Hola de nuevo little demons :D ¿Sabéis qué? Recién me he dado cuenta de que este mes se cumplen 5 años desde que estoy en :O ¡como pasa el tiempo!
Rincón respuesta: isa: ya me conoces, cuando me pongo tierna soy la más ñoña del universo xD pero no me pude resistir a hacerle un guiño a Mulán jejeje Te dejaré con las incógnitas un ratito más pero mientras tanto aquí tienes la conti :D ¡Un beso! / Kisaragi Seki: jajaja ay Dios mío, un Sebastian 'sin nombre' ya rondando por tu vida desde joven. Eso va a ser cosa del destino xD ¡Jashin-sama lo predestinó y ahora quiere que sigas leyendo esta conti que te ofrezco! ¡Un beso! / Mi-chan: ¡Hola de nuevo, ya te estaba echando de menos! :'D Joven padawan me alegra que estés del lado de las fuerzas oscuras muajaja ¡Ahora Jashin-sama quiere que sigas disfrutando de esta conti que brindo en sacrificio! ¡Un besote!
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~¿Por qué volvéis a la memoria mía, tristes recuerdos del placer perdido?~
José de Espronceda
-¿Lo has hecho?
-Sí.
-Arf, menos mal. ¿Y qué vas a hacer con el pájaro?
Claude le echó un vistazo a la jaula de Crook. El cuervo estaba nervioso, se movía dentro de la jaula de acá para allá, asomando el pico entre los barrotes emitiendo tenues y débiles gorjeos buscando a su amo. Ya había pasado un día completo desde que abandonó al mercenario entre los pasadizos del laberinto. Lan Mao había aparecido esa mañana de mejor humor después de que Grell le hubiese contado lo que había hecho Claude con el 'pajarraco'.
-Haré que lo sacrifiquen.—contestó finalmente sacándose una pequeña llave de la manga. Se aproximó a la jaula con ella en la mano y la metió en la cerradura, en ese momento Crook se puso histérico. Empezó a chillar y saltar tratando de alejarse de las manos que trataban de apresarlo, incluso le lanzó varios picotazos y arañazos antes de que Claude pudiera cogerlo y sacarlo. Con una mano lo agarró del cuello y con la otra por las patas.
-Mejor. No creo que su amo pueda salir del laberinto, sin agua ni comida no durará más de tres días y aunque tenga suerte y aguante el enredo de pasillos lo encerrarán para siempre.
-Tienes razón.—respondió Claude vagamente tras guardar silencio unos segundos.
-A yé ye le alegrará mucho saber esto también. Limpiaré un poco por aquí y luego subiré a decírselo ¡que si no te persigo con la escoba no hay manera que tú cojas una!
Claude le sonrió a su hermana y ella se la devolvió. La había echado de menos estos días, acostumbrado a tenerla siempre a su lado se le había hecho muy raro no verla de seguido. Pero era consciente de que Lan no se habría acercado otra vez hasta que hubiese dejado de ver al Cuervo.
-Rey Claude ¿dónde está su amigo?—le pregunta Angelique, la niña de la muñeca, al verle pasar.
-Dando un paseo.
-¿Tan largo? No le veo desde ayer.—pregunta preocupada—Rey Claude, algunos mayores dicen que él es en realidad el Cuervo. Ese hombre malo al que han enviado para matarle.—Claude se queda callado—Pero no es verdad ¿a que no? Él es bueno aunque gruñe mucho.
-Tu madre te llama Angelique, ve con ella.
-Sí. ¡Cuando vuelva avíseme, quiero enseñarle el nuevo pastel de calabaza que hice!
Claude no dice nada y sujeta fuerte a Crook para que no se le escapase. Angelique era inocente, como el resto de niños que solo veían al hombre con quien iba a todas partes como alguien venido de fuera y que supuestamente era amigo de su rey. Los adultos miraban recelosos la misma situación pero la Sombra los acallaba y tranquilizaba, Smile prefería callar o enseñar los dientes para poner fin a las habladurías. Los gitanos confiaban en su rey pero algunos se preguntaban si esas brasas ardientes que el mercenario tenía por ojos no habrían incendiado la voluntad de Claude hasta embrujarla y hacerle caer en sus garras.
-Quieto.—le ordena Claude a Crook cuando éste se revuelve con más insistencia. Sus pasos iban dirigidos hasta el tenderete de Todd el carnicero, pero a pocos metros de llegar hasta él giró a la derecha y se perdió de vista.
Crook seguía tratando de soltarse del agarre del herrero. No sabía qué pretendía hacer ese humano con él ni qué le había pasado a su amo, pero no pensaba quedarse quieto a averiguarlo. En el último intento de graznido el humano le tapó el pico y lo adentró en una oscuridad muy profunda. Caminaron varios metros hasta que se detuvieron. Crook, gracias a su vista, no reconocía más que paredes de piedra circulares muy húmedas y pequeños regueros en el suelo. Ya no supo qué pensar y para su sorpresa el agarre que lo mantenía preso fue disminuyendo.
-Tu amo está ahí dentro. Venga, ve con él.—le dijo en confidencia el humano echándole a volar. Crook batió las alas entumecidas por la quietud y se estabilizó, antes de moverse se quedó mirando al joven de ojos oro, que se la devolvió y asintió antes de darse la vuelta y desaparecer.
Crook voló con cautela por los pasadizos, sin fiarse mucho de las palabras del humano, buscando un modo de salir a la superficie. Hasta que sus oídos captaron sonidos de pasos lejanos y un aroma humano que él conocía muy bien le llegó débilmente.
-¡Amo!—exclamó echando a volar en la dirección en que percibía que su amo estaba.
El Cuervo jadeaba de agotamiento. Había estado corriendo y andando por una infinidad de pasillos que le parecían todos iguales. Había cogido una piedra afilada de la pared agrietada y había hecho marcas en la roca para tratar de orientarse pero cada dos por tres se las encontraba en el mismo sitio. Ese chico tenía razón, la mente le estaba jugando malas pasadas y su cuerpo empezaba a agotarse. Tenía la boca seca y el estómago le gruñía, pero el agua que corría bajo sus pies no era potable y echar un trago habría sido como suicidarse. Agotado se apoyó en la pared y se escurrió hasta el suelo. Apoyó los brazos en las rodillas y escondió la cabeza entre los mismos.
La vida empezó a desfilarle por la mente en procesión. Desde que era un niño hasta que había llegado a Oris, a esta maldita ciudad con todos sus malditos habitantes. Deseó con todas sus fuerzas haber estado en la guerra, morir allí habría sido mucho más digno que acabar siendo tragado por un laberinto.
"Tienes la determinación en tus ojos. Algún día tendrás la fuerza para superar cualquier obstáculo."
-Mierda...¿por qué me tengo que poner a pensar en eso ahora?—suspira. Piensa también en Crook, en qué iría a hacer con él ese maldito imberbe.—Tsk, creo que me estoy volviendo loco. Ya me parece hasta oír sus graznidos.
-Amo...
-...
-Amo...
-¿?
-¡Amo!
Crook volaba tan rápido que hasta se chocó contra la cabeza de su amo. El humano por poco no se cae de lado, casi a tientas palpó esa figura agitada que gritaba amo para cerciorarse de que no estaba soñando, que Crook estaba de verdad a su lado.
-Crook ¿eres tú de verdad?
-¡Amo! ¡Amo!— grita emocionado el pájaro restregando su cabeza contra su amo—¡Encontrado!
-¿Cómo...cómo lo has hecho? ¿Cómo te has escapado?
-Él abre jaula. Él dice busca amo.
-¿Él?—pregunta el Cuervo. Crook asiente repetidas veces y a él se le forma en la mente la cara de Claude, aunque no entiende por qué. No tenía sentido. Casi con necesidad acaricia el lomo y cuello de su fiel amigo.—Crook, escucha. Estoy cansado y apenas veo nada en esta oscuridad. Necesito que nos saques de aquí. Mi vida está en tus patas fiel amigo.
-¡Sí!—asiente Crook echando nuevamente a volar.
"Y al tercer día resucitó de entre los muertos". Leyó Undertaker de un pequeño libro de encuadernación negra, perteneciente a una época remota y olvidada del pasado. Colocando la cinta marca páginas por donde había terminado lo cierra y guarda en su bolsillo. Los cascabeles y monedas de Lan Mao le roban la atención. La joven estaba vestida de manera muy similar a como iba el día del Festival, con el pelo suelto, el pañuelo con discos y la pandereta en su mano. Lucía radiante y no solo por la sonrisa que le adornaba el rostro sino también por esa chispa de sus ojos que le confería luz propia. Tenía duende, tenía ése talento natural incluso no siendo de raza gitana.
La muchacha se fue hasta un corrillo de gente que tocaba la guitarra y daba palmas, con ágiles vueltas se metió entre ellos con chulería y comenzó a agitar la pandereta. La gente se animó y la siguió al compás, también cuando ella empezó a cantar, soltó su instrumento y puso las manos y el resto del cuerpo en movimiento para bailar.
"Si yo tuviera un palacio. Yo nunca te dejaría, si yo tuviera un palacio, nunca te dejaría. Porque yo soy reina, reina, de la morería."
Cualquier otro día Undertaker habría visto a los dos hermanos juntos compartiendo el momento pero Claude permanecía algo más alejado concentrado también en la lectura. Undertaker se preguntaba si ambos compartirían la fuente de los sentimientos, la desaparición del Cuervo. Mientras que ella lucía jovial y alegre él se mostraba más meditabundo y serio. Ya habían pasado tres días desde que el mercenario dejó Charivari y sabiendo que arriba tampoco había llegado era de suponer que ya estaba muerto o al menos agonizando en la oscuridad laberíntica.
Lan Mao dio un giro completo sobre sí misma y levantó los brazos hacia el cielo. La música siguió pero ella se quedó parada con la mirada clavada en un punto a su izquierda. Su cara se tornó pálida como si hubiera visto un fantasma y aunque no se movió del sitio apretó las manos contra su pecho buscando defensa. La gente se la quedó mirando y luego echaron la vista hacia el mismo punto que ella, algunos incluso dieron un respingo al levantarse de un bote de sus asientos, inmediatamente todo el mundo se contagió de lo mismo.
-Majestad.—llamó apurado Undertaker a Claude. El ojidorado levantó la vista de su libro y se puso en pie avanzando entre la gente para ver qué pasaba. Los hizo a un lado y se puso el primero. Su asombro no pudo ser mayor.
-Vivir o morir ¿eh?—le preguntó el Cuervo apoyado en lo que parecía un bastón hecho de huesos. Estaba hecho polvo e incluso herido pero tuvo la fuerza suficiente como para dar un par de pasos más antes de desmayarse. Su mascota venía apoyada en su hombro y cayó con él, posando sus pequeños ojos en Claude antes de gorjear una palabra.
-Encontrado.
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Yé ye acogió entre sus poderosos brazos a su nieta cuando ésta llegó corriendo. Tuvo que soltar el martillo para hacerlo y la herramienta sonó estrepitosamente al golpear el yunque y luego caer al suelo levantando un círculo de polvo gris. La niña ni siquiera se había cambiado la ropa que solía llevar abajo para bailar. Lan Mao se abrazó a él todo lo que le permitieron sus delgados brazos y se echó a temblar tratando de controlar las lágrimas.
-Pero Lan ¿qué pasa? ¿Qué te ocurre, chiquilla?—le pregunta ya asustado, ella estrujó su camisa y sollozó con más fuerza.
-Es un demonio, un demonio. No se le puede matar y ahora...acabará con Claude, lo sé.
-¿Pero de qué hablas?—volvió a preguntar separándola un poco de él para poder verle la cara colorada de tanto correr y los ojos llorosos.
-¡De que ha vuelto!—chilla—¡Ha podido salir del laberinto, ese pajarraco!
El hombretón por fin lo comprende. Volviendo a abrazar a Lan Mao la deja desahogarse a gusto mientras él suspira y nota la preocupación que creía disipada volver a subirle por la garganta como un trago amargo.
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El Cuervo volvió a abrir los ojos al día siguiente. Esperó verse de nuevo en aquella oscuridad absoluta pero en lugar de eso reconoció el techo de tela de la tienda del rey de los gitanos. Con cuidado se incorporó hasta darse cuenta de que estaba tumbado en una cama y que Crook dormitaba a su lado acurrucado en una almohada. Le acarició el plumaje y el cuervo se despertó y dio saltos alegres al tiempo que gorjeaba.
-Veo que por fin has despertado.—interrumpió Claude el momento. El Cuervo le miró a él y luego se miró a sí mismo. Llevaba algunas vendas y lucía bastante mejor de lo que recordaba.—Enhorabuena, has conseguido escapar del laberinto. Aunque por los pelos; ya te creía muerto.
-No pienso morir tan fácilmente.—le contesta tosiendo. Claude se acerca a él y le tiende un vaso con agua que aunque desconfiado acepta. El ojidorado toma asiento en el borde de la cama y Crook se acerca a él dando saltos, el humano le acaricia la cabeza.—¿Desde cuándo sois tan amigos?
-Desde el primer día le caí bien, creo recordar.
-Crook me dijo que le abriste la jaula y lo soltaste para que me buscara.—Claude se queda callado—¿Por qué lo hiciste?—sigue sin haber respuesta—¿Porque pretendías que muriéramos juntos o porque sabías que él me ayudaría a encontrar la salida?
-Has tardado más de lo que esperaba en reaparecer, por eso te daba por muerto. Y viendo que volvías herido ¿he de suponer que te has topado con los inferi?—le ataja evadiendo la pregunta.
-¿Inferi?
-Son criaturas salvajes que vienen del mar y de vez en cuando se adentran en el laberinto. Huyen de la luz y siempre se esconden en la oscuridad, son carnívoros y carroñeros por lo que siempre suelen andar por la parte de las catacumbas royendo huesos.
El Cuervo hizo memoria. Crook además de guía le había servido de escudo y espada. Cuando por fin el ave estaba segura de estar en el buen camino esas cosas horribles, como extraídas de una pesadilla, aparecieron frente a ellos y les atacaron. Dada la poca visibilidad el humano era presa fácil pero Crook plantó cara a las bestias y defendió a su amo lo mejor que supo. Claro que el Cuervo no era presa fácil y cuando chocó contra la pared buscó entre la pila de huesos alguno que le sirviera de arma contundente, y con él en la mano se abrió paso entre las criaturas hasta ponerse a salvo.
-No me evadas la pregunta.—le reprocha sacudiendo la cabeza—Contéstame. Dijiste que si salía me liberarías.
-Sí, lo dije.
-...
-...
-¿¡Por qué a veces parece que quieras dejarme vivo y luego me lances al último agujero del mundo a morir!? ¿¡Eh!? ¡Contesta!—Crook se gira a mirar a su amo cuando éste empieza a gritar, el ojirrojo los mira a ambos y cuando cruza sus ojos con los de su mascota ésta abre las alas y suelta un peligroso graznido. El mercenario se queda estático viendo a su fiel amigo aproximarse a él sin paliar ese fiero gesto.
-Tranquilo pajarito.—dice Claude en voz baja acariciando el lomo de Crook con las yemas de los dedos. Crook entonces se queda quieto y sacude la cabeza, moviéndola con gestos confusos como cuando lo despertaban de repente. El Cuervo no se mueve. Claude de un suave empujón aparta a Crook de en medio y se va acercando al otro, que se echa hacia atrás.—Sabes, mi gente pensaba que me tenías o tienes hechizado—habla en voz baja, casi susurrando—, y que por eso no te podía matar. Pero yo me pregunto ¿no será al contrario?
-...
La enigmática sonrisa de Claude no permitía entrever nada. Sin decir nada más se aparta y se levanta, Crook camina de nuevo hacia su amo acurrucándose a su lado y restregando la cabeza contra su mano.
-Ahí en la mesa tienes comida. Cuando quieras levántate y una vez hayas acabado ven conmigo, hay algo que quiero mostrate.—dice Claude antes de marcharse.
Al cabo de un buen rato Claude vio salir a Crook a primero, deteniéndose y regresando, yendo y viniendo, como hace la madre que espera a su hijo tardón para cerrar la puerta. Después salió el Cuervo, ya vestido con su típico traje negro y con todas sus armas enfundadas.
-Sígueme.—le dijo el ojidorado haciéndole un gesto con la mano. Refunfuñando el ojirrojo le sigue de cerca, fijándose que ahora el otro llevaba una espada colgada del cinto, sobre la cual dejaba reposar la diestra. Los pasos del más joven se dirigían a una de las múltiples salidas, pero en cuanto el mercenario divisó de nuevo la oscuridad se detuvo.—¿Qué pasa, por qué te paras? Vamos, venga. No voy a dejarte ahí de nuevo.—lo apremia el otro—Te lo prometo.
-No me fío de ti.
-Ya te lo he dicho. Te mostraré algo y luego te dejaré salir.
-...
-Palabra.—prometió chocando la palma izquierda contra su pecho. El Cuervo chascó la lengua y giró la cabeza con desdén antes de volver a ponerse en movimiento y seguir a Claude.
-"Con todo lo que me he metido con Crook por cobarde y ahora me comporto como si tuviera miedo a la oscuridad."— se regaña mentalmente apegándose a los pasos del otro.
Claude llevaba una antorcha para iluminar el camino a pesar de que a él no le habría hecho ninguna falta dado que se sabía el recorrido al dedillo. Casi pegado a él iba el Cuervo con su mascota al hombro, evidentemente el mercenario no se fiaba de apartarse de él no fuera tentación dejarle ahí de nuevo. Mentalmente fue contando los pasos que daban y las veces en que giraron por una u otra intersección. Al final se sintió algo mareado tras perder la cuenta. Por fin el más joven se detuvo ante una entrada oscura y le pidió que esperase unos segundos.
De acuerdo a como había dicho no pasaron ni diez segundos cuando una hilera curva de antorchas se encendieron revelando una sala circular. Pero cuando el Cuervo entró comprendió que no se trataba de una sala, sino de una cámara, una cámara mortuoria.
Claude estaba en el centro, frente a un altar de velas encendiendo un par de las mismas. Enfrente colgados de la pared había una serie de retratos, algunos tan viejos que estaban casi descoloridos. Había hombres y mujeres pintados, todos mirando al frente más serios o más alegres, más mayores o más jóvenes. El mercenario los observó de uno en uno. Le sorprendió que incluso hubiera uno de un niño. Acabó en el mismo que contemplaba Claude. El de una mujer morena de largo cabello rizado, rostro perfilado y labios carnosos. Sonreía tenue sobre la barbilla alzada y el gesto decidido.
-¿Para qué me has traído aquí?
-Esto es...
-Ya sé lo que es. ¿Me vas a enterrar aquí junto al resto?—espeta—¿Dónde guardáis los féretros, detrás de los cuadros?
Si el ojidorado se ofendió no dio muestras de ello. No apartaba la vista del retrato de la mujer pero cuando el Cuervo fue a intentar levantar la esquina de uno para poder ver detrás le apartó la mano con brusquedad.
-A esto lo llamamos la Cámara de los Reyes. Estos retratos que ves aquí son los de antiguos reyes y reinas gitanos.
-¿Todos?
-Todos.
-¿Incluso el niño?—volvió a preguntar incrédulo señalando el cuadro del más joven. Claude intentó sonreír circunstancial, pero no pudo.
-No sé su nombre. Sólo que lo llamaban el Rey Infante, no duró mucho por lo que se cuenta. Elegido a dedo por su padre para preservar su sangre en el trono inexistente murió a causa de unas fiebres.
-¿Trono inexistente?
-El rey de los gitanos no tiene trono como lo puedan tener los Casterly. Su reino es su gente, su trono es sentarse entre ellos y su riqueza es la vida.—explicó con seriedad.
-¿Y la corona? Si todo lo demás no tiene valor sustancial ¿por qué los Casterly quieren la corona? Y no me digas que por el Orichalcum.
-Eso iba a decirte. Todos la quieren, siempre ha sido así por lo valioso de su material no por nada más. Un gramo de Orichalcum vale cien piezas de oro.—al Cuervo por poco se le escapa una expresión de sorpresa ante la cantidad. ¿¡Tanto!? Casi le era más provechoso robarle él la corona y venderla por su cuenta que entregársela a sus clientes.
-Entonces una corona de tamaño normal...
-Echa cuentas. Serviría para sacar un reino de apuros. Y no te estoy hablando de monedas, no, sino de piezas de oro.
-Ya me imagino ya. No me extraña que tu cabeza sea tan valiosa, aunque no lleves ese chisme puesto.—se quedó en silencio unos segundos antes de volver a hablar con solemnidad—Te haré otra vez la propuesta del Festival aunque con una concesión; entrégame la corona y te dejaré con vida. Les dije a los Casterly que les llevaría tu cabeza pero con la corona se darán por satisfechos. ¿Qué me dices?
-Que no.
-Te lo estoy ofreciendo por las buenas. A las malas ya sabes cómo me las gasto.
-Y yo también me estoy negando por las buenas. No y mil veces no. Jamás rendiré la corona, antes mi muerte.
-Eres muy testarudo, comprendo la mano ligera de tu maestro. Después de mi vendrán otros y lo sabes, y antes que ellos volveré yo. Mi trabajo no acabará hasta que consiga esa corona, con o sin tu cabeza.
-¿Ahora vacilas en matarme tú?—le pregunta entre escéptico y desafiante.
-¿Vacilar? Me has dado varios motivos para matarte de la manera más sádica que conozca, pero...me enseñaron que la vida concedida no se paga con la muerte arrebatada. Raro en un mercenario, lo sé, pero si tú no me has matado aún ni siquiera en combate me quedaré con el regomello de saber por qué.
-No te gustaría saber el por qué.—le contesta con simpleza. El Cuervo rechina los dientes. Bufó hastiado y volvió a contemplar el rostro femenino del cuadro.
-Ella. ¿También era reina de los gitanos?
-Sí. Se llamaba Anna, Anna Valerya. Era mi maestra.
-¿Maestra? Se me habrían ocurrido una docena de oficios más entretenidos que ese para practicar con ella.—replica irónico el Cuervo, esta vez los ojos de Claude si demostraron ofensa.
-Cuidado con lo que dices.—amenaza—Cuando ella murió yo tenía quince años, pero llevaba instruyéndome desde mucho antes, y al faltar ella Undertaker y otros fueron mis maestros.
-En el arte de la testarudez me imagino. ¿Aquí no os eligen por línea sucesoria?
-Anna no tenía hijos ni más familia cercana, cuando eso pasa el rey de los gitanos debe elegir un pupilo y adiestrarlo para que algún día herede la corona.—hizo una pausa, suspirando con cierto abatimiento—Tenía un hermano mellizo llamado Mycah pero murió siendo niño, así que la corona le tocó a ella.
El Cuervo se quedó pensativo. Si Claude era el último rey de los gitanos y esa mujer había sido su maestra además de reina...Debió ser ella la que muriera en la Noche de Purga. Recordó lo que le contó Brown acerca del temperamento 'volátil' del anterior rey y viendo la sonrisa altanera pintada en el retrato no le costó mucho imaginar cómo habría sido esa mujer en vida.
-Llevo siendo un rey desde los dieciocho y preparándome para ello desde quién sabe cuánto antes. Y créeme que es la primera vez que me cuesta tanto deshacerme de alguien.—dice Claude mirándole fijo.
-Lo mismo te digo. Eres el ratón más escurridizo que he cazado. Aunque ya llevarías tiempo muerto sin el psicópata de rojo, tu hermana falsa, el estúpido enterrador e incluso esa maldita cabra. Solo no vales nada.
Claude dio un paso atrás y desenvainó la espada que llevaba colgada en el cinturón. El Cuervo lo imitó y también sacó a Devora Almas de su funda. Los dos aceros brillaron fantasmales con el brillo de las antorchas.
-Entonces permíteme demostrarte lo contrario. Te daré a probar del filo de Veneno de Araña.—dijo con calma esgrimiendo la espada y colocándose en una postura de combate algo peculiar.
-Devora Almas también está hambrienta. Veamos cuál de las dos se alimenta primero.—respondió echando a Crook de su hombro y preparándose también para luchar.
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Charles Phipps seguía dándole vueltas a la cabeza mientras bebía aquel mejunje con sabor a hierba que le preparaba el sanador real cada día. El primer día que se lo dieron le entraron tales arcadas que pensó echar el hígado por la boca, el segundo las arcadas se repitieron y el tercero él mismo se apretó la garganta para controlar la angustia. Por fortuna su estómago ya se había acostumbrado mejor a recibir el líquido cada día.
El capitán pensaba en lo que diría el Doctor Spears de tal brebaje. El facultativo no era nada amigo de las mezclas de caldero ni de mejunjes extraños; pero el sanador real llegado desde la otra punta del mundo caía en gracia a la reina así que discutirle los métodos era como quejársele a la mujer. Y al doctor no lo había vuelto a ver desde que salió de su consulta.
Se acabó los posos de un trago y le entró un ataque de tos. Su teniente Leto que entraba por la puerta de sus aposentos seguido de los otros dos Guardias Celestiales corrió a darle palmadas en la espalda.
-Menos mal que sigues desayunando poco Charles.—saludó John sirviéndole un vaso de agua.
-Sería de lo más lamentable que después de sobrevivir a Smiley se te lleve un ataque de tos.—apunta el otro Charles con mordacidad. Phipps se bebió el agua y los miró a ambos tomar asiento en la pequeña mesa redonda.
-Teniente déjenos a solas.
-Como mande, capitán.
Leto abandonó la estancia y los Tres Guardias Celestiales se quedaron a solas. Grey fue el que rompió el silencio.
-¿Y bien? ¿Para qué querías que nos reuniésemos?
-Quería compartir con vosotros mi inquietud. Van a hacer más de cuatro semanas desde que el Cuervo desapareció de Oris y no hay ni rastro de él.—explicó—Mandé una patrulla fuera los muros en su busca pero no encontraron nada y nadie le había visto.
-Los pueblos próximos están a más de veinte leguas y hay posadas por el camino ¿hasta dónde llegaron los hombres?—preguntó Brown ajustándose las gafas.
-Hasta la primera posada que va a Nieves. Otros marcharon un poco más allá pero llegaron palomas mensajeras diciendo que nada. No hay rastro del mercenario.
-O sea que piensas que ya está muerto.—dice Grey, Phipps asiente—Es lo más lógico. Eso o que ha huido como un cobarde.
-¿Por qué habría de huir?—replica Brown—Ese hombre es tozudo como una mula y si huye su reputación quedará por los suelos.
-¿Has inspeccionado el puerto?—prosigue Grey sin hacerle caso al castaño.
-Sí. Han zarpado barcos pero en ninguno se ha visto al mercenario. Lo han jurado bajo pena de muerte.—Grey se rió.
-Tendrías que haber acuchillado a unos cuantos para empezar. Así salen las verdades, yo de marineros borrachos y malolientes me fío menos que de la serpiente que jura no morderte.—se levanta—Déjame que yo averigüe qué ha sido del Cuervo.
-Charles no vayas a cometer ningún atropello.—advierte Phipps.
-¿Atropello? Somos hombres del rey, impartimos justicia y su voluntad, y su majestad quiere saber qué ha sido del mercenario. Así que nuestro deber es averiguarlo.
Sin decir una palabra más Grey sale del cuarto con ese paso dignificado que le caracteriza. Phipps suspira y se masajea la sien, Brown da un trago al agua que se sirvió para sí mismo.
-¿Y tú qué piensas John? ¿También crees que está muerto?
-¿Sinceramente?—Charles asiente—Creo que no. De estarlo ya nos habrían llegado noticias—se rasca el cuello—, y me asusta decir lo que pienso Charles.
-¿Por qué?—pregunta sorprendido.
-Porque creo que está con él. Con el rey de los gitanos. No sé haciendo qué o por qué, si en calidad de prisionero o de visitante.
-Me pega más de prisionero.
-Pero tú no viste bien la pelea que ambos tuvieron en el Festival. Yo estaba en el estrado con la reina y pude verlo con claridad.
-¿Qué quieres decir John?
-Cuando Smiley te atacó sí entró a matar.—a Charles le recorrió un escalofrío con solo rememorarlo—Pero él en cambio no. Me recordó al día en que me enfrenté a vosotros dos en las candidaturas. Me estábais poniendo a prueba, me considerásteis más débil a simple vista aunque con más pericia. No me lo niegues Charles, que siempre lo he sabido y no me ha importado. Lo que quiero decir es que sentí que el rey de los gitanos no pensaba matar al Cuervo, sólo quería probarlo.
-¿Para enfrentarlo más adelante?
-No lo sé.—cavila unos segundos—Para eso o...para convertirlo en uno de los suyos...
-Pero John eso es...—intentó decir el capitán, pero el guardián de la reina no lo dejó.
-Los bandidos no nacen. Se hacen.
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Clank. Clank. Clank.
El choque metálico de las espadas se repetía. Al principio se mezclaba con algún gruñido o maldición pero conforme pasó el tiempo mutaron en pequeñas carcajadas divertidas. El Cuervo debía reconocer que hasta la fecha no se había batido nunca con un adversario tan parejo; esta vez Claude sí estaba luchando en serio y sus artes con la espada no estaban nada mal. Casi parecía que ambos estaban disfrutando de la contienda.
-¡No está mal para un mocoso!—provoca el mercenario, Claude sonríe con suficiencia y altanería.
-Ni para un vejestorio.—contesta. El Cuervo esboza una mueca felina.
Crook se limpia el ala con parsimonia. Cuando comenzaron a luchar había estado animando a su amo encaramado a una piedra que sobresalía de la pared, pero se aburrió de gritar al pasar el tiempo. Ahora sólo levantaba la cabeza cuando los oía gritarse mutuamente, intercambiándose acusaciones y comentarios sarcásticos.
-¡A ver si te voy a cansar! ¡Que luego rematarte no tendría gracia!
-¿¡Quién es el que se jacta siempre de ser más viejo!?
-¡Tendría que esperar a que te saliese barba para poder compararte conmigo!
-¡Y yo a que a ti te saliesen canas!
Crook rodó los ojos y escondió la cabeza para intentar dormir, ya seguro de que su amo no iba a necesitarle. Estaba a punto de conseguirlo cuando se oyó un golpe brusco y un tintineo metálico. El pájaro asomó la cabeza y vio a su amo en el suelo con el otro encima suyo, ambos forcejando.
Devora Almas yacía alejada de la mano de su dueño, pero Veneno de Araña seguía en las manos de Claude. Con un embiste con finta Claude había conseguido desarmar al Cuervo, que había sido lo suficientemente rápido como para sacar el puñal de su cinturón y frenar el filo de la espada contraria.
Ambos hombres se debaten, forcejean, rechinan los dientes y no desclavan la mirada del otro. Crook dio saltitos inquietos desde su posición, pero sin que su amo se lo pidiese no podía intervenir. Con pavor escondió la cara tras las alas al ver la espada más cerca de su amo, pero siguió asomando los ojos por entre las plumas y soltó un graznido cuando el ojirrojo hizo resbalar el puñal por la longitud de la espada para después darle un golpe seco a la mano con que Claude la sujetaba. El ojidorado abre la mano y Veneno de Araña se le escapa llevándose también el puñal consigo.
Están sin aceros. Los dos.
Crook respira más tranquilo, ya esperando que su amo rematase la faena festeja antes de tiempo meneando su cuerpo de un lado para otro. Pero se queda con el pico abierto y parado cuando el humano más joven se inclina hacia su amo y le deposita un beso en los labios. Una especie de graznido o grito ahogado le nace de la garganta, pero no llega salir.
-Por ahí tienes la salida.—dice Claude tras separarse. Levantándose de un ágil salto recoge su espada y se aleja sin llevarse ni una antorcha.
Crook baja de la piedra y planea al lado de su amo, quedándose junto a su cara. El Cuervo sigue echado en el suelo, con los ojos como platos y la boca entreabierta sopesando lo que acababa de pasar.
