Sakura observaba a Sasuke, intentando aquietar la difícil y áspera respiración que sacudía su cuerpo. Parecía no poder conseguir suficiente oxígeno, parecía no poder normalizar el fuerte estremecimiento de su palpitante corazón.

—Hay una línea delgada que divide el placer del dolor —le dijo él mientras sacaba el invasor anal de la bandeja, y el tubo de lubricante. —Es tan delgada, que si todo va como debiera ir, el dolor se suma al placer, de una manera erótica y oscura.

Él se corrió a los pies de la cama. Aflojó las cuerdas atadas al estribo, y tomó rápidamente sus piernas antes de que ella pudiera patearlo. Ignorando sus violentos esfuerzos y sus maldiciones acaloradas, en minutos él tenía su cuerpo entero dado vuelta, con las cuerdas sosteniéndola nuevamente en posición mientras él metía varias almohadas bajo sus caderas.

—Bastardo —. Su voz estaba estrangulada mientras una excitación enloquecedora se disparaba por su cuerpo.

Su trasero estaba arqueado hacia él. Ella estaba extendida, abierta para él, y los destellos de miedo y excitación que recorrían su cuerpo la tenían aterrorizada.

—Dios, Sakura, eres tan hermosa —gruñó él desde atrás, su voz áspera, llena de lujuria. —Tu pequeño trasero tan rosado y bonito. Y me gusta como mantienes tu coño depilado, tan suave y liso. Pero hubiese preferido hacerlo yo mismo. De ahora en adelante, me ocuparé de eso por tí.

Sakura tembló, gritando. Ella debería odiar esto. Debería estar gritando, pidiéndole que se detuviera, en cambio su cuerpo pulsaba de necesidad y deseo, anticipándose.

—No deberías haber esperado tanto para volver, Sakura —susurró él mientras besaba la llena mejilla de su trasero. —No deberías haberme hecho esperar tanto, nena, porque no seré capaz de ser tan gentil como lo hubiera sido.

Su coño palpitó con sus palabras.

—Y tendré que castigarte —. Ella gimoteó ante el creciente entusiasmo de su voz. —Pero de todos modos lo hubiera hecho, Sakura. Porque necesito ver ese bonito trasero ponerse todo rojo y caliente por mi mano.

—No —. A pesar del grito instintivo de ella, su mano cayó sobre la mejilla redondeada de su trasero.

El calor destelló a través de su carne, entonces ella gritó mientras un dedo se hundía en su coño un segundo más tarde. Ella se dobló, se retorció contra sus ataduras.

—Estás tan mojada —gimió él. —Tan apretada y caliente, Sakura. Pero para cuando mi polla se hunda en tu lindo coño, vas a estar más apretada.

Su mano golpeó otra vez mientras su ancho dedo se retiraba de su temblorosa vagina. Mientras el calor aumentaba en la carne de sus nalgas, su dedo se hundió otra vez. Sakura gritaba de miedo y de una oleada de entusiasmo oscuro, erótico. Los golpes no eran crueles, sino bastante agudos y picantes, construyendo un calor constante en su carne.

—Tan linda —. Él golpeó el otro lado, entonces su dedo empujó dentro de ella otra vez.

Ella estaba tan mojada que goteaba. Él alternaba los golpes suaves con los picantes, lo que la mantenía estremeciéndose de anticipación. Mantenido su carne acalorada, el dolor destellando por su cuerpo. Un dolor que ella odiaba, lo odiaba porque el placer que venía de él la estaba volviendo loca. Ella podía sentir sus jugos fluyendo de su sexo, oír sus gritos resonando con necesidades a las que ella no quería nombrar.

Para cuando él terminó, ella sentía su trasero encendido, sus caderas estaban rotando, su sexo palpitando. Ella se moría de necesidad. Si él no la follaba pronto, se volvería loca. Ella se quemaba, por dentro y por fuera, una ola de lujuria ardiente atormentaba sus entrañas mientras ella luchaba contra los placeres depravados de la azotaína.

—Tu trasero está ahora tan bonito y rojo —gimió él. —Maldición, Sakura, me gustas así, nena, toda atada para mí, enrojecida, tu coño caliente y apretado y tan mojado que empapa mis dedos. —Dos dedos se hundieron en ella.

—Sasuke —. Su grito era ronco y desesperado mientras su orgasmo la hacía vacilar en el filo de una atormentada excitación.

—Voy a poner el invasor anal en tu trasero ahora, Sakura —le advirtió mientras retiraba sus dedos de su cuerpo. —Entonces te follaré, nena. Te follaré tan profundamente y tan fuerte que nunca me volverás a dejar otra vez.

La cabeza de Sakura se enterró en la almohada mientras su mano le separaba sus nalgas. Ella se estremeció cuando sintió el lubricante frío, luego gritó otra vez mientras su dedo se hundía totalmente en el apretado agujero. Punzante, enviando una llamarada de calor por los músculos que la hacían corcovear y empujar.

—Ah, Sakura, tu culo es tan apretado —. Él retorció su dedo dentro de ella, extendiendo la lubricación, estirando los músculos mientras ella gimoteaba de angustia. —No quiere estirarse, Sakura. Un agujero virgen tan bonito.

Con todo lo que la llenaba su dedo, ¿cómo podría tomar ella aún más?Ella se apretó contra él con miedo, luego gimió mientras el ardiente dolor hacía que su coño latiera más caliente. Ella era depravada. Debería estar aterrorizada, luchándo contra él, en cambio sus quejidos suplicaban por más.

Él repitió la lubricación varias veces mientras Sakura luchaba por respirar más allá del placer y el dolor. Ella estaba lista para gritar, para pedir más. Quería susurrar las palabras prohibidas. Mordió su labio, jadeó, gritó mientras su dedo finalmente se retiraba.

—Sakura, quiero que inspires profundamente —finalmente la instruyó él, acalorado. —Relájate cuando el invasor empiece a entrar, eso aliviará el dolor si es que es demasiado para tí al principio.

—Me estás torturando —gitó ella, resistiéndose a sus ataduras. No quería esto ahora. Estaba demasiado asustada. La oscura lujuria que la recorría era demasiado intensa, demasiado espantosa. —Detente, Sasuke. ¡Déjame ir!

—Está bien, Sakura —. Su mano acarició su trasero y entonces sus dedos apretaron, separándola de nuevo. —Está bien, nena. Es normal asustarse. Sólo relájate.

—Sasuke —. Ella no supo si su grito fué de protesta o de necesidad cuando sintió la aguda cabeza del grueso invasor acomodarse contra su diminuto agujero.

—Va a doler, Sakura —. Su voz era oscura, excitada. —Vas a gritar para mí, y lo vas a amar. Sé que lo harás, nena.

—Oh Dios —. Ella sacudió su cabeza sobre la almohada, pero no pudo evitar permitir que su cuerpo se relajara ligeramente.

Ella sintió el dispositivo comenzar a penetrar el apretado agujero. Al principio, la sensación de perforación fué suave, pero a medida que la longitud y el grosor aumentaban, un persistente y creciente fuego comenzó a dispararse a traves de su cuerpo.

Ella se tensó, pero Sasuke no se retiró. Ella gritó cuando se puso más caliente, y luego comenzó a suplicar mientras el dolor florecía en su ano. Pero no pedía que él se detuviera.

—Duele —gritó ella. —Oh Dios, Sasuke. Sasuke por favor...

Él no se detuvo, en cambio, los dedos de su otra mano se dirigieron hacia su palpitante coño. Allí, acariciaron y mimaron su clítoris hasta que ella comenzó a bombear, empujando contra su mano, gritando mientras el movimiento empujaba el invasor más profundamente dentro de su trasero.

Ella pudo sentir estirarse sus músculos, protestando, pero eventualmente cediendo paso al grueso intruso que lo invadía. Ella se resistió contra sus cuerdas, retrocediendo, retorciéndose bajo el latigazo de ardiente dolor y de placer igualmente ardiente.

— ¡Maldito seas! —. Su voz era ronca, enfurecida por el creciente caleidoscopio de sensaciones que se precipitaban por su cuerpo.

El ardiente calor de la invasión, el lento y persistente aumento del dolor, la agonía de placer resultante abrumaba tanto sus sentidos que ella se sintió aturdida por ello, inundada por una realidad misteriosamente sensual donde no existía nada excepto la invasión lenta, persistente de su ano, y las suaves caricias, demasiado ligeras a su clítoris palpitante.

Largos minutos más tarde ella tiró severamente mientras el último centímetro del aparato atravesaba el apretado anillo anal, dejando dieciocho centímetros de un grueso y duro consolador alojado dentro de ella. Ella se retorció, luchando por acostumbrarse a la sensación. Sasuke escogió ese momento para hacer aterrizar pesadamente su mano sobre su trasero otra vez. Sakura gritó, apretándo sus músculos alrededor del invasor, infligiendose una desastrosa forma de éxtasis.

—Ahora, Sakura —gruñó Sasuke. —Ahora, me toca comer ese bonito coño.