Quiero ser escritora

10º

Ráfaga de viento

No eran las seis y media cuando una cortina vaporosa de cimarrones pusilánimes se cernió la mañana del martes. Anoche también estuvo húmedo y por lo visto hoy no sería diferente. Fuertes corrientes de aire azotaron los árboles; las hojas salían volando despedidas, regadas en distintas direcciones, las tiendas todavía no habían abierto, los autobuses y las estaciones de metro estaban abarrotados, el reporte del tráfico anunció un estancamiento en la avenida ciento 116 por un accidente de un camión blindado así que hubo un congestionamiento. Las noticias recomendaron a la población llevar impermeables y paraguas. No obstante ninguno de esos inconvenientes entorpecería la rutina matutina de Raimundo. Como cada mañana se puso su chándal, subió hasta el cuello la cremallera de la sudadera, se arropó con la capucha y enganchó su MP3 en el bolsillo de su pantalón. Salió apenas ató los cordones de sus tenis.

Trotó camino hacia el parque. A él no le molestaba el frío ni la llovizna. Le gustaba porque se sentía libre; el viento besando su cara, soplando su pelo. El otoño era su estación favorita del año. Pisó un charco de agua y salpicó, las golondrinas se asustaron y se fueron volaron. El pavimento aún no había secado, un conjunto de ciclistas franquearon a su lado, asimismo se dirigían al parque. Había puesto a máximo volumen la música. Nada parecía sacarlo de su meta. Desarrolló una costumbre de salir a trotar de lunes a viernes, los sábados se iba al gimnasio y los domingos él descansaba. En las mañanas era muy sereno y relajante. A él le gustaba esa tranquilidad. Cruzó la entrada del parque. De igual forma, estaba casi desolado. Hay unos perros saltando los charcos y una hermosa señorita, al igual que Raimundo, tomó las primeras horas para hacer ejercicios. Ya la había visto antes, pero no le había interesado. No era su tipo. Claro, tampoco es que se le ha insinuado, es más, ni ha intercambió palabras con ella. Pero ha representado una molestia en estas últimas semanas. ¿Por qué pensaba en ella? ¿por qué no podía olvidarla? Incluso cerraba los ojos al dormir y ella aparecía. Pensó que ignorarla bastaría y eso desmejoró las cosas. Ella era insistente. Justo después de haber terminado el recorrido, la chica desapareció. No sabía a dónde había ido, ¿le importaba? En absoluto. El hombre estiró y flexionó los músculos un poco antes de emprender su regreso. No quería llegar impuntual al trabajo.

-¡Superman es el mejor súper héroe en el mundo mundial! –proclamó- vino de otro planeta, tiene súper fuerza, corre a gran velocidad, vuela, es inmune a todo, sus ojos disparan rayos láser, puede ver a través de objetos sólidos y ¡su traje es increíble! –enumeró con los dedos- o sea, ¡¿es o no es el mejor súper héroe?!

-¡Por favor, Jermaine! Piensa lo que dices, ¿cómo puede ser mejor súper héroe un tipo que es derrotado fácilmente por una piedrita verde brillante? En cambio, ¡Batman! Ese sí que es mejor súper héroe: Tiene una guarida secreta llena de murciélagos con una computadora de última tecnología, un automóvil convertible, armas y bombas de humo súper geniales, sabe pelear, es inteligente, rico y más realista que tu Superman.

-¡Eso no es verdad! –reprochó Jermaine- Batman tiene sus limitaciones. No es tan perfecto.

-Al menos él tiene estilo, Superman parece nerd con esos anteojos ridículos que se pone.

-¡Superman es mejor!

-¡Batman es mejor!

-¡Superman!

-¡Batman!

Mediodía, el tiempo de escuela culminó y la mayoría de los niños esperaban que sus padres los recogieran en la entrada. Los padres preferían buscar a sus hijos en esta situación de la lluvia. Otros se marcharían en los autobuses escolares. Y algunos aguardarían a sus señores padres dentro de los muros de la institución, resguardándose del aguacero. Jermaine y Tiny eran dos de esos niños y mientras se quedaban ahí, se sentaron en el piso a jugar con figuras de acción de los súper héroes. El juego paró en un altercado acalorado entre los dos acerca quién era mejor súper héroe. Jer era admirador número uno de Superman. Por el contrario, Tiny era fanático de Batman. Ambos vieron todas las películas que han hecho de los héroes de DC, compraron las camisetas con el logo, tenían las figuras de acción, los afiches, todos los artículos, los videojuegos, los cómics. Casi nunca peleaban y menos por algo tan tonto. Fueron separados por intervención del pequeño oriental.

-¡Ya basta! ¡ustedes dos quietos! Son amigos, no peleen, díganme por qué discutían –Tiny y Jermaine empezaron acusarse el uno al otro, hablando al mismo tiempo. El niño hizo un gesto pidiendo tiempo- ¡paren! No los entiendo si hablan juntos, Jer empieza tú.

-Discutíamos porque queríamos saber quién es mejor súper héroes.

-¡Omi, ¿tú quién crees que es mejor?! ¿Batman o Superman? –habló Tiny.

-Uhm... –Omi pensó un instante- es obvio: yo soy mejor.

-¡¿TÚ?! –los niños intercambiaron miradas aturdidos. En vez de desempatar, la decisión se dividió.

-Por supuesto que no, estoy jugando –Omi se echó a reír-. En mi opinión los mejores súper héroes son los Guerreros Shaolin; conocen las artes marciales, manejan todo tipo de armas desde espadas hasta hacha, han salvado muchas personas, entregaron su vida por defender al país, viven un código de honor y a diferencia de Batman y Superman, ellos sí existieron.

Los muchachos se dieron por vencido, los argumentos eran válidos y nadie quiere discutirle a Omi ni meterse con sus Guerreros Shaolin. Sería buscarse su propia muerte sobrenatural.

-¡Chicos, quería mostrarles esto! Lo cogí del bolso de Megan cuando se despistó en clases de educación física –Omi sacó una Barbie. Bien cuidada y peinada, vestida a la moda- ¿qué creen? ¿Tiny, podrás quitarle la cabeza y suplantarla por una de un tiranosaurio o algún otro monstruo? Megan se llevará una sorpresita.

-Sí, creo que podré –dijo Tiny, tomando la muñeca por la falda y observándola en distintos ángulos.

-¿Por qué molestas tanto a Megan? ¿Acaso te gusta? El otro día te vi que estabas echándole el ojo –indagó Jermaine. Puso los ojos en blanco y Tiny soltó una risita estúpida guardando la muñeca en su bolso disimuladamente.

-¡Ay no, puaj! Los niños nunca deberían enamorarse de las niñas. ¡Qué flojera! Las niñas se la pasan siempre preguntando cosas y quejándose, platicando de lo bonita que quedaron sus uñas, el labial que compraron y otras bobadas torpes. Son cosas tuyas, Tiny, yo molesto a todas las niñas. Ninguna es especial. El otro día estaba mirando el blanco dónde dispararía: ¡la cabeza! –Omi fingió sostener un arco y un carcaj de flechas, comenzó a disparar en una diana imaginaria en el cual estaría las cabezas de las niñas. Tiny y Jermaine se rieron, Omi se contagió y al cabo de un rato, él se detuvo, su pancita estaba doliéndole- ¡cállense! No se pueden reír más que yo –Tiny y Jermaine cerraron el pico. Bueno, sólo Tiny. Jermaine aún es lento para entender, Tiny lo ayudó proporcionándole un codazo. Omi soltó un bufido.

-¡Oye, Jer y yo vamos a mi casa a ver Batman contra Superman: Enemigos públicos! Habrá toneladas de palomitas de maíz, refresco y diversión –cambió de tema-. ¿Quieres venir?

-No puedo, Tiny, mi padre todavía no me levanta el castigo y además, tengo entrenamiento. Cuadramos otro día, ¿les parece? –ellos asintieron.

Los muchachos decidieron acompañar a Omi a la salida y se despidieron, intercambiando su saludo secreto. Según el acuerdo que el abuelo, "su padre" y su madrastra pactaron, hoy Wuya debía pasar por la escuela y llevarlo hasta la práctica, de ahí se encargaría la niñera. En teoría era para aprender a convivir o estrechar las relaciones, algo así entendió. Sí, como si las cosas cambiarían. Esa señora no le tenía estima, siempre fue amargada y hostil, quería deshacerse de él y vivir junto a su padre como si fueran recién casados. Actuaría estúpido si se quedaba a esperarla bajo la lluvia. Alrededor de las diez acaeció una borrascosa lluvia y no ha parado desde entonces. Ver esos niños corriendo a los brazos de sus padres, estos los envuelven en cálidos abrazos, besan la coronilla de su cabeza con amor, se marchan felices.

En primer grado, su madre era quien venía a buscarlo, siempre le preguntaba cómo le había ido y las cosas que hizo. A veces venía con su padre. Pero luego del accidente todo cambió. Omi desterró aquellos pensamientos de su cabeza sacudiéndose, se abrigó lo más que pudo y se arriesgó a salir. Lo peor que podría pasar... ¿sería que sus libros se empaparan? No, de mencionarlo no sería tan grave. Era una excusa perfecta para no enseñar la tarea.

-Omi... ¡Omi! ¡Omi no te vayas! –no es la voz de Wuya ni la del abuelo o sus amigos. Es la voz de cierta niña latosa que ha venido a recuperar su muñeca. Omi apresuró el paso antes de que lo alcanzara.

¿Existe algo peor que morir de aburrimiento? Las oficinas del periódico El Mundo estaban a diez minutos de la cafetería en que trabajó Kim... un día... era una construcción en forma de pirámide invertida; constituido por nueve pisos; proporción creciente, es decir, el primer piso era más pequeño que el segundo y a su vez lo era para el tercero y así sucesivamente y las paredes estaban hechas de cristales trasversales. Pueden ver lo que está fuera pero desde fuera no puedes ver lo de adentro. En el interior, el edificio era aún más lujoso. La luz del sol refulgía en las puertas, hechas de acero inoxidable, del ascensor, haciendo que pareciera plateado en lugar de gris. El logo de la compañía era en sí mismo el planeta tierra, colocado en sentido diagonal una cinta gruesa y escrito en grande el lema de los empleados: Nosotros creemos en la verdad justa y transparente. Al parecer ellos se tomaban muchísimo en serio su lema. El lugar de trabajo, concreto, del protagonista es una sala ubicada en el tercer piso. Raimundo entornó sus ojos hacia las paredes de color blanco cegador y las luces de neón en el techo. Tamborileó los dedos sobre la mesa, impasible, y se desplazó en su silla de oficina de tres ruedas a un lado del cubículo y al otro. Todos los empleados poseían un cubículo y una computadora propia. Sí, era una sala saturada de computadoras y frente a todas había alguien tecleando con ímpetu. Las voces se cruzaban y los teléfonos sonaban furiosamente.

Era un día muy agitado excepto para Raimundo. Cogió el mango de la taza y sorbió el café. Torció los ojos en donde estaba la cámara de seguridad. Había culminado el artículo y hoy no despertó con ánimos. Se puso a cavilar; algo que, últimamente hacía con frecuencia. Era la oportunidad en bandeja de plata para escribir... ¿de qué? La última vez que sintió renacer la inspiración dentro de él fue el sábado después de que... frunció los labios en una sonrisita irónica. Eso pudo haber sido una coincidencia, que también sucedió al día siguiente luego de... Sus ensimismamientos fueron interrumpidos por la intromisión de un hombre vestido de azul.

-¡Raimundo! –se volteó- excelentes noticias, quería dártelas en persona, el periódico se las arregló para que uno de los periodistas fuera al Coulomb Stadium y quieren que ese alguien seas tú, ¡¿qué te parece?! Es el sueño de cualquier fan de futbol.

-¿De veras? Es una noticia extraordinaria. Muchas gracias.

-No te veo entusiasmado.

-¿Qué? ¡Oh no! No es eso, me sorprendiste mientras meditaba –explicó. El otro se encogió de hombros. En escena apareció en el ascensor una mujer de exorbitante belleza, hermosos y grandes ojos negros, el pelo liso caía sobre sus hombros como guirnaldas de oro, alta, piel blanca, esbelta, sus labios carnosos y facciones delicadas. Es normal que las mujeres de ese tipo supieran las miradas masculinas que atrae con tan sólo mover la cadera, sin embargo, ella no parecía darse cuenta. Se dirigía a su puesto de trabajo, cabizbaja, sin tratar de llamar mucho la atención. Vestía un estilo formal y serio, pero elegante a la vez. Sus movimientos al caminar eran ágiles y gráciles, ¿tal vez fue bailarina? Raimundo no fue el único hombre que estiró el cuello para alcanzar una perspectiva mejor de la mujer que acaba de entrar.

-¡Pero qué chica! –suspiró Raimundo- Cristo, jamás en mi vida mis ojos vieron a semejante criatura celestial, ¿sabes el nombre de ese ángel?

-Un poco, ella es nueva. Viene a incorporarse a nuestro humilde departamento. Su nombre es Ashley. Es todo lo que sé –Raimundo miraba a Ashley cegado por la pasión, su corazón aceleró y al parecer, el hombre lo notó- ¡alto ahí Romeo! No puedes fijarte en una chica así, ¿no ves que es una rompe-cuellos? Vas a tener muchísima competencia contra quien lidiar.

-No me importa, es demasiado tarde para sermones –replicó- creo que estoy viendo frente a mí a la mujer de mi vida.

Ashley estaba muy comprometida con su trabajo. Se lo tomaba en serio. No levantó la vista para nada. Ni el pesado ruido alrededor la desconcentró. Se instaló en su puesto y comenzó a trabajar. Raimundo le miró a hurtadillas y sin planearlo su mirada se encontró con la suya. La saludó con un ademán por cortesía. Ashley esbozó una pequeña sonrisa tímida (o eso era lo que parecía) y siguió. En el descanso no se incorporó a los demás si no llevó una taza de café y unos bocadillos en el cubículo. Y ahí se quedó. Botó a la papelera los desechos. Sacó una loción humectante para las manos, se la aplicó y volvió a trabajar.

A Raimundo le llamó la atención su comportamiento. Consideraba que tal vez se cohibía de tanta gente y por eso parecía tímida y tan asustada o le gustaba la soledad. Por tratarse de ser nueva, sin conocer a nadie, tanteó la primera opción. Llegó el momento de retirarse. La lluvia tan esperada se presentó. Había brisa y daba la impresión de que estaba arreciando en cada escarapelo. Raimundo aparcó el coche en frente de la infraestructura. Estaba a punto de marcharse cuando vio a la mujer de sus sueños amparada bajo techo, esperando algo.

-Disculpe la molestia, pero ¿usted está esperando a alguien? –ella no dio la vuelta.

-No. Y no lo es, no se disculpe –respondió.

-¿No tiene como irse? Un auto o...

-No tengo auto –interrumpió- y he olvidado el paraguas en casa, estoy haciendo señas a los taxis para ver si uno se detiene, pero ninguno lo hace.

-Si continúa aquí podría resfriarse, el meteorólogo reportó continuas lluvias todo el día y el servicio de taxis se cogestiona en esta época y más a esta hora de la mañana; no quiero que mi propuesta le sienta indecorosa, pero si usted quiere podría llevarla a su casa en mi auto.

-¡Oh, no se atrevería! –se gira hacia él estupefacta- no quisiera molestarlo. Yo esperaré.

-En serio no me incomoda en lo mínimo. Somos compañeros de trabajo, entre nosotros nos apoyamos. Vamos.

-¿En verdad haría eso por mí? Es muy amable, muchas gracias –ella aceptó sonriente. Él le devolvió la sonrisa y juntos caminaron hasta el auto. Raimundo entró primero (sus modales de caballeros eran los mismos para todas las chicas aparentemente), desde adentro abrió la puerta y ella se subió; sentándose en el asiento de copiloto. Bueno, llevarla a casa en coche era un gran paso porque entablarían conversaciones y comenzarían a conocerse. Raimundo no era de aquellos hombres que cometían torpezas o se ponía nervioso con las mujeres que les atraía, él sabía disimularlo bien y actuar con naturalidad y encanto. Era una cualidad. Ni tampoco era un hombre efusivo, que hacía alardes o montaba un espectáculo exhibiendo su felicidad. Su tipo era impasible, no dejaba que las emociones lo controlaran. Entretanto ella se colocaba el cinturón. Él extendió la mano.

-No nos hemos presentado. Soy Raimundo Pedrosa.

-Encantada, soy Ashley Flynn –estrechó su mano.

Ella no era una mujer locuaz. Eso le pasmó porque casi todas las mujeres periodistas que él conocía en el trabajo hablaban por los codos tornándose insoportables. Dicha razón lo llevó a pensar que jamás se enamoraría de una colega. Ashley era diferente, una mujer callada y delicada. Arrancó el motor y partieron. Él tomó la iniciativa a la vuelta de la esquina.

-¿Es de por aquí?

-No, provengo de Cambridge. Me acabo de mudar por motivos laborales. No conozco nada ni conocía a nadie, no obstante, me estoy adaptando a esta ciudad. Es una de mis virtudes.

-¿Ah sí?

-Sí, este es mi primer trabajo. Recientemente acabo de recibir mi postgrado en periodismo en la Universidad de Iowa y estoy entusiasmada.

-¿Dónde se graduó?

-Harvard –él arqueó las cejas. Guapa e inteligente, esta chica no es igual a esas mujeres que son vulgares. Mucho pecho y poco seso. ¿Podría pedir más? Se estaba interesando más por esta mujer.

-¡Guau! Eso significa que es una mujer muy bien preparada e inteligente –Ashley se echó a reír ruborizada. Su risa es música para los oídos- ¿y cómo le parece la ciudad?

-¿En una palabra? Adorable –sonrió-. No se parece a Cambridge y eso me gusta. Pequeña, conservada y sencilla. Si bien, lástima que mi mudanza haya acarreado tristes despedidas.

-¿Su familia? –preguntó. Sus manos en el volante y sus ojos en el camino, podría echar un párrafo mientras conducía.

-No tanto eso si no lo digo por mi novio. No podía mudarse conmigo porque su vida estaba establecida allá, nos tuvimos que separar –comentó desconsolada. No estaba libre. Suponía un obstáculo. El amor a distancia nunca dura, pero no quiso desanimarla ni a sí mismo.

-No se amedrente. Todavía, si es que no lo ha hecho, tiene tiempo para escribirle o llamarle a su celular y decirle lo que siente –ella volvió a reír- nomás no deje de invitarme a la boda.

-¿Boda? Es curioso que lo mencione, pero ni él ni yo creemos en el matrimonio. Pensamos que las fricciones de la pareja crecen posteriormente de la boda, se supone que las personas antes y después de casadas deben actuar como novios. A fin de cuentas, ¿qué es una boda? Sólo es un pedazo de papel con las firmas de dos personas y que a más tarde se romperá, en cambio, es plausible una unión sin compromiso. Es un poco nostálgico tener que reafirmar algo que es obvio... ahora soy yo quien tiene que pedir disculpa, ¿es una locura lo que digo?

-Para nada –contestó. Si una persona que piensa que el amor ha perdido su esencia, ¿podría estar en contra de la decisión de no casarse y concertar la unión aún así? A lo mejor no.

Megan perseguía a Omi montada en patineta. Y para ser una chica, dominaba muy bien a la patineta, realizó unas maniobras en unas curvas que pensó que la detendrían y unos saltos... pero no dejaría que lo supiera. La niña se inmovilizó, cogió la patineta y corrió detrás de él. Es un callejón sin salida. No podría moverse hasta que el semáforo cambiara a rojo. Colocó su mano en su hombro y lo volteó.

-¡Por fin te paras!

-¡¿Pero qué te pasa?! ¡suéltame! –Omi se sacudió su mano y retrocedió.

-¡Te estaba llamando y no te volteabas! ¡Te buscaba!

-Pues ya estoy aquí, ¡¿qué quieres?! –preguntó grosero.

-¡Quiero a mi muñeca devuelta! Revisé mi mochila y no está ahí ni en la caja de los objetos perdidos, le pregunté a Charlotte y ella me dijo que te vio a ti cerca de mi bolso. ¡Dámela!

-¡¿De qué narices hablas?! –exclamó- yo no tengo ninguna muñeca, es mi palabra contra la suya, ¡¿cómo puedes pensar que yo la tengo y ella no lo tomó, y te dijo eso para culparme?!

-Porque Charlotte es mi mejor amiga y no haría tal cosa. En cambio, tú harías lo que fuera para fastidiarme. ¡Ahora devuélveme mi muñeca! –pataleó furiosa.

-Eso es estúpido, ¡¿para qué quería una fea y tonta muñeca en mi habitación?! Si me es más que suficiente tener que soportarte en la escuela, niña latosa –le sacó la lengua.

-¡Ay, eres un niño grosero y maleducado! –chilló Megan- ¡DAME MI MUÑECA!

Roja y furibunda, Megan le arrancó la mochila de sopetón. Omi la sujetó del asa con fuerza evitando que se la llevara. Los niños forcejearon, jalando por su respectivo lado. Megan no daría su brazo a torcer. Sin embargo, Omi no se lo iba a permitir. Estuvieron parejos. Nadie cedió. El bolso no iba ni a la izquierda ni a la derecha. Hubiera resistido un poco más de no estar resquebrajado. El asa por el cual halaban los niños se rompió. Los cuadernos cayeron empapándose en la lluvia.

-¡¿Ya ves lo que hiciste?! ¡Felicidades, lo rompiste! ¡¿contenta?! –bufó enojado. Tirándose a recogerlo y volverlos a meter en el bolso.

-¡Esto no tenía que haber pasado si no hubiera agarrado mi muñeca en primer lugar!

-Y dale con la muñeca, ¡acepta que se perdió! Como comprenderás todas mis cosas están en el suelo y ninguna de ellas es tu muñeca, es decir, tu rollo no es conmigo. Cómprate otra y déjame en paz.

-¡¿Qué me compre otra?! ¡Ni de chiste! A la única a quien quiero es a mí muñeca, tiene un valor sentimental. Y sé que tú la tienes, ¿a quién de tus amiguitos se la diste? ¿a Jermaine? ¿o a Tiny? ¡habla!

¡Aj qué pesada era Megan! ¡Niña tenía que ser! El apodo de niña latosa era perfecto. ¿Valor sentimental? ¿por qué esa muñeca es tan importante? Entendería si era una figura de acción o un cómic, uhm... tal vez ella lo sentía así. ¡Empero, esa no es excusa para haberlo roto! Y pensaba que le costaría un mundo cubrir los hoyos al pie de la letra. Pese, él no era el único con dificultades. De la nada un lagarto luchaba contra el aguacero. Si el agua llegaba hasta las pantorrillas de las personas y calaba los pies, imagínense como debe ser para alguien tan pequeño. Debía trepar a lo más alto para evitar que la corriente se lo llevara. El agua había formado grandes depósitos, las alcantarillas estaban inundadas y desbordaba agua. Y es que la vida de los lagartos no es tan fácil. Desorientado en la ciudad, intimidado por las pisadas de los humanos al caminar, los gritos de las señoras y la lluvia. Sólo buscaba un refugio en donde esconderse. El reptil logró atravesar la calle y se lanzó en la autopista aún cuando la luz del semáforo indicaba verde para los coches. Sería mucho más fácil para los animales si pudieran comprender las señales de tránsito y el semáforo.

-¡Mira eso! ¡pobrecito!

-¡Si no se mueve de ahí lo van atropellar!

-¡Omi no! ¡REGRESA! ¡Es peligroso!

El chico corrió a rescatarlo, lo elevó en brazos y emprendió rápidamente el viaje de regreso. Poco antes se desmoronó en el piso. Megan gritaba, para él eran burbujas de aire. Era muy tarde cuando advirtió sus palabras, un vehículo iba a estrellarse contra él. El niño tenía poco tiempo para reaccionar, levantarse y salvar al animal y a su persona. Apenas pudo moverse, el conductor tenía mejores reflejos y pisó a fondo el freno en cuanto él reconoció la cara del oriental. Las luces del coche estaban cerca de tocar su nariz. Respiró entrecortado, aliviado. El lagarto parecía compartir el sentimiento. Aterrorizada y a la vez calmada, Megan fue a su encuentro. El hombre también se bajó del carro.

-¡Omi loco! ¡¿es que se te zafó un tornillo?! ¡¿En qué pensabas cuando saliste así?! –chilló Megan- ¡pudiste lastimarte o peor: muerto!

-¡No iba a permitir que lo arrollaran ni mucho menos quedarme de brazos cruzados, Megan ¿sí?! –se defendió-. Debía actuar y rápido. Como Guerrero Shaolin, tenía que rescatarlo.

-¡Omi!

-Raimundo, ¿qué haces aquí?

-¡Cristo Redentor, ¿estás bien?! –se arrodilló a la altura del niño y lo zarandeó- ¡demonios, me diste un susto! ¡¿por qué tenías que ponerte justo en medio?! ¿Quieres morir, acaso?

-No es eso –replicó- debía salvarlo a él.

-¿Dónde está Kimiko? ¿Ella no debería estar aquí cuidándote?

-No si no hasta unas horas. Me toca primero el entrenamiento y ahora mismo iba para allá.

-¿Acompañado de tu novia? –escudriñó refiriéndose a Megan. El hombre estaba consciente que eso no era verdad; Omi no estaba en edad todavía de pensar en novias y enamorarse (si bien los chicos en el presente estaban exasperados por crecer y hacer de cuenta que podían tener novios), sin embargo, le gustaba embromarlo.

-¡Ella no es mi novia!

-¡Él no es mi novio!

-Los Guerreros Shaolin no tienen novia porque ellos tienen honor.

-Relájense chicos, no diré nada, su secreto está a salvo conmigo. Estás muy empapado bola de queso –sacudió el pelo del niño, él se estremeció- no puedo dejar que te marches así sin más. ¿Qué me dices? ¿Te llevo a tu escuela?

-¿Lo harás? ¿no es otra de tus bromas? –advirtió señalándolo. Él negó con la cabeza- ¡Bien!

-¿Qué me dices, linda?

-Yo no, mi chófer está esperándome en la escuela. De todos modos muchas gracias –Megan se dio la vuelta y salió corriendo, despidiéndose de lejos- ¡adiós! ¡y Omi, tú no creas que te salvaste, mañana insistiré y más te vale llevar mi muñeca!

Omi puso los ojos en blanco. Las mujeres sólo sabían eso: Blablablá. Por suerte, Tiny es un cirujano eficaz y alígero. Podría devolverle su fea muñeca mañana con un cambio de look. Se rió entre dientes malicioso. El periodista le dejó algo en claro de poder subir si mantenía la compostura. Tenía una visita y no quería que se alterara. Él prometió cumplir, en cambio de que lo dejara subirse con su nuevo mejor amigo. No había soltado al reptil de sus brazos. Raimundo aceptó el trato. La visita era una señora bonita. ¿Quién es un niño para decidir el atractivo de una mujer? Educado y amable, Omi presentó sus saludos subiéndose a la parte trasera como parte del pacto. La mujer le devolvió el gesto con cortesía. Había algo en ella que no le agradaba. No sabía lo que era. Sí, Kim tampoco era santa de su devoción al inicio. Principalmente porque sentía que actuaba hipócrita por tratar de ganar su confianza. Luego todos sus pensamientos negativos acerca de ella fueron descartados a los tres días. Él seguía fastidiándole sólo porque no le quedaba más remedio y era divertido verla enojarse.

Por el contrario, esta señora era la personificación del perfil de señorita que suele molestar por sus gritos de damisela en apuros. Su voz era cantarina para Raimundo. A Omi le sonaba un chillido agudo tal cual unas garras afiladas rasgaban la pizarra de un salón. ¡Por el amor de los Guerreros Shaolin! Esa mujer era una farsante, chillona y con un horrible gusto para vestir. En el trayecto, Raimundo y ella estuvieron hablando cosas aburridas de adultos. Omi se tendió y se puso a jugar con su amigo, extendiéndolo en el aire y simular que volaba.

-¿Entonces estás sola?

-No, por supuesto que no, Lucy vino conmigo –dijo-. Lucy y yo nos conocimos el día de mi cumpleaños un poco antes de ir a la facultad y ha sido una completa bendición, es casi de la familia...

Omi se echó a reír fuertemente interrumpiendo el hilo de Ashley. Raimundo lo sintió como una carcajada auténtica. Ashley pensó que era fingida y la había interrumpido a propósito, se puso seria. Omi le pareció que era un poco de ambas en honor a la verdad. Estaba harto de escuchar a esa mujercita. Y el hombre percibió en ese detalle.

-¡Basta! Me haces cosquillas –dijo jugando con el animal.

-Este... Omi, ¿por qué no miras debajo? Hay algo que quizá te alegre –le sonrió rascándose tras la oreja.

Se reincorporó a tomar asiento, buscó debajo como le había indicado y sacó una consola de videojuegos. Al encenderlo comprobó que tenía el famoso juego Goo Zombis: Apocalipsis ¡la más reciente adquisición! Había jugado en casa de Tiny y en la de Kim varias versiones de este juego. En su casa no, eran demasiado pobres para comprar un pinche bolso nuevo. Y en su sana opinión, de todos los que la compañía Tohomiko y cualquier otra han creado, Goo Zombis era el mejor videojuego para niños (adolescentes y adultos) jamás inventado. Goo Zombis: Apocalipsis. Jermaine, Tiny y él estuvieron babeando en la pantalla mientras repasaban la descripción del producto. Más de treinta niveles disponibles, mejores gráficos, efectos visuales, animaciones en 3D, nuevos personajes, objetos, aventuras y villanos.

-¡Guau! ¿juegas videojuegos?

-A veces… si estoy aburrido. ¿A quién no le gusta los videojuegos? Disfrútalo.

-¡Claro que lo haré!

-Raimundo, ¿de casualidad sabes dónde hay un centro comercial por aquí cerca? –inquirió la rubia-. Necesito comprar unas cosas a Lucy y me gustaría dar una ojeada a las tiendas, tal vez te compre algo –añadió sonriente. Omi puso los ojos desorbitados- le he puesto el ojo a una camisa anaranjada que le sentaría maravillosamente...

-¿Naranja? ¡Oh no! No se moleste por eso. Además, odio el anaranjado.

-¡No me diga!...

Y la conversación volvió a ser entre Raimundo y Ashley. Omi no volvió a obstruir. Odiaba a Ashley, pero Raimundo era genial y la palabra de un Guerrero Shaolin vale más que nada. Aparte de que el juego estaba entretenido. Iba por el nivel diez. La puntuación del brasileño tampoco estaba mal. Hasta un pequeño petulante sabe admitir cuando el oponente es bueno. No obstante, no se había desentendido de su entorno. El niño era capaz de jugar y escuchar a Raimundo y Ashley. Cálmense, no dijeron nada picante ni se les escaparon groserías. Ella era una mujer delicada, no se rebajaría a insultos tan vulgares. Y él sabe amarrar su lengua.

-Sabes, algún día, deberías ir a ver una carrera –invitó Raimundo, él llevaba hablando largo rato sobre unas competencias de automovilismo. Un deporte extremo sobre ruedas, o fue lo que el niño había comprendido, que desde algún tiempo hacia la actualidad la ciudad estaba adquiriendo brillo así como también en el país. Hace semanas se estaba aglutinando jóvenes pilotos quienes quisieran participar en una reñida contienda en busca de la gloria para luego el ganador incorporarse a las competiciones regionales, representándolos, y quizá si tenían suerte, irse a las naciones y de ser posible, a las internacionales; él por lo visto, parecía un fanático- es una sensación muy fuerte, sientes a la adrenalina fluye por tus venas y el calor de la emoción subiendo tu rostro, y también... podría verme ahí.

-¡No me diga! ¿Usted compite?

-¡Oh no! Yo soy un simple amateur, el automovilismo es un hobbie, mis carreras han sido un juego de niños...

-Aún así me gustaría poder ir, me gusta mucho la velocidad –replicó con una sonrisa- ¿cree que pueda traer conmigo a Lucy? Se siente muy triste sin mí presencia.

-Desde luego que sí. Bueno aquí es –Raimundo aparcó en frente. Se desabrochó el cinturón de seguridad y se bajó del coche.

-Muchas gracias por todo, Raimundo. Nos vemos... mañana.

Cerró la portezuela. Hizo un gesto con la mano y la vio entrar. Segundos más tardes cuando el auto había arrancado, Omi levantó la cabeza.

-Es una chica preciosa, ¿no te parece?

-¿Estás enamorado? –respondió con una pregunta. Él lo miró en el retrovisor- pues sí, lo es –repuso encogiéndose de hombros.

Su voz era muy apagada. Omi iba añadir que Kimiko le parecía muchísimo más bonita que la escoba esa que acaba de dejar el auto. Pero él prefirió guardarse el comentario a causa de que debía mantener las apariencias de que Kim era una pesada como el resto de las mujeres y segundo motivo, a lo mejor si lo decía, Raimundo se daría cuenta que estaba en lo cierto y terminaría otorgándole la razón. Entonces fijaría su atención más en Kimiko. Su corazón se estremeció en su pecho. Kim dirá lo que le dé la gana de decir, pero ella está enamorada de Raimundo. Ni en cien mil años podrá cambiar eso. La única causa por la cual la relación no funcionó es por el desinterés notorio de éste. Si cambiaba, sería diferente. Decidió que a él no le gustaba que Raimundo y Kimiko estuvieran juntos. No podía explicar con sus propias palabras el por qué, escapaba fuera de su conocimiento, pero un sentimiento desconocido y excitante perpetró dentro de él. Omi suspiró tranquilo y añadió:

-Tú y ella hacen una bonita pareja –su voz sonó grave. Torció los ojos hacia la ventana.

-¿En serio lo crees? Oye, Omi, ¿por qué no me has vuelto a visitar? Compré galletas.

-He estado atareado con otros asuntos, empero te prometo que apenas tenga un tiempo iré... me estaba preguntando, tú le estabas diciendo a Ashley, algo acerca de una carrera de autos. ¿Crees qué también podrías llevarme un día de estos ir a una de tus carreras? Yo nunca he visto nada igual –volvió a ser el de siempre.

-¡Seguro, pequeño!

-¡Que no soy pequeño, soy compacto!

-Bueno, bueno...

Raimundo llevó al niño a su escuela de artes marciales. El niño metió a su nuevo amigo en el bolso y se despidió, salió corriendo porque estaba llegando tarde. Todo por culpa de cara de escoba. El hombre se echó a reír. Había hecho sus buenas acciones en el día. ¡Ups! Omi olvidó cerrar la puerta. Estiró el brazo y lo hizo. Pisaría el pedal cuando vio que, en el lugar en donde Ashley estaba sentada, era ocupado por la misma hermosa chica de esta mañana. Reluciente pelo negro azulado lacio y largo, el flequillo cubría su frente, cálidos ojos azules angulosos, su piel tersa y blanca igual que la leche. Se preguntó cómo podría encontrar eso atractivo. Si sus piernas son tan cortas que nunca podría concursar para el Miss Universo ni en sueños, su pecho pequeño no supera de 80, su voz tan aguda, su modo de ser y vestirse.

-Sabía que debía tomarme la pastilla hoy –presionó el puente de su nariz. La chica infló las mejillas soltando un bufido, la mirada de él se deslizó por su cuerpo- lo siento, chiquita, no me interesas. Demasiado virginal.

Suspiró, las manos en el volante y condujo a casa. La mujer había desaparecido. ¡Oh Dios, ¿qué hizo para ser castigado de esta manera?! El trayecto fue normal. Parar en la luz roja y continuar en la luz verde, ceder el paso a unas colegialas, no había tráfico y la lluvia cesó al cuarto de hora, o sea, faltando una cuadra para llegar. Los parabrisas sacudían el agua fuera del auto. Encendió la radio, prendió el aire acondicionado y escuchó música R&B. Resolvió que buscaría la píldora cuanto llegara a casa y llamaría al Dr. Debía estar tranquilo para la carrera de esta noche ya que el gordito le había pedido la revancha y él aceptó. Siempre es un placer trapear con el culo de otros el pavimento. Nunca rechazaría una buena pelea. A veces el mantenimiento no lo hace. Sonrió jubiloso.

Mientras entraba al estacionamiento reparó un coche aparcado justo a la deriva. El Jaguar de Hannibal, ¿qué hace aquí? No se verían si no hasta la semana próxima. La vieja táctica de pillar impróvido. Era de suponerse. Hannibal siempre presumía de su Jaguar, Raimundo consideraba que no había mejor marca que Ferrari. Entretanto se conformaría con el suyo. Modesto, pero veloz. Hannibal esperaba en la puerta del apartamento y al ver al hombre lo saludó como si fueran amigos de toda la vida.

-¡Raimundo, muchacho! ¿cómo has estado? –exclamó estirando los brazos para abrazarlo. Redirigido de los casinos, hogares de los apostadores, llega este nuevo espécimen conocido como Hannibal Roy Bean, un sujeto pequeño y vil quien ha resultado ser la reencarnación en persona de la codicia y desfachatez, y como si fuera menos, un "amigo" de Raimundo.

-No discernía que verme te ponía tan feliz ni tan amable, ¿acaso vas a pedirme dinero?

-¡Oh, Raimundo, ¿pero qué es eso?! ¿Así saludas a un viejo amigo?

-Depende, ¿quién es el amigo? –Hannibal soltó una carcajada. Raimundo lo ignoró y abrió la puerta.

-¡No has perdido el sentido de humor para nada! –ambos caballeros pasaron a la sala. Otras veces Hannibal había estado en su casa. Se sentó en el diván, él sacó uno de sus malolientes y horribles puros y comenzó a fumar. Raimundo arrugó la nariz y apartó la cara un instante.

-¿Has visto a Sagrario? ¿cómo está? –inquirió con un hilo de voz.

-Imaginé que tarde o temprano me ibas a preguntar sobre ella. Fui a visitarla este domingo, pobre chica, está muy deprimida y solitaria: Tu madre me ha contado que su vida se ha ido apagando poco a poco, encerrada entre las cuatro paredes de su cuarto, siempre permanece a oscuras, últimamente está dejando de comer y se la pasa mirando con nostalgia la ventana admirando los colores de las calles y los transeúntes pasar delante de ella en el día mientras en la noche llora desconsolada. Intenté dialogar con ella pero difícilmente le pude sacar una palabra y no puedo culparla; antes Sagrario era una muchacha llena de energía y radiante de alegría, ahora es una sombra de lo que fue esa hermosa criatura.

-Y... ¿te comentó algo acerca de mí?

-Apenas te mencioné se cerró totalmente y me echó de su cuarto. Lo siento.

Raimundo forzó a cerrar los ojos y sacudió su pelo con aspereza. Su dulce Sagrario, ¿cómo podría perdonarlo algún día? ¿Cómo podría perdonarse a sí mismo si hirió profundamente a la mujer que más amaba en la vida? Era capaz de escuchar sus risas, sus gritos y llamarlo por su nombre mientras la cargaba en sus hombros y corrían imaginando que volaban sobre las nubes junto a una banda de golondrinas azules en un día soleado. El calor de sus manos, el brillo de sus ojos, la venustez de su sonrisa. Si hubiera revisado el auto en el instante que ella se lo pidió, si hubiera sido más atento, si hubiera escuchado, si hubiera actuado rápido, si hubiera sido mejor hermano Sagrario no sufriría las consecuencias de sus errores. Ella no merecía a un bastardo como él. ¡¿Por qué las cosas malas atropellan a las personas buenas?! Él era quien debía estar en esa silla de ruedas encerrado en esa habitación bajo llave viendo a las personas disfrutar sus vidas y con las luces apagadas. No ella. Lo más sagrado no.

¿En qué momento fue que sucedió? Lo menos que podía hacer era jurarle su odio para toda la eternidad, así estaría retribuyéndole que al menos le guardaba sentimientos, no importa si fueran negativos. Raimundo sabía desde luego que no valía la pena, ganarse su odio no sólo era un puñal corrompedor en el inmaculado corazón de su dulce Sagrario si no que un tipo como él. No, Raimundo. No merecía recibir ningún sentimiento en absoluto. Aún bajo esas infaustas condiciones, era una persona muy piadosa por creerlo digno de sus atenciones. Su verdadero castigo era el renegado. ¿Quién lo diría? Que ella pudiera sentir esas pasiones tan alevosas. Sagrario no, eso llegó a pensar. Pudiera aparecerse, abrazarla, besarle y decirle las veces que sean necesarias "lo siento" pero Raimundo era incapaz de semejante atrevimiento y descoco. Se conformaba en su silencio, embargándose en el arrepentimiento y el odio.

Su único contacto con ella era Hannibal. No tenía otra opción. Nadie además de su familia y él lo sabía, suficiente vergüenza es que otra persona supiera. Aunque tuviera que dar unas cuantas monedas de su bolsillo para saciar la ambición de este hombre no le importaba con tal de saber cuál era el estado de Sagrario. Noticia tras otra él sólo empeoraba.

-Dime, ¿qué tal va la progresión de ese libro?

-¿Querrías bajar la voz? No quiero que nadie se entere que estás aquí.

-¡Por favor Raimundo no seas paranoico! ¿Quién va a oírnos? Estamos solos.

-Se nota que no te has familiarizado con la frase de "las paredes tienen oídos".

Hannibal se echó a reír nuevamente. Una nube de humo gris se levantó y lo sacudió una tos horrible. Unas de las razones por las que él no fumaba era porque no quería parecerse a una chimenea ni perder el blanco de sus dientes perfectos. Ahí tienen a Hannibal como ejemplo, los tenía podridos, amarillos y pequeños y exhalaba torrentes de humo por las fosas nasales. Ni la más grande de las camionetas en las peores condiciones habría contaminado el aire. Él no necesitaba un automóvil para producir el smog. El humo de su tabaco barato y asqueroso era suficiente. Hipotéticamente los médicos le detectaron cáncer de pulmón, pero si fumaba desde adolescentes era difícil abandonar un viejo hábito. Tal vez no le importa estas alturas morir así. Raimundo sacó de la nevera un jarrón de agua fría y se sirvió un vaso, buscó las píldoras. Tomó un par y se las tragó de un puñado, bebió toda el agua en un solo recorrido. -Hannibal, si quieres estar un segundo más aquí apaga ese cigarro. No tengo que soportar tu bomba de humo.

-Eres un aguafiestas –tiró el tabaco en el piso y aplastó la colilla de cigarro. Raimundo puso los ojos en blanco.

-¿Traes mi dinero? –Hannibal sacó de su esmoquin un sobre y lo agitó frente sus narices.

-Ten, ¿ves esto? Es todo tuyo. Las ganancias en récords de venta que ha roto 49 semanas en Agosto, es uno de los libros más exitoso del año –lo dejó en la mesa-, para que veas que no solamente vine por un interés particular –le hubiera creído de no ser ya que ese "solamente" le hacía ruido y lo conocía.

-Adivino, ¿no podías soportar darme la buena noticia hasta la semana que viene?

-Ese día estaba ocupado y quería darte una sorpresa –Raimundo recogió el sobre, lo abrió y miró que era el recibo del depósito que le hacía la editorial del dinero ganado- yo sabía que tenías algo especial cuando te vi, ibas a llegar lejos, muchacho.

-Tonterías, tú ni siquiera has leído este libro ni ninguno de los anteriores.

Hannibal lanzó un bramido entre dientes. Raimundo sonrió, fue hasta el escritorio y agarró tres hojas que tenía encima.

-No... ¡¿pero bueno qué esperas para mostrarme tu obra?! Dijiste que estabas trabajando en una nueva producción.

-Es verdad, esta será la última de mis obras –suspiró- y con esta novela firmo mi retiro para siempre como escritor... El mundo no volverá a saber más de Tom Kenny, el nombre con el que he engañado a la prensa, a los críticos, a mis fans, a la ciudad y al país entero. La trama es acerca de una chica (una vez más, confieso) de unos veintiún años aproximadamente; es la dueña de un cuarto de billón de dólares y la tercera mujer más joven y acaudalada, según los datos que arrojó una revista, todavía no decido el nombre de esta chica, pero tengo listo el perfil: Atractiva, caprichosa, frívola, atolondrada, extremadamente torpe y despistada, es muy inmadura para manejar su fortuna así que es administrada por su tía. Una mujer que se ocupa siempre de agradar a la sociedad. Pero su figura es ensombrecida por la muerte de su hermana. Aún cuando el médico forense prescribió suicido. La gente y la prensa piensa que esta chica mató a su hermana para heredar. La policía intentará descubrir la verdad y es ahí cuando interfiere el detective, que tampoco sé cuál es su nombre, quien es el único que no cree que una chica tan unidimensional sea capaz de asesinar... y ahí me quedé. Es todo.

-No está mal.

-Es asqueroso. Intenté escribir el primer capítulo y lo aborrecí. Es bastante malo...

-Bueno, tarde o temprano se te ocurrirá algo y más te vale que sea así –repuso- los bloqueos no pueden durar tanto. Sin presionarte, pero yo que tú apresuraría a que las ideas salieran.

-¿Qué más quisiera que las ideas fluyeran tan fácilmente? Pero no es así sencillo, mi última noche de inspiración fue el día en que Kim estuvo en casa... –susurró en voz baja.

-¿Kim? ¿quién es Kim?

-La protagonista de mi historia –se corrigió. Hannibal no tiene necesidad de conocer a Kim. Y ella podría ahorrarse una escoria como esa. Sin embargo, esta no era la primera vez que Raimundo escribía una historia basándose en una chica en la vida real. Él era un romántico en ese sentido. Si bien, él odiaba ese término. Hannibal puso los ojos como platos.

-¿Es tu nueva musa? –Raimundo mantuvo la boca cerrada- pues si ella te pone a trabajar no esperes otro segundo más y ve a buscarla, dile que es única y ya sabes el resto: sedúcela. Tú eres bueno con las mujeres, ellas están locas por ti. Debes aprovechar, mientras puedas, tu juventud y encantos. Al menos monta este teatro hasta que la novela esté acabada, luego si quieres la botas ¡y listo! –Raimundo estaba a punto de protestar, el hombre hizo un ademán interrumpiéndolo- no te pongas blando ahora. Tú y yo sabemos que el afecto no limpiará tu buen nombre, si es que lo tienes. Si quieres el dinero, ve por él y no importa el método –se levantó del asiento y se dirigió a la puerta- te dejo para que lo pienses. Entre tanto, puedes ir chequeando el depósito en tu cuenta, notarás que tu monto ha disminuido porque cobré la comisión que me corresponde por adelantado. Hace tiempo me lo debías.

Sonrió con sorna, abrió la puerta y la cerró con fuerza. Dios, Dios, ¡¿cómo llegó a enredarse con este tipo?! Iracundo, se alborotó el pelo violentamente, sabía más sobre él que sí mismo y si no quería involucrarse en otros asuntos debía obedecer sus órdenes por irracionales que fueran, por el contrario, si no lo hacía se atendría a las consecuencias y sería peor porque el esfuerzo invertido estos años se iría a pique. La mayor parte del tiempo siempre era pedir y pedir préstamos. En las apuestas lo perdía todo y al no poder controlar sus impulsos, rogaba por limosna. No quería admitirlo, no obstante, al día siguiente de terminar con Kim empezó a sufrir alucinaciones. Nada serias, pero muy molestas. Y sólo desaparecían cuando estaba con la verdadera Kim. Es curioso que nada más pudiera concentrarse en el trabajo con ella. Al principio no le había causado buena impresión y todavía mantiene su palabra. ¿Entonces por qué seguía pensando en ella? Encontraba realmente extraño que de todas las chicas en el mundo, Kim, sirviera de inspiración.

Un respiro le sentaría bien. Se sentó en el diván y cuando se disponía a hacerlo. Kim estaba a su lado. Raimundo dio un respingo.

-¡¿Qué haces allí?! –Kimiko le sonrió- ¡por favor vete de aquí! Necesito concentrarme y no eres de gran ayuda. ¡Largo! –Kimiko frunció los labios- ¿cómo hago para que entiendas?... Tú no eres de mi tipo, no puede existir un "nosotros". A mí me gustan las intelectuales –por arte de magia, Kim cambió de ropa; cargaba una pila de libros, una falda y una chaqueta de abotonadura doble purpura, tacones altos y sobre la nariz unos anteojos rosados- ¡no a nivel nerd! Me gustan las de tipo sexy, las provocativas, que emanan sensualidad... –Kim volvió a cambiar su aspecto. Usaba un vestido rojo muy insinuante, ceñido al cuerpo y delineando sus suaves curvas, el escote era atrevido. Usó un pintalabios rojo carmín y botas del mismo color, la chica le mandó un beso en el aire y parpadeó coqueta- ¡no, no, no! Cambiándote de look no cambiará nada. ¡Yo no soy un asaltacunas! –la chica estaba sentada en el piano y llevaba el pelo canoso y corto, unos lentes grandes, usaba medias pantis, un vestido serio de holgado y de lunares chicos. Estaba cosiendo y de inmediato, alzó la vista y le guiñó un ojo.

Raimundo sintió que su propia abuela le estaba piropeando y reculó horrorizado. Esto está un poco fuera de control. Requería la ayuda de un especialista. Sin quitarle el ojo encima a Kim, sacó la cartera de su bolsillo trasero y buscó la tarjeta de su psiquiatra. Acto seguido, el celular y marcó el número. La alucinación seguía allí sonriéndole.

-Buenas tardes, ¿doctor es usted? ¿recuerda las alucinaciones que le dije? Están regresando, ¿cree que es una secuela del trauma? ¿o es que mi tratamiento no está dando resultado? ¡Oh no! Olvídelo, ¿podría atenderme antes de lo que acordamos? Necesito urgente la cita…


A/N: Ahora, miren con atención...

Esta es tu cara: O.o

Esta es mi cara: XD

Y esta es mi risa oyéndose a distancia: Jajajajajajajajaja

¿Captaron? Qué fácil es. Y no, esto no es ninguna alucinación. La sorpresa no es sólo que volvimos a la historia de Omi, escrita en tercera persona, si no que pudimos echar un breve vistazo a la vida de Raimundo. Créeme, ustedes piensan que entienden más y, en realidad, están en las mismas condiciones que Kim. Confundidos. Esto no ayudó en mucho. Introdujimos tres nuevos personajes: Ashley (que al parecer es compañera de trabajo de Raimundo y es su interés amoroso -entre comillas-), a Hannibal (quien no sabemos qué hace exactamente, pero a leguas se nota que no le simpatiza a Raimundo) y a un lagarto verde, ¿sabéis quién es?

-¿Raimundo participa en carreras para aficionados de automovilismo?

Sí.

-¿Raimundo está enamorado de Ashley?

Sí.

-¿Raimundo le gusta trotar a las cinco de la mañana?

Sí.

-¿Raimundo tiene una hermana llamada Sagrario?

-Sí.

-¿Raimundo casi atropella a Omi?

Sí.

-¿Raimundo tiene un tatuaje o Kim estaba loca?

Eso no lo puedo responder ahorita...

-¡¿RAIMUNDO ES EL ESCRITOR QUE LE GUSTA A KIM?!

¡Sí! n.n ¡Sorpresa!

-¡¿RAIMUNDO TIENE ALUCIONACIONES DE KIMIKO QUE SOLAMENTE SE LE QUITAN CUANDO ESTÁ CON LA VERDADERA?!

¡Ajá! Y ahora, les pregunto ¿ustedes saben la diferencia entre psicólogo y psiquiatra? Porque yo sí la sé. De todas estas noticias, ¿cuál fue la más reveladora? A mí tal vez la que me agarraría desprevenida es que Raimundo tiene alucinaciones con Kimiko y lo del psiquiatra me haría ruido en la cabeza. Me divertí en la última parte cuando Kimi se cambiaba de aspecto para gustarle a él. Vaya, un episodio con o sin Kimiko a la vez. Eso de los súper héroes, esa respuesta de Omi fue tan Omi jajajaja Yo, en lo personal, Batman es genial. Lo adoro. El asunto de la muñeca, cuando camina solo bajo la lluvia y recuerda a su madre, la pelea con Megan, cuando salvó al reptil, ¡o la risa con la que interrumpió a Ashley! ¡Omi, eres un desmadre! No, lo que me hizo quedar en shock fue lo que pensaba cuando Raimundo le preguntó si Ashley era bonita.

-Ese chinito es peligrosito, yo que ustedes le pondría el ojo encima...

Se puede esperar cualquier cosa de ese. Automovilismo, cabe destacar que lo que sé de este deporte, es por Meteoro y mi padre que a menudo nos ponemos a ver la Fórmula 1. Aunque me tengo que informar porque Kim es brutica para eso. En cambio "yo" sé lo que pasa por la mente de Raimundo y Omi. Así que no tengo excusa. Bueno, a Rai le gusta la velocidad. Eso no es secreto para nadie. ¡Oh por cierto! ¡Lucy! Conociendo a Ashley, ¿quiénes creen que sea Lucy? Y me reí cuando Raimundo se burló con Omi al decir que Megan es su novia, es un chiste en el transcurso del fic. Pretendía que este capítulo fuera más largo, pero llegué al límite. ¿Con quién coinciden?... ¿con Omi? ¿o con Raimundo? ¿quién es más hermosa y despampanante? ¿Ashley o Kimiko? Ashley es descrita como una súper modelo internacional. Y la película que Jermaine y Tiny se fueron a ver, yo la vi. Y la recomiendo. ¡Mi slogan para el periódico de Raimundo! ¿es genial, no les parece? A mí sí. ¿Qué les ha parecido la historia de Raimundo? ¿de lo poco que le mostré qué deducen? Esta vez planeo escribir un pasado para Raimundo diferente a lo acostumbrado, aunque es un poco triste. Debo decir. Les sugiero que le preste mucha atención porque es parte importante del fic.

No os retraso más, malvaviscos asados. Prometí que iba a disminuir los capítulos. Y eso es lo que haré. Apreciaré todos sus comentarios, dudas y sugerencias. Nos vemos en el próximo capítulo que es la versión 2.0 de El peine de la red enredadiza. ¡Adiós Latinoamérica! ¡cuídate!