Capítulo 10. Reencuentro
- Arena. – susurró ella, mientras veía cómo la nube de arena los dejaba en el suelo justo al frente de alguien, su corazón latía rápidamente y poco a poco levantó la vista hasta toparse con su mirada, esa mirada seria que la paralizaba, esos ojos color turquesa que tanto le gustaban.
Cuando la vio se sintió tranquilo, todo este tiempo se había estado torturando, recordando una y otra vez aquella tarde en los exámenes Chunin, pensando en si estaría bien, pero ahora la tenía al frente, sana y salva, se sintió feliz, tranquilo, como hacía mucho tiempo no se sentía.
Cuando le dijeron que irían a Konoha se alegró, al fin podría verla, aunque ya tenía pensado ir, sin importar que los ancianos del Consejo de Suna se opusieran, él igual iría.
Pero también se sentía ansioso deseaba llegar lo antes posible, al punto que presionó a Kankuro y Temari para recorrer el camino lo más rápido que pudieran y solo descansaron cuando realmente era necesario, Kankuro no entendía la reacción de su hermano, pero Temari sí y, al igual que él, ella también quería llegar pronto, no solo él necesitaba hablar con Kasumi. Por eso lograron llegar en poco más de dos días, cuando Gaara vio las murallas de Konoha sintió una presión en su corazón, deseaba llegar, buscarla, hablarle, pero sabía que primero debía ir a reportarse con la Hokage, cuando llegaron y ella los envió de inmediato a una misión, se sintió decepcionado pero no podía negarse, nunca se imaginó que en esa misión la encontraría.
Ahora se encontraba al frente de ella, mirándola, mirando esos ojos color miel, esa mirada cálida que llenaba cada una de sus células, tenía tantas cosas que decirle pero no sabía cómo hacerlo.
- ¿Quién eres? – preguntó Kimimaro interrumpiendo el intercambio de miradas y haciendo que Gaara volviera a la realidad.
- Un aliado de la Aldea de la Hoja, somos ninjas de la Arena. – dijo él con ese tono de voz que retumbaba y recorría cada vena de Kasumi.
Luego Gaara dio unos pasos al frente pasando a la par de ella y mirándola de reojo.
- Metralla de falanges – Kimimaro empezó a atacar, pero la arena de Gaara los protegió.
- Eres muy impulsivo – le dijo Gaara a Kimimaro, mientras Kasumi se sentaba a la par de Lee, ya que estaba sobre él.
- Has cambiado – dijo Gaara volviendo a ver a Lee – cuando peleaste conmigo tenías más agilidad y agudeza.
- Imaginé que dirías eso, – dijo Lee levantándose con dificultad, – aun así no soy del tipo de personas rencorosas, mira que por tu culpa he pasado cosas muy duras… Y a todo esto, ¿por qué estás aquí?
- Estoy en deuda con la Aldea de la Hoja. – contestó Gaara volviendo a ver a Kasumi, quien aún se encontraba en el suelo.
Lee se puso en posición de pelea mientras su cuerpo sangraba.
- ¡¿Lee?! – dijo Kasumi, provocando que Gaara lo mirara y recordara la vez que utilizó el ataúd de arena con él.
- Yo me encargo. – le dijo Gaara.
- No, por favor, solo apóyame. – le dijo Lee, mientras corría hacia Kimimaro.
- ¡Lee! – gritó Kasumi mientras intentaba ponerse de pie para detener a su amigo, pero la arena de Gaara lo detuvo primero que ella.
- ¡Podrías alejarte por favor! – le dijo Lee enfadado, pero enseguida el dolor de sus heridas y operación hizo que se quejara y arrodillara.
- ¡Lee! – volvió a gritar Kasumi mientras corría donde él y se arrodillaba a su lado. – Lee por favor, tranquilízate.
Gaara miraba la escena con atención.
- No podrás hacer nada en tu estado actual, yo lo haré. – le dijo Gaara mientras caminaba hacia Kimimaro.
- No vayas a bajar la guardia, él usa sus huesos para atacar, puede arrojártelos como ya lo viste, y tiene la capacidad de sacarlos de su cuerpo y los maneja a voluntad propia. – decía Lee mientras se ponía en pie con la ayuda de Kasumi, ya estaba resignado a que Gaara se encargaría de la pelea.
Lee y Kasumi solo se dedicaron a ver cómo la pelea empezaba.
Después de utilizar el Ataúd de Arena contra Kimimaro y ver cómo éste lograba salir ileso del ataque, Gaara utilizó la Avalancha del Desierto y el Entierro de Arena.
"Es increíble", pensó Kasumi al ver el poder del jutsu de Gaara.
- ¿Por qué no se rinde? – susurró Gaara, dándoles a entender que Kimimaro seguía vivo.
Lee y Kasumi lograron percatarse de que Kimimaro había cambiado su forma y ahora corría hacia ellos mientras Gaara intentaba detenerlo, pero Kimimaro lograba esquivar cada ataque con facilidad, logró atravesar la arena que Gaara había puesto para defenderse y lo golpeó directamente.
- ¡Gaara! – gritó Kasumi.
- Estoy muy decepcionado. – dijo Kimimaro provocando que Kasumi lo mirara molesta, se encontraba a escasos cincuenta metros de ella y Lee.
De inmediato Lee lo atacó pero Kimimaro fue más rápido que él, esquivó el ataque fácilmente y lo contraatacó, si no hubiese sido por la arena de Gaara Lee hubiera muerto.
- Ya me hartó tanta arena... muy bien Gaara tú primero. – dijo Kimimaro mientras sacaba su columna vertebral. – Aunque, primero me aseguraré, ¡de que nadie más intervenga!
Dijo la última frase gritando y arrojándose sobre Kasumi utilizando su columna como látigo, la chica solo pudo reaccionar cubriendo su rostro con sus brazos en posición de defensa.
Gaara sintió que el tiempo se detenía, sintió un vacío en su corazón que lo paralizó.
- ¡Kasumi! – gritó Lee desesperadamente mientras corría hacia ella, haciendo que Gaara reaccionara y lograra cubrir a Kasumi con su arena en el último segundo.
- ¡Entrometido! – gritó Kimimaro ahora dirigiendo su golpe a Gaara, pero este utilizó su defensa suprema Escudo de Shukaku, para luego utilizar arenas movedizas y enterrar a Kimimaro en lo más profundo.
Lee y Kasumi aseguraban que la pelea había acabado, por lo que bajaron la guardia.
- Danza… danza del helecho. – escucharon en el interior de la tierra y de inmediato un sinnúmeros de huesos empezaron a salir de la tierra como estacas filosas que atentaban con acabar con ellos.
Kasumi corrió hacia Lee, a quien el dolor le impedía realizar movimientos ágiles, lo agarró del brazo y empezó a correr y brincar con él, esquivando los huesos que estaban saliendo de la tierra, pero el peso le dificultaba los movimientos, llevaba mucho tiempo sin entrenar y no hacía muchos días había salido del coma por lo que la debilidad hizo que se tropezara, dejándolos expuestos a los huesos que se acercaban hacia ellos con rapidez.
Pero pronto una nube de arena los levantó, poniéndolos a salvo sobre la escena de huesos que se estaba formando.
- Gracias Gaara. – le dijo Lee – nos salvaste de nuevo, tus poderes son realmente sorprendentes.
- No tanto, es solo la capacidad de que la arena me obedezca, es mi segunda naturaleza… Fue un gran oponente pero esta historia se acabó, no lo volveremos a ver nunca en esta vida.
- Bien. – le contestó Lee.
De pronto Gaara se apoyó con sus manos en la nube de arena, tenía la respiración agitada.
- Gaara, ¿estás bien?. – preguntó Kasumi preocupada mientras se ponía de pie en su nube de arena.
- Ya no tengo fuerza. – dijo – Hay que descender.
- ¡Yo no soy... su títere! – escucharon la voz de su oponente, Kasumi sintió un vuelco en su corazón mientras miraba a Kimimaro apuntando con su hueso más fuerte a Gaara, debía hacer algo o lo mataría.
- Él fue el que… me otorgó una vida y me dio sentido, pero..., ¿cómo podría esperar que lo entiendan? – gritó lanzando su ataque a Gaara.
Pero inesperadamente se detuvo, el silencio rodeó el lugar por un segundo, los jóvenes apenas respiraban de la impresión que se habían llevado.
- Está… muerto. – dijo Lee rompiendo el silencio.
Una vez que salieron de la impresión, las nubes de arena los llevaron a un lado de la zona de batalla, apenas descendieron Gaara se recostó en un árbol con la respiración agitada, realmente estaba agotado.
Lee miró a Kasumi y se percató que en su dedo pulgar izquierdo corría un hilo de sangre.
- ¡¿Estás loca?! – le dijo Lee muy molesto, ella lo miró sin entender a qué se refería – ¿Realmente ibas a invocar el bastón lunar?
- ¡¿Qué esperabas que hiciera?, lo iban a matar! - se defendió la chica.
- Sabes muy bien que eso te puede… - intentó decir Lee pero de inmediato Kasumi le tapó la boca con la mano.
- Ni se te ocurra decir una palabra más. – le susurró ella, mientras volvía a ver a Gaara quien los miraba muy atento y serio, de inmediato Kasumi quitó la mirada y se recostó en un árbol molesta.
- Fue un golpe de suerte… me hubiera matado. – dijo Gaara rompiendo el silencio que se había generado.
- No. - dijo Lee – No creo que haya sido así, mi sensei siempre me ha dicho que un buen ninja construye su suerte.
- Ese entrometido de pacotilla. – le contestó Gaara.
- Gai sensei no es nada de eso. – le contestó Lee molesto – Sí, él intervino, pero solo lo hizo esa vez y solo porque yo no era lo suficientemente fuerte. Estoy muy agradecido contigo por habernos salvado, pero, te advierto que no permitiré que nadie se exprese mal de él.
- Así que tú también, ¿eh?, tienes a alguien en la vida a quien honras y reverencias tanto, que cualquier insulto a dicha persona lo tomas personal y mientras más cercano más grande es el dolor – decía Gaara recordando las palabras de Kimimaro hacia Orochimaru – Alguien te da tanta fuerza como para pelear por él, y morir por él, tú y Naruto Uzumaki tienen eso en común.
Lee quedó muy sorprendido ante el comentario del pelirrojo.
- Pues... no somos los únicos, ¿verdad Kasumi? – dijo Lee mientras la miraba, provocando que Gaara hiciera lo mismo, ella solo quitó la mirada molesta.
- Pero… - continúo Gaara - ¿Y si esta persona que admiras y por la que llegarías a morir, no fuera una persona virtuosa?
- Imposible. – contestó Lee. – Una persona así no… no merece ningún honor y respeto.
- ¿No? – Preguntó Gaara – talvez es preferible la compañía de un ser perverso… a la fría soledad.
- O talvez… - dijo Lee – Solo es necesario encontrar la luz.
- ¿Y si no la encuentras? – preguntó Gaara, necesitaba escuchar una respuesta a esa pregunta que tantas veces se había hecho.
- Tarde o temprano la encontrarás, – contestó Kasumi sin mirarlos – solo no desesperes, llegará, no es necesario buscar en los demás, la luz se puede encontrar en uno mismo, en la necesidad de iluminar lo que nos rodea.
Gaara la miró sorprendido, luego bajó el rostro con una pequeña sonrisa, sin que Lee y Kasumi se percataran de esto.
- ¿Naruto habrá alcanzado a Sasuke? – preguntó Kasumi.
- ¡Debemos ir a ayudarlo! – dijo Lee.
- No se preocupen. - escucharon una voz atrás de ellos.
- ¡Kakashi sensei! – dijeron Lee y Kasumi muy sorprendidos mientras lo miraban.
- Ustedes necesitan ir a recuperarse, han hecho un excelente trabajo, yo me encargaré del resto. – terminó de decir mientras se retiraba del lugar, corriendo hacia la dirección que habían tomado Naruto y Sasuke.
Gaara apoyó a Lee en su hombro, pero aún no había recuperado todas sus fuerzas, por lo que Kasumi lo ayudó apoyando a Lee también en ella, volvió a ver a Gaara, este la miraba sorprendido, ella solo le sonrió y se encaminaron hacia la aldea.
De camino ninguno mencionó una palabra, de vez en cuando Gaara y Kasumi se miraban de reojo pero cuando se percataban que estaban siendo observados por el otro quitaban la mirada de inmediato.
Cuando estaban cerca de la puerta de Konoha pudieron divisar una figura que los esperaba, era Gai sensei, quien apenas los vió a salvo empezó a llorar de alegría.
- ¿Están bien?
- Sí – le contestó Kasumi – pero sería bueno que a Lee lo revisen para ver si no sufrió ningún daño que afecte su recuperación.
- Tienes razón – dijo Gai, mientras Gaara le entregaba a Lee, el pelirrojo estaba agotado había gastado mucho chakra en la pelea.
- Tú también deberías ir. – le dijo Gai a Gaara mientras se retiraba lo más rápido que pudo hacia el hospital, dejando a Gaara y Kasumi solos.
Ambos vieron cómo Gai se alejaba, durante unos segundos un silencio incómodo los rodeo, Gaara tenía muchas cosas que decirle, que preguntarle, pero no encontraba las palabras ni la fuerza para hacerlo.
- ¿Te… te acompaño al hospital? – le preguntó Kasumi un poco nerviosa y rompiendo el silencio.
Gaara solo asintió con la cabeza sin mirarla y empezó a caminar siendo seguido por Kasumi, de nuevo el silencio los rodeó.
Conforme avanzaban el corazón de Gaara latía cada vez más rápido, no entendía lo que le sucedía, sus manos le sudaban, ya no soportaba más la presión, por lo que se detuvo con la mirada perdida en el suelo.
- ¿Estás bien? – le preguntó Kasumi.
Gaara levantó la vista y la miró fijamente, intimidando a Kasumi.
- ¿Por qué no puedes invocar el bastón lunar? – le preguntó directamente.
- ¿Qué?... – dijo Kasumi nerviosa – No… no sé a qué te refieres.
- No me subestimes Kasumi – dijo fríamente – es obvio que no lo puedes invocar, de lo contrario lo hubieras hecho cuando Kimimaro atacó a Lee y no te hubieras interpuesto, el bastón tenía posibilidades de ganarle a un oponente así, además, Lee no te hubiera reclamado cuando intentaste invocarlo para...
Kasumi lo miró fijamente, se le hizo un nudo en la garganta, no sabía cómo explicarle lo que había ocurrido.
- Fue por aquella vez, ¿verdad?
Kasumi solo asintió con la cabeza, mientras su mirada se llenaba de tristeza al recordar que talvez ya no volvería a ser una kunoichi.
- ¿Qué fue lo que sucedió?
Kasumi respiró profundo, tenía que decírselo, era mejor que se enterara por ella que por alguien más.
- En el último ataque que hice… llevé mi chakra a cero.
- ¡¿Qué?! – dijo Gaara muy sorprendido, sabía que la había visto muy grave, pero nunca se imaginó algo así.
- Entré en coma durante varias semanas.
- ¡¿Coma?! - el corazón de Gaara empezó a latir rápidamente, sentía que le faltaba el aire.
- Al sobrepasar mi límite hice que varios de mis puntos de chakra colapsaran, por eso entré en coma, gracias a Lady Tsunade, la quinta Hokage, desperté, logró reestablecer mis puntos de chakra, pero... – Kasumi le contaba a Gaara sin poder levantar la vista, sin poder mirarlo a los ojos.
- ¿Pero qué?
- Solo logró que pueda hacer fluir chakra vital, no pudo reestablecer los puntos al 100%, si intento hacer algún jutsu, los puntos no resistirían y… - decía mientras apretaba fuertemente sus puños. – y moriré.
Gaara sintió que el mundo se le venía encima, por su culpa sus padres habían muerto, por su culpa ahora tenía que abandonar su sueño de ser kunoichi, retrocedió algunos pasos.
- ¿Por qué? – Decía impactado - ¿por qué lo hiciste?, ¿por qué te sacrificaste por mí?, ¿por qué intentaste volver a invocar el bastón sabiendo que te mataría?
Gaara sentía que el mundo se detenía, tenía la mente en blanco, no podía pensar con claridad, no entendía nada de lo que Kasumi había hecho.
- ¡¿Por qué?! – dijo el pelirrojo levantando la voz.
- Porque… - dijo Kasumi, respirando profundo, agarrando fuerzas, levantando la vista y mirándolo fijamente – porque eres importante para mí, eres mi amigo, aunque tú ya no me consideres tu amiga, prometí no abandonarte y fallé una vez en mi promesa, no lo volveré a hacer. No me arrepiento de nada de lo que hice y si pudiera devolver el tiempo lo volvería a hacer sin dudarlo...
"Por tí daría mi vida", pensó la chica sin tener el valor de decírselo.
La respiración de Gaara se agitó considerablemente, la vista se le nublaba, se llevó su mano hacia el pecho, hacia el lado de su corazón, y presionó su ropa con fuerza.
- ¿Gaara? – dijo Kasumi mientras se acercaba a él.
- Solo te he traído dolor, no merezco..., no soy virtuoso, soy un monstruo. – susurró él. - Aléjate de mí – le dijo mientras cerraba fuertemente los ojos y retrocedía.
- No eres un monstruo, - dijo ella con firmeza - eres mi amigo y no me alejaré de ti, ¡nunca!
Él la miró sorprendido.
- Además, - le dijo con una sonrisa, - hay una esperanza, hay una flor, que me puede ayudar, que puede reestablecer mis puntos de chakra en su totalidad, ya se organizó una misión para traerla, también puede ayudar a Lee. No tienes de que preocuparte.
Gaara la miró fijamente, guardó silencio por unos segundos, había logrado tranquilizarse un poco, pero, sin decir nada, le dio la espalda.
- Por favor, – le dijo el pelirrojo. – Perdóname… Kasumi.
De inmediato brincó por los tejados y se alejó de ella.
- ¡Gaara! – gritó la chica, pero cuando intentó seguirlo se percató de que un grupo de ninjas médicos corrían hacia el hospital y llevaban a Neji, se veía muy grave, por un instante dudó en lo que debía hacer, pero se decidió en seguir a los médicos hacia el hospital.
Apenas llegó se dirigió hacia la recepcionista del hospital y le solicitó información sobre Neji.
- Lo siento, - le dijo ella, - Neji Hyuga está en estado crítico, no sabemos si logrará sobrevivir.
Kasumi sintió que perdía las fuerzas y sin percatarse iba cayendo al suelo, pero fue detenida por alguien.
- ¿Kasumi?
- Tío Gai. – dijo ella con debilidad, mientras la enfermera se acercaba para ver cómo estaba.
- No te preocupes Kasumi, él se pondrá bien, es fuerte, lo sabes. - la animaba Gai, aunque no podía esconder su preocupación.
La enfermera le dio un té y le pidió que reposara un poco en la sala de espera, cuando se sintió bien decidió ir a ver cómo se encontraba Choji y así despejar un poco su mente, la enfermera le indicó en cuál sala se encontraba, Gai decidió dejarla ir sola.
Cuando Kasumi se acercó a la sala donde se encontraba Choji se percató de que Shikamaru y Temari estaban ahí, y pudo escuchar lo que conversaban, pronto Shikamaru se levantó y decidió irse del salón pasando a la par de Kasumi, quien no supo reaccionar ante lo que había escuchado, solo se le quedó mirando paralizada.
- La opción es simple, o eres un líder o eres un cobarde. – le decía Shikaku a su hijo, provocando que Kasumi cerrara los ojos, podía imaginar lo que estaba sintiendo Shikamaru.
– Y... ¿quién eres tú? - terminaba de decir Shikaku
La discusión se vio interrumpida por Tsunade quien salía de la sala de Choji informando que todo había salido bien, pronto llegó Shizune, indicando que Neji ya se encontraba estable.
Esa noticia hizo que Kasumi soltara un suspiro y sonriera, se sentía muy aliviada.
- Shikamaru, tu misión fue un fracaso – le decía Lady Tsunade – Por suerte todos están vivos eso es lo más importante.
- La próxima misión… saldrá perfecta. – le contestaba Shikamaru entre algunos sollozos, luego se retiró, para tranquilizarse y visitar a Naruto.
De inmediato Shikaku, Tsunade y Shizune se fueron del lugar.
Kasumi volvió a ver a Temari, quien la miraba fijamente, sin decir nada decidió retirarse.
- Espera. – le dijo Temari.
Kasumi la miró algo molesta, no tenía ganas de hablarle, su último encuentro no había sido nada amistoso, y aún tenía en su mente la imagen de Gaara alejándose de ella.
- Kasumi, yo… solo quería agradecerte. – le dijo Temari algo incómoda, ella acostumbraba mostrarse como una chica ruda, fuerte, y el tener que decirle eso a Kasumi la exponía.
- ¿A qué te refieres? – le preguntaba Kasumi con desconfianza.
- A lo que has hecho por mi hermano menor, por Gaara.
Kasumi la miró con confusión.
- Tenías razón, - le dijo Temari, - cuando decías que le temíamos, tenías razón yo... fallé como hermana, yo debí apoyarlo, acompañarlo, sin embargo, todo este tiempo le di la espalda, sin percatarme del dolor que estaba soportando solo.
- No fuiste la única, no tienes por qué sentirte culpable. – le contestó Kasumi seriamente.
- Sí, pero yo era su hermana mayor, era mi deber protegerlo, en cambio… pero, tú… tú llegaste a su vida, hiciste lo que yo no tuve el valor de hacer, tú y tus padres fueron la única familia real que tuvo Gaara y se la arrebataron... lamento mucho lo que sucedió con tus padres.
Kasumi se sorprendió ante las palabras de Temari.
- ¿Cómo sabes lo que le ocurrió a mis padres?
- Gaara me lo contó, gracias a ti y después de todo lo que sucedió aquí en Konoha, tuve el valor de acercarme a él, gracias a ti él ha cambiado, ¿sabes?, hace un gran esfuerzo por crear lazos con nosotros y con los demás.
Kasumi le dio la espalda sin decirle nada y empezó a caminar para retirarse del lugar.
- ¡Espera! – le gritó Temari molesta, al percatarse que aún estaban en el hospital bajó la voz – Estoy haciendo un gran esfuerzo para agradecerte y simplemente te vas.
- Es que no tienes nada que agradecerme. – le contestó Kasumi mientras la miraba y le sonreía – Solo te pido que por favor cuides a Gaara, no tienes por qué sentirte culpable de nada, sé que Gaara no se preocupa por esas cosas, no tienes por qué pensar en el pasado, piensa en el presente y actúa para que el futuro sea mejor, aprovecha el tiempo que ahora vas a tener con Gaara.
Las palabras de Kasumi calaron en lo más profundo de Temari.
- Bueno... no te daré las gracias por mí, te las daré por él, nunca había visto a mi hermano sonreír, pero… cuando te recuerda… Gracias. – le dijo la rubia y luego se retiró del lugar, dejando a Kasumi sola.
"¿Sonríe cuando me recuerda?", pensó Kasumi mientras veía que la rubia se alejaba y una sonrisa se dibujó en su rostro.
