Historias de Hogwarts... Y algo más

Por Cris Snape

Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a JK.Rowling y sus asociados. No tengo ánimo de lucro al escribir estas historias, así que no me demandéis por violar los derechos de autor, por favor.

Resumen: Evan Rosier, Myrtle la Llorona, la profesora Sprout, Ritchie Coote... Los personajes olvidados de Harry Potter se dan cita en una serie de relatos breves. Porque ellos, también existen. Aunque, por supuesto, no podemos olvidarnos de Ron Weasley, Blaise Zabini o Sirius Black. Todos ellos están juntos, pero no revueltos. Espero que os guste.

10

Grawp

Miedo a la oscuridad

Hagrid caminaba en silencio, mirando a su alrededor en actitud recelosa. La noche era especialmente oscura ese día y, el semi-gigante, tenía un buen motivo para adentrarse en el Bosque Prohibido en plena madrugada, sin más compañía que la de su perro Fang. Quizás, no corrieran tiempos demasiado buenos para andar por ahí solo, expuesto a toda clase de peligros, pero a Hagrid no le importaba; un par de años antes había adquirido una importante responsabilidad y estaba dispuesto a acatarla con todas sus consecuencias.

Escuchó el gemido lastimero; había resonado con fuerza entre las copas de los árboles, llenando el aire con su tenebroso terror. Hagrid entornó los ojos y miró a su alrededor, esperando encontrar alguna amenaza, pero no había nada. Tan solo la densa y misteriosa oscuridad.

Aún así, el guardabosques apretó el paso, dirigiéndose hacia el lugar del que procedía el gemido. Sabía perfectamente que era Grawp quién se lamentaba de aquella manera; algunas veces, le resultaba curioso comprobar que, un gigante como su hermano, pudiera tener miedos tan humanos, pero así era.

Grawp, tenía miedo a la oscuridad.

Si alguien escuchara a Hagrid hacer aquella afirmación, posiblemente se reiría de él. ¿Un gigante, sintiendo miedo? Realmente, sonaba absurdo... Un gigante, una criatura prácticamente invencible, un ser al que no le afectaban los hechizos, al que ningún animal se atrevía a atacar... ¿Tenía miedo a la oscuridad?

Hagrid debía reconocer que, cuando se enteró, no pudo evitar ponerse a reír. Creyó que se trataba de una broma, que Grawp había desarrollado alguna especie de extraño sentido del humor, oculto hasta ese entonces. Pero, no. Su hermano, realmente sentía pavor cada vez que caía la noche.

Hagrid lo había podido comprobar algunas semanas antes, poco después de la muerte de Dumbledore. Se había internado en el Bosque Prohibido en busca de un poco de consuelo fraternal; Grawp parecía lamentar la muerte del director tanto como él y, cuando estaban juntos, lograba dominar sus emociones. Normalmente, iba a visitar a su hermano por la mañana, después del amanecer, pero aquel día no se veía con fuerzas para soportar la noche en soledad.

Encontró a Grawp sollozante, agazapado entre los árboles. Estaba encogido sobre sí mismo, temblando y murmurando frases inconexas que Hagrid no llegó a entender. El guardabosque pensó que estaba enfermo y, durante unos segundos, se sintió terriblemente angustiado: acababa de perder a Dumbledore, no quería que nada le ocurriera a su hermano. Respiró aliviado cuando comprobó que todo estaba bien. En cuanto lo vio, Grawp se puso en pie, provocando un pequeño temblor de tierra, y se acercó a él llorando a lágrima viva, pronunciando su nombre sin descanso, buscando su protección. El gigante se había tumbado en el suelo y Hagrid le había acariciado el cabello hasta que se tranquilizó.

Por la mañana, le confesó su temor a la oscuridad.

Esa noche, Hagrid sabía que su hermano lo estaba pasando mal. Empezó a correr cuando escuchó un pequeño gritito y, unos cuantos metros más adelante, vio a Grawp, sentado en el suelo, con la espalda apoyada en una roca enorme y abrazado a sus rodillas. Se movía hacia delante y hacia atrás, como un niño pequeño; al verlo, Hagrid se sintió conmovido.

Se acercó a él lentamente, haciendo notar su presencia mediante un leve carraspeo. Grawp alzó la cabeza para mirar al brujo. Las lágrimas se escurrían por sus mejillas, resbalando hasta el cuello, y sus ojos se veían brillantes. Reflejaban un terror similar al que cualquier humano sentiría al encontrarse con un gigante como él...

-Hagrid –Masculló, tendiéndole una mano con desesperación. El semi-gigante agarró uno esa mano, palmeándola cariñosamente –Hagrid.

-Ya esto aquí, Grawp –Hagrid se sentó junto a su hermano. Era una imagen extraña, sobre todo cuando el gigante, una noche más, se recostó en el suelo para dejar que el guardabosque le acariciara el cabello –No pasará nada, Grawp. Yo te voy a cuidar.

Grawp supo que eso era verdad. Cerró los ojos, concentrándose únicamente en el sonido que hacía su hermano al respirar, y se sintió más protegido que nunca. La oscuridad le daba miedo desde siempre, pero nunca antes, hasta que no llegó al Bosque Prohibido, se había permitido el lujo de demostrarlo.

Cuando vivía con los otros gigantes, después de que su madre lo abandonara, había descubierto que, cualquier clase de temor, hacía peligrar su vida. En una sociedad como la de sus semejantes, el miedo era una debilidad; y, las debilidades, conducían a los gigantes a la muerte. Cuando niño, su madre había procurado ayudarle a superar ese miedo; auque ella no era muy cariñosa, dejaba que Grawp se tumbara a su lado, y le acariciaba el cabello como lo hacía Hagrid. Pero ella se había ido, dejándolo solo entre los miembros de su clan.

Grawp sólo se había mostrado débil una vez, la noche en que su madre se fue. Había empezado a llorar, escondido entre las paredes de su cueva. Uno de los grandes lo vio, delatándolo de forma inmediata. Grawp recibió tal paliza que no pudo moverse durante varios días.

A partir de entonces, aprendió a controlar su miedo. Al contar con la compañía de los otros gigantes, se sentía más seguro, por lo que su situación era soportable. Pero, cuando llegó Hagrid y se lo llevó, todo fue diferente.

En general, su vida había mejorado. Le gustaba vivir en el Bosque Prohibido y había aprendido a apreciar a Hagrid, pero las noches...

Odiaba las noches.

Siempre estaba solo, consumido por el pánico, sin lograr dormir ni un minuto. Habían sido dos años terribles, tragándose sus temores en soledad, hasta que Hagrid descubrió su secreto. Grawp había pasado tanto tiempo creyendo que tener miedo era algo horrible, que pensó que su hermano lo mataría cuando descubriera lo que le pasaba, pero no fue así. Hagrid lo cuidó la primera noche. Hagrid lo consoló después, comprendiendo lo que le pasaba. Hagrid, día tras día, iba a buscarlo acompañarlo mientras el bosque estaba sumido en las sombras. Hagrid le susurraba palabras consoladoras y, ante todo, Hagrid le acariciaba el cabello con ternura, como nunca antes lo había hecho nadie. Ni tan siquiera su madre.

-Duérmete, Grawp –Escuchó decir a Hagrid, que apoyó la espalda en un árbol, buscando una postura más cómoda –Todo estará bien.

-Hagrid... –Musitó el gigante, antes de soltar un largo bostezo, que reverberó entre las ramas de los árboles y se perdió más allá de las montañas. Un segundo después, Grawp dormía plácidamente.

-Eso eso –Hagrid también bostezó, cerrando los ojos a su vez –No pasa nada.

El brujo apoyó la cabeza en el cabello de su hermano. Juntos pasaron una noche más, intentando vencer aquel horrible miedo a la oscuridad.



Bueno, hasta aquí hemos llegado. Es una viñeta rara, lo sé, pero espero que os guste. Personalmente, Grawp siempre me ha parecido una especie de niño grande, así que sería lógico pensar de él que sus temores son sencillos, comunes y, al mismo tiempo, perfectamente tangibles... Quizás la viñeta debería ser para los dos hermanos (Hagrid y Grawp), pero dejemos que el pobre gigante se lleve el mérito. Después de todo, es él quién tiene miedo a la oscuridad...

Un beso para todos, y hasta la próxima

Cris Snape