Disclaimer: Ranma ½ es propiedad de Rumiko Takahashi
Demonika
Media Verónica (Andrés Calamaro)
Capítulo 9: Secretos de familia.
Cuando volví a mi habitación para despertar a Ukyo y así desayunar, noté que estaba llorando, pues la escuchaba sollozar bajito. Primero pensé que tenía una pesadilla, ya que estaba de espaldas a mí y no podía ver si estaba dormida o no. Me acerqué con cautela y me senté al borde de la cama, causando que ella se diera la vuelta para mirarme con brusquedad. Se sentó y empezó a apartarse las lágrimas a manotazos.
—¿Qué pasa? —pregunté tomándola en brazos.
—No lo sé —contestó en asustadizo murmullo, antes de ponerse a llorar en mi hombro—, me desperté y me puse a llorar, me duele el estómago también…
—Debes estar estresada —comenté, recordando cuando más de una vez había yo mismo había tenido calambres estomacales por culpa de los estúpidos nervios—. ¿Quieres comer o tomar algo?
—Tengo el estómago cerrado —contestó, separándose de mí— y la boca seca…
—Te voy a traer algo de agua —contesté—. Recuéstate, no quiero desmayos —bromeé y ella sonrió débilmente.
Tras traerle un vaso de agua e insistir en que comiese aunque fuese unos mordisquitos de unas magdalenas de vainilla, me senté junto a ella en la cama.
—Supongo que quieres respuestas —murmuró.
—Podemos tomarnos tooodooo el día —murmuré de vuelta, alargando la "o", luego le volví a sonreír.
Ella sonrío levemente de vuelta, sin que la alegría llegase a sus ojos y se acurrucó contra mí. En vista de que no hablaríamos por un buen rato, tomé mi teléfono de la mesita de noche y lo encendí.
—Dime, Ryoga, ¿crees en fantasmas? —preguntó ella.
—Umm… algo —admití, sin mucho compromiso, mientras chequeaba mis e-mails, no había muchas cosas importantes, sólo un par comunicados de la universidad y algo de correo basura.
—Esa es una respuesta muy vaga —me regañó ella—. Pero dime… ¿qué hay de demonios? ¿Crees en ellos?
Me tensé ante esa pregunta. En mi casa tuve una formación católica bastante completa, después de todo. Por instinto, me llevé la mano al pecho, dónde, bajo mi camisa de pijama, tenía colgada una cruz de plata que me había mandado mi tía desde Italia, mi madre me la había dado la última vez que fui a visitarla. Según la carta que Tía Paulette envió con el regalo, era porque me mudaba a estudiar a la universidad, pero como cuando ella se enteró yo ya me había mudado, mandó el paquete a casa de mi madre, porque no conocía mi nueva dirección.
—En eso sí, definitivamente —aprobé.
—Mi padre era cazador de demonios…. —contó, esquivando mi mirada.
—Ukyo, no juegues con eso —la regañé con fastidio.
Ella sólo me miró enojada e hizo amago de levantarse, pero la detuve de la cintura. Volteó su rostro en mi dirección, permitiéndome ver perfectamente el dolor y la furia nublar sus bellos ojos azules. Lo que me estaba diciendo era una locura… pero, ¿parecía tener sentido? Uh, si me lo ponía a pensar… bueno, me hacía dar vueltas la cabeza.
—¿Cazador de demonios, dices? —pregunté.
—Sí, negocio familiar…
—Pensé que el okonomiyaki era el negocio familiar —bromeé, haciéndola sonreír.
—También —la sonrisa se esfumó de su rostro—. Crees que estoy loca, ¿no?
—No —le aseguré enseguida, levantando la mano para acariciarle la mejilla, ella se inclinó ante mi toque—. Supongo que es más un alivio —sopesé en voz alta—, yo, como sabes, creo que en demonios por mi religión, la idea de que haya alguien que se encargue de cazar a esos seres… —miré a un lado, aún pensativo, sin terminar la oración—, pero sígueme contando, ¿eres cazadora también? —pregunté, sin poder evitar que un tono socarrón se colase en mi voz, usualmente era muy tímido, pero con Ukyo me desinhibía de manera increíble.
—¿Por qué me miras como si me fueras a comer? —preguntó en un tono socarrón más obvio que el mío—, y, contestando tu pregunta, no. Ni yo, ni Shinnosuke somos cazadores… es una historia larga la que tiene mi familia y es bastante trágica, pero te la contaré, si quieres, ¿estás listo? —asentí con la cabeza, sin decir una palabra—. Muy bien, como te decía, mi padre era cazador de demonios, no sé cómo se metieron él y mi abuelo en el negocio, pero sé que así conoció a mi madre… ella era un ángel caído.
—¿Ángel caído? —repetí, dándole vueltas a lo que se refería.
—Es más común de lo que crees, la caída de un ángel sucede cuando este se rebela o rompe las reglas, en el caso de mi madre, ella se rebeló —ante mi mirada curiosa, ella se explayó más—. Quería hacer las cosas diferentes a cómo lo dictan allá arriba, ya sabes, hacer una diferencia, ¿sí me entiendes? —preguntó, pero no esperó mi respuesta, su vista estaba perdida en el pasado, en el antes—. Ellos se casaron —sonrió—, eran cazadores juntos, Papi siempre decía que al abuelo no le agradaba Mami, pero que no pudo evitar adorarla… ella era así.
—Si era como tú, no tengo la menor duda, bebé… —contesté, mientras nos acomodábamos en la cama, yo contra el respaldo y ella contra mi pecho.
—Así hallaron a Shinnosuke, en una cacería, él es hijo de un demonio y una humana, pero lo adoptaron tras acabar con su padre —frunció el ceño—. Mami lo conocía, habían servido juntos, pero se volvió malo —me miró—. Los ángeles caídos no son muy diferentes de los humanos, los hay buenos y los hay malos. Si son buenos, pueden volver al cielo cuando mueran y resumir sus tareas, pero si son malos se convierten en demonios y quedan atrapados en la Tierra.
—Demonios… —solté.
—Sí, demonios.
—No preguntaba, estaba maldiciendo —la corregí, arqueando una ceja, antes de echarnos a reír—. ¿Qué pasó luego?
—Decidieron quedarse con Shinnosuke para que tuviera una familia, sólo era un bebé de cuatro años, así que se retiraron del negocio y dos años después me tuvieron a mí —se volvió a poner triste—. Mami murió protegiéndonos de un demonio que quería vengarse, cuando yo tenía doce. Luego, dos años después, cuando tenía catorce, murió Papi, Shinnosuke ya tenía veinte así que tomó mi tutela y me cuidó. Es el mejor hermano que pude tener, lo quiero tanto…
—Ukyo, amor, lo siento tanto-… alto —me auto-interrumpí—. Tu mamá murió hace seis años y tu papá hace cuatro, ¿no fuiste a verlos este mismo fin de semana?
—Fui a visitar sus tumbas —contestó entre sollozos—. ¡Ryoga, los extraño tanto! ¡Nunca podrás conocerlos! ¡Te hubieran adorado! Especialmente mi mamá…
No pude sino abrazarla contra mi pecho, murmurando palabras de consuelo entre su cabello.
Golpearon la puerta.
Gruñí, prometiéndole a mi amada que sólo sería un momento. Al separarme de ella, tuve una sensación extraña, como un mal presentimiento. Decidí no darle importancia y fui a la puerta, encontrándome con Shinnosuke, que estaba con el rostro bañado en preocupación. Me explicó rápidamente que ayer había ido a por Ukyo, sin recordar muy bien por qué, y no la halló, en el restaurante tampoco apareció así que esperaba que estuviese conmigo. Lo tranquilicé y le dije que ella estaba bien, incluso pensando que tal vez se sentiría mejor con su hermano cerca suyo. Así que le hice pasar y le guíe hasta mi habitación. Claro que, antes de llegar, nos encontramos a Ukyo volviendo al cuarto toda temblorosa y agarrándose de la pared.
—Uhh, Ryoga, cre-creo que me ha caído mal el desayuno… —parpadeó perpleja—. ¿Shinnosuke? ¿Qué haces aquí?
Volteé a ver a Shinnosuke, sólo para ser recibido con un puñetazo que me tiró hacia atrás, haciéndome golpear la espalda con la pared y caer sentado al suelo, agarrándome la cara. El idiota me había roto la nariz.
—¿¡Qué le hiciste!? —me gritó Shinnosuke, levantándome de la camisa con brusquedad.
Años de entrenamiento en artes marciales y peleas con mi mejor amigo hicieron que mi primer reflejo, en lugar de pedirle a Shinnosuke que me soltara, fuera estrellar mi frente contra la suya para obligarlo a retroceder. No esperaba que tuviera la cabeza más dura que Ranma.
—Hijo de tu… —lo escuché murmurar, mientras se agarraba la frente, me miró furioso, para luego quedarse clavado en su lugar con los ojos fijos en mi pecho. Arqueé una ceja y eché una miradita, sólo para ver que lo que él miraba era mi cruz de plata. No me sorprendió demasiado.
—¡Ryoga! ¡¿Estás bien?! —me preguntó mi Ukyo, aún sosteniéndose de la pared y con la preocupación pintada en la cara, miró mal a Shinnosuke—. ¡¿Cuál es tu jodido problema?!
—Ukyo… —me tocó a mí ser el sorprendido cuando, al querer acercármele noté que tenía moretones en los muslos bastante parecidos a los que había visto en sus brazos la noche anterior—. Ukyo, ¿cuándo te pasó eso?
Ella me miró sin entender, para luego mirar sus muslos y jadear. Me lanzó una mirada de susto y luego se dirigió a su hermano.
—¡No, no, no! ¡Él no fue!
—No lo defiendas, si él no fue, ¿entonces quién sí?
Eso me enfureció pero una persona cruzó por mi mente y me tranquilicé un poco. Nyoko. ¿Cómo me sentiría yo si fuese a la casa del novio de Nyoko y me la encontrara toda moreteada y quejándose de que se siente mal? Bueno, yo también pensaría cualquier cosa. Shinnosuke no me conocía bien así que no podía culparlo, aunque mi nariz había comenzado a palpitar, dejando que un adormecimiento se apoderase de la zona lastimada. Traté de respirar profundo para calmarme y pensar claro pero sólo conseguí que un inmundo sabor a sangre me llenase la boca. Tosí cuando me dieron arcadas.
—Llévate a Ukyo a la cama —le ordené a Shinnosuke—. Yo voy un momento al baño.
Me marché sin esperar respuesta y, una vez frente al lavabo, me enjuagué la boca varias veces para quitarme el mal sabor. Luego me limpié cuidadosamente la sangre de la nariz con una gasa, la zona ya se había adormecido por completo, tal vez debería ir a ver a un doctor. Para cuando volví a la habitación, Ukyo estaba acostada y su hermano estaba sentado al borde de la cama.
—Shinnosuke va a disculparse contigo —me informó mi novia en cuanto entré, frunció los labios—. Te va a llevar al médico para que te vean, venga, vayan.
Aunque tratamos bastante de alegar que no era necesario, a los diez minutos estábamos en el auto de Shinnosuke camino al hospital. Ukyo se quedó en cama, descansando. La verdad no sentía ningún deseo de estar en compañía de mi cuñado por más que entendía sus motivos. No se escuchaba más que las ocasionales indicaciones del GPS.
—Yo… —quiso decir y, la verdad, sonaba apenado, pero no le dejé terminar.
—Nunca la lastimaría —le dije fastidiado—. Preferiría comer veneno —dictaminé.
—Lo siento —me dijo con sinceridad.
Respondí encogiéndome de hombros.
—Tengo una hermana también, puedo entenderlo.
—Oh… um, ¿qué tanto te dijo Ukyo sobre…?
—Lo suficiente —le interrumpí—. Sé que tus padres adoptivos eran cazadores y que eres medio demonio por parte de tu papá —sonrió de lado ante mis palabras.
—Les debo mucho a ellos. Yo odiaba a mi padre biológico, ¿sabes? La única razón por la que me tuvo fue porque quería un heredero que lo vengara en caso de que algún cazador lo asesinase. Irónicamente eso sucedió, si me hubiera cuidado mejor tal vez las cosas serían diferentes.
En cuanto me curaron, le pedí a Shinnosuke que me dejara en la tienda cerca de casa, dónde compré algo de cenar. Él se volvió a su departamento, encomendándome que cuidase bien de su hermanita. Caminé, recibiendo algunas miradas extrañadas de la gente que pasaba. Supuse que se debía al vendaje que cruzaba mi tabique y que la zona debía de estar hinchada. Llegué a casa, sólo para encontrarme a Ukyo sentada en el sillón, envuelta en una manta y mirando la televisión.
—Hola, hermosa —saludé, antes de darle un beso en los labios—. Pasé por la farmacia y te compré algo de medicina.
—Genial, ¿y Shinnosuke?
—Dijo que mañana trabaja temprano y se fue a casa después de dejarme cerca —conté sentándome a su lado—. Tienes mejor color —comenté, quitándome la chaqueta.
—Y tú estás helado —se quejó, al abrazarme—. ¿Subo la temperatura del termostato?
—Por favor. Oye, pasé por la tienda también, traje algo ligero de comer para que no te siente mal.
—Es lindo que cuides así de mí —sonrió ella al volver a sentarse junto a mí.
—¿Sabes? Es fácil imaginar que simplemente vives aquí.
—No creo que a Ranma le agrade eso —se río.
Mi teléfono empezó a sonar.
—Hablando del rey de Roma —mascullé antes de contestar—. ¿Ranma? ¿Qué hay?
Ukyo se levantó del sillón, recogiendo la bolsa que yo había dejado en la mesita y fue a la cocina mientras yo charlaba animadamente con Ranma. Él decía que ya estaba harto de estar en su casa porque sus padres y la familia de Akane estaban presionándolos para "formalizaran" aún más su relación, sea lo que sea que eso signifique.
Tras desearle buena suerte y cortar la comunicación, me pregunté cuál sería el verdadero significado de eso, ¿qué rayos querían? ¿Qué Ranma y Akane se casaran? ¿Qué vivieran juntos? No es que me preocupara mucho lo que hiciera mi amigo, es sólo que él pagaba la mitad de la renta, el dinero tampoco era problema, pero sería un gran dolor de cabeza para mi madre hacer el papeleo. Debo admitir, que tampoco era tan independiente como parecía, porque, aunque realizaba parte del trabajo administrativo de la empresa que mi madre me enviaba por mail, no era tanto la paga.
Mi madre insistió en un aumento, pero yo quería arreglármelas sólo. Por eso ambos fingíamos que yo no sabía que ella mandaba dinero extra para pagar por la comida y los materiales de estudio. Me sentía mal al recordarlo.
—Sé que no hace mucho que somos novios y por eso sería apresurado vivir juntos —me contestó ella cuando le conté la situación al cenar, omitiendo la parte del dinero extra, claro está—, pero a la mayoría lo que le cuesta es dejar la seguridad de la casa de sus padres y tomar responsabilidades, creo que ya hemos hecho esa parte, ¿no? El problema es que si Ranma y Akane se mudan juntos me daría pena dejar a Shampoo solita.
—Nunca te pregunté por qué no vives con tu hermano.
—Deseo de independencia, supongo —explicó, encogiéndose de hombros—. No solo mía, Shinnosuke dependía mucho de mí, lo cual no es sano.
—Por favor, no me digas que tiene "complejo de hermana".
—¡Eww, no! ¡Malpensado! —me regañó lanzándome una cuchara, sí, una cuchara—. De hecho… —sopesó—, él creía que Akane era linda, pero se está viendo con una compañera de trabajo, ¿cómo se llama? ¡Ah, sí! Kogane Masushi. Si él pregunta, yo no sé eso, ¿va? Sólo la conozco porque me la encontré un día que fui a buscarlo para almorzar y ella me preguntó si yo era su novia. Es muy linda y fue educada conmigo. Pareció demasiado aliviada cuando le dije que era la hermana de Shinnosuke. Como sea, parece buena chica.
Terminamos de comer y lavamos la loza. Luego, antes de acostarnos, sugerí ver una película, pero cuando estábamos a la mitad de la misma, Ukyo volteó a verme
—¿Ryoga?
—Dime, amor.
—A-aún hay algo que tienes que saber… de lo que estaba contando, sobre mi familia y los cazadores… Esto, um, tiene que ver con el Asesino de los Signos.
—¿Qué es?
Las luces se apagaron de golpe antes de que Ukyo pudiese terminar la frase, haciéndome maldecir.
—Mierda, ¿y ahora qué diablos pasa?
—Voy por unas velas.
—Ten cuidado, están en el cajón de los cubiertos y los fósforos junto a la estufa. Tomaré la linterna y saldré al pasillo para ver si es corte general.
El piso en el que vivía tenía seis departamentos, pero sólo la mitad estaba ocupados desde que la señora Maki, una amable ancianita que cada fin de semana tenía a sus nietos de visita, se mudó al piso inferior. Mis otros vecinos consistía en un chico antisocial que jamás habría la puerta y una abogada de unos treinta años bastante amable y bonita: la señorita Miyazaki. Y hablando de ella…
—¡Hola, Ryoga-kun! ¿Tampoco tienes luz, querido?
Su aspecto coqueto y su familiaridad para conmigo me recordaba mucho a mi propia madre.
—No, señora. Estaba viendo si era un corte general.
—Oh, lo es cariño, desde la ventana de mi apartamento se ve la calle de enfrente, está toda la cuadra sin luz, ¿qué raro, verdad? Debe ser por las recientes tormentas, porque no creo que haya algún corte programado hoy desde la central de luz.
—Sí —concordé—, no había. ¿Tiene velas? Si no, puedo prestarle unas.
—Oh, qué chico tan dulce, pero no, gracias, con mi linternita me las apaño bien, además ya me iba —explicó, gesticulando hasta su bolso.
—Por favor, déjeme acompañarla aunque sea hasta las escaleras, es un poco peligroso que salga sola.
Dicho y hecho, la acompañé hasta la salida, donde un auto blanco casi no discernible entre la oscuridad esperaba a mi vecina. Ella saludó al conductor, que le hizo luces con los faros delanteros.
—Parece que mis amigas de la universidad ya están aquí, gracias por acompañarme, Ryoga-kun, ¡nos vemos!
Fue la última vez, que vi a mi vecina.
A día de hoy, la licenciada en leyes Saya Miyazaki figura como desaparecida. Nunca supe qué le pasó, tampoco supe si fue o no el Asesino de los Signos. Ella era castaña, concordaba con el tipo. En fin, es un misterio sin resolver.
No pienso tanto en ello, ya que hay otro evento que mi cerebro cataloga de mayor importancia al recordar esa noche. Volví a subir al apartamento y cuando ya estaba por el pasillo, escuché un grito femenino proveniente de mi departamento.
—¡Ukyo! —chillé.
Entré como alma que lleva el diablo, llamando su nombre. Me la encontré en la habitación, hecha una bolita debajo de las sábanas, toda temblorosa y asustada.
—¿Ukyo? ¡Ukyo! ¡Dios, contéstame! ¿¡Qué te pasa!? —exclamé cuando al apartar las sábanas ella no hacía más que gritar horrorizada—. ¡Ukyo, ¿no ves que soy yo?! ¡Soy Ryoga! —traté de aplacarla, haciendo que la linterna iluminase mi rostro.
Esa última aclaración pareció hacerla entrar en razón, dejó de gritar y en su lugar se aferró a mí como si la vida se le fuese en ello.
—E-El Asesino de los Signos es un demonio… —narró en un horrorizado susurro—, eso era lo que quería decirte. No es cualquier demonio, es el que mató a mi Papá, nos ha perseguido a mí y a Shinnosuke desde entonces. Traté de cazarlo hace una o dos noches, se había metido en un club a buscar vaya uno a saber qué, logré sacarlo al callejón de la parte de atrás pero mi hermano se apareció antes de que pudiera hacer nada y el desgraciado me atacó, por eso estoy toda lastimada.
—¿Ukyo…? —solté sin saber qué más decir.
—Hay… algo más. El demonio usa los rostros de los difuntos para presentarse ante los humanos, acabo de verlo y ya sé el rostro de quién usa —ante esa revelación, apenas sí pude soltar el aire que no sabía que contenía, cuando lo hice, salió como un pesado jadeo.
—¿…Quién? —fue todo lo que pude decir.
Ella ahogó un sollozo.
—Lleva el rostro de mi madre…
Respuesta a reviews:
Saritanimelove: He aquí la respuesta, ¿qué te pareció? ¡Gracias por leer y comentar, cariño!
Revontuli Amin: Me agrada volver :). ¿Qué te pareció la confesión de Ukyo? ¡Gracias por leer y comentar, encanto!
Lily Tendo89: Espero no haber tardado tanto esta vez y que te haya gustado el capítulo, ¡gracias por leer y comentar, hermosa!
Dee-Dee Zednem
25/09/18
05:16 p.m.
