Perdón por la pequeñísima tardanza...

DISFRUTEN!


De Vuelta

- ¿Katherine? –escucho su voz ronca.

- Hola, Jack –le digo, Teague sonríe y entra al bar, le sonrío a Jack y este rápido se acerca y me besa –te creí muerto –le digo al tomar aire, toma mi mano izquierda, mira mi anillo.

- Una propuesta es una promesa –dice y sonríe, yo no –solo mírate, estás más alta, terminaste de madurar, luces tan intelectual como siempre, tienes poder sobre la política y tienes el cabello demasiado largo –dice al jalar de mí coleta, acaricia mi mejilla –y tu belleza sigue vigente –le doy con el puño en el brazo –estás más fuerte.

- Tengo casi veintiocho, Jack, eso no significa que ya me deba poner vieja y fea… los años me favorecen, y el entrenamiento también –me pongo la capucha y entramos al bar, las risas de prostitutas y la música están al cien por ciento a pesar del clima… acogedor. Fuimos a sentarnos después de pedir unas cervezas.

- Oí que buscas una tripulación.

- Si tanto lo dicen, debe ser verdad.

- Oí a donde te diriges, a La Fuente.

- ¿Ya estuviste ahí?

- ¿Crees que mi cara ya estuvo en La Fuente de la Juventud? –pregunta Teague, casi escupo mi cerveza.

- Bueno, depende de la luz.

- Hijo, la fuente requiere de ciertos rituales profanos, sería bueno que Katy te acompañara, ella conoce bien la historia ¿verdad, hija?

- Se necesita de unos cálices –le digo.

- En el mapa venía un cáliz.

- Sí, pero se necesitan dos –dice Teague.

- Son del barco de Ponce de León.

- Son de plata, necesitas los dos.

- ¿Para?

- El ritual, usa la cabeza, Jackie… averigua todos los detalles antes de zarpar.

- Oh, lo que quiero es zarpar, pero hace falta una nave.

- Los chicos de allá, al fondo –señalo.

- Esas personas tienen una nave –continua Teague –y justo ahora están reclutando marinos –Jack mira a los borrachos con prostitutas al fondo y vuelve la vista a nosotros –pero hay algo más, muchachos… te probará la fuente –chocamos los tarros y bebemos, Jack gira para seguir viendo a los marineros. Para cuando vuelve a girar recibe de mi parte un beso fugaz en la boca, mientras lo beso pongo el anillo en su mano, me separo y camino rápido para desaparecer al igual que Teague, dejándolo solo en el bar con cualquier mujerzuela o ex amante que se le aparezca, en fin, es libre de hacer lo que quiera, a estas circunstancias… ya sé quién más estará en busca de la fuente, y apuesto a que sus ojos caerán de nuevo en ella.

Para la noche, me reúno con Barbosa y su tripulación en un muelle, Gibbs está con ellos.

- … al final hay que pagar nuestros pecados… oh, señorita Katherine, bienvenida –dice Barbossa – ¿ya conoce al pueblerino Gibbs?

- Ya tuve el placer de navegar con él, gracias –estrecho su mano después de quitarme la capucha.

- ¡Señorita Breton! Jack estará feliz de verla.

- Preocupémonos en otras cosas, Gibbs –le digo.

- ¿Y a ti que te pasó, Barbossa?

- ¿Dónde está, Sparrow?

- Logró escapar.

- Ya voy retrasado, Gibbs, el Providence va a zarpar al amanecer, y si no quieres amanecer con moscas en la boca más vale que hables ahora.

- Llévame contigo, no importa en qué dirección.

- ¿E ir adonde, Gibbs? ¿La fuente? Sí, es donde Jack piensa ir. ¿Tienes algo de interés que ofrecerme, Gibbs? ¿Cualquier cosa? –al ver que no responde Barbosa toma una soga, pero Gibbs saca un mapa, El Mapa –ahora entrégamelo –lo pide, pero el mapa es tirado al piso y quemado.

- ¡Gibbs!

- ¡Inepto!

- Tuve suficiente tiempo para estudiar esos círculos infernales, cada ruta, cada atajo, está todo aquí –señala su cabeza –tendrás que llevarme contigo.

- Ya eres parte de la marina de su majestad, Gibbs.

- Cualquier cosa que salga mal, señor Gibbs, yo seré la encargada de lanzarlo por la borda.

- No creo que la prometida de Jack Sparrow quiera lanzar a su tripulación al mar –dice nervioso, giro hacia él, la capucha solo deja ver mi sonrisa.

- ¿Y quién es su prometida, si se puede saber, señor Gibbs?

La mañana se ha vuelto tediosa, más después de despedirme de mis padres, y aún más de tener horas de navío sin mapa.

- Ah, señor Gibbs, ya que no hay un mapa ¿sería tan amable de darnos un curso?

- Hazme un favor –escucho –sírveme una copa.

- No, señor Gibbs, aquí somos corsees no piratas.

- Hágame un favor, haga su trabajo –le digo, el empieza a ver el mapa.

- Vamos en un curso correcto.

- No, usted está equivocado en medio de la nada –reprime Barbossa.

- Claro que no, mire –dice este señalando hacia el frente tres carabelas.

- Veamos –toma su mirador –son los españoles ¡preparen los cañones!

- Será una pérdida de tiempo, Capitán Barbossa –le digo –los españoles no perderán tiempo atacándonos, mejor hay que apresurarnos y llegar antes ¡de que la destruyan! ¿o me equivoco?

- ¡Guarden los cañones! Hay mejores cosas que hacer.

- Perdón, Capitán pero ¿le hará caso al a joven y dejará libre al enemigo?

- Está "joven" no viene solo a ser la cara bonita del barco, marinero, viene porque ella sabe cómo manejar perfectamente un barco sin mapa, o sin brújula. Así que más respeto.

- Lo lamento, Capitán.

Me alejo más del barco y me quedo a una orilla viendo el mar, dejo de ponerle atención a Barbossa, aunque no mucho y se acerca a mí.

- ¿Podemos hablar?

- Seguro –respondo.

- ¿Qué tanto sabe de esta fuente?

- Sé que antes de entrar en ella esta te pone a prueba, para que la magia de los cálices de plata funcione, se debe verter una lagrima de sirena en uno de ellos con el agua y el otro con solo agua de la fuente, quien beba el cáliz con la lagrima consumirá los años de vida del otro como años extra, casi provocando la inmortalidad.

- ¿Cree que sea cierto?

- A estas alturas, Capitán Barbossa… puedo creer en cualquier cosa.

- Su padre le ofreció su propio barco ¿por qué lo rechazó?

- Porque no me gustan estas tripulaciones.

- ¿Y cuál prefiere? –pregunta – ¿una incivilizada como la de Jack?

- No sería mala idea… pero en sí, sabe que tengo mi propio barco, yo solo digo a donde y ellos se encargan de navegar mientras yo trabajo, me parece mejor así.

- Pero no disfruta de aventuras.

- ¿Quién dice que no? El simple hecho de pasar por lugares prohibidos para ir a un simple lugar se vuelve una aventura.


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