Me tomó mucho poder sacar este capítulo, hehe, pero al menos lo logré publicar antes de que terminara el año.

La trama de este capítulo se sitúa en San Valentín. Sí, ya sé que estamos en diciembre pero era necesario.

Inazuma Eleven GO! (c) Level-5


Capítulo 10

"Detalles"

Hiroto/Midorikawa

(Hiroto's POV)

Me encontraba haciendo una tabla comparativa de los informes mensuales de todos los sectores de la empresa. Estaba medio concentrado en lo que hacía, ya que tenía otras cosas en la cabeza.

Necesito asegurarme que esté listo.

En eso, me di cuenta que me faltaba un documento. Decidí aprovechar ese hecho para cubrir otro pendiente.

–Ryuuji, ¿te importaría ir al piso 20 por el informe de gastos de inversión? –le indiqué a mi secretario.

–Bien, voy. –Ryuuji se paró de su asiento y salió de la oficina. Espere un poco para estar seguro que estuviera ya al menos en el elevador, y entonces saqué mi celular. Marqué el número de la tarjeta que me habían dado. Después de un par de timbrazos, me contestaron:

–Buenos días, florería cristal ¿En qué le puedo servir?

–Llamo para asegurarme que el pedido que realicé ayer esté listo. –le dije.

–¿A nombre de quién?

–Kira Hiroto.

–Déjeme checar… ¡oh! claro. Pidió un arreglo diamante y dejó un anticipo de 2000 ¥. Por supuesto, el arreglo le será entregado hoy en la tarde a la dirección que nos proporcionó. No habrá inconveniente alguno, se lo aseguro.

–Muchas gracias, me satisface saber eso –le dije, –le enviaré el resto del pago en una hora.

–Perfecto, le agradezco su preferencia por nuestro negocio.

–De nada –y con eso colgué.

Daba la casualidad que el día de hoy era 14 de febrero. Nunca me había interesado mucho la fecha, pero bueno, nunca había tenido con quien compartirla. Aunque no me gustaba mucho participar en la comercialización de la festividad, era una excusa más para celebrar algo con Ryuuji.

Había pensado mucho si regalarle algo estaría bien, ya que Ryuuji podía ser muy obstinado en cuanto a obsequios de mi parte, así que después de considerarlo mucho, decidí darle algo sencillo. Había sido cuidadoso en prepararle algo, ya que quería que fuera sorpresa. Como la mayoría del tiempo estábamos juntos, fue difícil encontrar un momento en el cual escabullirme para comprarle algo sin que se diera cuenta. Pero lo había logrado y hoy vería los frutos de mi esfuerzo.

En eso escuché pasos y Ryuuji ingresó a la oficina.

–Aquí están los papeles. –los colocó encima de mi escritorio.

No importaba cuanto tiempo había pasado, todavía me encontraba maravillado cada vez que lo miraba. El hecho de que todo esto era real me abrumaba. Ryuuji estaba aquí, conmigo. Era un sentimiento increíble.

–¿Hiroto? –me habló. Me había quedado embobado otra vez.

Sacudí la cabeza. –No es nada.

El trabajo siguió como cualquier otro día. Estaba concentrado leyendo el informe de gastos y pasando datos a mi computadora cuando Ryuuji habló.

–Voy al baño– me dijo.

–Está bien… ¿quieres que te acompañe?-bromeé.

–No, puedo encontrarlo yo solo.

–No me refería a eso…

–Hiroto, no estés jugando. –me reprendió y salió.

Me reí entre dientes y seguí con mi trabajo.

El tiempo pasó y pasó. Antes de que lo notara, el reloj ya marcaba las 4 de la tarde. Ryuuji llevaba una hora desde que salió rumbo al baño.

Me preocupé, era demasiado tiempo. Me puse en pie y salí de mi oficina. Me acerqué a la recepcionista.

–Nanami, ¿no has visto a Midorikawa? –le pregunté.

–Lo vi subir al elevador hace ya un buen rato, pero no ha regresado.

Torcí la boca. El baño más cercano estaba en el piso 28. No debería haber tardado tanto tiempo ¿Qué podría estar haciendo?

Sin pensar, entré al elevador y bajé al piso 28. Cuestioné al encargado del piso si había visto a Ryuuji, pero al parecer estaba ocupado y no había prestado atención. Después de eso, yo mismo entré a los baños pero no había nadie.

¿Traerá Ryuuji su celular?

Sí era así, le podría marcar, sin embargo al palpar los bolsillos de mi pantalón me di cuenta que yo no traía el mío. Lo había dejado cargando en la oficina.

Subí de nuevo a la planta superior. Tomé mi celular y marqué su número. El celular timbró y timbró hasta que entró el buzón de voz. Colgué. Volví a llamar dos veces, pero siempre me mandaba al buzón. Ya cuando iba a entrar en pánico, Ryuuji entró por la puerta.

–¡Ryuuji! Tardaste mucho ¿Dónde estabas? Me tenías preocupado.

–Ah…es que el baño del piso 28 no servía y tuve que ir al 12, entonces una de las de administración me pidió que le hiciera un favor y tuve que ir y venir del piso 5 al 24 como tres veces. Lo siento.

¿El baño del piso 28 no servía? No me pareció ver nada malo cuando entré… Sus ojos revolotearon ansiosos de un lado a otro. Algo no me cuadraba, pero lo dejé pasar. No creía que fuera nada importante. Ya averiguaría después.

Suspiré. –Mandaré revisar los baños.

–Um...bien.

Después de eso, no paso mucho tiempo antes de que fuera hora de irse a casa. Aunque pareciera tonto, mi estómago revoloteaba de emoción.

Nos dirigimos a la casa en mi auto y cuando llegamos esperé que todo saliera bien. Quité el seguro del cerrojo y abrí la puerta. Dejé que Ryuuji entrara primero y lo seguí adentro. Ahí en la mesa de la sala estaba el arreglo que había ordenado. Era un arreglo alto de puras rosas rojas. Según me habían dicho tenía unas 30 flores.

–Hiroto, ¿qué…?

–Feliz día de San Valentín–le dije.

–Wow, no tenías que comprarme algo tan... –se quedó pensando que decir. –grande. –Su cara demostraba su sorpresa y eso me alegraba.

–No es nada, sólo quería darte algo especial. Por la fecha y eso.

Sus ojos iban y venían del regalo hacia mí y pude notar su rostro enrojecer.

–Gracias–murmuró.

–Espera, eso no es todo.

–¿Ah, no?

–Mira dentro del arreglo. –le indiqué.

Ryuuji se acercó a la mesa y algo cauteloso, inspeccionó el arreglo. Después de revisarlo un poco, encontró la cajita que había pedido colocaran ahí.

–¿Qué es esto? –me preguntó.

–Ábrelo.

Ryuuji se tomó unos segundos en abrir la caja y cuando por fin sacó el objeto se me quedó viendo extrañado.

–¿Una pulsera?

–Sí. Lee lo que dice adentro.

–"El amor es entregarlo todo…"–me miró–por una felicidad compartida.–completó.

–Estaba seguro que sabrías el refrán. –sonreí.

Se quedó en silencio un buen rato.

–De verdad, muchas gracias, Hiroto–dijo finalmente.

–Al contrario, Ryuuji. Gracias por compartir este momento conmigo.

Su expresión se mantuvo seria. Algo no andaba bien.

–¿Qué ocurre?

Sacudió su cabeza. –No es nada. Voy a cambiarme.

Se volteó y se cayó su maletín. Lo que contenía se desparramó en el suelo.

Me agaché a recoger sus cosas cuando algo me llamó la atención. Era una cajita de regalo.

–¿Y esto? –pregunté.

–¡N-no es nada! Dámela.

Por su reacción, obviamente era algo.

–Vamos, dime qué es.

–No es nada importante –insistió. –Dámela.

Intentó arrebatarme la caja pero no lo dejé.

–¡Dámela!

–¡Dime qué es primero!

Apretó la boca y su cara se puso roja. No supe si de coraje o de vergüenza. –Bien, era tu regalo de San Valentín.

–¿Enserio? –Alcé una ceja–¿Por qué no me la querías dar? ¿Te arrepentiste que yo fuera tu Valentín? –bromeé.

–¡No! No es eso. –se enojó. –Solamente...no, no te puedo dar ese regalo–suspiró. –Lo siento, Hiroto. Te compraré algo mañana.

Lo miré confundido. –¿Por qué?

Frunció el entrecejo y miró al suelo.

–Ryuuji...

–No, ¡yo no puedo! Mañana te compraré algo mejor, te lo prometo.

–¿Eso es todo? –bufé. –¿Te preocupa que tu regalo no sea suficiente para mí? –¿Cómo podía creer que rechazaría un regalo de su parte?

–Es que no puedo compararlo a lo que me diste.

Suspiré y antes de que pudiera hacer algo empecé a quitar el papel de la caja que tenía en mano.

–Hiroto, ¡no!

Sin hacerle caso, abrí la cajita. Dentro había un reloj de mano. Era sencillo y de color negro, de una marca que no conocía y su carátula era monocroma. No era extravagante ni muy grande y eso me agrado.

Ryuuji me miraba ansioso, expectativo. Sonreí.

–Muchas gracias. –le dije. –me gusta mucho.

Él parpadeó, como si no pudiera creerme. –¿En serio? ¿No importa que no sea caro?

Me reí y no me pude evitar el envolverlo con mis brazos.

–A veces eres muy ingenuo, Ryuuji. No me importa el dinero, en lo absoluto. Estoy más que feliz que me hayas regalado algo.

Él se retorció en mis brazos para poder verme a la cara.

–¿De verdad?

Asentí . Él me sonrió.

–Bueno, es un alivio. Tenía poco tiempo para escogerlo.

–¿Cómo?

–Pues ¿ves que te dije que iba al baño?

–Oh…

–En ese rato lo compré.

Eso explicaba todo.

–Tanto que me preocupé. –bufé– No es justo, aunque el regalo vale la pena, pero aun así, necesito algo más…

–¿Qué?

–Dame un beso.

–Pero que descaro. –se quejó.

Sin embargo, me rodeó el cuello con sus brazos y junto sus labios con los míos. Un momento nada más, pero fue muy gratificante incluso así.

Ryuuji recargó su cabeza en mi hombro.–Hiroto... –me dijo.

–¿Hmm?

–Te quiero mucho.

Después de eso, comencé a usar ese reloj todos los días.


¿Saben que Hiroto tiene un reloj en su hoja de diseño? Pues sí...

¡Pasen un feliz año nuevo!