Hola a todos nuevamente, si lo se tal vez me han querido matar más de una vez... o ya lo han hecho y yo ni cuenta me di oknot, lamento la demora pero entre trabajo, enfermedades inesperadas es difícil actualizar seguido, pero como quiera que sea yo le seguiré.

Pienso que a lo mejor ya ni se acordarán del fic, lo siento u.u...

Muchas gracias por sus reviews, ahora si no pude responderles pero siempre los leo :D, también agradezco a todos los que me han agregado a sus alerts y favos.

Grax a Shizenai por la beteada ahora trabajamos muy duro jojojojojo

Disfruten del nuevo capi :D


Capítulo 10: Beagle

La persecución en la que el reportero tanto se había esmerado en busca de su presa, Mogami Kyoko, al final acabó en un completo fracaso. Después se arrepintió de no haber llamado a sus colegas, tal vez de esa manera ellos hubiesen podio obtener información, pero ahora no le quedaba otra cosa más que rendirse y esperar al día de la celebración de la película.

Decepcionado, se metió en su coche y arrancó hacia algún lugar mientras Reino y Kyoko aún seguían escondidos en ese callejón.

—Creo que ya no hay nada de lo que preocuparse —dijo Reino sin soltar a Kyoko de la muñeca.

—Más importante aún, dime ahora mismo qué te trae por aquí.

Había intentado zafarse, pero la estaba sujetando demasiado fuerte.

— ¿Qué? ¿Acaso ya no puedo visitarte?

—Tú no haces eso a menos que tengas un objetivo, así que escúpelo de una vez.

—Para tener esa cara de ingenua, no se te engaña tan fácilmente… —la miró de arriba a abajo como si la paladeara con los ojos—. Está bien, te lo diré. La última vez que nos encontramos lo pasé mal, creo que lo recuerdas. He pensado que ya era hora de una revancha, ¿y qué mejor manera de hacerlo que arrebatando algo que Fuwa Sho y ese Tsuruga Ren aún no han tomado?

— ¿Qué quieres decir? —preguntó confusa.

Él sonrió con malicia.

—Pues sí que eres ingenua… —se mofó, y luego se inclinó ligeramente haciendo que ella retrocediera—. Ninguno te ha tocado, ni besado... ¿verdad? No, claro que no, esas estrellas plastificadas son demasiado aburridas para atreverse hacer algo así.

— ¡Tú sí que eres aburrido! —le respondió con furia, justo antes de darse cuenta de la trampa en la que ella misma se había enredado—. ¡Qu-quiero decir...!

Kyoko tragó saliva, nunca imaginó que volvería a experimentar esos terribles escalofríos.

—Sabes de sobra que no soy como ellos —le aseguró, y por alguna razón, eso le hacía sentirse muy digno—.Solo imagina esto: si ellos se enterasen de que me he robado lo más preciado para ti, ese momento que sólo puedes darle una vez en tu vida al único hombre al que amas, con ello estaría matando dos pájaros de un tiro, y además, los perturbaría a ambos para siempre, porque... nadie puede comerse un manjar que ya ha devorado otro primero, ¿no te parece?

—Pero ¿qué estás...? Su-suel... ¡Suéltame! —clamó escandalizada.

Él se resistió un momento. Kyoko notó la presión de sus uñas apretándole bajo la ropa del brazo, y justo cuando iba a gritar, Reino la liberó alargando una estilizada sonrisa que dejaba entrever un afilado colmillo blanco.

—Lo haré por esta vez —continuó—, pero espero que en esa celebración admitas que los rumores que corren acerca de nosotros son reales. No vaya a ser que me dé un banquete a tu costa... —Uno de sus dedos recorrió sus labios horizontalmente.

Ella pareció recargarse de valor cuando interpuso un paso más entre ambos.

—La jugada no va a salirte bien. Tsuruga-san se dará cuenta de que hay algo que anda mal y no te dejara que…

—Tsuruga-san, Tsuruga-san, Tsuruga-san... —repitió con burla–. Sabía que ibas a sacar ese tema, pero ya tengo un plan para evadirlo. Créeme, Kyoko, si no sigues mis instrucciones te aseguro que nadie podrá proteger tu reputación.

Kyoko había quedado perpleja, no podía huir, de nada le servía gritar… Se había confiado en que solamente podía permanecer ahí como una roca. Él le hablaba en serio, lo notaba. ¿Qué podía hacer ella sola contra semejante extorsión? Aunque, no, ésa no era la palabra. Para Reino todo formaba parte de un caprichoso juego.

—Buenas noches, querida —se despidió, aprovechando su desconcierto para tomarle una mano que luego besó en el dorso—. Se buena hasta entonces. Si se te ocurre contar algo de nuestro encuentro daré por hecho que quieres que los infortunios se adelanten. Recuerda que puedo aparecerme dónde y cuándo me plazca.

Kyoko volvió a repasar detenidamente cada palabra en su mente. No sabía exactamente cuándo volvió en sí, pero cuando fue consciente otra vez de lo que acababa de sucederle, Reino ya no estaba. Sacudió contrariada la cabeza de un lado a otro sólo para darse cuenta de que uno de sus ojos lagrimaba por el rabillo. Agradecía que ya no estuviese cerca, ahora que la rabia regresó tras el horrible impacto, pensó en que probablemente habría sido capaz de golpearle con cualquier cosa.

Ningún hombre la haría llorar otra vez. No de nuevo.

Después de aquello, se limpió las lágrimas. Lo último que quería es que algún reportero le tomase una fotografía estando tan abatida, y se negaba a dejar que el bastardo del Beagle se jactara por ello al verla en la portada de alguna revista rosa. Desanimada, se encaminó hasta el hogar del Jefe, y sin prestar atención a lo que su esposa o los clientes le decían, subió a su cuarto para derrumbarse sobre la cama.

No quería llegar hasta ese extremo, pero el imbécil se lo había ganado. Extrajo una caja muy vieja de debajo de su cama y sacó un perfecto muñeco en miniatura, vestido con ropas de cuero negro, pendientes, uñas postizas y un llamativo pelo nacarado.

— ¡Maldito seas, Beagle! ¿Crees que eres el único que sabe jugar sucio? —gritó con energía.

La risa se tornó envolvente y tenebrosa, traspasó las paredes de su minúscula habitación y dejó de piedra a los huéspedes de la planta baja, mientras un aura demoníaca hacia vibrar los cristales de las copas.

Mogami se puso a pensar seriamente en cómo solucionar ese problema, ya que no se le podía confiar todo al vudú. Esta vez tenía que arreglarlo sin depender de alguien más. Como en el encuentro anterior con Reino, le avergonzaba la idea de que los demás descubriesen que había sido chantajeada de un modo tan ruin. Además, no estaba dispuesta a que sus propias dificultades salpicaran a otros.

—Con que esas tenemos ¿eh? ¡Acepto tu desafío, maldito Beagle! Ya veremos quién moverá al mundo… —Aun no tenía una idea clara, pero ella confiaba que tarde o temprano algo se le ocurriría.

Aunque, su momento de gloria duró poco, y fue interrumpida por el sonido de su celular que hacía referencia a una llamada entrante. Kyoko tomó rápidamente el teléfono y vio el nombre de la persona que, misteriosamente, apaciguaba los latidos de su corazón.

— ¡Buenas noches, Tsuruga-san! —dijo con demasiado entusiasmo para esas horas.

— ¿Eh...? Bu-buenas noches, Mogami-san. ¿Cómo estás? Al final, supongo que todo salió bien, ¿no es así?

Hubo una pequeña vacilación en su voz antes de responder, esperaba que él no lo hubiese notado.

—No se preocupe, todo salió según lo planeado. Yashiro-san es muy astuto en estos casos.

— ¿Estás segura? No se te escucha muy convencida...

—Oh, ¡nada de eso! Bueno, sólo que un periodista fue un poco persistente, pero pude deshacerme de él de todos modos. No creo que lo vuelva a ver por aquí.

—Me alegra oír eso —le respondió, y por el tono de su voz Kyoko supo que estaba realmente aliviado—. Por mi parte puedo decir lo mismo. Los periodistas se llevaron una gran decepción al ver a tu doble saliendo del auto, pero parece que no molestaran por un tiempo. Ya les dije que no había nada maravilloso que conseguir de mis escapadas.

—Eso es muy bueno. Me sentía apurada de que Tsuruga-san tuviese complicaciones por mi culpa.

Ren se apartó del auricular un momento. Justo cuando podía quitarse cierta preocupación de encima, ella volvía a conmoverlo sin ni siquiera darse cuenta de lo fácil que la resultaba.

—Mogami-san, no digas...

—Gracias por preocuparse —le interrumpió rápidamente—. Agradezco que siempre cuide de mí. Le dejo descansar ahora. Buenas noches, Tsuruga-san.

—Que duermas bien. Nos vemos pronto.

A Kyoko le envolvió la melancolía cuando colgó y apretó el teléfono entre sus manos mientras lo descansaba sobre su regazo. Siempre que tenía una conversación con su senpai se sentía más aliviada y tranquila, casi en un estado de ingravidez en el que ningún problema parecía demasiado importante. Era como si su voz tuviera un misterioso hechizo mágico sobre ella. O al menos, eso pensaba. Lo más probable es que tuviere que aprender todavía mucho de su madurez.

Apenas unos minutos después, su teléfono volvió a sonar de nuevo, pero esta vez para indicar que había recibido un mensaje.

«Espero que te encuentres bien, no le hagas mucho caso a los medios... Entonces, ¿saldremos este fin de semana? Kanae K.»

Kyoko ahogó un grito de emoción y tecleó enseguida:

«Gracias, Moko-san, creo que todo se arreglará a su debido tiempo. Por supuesto, a la 1 pm en frente de Daiana kiji.»

Kanae respondió confirmando su asistencia, aunque no estuvo muy convencida del lugar acordado.

Al día siguiente, Kyoko salió más relajada de su casa, agarró su bicicleta y se dirigió directa al estudio de grabación.

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Las voces que salían de la televisión estaban perturbando a cierto individuo rubio, quería seguir trabajando, pero estaba mirando los espectáculos a regañadientes.

— ¿Qué demonios es esto? ¿Otra vez con lo mismo?

Por si fuera poco, ahora tenía un rival más al cual enfrentarse, y eso no le gustaba nada. Ya de por sí la situación era bastante difícil con Tsuruga Ren, al menos, sus principios lo hacían comedirse en la medida de lo posible, pero de ese bastardo de Reino... De él podía esperarse cualquier cosa.

— ¡Shouko-san! —llamaba irritado—. Maldita sea, ¡Shouko-san!

— ¿Sí? Dime —respondió su manager, apareciendo de repente.

— ¿Por qué no me dijiste que ese estúpido plagiador andaba rondando otra vez por aquí?

La mujer miró el televisor, ella ya sabía qué sucedería si se enteraba, y por esa misma razón, no había querido mencionárselo.

—No pensé que fuera importante, últimamente han salido muchos cotilleos difíciles de creer, así que pensé…

—Pues la próxima vez, sea o no sea rumor, me lo informas.

—Está bien… —le aseguró, aunque él parecía no haberla oído.

—La última vez él quiso… ¡Agh! Voy a tener que hacer cosas que no quiero hacer.

— ¿Qué es lo que no quieres hacer?

—Convertirme en un stalker.

Shouko no estaba segura de lo que pretendía decir con aquello.

—Entiendo, pero espero que esas actividades no te retrasen en tu trabajo, ¿o lo has olvidado? Tenemos mucho que hacer; terminar de rodar los comerciales, presentarle los nuevos borradores al presidente, acordar la fecha de...

—Sí, sí... —asintió aburrido.

Ella entrecerró los ojos para tirarle fraternalmente del lóbulo de la oreja.

—Pues entonces ¡a trabajar!

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Kyoko aparcó su bicicleta en el estacionamiento del estudio y se fue de inmediato para prepararse. Cuando entró en el lugar, todo el mundo estaba reunido en un punto, parecía que sólo la esperaban a ella.

« ¿Volví a llegar tarde? » se preguntó insegura.

—Oh, ¡Mogami-san! Te estábamos esperando, por favor, acércate.

Caminó hacia el director, junto a la multitud de gente reunida, y detectó que se trataba de todo el reparto de actores que participaban en la película. Podía imaginarse que tal vez iba a ser despedida, que los rumores eran demasiados para que no terminasen afectando el rodaje y que necesitaban a alguien que no causara tantos problemas.

«En el fondo lo tengo bien merecido», se decía mientras caminaba cabizbaja.

Ren vio la graciosa expresión que mostraba, aunque no se veía animada del todo, se alegraba de que no le hubiesen afectado tanto esos últimos cotilleos.

—Ya que estamos todos, quiero decirles que me ha fascinado trabajar con ustedes, es el primer equipo que me gusta tanto; su entrega y pasión por la película me han dejado sin palabras. No me equivoqué al elegir a tan espléndidos actores. —El director pasó una mirada por todo su elenco y luego prosiguió—: Es por eso que a partir de hoy seré más exigente, sé que ustedes pueden dar más de sí mismos, y ya que vienen las escenas más importantes de la película, espero que no decaiga esa misma entrega de parte de todos, ¿están de acuerdo?

Todo el mundo grito un «sí» con mucho entusiasmo.

—Estupendo. Entonces, prepárense y en diez minutos comenzamos.

Después de eso, cada uno fue a maquillarse y ponerse la vestimenta para su personaje; el equipo técnico preparó las cámaras, las luces y todo lo necesario para la puesta en marcha.

—Mogami-san —la saludó Tsuruga Ren con una sonrisa que habría derretido un iceberg—. Parece que hoy tendremos una jornada dura. Esforcémonos por contentar al director dándole lo mejor de nosotros mismos.

— ¡Por supuesto!

— ¿Todos están listos? —Se oyó al director cuando todos hubieron ocupado sus puestos—. ¡Acción!

Takara Genda tenía muchas preocupaciones cada día; como el papeleo de la oficina, el criminal enmascarado que aún no había sido capturado, y la más importante, su novio estaba actuando raro.

—¿Ha pasado algo malo? —le preguntó en aquella ocasión, inquieta, mientras él leía despreocupadamente un libro recostado en un sillón.

—No, ¿por qué ocurriría algo así?

—Es que... No quieres decirme nada, entonces, ¿no cenaras hoy tampoco? ¿Cómo la otra vez?

Nagano la miró con atención, y sonrió ante el pequeño enojo de su amada, aunque..., él no podía decirle lo que estaba sucediendo por más que quisiera.

—Todo va bien, cariño, de todas formas no tengo hambre.

— ¿Así te vas a comportar a partir de ahora? ¿No se supone que una pareja debe enfrentar los problemas juntos y apoyarse siempre? ¿Qué clase de relación tenemos si no podemos hacer eso?

—Genda... —barbotó mientras dejaba el libro a un lado y trataba de tocarle la mejilla, aunque ella rechazó ese gesto—. No es tan sencillo. Lo que ocurre es que...

De pronto, el radiotransmisor de Genda empezó a emitir un aviso de emergencia y ambos miraron el dispositivo.

«A todas las unidades. Se les informa que hay una actividad sospechosa en el bulevar de Tokyo: diríjanse allí lo más rápido que puedan.»

Ella le miró una última vez antes de comenzar a reunir sus cosas.

—Disculpa, tengo que irme.

—Ya ha empezado... —murmuró Nagano entre dientes, sólo él mismo pudo escucharse—. Cariño, por favor, atiéndeme. Sé que es injusto pedirte esto sin ninguna explicación, pero... No lo hagas. No vayas hoy.

— ¿Cómo me dices eso? ¿No escuchaste? Es una emergencia y yo tengo que cumplir con mi deber como agente de la policía.

—Es importante —le insistió.

—No hay nada más importante que...

— ¡Hazme caso!

Su voz le retumbó en los oídos. Por unos segundos lo miró fijamente a los ojos, sin comprender su reacción. Cierta desilusión se instaló en su pecho, y luego, tomó su bolsa volteándole el rostro.

—Lo siento. Tal vez no estábamos preparados para que esto saliera bien.

Genda no le dejó interpretar aquellas palabras, finalmente, él se quedó solo en el apartamento.

— ¡Maldición! —Gritó, golpeando la pared—. Sabía que no iba a poder detenerla... ¿Qué hago ahora?

Un sonido seco de escuchó de pronto.

— ¡Corte! —Anunció el director—. Suficiente, sigamos con las demás tomas.

El día fue muy agotador, y como el director había prometido al comienzo, se comportó muy severo con todo el reparto en general. Hubo ocasiones en que obligó a repetir ciertas escenas incluso diez veces, hasta que le encontró el punto adecuado.

Pese a todo, el tiempo voló sin descanso, pero todos pensaron que había sido bien invertido, e incluso improvisaron escenas que no se habían planeado para ese día. El director estaba muy contento, ya que aventajaban el itinerario de la película.

— ¡Todos, vengan aquí! —Dejó a un lado su megáfono—. Se les da muy bien consentir a su jefe, hoy han realizado un excelente trabajo en equipo. Realmente estoy muy satisfecho con los resultados. Pero no quiero abusar de su profesionalidad. Por favor, ahora desconecten de sus obligaciones y descansen para que mañana vengan con las pilas recargadas.

Mientras el resto del staff intercambiaba impresiones con el director, Kyoko se retiró a cambiarse y quitarse el maquillaje. Debía estar muy inmersa en sus pensamientos cuando salió de su camerino, pues habría jurado ver a Tsuruga Ren hablando con un encargado de vestuario, y sin embargo, un instante después, lo tenía justo delante.

Él le sonrió como si se hubiese dado cuenta de que andaba pensando en las musarañas.

— ¿Nos vamos ya?

— ¿Eh? —Un suave tono rosado le cubrió las mejillas—. ¿Me estaba esperando? L-lo siento, Tsuruga-san, si lo hubiese sabido... Gracias, pero hoy traje mi bicicleta.

—Está bien, no importa. ¿Puedo hablar un minuto contigo en mi auto de todos modos?

—Sí, claro. —Kyoko se mordió el labio inferior, intranquila—. Voy a por mis cosas. Regreso enseguida.

Aunque, lo cierto es que aletargó mucho sus pasos. Tenía que dejar de ponerse tan nerviosa delante de él, o lo notaría. Desde la toma del beso había seguido hablando con él por teléfono, pero aquello era muy diferente a tenerle frente a frente y en un espacio tan reducido como su coche. Trataba de no pensar en cosas absurdas, pero desde aquella toma, le era imposible no tener sus labios muy presentes. Siempre lo había hecho, pero ahora sabía exactamente qué sabor tenía esa boca. No quería preguntarse por qué seguía pensando en esa escena tanto...

Cuando Kyoko desapareció del rellano, Ren notó esa presencia que no podía faltar sin saciar su curiosidad del todo. Enarcando una ceja, se volvió para prestarle atención a su manager.

—Ya era hora, Ren —se burló Yashiro—. Creí que nunca ibas a dar el primer paso.

—Guarda silencio, por favor. Suena terrible cuando lo dices tú, como si fuera algo más extraordinario que una simple cortesía entre compañeros.

—Pues para tratarse de algo tan insignificante, te pones muy serio. Qué misterioso.

Ren entornó lo ojos antes de despedirse de su agente con un gesto descuidado.

— ¡Ren, no olvides cenar apropiadamente cuando llegues a tu casa! —le gritó mientras lo veía adelantarse a la puerta de los aparcamientos—. ¡Ya escuchaste lo que dijo el director!

—Sí, padre...

—¡Y no te quedes hasta muy tarde estudiando el guión!

El castaño volvió a hacerle un gesto con la mano. La verdad es que Yashiro se moría de ganas por reencontrarse con él tras su charla con Mogami, pero respetaba que su representado estuviese lo bastante agotado como para tener que soportar encima sus pullas. Negando con la cabeza, se deshizo de la idea de ponerse al corriente de todos los detalles hasta por lo menos el día siguiente.

Un rato después, en los aparcamientos privados, Kyoko encontró el flamante coche de Tsuruga Ren aparcado a un costado de la salida. La chica se inclinó y dio un par de toquecitos en el cristal, y él la invitó inmediatamente a subirse con un movimiento con la cabeza.

—Siento la espera... —se disculpó. Por una buena razón, se apretó el bolso contra el pecho y evitó no mirarle directamente al rostro—. ¿Qué es lo que necesita de mí, Tsuruga-san? —Él arqueó las cejas y curvó los labios en algo que pretendía ser una sonrisa.

«¿Que... qué es lo que necesita de mí?», se repitió para sí misma, incrédula. ¡Por supuesto que no necesitaba nada de ella! Tsuruga-san siempre la estaba ayudando en todo, y por ende, ella sólo lo molestaba, ¿cómo demonios se había atrevido a decirle a su senpai algo tan inapropiado? ¡Y algo que sonaba tan increíblemente irrespetuoso!

Enseguida, Kyoko sintió que hacía demasiado calor en el auto. Quiso restarle importancia a la situación, pero no podía controlar el rubor de sus mejillas.

—L-lo que qu-quiero decir es que...

Ren soltó una tenue carcajada, casi una leve brisa de entre esos labios en los que se esforzaba tanto en no mirar, y que le hicieron sentir cierto estremecimiento. Luego, se abrió la chaqueta oscura y extrajo un papel doblado del bolsillo interior.

—Toma. Para ti.

— ¿Qué... qué es esto? —ladeó la cabeza.

—El presidente Takarada me pidió que te lo diera. —Aunque, eso no era verdad del todo—. Dijo que era algo que probablemente te podría servir más adelante.

Kyoko prestó toda su atención al papel, pero sólo pudo identificar una serie de números y letras que, por sí mismos, no tenían ningún sentido.

— ¿Cómo se supone que esto me ayudará? —Farfulló levantando una ceja—. ¡Un segundo! ¿Acaso es una especie de acertijo? Suena como algo que el presidente haría...

Ren se fingió curioso al inclinarse ligeramente para observar el papel. No tenía que esforzarse mucho en descubrir el enigma; él mismo había conseguido aquella identificación para la chica.

—Si no me equivoco, es un número de seguimiento. Si preguntas en correos, probablemente puedan decirte de qué se trata.

— ¿Entonces algo viene en camino?

—Eso parece...

—Pero, ¿por qué? —insistió, desconcertada.

—No te apures. He escuchado que el presidente suele hacer estas cosas cuando ve que sus aprendices están mejorando en la agencia.

—Pero yo no necesito...

—Mogami-san —cortó enseguida—. Sólo acéptalo. No será nada que no esté hecho con la mejor de las intenciones.

Ella lo miró en silencio mientas Ren esperaba que creyera todo lo que le había dicho. En realidad, no difería del todo. El susodicho paquete pretendía ayudarla, él sólo se había visto obligado a inmiscuir al presidente por si a ella se le pasaba por la cabeza la idea de no aceptar ningún obsequio que viniera de su parte.

Finalmente, ella suavizó sus facciones con una sonrisa, y él se permitió suspirar triunfante.

—De todas maneras, ¿por qué el presidente no me lo entregó él mismo? —quiso saber Kyoko.

—Mogami-san, por favor, no pretendas que entienda todo lo que pasa por la cabeza de ese hombre...

Ella rió un momento, como si aquello le pareciera bastante lógico. Después de todo, nadie conocía realmente las intenciones de Lory.

—Supongo que sí.

Después de aquello, ella se dio cuenta de que se había creado de nuevo esa extraña atmósfera. Casi había olvidado lo mucho que temía encontrarse sola con él allí, y rápidamente, sujetó la manija de la puerta para despedirse.

—Mogami-san.

El muchacho le cubrió inmediatamente la mano que aún tenía apoyada en el asiento. Aquel gesto pareció parecerle a él puramente casual, pero ella no pudo evitar deshacerse del contacto. Volvió a fingir que necesitaba esa mano para sujetar su bolso y él simuló no haberse percatado de aquel movimiento.

—A decir verdad, hay otra cosa que quería preguntarte.

La peor pesadilla de Kyoko estaba tomando forma. Seguramente, él la había notado extraña, le preguntaría acerca de si le había afectado la escena del beso del día anterior, y entonces, ella no sería capaz de mantener la mentira.

Algo de aquel temor debió reflejarse en los ojos que lo miraban suplicando piedad. Repentinamente, él pareció cambiar de idea.

—Olvídalo. No es importante. Creo que podemos hablar de esto en otra ocasión.

Kyoko no deseaba ser grosera, pero no le insistió y se despidió rápidamente. Al final, sí que le había quedado la duda de si él se había dado cuenta de lo que la turbaba, pero no podía arriesgarse a darle el tiempo necesario para cambiar otra vez de opinión.

—Conduzca con cuidado, por favor —le pidió con una expresión que a él le pareció adorable.

—Tú también. Procura no salirte del carril de bicicletas y no tengas tanta prisa con esos pedales —se burló—. Hasta mañana, Mogami-san.

Ren no le quitó la vista de encima hasta que no hubo desaparecido tras una curva. Kyoko notaba sus ojos clavados en ella desde la distancia, probablemente, pensando en muchas cosas al mismo tiempo.

Inesperadamente, se dio cuenta de que había algo raro en todo aquel asunto. Kyoko estaba aliviada de que, por una vez después de tanto tiempo, no hubiese ningún reportero molesto rondando por los alrededores, deseando que la situación mejorara así más seguido. Aunque, por otro lado, tenía una sensación sospechosa, como una constante presencia; por más que volteara a todas partes no notaba nada fuera de lugar, así que atribuyó todo eso a su imaginación y al cansancio.

En un parpadeo, el fin de semana llegó, Kyoko podría descansar un rato de la película y divertirse con su amiga Kanae. Eso la ayudaría también a reorganizar sus sentimientos con respecto a lo sucedido en el rodaje.

— ¿Me puedes decir por qué escogiste este lugar como punto de encuentro? —le comentó la chica mirando con desconcierto a su alrededor.

— ¿Este lugar? Necesito comprar tela, no sé si te has enterado, pero en cuanto termine la película habrá una fiesta importante y necesito hacerme un vestido.

—Ah, es verdad. Recibí la invitación a ese evento, aunque no sé qué pinto ahí si ni siquiera pertenezco al elenco.

—Es un evento de LME, debemos apoyarnos entre todos, tal vez ésa sea razón suficiente.

La morena dejó los ojos en blanco.

— ¿Entramos o no?

— ¡Que sí, pesada!

Kyoko volvió a sentir esa sensación justo cuando su amiga la empujaba hacia dentro del comercio. Como la vez anterior, no encontró nada extraño cuando volvió el rostro, pero el fruncido de su frente no desapareció tan deprisa.

— ¿Ocurre algo? —Preguntó Kotonami con preocupación—. ¿Es que has visto a alguien?

—No, no —Agitaba las manos despreocupadamente—. No es nada. Vamos, entremos. Estoy impaciente por ver los tejidos.

A pesar de todo, la tienda era demasiado grande como para que Kyoko se decidiera rápidamente sobre su color preferido. Estaba realmente emocionada al respecto, sobre todo, sumando que podía contar con la opinión de su amiga. Resultaba que Kanae decía que no a casi todo, pero sabía que podía confiar en ella. La chica siempre había tenido el sentido de la moda del que ella carecía.

—Creo que ésta y ésta combinan a la perfección con la idea que tengo. Ah... —fantaseó con sus ojos brillantes de alegría—. Ya me puedo imaginar cómo va a quedar.

Kanae no pudo evitar reír al observarla divirtiéndose, guardaba una tela, le presentaba otra nueva, y entonces, volvía a escucharla decir que era exactamente lo que estaba buscando.

—Kyoko, decídete de una vez... Después de que acabemos aquí, ¿adónde te gustaría ir?

—Adonde gustes, realmente no tengo otra cosa que quiera... ¡Ah, es cierto! Antes tenemos que pasar por un establecimiento de correos o por un cibercafé si prefieres. Necesito revisar algo.

Las chicas siguieron viendo telas por un buen rato, a Kanae se le hizo eterno, pero finalmente Kyoko encontró los tejidos adecuados.

—Ya estaba pensando que esto nunca acabaría...

—Oh, pero fue divertido ¿no?

—Divertidísimo —dijo entornando los ojos.

Kanae sonrió ante la carita que puso su amiga y ésta le dio una palmadita en la espalda.

—Deja de quejarte —le sonrió—. Aún nos queda mucha tarde por delante.

Una hora después, cuando logró introducir la serie de cifras y números sin equivocarse en el ordenador de la cafetería, Kyoko daba un sorbo ruidoso de su té azucarado con hielo.

—«En cinco días llegará a su destino» —leyó textualmente.

— ¿Sabes qué es?

—No, pero si el presidente dice que me servirá, seguramente se trate de algo muy útil.

—Tal vez sean libros para mejorar la actuación, o algo similar... —especulaba Kanae.

Aunque para ella, sonaba demasiado inofensivo para tratarse de algo que recomendaría Takarada Lory.

—Quién sabe. Bueno, ya tengo toda la información que necesitaba. Marchémonos a nuestro siguiente destino.

— ¿Ese será...?

—Sígueme —le indicó Kyoko mientras dejaba una propina.

Kanae, sin saber adónde iban, la obedeció confiadamente. Cuando su amiga se detuvo finalmente en medio de la avenida, tardó un rato en darse cuenta qué era lo que llamaba su atención.

— ¿Una máquina que toma fotografías? —averiguó, arqueando una ceja.

— ¡Sí...! Siempre quise tener una fotografía de nosotras dos juntas para llevarla en la cartera a todos lados.

Kyoko la miraba con ojos de cachorro, de ese mismo modo que ponía difícil decirle que no.

—Está bien… —Se rindió.

Ambas se colocaron en el espacio de dicha máquina para que les tomaran varias poses de las dos sonriendo. Con expectación, Kyoko agarró el pliegue de fotos de bolsillo que un minuto después salieron de entre una ranura.

—Hmp —gruñó Kanae—. Creo que no salí bien. La otra era mejor.

—Estás perfecta, como siempre.

La aludida la miró de reojo, y como cabía esperar, Kyoko siempre resultaba sincera. Ambas mirando las fotografías una vez más, y al final, Kanae no pudo evitar sonreír con aprobación; era una escena digna de llevar también en su cartera.

—Ahora me toca elegir a mí dónde iremos —aventuró Kotonami.

Lo cierto es que no hubo descanso. Ambas fueron de un lugar a otro, siempre divirtiéndose, comprando más accesorios de los que necesitaban sólo por el capricho de hacerlo, y haciéndose bromas que incluso a Kanae la hicieron explotar en carcajadas. Finalmente, se tomaron un minuto de paz para descansar en un pequeño banco de madera.

—Los niños sí que tienen energía... —masculló Kyoko al escucharlos reír y gritar mientras se subían en los toboganes

—No tienes idea...

Kanae dedicó un instante a pensar en sus hermanos y sobrinos, recordando cómo la dejaban de exhausta cada vez que se les ocurría una nueva trastada. Kyoko por su parte, atendió al grabado de dos nombres que alguien había tallado en la madera del banco donde se sentaba. Nunca supo si acariciar melancólicamente aquellos desconocidos nombres envueltos en un corazón algo deforme, fue lo que llevó a su amiga a hacerle aquella pregunta, o en cambio, la pura casualidad.

— ¿Cómo van las cosas con Tsuruga-san? —le dijo en el mismo tono con el que preguntaría por el tiempo, dejándola completamente tensa.

— ¿A qu-qué te refieres?

—Vamos, sabes perfectamente a lo que me refiero.

Kyoko no pudo ocultar el sonrojo de su cara al recordar la escena del beso, aunque en el fondo, no quería que nadie supiera que no podía apartar de su cabeza aquel momento.

— ¿Pasó algo?

—No, n-nada, sólo... La actuación a veces es complicada, pero nada más.

— ¿Y por «nada más» no puedes dejar de morderte los labios y mirar al suelo?

Kyoko se puso aún más tensa, era evidente que algo la incomodaba, aunque Kanae no quería obligarla a hablar del asunto si todavía no estaba preparada.

—De acuerdo, supongo que el día de la fiesta sabremos muchas cosas.

En principio, Kyoko asintió aliviada, agradecía que su amiga fuese tan observadora y comprensiva al mismo tiempo, sin embargo, y una vez más, Mogami advirtió a su alrededor esa extraña aura que hacía disparar sus sensores de alarma: alguien la estaba espiando. Definitivamente, no podía dejar de pensar en que eso estaba sucediendo.

— ¿Nos vamos? —preguntó Kanae a una distraída Kyoko.

— ¿Eh...? Ah, sí, claro.

Ambas se levantaron de sus asientos y empezaron a caminar hacia la salida del parque mientras disfrutaban del viento fresco que empezaba a levantarse en esa tarde donde el sol estaba a punto de ocultarse.

En un lugar no tan lejos de ellas, en un árbol lo suficientemente alto y con muchas ramas para cubrirlo del todo, se encontraba Shotaro con un atuendo convencional para la ocasión: gafas oscuras, una gorra, un cubre-bocas y ropa no muy llamativa a la que usaría usualmente, junto con unos binoculares que seguían al par de chicas con lujo de detalles.

—Esa chica tiene una intuición endemoniada —farfulló al recordar todas las veces en las que estuvo a punto de ser descubierto.

Era descabellado, pero estaba casi seguro de que su organismo había desarrollado un detector anti-"ex-compañeros de la infancia". Por lo menos, estaba aliviado de que ese estúpido Beagle no hubiese intentado nada a lo largo del día. De igual modo, no podía confiarse.

Hizo una pausa mientras miraba el modo de bajar del árbol, y ahogó un grito cuando una ramita se partió ante el peso de su pie. Había algo más que molestaba a Sho...

«Ese paquete…», se preguntó. Aunque había escuchado parcialmente la conversación de las muchachas, encontraba muy extraño que el presidente de una compañía tan prestigiosa se molestara en hacerle un envío a una empleaducha de quinta como Mogami Kyoko, sin ni siquiera informarle de qué se trataba.

— ¿Qué... demonios... será...? —masculló con dificultad, intentando no perder el equilibro mientras descendía de la copa del árbol.

En el peor de los casos, se imaginaba un regalo cautivador que le daría ventaja al patrocinador del mismo, aquello no sería tan raro si el remitente fuese alguna acaudalada firma. Sin ir más lejos, él mismo se había dejado agasajar por compañías de todo el país, al único precio de lucir sus obsequios dándoles una aplastante publicidad gratuita. Sin embargo, Fuwa Sho estaba bastante seguro de que ni la más mísera firma sería tan idiota para escoger a Kyoko como propaganda.

Sí, definitivamente...

Aquel regalo que recibiría debía ser mucho más personal, de alguien que podía tomarse el lujo de invertir en ella sólo por el placer de contentarla.

— ¡Tsuruga Ren, bastardo! —gritó al caer en cuenta, y también, a punto de precipitarse violentamente contra el suelo.

Pese a su enojo, estaba destinado a enfrentarse a un problema mucho más urgente que no se había planteado hasta entonces.

—Y ahora, ¡cómo demonios bajo de aquí!

Continuará…


Esperemos que Sho encuentre una manera segura de bajar ese árbol xDDDDD

Ojala les haya gustado n.n, espero sus reviews y nos vemos en la próxima actualización :D

Que pasen un lindo día.