Capitulo 10
Me alegro mucho por vosotros —mintió Michiru con una interpretación fabulosa.
Estaba muy sugerente con el vestido ne gro que se ceñía a sus curvas.
Mientras tanto, Rob Drydon y su mujer, Susie eran de Texas y estaban charlando de caballos con Patrick Gorman.
—La condesa te comerá el terreno si te descuidas —le advirtió Patrick, minutos después, mientras iban hacia el cenador—. ¿Cómo es que no le has contado a Darien lo del número que te montó cuando llegaste? Yo me enteré por los criados —añadió.
—No había necesidad de involucrado —contestó Serena.
— Si lo hubieras involucrado, ella no estaría ahora aquí, estropeándote la velada — replicó Pa trick mientras tomaban asiento. Luego cambió de conversación—. Por cierto, Darien me ha dicho que te elija un caballo.
—¿,Sabes guardar secretos? —le preguntó Serena—. Me temo que no fui muy sincera con lo de mis conocimientos como jinete —añadió, des pués de que el mozo asintiera.
— ¿En qué sentido?
—No he montado a caballo en toda mi vida.
Después de una breve pausa de asombro, Pa trick rompió a reír.
—No seas egoísta —intervino Darien—. Com parte el chiste con todos.
—En realidad no era tan gracioso —dijo Serena, sonrojada.
—El sentido del humor inglés no se parece al nuestro — tercié Michiru—. Seguro que nosotros no nos reiríamos.
—Debo reconocer que a mí no me gustan nada vuestros culebrones — replicó Patrick. Después, con disimulo, se dirigió a Serena en un susurro—. Ven a verme mañana a las seis, mientras Darien está cabalgando. Te enseñaré a manejarte y luego po drás decirle que en realidad no se te daba muy bien. Él terminará de instruirte.
— Gracias — dijo Serena encantada.
Después de cenar, se fueron a un salón. Michiru se acercó a Serena y le habló con una gran sonrisa:
—¿Qué tal la vida de casada? —le preguntó mientras se sentaba en un sofá a su lado.
—Genial —contestó Serena, bebiéndose un vaso de vino de un trago.
— No creo que a Darien le guste verte beber tan to. Él sólo prueba un poco de champán en ocasio nes especiales —le advirtió Michiru—. ¿No lo sabí as?, ¿cómo es que desconoces algo tan elemental sobre tu marido?
—No es asunto tuyo —respondió ella, decidida a no mostrarse amable como la hipócrita de la con desa.
— Darien siempre será asunto mío — dijo Michiru—. ¿Te molestó mucho que viniese a verme la misma noche en que nos conocimos?
—¿Qué dices? —preguntó Serena, helada ante aquella noticia.
— Ni siquiera yo me esperaba que Darien viniera a mí en vuestra noche de bodas —la provocó la condesa.
—Estás mintiendo... No te creo —respondió Serena, que recordó que Darien le había dicho, tras ha ber discutido con ella, que había salido a montar a caballo.
—Vino a hablar conmigo. Darien necesita a una mujer, no a una niñita.
—Darien te necesita tanto como un agujero en la cabeza — contestó Serena desafiante.
—En fin, espero que te encuentres mejor la próxima vez que te vea — dijo la condesa después de murmurar algo en español, al tiempo que se po nía de pie.
—Voy a despedir a los invitados, esposa mía. No te molestes en levantarte — intervino entonces Darien —. Igual te mareas y te tengo que meter de bajo de la ducha — añadió, visiblemente enfada do.
Serena se sintió fatal: estaba segura de que Darien había oído su última contestación y de que éste ha bría pensado que había sido grosera con Michiru a consecuencia del vino que había bebido.
Mientras Darien los acompañaba a la puerta, Serena recordó lo bien que se había sentido junto a él horas antes.., y ahora, en cambio, no podía evi tar sospechar que su marido se había ido a buscar consuelo a los brazos de Michiru aquella primera noche.
—Me siento fatal —le dijo a Darien entre sollo zos cuando éste hubo regresado—. Me duele mu cho la cabeza — añadió mientras él la levantaba en brazos.
—Sólo estás un poco alegre — contestó Darien, al tiempo que subía las escaleras. Luego la colocó so bre la cama y la ayudé a bajarse la cremallera del vestido—. Relájate. Ahora te traigo unos calman tes —añadió.
—¿Por qué estabas enfadado conmigo? —se atrevió a preguntarle Serena, después de tomarse el calmante que Darien le llevó.
—Porque no has parado de coquetear con Pa trick en toda la noche — respondió él, para perple jidad de Serena.
—Me cae bien... —murmuró ésta—. Espero que se me pase pronto el dolor de cabeza. Estaba muy cansada durante la cena — añadió, dispuesta a cambiar de tema.
—Deberías habérmelo dicho —repuso Darien—. Michiru me ha contado que habéis estado hablando de la fiesta que damos aquí todos los años, ¿es ver dad?
—No lo recuerdo... Parece que la conoces mu cho.
— Somos vecinos hace años —explicó él.
— ¿Cuándo la invitaste a cenar?
—La misma noche que visité a mi abuelo. Fidelio es el capataz de las tierras donde está alquila da Michiru.
De modo que, aquella primera noche, Darien ha bía ido a comunicarle a su abuelo que había tenido un hijo y ése había sido el motivo de que hubiera visto a Michiru, pensó Serena con gran alivio.
—Estoy cansadísima —confesó mientras se de jaba desvestir por Darien, quien le puso un camisón para dormir a continuación.
—Tengo una villa en la costa. Deberíamos pa sar allí unas días.
—Buena idea —susurré Serena justo antes de ce rrar los ojos y quedarse dormida.
—¿Qué hora es? —preguntó horas más tarde, tras despertarse sobresaltada.
—Las cinco y media... Vuelve a dormirte —respondió Darien, que ya estaba vestido, dispuesto a cabalgar un rato como todas las mañanas.
De pronto recordó que había quedado con Pa trick a las seis y saltó de la cama en cuanto Darien se hubo marchado.
Se duchó y se vistió a toda prisa, fue a compro bar que Endimión estaba bien, como todas las maña nas.., y se quedó pálida cuando vio a Darien mecien do al bebé en sus brazos.
—Creía que ya te habías ido —murmuró Serena.
—Se queda muy tranquilo en cuanto desayuna-comenté Darien, refiriéndose a Endimión.
—¿Le has dado tú el biberón? —preguntó ella, asombrada.
—Dado que fui yo quien lo despertó al entrar, me pareció lo más justo. Se ha tomado el biberón como si no hubiera comido en varios días —co menté mientras le acariciaba la espalda al bebé—. Una criada le ha cambiado los pañales por mí.
Serena se acercó y tomé a Endimión en sus brazos. Luego lo acunó y, después de darle un besito, lo devolvió a la cuna.
— Veo que te has puesto los vaqueros; parece que por fin te animas a montar a caballo conmigo- dijo entonces Darien—. Tienes suerte de que me haya entretenido con Endimión. Si no, no me habrías al canzado — añadió con naturalidad.
—Hace años que no monto a caballo —dijo Serena mientras iban en coche al establo.
—Eso nunca se olvida —quiso tranquilizarla Darien, cuando detenía el coche al llegar a losesta blos—. No acostumbro a verte por aquí tan tem prano, Patrick. Serena ha venido conmigo esta ma ñana —dijo al ver al mozo.
— Estaré en el despacho si me necesitas para algo — respondió Patrick, sin atreverse a mirar a Serena.
Darien sacó un caballo negro y una yegua, le puso un gorro a Serena en la cabeza y le entregó unas prendas especiales.
—Protección... como dices que estás desentre nada —explicó él—. No quiero que te hagas daño si te caes — añadió mientras le ponía aquella espe cie de armadura.
—No puedo, Darien. ¡No puedo! —gritó Serena después de que su marido la subiese a los lomos de la yegua.
—Ya lo sé —murmuré Darien con suavidad—. Tendría que ser idiota para no haberme dado cuenta.
—¿Lo... lo sabes?
—¿,Cómo no iba a adivinarlo? Ayer, cuando vi niste, se notaba que no estabas familiarizada con los caballos. Por no decir que no sabías de qué te estaba hablando —respondió.
—Pensé que me tomarías por una sosa si reco nocía que no tenía ni idea — se excusé Serena, son rojada.
—¿Es que todavía no sabes que no hay ningún hombre al que no le guste dar clases de cualquier cosa a una mujer? — replicó Darien, sonriente.
—Anoche le dije a Patrick que no sabía mon tar.., y se ofreció a enseñarme lo básico — lo infor mó Serena—. He sido una tonta.
—¡Ya me imaginaba algo así! —exclamé Darien—. ¡Espero que no te dediques a citarte con mis empleados de ahora en adelante!
— No era una cita...
— ¡ Y no quiero que vuelvas a ver a Patrick Gorman sin que haya otra persona delante! —or denó Darien.
— ¡ No seas ridículo!
— Si me desobedeces, dejará de trabajar para mí — sentenció él con autoridad. Luego decidió darle la primera lección para aprender a montar a caballo—. Lo estás haciendo muy bien para ser una novata — la felicitó al cabo de media hora.
Y otro cuarto de hora después, un jinete se les acercó. Era un hombre mayor, con bigote canoso, tocado con un sombrero de ala ancha. Darien se diri gió a él en español.
—Es mi abuelo, Fidelio Navarro —informó a Serena sin gran entusiasmo.
El hombre la saludó en español y ella los miró frustrada. ¿Cómo era posible que se trataran con tanta frialdad siendo ellos, nieto y abuelo, toda la familia que tenían?
—Me gustaría mucho que viniese a ver a nues tro hijo Endimión — dijo Serena con calma, sonriente, al tiempo que le estrechaba la mano a Fidelio.
—No sabe inglés — le dijo Darien.
— Entonces transmítele mi invitación, por favor—replicó Serena con la barbilla alzada—. ¿Y podrí as decirle también que, dado que nuestros padres están muertos, me encantaría que Endimión tuviera la oportunidad de conocer a su bisabuelo?
Darien se quedó atónito, pero, tras un tenso silen cio, accedió a traducir el mensaje de Serena.
—Te agradece que seas tan cálida y hospitalaria—le dijo luego—. Tiene que pensárselo —añadió. Luego, una vez se hubieron separado de Fidelio, Darien estalló—. ¿Por qué intervienes en un asunto que sólo me concierne a mí?, ¿acaso crees que no he intentado invitarlo a casa sin éxito?
— Si lo miras con tanta frialdad cuando lo invi tas, no me extraña que se niegue a aceptar. Puede que piense que sólo se lo pides por cortesía — se atrevió a responder Serena—. Creo que estáis en frentados desde hace tanto tiempo, que os da mie do hablaros con sinceridad.
- ¡A mí no me da miedo nada!, ¿cómo te atre ves a...?
—Lo he hechopor Endimión —mintió Serena, que en realidadpensaba que Darien podría ser el más bene ficiado de una posible reconciliación. Ni tú ni yo tenemos otra familia que ofrecerle. Puede que ni a ti ni a mí nos haya ido viendo con las nuestras; pero ahora hemos formado una nueva y tenemos que aprender a ser buenos padres.
—¿Somos una familia? —se preguntó Darien en voz alta, desconcertado. Es verdad. Supongoque tienes razón...
Regresaron a casa y él, después de comunicarle que se irían a la villa de la costa esa misma tarde,volvió a salir. Serena se dio un baño para relajarse y pensó en lo complicado que era su marido. Tan pronto amenazaba absurdamente con despedir a Pa trick Gorman... como la hacía desear abrazarlo para darle seguridad y confianza; lo que no era de extra ñar, con lo traumática que había sido su infancia.
Darien debía de haber aprendido a escudarse del dolor desde muy pequeño. Después de la muerte de su madre, había tenido que soportar a Yolanda, a la que no había querido en realidad...
Por fin empezaba a comprender al hombre al que tanto amaba. Lo malo era que Darien se había aislado tanto para evitar que le hiciesen daño, que le costaba mucho dar rienda suelta a sus emocio nes, permitirse querer a una mujer... y hasta sentir afecto por su abuelo. Por lo menos amaba con todo su corazón a Endimión, se consoló Serena.
Tenía que ser realista y asumir que Darien nunca podría amarla; él sólo podía querer a un bebé ino cente que no pudiese herirlo. Y, sin embargo, ¿no le había dicho Michiru que Darien la había amado en el pasado?
Tumbado sobre una hamaca placenteramente, Darien miró a Serena mientras ésta se fijaba en unos bailarines que estaban actuando en la playa.
Pensé que te gustaría- murmuró él satisfecho- por eso lo organicé. Serena miró a miró a su marido y luego devolvió la atención a los bailarines, que cada vez se movían con mayorsensualidad.
Darien la rodeó por la cintura y Serena se estremeció gustosa. Llevaban doce días de ensueño e iba a ser una lástima tener que regresar el fin de semana si guiente, para la fiesta que celebrarían en la mansión.
Darien hacía muchas llamadas y usaba un ordena dor para seguir atendiendo sus negocios, pero pa saba casi todo el tiempo con ella, relajado, charlan do, entreteniéndola... y haciéndole el amor con pasión y ternura a la menor ocasión.
Cuando la danza parecía estar alcanzando su clímax, apareció una mujer que, con unos movi mientos de cadera muy eróticos, logró retener la atención del bailarín, en detrimento de la chica en la que se había estado fijando éste hasta entonces.
Serena se figuró aquel cambio de pareja como un mal presagio, un augurio de infidelidad. ¿Cuánto tiempo viviría con el miedo de que, algún día, Darien retomara su aventura con Michiru DAgnolo?, ¿cuándo se cansaría de acostarse con ella? Porque, ya que no la amaba, sólo la novedad del sexo po-día estar reteniéndolo a su lado... Perturbada por el rumbo de sus pensamientos, respiré profundo y de cidió esquivarnos.
Luego, tras agradecer a los bailarines su actua ción, regresaron a la villa y se acercaron a ver a Endimión.
—Realmente es especial —aseguré Darien con inmenso cariño.
—Claro que es especial. Es tuyo —lo provocó Serena—. Y por eso mismo es el bebé más inteli gente del planeta.
—¿Eso crees, cielito? —le preguntó él con voz rugosa. Y, sin darle tiempo a contestar, la besó con fervor en los labios.
Luego la levantó en brazos, la llevó hasta el dormitorio, la posó sobre la cama y la contempló con un deseo tan intenso que parecía imposible que Darien pudiera pensar en cualquier otra mujer. ¿Cómo podía hacerle el amor día tras día y noche tras noche con apetito insaciable y necesitar a Michiru?
Cerró los ojos mientras se dejé desnudar prenda a prenda y acariciar cada centímetro de su piel.
—Te voy a enseñar a que bailes para mí como las mujeres de la playa —murmuró Darien—. Pero sólo en privado. No quiero que nadie vea cómo me miras, cómo te frotas contra mi cuerpo... —añadió con ronquera.
Darien había declarado que el sexo era un mero apetito fisiológico y parecía dispuesto a demostrar que había innumerables variaciones fascinantes, que iba poniendo en práctica con el paso de los días.
Serena le agarró la cara con ambas manos y pa seé la punta de su lengua por los labios de su man do, el cual saltó como una fiera y la tumbó sobre la cama para llenarla de besos.
—Háblame de la primera vez que te enamoras te —le propuso por sorpresa un buen rato después, mientras ella yacía a su lado satisfecha.
— Se llamaba...
—No quiero saber su nombre —la interrumpió Darien.
— Sí... estudiaba...
—Eso tampoco me interesa... Quiero saber cómo te sentías — especificó él.
—¿Cómo me sentía? —repitió Serena—. Tonta, como en las nubes... y luego llegó la caída. En cuanto descubrí cómo era en realidad, me pareció inconcebible que me hubiese fijado en él.
—Te desenamoraste enseguida... ¿qué te hizo?
—Me metió en su dormitorio y me dijo que era mi día de suerte.
— ¿Estás de broma?
—Cuando le dije que no, intenté abusar de mí. Pensó que era de las que me hacía de rogar.
— Grave error — Darien le acarició el pelo ¿Cuántos años tenía el chico?
— Diecinueve.
—Los adolescentes sólo piensan en el placer que pueden conseguir, sin importarles el de la pa reja.
—Tú no eras mucho mayor cuando Michiru y tu... quiero decir... — Serena supo que había metido la pata—. Bueno, ella me comentó que habíais sido uña y carne.
—¿De veras? —preguntó Darien, con el ceño fruncido—. ¿Alguna vez te he dicho lo preciosos que son tus ojos?, ¿sabes que los cierras siempre que te beso? —preguntó entonces con ronquera, tras una larga y tensa pausa.
Serena observó a Darien con la intensidad de una mujer enamorada y sintió que si alguna vez llegaba él a traicionarla, se moriría. La vida ya no tenía sentido sin Darien...
Y, de pronto, éste volvió a besarla y despertó en ella una fiebre fogosa que arrasó cualquier otro sentimiento.
La mañana del viaje de vuelta, Serena despertó sola. Mientras Darien trabajaba en un despacho de la villa, ella se dio una ducha y, luego, mientras se vestía, traté de recordar cada segundo de su estan cia allí, para guardarlo en la memoria como un te soro.
¡ Había sido tan feliz esos días! Se puso una fal da verde con un top a juego, fue a la habitación de Endimión y vio la cuna vacía. Sonrió: lo más probable era que el bebé estuviese en el cochecito, viendo trabajar a su padre.
Serena se dirigió al despacho de Darien y lo oyó hablar por teléfono:
—Claro que aprecio tu fidelidad, Michiru —es taba diciendo él en tono seductor. Serena se quedé de piedra y el corazón empezó a azotarle el pe cho—. Yo también estoy deseando verte esta no che. No, no será difícil; te lo aseguro —añadió... justo antes de colgar
