Hola, los personajes de Twilight no me pertenecen, la historia es completamente mía.

Canción de capítulo:

Sabor, Sabor ― Rosario Flores

(En el grupo de facebook he subido un cover, que me parece mucho mejor que el original :P ya queda a criterio)


Capítulo 9 - Sabor, sabor

Sabor, sabor, a fresa y a limón

A mermelada de miel de abejas sabes hoy.

Sabor, sabor, de rojo melocotón

Sabe tu piel cuando te beso,

Sin saber que hablo de mis dulces sueños

Que reparto en cada parte de tu cuerpo.

Rosario Flores

Los días siguen pasando, uno detrás de otro. Bella y yo adquirimos una especie de rutina: por las mañanas vamos juntos a mis terapias y el resto del día lo dedicamos a los dos, a conocernos, a besarnos, a bromear, a toquetearnos, a salir por ahí, a hacer la compra de cada miércoles, a besarnos… se sigue ofreciendo como mi enfermera particular para mis terapias, lo cual en absoluto me molestaba, hasta he empezado a tener el cliché fetiche de verla vestida de sexy enfermera. Mis sueños me atormentan con esa idea, así que en los últimos días he despertado a mitad de la noche, con la opción de una ducha fría o mi mano. Las dos llegados a casos extremos.

Es viernes, y puntualmente llegamos a las once de la mañana a la clínica, y cinco minutos después Jessica sale a atendernos.

―Eddie, honey, ¿cómo estás? ¿Cómo está ese bracito? ―habla ella, con su amabilidad desbordante e ignorando, como siempre, a Bella.

―Bien, gracias ―es mi única respuesta.

Me molesta a sobremanera su exceso de atención, ya es demasiado abrumador; y más, estando con mi chica aquí. ¿Qué no entiende las señales corporales esta mujer? Cuando vi que las cosas se empezaron a salir de control, pedí cambio de fisioterapeuta, pero me dijeron que no era posible, todos los turnos estaban copados.

Bella entra tras de mí, casi pisándome los talones, y cuando me siento la veo, rígida a mi lado, casi fulminando con la mirada a la "fisiotetaputa" como la había apodado Bella, cosa que siempre me hace reír. Jessica ya ni siquiera se molesta en decirle que espere afuera o en ofrecerle una silla, pues Bella siempre se ha negado y nunca se sienta mientras ella está cerca, como lista para el ataque.

Veinte minutos después, Bella sigue en la misma posición, de pié a mi lado, brazos cruzados y piernas ligeramente separadas y flexionadas.

―Bien, toma la plastilina y empieza a hacer pulpitos, ya sabes la dinámica. Y con eso terminamos por hoy ―anuncia Jessica, sonriendo tristemente y dándome palmaditas en la mano antes de levantarse e ir a recibir a su siguiente paciente, no sin antes fusilar a Bella con la mirada.

―Uf, al fin, pensé que nunca iba a terminar. ―Bella suspira a mi lado, relajando sus evidentemente tensos hombros. Solo puedo sonreír y mover mi cabeza mientras distraídamente me ocupo de hacer mi trabajo con la plastilina, la cual ya puedo moldearla con más facilidad.

―Edward, no me mires así y concéntrate para que podamos irnos rápido ―dice Bella cuando me descubre mirándola embobado mientras, ya olvidado de la terapia, muero de ganas por besarla.

―Bella ―susurro bajito, para mí, pero ella me escucha.

―Qué…

―Isabella Swan ―susurro de nuevo.

―¿Qué pasó? ―Río bajito y la atraigo hacia mí, sentándola en mis piernas, para seguidamente besarla dulcemente en los labios―. Estaba acordándome del día que supe tu nombre.

―Ah, ¿sí? ¿Y por qué?

―Porque tenías esa misma expresión furiosa antes de gritármelo en la cara. ―Me carcajeo y ella suelta una sonrisa triste antes de besarme.

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27 de abril, Zaragoza. Día del accidente.

Mi día tan esperado había llegado, los nervios me invadían y sabía que no debería tenerlos, pero en mi mente solo estaba mi chica protesta, a la cual moría por ver y besar antes de este día tan importante. Estábamos a una hora de entrar al ruedo y sin poder evitarlo salí de camerino, ante las protestas de Stefan, pues ya debía estar preparándome y poniéndome el traje de luces.

Dame diez minutos, no tardo ―palmee su hombro y salí.

Afortunadamente, en medio de tanta gente, ahí estaba, recostada a un lado del pasillo que conducía a los camerinos. Sin decir palabra me acerqué y me recosté a su lado, ella seguía con la mirada perdida entre sus manos, que temblaban levemente.

¿Por qué no puedo alejarme de ti?

¿Por qué no puedo dejar de pensar en ti?

Dijimos al mismo tiempo, y ante la sorpresa nos miramos, para luego sonreírnos con tristeza.

Continuamos mirándonos por unos minutos hasta que como imanes, sin mover nuestras espaldas de la pared, acercamos con lentitud nuestras cabezas, hasta que finalmente unimos nuestros labios. Y así nos quedamos, quietos, unidos, con respiraciones temblorosas y corazones galopantes. Su mano cálida rosó suavemente mi mejilla y yo hice lo propio con la mía, llevándola para tomar su mano en mi rostro.

No quiero odiarte, no quiero, Edward, pero… ―abrí los ojos y pude ver su ceño fruncido.

¿Hmm? Pero…

Pero nada. ―Abruptamente se separó y sus ojos volvían a ser fríos, acusadores, llenos de dolor―. Eres un asesino y eso es lo que más pesa, nada más importa.

Dio media vuelta y sus pasos decididos la alejaban cada vez más de mí. Corrí hasta que logré alcanzarla y sin pensarlo dos veces, la agarré del brazo y la atraje hacia mí.

¡¿Qué haces?!

Dime tu nombre ―casi exigí.

Para qué quieres saberlo, ¿qué importa?

Me importa.

Un ases…

Sí, ya me lo dijiste, ya me dijiste que a un asesino como yo no le importa un nombre.

¡Entonces deja de joderme, deja de seguirme! ―su furiosa voz me hizo temblar, pero no me amilané, no podía, también estaba enojado, estos sentimientos en mi pecho me desbordaban y no podía canalizarlos.

¡Eso mismo podría decirte yo a ti! ―respondí casi igualándome al volumen de su voz

¡Pero tú no tienes fundamentos!

¡¿Y qué si los tengo?! ―El silencio nos acogió, pero la furia de ambos llenaba el lugar―. Dime tu nombre ―dije entre dientes, en casi un susurro, conteniendo el temblor de mi cuerpo.

Furiosamente se soltó de mi agarre.

Isabella Swan, ¿contento? Mi nombre es Isabella Swan, recuérdalo, porque espero que sea lo último en lo que pienses cuando ese indefenso animal al que hoy piensas matar se vengue.

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Parecía hace tanto tiempo ya, y no hace apenas un par de meses.

―Sabes que no lo decía en serio, ¿verdad? Dios, verte ahí tirado…

―Shhh, ya pasó, ya no tiene importancia. Estos dos años me carcomí el cerebro pensado en diferentes nombres y el más obvio nunca se me ocurrió: Bella, bella.

―Me sorprendió cuando me llamaste así en el hospital. Nunca me ha gustado mi nombre completo y siempre que conozco a alguien tengo que decirle que solo me diga Bella. Pero vienes tú y me llamas así, de la nada.

―Es porque no soy cualquier conocido, cariño, soy el hombre que te… ―Un carraspeo nos despierta de nuestra burbuja personal. Bella suspira profundamente y nos separamos.

―Eddie, creo que por hoy hemos terminado. ―Asiento con la cabeza y Bella solo me da tiempo a agarrar mi chaqueta antes de tomar mi mano y sacarme a rastras de la clínica, como si el edificio se estuviera incendiando.

Cuando salimos la halo de la mano y la atrapo entre mis brazos, rodeando su cintura.

―Hey, preciosa. Deja de fruncir el ceño que te vas a arrugar.

―Edward, es el último día que puedo acompañarte y esa perra tenía que arruinarlo. ―Sonrío sobre sus labios mientras la beso.

Lastimosamente así es, más pronto de lo que hubiésemos realmente querido, las dos semanas pasaron y Bella tiene que regresar a su trabajo, lo que implicará tenerla solamente pocas horas al día y los fines de semana… se limitaría al almuerzo y a cenas por la noche cuando salga de trabajar, lo que es jodidamente terrible. Ya la extraño.

No me miren así, ya he dicho, cuando se enamoren me entenderán.

Paseamos un rato por el parque cercano a la clínica, luego la invito a almorzar y por la noche a cine. El fin de semana se pasa en un santiamén y sin contratiempos, Bella está todo el día en mi casa, y ya tarde en la noche, voy a dejarla a su apartamento.

―Prométeme que no vas a dejar que esa zorra te toque más de lo estrictamente necesario ―susurra, con su rostro pegado a mi pecho.

―Lo prometo, preciosa. ―Sonrío y dejo un pequeño beso en su respingada y celosa nariz.

―¿Estás seguro que quieres ir solo? Le podemos decir a Helenita que te acompañe. ―Sonrío y dejo un pequeño beso suave en sus labios.

―Puedo ir solo, soy una persona adulta, ¿lo ves?

―Pero…

―Pero nada, tranquila, sé cuidarme. ―Mientras hablo con Bella, una diatriba interna sale a cada respuesta que le doy. Es mentira que quiero ir solo. Establecimos una rutina tan perfecta que ya me volví, demasiadamente pronto, bastante dependiente de ella. Pero no puedo ser tan egoísta y preocuparla.

Nos despedimos y baja del carro, espero a que entre en el edificio, pero antes de cruzar la puerta se regresa corriendo y se mete nuevamente al auto, para besarme como si no hubiese un mañana.

―¿Me llamas cuando estés en las terapias?

―Por supuesto.

―Hasta mañana, cariño.

―Hasta mañana, preciosa.

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.

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Las terapias ahora son una tortura, no me queda más remedio que ir solo. Y cuando hablo de tortura no me refiero solo al dolor. Jessica, alias fisiotetaputa, no desperdicia oportunidad para insinuarse.

Sin embargo, siempre me las arreglo para evadirla y agarrar mi celular para llamar a Bella, siempre a la misma hora.

―¿Cómo está tratándote esa perra? ¿Te toca mucho? ¿Quieres que vaya? ―Me saluda como desde hace casi una semana lo hace.

―Hola preciosa, sí, ya estoy aquí. Bien, no y no es necesario, sé arreglármelas ―respondo entre risas al escuchar la furia en su voz.

―Hmmm. ―Es su única respuesta antes de empezar a preguntarle por su trabajo, mientras Jessica me asiste en mi terapia, con una mueca evidente de incomodidad al ver que no hago caso a sus evidentes provocaciones. Estos días ha venido usando escotes más grandes de lo normal, pero olímpicamente la ignoro, para hablar con mi chica.

Aunque esa es una rutina que poco me satisface, me es mil veces preferible tenerla a mi lado a través del celular, calmando un poco mis ansias y el dolor, que no tenerla ni siquiera así. Cada que escucha alguna queja de mi parte, se apresura a distraerme con sus habituales bromas sobre el aspecto de Jessica o simplemente susurrándome palabras amorosas.

Con las semanas vinieron los meses y la movilidad de mi brazo está casi perfecta, cosa que Stefan agradeció el día que nos citamos a la hora del desayuno en mi casa, para hablar de negocios. Ese día acordamos que empezaría a practicar durante las mañanas, antes de las terapias, para ver cómo iba evolucionando, y así ha sido por los últimos dos meses. He ido recuperando mi habilidad con el capote, lo que me tiene sumamente feliz. Con las espadas es otro cuento, pero tengo que armarme de más paciencia, aún tengo que practicar mucho con la precisión que me caracteriza; el implantar más fuerza hace que todo el brazo me duela como la mierda, pero poco a poco he ido acostumbrándome al dolor y a veces a no sentirlo en absoluto.

Claramente Bella no lo sabe y decirle no es una opción, me atormenta día y noche tener secretos con ella, y más uno de este tamaño, pero el tema sé que nos traerá problemas, y separarme de ella claramente tampoco es una opción.

―Hola, preciosa ―saludo a Bella a través del celular.

Hola, cariño. ¿Cómo estás?

―Bien, ¿y tú? ¿Qué tal tu mañana?

Un poco agitada, pero nada fuera de lo normal. ¿Ya estás listo para la terapia?

―Claro, iba a desayunar antes de salir.

Está bien, desayuna y hablamos cuando estés con esa perra, recuerda que no debes dejarte…

―Tocar más de lo estrictamente necesario ―termino con ella, lo que nos hace reír a ambos―. Lo sé. Ya te llamo en un rato.

Nos despedimos y cuando corto la llamada me quedo mirando la pantalla del celular.

―¿Qué vas a hacer cuando ella lo sepa? ―pregunta Stefan a mi lado, tendiéndome una botella de agua. Acabamos con el entrenamiento justo cuando ella me llamó, obligándome a mentirle una vez más sobre dónde estoy.

―No lo sé. Me siento demasiado culpable, Stefan. Cuando estoy practicando llega momentos en que me acuerdo de ella e imagino lo que me diría si me viera. Amo el toreo, pero también la amo a ella, si tuviera que elegir… ―Suspiro pesadamente y mi temblorosa mano desordena aún más mi cabello―. No quiero elegir.


Hasta aquí llego… por hoy. Sé que no es tan largo para tanta espera, casi un año… pero espero que lo hayan disfrutado. El muso inspirador al parecer ha regresado, esperemos no se enoje el condenado u.u

Espero con ansias sus opiniones, críticas, tomatazos… ¿Qué tal? ¿Qué piensan sobre los secretos de Edward? ¿Cómo creen que reaccionará Bella?

Agradezco enormemente la paciencia y si sigues aquí, ¡gracias, gracias por leerme!

Gracias infinitas por sus reviews, por sus alertas y favoritos.

Marie Anne, te amo infinito, sin ti esto no sería posible, gracias por el bullying y va para ti, tu regalo atrasado de cumpleaños jajaja

Finalmente, invito a que se unan al grupo en facebook, link en mi perfil de ff. La invitación está abierta a quien desee unirse.

Nos leemos pronto.

Beijos

Merce