Un fuerte zumbido en los oídos despertó a Sam. Sentía el suelo frío bajo su espalda, la oscuridad a su alrededor y una terrible sensación en su cabeza, como de resaca, que le impedía pensar con claridad. Vagamente, recordaba las últimas horas, apenas retazos inconexos e imágenes sueltas, llegaban a su mente sin razón aparente. Lenta y trabajosamente, consiguió levantarse, aunque al ponerse de pie, creyó que la habitación le daba vueltas. Se apoyó en la pared y miró hacia la puerta, que estaba abierta.

En su mente apareció de repente al imagen de un hombre, alto, fuerte, que había estado con él en esa misma habitación antes de quedarse dormido y que de alguna manera le era tremendamente familiar. ¿Realmente se había quedado dormido o tal vez era que había perdido el conocimiento? En realidad, recordaba haber caído en una especie de trance, en un extraño letargo que se había apoderado completamente de él.

Seamus. El nombre irrumpió en su pensamiento sin más y aunque al principio no supo de quien se trataba, finalmente llegó a la conclusión de que se trataba del hombre de sus recuerdos. Pero no era un hombre normal, había algo extraño en él, algo que Sam no lograba identificar del todo, pero que ahora no le parecía tan raro. Era un vampiro. La nueva idea llegó de repente y aunque en otro momento, le hubiera hecho estar alerta, ahora no le parecía tan amenazadora, aunque desconocía completamente el motivo.

En una de las paredes, había un espejo, se acercó a él y se miró a conciencia. No parecía tener ninguna herida, parecía estar bien, el vampiro no le había hecho nada. Sin embargo, se dio cuenta, que en el cuello de la prenda había unas manchas rojas; se acercó al espejo y se miró con atención. En su propia piel, descubrió dos punciones y como si de una película se tratara, a su mente llegaron nuevas imágenes.

Recordó ver a Seamus entrar en la habitación, le escuchó decirle algo, aunque no estaba muy seguro de lo que era. Si recordaba algo parecido a que había llegado la hora y que iba a convertirse en algo distinto. Luego lo voy acercarse a él, con tranquilidad, como si supiera que no importaba el tiempo que fuera a tardar, que al final, lograría su propósito. Sam retrocedió hasta la pared más alejada y el vampiro lo siguió, con paso firme, mirándolo a los ojos, en silencio.

Le dijo que no se resistiera, que no iba a ocurrir nada malo. Cuando estuvo a unos centímetros de Sam, la criatura, con un movimiento rápido, alargó su mano hasta el cuello de Sam, apretando ligeramente, mientras en sus labios se dibujaba una sonrisa de poder. Con la otra mano, rodeó su cintura con fuerza y lo atrajo hacia él. Sam se movió sin oponer resistencia, porque de alguna manera, el vampiro estaba ejerciendo algún tipo de poder mental sobre él.

Finalmente, el vampiro apartó la mano de su cuello, colocándola sobre su nuca y tras mirarlo un segundo a los ojos, Sam sintió un terrible dolor en el cuello. Sin poder impedirlo, Sam sabía que de seguir así lo mataría, pero cada segundo que pasaba, una voz iba creciendo en su interior y le decía que no se preocupara, que no iba a pasarle nada malo.

Debilitado por la pérdida de sangre y a punto de perder el conocimiento, Sam se dejó caer en los brazos del vampiro, que lo sujetaba con fuerza. Sintió que lo bajaba hasta el suelo y lo dejaba tumbado. Recordó perfectamente la mano de Seamus acariciándole el pelo mientras le decía en voz muy baja:

"Ya casi eres uno de los nuestros, Sam, ahora sólo te queda alimentarte por primera vez, entonces la transformación habrá sido definitiva."

Sam se sentía aturdido y apenas era consciente de lo que sucedía a su alrededor, pero con las pocas fuerzas que le quedaban, fue capaz de hablar.

"No, no me encuentro bien, ¿qué me has hecho?"

"Es normal Sam, pero cuando tengas hambre, todo cambiará y recuperarás las fuerzas. Pero ten cuidado, hay gente que querrá acabar contigo. Dean, tu hermano, será uno de ellos. Mátalos tu primero, antes de que lleguen hasta ti." Con un gesto tierno, Seamus acarició la mejilla de Sam. "Supongo que no te será difícil encontrar a tu hermano."

"Pero…" Una terrible sensación de mareo se apoderó poco a poco del cuerpo entumecido de Sam. "Dean está muerto, vosotros lo matasteis."

"No, Sam, eso pensamos nosotros, pero hemos vuelto a sentir su olor. El chico está vivo, le ayudan otros cazadores. Por eso tienes que llegar a ellos y terminar lo que empezamos. Si no lo haces por ti, piensa en John." Era cierto, todavía no había pensado en John, ¿Dónde estaba?, ¿se encontraba bien? "Pronto será uno de los nuestros definitivamente, igual que tu y gente como tu hermano no tendrá compasión con él."

En cualquier otro momento, Sam hubiera pensado que era algo imposible que Dean le hiciera daño a un recién nacido, por muy medio vampiro que fuera, y mucho menos tratándose de su propio hijo. Pero ahora mismo, su cabeza parecía que le iba a estallar, se sentía débil, tremendamente agotado y por alguna razón que todavía desconocía creía que Seamus tenía algo de razón.

Tenía sueño, necesitaba dormir, así que cerró los ojos. "Descansa ahora. Cuando estés preparado, cuando necesites comer, la puerta estará abierta para ti, no te preocupes por el niño, nosotros nos ocuparemos de él."

No era capaz de recordar nada más, el resto estaba el blanco, seguramente se había quedado dormido entonces. Seguía mirándose en el espejo, una sensación extraña le comenzó a invadir por momentos. Se veía a si mismo, pero al mismo tiempo, había algo diferente en si mismo. Ahora que se sentía mejor, completamente despierto y con los cinco sentidos funcionando perfectamente, se dio cuenta que algo era distinto en él.

Un olor extraño llegó hasta él, era Seamus. Sam se dio la vuelta, pero seguía estando sólo en la habitación, sin embargo el aroma del vampiro llegaba a él como si se encontrara a su lado. Era extraño. También se sintió lleno de energía, con una gran vitalidad y sabía que era mucho más fuerte que antes.

De repente, una inminente sensación de hambre inundó su cuerpo, haciéndole incapaz de pensar en otra cosa que no fuera alimentarse. Por su mente cruzaron imágenes, que aunque en otro momento, le hubieran resultado repugnantes y de mal gusto, ahora aumentaban su necesidad de comer mucho más, cuerpos ensangrentados y personas heridas con la ropa llena de sangre.

Un último conjunto de escenas le hizo concentrarse más en lo que veía; se trataba de su hermano, después de algunas de las cacerías, con heridas que sangraban después del enfrentamiento, se fijó en su ropa, cubierta también de sangre e incluso creyó oler el aroma proveniente del cuerpo de Dean y a cada momento que pasaba, sentía una cada vez mayor necesidad de lanzarse sobre Dean y morderle hasta que hubiera terminado con él, hasta que en el cuerpo de su hermano no quedara ni una gota de sangre.

No sintió arrepentimiento por sus pensamientos, no se lamentaba por la fuerte sensación que recorría su cuerpo con ferocidad, no se avergonzaba de querer matar a su hermano, por querer alimentarse de él. No, sólo pensaba en hacerlo, en salir de aquella prisión en la que creía encontrarse y guiar su recién desarrollado olfato hasta Dean y alimentarse de él a toda costa.

Se dio la vuelta y casi corriendo salió de la habitación, sin mirar atrás, sin preocuparse de que alguien pudiera cortarle el paso. La desesperación por alimentarse, era cada vez mayor y se apoderaba de todos sus pensamientos y cada uno de sus sentidos a cada minuto que pasaba. Tenía que encontrar a Dean y dejarse llevar por su instinto de depredador.

Apoyado en la pared, junto a puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho, Seamus vio salir a Sam, mientras otro de los vampiros se acercaba a él.

"Buen trabajo, esta vez, la transformación ha sido rápida, se ve que lo has hecho a conciencia."

"Gracias, pero sólo quiero acabar con esto cuanto antes."

- o -

Como si se tratara de su propio padre, Bobby había impedido a Dean salir de la habitación el todo el día. No hacía más que repetirle que si quería encontrar a Sam y a John, tenía que estar totalmente recuperado, en plena forma, para enfrentarse a los vampiros. Pero a cada momento que pasaba sin poder hacer nada, Dean se desesperaba un poco más. Dando vueltas por la habitación como un tigre enjaulado, no era la mejor terapia para que sus nervios se calmaran.

James había estado fuera durante todo el día y cuando regresó por la noche, se sentía terriblemente agotado, porque aunque el sol no lo mataba, como vampiro, no se sentía del todo bien moviéndose a la luz del día.

Al verle entrar y antes de permitirle que se sentara, Dean le asaltó con preguntas sobre su hermano.

"Se donde tienen su nido y estoy casi seguro de que Sam y el niño están con ellos."

"¿Entonces, están vivos?"

"Si, no los he visto, pero he oído hablar a los vampiros." Una sensación de alivio se apoderó de Dean. Ahora que sabía que su hermano y su hijo estaban vivos, era como si una gran losa hubiera sido levantada de su corazón. "Pero tienes que saber una cosa. Creo que tratan de usar a Sam para llegar hasta ti"

"¿Qué significa eso de que lo quieren usar para llegar hasta mi? Yo creía que lo que quería era a John y ya lo tienen."

"Pero les has causado demasiados problemas." Dijo finalmente Bobby, que hasta el momento, había permanecido en silencio. "Los vampiros no aceptan perder demasiadas batallas y con vosotros no lo han tenido fácil para llevarse al niño. Supongo que pretenden dar un escarmiento al resto de los cazadores."

"¿Y cómo van a hacer eso?"

"Quieren que Sam sea quien acabe contigo."

"¿Estás loco? Sam nunca haría…" Sólo en ese momento, la idea pasó por su cabeza, un pensamiento, como hasta ese momento nunca hubiera imaginado posible. "Quieren que yo sea su primera víctima, para así convertirlo en uno de ellos." Dean se sentó en la cama, en silencio, asimilando lo que acababa de ocurrir, sin poder apenas creérselo todavía. "Dios mío Sammy, ¿Pero podremos hacer algo? No se, tal vez si damos con él antes de que mate a nadie… tiene que haber una forma de evitar la transformación completa."

"En realidad si la hay. La mordedura de vampiro ejerce como una droga en el cuerpo de un ser humano que todavía no se ha alimentado por primera vez. Si logramos llegar hasta tu hermano y lo atrapamos sin que pruebe la sangre, habrá que espera a que se le pase el efecto de la mordedura de quien le mordió. Supongo que eso funcionará."

"¿Supones?, ¿Acaso no funciona al cien por cien?" Dean se volvió a incorporar, mirando a James, mientras esperaba una respuesta. En realidad, le daba igual lo que le fuera contestar, necesitaba creer, que el plan funcionaria de cualquier manera, porque necesitaba confiar en que podría recuperar a su hermano tal y como era antes de que todo aquel desastre ocurriera, necesitaba estar seguro, aunque no fuera del todo fiable, para poder seguir luchando. Necesitaba saber que esa posibilidad no iba a fallar.

"A veces no. Si el humano que ha sido mordido, está seguro, con todo el convencimiento posible, que quiere seguir siendo un vampiro, nada le hará cambiar. La sensación de poder que se tiene cuando estás en el momento de la conversión, es muy fuerte Dean, no es fácil salir. ."

"Pero Sam no es así, conozco a mi hermano."

"A tu hermano si, pero no a la criatura en la que se está convirtiendo."

Dean avanzó con rapidez hasta James y lo agarró de la chaqueta. "No hables así de Sam, sigue siendo mi hermano y mientras me quedé alguna posibilidad, volverá a serlo." Le hubiera golpeado por haber dicho aquello, pero entendía la postura de James, también le hubiera dicho lo mismo a otra persona que se encontrara en su situación. Por más que tratara de evitarlo, no podía negar que algo podía salir mal.

Se dio la vuelta y sin mirar atrás, sin esperar ninguna respuesta por parte de ninguno de los dos hombres, dejó la habitación. Necesitaba respirar aire freso, pensar con frialdad, dentro de lo que podía y sin que nadie le molestara, ni siquiera Bobby. Adoraba a ese hombre, pero en ese momento, se trataba de Sammy, era sólo su problema y por más que la gente tratara de ayudarle, sentía que debía trabajar solo.

Sin embargo, una voz regresó a su mente, una voz que conocía perfectamente. Las palabras de su padre resonaron con renovada fuerza de nuevo en su pensamiento. "No tienes porque llevar el peso del mundo sobre tus hombros, hay gente que puede ayudarte." Sabía que el hombre tenía razón, pero le costaba mucho pedir ayuda, reconocer que no podía salvar a Sam él solo, tal y como lo llevaba haciendo desde que tenía cinco años.

- o -

Mientras recapacitaba, un sonido apareció a la espalda de Dean. Mientras se daba la vuelta, buscó un arma, pero no llevaba ninguna, había salido tan deprisa de la habitación, que no se había preocupado de hacerlo armado.

Al darse la vuelta, la visión de Sam le hizo quedarse sin palabras y una sensación mezcla de alivio y temor se apoderó de él.

Su hermano estaba en las sombras, pero cuando se acercó hacia Dean, este sintió que algo no andaba bien.

"¿Sam?" Todavía no podía verlo bien del todo, pero una extraña sensación, recorrió todo su cuerpo.

"Hola Dean, ¿me has echado de menos?" ¿Cómo podía preguntarle eso? Dean no había dejado de pensar en su hermano y ahora le hablaba con ese tono tan irónico y tan impropio de Sam. "Yo he pensado mucho en ti, hermanito." Sam avanzó unos pasos más y por fin, se paró bajo el foco de una de las farolas de la calle.

Dean no sabía muy bien lo que estaba viendo. Sin duda, sabía que se trataba de su hermano, pero algo había cambiado en él, su piel era de un blanco sorprendente y sus ojos, casi brillaban en la oscuridad.

Además su expresión mientras miraba a Dean, no era la del Sam que él conocía, ya no estaba su mirada inocente y sus ojos risueños, ahora parecía más bien la mirada de un cazador nato, algo que Sam no sería nunca, la de alguien que lo estaba escrutando, buscando sus puntos débiles y tratando de averiguar cual era el mejor momento y el mejor lugar para atacar.

"Sam ¿Qué te han hecho?"

"No podrías entenderlo nunca Dean, esto es genial, no te puedes hacer idea de lo que se siente, la libertad, el poder, la sensación de que soy capaz de hacer cualquier cosa que me proponga." Dean dio un paso hacia atrás, pero un segundo más tarde se sintió incapaz de seguir andando, como si una fuerza invisible se estuviera apoderando de él.

"Sabes Dean, había venido aquí, con la idea de acabar contigo, de matarte en cuanto tuviera la oportunidad, pero sabes una cosa, he cambiado de idea, he venido para demostrarte lo grande que es esto, para darte la oportunidad de ser el mejor cazador y de venir conmigo." Sam se detuvo y se quedó mirando a su hermano.

"Sam no sabes de lo que estas hablando, no eres tu mismo." Sin saber de donde venía, una sensación de alivio crecía en el interior de Dean, no podía apartar los ojos de la mirada de su hermano y era como si este le estuviera diciendo mentalmente que no se preocupara, que no iba a ocurrir nada malo, aunque el sabía sobradamente lo que iba a hacer Sam si le permitía acercarse lo suficiente. Sin embargo no podía evitar ver como, paso a paso, su hermano, o lo que quisiera en lo que se estaba convirtiendo, se acercaba a él.

"No, Dean, ahora es cuando en verdad soy yo mismo. Ellos quieren que acabe contigo, pero sigues siendo mi hermano, sigo queriéndote igual que antes y por ello quiero que vengas conmigo." Sam comenzó a andar hacia su hermano, con tranquilidad, como un gato que espera tomar por sorpresa al descuidado ratón.

"Sam por favor." Dean sabía lo que estaba a punto de ocurrir, pero ya no deseaba moverse, pensaba que aunque fuera en el último momento, haría entrar en razón a Sam. Pero si no lo conseguía… ¿Cómo podía plantearse la posibilidad de tener que cazar a su propio hermano si este no deseaba volver a ser humano? De un modo u otro volvería a estar junto a Sam. Esos pensamientos parecían provenir desde fuera de su cerebro, pero por más que trataba de convencerse de que no debía dejar que eso ocurriera, no podía sacarlos de su mente. "Sammy, no hagas esto, se que puedes resistir, mírame a los ojos y dime que ya no queda nada del universitario dentro de ti, que ya no te acuerdas de Jessica, que ya no quieres luchar por papá."

Mientras se acercaba, Sam continuó hablando. "Vamos hermano, claro que sigo pensado en ellos, pero con la fuerza y el poder que tengo ahora, podemos cambiar las cosas, cazar más demonios, acabar con todas las fuerzas del mal que queramos sin que nos puedan hacer daño. Dean, vamos, únete a mi."

Dean lo vio llegar hasta él y ya antes de sentir sus manos alrededor de su cuerpo, sabía que no lo iba a hacer cambiar, que no había nada que pudiera decirle para que volviera a ser el Sam de siempre. Pero una vez que sintió el roce de su boca en su cuello y el todavía cálido aliento de su hermano en su nuca, todo eso le dio igual, ya no importaba, si no podía traerlo de vuelta al mundo de los vivos, tal vez lo mejor sería acompañarlo al de los muertos.

Dean podía sentir unas pocas gotas de su propia sangre caer por su cuello y a cada segundo que pasaba, las manos de Sam apretaban con mayor fuerza su espalda y su cintura. Quería dejarse llevar, dejar que todo terminara de una vez, pero de nuevo, escuchó la voz de su padre en su mente. "Sam y el niño te necesitan." Con el último aliento, antes de perder el conocimiento, escuchó como salían las palabras de su boca.

"Hazlo por John."