No sé que debo contestar a cada uno de los comentarios que recibo.

Son abrumadores. Mil gracias, es increíble para mí recibirlos.

Este capítulo es algo más largo, en compensación a la larga semana de trabajo que me espera y que no me permitirá dedicar tiempo a esta historia.

Espero que lo disfrutéis, sobre todo, o en especial, una parte que me ha costado lo mío poder escribir intentando trasmitir todo lo que tenía en mente. Espero haberlo conseguido.

De nuevo, mil gracias por leer, las historias son de los lectores.

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CAPITULO 10.

Kate llevo su mano derecha hasta la cara de Castle, dejándola a escasos milímetros de su piel, sin atreverse a rozarle. Él la observaba en silencio, esperando su reacción.

Le había costado poder decirle aquella frase y los escasos segundos que habían pasado parecían eternos sin una respuesta por parte de ella.

Kate parecía debatir internamente que debía hacer. En su rostro podía percibir el cercano calor en los dedos de la detective aunque estos no le estuviesen tocando. Él, que ya se había lanzado al vacío, sin paracaídas y sin red, decidió que no tenía nada más que perder y movió su cabeza sobre la almohada, buscando su contacto y provocando que los escasos milímetros que le separaban de la mano de Kate desapareciesen y ella al fin le tocase. Sus miradas seguían conectadas mientras ella, paseaba con delicadeza las yemas de sus dedos por las facciones de él, acariciándole con lentitud, como si estuviese memorizando cara poro de su piel.

- Castle…

- No quiero, no puedo Kate… No puedo seguir así, fingiendo un control que no tengo, escondiendo un secreto que me mata y mintiéndome a mi mismo cada vez que te veo con otro, intentándome convencer de que no pasa nada, que si tú eres feliz así, yo soy feliz al verte… Pero no puedo Kate, ya no puedo seguir intentando ser tu amigo, cuando en realidad lo que quiero es ser todo en tu vida.

Castle dejó de hablar por unos segundos, estudiando la reacción de Kate, que seguía acariciándole despacio, sin dejar de mirarle.

- No quiero que creas que estoy intentando seducirte Kate – atinó a decir con seriedad.

- No lo creo – contestó ella con voz muy suave.

- Sé que puede sonarte tópico, pero desde el instante que apareciste por primera vez en mi vida, en aquella fiesta absurda, los cimientos de mi existencia se movieron y algo me dijo que ya nada iba a volver a ser igual.

Ella se armó de valor, y acercó tímidamente su cara a la de él, juntando sus labios en un suave roce.

- No puedo permitirme – continuó él en su boca- que pasen otros tres años y que vuelvan a dispararte para volver a decirte…

Castle enmudeció sabiendo que ésta vez la confesión de su secreto le haría tan vulnerable que podría quedar herido para siempre, pero ya no había vuelta atrás, tomó fuerzas para repetir lo que sentía por ella.

- Para volver a decirte que te quiero Kate…

Kate no dijo nada, se limitó a volver a cerrar el espacio entre sus bocas y besarle. Pero esta vez no fue un beso ni corto ni tímido. Apoyó con firmeza la mano en su mandíbula, atrayéndola con delicadeza, mientras sus labios atrapaban suavemente los de él, que reaccionó al instante haciendo lo mismo, mordiéndose sin dientes en una pequeña batalla en la que no cabía vencedor ni vencido. Cerraron los ojos ensimismándose en el momento, sintiendo sus narices chocar levemente. El brazo de Castle rodeó su cintura, mientras su mano se abría completa sobre la espalda de ella, aproximándola más a él. Una oleada de calor invadió a ambos mientras sus bocas se mimaban recíprocamente, labio a labio, en caricias aterciopeladas. El sonido de sus propios corazones, latiendo desbocados, les impedía escuchar los suaves crujidos que provocaban sus danzarinas bocas. Y cuando sus curiosas lenguas decidieron por fin buscarse, probándose mutuamente, una explosión de sabores y fragancias anheladas les invadió, desencadenando una turbulencia de movimientos incontrolados y un anhelo por respirar el aliento ajeno, como si el simple hecho de besarse no fuese bastante y necesitasen compartir el aire que respiraban para demostrar que ese beso no era mas que el primer paso para ser uno del otro.

El aire circulaba tórrido de un cuerpo a otro, invadiendo sus pulmones, abandonándolos, para después invadir los pulmones del otro, dejándose arañar por cada uno y perdiendo poco a poco cada molécula oxígeno. El aturdimiento de sus mentes, provocado en parte por la escasez de oxígeno y en parte por el estallido de magia por los sentimientos encontrados, les hizo separarse levemente, boqueando con dificultad muy cerca uno del otro, mientras sus narices se rozaban, buscando la suavidad de la presencia del contrario, manteniendo los ojos cerrados para percibir todas aquellas sensaciones que recién descubiertas no querían dejar de experimentar.

- Kate – murmuró - no puedes recordarlo, pero cuando te dispararon necesité confesarte que te quería.

Ella se separó levemente, abriendo los ojos y buscando su mirada. Esa mirada cómplice que la acompañaba desde hacia varios años, tranquilizándola, dándole ánimos, cuidando de ella, infundiéndole coraje, consolándola y divirtiéndola, y ahora sabia que además, amándola.

No podía seguir engañándole, él había confesado y ahora, tendría que ser ella quien confesase sus miedos.

- Castle tengo miedo – reveló.

- Kate yo… - comenzó él asustado.

- Shhh – cortó – es mi turno.

La mano de la detective seguía en la mandíbula de Castle, su dedo pulgar acarició sus labios intentando que con ese gesto el escritor callase.

- Mi mundo cambió hace doce años – comenzó – y quizás tienes razón cuando dices que me escondo de mis propios sentimientos – dijo rememorando las palabras que él dijo antes de que Montgomery muriese- y entablo relaciones sin futuro para auto convencerme que todo va bien, y que estoy con alguien. Aunque en realidad, no he amado a nadie porque no me lo he permitido.

Kate hizo un silencio y él acarició su espalda por encima del pijama, intentando trasmitir con ese gesto su apoyo.

- No puedo volver a pasar por eso Castle, no te haces la idea del dolor que significa perder a alguien… Y llegaste tú, tambaleando mis defensas, abriendo un hueco día a día hasta quedarte ahí, instalándote cómodamente… Pero yo no quería admitirlo… Hasta que… Te oí Castle, sé que no podrás perdonármelo, pero te oí. Aquella mañana en el cementerio te oí confesar que me querías… Y mi mundo se vino abajo porque yo también te quería a ti.

Castle abrió la boca y ella presionó su pulgar contra sus labios para evitar que hablase. Tomó aire y continuó.

- Lo siento, lo siento mucho pero no estaba preparada, no podía permitirme el lujo de creerte, aunque lo desease. No podía estar segura si lo habías dicho porque me moría o porque lo sentías…

- ¿Y ahora que piensas? – dijo él zafándose de su pulgar.

- Que fui una imbécil- aseguró - y que esa imbécil está embarazada de alguien a quien no amó, y que ahora puedes pensar que si te digo esto es porque busco un padre para mi bebé que solucione mis problemas.

Castle abandonó la espalda de Kate, subiendo su mano hasta la nuca de ella, enredando los dedos entre su pelo y empujándola suavemente hacia él, pegando de nuevo sus caras.

- ¿Sabes? A mi no me importa quién es el padre de este niño – susurró mientras posaba su otra mano en la tripa de ella – a mi únicamente me importa quién es su madre.

Él no dejó que ella pudiese hablar, pegó sus labios a los suyos, volviendo a besarse como lo habían hecho instantes antes, dejándose llevar por ese deseo de saborearse y entregarse sabiendo que ya nada podría ser igual entre ellos, que con esos besos habían abierto una puerta que nada ni nadie, excepto ellos mismos, podrían volver a cerrar.

Separaron sus labios y Castle, la besó en la frente. Kate se abrazó a él, dejándole claro que no iba a permitirse el lujo de volver a dejar que se alejase. Él bajó la mano y la coló por debajo de la chaqueta de su pijama acariciando su piel y haciendo que ella se estremeciese con su contacto.

- Castle… Yo… - quiso pararle ella y él percibió su incomodez.

- Kate – susurró él mientras besaba su nariz – ahora tan sólo duerme.

- No estoy preparada… - confesó – aunque si tu me lo pidieses… Sería incapaz de negarme.

- Yo soy incapaz de pedirte otra cosa que no sea que te duermas y me dejes abrazarte durante toda la noche – aseguró él.

Media hora después ambos dormían abrazados y no volvían a despertarse hasta que la alarma de Kate sonó insistente, haciendo que Castle moviese su brazo casi en sueños intentando localizarla. Kate atinó a desconectarla y abrió los ojos para no volver a dormirse. Fue entonces cuando notó a Castle pegado a su espalda, abrazándola y con la mano abierta abarcando casi por completo su vientre. Kate se giró para quedar frente a él, cuyo rostro reflejaba la serenidad del sueño profundo. Después de observarle por unos segundos, acercó su cara a la de él, permitiéndose el lujo contenido tras varios años, y dándole un leve beso sobre los labios.

- ¿Has dormido bien? – preguntó él sin abrir los ojos y provocando un pequeño respingo en ella.

- Toda la noche – confesó contenta al darse cuenta que llevaba varios meses sin descansar así.

- ¿De verdad tienes que ir a trabajar? – preguntó arrugando la nariz – Podríamos quedarnos toda la mañana durmiendo.

- No sólo tengo que trabajar, además tengo que hacerme unos análisis – recordó – y tú tienes que ir a tu banco para firmar.

- Es cierto – dijo él abriendo los ojos – será mejor que me levante.

Castle descubrió que ella le estaba mirando y sostuvo su mirada sonriendo.

- ¿Ocurre algo? – preguntó él divertido sin quitar sus ojos de ella.

Kate no dijo nada, se limitó a acercarse muy despacio a su cara fundiéndose una vez más en un profundo beso.

Tuvieron que desayunar casi a la carrera, retrasados por remolonear en la cama intercambiando besos y caricias.

Cuando, un rato después, Kate dejaba a Castle frente a su portal, volvieron a besarse y Kate tuvo que separarle frenando su pecho con las manos, para que cada uno pudiese comenzar su rutina.

- En cuanto acabe – dijo él – iré a la consulta.

- En serio Castle – contestó ella – no hace falta.

- Te veo allí – dijo robándola un corto beso y saliendo del coche rápidamente para no llegar tarde…

En comisaria, Kate tuvo que inventar una excusa ante Gates para poder escaparse e ir a consulta. Afortunadamente, el recurso de revisiones médicas por la herida de bala, parecían ser creíbles para la capitana, que no puso ninguna pega para que Kate saliese de comisaría.

Cuando estaba a punto de salir por la puerta principal, se cruzó con Lanie, que volvía del escenario de un crimen asignado a otro detective.

- ¿Vas a consulta? – preguntó bajito.

- Sí - contestó – le he dicho a Gates que es una revisión de la herida.

- ¿Tienes algo que contarme?

- No empecemos Lanie – dijo sonriendo – tengo prisa.

- Sé lo que significa esa cara – aseguró mientras hablaba a su amiga viendo como ésta se alejaba - ¡Luego me llamas! – medio gritó – A mi no me engañas Kate – se dijo en voz alta – nunca habías tenido esa cara de felicidad.

Castle no había llegado cuando llegó el turno de Kate. La doctora Monroe extrajo una muestra de sangre y volvió a explicarle, esta vez con más detalle, el procedimiento que tendrían que seguir si el análisis corroboraba su grupo sanguíneo.

- ¿Estás descansando mejor verdad? – aseguró más que preguntar la doctora.

- Sí – confesó ella.

- ¿Y tu alimentación?

- Adaptándome – contestó – tengo hambre a todas horas.

- Tu cuerpo está experimentando cambios que requieren más aporte de energía, vigila lo que comes, no quiero que te pases con el peso.

- Está bien.

- ¿Tienes alguna duda? – preguntó mientras ambas caminaban hacia la puerta.

Kate se ruborizó durante unos segundos.

- Sí… – confesó – Supongo que será una pregunta típica pero… ¿Puedo mantener…

- ¿Relaciones sexuales? – terminó la ginecóloga por ella.

- Sí.

- Con toda normalidad – contestó la doctora abriendo la puerta – es más, bajo mi punto de vista es una actividad muy recomendable.

Castle, que había llegado tarde pero estaba en la sala esperándola, se levantó de inmediato al ver abrirse la puerta y se acercó a ella. La doctora le miró intensamente sin saber muy bien que era lo que ese hombre quería, hasta que Kate le sonrió.

- Pero que muy recomendable Kate – repitió la doctora sin dejar de mirar a Castle.

- Gracias – dijo ella totalmente sonrojada.

- Janet te llamará para darte el resultado y citarte. Cuídate.

- Lo haré.

- Estoy segura – contestó volviendo a mirar a Castle y sonriéndole.

Kate comenzó a ponerse su abrigo y Castle la ayudó, aprovechando para darle un corto beso cuando ella se giró para mirarle.

- Siento no haber llegado a tiempo ¿Todo bien?

- Sí… ¿Me invitas a desayunar? Vuelvo a tener hambre.

- Claro – dijo él mientras abría la puerta para salir de allí - ¿Qué era eso tan recomendable?

- Nada… - contestó ella y él observó como volvía a sonrojarse.

- Entiendo – afirmó pícaramente intuyendo a que se había referido la doctora.

Cuando llegaron a la calle, Castle buscó su mano, entrelazando los dedos con los de ella, que le miró sorprendida.

- ¿Te incomoda?

- No… No…

- Bien – dijo él – supongo que esto tampoco – añadió acercándola a él y dándole un profundo beso en mitad de la calle.

- Castle – cortó ella después de unos segundos – tengo que volver a trabajar.

- Cierto – dijo él pasando su brazo por encima de los hombros de Kate y comenzando a caminar abrazado a ella.

Kate volvió a comisaría sola. Había convencido a Castle para que se quedase en su casa adelantando su libro, con la excusa de que en comisaría no había ningún caso, pero sabiendo que realmente no quería tenerle demasiado cerca ahora, que quizás ninguno de los dos podría contener el intentar besar al otro.

Para fortuna de Kate, Lanie había tenido el día demasiado ocupado en su laboratorio, y aunque en parte necesitaba confesarle a la forense la nueva situación con el escritor, aún se sentía demasiado abrumada como para poder hacer frente a la que sin duda sería una innumerable batería de preguntas por parte de su amiga.

A las seis y media de la tarde, Kate recibió una llamada de Castle en su móvil y contestó con una enorme sonrisa.

- Beckett.

- Te recuerdo que hoy cenabas en mi casa – soltó el escritor.

- Sí. Aún no he salido.

- Quería estar seguro de que no lo olvidabas.

- No. No lo hago.

- Te veré en un rato detective.

- Adiós.

Kate miró a sus compañeros, que seguían embelesados en sus trabajos sin prestarle ninguna atención y soltó el aire contenido.

Una hora después aparcaba cerca de la casa de Castle. Fue Martha quién abría la puerta recibiéndola con un beso en la mejilla, interesándose por su estado de salud y haciendo que la detective intuyese que Castle le había puesto al día sobre su embarazo, cosa que la incomodó un poco, pero que terminó entendiendo, pues supuso que de vivir su madre, ella también la tendría al día sobre los temas que más la importaban, y estaba claro que a Castle en ese momento le importaba ella y su embarazo.

No pasaron muchos minutos antes de que Martha y Alexis se despidiesen de ellos y saliesen a sus respectivas citas, fue entonces cuando Castle se acercó a ella y la abrazó, dando rienda suelta a sus sentimientos y fundiéndose en un largo beso.

- Creí que no iban a marcharse nunca – confesó él.

La cena discurrió entre sonrisas, intercambio de bocados, besos y caricias. Ambos se sintieron tan cómodos, que cuando Kate bostezó y Castle miró la hora, se dio cuenta que era casi la media noche.

- Tengo que irme – dijo ella poniéndose en pie.

- ¿Irte?

- Castle, estoy cansada – confesó intentando que él comprendiese – estoy muy a gusto aquí pero no quiero que se haga tarde.

- No tienes que irte – aseguró él – es más, no quiero que te vayas.

- Pero…

- Dormirás en mi habitación – aseguró – y yo lo haré en el sofá. Verás…Yo… Se lo he contado a mi madre pero… Alexis no sabe nada y preferiría…

- No quiero causarte problemas con ella, vivo muy cerca, no es tan complicado volver a mi casa.

- No. Déjame cuidarte. Por favor – dijo cogiendo su mano – estos tres últimos días a tu lado… ¿Por qué no puede ser hoy otro más?

Kate le escuchó en silencio. Realmente ella estaba deseando quedarse con él, aunque la idea de que él pasase la noche en su sofá en vez de junto a ella no le gustaba…

- ¿Vendrás conmigo y no te irás al sofá hasta que me haya quedado dormida? – preguntó mirando sus ojos.

- Me has leído el pensamiento – contestó mientras besaba la punta de su nariz.

- ¿Me dejas una camiseta?

Castle la cogió de la mano y la condujo hasta su habitación. Kate miró a su alrededor, nunca había entrado en aquella estancia. Castle la soltó de la mano y abrió la puerta de su vestidor, entrando para buscar lo que ella le había pedido.

- Yo nunca uso las chaquetas de los pijamas – comenzó a decir – así que, tengo una bonita colección – le dijo saliendo con un montón apiladas entre sus manos - ¿Te sentirías cómoda o prefieres una camiseta?

Castle dejó la pila de chaquetillas sobre la cama.

- Siempre me han parecido cómodas – aseguró ella con una sonrisa.

- Pues ya tienes ropa para cuando duermas aquí. ¿Cuál eliges?

- ¿Qué pijama te pondrás hoy? – preguntó ella entrecerrando los ojos.

El escritor levantó la almohada y sacó de debajo un pantalón de seda de color negro y una camiseta gris y se lo mostró. Ella buscó la chaqueta correspondiente y se la enseñó divertida.

- Me pondré esta.

- Buena elección. Es mi preferido – dijo mientras llevaba el resto de nuevo a su vestidor.

Cuando volvió a mirarla la observó allí, de pie, en mitad de su habitación, mirando con curiosidad las paredes.

- ¿No te gusta?

- Sí… Es tan sólo que…

Él se acercó abrazándola.

- Si estás pensando en cuantas mujeres han pasado por aquí antes, podría sorprenderte saber que han sido bastantes menos de las que imaginas.

Kate asintió. Ella no era quién para reprocharle nada. Y mucho más cuando la noche anterior, él había dormido junto a ella en la misma cama en la que semanas antes había engendrado a su hijo.

- Tu habitación es casi tan grande como mi sala –atinó a decir – y… Me gusta la decoración.

- Lamento decirte que no fui yo quien la decoró - le dijo medio riendo – contraté a alguien que se negó en rotundo a dejar que mis figuras a tamaño real de Boba Fett y Dart Vader siguiesen en mi habitación, por no hablar de mi simulador a tamaño real de un formula uno de Ferrari…

Kate negó con la cabeza sonriendo. El escritor y su vena infantil.

- En el armario del baño tienes toallas limpias – dijo con seriedad – y en el segundo cajón bajo el lavabo, te he dejado un cepillo de dientes y otro para el pelo. No sé muy bien que puedes necesitar – confesó – si falta algo dímelo y…

- Castle, no tenías porqué molestarte…

- Quiero que estés cómoda.

Kate le besó con dulzura.

- Tomaré una ducha – informó ella.

- Te esperaré aquí.

Castle comenzó a desabrocharse los pantalones mientras ella caminaba hacia el baño. No había hecho nada más que bajárselos cuando la detective abrió la puerta de repente pillándole en boxer.

- ¡No puedo creerlo Castle! – exclamó medio riendo - ¿Un Boba Fett en tu baño?

- Tuve que deshacerme de Darth Vader, a Alexis le daba miedo – dijo encogiéndose de hombros.

Kate le miró de arriba abajo y volvió a entrar al baño cerrando la puerta. Castle terminó de quitarse la camisa y los calcetines, la puerta del baño volvió a abrirse.

- Por cierto – le dijo muy seria – bonitos calzoncillos Castle.

Cerró la puerta de nuevo y Castle miró su entrepierna, comprobando que aquella mañana se había puesto unos bóxer que le había regalado Alexis con dibujos de Angry Birds. Sonrió y se puso su pijama, salió a la sala, buscando en el armario de la entrada una manta y una almohada y colocándolas sobre el sofá, después volvió a la habitación y se metió en la cama para esperarla.

Minutos más tarde Kate abría la puerta del baño. Castle, sentado y con la espalda apoyada en el cabecero, dejó de mirar su móvil para mirarla a ella, la chaqueta del pijama la cubría un tercio de sus muslos y ella se sonrojó de inmediato al notar la mirada del escritor recorrer sus piernas.

- Te queda muchísimo mejor que a mi – dijo sin dejar de mirar su cuerpo.

Kate no contestó, metiéndose de inmediato en la cama para taparse. Castle se tumbó girándose de costado para mirarla.

- ¿Todo bien?

Kate asintió mientras se acercaba más a su cuerpo. Él paso su brazo por la cintura de ella, y buscó sus pies con los suyos.

- ¿Se puede saber por qué siempre tienes los pies helados?

- No lo sé – contestó ella encogiéndose de hombros mientras sonreía por el contacto de los pies calientes del escritor.

Castle estiró la mano y apagó la luz. Una suave luz azulada, proveniente de la ventana inundó la habitación, Castle estudió con detenimiento las facciones de ella, que le miraba en completo silencio, casi sin atreverse a respirar.

- Castle…

- ¿Mmm?

Kate bajó la mirada y puso su mano en el pecho del escritor, jugando con su dedo índice sobre el borde del cuello de la camiseta.

- Mi ginecóloga… Esta mañana pregunté si podía… Es decir, si no haría daño al bebé si…

- Y te dijo que no le pasaría nada… – terminó él intuyendo lo que ella quería decirle.

Kate asintió y él la beso muy despacio, jugando con su lengua, explorando sus dientes y rozando sus labios después, para separarse y mirar sus ojos.

- Te mentiría si te dijese que no te deseo – afirmó él susurrando– porque lo llevo haciendo día a día desde hace cuatro años. Y sé que me arrepentiré en cinco segundos de lo que te estoy diciendo, pero… Este no es nuestro momento Kate. Lo tendremos. Y será pronto – dijo sonriendo – porque te juro que es mirarte, besarte… Y es más y más complicado controlarme…

- No te he pedido que te controles – contestó ella acariciándole la cara.

- Llevas haciéndolo tanto tiempo que casi me he acostumbrado a ello – le dijo sonriendo aún más.

Kate le besó desenfrenadamente. No podía creer lo que acababa de oír. Ella llevaba los cuatro mismos años pensando que a la primera oportunidad, Castle se abalanzaría sobre ella sin el más mínimo pudor. Y ahí estaba él, demostrando que no era tan frívolo. Kate pensó en comérselo a besos, demostrándole que su larga espera había merecido la pena, pero en ese momento recordó lo que él acababa de decirle, que no era su momento y decidió frenarse.

- ¿Esperarás hasta que me quede dormida? – preguntó en voz muy baja.

- Llevo esperándote toda mi vida, – aseguró él abrazándola fuerte – duerme.

Kate sonrío y hundió su nariz en el cuello de él, que la besó sobre el pelo. Confuso por el torbellino de deseo y sentimiento que le invadía de pies a cabeza.

Durante la siguiente media hora el escritor apenas quiso moverse, esperando pacientemente a que ella se quedase dormida.

Sobre las tres de la mañana, Alexis abría con cuidado la puerta de su casa, zapatos en mano intentando no hacer ruido.

- ¿Lo has pasado bien? – dijo su padre desde el sofá.

- Sí… ¿Qué haces? – preguntó la pelirroja acercándose.

- ¿Preguntándote? – contestó mientras se incorporaba.

- Eso ya lo veo, me refiero a… ¿Qué haces durmiendo en el sofá y no en la cama?

- En mi cama está Kate.

La pelirroja levantó ambas manos en señal de interrogación.

- Ella dormirá en mi cama, y yo en el sofá – aclaró él.

- Papá… ¿Crees que me he tragado que estos tres días que has pasado en su casa has dormido en la habitación de invitados?

- Deberías de creerlo – dijo él con la mirada algo perdida.

- Lamento informarte que no – contestó de inmediato la chica.

- Kate… Kate y yo…

- Estáis juntos – terminó la chica.

- Pero es algo complicado y lo estamos tomando con calma.

- Vale… Me voy a la cama.

Castle inclinó la cabeza al ver que su hija se acercaba para darle un beso. Después la siguió con la mirada mientras ella abría la nevera, sacaba una botella de agua y volvía a pasar por su lado.

- Voy a dormir igual de bien si duermes en tu cama que en el sofá – le informó comenzando a subir las escaleras.

- Alexis.

La chica paró.

- Te quiero.

- Y yo a ti, papá.

Castle esperó unos segundos, dobló la manta y junto con la almohada volvió a guardarlas en el armario de la entrada. Abrió la puerta de su habitación y se acercó despacio hasta la cama, entrando con sigilo para no despertar a Kate.

- Castle – murmuró ella entre sueños.

- ¿Sí?

- Abrázame.

Horas después Castle se despertaba molesto por un cosquilleo en su cara. Abrió los ojos descubriendo que Kate le miraba divertida mientras le pasaba un mechón de su propio pelo por la nariz.

- Mmm… ¿Qué haces?

- Tengo hambre – confesó ella.

- ¿Qué hora es?

- Algo más de las ocho.

- Está bien – dijo él zafándose de su abrazo y saliendo de la cama – te traeré el desayuno y volveremos a dormir un rato más. Es muy pronto para ser un sábado.

Kate sonrió. Su intención no era esa, pero le había gustado la proposición del escritor. Se acomodó de nuevo en la cama y cerró los ojos.

Castle apareció unos minutos más tarde, con una bandeja con comida para ambos.

- ¿No esperaste a Alexis? – dijo masticando una tostada.

- Sí. Me preguntó que hacía durmiendo en el sofá y me dio permiso para acompañarte en la cama.

Kate sonrió.

- ¿Y Martha?

- ¿Crees que voy a esperar a mi madre en el sofá?

- Bueno… No lo sé…

- Sabe cuidarse sola… Lleva haciéndolo taitantos años… Está prohibido decir su edad – aclaró y ambos rieron.

Castle se llevó la bandeja vacía y volvió a meterse en la cama.

- ¿Me dejarás dormir un poco más detective?

- Claro.

- Estás no son horas de despertarse para un escritor – dijo levantando su brazo y esperando que ella se acomodase en su pecho.

Kate se aferró a él, hundiendo su cara en el hueco de su cuello, mientras él la abrazaba y tapaba a ambos.

El sonido de voces lejanas despertó a Kate. Se giró encontrándose sola en la cama. Miró su reloj. Las once de la mañana. ¿Cómo era posible que durmiese tanto? Se levantó y atravesó el despacho de Castle, saliendo a la sala para buscarle, encontrándose con la mirada de Martha que la sonreía.

- ¡Querida! ¿Te hemos despertado?

- No… No… - contestó ella algo turbada, pues acababa de darse cuenta que tan sólo estaba vestida con la chaqueta del pijama de Castle.

- Debatíamos donde vamos a ir a comer – informó Alexis.

- ¿Zumo? – preguntó Martha – Vamos, acércate…

Kate aceptó el zumo mirando de reojo a Castle que la observaba divertido.

- El sábado pasado elegiste tú – acusó Alexis a su padre – y hoy es mi turno.

- Pero hoy vendrá Kate y a lo mejor a ella no le apetece ir al Smokeline.

- ¿Kate? – preguntó directamente la joven - ¿Te apetece ir al Smokeline?

- No lo conozco – aseguró la detective algo confusa.

- Está al lado del High Line – aclaró la joven – podemos ir dando un paseo por las vías…

Kate se encogió de hombros y se llevó el vaso de zumo a los labios.

- Tampoco te hemos preguntado si tienes otros planes, querida – dijo Martha.

- ¿Te apetece acompañarnos? – le dijo Castle.

Kate no sabía que contestar, pero tres pares de ojos azules la intimidaron tanto que no pudo negarse.

- Sí… Pero debería pasar antes por mi casa…

No se arrepintió de haber aceptado la invitación. El paseo por el High Line junto a Castle, Martha y Alexis, la ayudó a olvidarse por unas horas de todos los problemas que rondaban por su cabeza. El restaurante que había elegido Alexis, era un local discreto, cuya especialidad eran carnes a la brasa.

- Cada sábado elegimos probar un restaurante nuevo – informó Castle – no importa que tipo de comida, ni como puede ser de lujoso.

- Hemos comido demasiadas bazofias por eso – aseguró Martha que no estaba del todo de acuerdo con ese juego.

- Pero es divertido cuando descubrimos uno realmente bueno – aseguró Alexis.

- Es una ruleta rusa – afirmó Martha – y mi estómago sale perdiendo muchas de las veces.

- Sobre todo cuando elige papá – aseguró la pelirroja.

- Tengo esa mala suerte – concluyó Castle.

Alexis salió del local para atender una llamada. Momento que aprovechó Martha para preguntar a Kate.

- ¿Estás bien querida? ¿Cansada? – dijo poniendo su mano sobre la de la detective.

- No… De momento todo va bien.

- Richard me ha contado lo de tu… Espero que no te moleste que lo haya hecho.

- Madre… Desde luego que si le molestase, acabas de poner en bandeja que me retire la palabra.

- Lo siento…

Kate miró a Castle restándole importancia.

- No importa Martha.

Alexis entró en ese momento.

- Voy a salir de nuevo hoy…

Martha miró a su hijo.

- Y yo tengo una cena.

Castle buscó la mirada de Kate, pidiéndola en silencio que aquella noche durmiese de nuevo con él en su casa.

Cuando Alexis volvió de su salida nocturna, tuvo que despertar tanto a su padre como a Kate, que se habían quedado dormidos en el sofá mientras el DVD que habían elegido ver, llevaba ya tiempo fijo en la misma imagen para que eligiesen si querían volver a verlo.

Los dos, cansados, se arrastraron como pudieron hasta la habitación, cambiándose y metiéndose en la cama para dormir, al igual que las últimas noches, totalmente pegados el uno al otro.

A la mañana siguiente, un torbellino de cabello naranja, entró sin llamar en la habitación de su padre, despertando a ambos que se incorporaron de inmediato.

- ¿Me queréis contar que significa esto? – preguntó con enfado lanzándoles sobre la cama un ejemplar del periódico del día.

Castle miró a su hija con enfado y cogió el periódico. Kate miró la página por la que estaba abierto y un pequeño grito salió de su boca.

En el titular de la noticia a la que se refería Alexis rezaba "El escritor Richard Castle será padre de nuevo"…

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Gracias por leer hasta aquí. Espero no haber defraudado a nadie.