Sin soltar la mano de Harry entro a la casa y desactivo todos los hechizos de protección, ignoro las quejas de los retratos de la entrada y atravesó el pasillo hasta llegar a la primera puerta de la derecha, entro en el salón e hizo el trayecto hacia el invernadero. Empujo la puerta marrón y volvió a encontrarse con el frio y abandonado lugar, la lluvia seguía ahogando cualquier ruido externo.

Cuando llego a la roca donde había estado sentada tiro a Harry contra esta, con tanta violencia que la espalda produjo un sonido poco agradable, pero a Hermione le importo muy poco. Se subió sobre él apoyándole las rodillas a ambos lados de las caderas.

-Eres egoísta. Hace menos de veinte minutos estaba aquí despidiéndome de tu recuerdo y prometiéndome olvidar el calor de tus manos sobre mí y el de tus labios- Harry abrió la boca y ella le estampo los dedos en la mejilla reteniéndole el rostro a la altura de sus ojos- Y tú, ¡Maldito egoísta!, te encuentro en mi casa bajo la lluvia y lo primero que haces es besarme como se supone que no tienes que hacer- cuando quito la mano del rostro de él pudo ver el contorno de sus dedos dibujados sobre la piel ahora rosada de él- y me reclamas como tuya ¡Tuya!

Lo beso sin aviso y lucho contra la lengua de él hasta que la sometió a su voluntad.

-¿Dime ahora quien es el que pertenece a quién? Crees que puedes besarme y doblegar mi razón, yo te enseñare lo que eso quiere decir.

Una mano descendió hasta los botones de la camisa de Harry e inicio a soltarlos. Hermione no lograba entender los gestos de Harry, eran una mezcla entre miedo, resignación, sorpresa y placer. Esperaba que fueran todos por igual. Jamás se imaginó comportándose de esa manera pero la actitud de Harry la habían enfurecido.

-Toda las partes de tu cuerpo me pertenecen- dijo mientras terminaba de quitarle la camisa- cada parte de tu piel, y cada aliento de tu boca. ¿Entiendes?

Harry no respondió, estaba muy quieto mientras ella rasgaba su piel, y mordía su pezón.

-Cada uno de tus gemidos son míos, solo yo puedo escucharlos y solo yo puedo provocarlos.

Hermione delineo con la lengua la pequeña protuberancia que mantenía en silencio a Harry. Tal vez no eran tan expuestos como los suyos pero si igual de sensibles.

-¿Me deseas Harry?- aun sobre los pantalones le tomo con una mano el miembro duro, sin dejar de mirarlo.

-Si- esta vez respondió, no fue más que un gemido pero Hermione sonrió con maldad.

-Dilo Harry, dime a quien perteneces- dio un apretón mucho más fuerte que hizo saltar a Harry- ¡Dilo!

Harry mantenía los ojos cerrados y cuando ella le mordió el labio con fuerza los abrió sorprendidos. El ámbar se había vuelto de un marrón intenso, la sonrisa ladeada le daban aire de diablesa y la presión en su miembro le provocaban escalofríos.

-Tuyo- dijo aun con los dientes de ella en el labio- tuyo para siempre.

Ella lo libero, se bajó de él y le saco los zapatos junto a los pantalones dejándolo desnudo. Volvió a su posición sintiendo como el miembro de él rozaba sus muslos.

-Mío, ahí lo tienes. Mío como siempre lo debió ser, mío como será de ahora en adelante.

La ropa de ella dejaba caer gotas de agua fría sobre el pecho de Harry, pero apenas y las notaba, estaba en tal estado de excitación que lo único que era consiente era del calor de ella, de su peso sobre sus caderas, la presión de sus rodillas en sus costados, de sus labios sobre los suyos y la manera en que sus dedos tiraban su cabello con cada beso y cambio de posición. La roca en la que estaba tumbado le permitía estar semi sentado, seguramente la superficie era dura y ruda pero no le importaba.

-Hermione, te amo.

Ella se detuvo y separo sus rostros, lo miro por largo rato. Lo había dicho, no lo esperaba, no necesitaba oírlo. Vio a Harry estremecerse bajo ella, no sabía si era de frio o de temor.