DISCLAIMER: Los personajes no son míos, sino de SM.
Capítulo 10
Esto era extraño.
Una intensa opresión en mi pecho me estaba molestando hace un rato y por más que quería evitarlo, no podía despegar los ojos de la pareja que tenía al frente.
Rosalie, quien no tengo idea de dónde salió, tenía apretado a Edward como si quisiera adherirse a él. Su brazo derecho estaba abrazando la mitad de su cuerpo y vi que levantó su mano izquierda con tortuosa lentitud por sobre el pecho de Edward hasta posarla en su nuca, jugando con algunos mechones de su cabello.
Fruncí el entrecejo.
Ese gesto fue muy íntimo. Llámenme loca, pero hipotéticamente hablando, cuando alguien se le confiesa a otra persona, se tiende a pensar que ese alguien está sin ningún tipo de compromiso. Y si alguien va y dice todas esas palabras románticas y confunden a esta otra persona sabiendo que tiene a alguien más esperándolo… pues, bueno, alguien apesta.
Alice me golpeó son su codo e hizo que un poco de mi helado cayera sobre mi mano.
―Si sigues gruñendo así, tendré que llevarte a la perrera para que te vacunen ―susurró Alice, claramente entretenida con todo el asunto.
¿Estaba yo gruñendo? Eso no parecía posible. Yo definitivamente no hacía ese tipo de cosas. Y no creía que este fuera el momento para comenzar a hacer algo desde mi subconsciente.
Edward y Rosalie susurraron entre ellos, él hablando muy rápido y ella sonriendo como si él le iluminara la vida con sólo existir. Luego, ella acarició su nariz con la suya y le dio un beso en la mejilla, mirándome de reojo, como si se asegurara que yo estuviese viendo todo el acto.
Gruñí.
Quién lo diría.
―¿Y? ―dijo con una gran y perfecta sonrisa con dientes extremadamente blancos― ¿Qué dicen? ¿Quieren ir al cumpleaños de Emmett?
―Rose, no creo que…
―Edward, pichoncito ―dijo con un tono nasal, mirándolo sólo a él―, nos divertiremos mucho. Quieres que me divierta, ¿cierto?
Vi que Edward quería decir algo. Abrió la boca, esperó y luego la cerró en una línea firme.
―Rosalie…
―Edward…
—¿En serio? —gimió, mirándolo con sus enormes ojos verdes.
Mierda.
¿Por qué sentía esta extraña compulsión en girar su cara para que mirara a mí y no a ella?
Esta conversación me estaba comenzando a exasperar.
Finalmente, Edward suspiró y dejó caer sus hombros.
—Bien, pueden venir a la fiesta de Emmett. Será fantástico —dijo con voz monocorde, pasándose los dedos por su caótico cabello, desordenándolo aun más.
Y ahora pensaba en cómo sería pasar mis dedos por su cabello.
Quizás era suave. Parecía suave. ¿Será suave?
Agité mi cabeza.
Estaba alucinando.
—¡Será genial! —exclamó Alice, aplaudiendo y mirándome como para buscar compañía en su entusiasmo.
La miré con expresión aburrida.
Supongo que dejé claro mi punto.
—¡Absolutamente! —dijo Rosalie, sorprendiéndome como alguien tan hermosa puede incluso verse increíble cuando chilla y salta en su lugar.
Dios.
Ahora mismo Alice y Rose parecían hechas la una a la otra.
La rubia sacó una libreta de su bolso y comenzó a anotar la dirección de este supuesto Emmett, al cual iríamos a su asombrosa fiesta de cumpleaños sin siquiera conocerlo. Para mi completa sorpresa no iba a ser de noche y con más alcohol que personas, como acostumbraba a ser invitada por mis compañeros de clases. Esta sería una barbacoa con piscina, y otra vez volví a sentir que esta no era una muy buena idea.
¿Qué diría Edward cuando me viera en bañador? ¿Qué debería ponerme? ¿Será mejor un bañador de un cuerpo, prefiriendo la sutileza, o quizás sería mejor mi pequeño bikini azul que me dio Alice y que jamás he usado por rozar la obscenidad?
¿Y por qué me estaba preguntando todo esto? Era Edward, por todos los cielos.
Ah, sí. Por eso.
Es Edward.
Y él… dijo esas cosas.
Quiero morir.
Alice y Rosalie siguieron hablando y haciendo planes, y yo la odié un poco más.
¿Qué? ¿Ahora me quería quitar también a mi mejor amiga?
Whoa, Bella, para ahí. Rosalie no te ha quitado nada. Edward no es tuyo.
Sí, bueno. Pero él si dijo esas cosas.
Seguía apestando.
—¿Y qué opinas, Bella?
Miré a Alice sin entender nada.
Ella rodó los ojos y habló lentamente, como si le estuviese explicando a un niño de 4 años.
—Queremos ir a almorzar, ya sabes, los cuatro juntos. ¿Quieres ir?
Ni de cerca.
—Uh, lo siento, Alice. Tengo varios deberes que ni siquiera he comenzado —miré de reojo a Edward, esperando ser lo suficientemente convincente como para salir de esta—. Supongo que para otra vez será.
Él entrecerró los ojos.
Al parecer no funcionó.
—Oh, bien. Entonces te acompaño a casa. Adiós, Rose, Edward —sonrió—, nos vemos en la barbacoa.
Yo sonreí con los labios apretados, asintiendo con la cabeza hacia ellos.
Edward no hizo ningún intento para despedirse de vuelta. Sólo se quedó ahí parado, mirándome con esos intensos ojos verdes que ahora no podía dejar de pensar. Sus palabras aún me tenían la cabeza algo desordenada y verlo con otra chica, que es asquerosamente atractiva, hacía que me confundiera mucho más.
¿Sería Edward uno de esos hombres que saltaban de mujer en mujer?
¿Y por qué me importaba tanto?
Curioso esto de los celos… no sabes que los tienes hasta que sacan las garras. ;)
Capítulo cortito para avanzar en la historia. Mi semana fue una locura e incluso yo misma me sorprendí al no tener tiempo ni para escribir un drabble… y eso es decir demasiado. Estúpida vida real.
