Título original: "A Second Chance"

Autor: EngelMegane

Traductor: Alia Inverse


N/A.: ¡Hola a todos! :) ¡EngelMegane está aquí con otro capítulo! De nuevo tarde en subirlo, ¡y lo siento! ¡Perdón! Se acercan los examines de mitad de curso, y me atacó otro bloqueo de escritor horrible por unos días. Por suerte se arregló escuchando a "Special Illusion" de Fran (Os juro que ese tipo es mago). Se supone que debería escribir mi trabajo de Bilingüismo, pero tenía tanta inspiración hoy que lo he estado retrasando sólo para acabar este capítulo. Fanfiction puede ser tan mala influencia… a veces. :)

Por otra parte, ¡quería contaros que esta historia tiene en este momento 344 comentarios, 260 favoritos. 246 alertas, y 25 mil vistas! Madre mía chicos, de verdad que no sé que decir. ¡Muchas gracias!

Sobre este capítulo… bueno, lo único que puedo decir es que a partir de aquí, y perdón por la expresión, todo se va a la mierda. :) Una introducción al resto de los Neve, y algunas pistas sobre las preguntas que me habíais hecho sobre Tsuna y sus habilidades. :) También estoy tratando de seguir el tiempo impuesto en el canon, así que perdonadme si hay inconsistencias, pero lo he hecho lo mejor que he podido para que sea lo más veraz posible.

Avisos y disclaimers: Primer capítulo.


La fiesta fue un éxito, pero Giotto tenía demasiado en la cabeza como para preocuparse por lo que pensase las otras familias mafiosas. La mañana siguiente le encontró sentado en su mesa, incapaz de dormir, su mente inundada de pensamientos incoherentes. Ni siquiera se había molestado en cambiarse a algo más cómodo, dejándose sólo los pantalones y la camisa, con las mangas subidas hasta los codos mientras sujetaba un café muy necesitado y trataba de sopesar sus opciones.

Había estado considerando la idea de dispersar las fuerzas militares de los Vongola en el momento en que se convirtiesen en la Famiglia de la mafia más poderosa del sur para que no pudiesen abusar de su poder, pero ahora la existencia de la Famiglia Neve amenazaba la seguridad de la suya. Desde que encontraron a los niños sus prioridades habían cambiado considerablemente, y protegerles está la primero de la lista. ¿Pero no significaba eso que estaba usando a su Famiglia para su beneficio propio? Sería hipócrita el mantener su enorme poder sólo por el bien de su hijo y los hijos de los Guardianes, y chocaría con sus ideales de igualdad y justicia, pues estaría haciendo exactamente lo que no quería que él y sus Guardianes hiciesen.

Si fuese a bajar la guardia ahora, los Neve escogerían ese momento para atacar, y los chicos se verían envueltos en la trifulca. Se pasó la mano por el pelo rubio, tratando de alcanzar un compromiso entre su moral y sus sentimientos como padre. ¿Estaba mal el consolidar la seguridad de su familia? ¿O sólo estaba siendo egoísta? Recordó de pronto, con una pequeña sonrisa torcida, la reacción de Cozart después de que abandonase tan repentinamente la sala con Tsuna en brazos: el pelirrojo inmediatamente le preguntó por la situación y le exigió que le mantuviese informado, y tuvo que ser empujado dentro de su carruaje para que volviese a su propia casa. Aunque sabía que siempre podía contar con el apoyo de la Famiglia Shimon, este era un problema que los Vongola debían solucionar por sí mismos. Giotto no estaba dispuesto a poner a más gente en peligro, ya había causado bastante daño sólo por involucrar a los niños.

Suspiró y se terminó el resto del café, poniéndose de pie y sintiéndose exhausto, pero no somnoliento. Tendría que pedir su opinión a los Guardianes, pero sabía que lo más probable era que optasen por mantener sus fuerzas, no por el poder, sino por los niños. Aunque él también deseaba proteger a su hombrecito como mejor pudiese, era una presión acuciante en su consciencia, y aunque no lo lamentaría, probablemente tampoco le dejaría descansar tranquilo.

… ¿Qué debería hacer?

Tan inmerso estaba en sus pensamientos que no oyó abrirse la puerta de su oficina, y casi se dio contra el techo cuando una voz le sacó de su ensimismamiento de repente.

"A este paso vas a ponerte enfermo, Jefe." Knuckle entró con una bandeja en la mano, arreglado y preparado para enfrentarse a un nuevo día '¡al límite!'. Ojos marrones observaron con preocupación a su amigo, colocando la bandeja del desayuno en el escritorio. "Deberías descansar. Pareces extremadamente cansado. ¿Has estado despierto toda la noche?"

"Ah, Knuckle." Giotto se frotó los ojos con las manos y miró a la comida, con vapor saliendo de su plato de Linguine con le Vongole*, su plato favorito. Miró al sacerdote, agradecido pero al mismo tiempo sorprendido de que fuese ya tan tarde. "No tenías por qué, lo sabes."

El Guardián del Sol se limitó a sonreír. "¿Y dejarte aparecer en público con esas pintas?" Se rió ante la expresión que puso el rubio. Giotto no tenía ninguna duda de que si bajaba en su presente estado, su autoproclamada mano derecha estaría sobre él en un instante, arrastrándole a la cama y amenazando con dejarle inconsciente de un golpe (ya lo había hecho en una ocasión) si se atrevía a quejarse, y no quería el problema añadido de una cabeza dolorida más adelante.

"Sí, gracias." Pero incluso con el apetitoso despliegue frente a él, el líder Vongola no pudo encontrar las fuerzas para comer, su apetito perdido por el problema al que se enfrentaba, demasiado absorto como para tomar siquiera un bocado, algo que el joven cura descubrió al momento.

"Deberías comer, Giotto." Dijo Knuckle con firmeza, acercándose y colocándole una mano en el hombro, frunciendo el ceño. "Lo estás haciendo de nuevo."

Siempre había sido un mal hábito de Giotto el olvidarse de sí mismo sólo para dedicarse a cualquier problema al que su Famiglia se enfrentarse, saltándose la comida y el sueño para pensar únicamente en la solución, durante días si era necesario. Una vez no comió nada durante tres días y tuvo que ser rescatado cuando fueron atacados por sorpresa por la Famiglia rival que le preocupaba, desmayándose de puro cansancio. Primo nunca había estado tan cerca de la muerte, y fue la primera vez que ninguno de ellos sintió verdadero miedo por su líder. Cuando el incidente hubo pasado, G le había gritado hasta quedarse ronco, con el resto escuchando tras las puertas dobles, diciéndole lo peligroso e irresponsable que había sido, y lo preocupados que todos habían estado cuando pensaron que se les había muerto en el ataque (Alaude había resoplado con indignación, pero el resto lo ignoró en favor de escuchar la reprimenda). Sólo cuando el Guardián de la Tormenta paró por fin se atrevió Giotto a hablar, disculpándose con calma y prometiendo no hacerlo de nuevo.

Pero parecía que las viejas costumbres nunca mueren.

"¿Q-Qué?" El rubio fue sacado de sus pensamientos una vez más, y se dio cuenta de lo que estaba (o no estaba) haciendo, se estremeció y se arrastró hasta la silla, sabiendo que lo estaba haciendo de nuevo. "Lo siento, es sólo que–"

"Eso puede esperar." Knuckle se quedó y observó cómo el otro se obligaba a tragar, asegurándose de que los platos que había traído estaban relucientes antes de hablar de nuevo. "Ya estás descuidándote otra vez."

"Es que no sé que hacer, Knuckle." Confesó Giotto, resistiendo el impulso de colocar la cabeza entre las manos y desesperarse por su situación actual. Estaba perdido, y honestamente no sabía cómo enfrentarse a ella. A veces se sentía realmente celoso del otro, que había renunciado a sus habilidades para convertirse en pío seguidor de Dios, aunque ahora usaba esas habilidades para proteger a los inocentes y oprimidos. Aunque en ocasiones apasionado y energético hasta ser irritante, tenía un buen corazón, uno que siempre escuchaba sus problemas, siendo el confesor y sacerdote de la familia. "Quiero proteger a todo el mundo, pero no quiero traicionar mi ética ni mis principios. ¿Qué debería hacer?"

El moreno permaneció en silencio. Aunque no era tan perceptivo como el resto, sabía la lucha interna a la que su amigo y líder se enfrentaba, siempre haciéndolo lo mejor que podía por los demás, hasta el punto de menospreciar su propia seguridad y bienestar. "Sólo tienes que hacer lo que te parezca correcto, Giotto. Nunca antes nos has fallado." Dijo al fin con voz amable, colocándole una mano en el hombro y apretando afectuosamente. "Confiamos en ti, y siempre te seguiremos no importa lo que elijas."

El hombre, de alguna forma, siempre sabía qué decir en el momento adecuado, el Sol que luce sobre su Famiglia, sin desfallecer, siempre fuerte. Giotto levantó la vista y le sonrió, sintiendo como si un gran peso se hubiese levantado de sus hombros. Quizás, de alguna manera, lo había hecho.

"Gracias, Knuckle."

"Entonces, sal de este cuarto, Jefe, ¡y entrena al límite!" Giotto tuvo que reprimir el chillido poco masculino que se le escapó cuando fue empujado de la silla sin mayor ceremonia y arrastrado hacia la puerta, el sacerdote mostraba una vez más su inigualable fuerza física, llevada a la perfección tras años de boxeo. "¡Ryohei y yo tenemos una competición montada para hoy! Ah sí, ¡Podemos incluir a Tsuna para que los dos podáis competir, al límite!" El Guardián del Sol asintió para sí mismo, pensando en la buena idea que había tenido. "Síp, ¡eso es una buena idea! Así que, ¡vamos allá!"

"K-Knuckle ¡es-espera!" Vongola Primo no pudo evitar ser arrastrado al paso del otro, tambaleándose un poco mientras el otro le tiraba de la muñeca. "¡No metas a Tsuna en esto!"

Pero al mismo tiempo, no fue capaz de disimular una sonrisa, sabiendo que esta era la manera del Guardián de animarle y distraerle por un rato de las graves decisiones a tomar. Sin embargo, no pudo evitar un estremecimiento, sabiendo que no iba a salir de ésta indemne.

Tan sólo esperaba que no metiese a su hijo en esto. Dios sabía cuantas heridas tenía Tsuna sólo por tropezarse sobre sus propios pies; obligarle a meterse en una pelea podía ser desastroso. G le llamaba torpe, pero él prefería el término 'coordinadamente desafiado'. Pero todos los pensamientos sobre el niño desaparecieron cuando giraron al final del pasillo, el rubio enrojeció al notar las miradas que recibían, pero al final la gente seguía con sus tareas, sabiendo que esto era algo normal en la casa de los Vongola.

-KHR-

"¡Ah!" Tsuna, por enésima vez, estornudó y se calló de cabeza cuando se le enganchó un pie en la alfombra. Hayato, que estaba con él, estaba a su lado en un instante, ayudándole a levantarse mientras hablaba preocupadamente

"¡Décimo! ¡Estás bien? ¡Te has hecho daño?" Ojos verde claro fulminaron con la vista al objeto agresor, como si tratase de prenderle fuego con la vista. "Estúpida alfombra, haciendo que Décimo se tropiece…" Murmuró, dejando su intento de asesinato visual del mueble inanimado para volverse hacia el castaño. "Décimo, no te preocupes, ¡te vengaré! ¡Quemaré la alfombra en mil pedazos!" Hizo intención de sacar un paquete de dinamita de su bolsillo, a punto de cumplir su promesa, lo que hizo que Tsuna negase rápidamente con la cabeza, alarmado y moviendo las manos para parar al peliplateado.

"¡Es-Está bien, Hayato! ¡Estoy bien! ¡No tienes que hacer eso!" Tsuna se rascó la nariz, lo único perjudicado por el momento y con los ojos algo llorosos sorbió por la nariz. "Es culpa mía de todas formas…"

"¡N-No digas eso, Décimo! ¡No es culpa tuya!" La alfombra volvió a ser fulminada con venganza infernal. "Bueno, ¿estás herido?"

"E-En realidad no…" Movió la naricita y estornudó de nuevo, sintiendo algo raro, pero que se fue tan rápidamente como vino.

Hayato se cernió sobre el castaño, preocupado. Décimo había estornudado dos veces, y eso no podía ser bueno ¿verdad? "¿Estás enfermo? ¿Tienes un resfriado?" ¿Debería llamar al tío Giotto? ¿O a lo major a su viejo? Décimo podía estar cogiendo algo, ¡y fallaría en su papel de mejor amigo si no conseguía ocuparse de ello!

"No es nada… siento la nariz rara, eso es todo." Tsuna sonrió levemente, riendo con embarazo cuando el otro pareció poco convenido.

"¡Oi! ¡Vosotros dos~!" Los dos niños levantaron la vista, observando a un moreno conocido sonriendo amigablemente conforme se acercaba. Takeshi apareció vistiendo su hakama azul de entrenamiento, con una espada de bambú equilibrada sobre sus hombros conforme los saludaba con efusividad, haciendo que Hayato pusiese cara de disgusto.

"¡No hagas tanto ruido, idiota de la espada!" Saltó el peliplateado a modo de saludo y su mal humor empeoró cuando el espadachín parpadeó confuso antes de poner su sonrisa de varios megavatios. "¡Estás molestando a Décimo!"

"¿Qué pasa, Tsuna? Tienes la nariz roja." No es que Takeshi quisiese ignorar a Hayato, es sólo que encontraba graciosa la nariz roja de Tsuna, y confusa al mismo tiempo. "¿Qué ha pasado?

"¡No me ignores, imbécil!" Las dinamitas estaban a punto de volar, al tiempo que la rabia del peliplateado, y el moreno añadió leña al fuego mirando a los palos con curiosidad y riendo.

"Guau, ¡tienes los petardos de nuevo! ¡Tío G se enfadaría si te viese con eso!"

Tsuna sujetó a Hayato, que estaba a punto de encender la dinamita, dispuesto a reventar al otro con un movimiento. "Petardos… dice… cuando exploten, ¡ya me dirás si son petardos!"

"¡No! Hayato, ¡por favor, no!" Rogó el castaño. Tsunta tiró de la manga a Hayato, tratando de evitar que hiciese daño a su 'hermano', y este hecho era algo tan normal en casa de los Vongola que la gente a su alrededor se limitó a moverse a un lugar seguro en caso de que el señorito Hayato consiguiese volar otro muro (lo que había pasado la última vez).

Por suerte, Hayato escuchó y bajó la dinamita, pero no antes de gruñir otro aviso al moreno, que sonrió con picardía y asintió, sabiendo que el otro no cumpliría sus amenazas; nunca lo hacía.

Tsuna sonrió, suspirando de alivio por haber evitado que otro muro cayese. Iba a hablar con los otros de nuevo cuando un agudo sentimiento lleno de males presagios le envolvió, haciendo que retrocediese un paso, conteniendo el aliento. El sonido llegó a los oídos de los otros dos niños, que pararon y se al momento estaban al lado del castaño.

"Décimo, ¿qué ocurre?"

"Sí, Tsuna, ¿te encuentras mal?"

"N-No… Estoy bien, pero…" Tsuna se cogió la cabeza con las manos lentamente, estremeciéndose ante la recién aparecida presión. "Siento que… algo está a punto de pasar…"

"¿Algo?" Hayato y Takeshi cambiaron una Mirada, tomándose las palabras a pecho, preguntándose qué significaba. "Tsuna, ¿qué quieres decir?" Preguntó Takeshi, todavía algo confuso sobre lo que estaba ocurriendo.

"N-No lo sé…" El castaño se apretó el pecho, mientras la preocupación se asentaba y aunque el sentimiento desapareció al fin, fue más que suficiente para dejarle inquieto.

Pero… es malo… algo malo está a punto de pasar…

-KHR-

Carmine Neve descendió por las escaleras hacia el comedor, tarareando para sí mismo conforme los sirvientes le abrían las puertas, revelando la gran mesa en el centro del cuarto, la hoguera al lado de la silla del medio y la luz del sol que se filtraba por las ventanas abiertas. Fue el último en llegar, y sonrió al ver a sus Guardianes sentados alrededor de la mesa en sus puestos, algunos comiendo, otros levantando la vista cuando las puertas dejaron paso a su líder.

"¡Carmi!" Serafina fue la primera en saludarle dulcemente, dejando inocentemente el cuchillo y el tenedor en la mesa conforme hacía por levantarse. Inmediatamente él le hizo un gesto para que permaneciese sentada, yendo a su lugar en la mesa y dando las gracias al sirviente que apartó la silla para él.

"Buenos días a todos." Saludo a los ocupantes del cuarto, y fue respondido con mayor o menor grado de alegría. Neroli se sentó a su derecha, sin dignarse a levantar la vista conforme bebía en silencio de su vaso.

"Oye Carmine." Lanzo estaba engullendo la comida tan rápido como podía, tratando de salir de allí cuanto antes, pues estaba al lado de Serafina, que le lanzaba constantemente miradas burlonas. "Lo siento por no esperarte, tenía hambre."

"Siempre tienes hambre." Dijo con desdeño una voz frente a él, observando con disgusto los trozos de comida que volaban fuera del plato. El pelo entre negro y azul, que llegaba hasta la altura del cuello y enmarcaba ojos de un azul tan oscuro que parecía betún, se movió ligeramente conforme se apartaba. Era fascinante de forma fría y despreocupada, con piel blanca y un cuerpo delgado cubierto por ropa holgada. Su plato seguía casi sin tocar, sólo los vegetales habían desaparecido mientras apartaba la carne a un lado bebiendo un poco de agua. "Mira, así es come como un cerdo…"

"¡Oye!" El adolescente tragó antes de contestar acaloradamente. "¡Normalmente no como así, sabes?" Farfulló y al mismo tiempo empezó a atragantarse, y fue directamente a por el vaso de agua, que vació de un trago.

"No normalmente, solo siempre." Un hombre mayor les observaba con cariño, tamborileando con los dedos en la cabeza de su bastón. Sentado con la espalda recta, parecía más joven de lo que era, aunque se veía claramente que varios años habían pasado por él. Hilos de blanco manchaban lo que había sido fiero rojo, marcando sus rasgos afilados que mostraban que había sido un hombre apuesto en su juventud, sus ojos verdes brillaban con sabiduría y experiencia. "Lanzo chico, nadie te está persiguiendo."

"¡Pero Sera me está mirando raro!" Replicó, hacienda que la mujer a su lado se riera con alegría, apartando el pelo hacia atrás. "¡Sé que está planeando algo perverso para hacerme!"

"¿Está Lanzo está asustado de mi inocente yo?" Batió las pestañas, haciendo que el otro se estremeciese y se apartase aún más.

"Hermano mayor es muy ruidoso, ¿a que sí?" Comentó un niño al otro lado constatando un hecho, sujetando un conejo de peluche entre los brazos conforme continuaba con voz monótona. Pelo como el de una marta poblaba su cabeza, sus ojos color chocolate miraban a la comida sin interés a la comida, pasando la mano por la suave piel sintética del peluche, bajando la vista y hablándole como si se tratase de una persona. "Por eso casi se muere.

"¡Serás-!" El adolescente trató de alcanzar al chico, pero un gruñido y una mirada asesina del hombre de pelo corto le detuvieron.

"Vamos, vamos, no se pelea en la mesa." Interrumpió Carmine, observando divertido a su Famiglia. "Acabamos de volver a reunirnos todos, y quiero que os llevéis bien, por lo menos de momento."

"Ahora que lo dices, Carmine, ¿para qué nos has llamado?" Preguntó el anciano en tono conversacional, descansando las manos en el bastón y mirando al Neve Secondo, que tenía una mirada pensativa, como si considerase algo.

"Te aseguro que no te hubiese convocado si no fuese absolutamente necesario, Abramo." Replicó, con tono respetuoso y convincente. "No quiero que te canses más de lo necesario, teniendo tu respetable edad." Sonrió cuando vio su desayuno: un vaso de vino, una cesta de bocadillos Panini, un bol de frutas variadas y Linguini alla Vongola como plato principal.

"Ah, hijo mío." Se rió Abramo, inclinándose hacia delante en su asiento y dándole palmaditas en el brazo del joven. "No dudes en pedirme ayuda siempre que necesites." Carmine le devolvió la sonrisa y cubrió la mano ligeramente arrugada con la suya, antes de apartarla para empezar a comer, regodeándose en la gomosa textura de la carne de ostra. Sus cocineros sabían bien sus preferidos, después de todo. "Está bien hecho."

"Hice que los cocineros preparasen tus favoritos hoy, ya que estamos todos presentes." Explicó Neroli, observando a las caras alrededor de la mesa, preocupado y a la defensiva al mismo tiempo. Cuando había oído que todos ellos habían sido llamados a la casona tan rápido como fuese posible, su mente había saltado, diciéndole que algo estaba a punto de pasar. Don Neve nunca les convocaba a todos salvo que fuese una emergencia o una situación grave. Carmine Neve les llamaba a todos de Pascuas a Ramos, y casi no podía recordar cuándo habían estado juntos en la misma habitación últimamente, la última vez siendo cuando Carmine asumió su lugar como padrino de la segunda generación de la Famiglia, hacía medio año.

¿Qué estaba ocurriendo?

"¿Y? ¿Ahora qué, Carmine?" El hombre al lado del mayor saltó en el momento en que el líder Neve tragó el último bocado de su comida, saboreándolo tanto como podía. "¿Por qué diantres estamos todos aquí?"

"Paciencia, Raven." Calmó Carmine a su Guardián, apoyando finalmente el cuchillo y el tenedor, preparado para hablar de negocios. "Sabes que no te llamaría si no fuese por una razón importante."

"¿Qué es, entonces?" Neroli habló, consiguiendo por fin la atención de todos, que miraron al líder inquisitivamente. Las comisuras de los labios de Carmine se elevaron ante la visión de sus Guardianes, apoyó los codos en la mesa, entrelazó los dedos y les observó con cariño.

"Es el momento."

Todos se tensaron ante sus palabras, procesándolas con cuidado, como si no creyesen lo que oían. Carmine se rió ante sus reacciones, apoyando la barbilla en sus dedos cruzados, ladeando la cabeza hacia un lado mientras esperaba a que sus Guardianes respondiesen.

Entonces Lanzo empezó a sonreír, blanco perla brillando entre sus labios mientras la excitación se mostraba en sus ojos azul turquesa.

"¿En serio? ¿Tan pronto?"

"Así es." El más mayor asintió indulgentemente al adolescente que estaba hiperventilando. "Sé que has estado esperando este momento, Lanzo." Le tomó el pelo amablemente, riendo cuando el chico asintió rápidamente con la cabeza.

"Pero Carmi, ¿por qué tan pronto?" Preguntó Serafina, inflando las mejillas. No es que estuviera en contra de acelerar el proceso un poquito, pero tenía que vestirse y arreglarse para la ocasión, y Carmi no le estaba dejando tiempo para hacerlo. "Me tengo que preparar, lo sabes."

"Lo siento, Serafina, pero no te preocupes, todavía tienes algo de tiempo." Le aseguró Carmine a la hermosa mujer, que soltó una risita y le dio las gracias antes de levantarse con delicadeza, sentarse en el brazo de la silla del líder y pasar los dedos por los largos mechones de pelo negro azabache. "Vi algo interesante hace poco, y coincidentemente, es exactamente lo que necesitamos para esta ocasión."

El jovencito, que había estado escuchando en silencia, saltó de su asiento y se acercó al moreno de más edad, tirándole de la mango para llamar su atención.

"Carmine, ¿podré jugar un montón?" Preguntó con curiosidad, con un tono ligeramente esperanzado a pesar de la monotonía de su voz. Carmine rio y le revolvió el pelo color ladrillo, acariciando también al conejito de peluche cuando el niño lo levantó. "Por supuesto, Tino. Creo que te lo pasarás bien."

"Bien." El niño sonrió ligeramente antes de trotar de vuelta a su asiento, Raven apartó la silla y ayudó al niño a sentarse.

"¿Cuándo?" Fue lo único que Neroli preguntó, y Carmine sonrió aún más, más dulcemente y más genuinamente, antes de dar una respuesta.

"Mañana."

"¿Quieres decir…?" Interrumpió Lanzo, incapaz de ocultar la excitación de su voz.

"Sí." Carmine se recostó en el asiento, dejando que su guardian jugeteara con su pelo mientras sus ojos brillaban, el repentino aumento de energía a su alrededor fluctuaba y crepitaba, se extendía a lo largo de la propiedad, alertando a los hombres de alrededor de las intenciones del líder.

"Creo que es el momento de dar a los Vongola una buena… sorpresa."

-KHR-

Alaude revise el documento en sus manos de nuevo mientras descansaba en la silla de su habitación de hotel, tratando de decodificar la carta que había identificado de camino a Francia. Dejándolo con el resto de documentos que había conseguido, se irguió, apoyando los codos en las rodillas mientras apretaba dos dedos en el puente de su nariz, su mente trabajando furiosamente con una miríada de palabras y letras. Había estado siguiendo la línea de comunicación durante unos días, permaneciendo en una casa vulgar cerca de la frontera entre Italia del Norte y Suiza, anticipándose a las cartas casi semanales que venían de una Famiglia a la que había estado observando más de cerca que nunca ahora que había conseguido la información adecuada sobre ellos.

El papel era de nuevo de la misma fuente, y aunque se sentía orgulloso de ser el líder y fundador de CEDEF, la red de información más extensa y mayor de los Vongola, todavía no estaba seguro de cómo traducir las cartas, escritas en un lenguaje que sabía era de Europa continental, pero no exactamente qué era. Por lo que él sabía, podía ser un código que la Famiglia rival había desarollado por sí mismos, pero si era así, ya habría conseguido la traducción.

Su líder era muy inteligente; tenía que admitirlo a regañadientes mientras echaba otro vistazo a las cartas. Crear tu propio código tenía la debilidad de poder ser expuesto rápidamente, permitiendo así una traducción rápida, pero el usar a la vez un lenguaje algo familiar y no familiar confundiría inmediatamente a los extraños, además de posar el riesgo de ser malinterpretado, mandándolos así lejos del verdadero objetivo. Durante días había tratado de encontrar similitudes en las cartas que había conseguido: estructuras morfológicas, vocabulario, sintaxis y pragmatismos, pero ninguno encajaba por completo, del italiano al francés pasando por el español y el portugués. Estaba empezando a frustrarle y hacía sólo una hora había descargado sus frustraciones en un pinar cercano que rodeaba la casa, y que ahora había quedado pulverizado y reducido a astillas y agujas.

Desde el momento en que oyó por Giotto que Neve había sido lo bastante magnánimo como para anunciar su presencia en la fiesta, el Guardián de la Nube no había perdido el tiempo en las preparaciones para marcharse al momento a su guarida de Aosta, en el norte de Italia, donde sabía que otra carta de la familia iba a llegar. Normalmente Kyouya siempre le acompañaba a cualquier sitio, pero la joven alondra le había dicho sencillamente que se iba a quedar detrás esta vez, porque él y Mukuro estaban de nuevo bajo un techo y era la oportunidad perfecta de terminar con el chico de pelo de piña sin restricciones o interrupciones de su figura paterna. No siendo el tipo de persona que forzaría a nadie a acompañarle, Alaude había consentido, pero no antes de amenazar sutilmente a Giotto y al resto de que si un solo pelo en la cabeza de su hijo estaba fuera de lugar a su vuelta, que le dieran al título de Guardián de la Nube porque los Vongola tendrían que encontrar a su Seconda Generazione una vez hubiese acabado con ellos.

"¡Alaude! ¡Alaude!" Oír el piido familiar le hizo levantar la vista, viendo la bolita de plumas amarillas sentada en el marco de la ventana, moviendo las alas y ladeando la cabeza mientras observaba a la versión envejecida de su maestro. Alaude eligió ese momento para parar y reordenar sus pensamientos, levantando la mano hacia el canario, que silbó y voló directamente a sus manos.

"¡Alaude! ¡Alaude!" Repitió, gorjeando alegremente, y Alaude se permitió una pequeña sonrisa, levantando un dedo para acariciar al pajarito en la cabeza.

"¿Tienes algo de Kyouya?" Preguntó, y el animal silbó una vez para confirmarlo, dejando que el hombre cogiese el rollo atado a una de sus patas.

Dejar que Kyouya se quedase con su mascota había sido una buena idea, rumió mientras desataba el papel con cuidado, dejando al pájaro en la mesa de delante dejando que el animal se limpiase las plumas. Hibird (como tan elocuentemente le había nombrado su hijo) era una mascota sorprendentemente útil, capaz de llevar mensajes por largas distancias y que servía como dispositivo de comunicación entre él y su hijo cuando estaban separados. También servía como elemento de seguimiento, el animalito siempre era capaz de encontrarles, todas las veces. La primera vez que ocurrió, él estaba seguro de que le tenderían una emboscada fácilmente con una bola de plumas de un amarillo tan chillón que le seguía a todas partes, pero el pajarito era también sorprendentemente listo, pues nadie había sido aún capaz de seguir sus desplazamientos.

Pero también tenía que darle el crédito a su propio hijo, que le había enseñado todo al pájaro. El canario siempre estaba cerca de su hijo, bien sentado en su hombro o bien apoyado en su cabeza, la bolita amarilla visible desde dieciséis kilómetros a la redonda. A veces cantaba una canción que su hijo le había enseñado (algo sobre un Nanimori, le parecía recordar…) pero eran inseparables, excepto por las veces cuando Hibird viajaba durante días para estar con él. Sin prisa pero sin pausa él también le cogió cariño al pájaro, y ahora agradecía su presencia siempre que aparecía. Se levantó y fue a la cocina, volviendo con un platito con agua y un puñado de migas de pan, que presentó al pequeño canario quien se lo agradeció piando antes de empezar a comer conforme el humano desenrollaba el mensaje y leía despacio su contenido.

Entrecerró los ojos mientras leía las palabras escritas en italiano a toda prisa. ¿En qué estaba pensando Giotto Vongola? Desmantelar su fuerza militar en este momento crucial contra una poderosa Famiglia rival era peligroso, incluso desastroso. ¿Por qué razón?" ¿Es que no veía que estaba poniendo a Vongola en peligro con ese arriesgado movimiento? ¿Desde cuando había estado Giotto Vongola meditando este movimiento? Era estúpido, algo que hacía que a Alaude le diesen ganas de volver y meter algo de sentido común en una cabeza que a las claras estaba llena de aire, la irritación ante las noticias le consumía. Deteniéndose un momento para disminuir su enfado, continuó leyendo, su impulso de regresar a la mansión de los Vongola creciendo con cada segundo. Como de costumbre, Giotto actuaba de acuerdo a sus sentimientos, y la peor parte era que no podía echarle la culpa porque entendía las motivaciones del rubio. Tener tanto poder a su alcance era una tentación, y entendía la necesidad de controlar el impulso insaciable de la búsqueda de más poder pero, ¿debía hacerlo ahora, en medio de una guerra creciente con otra Famiglia?

Frunciendo el ceño, puso el documento a un lado, exhalando un suspiro de sufrimiento. No necesitaba el estrés ahora mismo, especialmente puesto que no tenía ni idea de cómo entender los mensajes enviados por la Neve Famiglia. Hibird ladeó la cabeza a su amo, piando dubitativamente, y Alaude le revolvió las plumas de la cabeza con la mente en otro sitio, antes de volver a las cartas esparcidas por la mesa.

Tenía que haber algo que se le escapaba. El pensamiento ya estaba allí, era sólo que todavía no podía atraparlo por completo. La lengua usada le era familiar, pero por mucho que tratase de traducirla, siempre salía mal, era incomprensible por una u otra razón. Cerrando los ojos trató de despejar la mente, arrugando las cejas por la concentración.

Fue interrumpido, sin embargo, cuando una serie de alarmados pitidos y gorjeos alcanzó sus oídos; Hibird había tirado por accidente las migas en las cartas, y estaba mirando a su amo con algo parecido al miedo y la preocupación, como si le asustara que pudiese convertirle en el plato del día. Alaude le miró… y detuvo el comentario justo a tiempo, limitándose a darle unas palmaditas en la cabeza, sintiéndose ligeramente exasperado pero no enfadado. Y, justo cuando iba a sacudir los trocitos de comida de su trabajo, se detuvo, y algo encajó en su lugar.

Por supuesto. La mirada del Guardián de la Nube fue de los papeles al animal a su lado, que se limitó a hacer un parpadeo con sus ojos negros. ¿Cómo se le podía haber pasado eso? Dado que la carta iba dirigida a Francia, había asumido enseguida que la lengua utilizada era romántica. Pero pensándolo de nuevo, las cartas se habían enviado en realidad a la frontera con Suiza, y la lengua utilizada, aunque todavía se llamaba francés, era ligeramente distinta. Eso, y el hecho de que en Suiza se utilizaban tres lenguas al mismo tiempo.

Las cartas estaban realmente escritas en alemán suizo.

Con este nuevo desarrollo, se puso a trabajar al instante, el canario Amarillo se limitó a observarle mientras trataba de traducir como mejor podía, no muy acostumbrado a las lenguas germánicas. Barajó las cartas, las plumas se movían con frenesí sobre una hoja en blanco, la tinta manchaba y se superponía conforme letras y palabras eran tachadas o eliminadas… Alaude se reclinó en el asiento cuando acabó la última frase con una floritura, con la respiración entrecortada por el esfuerzo, la pluma apoyada ahora que tenía una burda traducción de las cartas frente a él.

Abrió los ojos con sorpresa cuando vio lo que contenían.

Sin una palabra más, cogió su abrigo y abandonó la casa, con Hibird siguiéndole como una sombra mientras preparaba el caballo y salía al galope, las riendas chasqueaban mientras se apresuraba por el campo, tratando de ser tan rápido como era humanamente posible.

Cuando los Vongola retiren sus fuerzas, atacaremos.

Estaba luchando contra el tiempo. Tenía que regresar, ahora, antes de ocurriese algo. Pezuñas resonaban contra el duro suelo, el animal bufaba y se quejaba mientras Alaude le obligaba a ir más deprisa, más lejos, los verdes y marrones se confundían mientras se lanzaban al sur, la gente se apartaba de su camino cuando una mancha negra y violeta les pasaba.

Matad a cualquiera que se interponga.

Hibird le seguía en silencio, deslizándose por el aire tan rápido como su amo, que rechinaba los dientes conforme se agarraba con fuerza de las riendas, reclinándose sobre el caballo para reducir el rozamiento conforme volaban por el paisaje, sus vidas dependían de ello.

Sin embargo, traed a los niños Vongola vivos.

El repentino sonido de ruptura de un disparo le hizo detenerse, sin embargo, y tiró hacia atrás al mismo tiempo que su montura se encabritaba y se levantaba sobre las patas traseras, un sonido de dolor vino del animal conforme se desplomaba, su sangre penetrando en las grietas de la tierra seca. Alaude cayó, rodó por el suelo conforme el caballo se desplomaba, sin vida, a un lado. El Guardián de la Nube miró a su alrededor, entrecerrando los ojos, sacando sus esposas conforme era rodeado rápidamente y preparándose para la batalla conforme múltiples armas aparecieron con la clara intención de detenerle.

Me interesan.

No tenía tiempo para esto. Pero cuando les vio cargar contra él, supo que no tenía más remedio que luchar. La falta de talento era compensada por su superioridad en número, y Alaude estaba seguro de que sólo era una forma de retenerle antes de que el verdadero ataque contra los Vongola tuviera lugar.

Esposas en mano, empezó la sangrienta carnicería.

Oh, y aseguraos de enviar una invitación a los Guardianes Vongola, especialmente a Giotto Vongola.

Se agachó, esquivó, incapacitó a una docena de ellos pero los ataques no paraban de llegar. Gruñó y se tiró a un lado, girando las esposas entre sus dedos conforme esperaba la llegada del próximo ataque.

Estoy seguro de que le agradará saber que su hijo está a mi cuidado.

Contuvo el aliento cuando un golpe imprevisto consiguió conectar con la parte de atrás de su cabeza, su mundo giró y se ladeo conforme se estremecía, su visión se redujo a la nada conforme se desmayaba, sus dedos trataron de alcanzar sus armas en un intento de permanecer consciente, con un ojo ya cerrado mientras trataba de avanzar, perdiendo su orgullo conforme por fin se rindió a la comodidad de la oscuridad.

~Carmine Neve

Kyou… ya…


N/A.: ¡Buf! ¡Otro capítulo completado! A decir verdad, este capítulo ha sido muy difícil para mí, porque no puedo escribir escenas de acción muy bien, pero está bien para variar. Alaude, ¡lo siento mucho! D: Pero será mejor muy pronto, lo prometo.

Por favor, una vez más, ¡leed y comentad! ¡Vuestros comentarios y sugerencias son bien recibidos! Gracias por leer este capítulo, ¡y nos veremos la próxima vez!


N/T.: * "Linguini con le Vongole", o "Linguini alla Vongola" es un plato de pasta, parecida a los espaguetis pero más ancha y plana, con almejas.


Siguiente capítulo: Peligro

¿Era posible? ¿Era posible que Tsuna... también tuviese hiperintuición?

"¡Síp! ¡Diviertete, Otou-san! ¡Estaremos bien!"

"Mi intuición me está matando... me está diciendo que volvamos ahora mismo... como si Tsuna y los demás estuviesen el peligro..."

Sus ojos negros se movían enloquecidos, buscando los de su amo con clara alarma.

"¡Es tía Elena AL EXTREMO!"