando a su gente—comenta Gaara—. Necesitaremos rastreadores.

—Sí, preferentemente un Hyūga—contesta Nara, mirando alrededor—. No tenemos a ninguno en nuestra comitiva.

—Kankurō, haz el llamado. Avisa a Suna y asegúrate de que las otras Grandes Aldeas estén informadas para que manden ayuda. El Hokage está en una situación delicada.

—Si, Kazekage—afirma el susodicho, antes de desaparecer en una nube de humo.

Sasuke mira a Shikamaru.

—Quizá pueda contactarme con Sakura o Kakashi—el otro le mira y asiente, dejando que Sasuke se retire.

Ha dado menos de cinco pasos cuando el suelo vuelve a temblar. La gente de pronto grita asustada y Sasuke inmediatamente voltea hacia el edificio derrumbado. Se mueve, pero los escombros remanentes logran aguantar. A lo lejos se escuchan los gritos de Chōjūrō y luego los de Kankurō, ordenando al resto de los shinobis. Tienen que traer ayuda de inmediato.

Debe apartarse del centro de la plaza para poder encontrar señal y llamar a Sakura. Ella contesta, extrañada, pero al escuchar el tono de Sasuke, incluso él puede sentir como cambia su expresión a la de un médico listo para actuar. Sasuke sabe que Kakashi tiene la habilidad para realizar algún jutsu de transportación, así que confía en que la ayuda por parte de Konoha no tarde.

Decide alejarse lo más que puede del hospital sin dejar de estar en las cercanías, tratando de no verlo. Le duele saber que no es capaz de hacer nada por el momento, que tratar de quitar los escombros será contraproducente.

Pasan dos horas hasta que los Kages y los shinobis han reunido suficiente información para proceder. Kiri no es usualmente una zona sísmica, razón por la cual sus edificios no están hechos para resistir temblores. Sin embargo, han logrado encontrar expertos en el tema, y todos concuerdan con lo mismo: solo miembros calificados pueden entrar al derrumbe. No se debe de tratar de quitar escombros ni loza, porque podría provocar otro colapso. Las grietas naturales son todo lo que se debe de utilizar. También se sabe que era un edificio de quince pisos, y Sasuke piensa que el de pediatría a donde fue Naruto era el tercero. Son doce pisos los que están encima de Naruto. Doce pisos para poder llegar a él y los niños. Sin contar con los otros dos debajo, que pudieran también tener gente.

El sol comienza a ponerse cuando recibe una llamada de Kakashi. Si, podrán hacer el jutsu de transportación, pero lo máximo que puede enviar son dos personas. Sasuke comprende, no solo por lo complicado del sello y manipulación, pero el gasto de energía que conlleva. Sakura le informa que serán Hanabi y Hinata las que serán enviadas. Sasuke no dice nada. No le apetece en lo absoluto tener a Hinata cerca, pero comprende lo necesario de la situación.

Terminan de armar los sellos para poder realizar la transportación con éxito, cuando sucede otra replica, ésta un poco más fuerte que las anteriores. Sakura suena preocupada en la línea, pero Sasuke se limita a terminar los sellos, siguiendo las cuidadosas instrucciones de Kakashi.

Es casi media noche cuando consiguen hacer el jutsu con éxito. Enfrente de él se paran Hanabi y Hinata, ambas con la ropa de un shinobi de la Hoja, cargando con pergaminos y kits de primeros auxilios.

—¿Dónde está? —pregunta sin rodeos Hanabi, yendo a la cabeza y dirigiéndose directamente con Shikamaru.

Hinata mira a Sasuke, su cara contrariada, tratando de buscar algo en la de él, sin lograrlo. Sasuke quisiera poder decir que todo estará bien, pero ni siquiera él lo sabe. Sin embargo, antes de que alguna de las hermanas llegue a las inmediaciones del hospital otra replica llega. Es más agresiva que las otras y Sasuke mira con espanto como una parte de lo que quedaba de pie del hospital también cae. Las ruinas del centro, donde presuntamente se encuentra Naruto, se colapsan aún más. Hinata aguanta un grito y Shikamaru maldice al aire. Hanabi corre hasta llegar al derrumbe y activa el Byakugan sin perder tiempo. Hinata se lleva una mano a su pecho y es hasta ese momento que Sasuke lo nota; Hinata ya tiene activada su visión, y lo que ve no parece reconfortarla.

—¿Qué es? —pregunta ansioso Sasuke, acercándose a la mujer. Hinata voltea a verlo, con lágrimas en las orillas de sus ojos.

—Él y los niños están bien. Son siete, contando a Naruto, pero…—vuelve a echar otra mirada hacia el hospital, apretando los labios, preocupada—, pero está manteniendo todo el peso del edificio con chakra. Es mucho. No sé cuánto tiempo pueda durar así.

Gaara, que estaba a unos metros, escucha también lo dicho por Hinata, y asiente apesadumbrado. Hay que darse prisa para llegar a Naruto.

Ambas Hyūga empiezan a dirigir a los shinobi. Casi dos horas después, logran sacar a la primera persona. Es un proceso muy lento, exasperante, pero Sasuke sabe que si hacen un mal movimiento, alguien podría morir.

Comienzan las labores para acarrear escombros, atender a los heridos, repartir agua. El resto de la Aldea no ha sufrido tantos daños, pero también hay secciones peores que otras.

Está amaneciendo cuando Sasuke regresa al hospital. Hinata está de rodillas en el suelo, agotada de haber usado por horas tanto chakra. Sasuke entiende que será mejor que ella y Hanabi roten turnos, antes de que caigan fatigadas.

—Debes descansar—le dice cuando se hinca a su lado, escuchándola respirar con dificultad.

—Aún hay mucha gente—dice, mirando con zozobra lo que antes fue un edificio. Sasuke sabe que aún hay personas dentro, pero a diferencia de Hinata, el no puede verlos luchando por seguir vivos.

—Matarte de cansancio no le hará ningún bien a nadie.

Hinata entonces le ve, con el sudor cubriéndole la frente y la mirada mortificada. Sasuke cree que jamás han intercambiado más de dos palabras.

—Está bien—concede al final, dirigiendo una última mirada a las ruinas y a su hermana. Uchiha se permite tomarla de la cintura y ayudarla, porque sabe que probablemente se desvanecería.

La lleva a una camilla en la carpa puesta por los ninjas médicos, y da instrucciones para que la dejen dormir un par de horas. No quiere pensar en todas las cosas que siente justo ahora, así que se limita a regresar donde Shikamaru, para tratar de ayudar en lo posible.

Sabe que un jutsu de espacio-tiempo no es la mejor opción, y el no es mejor rastreador que Hanabi o cualquiera de los otros, pero por un momento siente la incesante necesidad de tener las manos ocupadas, para no pensar, para no morir de preocupación. Maldito Naruto, maldito idiota. Lo va a matar cuando lo saquen de ahí.

Para el medio día, han logrado sacar a más de sesenta personas, pero aún falta mucho para llegar hacia Naruto, y el problema justo ahora es, que necesitan quitar más escombro para lograr entrar a más niveles, pero nadie sabe exactamente cómo podría reaccionar la estructura.

—Es un riesgo que no se si estamos listos para tomar—dice Shikamaru, con el resto de los Kages alrededor, y otros shinobis de alto rango. Sasuke está a la derecha de Kankurō, con el puño puesto sobre la mesa donde esparcieron los planos del hospital, tratando de entender el montón de escombros de allá afuera.

—Aún hay muchas personas—dice Gaara, con la mirada fija en los planos—, pero nos es imposible llegar a ellos.

—¿Hay una forma de saber si quitando los escombros las ruinas se compactarán más? —pregunta el Raikage.

—No—responde Shikamaru, entrecerrando los ojos, molesto, quizá—. Justo ahora, estamos casi a ciegas.

—No podemos tardarnos más—dice la Tsuchikage, poniendo una mano en la mesa—. Ya pasaron 24 horas, y estas personas pueden ser pacientes con necesidad de atención médica. No podemos suponer que aguantaran más tiempo ahí. Además, el Hokage…

Todos los presentes se quedan callados. Kurotsuchi no falta de razón y todos lo saben. Más aún, Naruto sigue soportando el peso de todo el edificio, y aunque su reserva de chakra es ridículamente grande, todos saben que hay ciertos límites, incluso para él.

—Hay que tomar una decisión—concluye Gaara, con los brazos cruzados y mirando a Shikamaru, quien de pronto parece ser el que posee la última palabra.

—Debemos asegurarnos que no haya nadie más en los escombros que planeamos quitar—dice Nara, con los hombros tensos—. Después de eso, Tsuchikage, contaremos con usted para la movilización de la loza y escombros; Kazekage, puede que necesitemos estabilizar la estructura. Si alguien tiene alguna otra idea, sería bueno escucharla ahora.

—Todos pensamos lo mismo, y ésta es la mejor opción—informa el Mizukage, antes de dar media vuelta—. No hay tiempo que perder, Kurotsuchi tiene razón. Hay que sacar a esas personas.

Los presentes comienzan a salir de la carpa, enfrentándose al sol del mediodía. Shikamaru, Gaara y Sasuke se quedan atrás, aún viendo los planos en la mesa.

—Desearía poder hacer todo más rápido—dice Shikamaru, apretando los dedos en la madera—. Nadie sabe cuánto tiempo Naruto podrá aguantar ahí.

—No le quites crédito—murmura Gaara, para luego ver a Sasuke—. Si algo es Naruto, es difícil de matar.

Sasuke le sigue con la mirada hasta que el Kazekage sale también de la carpa. Nunca nadie ha dicho que la relación entre Gaara y Uchiha sea la mejor, y cordial pareciera incluso una palabra lejana para ambos. Por lo general, siempre es Naruto quien logra facilitar las cosas entre ambos, pero a falta del rubio amigable, Gaara comienza a afilarse alrededor de Sasuke, aunque no es que éste realmente le culpe por ello; pero incluso Uchiha admite que, empezar fricciones innecesarias con el Kazekage justo ahora es más que contraproducente.

—Al igual que tú, él está muy preocupado por Naruto—apacigua Shikamaru, antes de voltear a verle—. Trata de no acercártele mucho.

—Bueno, no es que ande buscando su compañía, ¿o sí?

Shikamaru suspira y ambos salen del lugar. Afuera el ambiente está bochornoso, y solo ha sido pura suerte que no haya comenzado a llover. Hanabi está saliendo del derrumbe, intercambiando algunas palabras con Hinata. La joven Hyūga se ve cansada, a punto de sucumbir ante el agotamiento de chakra. Sasuke se dirige a ambas sin pensarlo realmente, hasta que llega a la altura y está solo a tiempo de sostener a Hanabi para que no caiga.

—¡Hanabi! —Hinata le lleva las manos a la cara, su mirada preocupada. La otra las aparta con suavidad, y se apoya en Sasuke para mantenerse de pie.

—Voy a estar bien, hermana. Ve—dice, empujando con delicadeza a la muchacha, para luego verla escalar los escombros—. Estoy bien, Uchiha.

—Estás a punto de desvanecerte. Te llevaré a las camillas.

Hanabi voltea a verlo con recelo. Tiene tierra en la cara y cabello, y su ropa está en peores condiciones. Parece una niña molesta y Sasuke no tendría problema alguno en dejarla a su merced, pero nota la dificultad de la muchacha para mantener los ojos abiertos y hay ciertas cosas que un shinobi debe hacer por sus compañeros. Ajusta su brazo en la cintura de la joven y hace el amago de cargarla. Hanabi suspira antes de ceder y Sasuke no pierde tiempo para tomarla en su brazo y avanzar hasta la carpa con los médicos. No va a pensar en las miradas que le avienta Shikamaru desde una orilla, o la mirada precavida de Gaara al otro extremo. Se limita a enfocar una camilla disponible entre el mar de gente en la tienda. La acuesta sin mucho preámbulo y Uchiha da media vuelta, dispuesto a marcharse. Sin embargo, siente la mano de Hanabi jalar de su manga, deteniéndolo momentáneamente.

—Está luchando—dice, mirándole a los ojos, con el entrecejo fruncido—; tú más que nadie sabes que es un guerrero. Los niños que están con él están bien, y él también lo estará.

Sasuke asiente y espera hasta que la joven le deja libre para volver afuera, con los rayos de sol picándole en los ojos. Escucha de nuevo al Mizukage gritar órdenes y más allá a la Tsuchikage, acomodando hombres y ubicando los puntos frágiles para quitar los escombros.

Pasa otra hora hasta que Hinata y los demás rastreadores dan el consentimiento de quitar la loza, asegurando que no hay personas atrapadas en ella. Gaara se acerca a Kurotsuchi y sus shinobis. Todos despejan el área antes de que la Tsuchikage comience a hacer señas de manos, seguida por sus hombres. Gaara comienza a infiltrar arena por las comisuras, quizá tratando de sentir la estructura y dar apoyo donde se necesite. La Tsuchikage da la orden de empezar y muy lentamente comienzan a quitar pedazos de escombros de las partes más altas.

Al igual que los demás, Sasuke mira el proceso con el corazón en la garganta. Paulatinamente comienzan a despejar el camino, siempre con Gaara cerca para estabilizar las cosas. Hinata se acerca, para dar instrucciones de qué mover y qué no. Sasuke se mantiene al margen, con Shikamaru de un lado y Kankurō del otro, observando expectantes. Los minutos se transforman en media hora, y luego en hora y media. Los otros shinobis comienzan a tomarse turnos para quitar los escombros, a excepción de Gaara y Kurotsuchi, que se mantienen de manera casi estoica moviendo los pedazos de cemento y bloc. Hinata comienza a moverse alrededor, movilizando a los rastreadores, hasta que da la señal y tienen que parar, porque hay alguien cerca que podría terminar más sepultado si movieran una roca equivocada.

—Van a sacar a alguien más—dice Kankurō, que mantiene su atención fijamente en su hermano, que aún no presenta signos de cansancio—. Eso es bueno.

—No lo suficiente—dice Sasuke, tratando de contener las ganas de gritar que lo abordan.

Para cuando es seguro seguir retirando escombros ya está atardeciendo, pintando todo en una desesperación naranja que a nadie le sienta bien. Cada tanto tienen que volver a parar, porque alguien está cerca y sería muy riesgoso seguir sin sacarlo primero. Llega un momento en que Sasuke se une a Gaara y la Tsuchikage. Con la mayor precaución que puede, comienza a quitar grandes piedras, confiando en que los otros podrán estabilizar la estructura.

Hinata se ha recogido el pelo y tiene la frente empapada en sudor, sus ojos hinchados y algo rojos. Todo alrededor está en silencio, mientras los rastreadores y los encargados de escabullirse entre las fisuras intercambian palabras con las personas atrapadas. Hay civiles y shinobis acarreando piedras sin cesar y Sasuke solo espera la confirmación de Hyūga para continuar levantando piedras y esperar que nada colapse.

Pasa la media noche cuando Sasuke ve a Shikamaru acercarse a Hinata, convenciéndola de ir a descansar. Hanabi está justo detrás, lista para continuar donde su hermana se quedó, con la cara y el cabello limpio de nuevo. La Tsuchikage por mientras mantiene en pie una pared, porque hay una mujer debajo y quitar algo de pronto podría promover un movimiento de escombro que sepultaría aún más a la mujer atrapada.

Shikamaru toma a Hinata de la mano antes de guiarla hacia abajo. No pasa mucho para que Nara tome en brazos a Hinata y la ponga en descanso. Hanabi no pierde el tiempo y ya está dando instrucciones y describiendo lo que ve a los otros shinobis. Una muchacha delgada comienza a moverse por las ranuras, hasta que Sasuke la ve desaparecer por entre los pedazos de piedra. Gaara levanta la mano y el silencio se hace en todo el lugar, las palpitaciones de los corazones casi resonando. Hanabi y otro shinobi de la Niebla comienzan a hablar, hasta que confirman que la kunoichi ha llegado a la mujer atrapada. No puede moverse porque al parecer tiene ambas piernas fracturadas y eso dificulta muchísimo las cosas.

—Uchiha y yo podemos levantar esa pared y las piedras de encima—comienza a decir Kurotsuchi, intercambiando una mirada con Sasuke—. Gaara-san, si puede de alguna manera resguardarlas, podemos quitar las piedras sin temor de dañarlas.

—¿Kazekage-sama? —pregunta Hanabi para confirmación, hasta que Gaara asiente lentamente.

—Dame un momento—Gaara comienza a mover la arena entre los escondrijos, Sasuke imagina que tanteando hasta encontrar a las dos mujeres. Supone que no tarda mucho en localizarlas porque pronto la cantidad de arena filtrándose aumenta. Hanabi le informa a la otra kunoichi de lo que va a ocurrir, mientras tanto Sasuke y Kurotsuchi aguardan pacientemente por la luz verde para empezar a mover las piedras.

—Pueden empezar—informa Gaara a la Tsuchikage, a lo que ésta asiente antes de mirar a Sasuke. Con una calma que ninguno de los dos siente, comienzan a mover los pedazos de cemento. Algunas piedras se sueltan y ruedan por la pendiente, pero los pedazos cruciales se mantienen en su lugar. Para Sasuke se siente como una eternidad, hasta que quitan el último pedazo de loza y ven la capa de arena de Gaara. Pronto hay ninjas médicos en todos lados, y un sollozo de felicidad rompe la madrugada. Kurotsuchi suelta un grito de felicidad y es hasta ese momento que Sasuke nota el cansancio en sus ojos, y el sudor empapando su espalda.

Luego de que la mujer es llevada a la tienda de asistencia médica, un shinobi de Iwa se acerca a la Tsuchikage para pedirle que se retire a descansar. Kurotsuchi se niega, porque aún la necesitan, pero sus hombres insisten. Luego es Gaara quien entra al debate para razonar con ella. De todos ellos, Kurotsuchi es quien ha gastado más chakra en las últimas horas, quizá aún más que Hinata. Sasuke lo puede notar también, y a menos que Iwa desee reemplazar a su gobernante, es mejor hacerla descansar y reponerse.

Al final, la Tsuchikage acepta ir a descansar unas cuantas horas. Sasuke sabe que el nivel de trabajo se verá disminuido notoriamente, pero Gaara, él y el resto de hombres de la Tierra aún son capaces de apañárselas por un rato.

Para cuando el sol está volviendo a salir han sacado a siete personas más y Sasuke sabe que no va a aguantar mucho más. Sus jutsus consumen mucha energía, y haberlos mantenido sin interrupciones por tanto tiempo es casi suicida. Gaara parece a punto de admitir derrota también, hasta que Hanabi y los demás rastreadores concuerdan que será mejor dejar el resto de los escombros como están y los mandan a descansar. Para cuando llegan a la altura de las carpas Shikamaru los dirige a una tienda privada, donde Gaara y el podrán descansar.

—¡Shikamaru-kun, Kazekage-sama, Uchiha-san! —dice alguien a sus espaldas. Sasuke no reconoce la voz, pero supone que tanto Gaara como Nara sí, porque se voltean de inmediato. Y ahí, frente a ellos se encuentra Rock Lee –si Sasuke recuerda bien el nombre- con los hombros rectos y la postura firme.

—Lee—dice Gaara, en un murmuro bajo, casi suave. Shikamaru tiene la expresión pensativa y Sasuke se permite razonar por qué.

—¿Has venido desde Konoha?

—Varios equipos vienen en camino, sí, pero he decidido adelantarme y llegar antes—dice Lee, aún con su postura recta y los ojos mirando hacia arriba, antes de relajar los hombros y mirar a Shikamaru—. ¡Casi lo olvido! — se lleva una mano hacia atrás y de un bolsillo saca un pergamino que extiende hacia ellos—. Kakashi-sama ha mandado esto. Sakura-chan era la portadora, pero al notar que llegaría antes me lo ha dado a mí.

—¿Qué tanta ventaja les sacaste? —pregunta Shikamaru, antes de tomar el pergamino.

—Algunas horas, no más de un día, espero.

Sasuke mira a Lee con detenimiento. Si recuerda bien, el era ese estudiante loco y excéntrico de Gai. Un especialista en taijutsu, y según recuerda de Naruto, muy veloz también. Supone que no ha cambiado si el hecho de que viajara en menos de dos días desde Konoha hasta Kiri es indicio alguno. Sasuke sospecha que el trayecto por el mar lo hizo corriendo también. En otro momento prestaría un poco más de su tiempo para admirar la hazaña, pero por ahora su atención se enfoca por completo en el pergamino.

—Es para Naruto-sama—explica el shinobi de la Hoja, con la mirada puesta en el pergamino—. Sakura-chan me explicó que, si antes de que ellos llegasen sacaran a Hokage-sama, necesitarían el sello para estabilizar su chakra.

Es entonces que Sasuke, sin pena alguna, pasa por sobre Gaara para mirar el pergamino. Es, sin lugar a dudas, un sello complejo que grita Kakashi por todos lados. Seguro tanto Hatake como Sakura pensaron que sería importante tener tal herramienta a la mano, considerando los riesgos de la situación.

Shikamaru asiente, guardando el pergamino en uno de sus bolsillos.

—Gracias Lee, me alegra que estés aquí—dice Nara con honestidad y una sonrisa tenue. Lee le sonríe grande, y hace esa pose extraña que Sasuke nunca ha considerado digna de alguien mentalmente estable.

—Me gustaría ser de ayuda ahora. Es en momentos así que la solidaridad de las Aldeas necesita sacarse a la luz—dice el hombre en verde, aún con su pulgar arriba y una sonrisa capaz de iluminar una calle entera. Sasuke no entiende por qué hay tantos raros en Konoha.

Shikamaru asiente de nuevo, y está a punto de decir algo cuando el Kazekage habla, con su atención puesta completamente en el excéntrico ninja.

—Acompáñame, Lee. Yo te guío—dice en una voz grave, antes de cruzarse de brazos y comenzar a caminar.

Lee le mira sorprendido antes de sonreír y hacer una reverencia.

—¡Muchas gracias, Kazekage-sama! —agradece sonoramente el hombre, para luego seguir al gobernante de Suna hacia una de las carpas puestas a las orillas del derrumbe.

—Bueno, ahora sabemos oficialmente que Sakura y otros más vienen en camino—dice Shikamaru, que ve con cautela las siluetas de Lee y Gaara, platicando—. Mantendré en mi posesión el pergamino, pero cuando te hayas sentido descansado quiero que le eches un vistazo. Creo que eres de los pocos que lograrían hacerlo funcionar.

—De acuerdo—dice Sasuke, girando para entrar en la tienda. Shikamaru levanta una mano como despedida y camina hacia el derrumbe.

Dentro hay varias camillas, no en mejores condiciones que las otras, pero sí más esparcidas entre sí. Sasuke se sienta en una y se masajea los ojos, exhausto. El pecho aún lo siente cargado de preocupación por Naruto, pero el cansancio ha comenzado a hacer mella en él y sabe que no será de ayuda alguna a menos que descanse. La boca la tiene seca y arenosa, como si el propio escombro se lo hubiera tragado; las sienes le palpitan y por más que las masajee no parecen sucumbir. Cuando cierra los ojos lo único que puede ver es a Naruto sonriéndole en la puerta del hospital, su calidez llegándole desde lejos; luego a Hinata llorando viendo hacia el derrumbe, mirando a Naruto sostener un edificio entero. Sasuke aprieta el puño y los labios, tratando de mantener serena su respiración.

Afuera, el sonido de gente moviendo, llevando escombros, gritando órdenes, ayudando, lo marean. Se siente a punto de desvanecer, pero también que no ha hecho nada y la culpa le cierne las entrañas de una manera sobrecogedora. La mortificación le trepa la garganta y en el silencio dentro de esa tienda, con sus uñas a punto de romper la piel y sacarse sangre, pide a quien le esté escuchando, en este mundo o en cualquiera, que no lleguen tarde hacia Naruto.

Se queda dormido con esa última plegaria en la mente, y queda absorto del mundo por unas horas. Cuando despierta es porque siente su camilla temblar y se espabila lo suficientemente rápido para comprender que es otra réplica. Dura aún menos que las anteriores, y cuando enfoca su atención sabe que no ha ocasionado otro colapso en el derrumbe. El sol se cuela por las rendijas de la tienda, y el aire húmedo hace que la ropa tiesa de tierra y sudor se le pegue a la piel. Se masajea los ojos y decide que ya ha descansado suficiente. Al salir de la tienda pide a un civil cerca que le diga la hora. Pasado el mediodía, le responde, y Sasuke lleva en su cuenta mental las casi cuarenta y ocho horas que Naruto lleva atrapado en el hospital. Dos días sosteniendo con puro chakra toneladas de cemento. La sensación de incomodidad y preocupación en su pecho regresan, pero lucha para enfocarse en algo más, porque sabe que pasar el tiempo en una angustia perpetua no beneficia a ninguno.

Al primero que se topa es a Gaara, y aunque no es la primera persona que Sasuke hubiera deseado encontrar después de despertar, no es completamente desagradable su presencia.

—¿Qué ha sucedido? —pregunta luego de hacer contacto visual con el Kazekage y ponerse a su lado, con la vista hacia el derrumbe. Hay un centenar de personas acarreando escombros y víveres, y entre ellos puede divisar a Lee, con su traje verde ya terroso pero una mirada de convicción en la cara.

—Han sacado a otros quince mientras dormías, pero aún no estamos lo suficientemente cerca de Naruto—al nombrar al rubio una mueca le aparece en el rostro, y Sasuke se siente, por un segundo, comprendido por Gaara, porque esa misma pesadumbre e intranquilidad en la cara del Kazekage es la que él mismo siente ahora—. Kurotsuchi y yo hemos estado esperando la orden de Hanabi para entrar a remover más loza. Pero ahora que estás despierto, puedes unírtenos para trabajar más rápido.

Uchiha no contesta, pero asiente. Gaara y él no son amigos, y compañeros no es una palabra que sea adecuada tampoco. Pero ambos tienen en común a Naruto, y bajo ese suelo neutral pueden colaborar por la seguridad de Uzumaki. Al final, bajo esta tentativa tregua, Sasuke desiste en su deseo de ir a otro lugar a esperar, y se queda bajo el techo de esta tienda con Gaara, mirando a los demás actuar. Se pregunta cuándo llegarán Sakura y los demás, y a su mente regresa el pergamino.

—¿Has visto a Shikamaru?

Gaara le mira de reojo, suspicaz como siempre cuando se trata de Sasuke, pero confirma con un cabeceo lentamente y con un dedo señala hacia una tienda al norte del derrumbe.

—Debe estar ahí dentro.

Sasuke vuelve a asentir, como gracias o confirmación, que Gaara suponga lo que quiera, y se dirige hacia aquella tienda. Al pasar, varios ninjas le miran con cautela, somo si aún después de tanto tiempo la temible fama del reivindicado Uchiha le precidiera. Sasuke sonríe, porque no puede negar la gracia que eso le causa.

—Ya despertaste—es lo que dice Shikamaru desde la silla donde está, dignándose en dirigirle la mirada dos segundos antes de regresarla a la mesa donde tiene los planos del hospital y un montón de libros esparcidos—. Espero estés descansado, cuentan contigo para mover escombros.

—Si, Gaara me puso al tanto—ante su respuesta, Shikamaru vuelve a verle, con una ceja enarcada, como si con solo ello pudiera preguntar y asegurar que entre el gobernante de Suna y Sasuke las cosas estuvieran estables—. Ambos estamos dispuestos a trabajar, si eso preguntas.

—Pregunto si es inminente que se terminen arrancando las cabezas, y de serlo, cuánto tiempo tardaría.

Sasuke bufa, hasta acercarse más al escritorio. A diferencia de otros ninja, Shikamaru no le teme. Le respeta, porque sabe de lo que es capaz, pero temor no es un sentimiento que Nara comparta hacia él. Sasuke le admira por ello, y por su mente aguda y rápida. Pero es en momentos como éste que detesta un poco la manera del hombre, porque de una u otra forma habla verdades y pregunta por posibilidades que ciertamente no están muy lejanas de suceder. Que Gaara y Sasuke decidan tener un duelo a muerte, pues, aunque estúpido, no es imposible.

—Tú lo dijiste. Ambos estamos preocupados por Naruto, es todo.

—Bien, me alegra oírlo. ¿Has venido a ver el pergamino, no? —comenta casual, mientras de un bolsillo de su chaleco saca el susodicho objeto y lo extiende por sobre la mesa.

—¿Para qué más te buscaría? —contesta al tiempo que toma el papel. Shikamaru no contesta nada y cuando Sasuke le mira por sobre el documento, el hombre tiene su atención en los planos.

Decide que es mil veces mejor esperar el llamado de Hanabi en compañía de Shikamaru que de Gaara y aún mejor hacerlo mientras empieza a descifrar el complicado sello de Kakashi. No es algo que Uchiha haya visto antes, y eso le inquieta un tanto.

Antes, cuando Naruto y él decidían pasar el rato sin realmente hablar, el rubio a veces ponía papel y tinta a su alcance y comenzaba a inventar sellos ridículos o imposibles. En ciertas ocasiones Sasuke le preguntaba por tal o cual técnica y los sellos surgían en la conversación y Naruto comenzaba a explicar con entusiasmo todo lo que podía. Sasuke siempre trataba de prestar atención, pero la emoción en Naruto era palpable y contagiosa, tanto que la mayoría de las veces Sasuke se encontraba a sí mismo más atento al brillo en la mirada del rubio que en sus palabras. No obstante, con el paso de los años, Sasuke logró adquirir un conocimiento bastante amplio y profundo de los sellos.

Shikamaru tiene razón, y de todos los presentes Sasuke es de los pocos que lograrían poner en funcionalidad el sello –Gaara y algún otro de los Kages quizá-, pero eso es por lo complicado de su diseño. Los pasos a seguir para activarlo, Sasuke lo sabe con tan solo verlo, deben ser medidos casi a la perfección, meticulosos en su realización y todo el tiempo asegurándose de no dañar a Naruto. Sakura siempre fue mejor que ellos en lograr estabilizar y controlar su propia energía; el control que su esposa posee en su chakra es impresionante, por no decir que casi imposible. Definitivamente Sakura sería una mejor candidata que Sasuke o cualquiera de los otros para la manipulación y realización del sello, pero no pueden fiarse en que los refuerzos de Konoha llegarán a tiempo para ello.

—¿Gaara ya lo ha visto? —la voz de Sasuke suena restringida y frunce las cejas al escucharse. Shikamaru no le presta ni una mirada, pero asiente.

—Despertó un poco antes que tú, y vino de inmediato para verlo—Nara entonces sí que lo ve, con una sonrisa de lado que a Sasuke se le figura irónica—. Dijo que jamás había visto algo así, y era un sello muy complejo. Difícil de realizar. Por tu cara, supongo que es verdad.

—Lo es.

—Bueno, no esperaba menos. El kyūbi sigue siendo el bijū más poderoso que queda, y poder estabilizarlo no suena una tarea sencilla.

—¿Cuánto falta para llegar a Naruto?

—No lo sé—suspira, agotado, masajeándose las sienes—. Nadie lo sabe. Hinata dijo que cada vez se debilita más el chakra de Naruto, pero incluso para ella es difícil decir un tiempo aproximado para que colapse. Hanabi…

Shikamaru pausa un momento, escuchando los gritos de afuera y el viento rozar por las paredes de la tienda.

—Hanabi está muy segura que Naruto, si no lo está ya, pronto va a caer en una especie de coma, por todo el estrés que le está ocasionando el tener en fluidez tanto chakra.

—¡Carajo! —masculla enojado Sasuke, comenzando a caminar, para tratar de no hacer algo estúpido. Deja con un golpe el pergamino en la mesa y se ordena respirar profundo, para calmarse. Coma inducido por gasto de chakra. Es una situación muy riesgosa, y según la ninja capaz de ver los puntos de chakra en el cuerpo, una posibilidad muy alta—. Hanabi no es ninja médico.

—No, no lo es.

Pero ambos saben que una advertencia de esa magnitud no puede pasarse por alto, menos aún si fue una portadora del byakugan quien la realizó.

—¡Shikamaru-san, Uchiha-san! —un joven entra a la carpa, saludando formalmente a ambos. Sasuke deja salir un respiro y quita la mano de la mesa, para voltear a ver al otro—. Ya se dio la orden para comenzar a mover los escombros de nuevo. Hanabi-san me pidió venir a buscarlo, Uchicha-san.

—Ve, seguiré manteniendo en mi cuidado esto—dice Shikamaru, enrollando el pergamino y guardándolo en su bolsillo.

—Te veré en un rato.

Y con eso, Sasuke da por terminada la conversación y se dispone a seguir al otro ninja. En el derrumbe ya se encuentran Gaara y Kurotsuchi, escuchando atentamente a las indicaciones de Hanabi. Al llegar él, no pierden tiempo y pronto Sasuke se ve envuelto por completo en su tarea.

No pasa mucho para que Hinata tome el rol de su hermana, y sea ella quien guie a los rastreadores y al grupo de los escombros –como Sasuke ha aprendido que les llaman-. En poco más de una hora logran quitar gran parte de la loza y sacar a tres personas. Para antes de las cuatro de la tarde, Hinata y los demás rastreadores deciden parar, y mandan a Sasuke y los demás a esperar a un lado.

La Tsuchikage se deja caer encima de un montoncito de piedras, soltando un suspiro cansado. Gaara y Sasuke se quedan de pie, y los tres observan a los demás ninjas y civiles trabajar. A lo lejos, se escucha una conmoción, y cuando Sasuke decide fijarse, nota a Shikamaru caminando hacia ellos acompañado de Sakura.

—¡Sasuke! —grita ella, quizá para llamar su atención, o saludarle. De igual manera el susodicho ya se encuentra caminando a su encuentro, con el cansancio a raya y un poco más tranquilo. Sakura le lleva una mano al hombro y aprieta, para luego mirar atrás de él con la cara seria y decidida.

—Lamento haber tardado tanto, vinimos lo más rápido que pudimos—se disculpa ella, antes de alejarse un paso de Sasuke y dejar caer su mano—. Necesito toda la información que puedan darme de Naruto—es entonces que Uchiha siente a Gaara a su lado, y no muy lejos a Kankurō, que tiene la pintura en su rostro corrida y no parece haber dormido mucho en los últimos días—. Confío en que ya viste el sello—entonces Sakura le habla a él, y Sasuke vuelve a poner su mirada en la de ella.

—Sí, Gaara también. Es un sello muy complicado, incluso para nosotros—probablemente el único que no tendría problemas para llevarlo a cabo sería Naruto, pero Sasuke no dice esto.

—Lo sé, por eso los necesito—su mirada se posa entonces en Gaara—. Kazekage-sama, necesito a alguien más a parte de Sasuke y usted para el sello. ¿Conoce a alguien que pudiera unírsenos?

—Sí, la mandaré llamar—y con eso el pelirrojo da media vuelta y desaparece entre la gente. Sakura le ve irse, algo consternada, porque aún siguen siendo solo Naruto y sus hermanos los que logran seguirle el paso al humor del Kazekage. Sakura entonces gira sobre sí misma para dirigirse a Shikamaru, pero este levanta una mano, antes de dejarla hablar.

—Debes de hablar con Hanabi, para que te de un reporte de Naruto—Sakura cierra la boca y asiente, con algo parecido a una sonrisa—-. Llevaré a los demás a una tienda para que puedan hablar sobre el sello. Cuando termines con Hanabi te guiaré ahí. Los demás, aunque les pese, tendrán que esperarte.

—De acuerdo—asiente Sakura, para luego volver su mirada a Sasuke—. Adelántate y observa el cuarto círculo en el sello. Kakashi dijo que solo tú podrías activar esa parte.

Sin más discusión cada quien parte, y Sasuke se encuentra de nuevo mirando las subidas y bajadas del sello. Al tiempo arriban a la tienda Gaara y una kunoichi que Sasuke no había visto antes. Sasuke deja el pergamino en la mesa para permitir que los otros puedan verlo. Solo es la muchacha quien se anima a tomar el pergamino para darle un firme escrutinio, mientras Gaara se limita a recargarse en uno de los postes de la tienda y esperar con los ojos cerrados. Cerca de veinte minutos después, Shikamaru y Sakura hacen su aparición. Es hasta ese momento que Sasuke se digna en apreciar el aspecto de su esposa. Lleva el pelo suelto, pero la suavidad que por lo general acompaña sus facciones está ausente, y en cambio tiene el temple de convicción y profesionalidad que Sasuke solo ha logrado ver en el campo de batalla. A diferencia de los otros ninjas de la aldea, no lleva el uniforme de shinobi de Konoha, pero tampoco el atuendo que Sasuke le ha visto últimamente. No luce como la ama de casa ni como la médico con la que Sasuke vive, si no como la guerrera de la Cuarta Guerra Mundial Shinobi que Uchiha logró estimar y reconocer.

Supone que es irónico que en tiempos como estos es cuando Sasuke se recuerda a si mismo que su mujer tiene un temple de hierro, incluso más que él, y que la dulce esposa y madre que ve todos los días no es en realidad la verdadera Sakura.

Sakura aplaude, y Uchiha nota cómo los guantes, antes tan característicos de ella pero que al entrar a la vida matrimonial hicieron su desaparición, están presentes también; y es tonto porque algo en ellos le reconforta, y le da una seguridad que antes no estaba ahí.

—No hay tiempo que perder—Sakura se acerca a la mesa, y espera a que estén todos alrededor de ella antes de empezar—. Iré explicando el sello como me lo explicó a mi Kakashi. Temo que, gran parte de su ejecución tendrá que ser improvisada, porque nunca antes se había hecho algo como esto.

Así, Sakura inicia la explicación de la monstruosidad que Sasuke ha decidido llamar al Sello. Resulta que, la muchacha que Gaara trajo consigo es una experta en sellos, quien ofrece comentarios más sustanciales de lo que Sasuke le hubiera dado crédito.

Shikamaru se mantiene presente en la sesión, porque aunque él no será parte de la ejecución, es importante saber con qué están lidiando. Cuando llegan al punto para establecer qué rol hará cada quien, Sakura, sutilmente, ofrece a Gaara o Sasuke el puesto principal para direccionar el sello. Y antes de que alguien más hable, y sin realmente pensarlo, es Sasuke quien interrumpe a su esposa, con sus ojos fijos en ella.

—No. Tú debes ser quien lo dirija todo. No conozco a nadie con mejor control de chakra que tu, y mantener el control aquí es primordial. Eres la única que podría hacerlo—al voltear a ver a Gaara, éste asiente y la kunoichi a su lado también.

—Sasuke tiene razón—dice Shikamaru, que se encuentra en el lado opuesto de Sakura en la mesa—. Tu estabilidad de energía y tus aptitudes para saber si Naruto está en riesgo o no te hacen la única candidata para el puesto. No hay nadie mejor que tu para hacerlo.

—Yo estoy de acuerdo con ellos—informa Gaara, con su mirada serena y los brazos cruzados sobre su pecho.

Sakura los ve a todos con la expresión un poco atónita y un leve sonrojo en sus mejillas. Solo dura un segundo, porque luego aquella certeza en ella regresa y vuelve a ser la jōnin médico a cargo de salvar vidas.

—Está bien—concede, para luego colocar sus manos sobre la mesa y dirigir su atención al pergamino—. Sasuke, tú serás el encargado del cuarto y quinto ciclo; Gaara, tú de la iniciación y la sexta etapa; yo estaré dirigiendo todo y Tamae, tú te harás cargo de lo demás. Justo cuando hayamos terminado todos los ciclos y círculos, tendré que enfocarme en atender las heridas de Naruto. A menos que haya alguna hemorragia importante, necesitaremos postergar la ejecución hasta que la herida esté bajo control. De no ser así, tan pronto tengamos a Naruto en un suelo firme necesitamos alinearnos para empezar. Cuando termine, serán ustedes tres quienes se encarguen de finalizar el ritual. ¿Alguna duda?

—Eres la mejor ninja médico que existe—observa Gaara en un tono sereno, pero mirando intensamente a Sakura—. ¿Qué sucederá si hay un niño gravemente herido, que necesite atención médica urgente?

Sakura le regresa la mirada al gobernante de Suna; en sus ojos se ve la determinación y coraje de un profesional y Sasuke se siente orgulloso de su esposa, porque ni siquiera el temido Kazekage la amedrenta.

—Hanabi me informó que no parecía haber ningún herido de gravedad en el piso de Naruto; pero de ser así, tendré que relegar esa tarea a cualquier otro médico. Mi prioridad y el de toda Konoha justo ahora es Naruto—responde Sakura, con las manos vueltas puños apoyadas en la mesa, imperturbable y decidida—. Sabemos que la tendencia destructiva de Kyūbi no se encuentra presente ya, pero no podemos fiarnos. Asegurar el bienestar del Hokage y evitar riesgos por el descontrol de un bijū son situaciones con carácter de urgencia.

Es entonces que Sasuke, de una manera casi sorpresiva, se siente honrado de haber tomado a Sakura como su compañera. La mujer es la montaña, firme y segura, contra la tormenta. Ella no se quiebra y no desiste. Es la mejor mujer con la que pudo haber terminado, y Sasuke no la merece en absoluto. Una parte de él agradece a quien hay tomado en sus manos el provocar que Sakura fuera la madre de su hija, y otra parte se siente culpable porque una mujer de ese calibre no se merece a alguien que la ame a medias, solo como amiga. Y lo peor de todo es que Sakura está casi igual de preocupada por Naruto que él, y que ella haría hasta lo imposible, lo indecible por asegurarse de la supervivencia de su amigo. Sasuke sabe que en ella puede recaer su confianza, y Sakura no lo defraudará. Espera que en un futuro, ese coraje y determinación siempre presente en su esposa, pueda aprenderlo Sarada, porque es una de las más preciosas virtudes de Sakura.

Empiezan a salir de la tienda, y antes de que Sakura se dé la vuelta Sasuke la toma de la mano, y sin decirle nada la enrolla en un abrazo, donde Uchiha intenta hacerla ver lo mucho que agradece que ella esté aquí. Sakura se tensa, y luego corresponde, rodeando su espalda con sus níveos brazos, aquellos que a primera vista parecen tan delicados y frágiles, pero contienen una fuerza brutal y mortífera.

—Me alegra que estés aquí—y no es mentira, porque Sasuke siente que puede respirar un poco mejor a sabiendas que Sakura estará ahí para no dejar morir a Naruto.

Ella entonces entierra su cara en su pecho y aprieta su agarre.

—No dejaré que nada malo le pase, Sasuke—le contesta Sakura contra su ropa—. No dejaré que Naruto muera.

—Lo sé.

Y quizá Sasuke nunca pueda amarla como debería, y jamás sea capaz de darle lo que se merece, pero Sasuke sabe que Sakura siempre será la única mujer en quien siempre podrá confiar y por ello, eternamente tendrá un lugar especial en su vida. Sakura no es Naruto, ni por asomo, pero Sasuke la ama como nunca jamás amará a otra mujer.

Es Sakura quien rompe el abrazo, y Sasuke nota cómo se quita discretamente algunas lágrimas de los ojos. Ella le toma la mano y la aprieta, antes de salir de la tienda. Afuera el sol ha comenzado a ponerse y no tarda para que Hinata vuelva a dar órdenes de quitar escombros y loza.

Gaara, Kurotsuchi, Sasuke y otros ninja de la tierra entran en acción, y pronto van despejando más caminos entre las grietas hasta que los ninja encargados logren escabullirse y sacar personas. Esas tediosas horas se pasan entre sudor y desesperación en la mente de Sasuke. Cada tanto voltea alrededor hasta ubicar a Sakura, que guía a los otros médicos y arregla las camillas para los heridos. A veces ella no lo ve, y Sasuke simplemente encuentra el consuelo en mirarla trabajar; otras, ambos hacen contacto visual, y apreciar la voluntad y perseverancia en el rostro de Sakura es suficiente combustible para que él se sienta renovado y dispuesto a continuar.

En algún momento entre quitar escombro y negarse a sucumbir ante el cansancio el sol se pone, Hanabi toma el liderazgo de los rastreadores y por fin se da el aviso de que se encuentran muy cerca del Hokage.

Tanto Gaara como él toman la noticia por sorpresa, y quizá por estar exhaustos o por idiotas ninguno reacciona, porque parece demasiado bueno para ser verdad. Haber estado casi sesenta horas al filo de la angustia, y simplemente no ver un fin a todo, hace que cuando en verdad están en el límite, con los corazones en la garganta y la preocupación y adrenalina desenfrenados, ninguno se lo crea. A la mente de Sasuke viene la imagen de Naruto entrando por última vez al hospital y dentro de su pecho se siente gritar, porque al fin lo volverá a ver, podrá tocarlo y asegurarse que no vuelva a irse nunca más de su lado. Es una tortura tenerlo tan cerca pero aún tan lejos, y Uchiha no sabe cómo reaccionar.

Antes de darse cuenta Sakura está a su lado, y entre ella, Hanabi y Shikamaru comienzan a organizar a los cuerpos de salud y otros ninjas para hacer el proceso lo más rápido posible. Nara se encarga de delimitar el área donde tratarán a Naruto, y Sakura de asegurar que los médicos estén listos para entrar en acción.

Hanabi da la orden, y la Tsuchikage, Gaara y él, empiezan a quitar pedazos de loza grandes y pesados que se mantienen entre ellos y Naruto. Es un proceso delicado y no lo suficientemente rápido para Sasuke. Está exhausto y quizá al borde del colapso, pero tiene que ver a Naruto, tiene que saber que está bien antes de desvanecerse.

—Más suave—le dice Sakura a su derecha, y Sasuke frunce el cejo y se concentra en hacerlo menos duro. La mano de su mujer se posa en su brazo y Sasuke siente el calor ahí, y una parte de él se siente aliviado y otra frustrado—. Respira Sasuke, necesito que estés tranquilo.

La voz de Sakura es como agua, fluye sin problemas hasta su mente y poco a poco Uchiha es capaz de seguir las instrucciones de la kunoichi. Kurotsuchi y Gaara por fin despejan una grieta suficientemente grande y es como un golpe imprevisto, porque de pronto todo el lugar se llena con la oleada de energía de Naruto, y antes de poder reaccionar, ya hay ninjas entrando por las comisuras. Sasuke escucha casi imperceptiblemente la voz de Uzumaki, y en su pecho su corazón se contrae. Sakura le aprieta el brazo y le insta a mantenerse sereno y quitar la piedra del camino.

El primer ninja saca a un niño en brazos, que llora desconsolado.

—¡Hokage-sama dio la indicación de primero sacar a los niños! —informa el chūnin cuando ha entregado el niño a los ninja médicos.

Para Sasuke los siguientes minutos son los más largos de toda su vida. De uno en uno, los seis niños son rescatados de entre los escombros. Ninguno parece tener heridas de gravedad, pero todos necesitados de atención médica. Cuando por fin sale la última niña, que es de las pocas que no está llorando –Sasuke le agradece por eso-, pronto ve a Gaara meter aún más arena entre los escombros. Hanabi está casi en la entrada del pozo, y por lo que logra apreciar, es la que se comunica con Naruto.

—Gaara-sama contendrá los escombros, para que puedas bajar tu chakra y salir—le explica la joven con paciencia. Y como si de un enchufe se tratara pronto la energía de Naruto desaparece, y hay un montón de gente, pasando manos y gritando órdenes. Sakura se mueve de inmediato y con ella Sasuke.

Pronto los cuerpos de rescate dejan a Naruto en el área delimitada, y en un santiamén los cuatro están alrededor del rubio, Sakura con el pergamino en mano.

Naruto está lleno de tierra, y se ve más pálido de lo normal. Su chakra, aunque ya no extendido como antes, aún emana en fluctuaciones de su cuerpo, a lo que Sakura hace una mueca, pero dice nada.

—¡A sus posiciones! —ordena sin preámbulo, y antes de que Sasuke pueda entender que Naruto no está consciente ni inconsciente, más bien en el limbo entre ambos estados, Sakura comienza a hace los movimientos de manos y Gaara le sigue.

Pronto, como una brisa fresca y sutil, el chakra de Sakura se envuelve con el de Naruto y lo maneja. Sasuke hace lo propio y antes que después los cuatro se encuentran en el trance de la ejecución. Todo parece muy lejano, incluso Gaara con sus rezos que está a menos de un metro de Sasuke. Para Uchiha lo único que existe es Naruto, sus ojos desenfocados y la tierra en su cabello. El cansancio y la preocupación están en el fondo, y al ver a Sakura manejar el chakra de Uzumaki un alivio inmenso le llena. Sasuke le mira respirar y se dice que está vivo, que Naruto está vivo, y si estira la mano puede tocarle el pulso, puede sentir su piel.

No sabe cuánto tiempo pasa, porque todo es relativo en ese momento, y aunque el agotamiento le ciñe el cuerpo, en su mente Sasuke no ha contado más de dos minutos. El sello se desenvuelve entre ellos, y Sakura lo lidera con una maestría impresionante, y justo en esos momentos, Uchiha se siente feliz.

Su Sharingan está sangrando, y solo lo sabe porque siente algo escurrir por su mejilla y Sakura le avienta una mirada un tanto preocupada. Hace mucho que no sucedía, pero Sasuke lo achaca al uso constante y casi desmedido de chakra que ha sustentado los últimos días. Por otra parte, espera que sea sangre y no lágrimas, porque aún tiene una reputación que mantener. Se están acercando al final del sello, y cuando por fin llegan a su finalización Sakura se hinca de inmediato a colocar sus manos sobre los hombros de Naruto y ellos tres se concentran en envolver el ritual.

Cuando acaban, Saske se deja caer de rodillas al suelo, y a su lado Gaara hace lo propio. Shikamaru les observa desde una orilla y pronto hay un grupo de médicos alrededor, tratando de atenderles.

Sasuke no les presta atención, enfocado en la respiración del rubio. Sakura está controlando el remanente de energía disperso y es hasta ese momento que Sasuke nota una herida en el estómago de Uzumaki. Sakura tiene el ceño fruncido y Sasuke quiere gritarle que no le deje morir, que no lo suelte, pero en su débil cuerpo lo único que es capaz de hacer es extender su mano hasta tocar el tobillo de Naruto, la piel que el pantalón no cubre.

Sakura entonces voltea a verle alarmada, y Sasuke no entiende. No sabe que sucede. Siente que se va a morir en ese justo momento y solo quiere tocar a Naruto una última vez, solo eso. Después su visión se le nubla, y siente el suelo contra su hombro. En algún momento deja de sentir la piel de Naruto, y es Sakura quien le toma la mano. Un brazo le toma por las costillas y le hace pararse. Gira su rostro y se extraña al encontrar a Kankurō ahí, soportando su peso. Cuando regresa su cara al resto del lugar nota que Naruto no está, y Shikamaru tiene agarrada a Sakura de la cintura, quien aún no le suelta la mano. Al fondo Lee tiene sus brazos enrollados en Gaara, y la kunoichi está siendo llevada en brazos por un shinobi de Suna.

—¿Nar—no termina de hablar porque es increíblemente difícil, y entonces percibe lo arduo que es tener los ojos abiertos.

—Será mejor llevarlos a una tienda—cree escuchar a Shikamaru, pero Sasuke está completamente desubicado, ajeno a sí y a lo que le rodea. Siente vergüenza ante eso, porque un ninja no puede encontrarse nunca tan indefenso, pero Kankurō le reacomoda contra su costado, y de un forma u otra Sasuke pierde la noción de todo por completo.

Cuando abre los ojos, lo único que ve es el techo de un cuarto. Luego analiza y se da cuenta que solo está viendo ese techo verde con un solo ojo. Se lleva los dedos a la cara y se encuentra la venda alrededor de su ojo derecho, y suelta un respiro. El cuerpo le duele por completo, y solo sabe que no está muerto porque en la muerte no hay tanta agonía.

—¿Ya despertaste? —pregunta una voz a su costado izquierdo y es toda una hazaña lograr mover la cabeza para enfocar a quien habló.

Shikamaru está sentado a un lado de su cama, con una mano sobre su rodilla y su cara recargada en ésta. Sasuke se repasa la boca con la lengua, porque la siente muy seca, y nota lo lento que se mueve todo. Espera unos momentos a que todo se asiente un poco, a poder acoplarse al mundo y su ritmo antes de intentar hacer cualquier cosa.

—¿Naru…-

—Naruto está estable—le interrumpe Shikamaru—. Como predijo Hanabi, entró a un coma inducido por el gasto de chakra, pero Sakura asegura que no es tan malo como parece.

—¿Sak…

—También está bien. Tengo que reconocer que tiene un aguante ajeno a este mundo. Fue quien se recuperó primero de ustedes cuatro, y a los cinco minutos ya estaba de pie exigiendo noticias sobre Naruto. Tuvimos suerte de que hubiera venido.

Sasuke entonces se permite respirar. Si Sakura afirma que el coma no es algo tan preocupante, entonces debe ser cierto. Si tanto Naruto como ella están bien, Uchiha puede darse por satisfecho.

—Aún así, Tsunade-sama fue mandada llamar—informa Nara, que estira las manos sobre su cabeza, y truena su espalda—. Y, aunque lo primero que se te viene a la cabeza es que vino por Naruto, en realidad fue Sakura quien solicitó su ayuda, pero no para nuestro Hokage.

Sasuke frunce el cejo, desconcertado. Si Sakura llamó a Tsunade fue porque había algo que estaba incluso fuera de sus habilidades. Si no fue por Naruto, entonces significa que alguien más se encuentra o encontraba en una situación de alto riesgo. Shikamaru tiene la expresión seria, y Sasuke sabe que su mente no va tan rápido como normalmente iría, pero no puede entender a qué viene todo eso.

—Has estado dormido por casi dos semanas.

La noticia no le impacta tanto al principio, hasta que su cerebro parece ponerse al corriente con la situación, y abre la boca para luego cerrarla. Decir que ha estado dormido por todo ese tiempo es una forma menos cruel de manifestar que ha estado en coma también. En un coma tan preocupante que Sakura tuvo que llamar a Tsunade. Mierda.

—Es irónico que, después de todo, fueras tú quien estuviera en más riesgo de morir que Naruto—se ríe Shikamaru, que menea la cabeza—. Iré a avisarle a tu esposa que despertaste; ha estado mortificada y furiosa a partes iguales desde que despertó.

Sasuke no dice nada y le deja ir, todavía desorientado con la información. En su mente aún solo hay pedazos de lo que ocurrió durante el sello y después dé. Para las escasas memorias en su cabeza, Sasuke no hubiera supuesto su situación como delicada. Craso error.

No pasa mucho tiempo para escuchar una puerta abrirse y, primero, notar que está en un cuarto con puerta solo para él, y segundo, a Sakura mirándole desde el umbral. A diferencia de lo que hubiera pensado, su esposa no corre a su lado, ni comienza a decirle lo preocupada que estaba y lo mucho que le ama. Sakura se limita a caminar con precisión y calma hasta su cama, para luego tomar asiento donde minutos antes Shikamaru estuvo.

Sasuke aún no logra enfocar del todo con su ojo, pero incluso para él es fácil reconocer la mirada dura y enfadada de su mujer. Ni siquiera el haber regresado trece años después con ella le hizo acreedor de tal mirada.

—¿Cómo te sientes? —su tono de voz es medido, inflexible. Raras veces Sakura se ha dignado a hablarle de tal manera. Sasuke vuelve a repasarse los labios con la lengua.

—Adolorido y sediento—responde lento y rasposo. Es un martirio hablar, y aunque debe de ser obvio para cualquiera Sakura solo asiente, sin parecer preocupada por este hecho.

—Has estado en coma por doce días—murmura Sakura, aún con su voz apacible, como el mar antes de la tormenta—. ¿Sabes por qué entraste en coma, Sasuke?

El susodicho se limita a quedarse callado, porque obviamente no sabe, pero supone que fue una pregunta retórica, una pausa para permitirse poner en orden sus ideas.

—Porque eres un imbécil, Sasuke—le espeta Sakura. Sasuke imagina que su mujer se está conteniendo de decirle más cosas, o agarrarlo a golpes, si sus manos vueltas puños tensos sobre sus rodillas son algún indicio—. Eres un pedazo de idiota escupido sobre mierda, ¿sabías? —y pronto, la furia contenida en Sakura explota, y se siente casi como una onda expansiva, el grito retumbando en las paredes de la habitación, y los ojos hundidos en rabia de la mujer—¡Cómo pudiste..! ¡Agh! ¡Se supone que Naruto es el estúpido de los tres, no tu!

—¿Qué…-

—¡Estuviste a punto de morir, idiota! ¡Joder! Tuve que hablarle a Tsunade-sama porque fui incapaz de comprender que mierda te estaba pasando. Ni siquiera Naruto estuvo tan cerca de la muerte, tú remedo de cagada. ¿Cómo se te ocurre ir y tocar a Naruto cuando su energía estaba vuelta loca y tú a punto de colapsar? ¡¿Eres estúpido?! Tu Sharingan no dejaba de sangrar y por un segundo pensé que ibas a desmayarte a mitad del sello, porque, déjame decirte que fue un milagro que no lo hicieras; y ahí estabas tú, sosteniéndote entre estar despierto y no cuando tienes la magnífica idea de tocar a Naruto y recibir su energía colérica y moribunda. ¡Ugh, Sasuke, se supone que eres más listo que eso! ¡Qué mierda!

Y Sakura solo calla porque las lágrimas le hacen imposible seguir, y hacen a Sasuke darse cuenta de los sollozos de ella. Así que, haber tocado a Naruto no había sido una buena idea, quién lo diría.

—¡No vuelvas a hacerme esto, Sasuke! ¡Jamás! —grita Sakura, con las lágrimas mojándole libremente las mejillas y los ojos rojos—. Y ni creas, cuando Naruto se despierte voy a decirle, para que te eche la bronca también. ¡No vuelvas a hacer algo tan suicida y estúpido, Sasuke, te lo prohíbo! Mierda, ¿qué se supone que voy a decirle a Sarada? ¿Qué se supone que iba a decirle a Sarada si morías?

Entonces Sakura deja de gritar y se limita a llorar abiertamente, de manera ruidosa. Se lleva sus manos a la cara y solo entre sus dedos se escapan los sollozos más tristes y desgarradores. Hay un nudo en la garganta de Sasuke, y si fuera otro hombre quizá lloraría, por idiota, por insensato. Sarada, su única hija, que solo hace unos meses ha comenzado a saber lo que es tener un padre, y Sasuke va y hace algo tan terriblemente idiota. Luego está Sakura, que tiene un desgraciado por esposo, que la hace preocuparse y desvivirse; Sakura quien le prometió que no dejaría que Naruto muriera, pero no pensó que su propio marido estuviera en el mismo riesgo.

Con una fuerza ajena a sí, y apretando los dientes para no gemir de dolor, Sasuke se mueve lo suficiente para poder poner una mano tentativa en la rodilla de su mujer. Sakura deja de llorar y retira las manos de su rostro. Tiene la cara roja, los ojos hinchados y aún hay lágrimas que le recorren la cara, pero tiene su mirada puesta en el palpitante ojo de Sasuke. Éste, aprieta lo que puede sus dedos sobre la pierna de ella, y toma aire para hablar.

—Lo lamento.

Ella respira profundo y sostiene un sollozo. Levanta su mirada al techo y se ríe con pena, antes de seguir llorando.

—¿Lo lamentas? Eres un hijo de puta, Sasuke. ¿Lo lamentas? —dice Sakura, aún con la mirada hacia arriba, las lagrimas escurriéndole hasta el cuello y mojando su blusa. Toda ella está temblando, y si Sasuke pudiera la abrazaría.

—Lamento ser un idiota—continúa él, para tener por respuesta una risa sarcástica de Sakura, que termina en más llanto—, lamento haberte preocupado.

Después de unos momentos, Sakura baja el mentón, hasta que sus verdes ojos, enrojecidos y acuosos le ven. Su nariz está roja y Sasuke, por un instante se pregunta si Sarada se ve igual que Sakura cuando llora, si sus mejillas se encienden del mismo color, y su mirada se aflige tanto como la de su mujer.

—No te merezco—y Sasuke quizá nunca ha sido tan honesto con Sakura, quizá nunca lo vuelva a ser, pero es una verdad entre ellos que solo habían estado evitando. Para su sorpresa, Sakura vuelve a sonreír adolorida, y solo una lágrima más se le escapa.

—Lo sé.

Una de sus manos, húmeda y cálida, se posa sobre la suya y Sasuke se permite cerrar su ojo y dejar ir un suspiro ahogado en su garganta. Sakura se dobla sobre si misma hasta tener su frente recargada en la cabeza de Sasuke. La mano que no tiene con la de Sasuke la lleva hasta su cuello y la deja ahí reposando, sintiendo su latido.

No dicen nada más, porque ya no hay más palabras entre ellos para decir. Eventualmente Sasuke cae dormido, con la respiración de Sakura sobre su rostro y sus manos siendo dos focos calientes sobre su piel, anclándolo. Es el mejor sueño que ha tenido en los últimos días y cuando vuelve a despertar solo le duele un poco no tener a Sakura cerca de nuevo, y su rostro molesto pero apaciguado mirándole.

En menos de dos días desde su despertar es capaz de caminar por sí mismo. Sakura considera conveniente quitar la venda de su ojo derecho y probar su visión. Está restaurada completamente y Sasuke desearía no sentirse tan aliviado por eso. Pese a que Sasuke necesita rehabilitación y es Sakura quien se encarga, ninguno de los dos vuelve a tocar el tema del sello, ni tampoco al sermón de Sakura por ello. Sasuke le hace saber a Sakura de su deseo de ver a Naruto, pero ella se limita a menear la cabeza y decirle que aún no.

Los únicos que le visitan son Sakura y Kankurō. Desde aquel primer día Shikamaru no vuelve a pararse por su habitación, y Sasuke no sabe cómo interpretarlo. Kankurō le comenta que de los cuatro, Sasuke resultó el peor parado; que tanto Gaara tomo Tamae se recuperaron en un día y que su condición armó más revuelo entre los médicos –incluida la venerable Tsunade, que aunque reacia a tratarlo no supo decirle que no a su alumna predilecta- que la del propio Hokage. A todo esto Sasuke emite un gruñido molesto y trata de sentirse menos avergonzado cuando el shinobi de Suna le ayuda a tomar agua de un vaso.

Para el tercer día de la prisión que Sakura llama cuidados médicos, Sasuke se hace con la información de dónde se encuentra Naruto, y sin avisarle a nadie, ni a su misma sombra, se hace paso hasta la habitación donde tienen al rubio.

No es muy diferente a la suya propia en proporciones o equipo, pero definitivamente está mucho más decorada. Hay flores por todos lados. En un rincón residen un montón de peluches raros y encima de ellos, a lo largo de todo un muro se encuentran dibujos y cartas de buenos deseos pegados a la pared. En medio de todo este lindo caos se localiza Naruto, tumbado en una cama de sábanas blancas. Ya no tiene tierra en el cabello y no está tan pálido. Su pecho sube y baja con calma y Sasuke se sorprende llorando. No hay nadie más en la habitación –afuera hay guardias, pero Uchiha no se preocupa por ellos-, y Naruto pronto se ve muy vulnerable y solo.

Hay una silla a un lado de la cama y Sasuke toma asiento, para luego coger entre sus dedos los de Uzumaki. Están cálidos y si se enfoca puede sentir su pulso. Sasuke duda haber estado tan feliz desde hace mucho. Se inclina hasta que su cabeza está recargada en el hombro del rubio y respira, para calmar los espasmos en su cuerpo.

—Cuando despiertes, antes de que Sakura te diga algo, voy a matarte, idiota—susurra contra la tela de la bata del otro.

Se yergue y con dedos temblorosos repasa los contornos de la cara de Naruto, ahora más afilados. Luego, deja un beso fugaz sobre sus labios; delicado y muy sutil, justo todo lo contrario a ellos. Se queda dormido en la silla, con su cabeza descansando a un lado de la mano de Naruto. Cuando Sakura lo encuentra tiene la cara molesta, pero al final solo suspira y le dice que va a romperse el cuello como vuelva a dormirse así.

De todas maneras, nadie puede detenerlo de pasar la noche en vela a un lado de la cama de Naruto. Ni siquiera Hinata, quien parece un poco sorprendida al verle a un lado de su marido, pero no dice nada cuando cae la noche y Uchiha no se mueve de su lugar.

Durante el día, Sasuke se despega de Naruto para darle a Hinata algo de espacio. Sabe que su presencia no es exactamente bienvenida, y comprende que Hyūga solo puede sentirse realmente cómoda si Sasuke no está en la habitación. Así que por unas cuantas horas se pasea por el recinto que ahora funge como hospital provisional. En nombre de Naruto, Shikamaru es quien atiende las pocas reuniones de los Kages que aún tienen competencia dentro de La Cumbre y en más de una ocasión Sasuke se encuentra a sí mismo a un lado de Nara, debatiendo lo que ambos saben serían los intereses de Naruto.

A veces come con Kankurō, pero la mayor parte del tiempo lo hace con Sakura. Estar ejerciendo de manera tan intensa le sienta bien, porque hace mucho tiempo Sasuke no veía a su esposa con ese brillo en sus ojos y la determinación en su postura. Inesperadamente, más veces de las que hubiera pensado se ve a sí mismo entablando conversación con Sakura, sin silencios incómodos o palabras temerosas. Muchas de estas conversaciones involucran a Sakura riéndose y Sasuke sonriéndole. No se siente romántico, no se siente como cuando hace a Naruto reír y lo único que desea es besarle, o sacarle otra carcajada; se siente a amistad y buena compañía. Sasuke descubre una nueva faceta en su relación con Sakura, y es que ella es una increíble amiga.

Cuando apenas está anocheciendo, y Hinata se encuentra en lugares que a Sasuke no le importan, Sakura y él tienden a cenar alrededor de la cama de Naruto. No es como antes, porque falta una tercera voz entre ellos, pero Sakura siempre sabe llevar la conversación y hacer las cosas más amenas. Lo triste es que ella realmente no sabe lo mucho que Sasuke le agradece por esos momentos y si Uchiha fuera mejor persona se lo diría.

Hinata se rinde, y decide dejar las noches y madrugadas para Sasuke, mientras las mañanas y tardes son de ella. A Sasuke no le importa, porque cualquier parte del día es buena si la pasa con Naruto, aunque sea esperando a que éste despierte. No ha perdido la costumbre de dormirse en la silla a un lado de la cama, pero como cualquier ninja, se adapta a la situación y cada vez es más raro que amanezca con dolores en el cuello o espalda.

Sakura se asegura de cada mañana decirle si ha mejorado o no la condición de Naruto, e investigar nuevas formas para acelerar el proceso de recuperación. A órdenes de Sakura y Tsunade, Naruto no puede ser trasladado hasta que haya recuperado la consciencia. Ambas ninjas médicos aseguran que el daño no es tan grave, y solo es cuestión de que el cuerpo de Naruto se sienta descansado para que éste despierte. Sasuke les cree –más a Sakura que a Tsunade, tan siquiera- pero eso no evita que cada mañana al salir el sol sienta la opresión en su pecho por ver al rubio postrado en una cama.

—Sasuke-san, buenos días —saluda Hinata al entrar a la habitación. Sasuke ya la había estado esperando, pero hubiera deseado que su llegada se postergara un poco más.

—Buenos días.

Atrás de Hinata está Hanabi, que con los brazos cruzados le dirige una mirada para nada amigable a Uchiha. Sasuke la ignora, y se limita a levantarse de su silla lentamente, antes de rodear los pies de la cama y dirigirse a la puerta.

—Hoy me quedaré en la noche con él—dice Hanabi cuando Sasuke está a punto de abrir la puerta, su mirada puesta en Naruto y los brazos cruzados sobre su pecho—. No te molestes en venir.

Sasuke entonces gira un poco su cuerpo para verla, aún con la mano en la puerta. Hinata está de pie a un lado de Naruto, sus ojos sobre el rostro de su marido pero claramente su atención sobre ellos. Hanabi voltea un poco la cara para verle y Sasuke se asegura de hablar claro y lo menos amistoso posible.

—Si Naruto pudiera escoger quién se quedaría con él, tú ni siquiera figurarías en las opciones. Conoce tu lugar.

Dicho esto, Sasuke da la vuelta y sale de la habitación, sin necesidad de ver la cara de Hanabi para saber su descontento por él. Horas más tarde, cuando llega con Sakura a cenar alrededor de la cama de Naruto, Hanabi se queda postrada en una de las esquinas de la habitación, el ceño ligeramente fruncido. Sasuke la ignora, y Sakura por unos momentos se encuentra en la encrucijada de qué hacer. Sin embargo, con un saludo amable hacia Hanabi y el ofrecimiento de comida –que es educadamente rechazado por Hyūga-, Sakura toma su asiento, el más cercano a Naruto, y comienza a arreglar la comida al tiempo que mantiene una conversación fluida y relajada entre ella, Sasuke y Naruto.

No lo hacen a menudo, porque en ocasiones es más cruel que bueno, pero Sakura le gusta hablar como si Naruto pudiera escucharla y contestarle. Sasuke no es devoto a hacerlo él mismo, pero no le molesta que su mujer lo haga. Hace que las cosas se sientan más estables y menos sombrías.

Sakura a veces toca la mano de Naruto, entrelaza sus dedos o le acaricia el cabello. Es un gesto casi de hermandad, y solo por segundos Sasuke es recordado de aquella relación que en su momento forjó con su hermano. Sakura mira a Naruto como Itachi le miró a él alguna vez, y a Sasuke le duele pero le sienta bien. Sakura lo hace todo muy natural, no como ha visto a Hinata, que batalla para encontrar las palabras porque lo único capaz de ver es a su esposo en coma; Sasuke es de los que se limita a mirar y tocar, dejar las palabras para cuando alguien en verdad las pueda oír. Pero Sakura solo conversa, cuenta anécdotas como si en verdad estuviera esperando respuestas, las palabras saliendo fáciles y casuales de su boca.

Sasuke no quiere poner mucha atención a ello, porque es atroz fingir que Naruto pudiera contestarles, pero nota ávidamente cuando Sakura comienza a tratar temas más personales; memorias compartidas, demasiado tristes y dulces para los oídos de cualquiera. De los años que ellos se tuvieron el uno al otro y nada más, porque Sasuke se había alejado, buscando su meta en un camino sinuoso y oscuro. Habla de cosas de las que Uchiha no estaba enterado, de chistes que probablemente solo son de ellos. Y aunque duele y es algo incómodo, una parte de Sasuke se siente feliz de poder escucharlo. Un movimiento por sobre su hombro, y es fácil reconocer la incomodidad de Hanabi, porque está escuchando cosas privadas, solo por necedad. Ella solo es la hermana de Hinata; Sakura y él son técnicamente los hermanos de Naruto.

Antes de que Sakura siga con historias más íntimas y difíciles, las lagrimas apenas en las comisuras de sus ojos, Hanabi desiste y sale del cuarto, sin decir nada. Sasuke no gira la cabeza hasta que escucha la puerta cerrarse. Se queda mirando la perilla, y deduciendo. Cuando regresa su vista, Sakura tiene sus ojos en él, y una sonrisa muy tenue en su cara.

—Estuve a punto de inventar una historia de una prostituta y un niño parapléjico con tal de que se fuera—le dice, quitándose las lágrimas de los ojos, como si nunca hubieran estado ahí—. ¡Dios, qué pesada! Es tan diferente a Hinata.

Sasuke, con su mirada extrañada y el ceño levemente fruncido, no hace más que mirar a su mujer.

—No me digas que la querías aquí—dice ella, sarcástica.

—Claro que no. Pero no pensé que a ti te incomodara—explica, a lo que Sakura suelta un suspiro y voltea su cara hacia Naruto.

—No es que me incomode a mí, pero sé que a ti sí—responde, mientras su pulgar acaricia el dorso de la mano de Uzumaki—. Además, ¿quién se cree que es para decidir quién se queda con él o no? Yo soy la médico, soy la encargada de este idiota descuidado, no ella.

—No necesito que pelees mis batallas.

—Ya lo sé—suspira, le mira sobre su hombro—. Pero si Hinata no tuvo el valor de hacerte frente y tuvo que mandar a su hermana, ¿por qué no debería ayudarte?

Ante eso, Sasuke se queda callado. Sakura se da por satisfecha y se sumergen en un silencio cómodo, mientras el pulgar de la kunoichi sigue haciendo patrones diversos en la piel morena de Naruto.

¿En qué momento Sakura se volvió esta mujer que está frente a él? Alguien capaz de chantajear emocionalmente en su nombre, y que le conoce casi sin esfuerzo. En qué momento, se pregunta, y luego se reprime, porque todo este tiempo que ha gastado en evitar cordialmente a Sakura en su convivencia diaria, todos esos días, y esas cenas, las ha desperdiciado cuando pudo haber conocido mejor a la madre de su hija. Una compañera digna, que sólo le ha demostrado su valía y confianza. Alguien que sabe lo importante que es para Sasuke tener a Naruto para sí sólo.

Sasuke no la merece, ni un poco.

—Pero eran verdad—musita Sakura de la nada, sacando a Uchiha de su estupor—. Esas historias que dije antes, son verdad. Sucedieron cuando aún no volvías, cuando aún no sabíamos de ti, y cuando estábamos buscándote.

—No las conocía.

—Bueno, supongo que solo son un tema recurrente entre Naruto y yo. Aún ahora es difícil recordar esa época—murmura, deteniendo su mano y desenrollando sus dedos de los del rubio.

Se queda quieta ahí, contemplando a su mejor amigo, el subir y bajar de su pecho, antes de recoger, con manos ágiles, los restos de la cena. Los acomoda y en silencio se levanta de su silla. Se inclina sobre la cama hasta dejar un beso delicado en la mejilla de Naruto y al pasar hacia la salida una mano sobre el hombro de Sasuke, moviéndole la punta del cabello.

Sasuke no le alcanza la mano, ni siquiera voltea a verla, pero la detiene con palabras, solo unos instantes.

—Me gustaría escucharlas.

—Quizá—le contesta ella unos segundos después antes de salir. El sonido al cerrarse la puerta es suave pero retumbante, decisivo. Pareciera devorar lo que sea que hubiera ahí dentro con Sasuke, y darle paso a un silencio sofocador.

Sasuke se levanta de su asiento, hasta sentarse a orillas de la cama de Naruto, con la mirada puesta en los dibujos de las paredes. Hay más que ayer, y eso le provoca un nudo en el estómago.

Le toma la mano, y casi pudiera sentir la calidez que dejaron los dedos de Sakura ahí; una manera extraña de estar los tres conectados. Alivia un poco el dolor de tener el cuerpo inerte de Naruto con él, y no sus ojos brillantes o su risa vibrante.

—¿Cuánto tiempo más voy a tener que esperarte, idiota?

E igual que con las historias de Sakura, nadie le contesta y Sasuke finge que el silencio no es agobiante.


N/A: Finjamos que no fue un putazo lo que acaban de leer (putazo=un montón). Pues bueno, si desean seguir esta historia, pueden hacerlo por medio de AO3, que ahí tengo el mismo nombre -Shameblack- y podrán encontrar esta historia y los capítulos que le sigan. En fin, gracias por leer, disculpen los errores que puedan encontrarse, traté de quitarlos todos.

Y si deciden seguir la historia en ao3, pues un gusto :)

~Shameblack~