Título- Crónicas De Una Mansión

Autor- Angel of the Sweet Pain

Disclaimer- Ya se lo han de saber, pero aquí va de nuevo: La historia no es mía, pero sí es original.

Long time no see, ne? Bien, aquí estoy yo, de regreso tras eones de ausentarme –aunque apuesto que nadie me extraño, ¿o sí? Nah, no lo creo–. Para compensar mi ausencia voy a dejar una entrega mucho más larga de lo normal.

La próxima entrega traerá el capítulo once, el cual es el final del volumen tres, así como los primeros del volumen cuatro. Aún faltaría subir el volumen cinco y lo que le salga al autor para el seis después que lo torture un rato. Espero que si hay algún lector allá fuera continúe leyendo porque la historia mejorará muchísimo en los siguientes volúmenes. Por favor dejen un comentario para saber qué les parece; gracias por leer.

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Capítulo 7

Ultima esperanza

Rafa, Antonio, Brenda, Bárbara y Pulido pasaban la madrugada sentados en la lujosa sala de la mansión; Cirilo no había vuelto y Bárbara había sugerido que ofrecieran una recompensa por encontrarlo, pero nadie había llamado. Los minutos pasaban a la velocidad de un caracol enfermo.

El teléfono sonó y Rafa contestó. Todos miraban.

–Ah, no, lo siento –dijo a persona que se hallaba del otro lado del auricular, tras lo cual colgó poniendo una cara de suma tristeza.

–¿Quién era? –inquirió Brenda con preocupación en la voz.

–Un vendedor de condones para perro –respondió lastimeramente.

Pulido reía cuando el teléfono volvió a sonar. Brenda fue quien atendió al aparato, encendiendo el altavoz.

// Siento llamar tan temprano, pero es urgente. //

–¿Qué pasó? –indagó Brenda en cuanto reconoció la voz de Martín.

// Es Tania. Se puso grave… muy grave. //

Pulido dejó escapar un gemido ahogado.

–Tranquilo, no te vas a quedar sin madre –trató de calmarlo Bárbara.

// ¡Vengan rápido! Ah… y no se permiten niños. //

–Rafa, Antonio y yo vamos para allá –ordenó Brenda con decisión.

–¿Y yo? –preguntó Bárbara, temiendo la respuesta que seguramente obtendría.

–Cuida al Pulido –Antonio fue quien confirmó sus sospechas.

–¡No! –se rehusó, aún sabiendo que sus quejas no serían escuchadas.

–¡Oh, que suerte! –soltó Pulido sarcásticamente, ¿qué acaso nadie lo quería?

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A muchos kilómetros de distancia, Isadora llegó al campamento Gama, llamando a Oscar desesperadamente.

Oscar salió con una toalla en la cintura al escuchar los alaridos que emitía su compañera.

–¿Qué pasó?

Isadora fingiendo la voz de alguien traumatizado dijo entre sollozos: –Es Plá… Los capoeiristas nos descubrieron y atacaron... Plá cayó fulminada por una bala disparada de Vicky Pacheco y la colgaron de un árbol… Yo… logré escapar".

–¿Vienes a pedir ayuda? –comentó titubeante el hombre.

Obvio –contestó Isadora rolando los ojos por la ineptitud de su compañero.

–Bien, despertaremos a Bob y llamaremos a Juan, pero te advierto: Bob tiene el sueño muy pesado.

–Despertémoslo.

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Mientras tanto, en otro lugar, Rodolfo y Su Hyun seguían monitoreando a Cirilo, quien había descubierto la fórmula de la cura pero no la lograba producir. Rodolfo se deleitaba viendo el sufrimiento de su víctima.

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Rafa, Brenda y Antonio entraron a la habitación de Tania seguidos de Martín. Tania estaba con los ojos en blanco y sufría de algunas convulsiones.

–Es peor de lo que creía. Tania tiene septicemia –informó Martín. Sin albergo, al ver la cara de incomprensión de los demás explicó: –El veneno infectó su torrente sanguíneo y contamina todo su cuerpo; sin un antídoto, entrará en estado de shock y después quién sabe que siga.

–¡Tenemos que hacer algo! –exclamó Brenda alarmada.

–Podemos intentar algo –sugirió el doctor.

–¿Qué? –la voz de Rafa desprendía consternación.

–Descubrí que el veneno que inició todo provoca que las células se contaminen con una sustancia parecida al veneno de una serpiente y que exploten; por lo tanto, quizá si le aplicamos el antídoto para una mordida de serpiente tal vez ayude –indicó el galeno.

–¿Y por qué no lo ha hecho? –exigió Rafael enojado.

–Porque el hospital no dispone de esos antídotos –aclaró el médico sintiéndose impotente por no ser capaz de ayudar.

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En la mansión, Pulido entró al cuarto de Bárbara, la cual estaba recostada en su cama.

–¿Puedo dormir contigo esta noche? –preguntó tímidamente el niño a la mujer.

–¿Por? –cuestionó a su vez ella, adormilada.

–Me hice del baño en la cama –confesó avergonzado.

–Lo siento Pulis, no.

Pulido gimoteó por su desgracia, ¡en verdad nadie lo quería!

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Itatí, la pequeña S.T.A.R.S., caminaba en su oficina con la foto de su amado Juny en la mano. Cada vez que la veía, recordaba la noche de la muerte de Juny. Itatí derramó una lágrima, pero se la secó rápidamente. Debía ser fuerte. De pronto, sonó el teléfono.

–Contesta Efrén –ordenó Juan desde su oficina.

–Inche joto, estoy indispuesto –gritó éste desde algún lugar de la casa.

–¿Qué?

–Efrén está en el baño, yo contesto –anunció Itatí dejando salir una sonrisita.

Itatí descolgó el auricular y escuchó la voz de Rafa.

// Itatí, necesito pedirte un favor urgente. //

–¿Cuál? –respondió ella, notando la agitación en la voz de su amigo.

// Tania tiene septicemia y creemos que sólo un antídoto contra una mordedura de serpiente la va a ayudar. //

–Te entiendo, quieres el antídoto.

// Claro. //

–Voy al hospital, espérenme, les daré el antídoto.

// Muchas gracias Itatí. //

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Bob, Oscar e Isadora se pusieron frente a una pantalla que se encendió dejando ver al cuartel de los S.T.A.R.S. Juan se hizo visible del otro lado del monitor y con su voz siempre segura preguntó:

// ¿Qué pasó? //

–Es Plá. Los capoeiristas la asesinaron –explicó Isadora con vehemencia.

Juan se sobresaltó.

// Eso es sumamente inesperado. //

–Lo sé –concordó la mujer.

–¿Podemos ir a patear traseros? –pidió Bob como si fuese un niño pequeño.

// Permiso concedido, sólo esperen al atardecer para poder sorprenderlos. //

–Claro –confirmaron Oscar e Isadora.

// Suerte. //

La pantalla se apagó, creando un incómodo silencio que fue roto con la exclamación de Bob de "¡Hora de la fiesta!".

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Efrén salió del baño en el cuartel de los S.T.A.R.S. y vio como Itatí se marchaba con el antídoto requerido.

–Inche loser drogadicta –condenó Efrén.

–Cállate fish –atacó ella asu vez, yéndose.

Efrén entró a la oficina de Juan, donde éste se hallaba con Araceli, quien se notaba un poco cansada.

–Papi, mi ardilla ya no gira –le dijo la niña a Juan.

–En español, por favor –pidió este no captando la queja de su vástago.

–Ya no tengo energía.

–Duerme un poco –sugirió él, sintiendo simpatía por la menor.

–Gracias papi –se despidió mientras salía–. Adiós fish.

Juan, apenas notando a Efrén, le dijo–: Ven, ayúdame.

–Claro –accedió este no teniendo nada mejor que hacer.

Los dos siguieron buscando pistas sobre el paradero de Rodolfo.

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Martín salió corriendo del cuarto de Tania gritando que ella estaba entrando en shock. Brenda entró corriendo, empujando al médico y vio a Tania convulsionándose y echando espuma por la boca.

–¡Qué loco!, parece drogada –mencionó Antonio, entrando a la habitación tras Tania.

–De cierta forma lo está –afirmó el galeno.

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Itatí manejó como maniática para llegar al hospital, una vez allí corrió al cuarto de Tania y entró sin pedir permiso. Martín vio la botellita con el antídoto y sin pensarlo dos veces se lo administró de forma intravenosa a la enferma. Todos contenían la respiración esperando el desenlace. Tania paró de convulsionarse. Todos gritaron de alegría y respiraron aliviados. Martín se volvió para darle las gracias a Itatí, pero ella ya no estaba.

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El Sol del amanecer se levantó y siguió su curso hasta pasar del mediodía. Isadora, Bob y Oscar tomaron todas las armas disponibles y se dirigieron al cuartel de los capoeiristas, el cual estaba con las luces encendidas a pesar de ser las cuatro de la tarde. Bob y Oscar aceleraron el paso.

–Ésto pasará a los archivos de historia de los S.T.A.R.S. –aseguró Oscar alegremente.

–Rambo se acerca –bromeó Bob.

Isadora los miró, para luego voltear a ver su armamento. Se preguntaba si podría acabar con Oscar, Bob y los capoeiristas al mismo tiempo. Isadora sonrió, no había duda, confiaba plenamente en sus habilidades.

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Araceli se despertó sobresaltada, había tenido una pesadilla muy real. Fue con Juan para informarle de ésta.

–Papi, debemos estar alertas, siento una conspiración para destruir a los S.T.A.R.S.

–Descuida –trató de tranquilizarla su padre, restándole importancia al asunto. Araceli lo miró atónita–. Nada puede pasarnos –aseveró.

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Capítulo 8

Misión en Brasil

Isadora, Bob y Oscar entraron al cuartel capoeirista por una ventana y no vieron a nadie.

–Tengo un plan –informó Isadora–. Ustedes dos detengan a Pacheco, yo me encargo que nadie escape.

Bob y Oscar asintieron mansamente. Isadora comenzó a sellar las ventanas, colocándoles pequeñas bombas. Bob y Oscar bajaron unas escaleras y encontraron lo que parecía ser un patio de entrenamiento, donde varios capoeiristas practicaban sus movimientos. Vicky Pacheco los lideraba.

Bob sacó una ametralladora mientras exclamaba: –Hasta la vista, baby.

Oscar también sacó su pistola y ambos dispararon sin piedad. Un capoeirista daba una vuelta en el aire cuando una bala le dio en el estómago, al instante otra le dio en la cara, cuando el capoeirista llegó al suelo, estaba muerto. Al ver esto, los demás capoeiristas se alarmaron.

–¡Traigan a los mandriles! ¡Detengan al enemigo! –ordenó la líder de los capoeristas.

Los capoeiristas siguiendo las órdenes dadas, se dispersaron. Vicky Pacheco pensó: "Cirilo, te necesito".

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Isadora seguía sellando cualquier salida y colocando bombas y explosivos. Bajó unas escaleras y llegó a una especie de sótano. El lugar estaba lleno de jaulas, varios mandriles estaban dentro, se veían feroces.

Isadora siguió avanzando sin ponerles mucha atención, de repente, una alarma se activó y un altavoz dijo: "Abriendo jaulas, iniciar secuencia de código rojo".

Al escuchar esto, los mandriles miraron a Isadora, mostrándole garras y dientes. Isadora vio cómo las jaulas se abrían lentamente, y cómo los mandriles iban hacia ella. Isadora tomó una ametralladora con cientos de municiones. Un sudor frío le recorrió la espalda. Esperaba que ésta no fuera su última batalla.

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En el patio de entrenamiento, varios jóvenes capoeiristas yacían en el suelo llenos de plomo. Vicky Pacheco saltaba para esquivar las balas e intentar detener a Oscar y Bob. Vicky saltó a un barandal y quedó frente a frente con Bob. Vicky pateó al arma de Bob y la rompió.

–Hora de los guamazos –grtió éste al hallarse desarmado.

Bob alzó su puño y lo descargó sobre Vicky con una fuerza sobrehumana. Vicky cayó del barandal con la sangre emergiendo de sus dos fosas nasales. Intentó huir, pero Oscar le cortó la retirada con una ráfaga de balas. Bob aprovechó para bajar con Vicky.

–Este es nuestro ultimo combate –exclamó.

Una puerta se abrió y varios maestres entraron.

Vicky se secó la sangre y con presunción dijo–: Que así sea.

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El mandril voló en pedazos cuando Isadora le llenó el cuerpo de plomo. Muchos mandriles habían caído y otros habían huido. Isadora terminó con el último y chequeó sus municiones, tenía bastantes. Isadora siguió con su labor de sellar las salidas.

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Bob, el negro y musculoso S.T.A.R.S. de dos metros de altura sintió como Vicky le desgarraba su traje. Miró su traje roto y sintió una ira indescriptible. Tomó a un maestre de la cabeza y le aplastó el cráneo con las manos, luego tomó un tubo que se hallaba cerca.

–Se acabó la fiesta.

Oscar asintió y sacó dos ametralladoras. Los maestres quedaron en el suelo llenos de plomo y con huesos destrozados gracias a los golpes de Bob. Vicky vio como se quedaba sola contra esos dos y se dio a la fuga por una puerta. Oscar y Bob la siguieron, los tres corrían por un puente, abajo había mandriles sin entrenar. Vicky vio como varios de sus mandriles entrenados iban a auxiliarla y se dio la vuelta para encarar a sus atacantes. Oscar y Bob la miraron fijamente, en espera de sus próximos movimientos. Vicky dio unos golpes aéreos y desarmó a Oscar.

–Todo se decide aquí, soy la mejor capoeirista de todos los tiempos, no puedo perder –gritó Vicky con ira en la voz.

–Eso es lo que tu crees –se burló Bob.

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Afuera, Isadora había sellado todas las salidas y había iniciado la secuencia de explosión, sólo tenía que esperar.

–Lo siento Bob, lo siento Oscar –susurró Isadora, sintiéndose culpable por lo que iba a hacer.

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Oscar vio cómo Vicky desarmaba a Bob y cómo los mandriles lo atacaban. Bob sujetó a los mandriles y les quebró el cuello. Vicky se asustó al ver que estaba perdida. Oscar vio su oportunidad y saltó dando una patada.

Vicky sintió como Oscar le hacia perder el equilibrio. Ella cayó del puente hacia los mandriles sin entrenar… cayó justo en medio de ésta. Era su fin. Sintió como la desgarraban; quiso gritar, pero era tarde, un mandril le rompió el cuello.

Oscar felicitó a Bob e indicó que era hora de salir.

Pero Oscar jamás salió. Una explosión convirtió al edificio en una bola de fuego, en un infierno. Oscar fue impulsado en todas direcciones por el fuego, sintiendo cómo se quemaba. Aterrizó en varios hierros retorcidos y miró hacia arriba, una placa de metal le cayó encima y después todo lo que vio fue negro.

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Isadora vio como se apagó el fuego y se dirigió al mar que estaba cerca, una voz a sus espaldas la detuvo.

–Tú mataste a mi jefe.

Isadora se volvió y vio a Bob, quien estaba casi ileso.

–Ahora yo soy tu jefe –declaró fríamente.

–¡Jamás!

Bob empezó a correr hacia ella. Isadora escapó a un muelle, si Bob la alcanzaba de seguro moriría. En el muelle vio un arpón, lo tomó y apuntó a Bob. Bob sintió como el arpón lo atravesaba, pero siguió corriendo, Isadora le disparó y Bob seguía corriendo. Isadora subió a una lancha e intentó huir, Bob cogió el ancla.

–No, ¡vete! –estaba aterrorizada, él, su compañero podría ser capaz de matarla.

Bob le agarró el cuello. Isadora tomó la cadena del ancla y, a su vez, se la amarró a Bob en el cuello. Tenía poco tiempo, ella disparó a la unión del bote y la cadena. Bob se hundió con el ancla dejando a Isadora recuperándose de ese ataque.

Bob intentó liberarse, pero estaba ya a mucha profundidad. Vio un tiburón que iba hacia él. Bob se preparó para detenerlo, pero otro tiburón lo mordió por atrás; varios tiburones se unieron al festín. Bob miró hacia la superficie y logró ver una estrella. Bob sonrió al sentirse esperanzado, después unas fauces se cerraron sobre su rostro. Bob vio luz y luego todo negro.

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Capítulo 9

Estrella caída

Al tercer día de haber llegado a Brasil, Isadora se encontraba en el aeropuerto, eran cerca de las nueve de la mañana y estaba lista para recibir el antídoto para Tania por parte de Rodolfo, Isadora subió al avión mientras exclamaba: "Tania, voy a regresar".

El hombre de al lado viéndola despectivamente murmuró en un tono suficientemente audible: "Lesbiana".

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A muchos kilómetros de distancia, Araceli despertó y fue con Juan.

–Papi, están muertos.

–¿Quiénes? –inquirió el hombre sin entender lo que su hija quería decir.

–Oscar y Bob.

–No, sólo estás cansada y lo imaginaste –Juan sonrió al ver la imaginación de su hija.

–Contáctalos –demandó ella.

Juan tomó el teléfono y marcó… nadie contestó.

–Tal vez estén tomándose un cafecito –mencionó socarronamente Juan sin querer comprender el peligro que lo acechaba.

–Claro, un cafecito –contestó sarcástica Araceli.

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La mansión estaba en calma. Rafa, Brenda y Antonio dormían, pero Pulido no. Pulido entró a la cocina y vio a Bárbara, acercándose lentamente le mostró un anillo.

–Pulis, te dije que esto no funcionaría –dijo ella condescendiente.

–¿No quieres intentar? –preguntó el niño haciéndose falsas esperanzas.

–No.

Pulis se quedó petrificado.

–Lo siento.

–Devuélveme el anillo, pediré un reembolso –exigió Pulido dolido.

–Animal –le espetó Bárbara con una bofetada. Pulido se derrumbó.

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Juan y Efrén seguían buscando a Rodolfo, ya habían revisado los laboratorios cuando a Efrén se le ocurrió una brillante idea.

–El rascacielos de Xenia.

–¿Qué?"

–Ahí deben estar.

–¿Por qué lo crees? –cuestionó Juan incrédulo.

–Ahí es el ultimo lugar donde los buscaríamos.

–Deja lo busco –concordó Juan.

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Rodolfo y Su Hyun veían como Cirilo intentaba crear el antídoto cuando una alarma sonó por la habitación: "Atención, el sistema esta siendo revisado por los S.T.A.R.S."

–Mierda, ya saben que estamos aquí –maldijo Rodolfo.

–¿Qué haremos? –cuestionó Su Hyun a su jefe.

–Ellos tardarán dos horas en venir; quiero que en una hora vayas con Cirilo y lo mates –indicó Rodolfo.

–¿Y usted? –preguntó el coreano, preocupado por su jefe.

–Yo los venceré con ayuda de Isadora, ella viene en camino y se reunirá conmigo para eliminar a los S.T.A.R.S.

Su Hyun rió al comprobar que su previsor jefe tenía todo bajo control.

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En el cuartel de los S.T.A.R.S…

–Ya ves Juan, ahí estaban –confrimó Efrén orgulloso de sí.

Juan tomó una ametralladora y llamó a todos para pelear.

–Todos prepárense.

–Bien –dijo Araceli.

–Claro –accedió Itatí.

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El vuelo de Isadora estaba por llegar. El avión sobrevolaba la ciudad, Isadora pensó: "Tania, resiste".

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Rodolfo vio como Su Hyun se dirigió hacia el laboratorio y esperó unos minutos, después de todo los S.T.A.R.S. no tardarían. Rodolfo vio por las cámaras de seguridad como salía Su Hyun y como al poco tiempo llegaban los S.T.A.R.S. Rodolfo preparó una ametralladora y una espada para el combate.

Los S.T.A.R.S. subieron al elevador y después corrieron hacia la oficina de Rodolfo. El cuerpo de Rosa seguía ahí, pero nadie lo tomó en cuenta. La puerta de la oficina salió volando y entró Juan seguido de los S.T.A.R.S.

–Director, lamento decirle que esta bajo arresto –llamó Juan.

–¿Me esta amenazando? –contestó Rodolfo ofendido.

–Claro.

–En ese caso, me defenderé.

Rodolfo sacó la ametralladora y disparó, los S.T.A.R.S. se pusieron a salvo. Cuando ya no tenía municiones, Rodolfo la guardó y sacó su espada. Los S.T.A.R.S. tomaron pedazos de metal que habían salido volando por el ataque.

–Este juego es para todos –exclamó Efrén emocionado.

–¡Mueran! –gritó Rodolfo fúrico.

Rodolfo atacó a Efrén, pero éste se quitó del camino y en su lugar golpeó a Araceli. Araceli voló hasta quedar debajo de un escritorio, golpeándose la cabeza.

–Quédate ahí –le ordenó Juan.

–Claro, dale duro.

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Isadora salió del aeropuerto y tomó un taxi, no tardaría en reunirse con Rodolfo.

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Rodolfo tomó su espada y cortó a Efrén en un brazo.

–Inche loser, ahora vas a ver lo que es bueno –le dijo enojado. Efrén intentó golpear a Rodolfo, pero Rodolfo le hizo otra cortada, Efrén cayó indefenso.

Rodolfo alzó su espada y disfrutando el momento dijo–: Muere.

Itatí saltó y golpeó a Rodolfo, provocando que fallara el golpe; aprovechando la oportunidad Efrén huyó. Rodolfo vio a Itatí y corrió hacia ella. Itatí intentó parar el golpe, pero Rodolfo la empujó fuera de la oficina y ella quedó inconsciente.

Juan vio como Rodolfo acabó con los demás S.T.A.R.S, aumentando su fuira contra él.

–Sólo quedamos nosotros.

–Pero yo ganaré –aseguró Rodolfo.

–Sólo un enfermo mental como tú piensa eso –se mofó.

–Pruébalo.

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Isadora entró al edificio cuando la noche llegaba, subió a la oficina y vio a Itatí inconsciente. Isadora vio a Rodolfo en el suelo, Juan le pisaba el cuello y le apuntaba con una pistola.

–Ayúdame, estoy muy débil… –suplicó Rodolfo al ver a la reién llegada.

–Cállate, tú morirás –le espetó Juan.

–No, Juan, lo necesito. Él puede salvar a Tania –trató de detenerlo Isadora.

–Trae a Oscar y a Bob, es muy peligroso para dejarlo con vida –Juan ignoró la petición.

–Ayuda...

–Oscar y Bob murieron. Yo les di muerte –declaró estoicamente.

–¡No! –Juan no podía creer lo que escuchaban sus oídos.

Rodolfo soltó una carcajada. El juego había salido como lo había planeado.

–Cállate, voy a terminar esto ahora –chilló Juan, sumamente molesto. Cargó la bala y apuntó.

–No lo harás –intervino Isadora.

Isadora disparó y le dio a Juan en el hombro. Araceli gritó desde debajo del escritorio. Rodolfo se levantó y le cortó la mano a Juan.

–¿Por qué? –Juan no podía entender la traición que cababa de sufrir.

Isadora lloraba. Rodolfo le dio a Juan en los huevos con la espada.

–Mi precioso… –se quejó Juan.

Rodolfo lo pateó y lo tiró por la ventana. Juan cayó. Pensó en Araceli; luego, aterrizó en el cofre de un coche. Juan sintió como las partes del motor se le enterraban y al segundo siguiente ya no sintió nada; no volvió a ver nada ni a pensar en nada.

Isadora lloriqueaba.

–Bien, destruye a los otros y te daré el antídoto –mandó Rodolfo.

Itatí se despertó con la vista nublada.

–Mataste a mi papi –dijo Araceli entre sollozos.

–¿Qué has hecho? –preguntó Efrén con incredulidad.

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Capítulo 10

Noche sin estrellas

Isadora miraba fijamente a Rodolfo, éste sonreía complacido.

–Dame el antídoto –exigió bajando su arma.

–Aún quedan tres S.T.A.R.S. –señaló Rodolfo.

–Inche loser, nos traicionaste todo el tiempo, jugaste con todos nosotros –expresó Efrén dolido, apuntándole a Isadora.

–Bastarda –le espetó Itatí.

Araceli sólo la observaba decepcionada. Efrén e Itatí intercambiaron miradas de aprobación.

–Pondremos fin a tu maldad aquí y ahora –dijo Itatí segura de sí misma.

–¡Inténtenlo!, no por nada soy la mejor –Isadora levantó una pistola de choques eléctricos esperando el ataque.

Efrén e Itatí fueron hacia ella. Isadora golpeó a Itatí y la arrojó al escritorio, después le metió la pistola a Efrén en la boca y la activó. Efrén sintió como la electricidad lo envolvía. Se cargaba con ella. Isadora la sacó de su boca violentamente y Efrén salió volando por una ventana. La electricidad le provocaba convulsiones. Efrén cayó varios pisos hasta aterrizar en una lona, sintió como su espalda recibía un golpe tremendo. Intentó mover sus pies, pero no pudo, tampoco pudo mover su rostro. Isadora se volvía hacia Araceli dispuesta a acabar con todo.

–Bien, sólo quedan dos –susurró Rodolfo, complacido.

–Por favor, no lo hagas –imploró Araceli atemorizada.

Itatí yacía junto al escritorio, apenas recuperándose del golpe, vio dos espadas en un cajón y las tomó. Isadora avanzó hacia Araceli y levantó su ametralladora. Araceli se cubrió la cara esperando su fin. Isadora iba a apretar el gatillo, pero Itatí rebanó el arma con las espadas.

–Obscena, no te iba a dejar hacer eso –senetenció.

–Lamentablemente, eso es algo temporal –informó Isadora tomando una espada que le dio Rodolfo.

–Dos contra uno, vas a perder –aseveró Rodolfo recuperando sus armas.

Itatí miró a Araceli.

–Quiero que huyas, busca a Efrén y a Juan, no sabemos si están todavía vivos –le indicó.

–Claro.

–Rápido, no se si pueda aguantar mucho tiempo –advirtió Itatí.

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Su Hyun manejaba un pesado camión de carga hacia el almacén donde estaba Cirilo. Se preguntaba como estaría su jefe. Su Hyun decidió dejarse de preocupar y siguió su camino.

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Rafa, Brenda, Antonio, Bárbara y Pulido salieron de la mansión y subieron al auto. Bárbara había visto en las noticias que en el rascacielos de Xenia se habían registrado actividades extrañas; ellos sabían que los S.T.A.R.S. estaban allí y habían decidido ir a ver que pasaba.

–¡Prepárense!

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Itatí volvió a esquivar a Rodolfo y le intentó dar con su espada, fallando miserablemente.

–Admítelo, no tienes oportunidad –rió.

–Tal vez no la tenga, pero puedo intentar –contestó Itatí.

Isadora estaba sumida en su mutismo.

–Elimínala para que podamos acabar con Araceli –le ordenó Rodolfo autoritario. Isadora no hizo nada–. ¡Hazlo! O… no te daré el antídoto.

Isadora sacó la pistola de choques eléctricos y se la puso a Itatí en el estómago.

–¡Zorra bastarda, me duele!.

–Perdón –se disculpó Isadora con la voz entrecortada.

Itatí sintió como era lanzada por la ventana para aterrizar en el edificio de al lado. Se puso en pie y de su espalda tomó el arma que había tomado en el cuartel: un lanzamisiles.

–Hasta la vista –dijo apuntando a la oficina.

El misil dio de lleno en su objetivo. Rodolfo tomó a Isadora y saltó por la ventana, los dos aterrizaron en el mismo edificio que Itatí. Ésta sacó sus espadas y miró cómo Isadora y Rodolfo hacían lo mismo. Corrió hacia ellos y la batalla se reanudó.

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Araceli revisaba los alrededores del rascacielos cuando vio en una lona a Efrén.

-¡Efrén! –lo llamó.

–Ara, gracias al cielo que viniste, no sabes lo mal que lo he pasado.

–Baja –le pidió.

–No puedo mover las piernas, necesito ayuda –respondió.

–Espera ahí –indicó Araceli.

–Ni modo que fuera a otro lado –contestó con sarcasmo.

Araceli corrió y vio un coche con el cofre abollado, ahí estaba otra figura. Araceli se acercó y vio a Juan, tenía los ojos cerrados. Araceli lo tocó, estaba helado. Araceli se dejó caer y lloró. Un coche llegó en ese momento y de él bajó Brenda.

–Ara, que bueno que estás bien.

Araceli no dijo nada. Fue entonces cuando Brenda notó a Juan.

–Lo siento.

–¡No es justo! –se quejó la niña.

Brenda la tomó del brazo, para levantarla y llevarla a un lugar seguro.

–Llama una ambulancia, Efrén esta grave –dijo Araceli por lo bajo.

Brenda hizo caso, sin hacer más preguntas.

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Rodolfo intentó golpear a Itatí, pero ella saltó y esquivó el golpe. Se volteó hacia ella y la persiguió. Itatí vio una entrada al edificio y corrió, adentro había escaleras, las bajó y se encontró en un teatro viejo y en pésimas condiciones. Se colocó en medio del escenario. Rodolfo e Isadora le dieron alcance,

–Tu acto ha llegado al final –le gritó Rodolfo.

Itatí sólo vio como los dos se le iban encima.

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Cirilo estaba en la salida del laboratorio, el antídoto estaba en la bolsa de su pantalón. Se dispuso a cruzar la calle, pero no vio cómo un pesado camión de carga se acercaba velozmente. Cirilo fue golpeado por éstey voló hasta el otro extremo de la calle.

–Tu fin ha llegado –dijo un coreano bajando del vehículo.

Cirilo se puso de pie, la sangre le salía de toda la espalda y tenia pequeñas cortadas en la cara y en las piernas.

–Todavía no.

Sacó una pistola y disparó. Su Hyun sintió como la bala le daba en un hombro. Su Hyun subió al camión.

–No… todavía no puedo… voy a volver… y… te venceré.

El camión se perdió en la noche. Cirilo simplemente cayó inconsciente.

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Itatí cayó al suelo y se volvió a levantar esquivando la espada de Isadora, quien sólo lloriqueaba. Rodolfo intentó clavar su espada en Itatí, pero falló. Itatí contraatacó y le hizo un corte superficial a Rodolfo. Isadora la golpeó y ésta cayó de boca al piso.

–Yo voy a lograrlo –murmuró Isadora.

–No lo creo –le respondió Itatí.

Itatí sacó la segunda espada que había tomado en la oficina y apuñaló a Isadora. Isadora sintió como la espada entraba y salía de su pecho y cayó del escenario. La sangre salía a borbotones de la herida.

–Salva a Tania.

Rodolfo vio como Isadora caía y sintió miedo. Itatí se acercó y comenzó a pelear, las espadas chocaron. Rodolfo intentó acercarse más a Itatí, pero ella fue más rápida. Rodolfo sintió como la espada de Itatí le cortaba la mano en la que tenia su propia espada. Rodolfo soltó un grito. Itatí le cortó la otra mano.

–Estamos a mano –le espetó Itatí, teniéndolo hincado a su merced.

–Hazlo.

Itatí colocó sus espadas a cada lado de la cabeza de Rodolfo. Rodolfo cerró los ojos. Itatí deslizó las espadas hacia el cuello de Rodolfo. Rodolfo sintió como el metal tocaba su cuello, después sintió dolor y sintió que caía al suelo, al tocarlo, todo se volvió negro. Itatí contempló la cabeza de Rodolfo y la pateó,

–El… antídoto… –susurró Isadora con sus últimas fuerzas.

Itatí buscó en las bolsas de Rodolfo y sacó un pequeño frasquito, adentro había una sustancia espesa.

–Llévala a Tania.

Isadora cayó inconsciente e Itatí llamó a una ambulancia.