Una dura prueba.

Los exámenes finales habían llegado al fin, todos concentrados en una única semana. Harry encontraba aquello agobiante, sintiendo como su capacidad de concentración era puesta a prueba. Con transformaciones, pociones y herbología no tuvo problemas. Historia le costó un poco, no por falta de conocer los contenidos entrantes sino por la facilidad con la que se distraía; al menos la dislexia con las gafas no era un problema, aunque estas comenzaban a quedar al límite. Harry pudo notar que como sus facciones empezaban a pasar de niño a adulto, comenzando así el proceso de la adolescencia, por lo que esas gafas ya le se estaban quedando pequeñas. Encantamientos y defensa le fue bien, aunque en esta última estuvo más pendiente de vigilar al profesor que en el examen; aun así, pudo entregar un examen decente. Astronomía la encontró fácil, o al menos asequible; y la nota de vuelo ya la tenía desde noviembre, cuando terminaron las lecciones.

El último examen que había tenido había sido el de encantamientos. Había tenido que animar a una piña para que bailase claqué sobre la mesa del profesor. Harry se preguntaba si todas esas cosas tenían alguna utilidad, a menos que, esos encantamientos fuesen en realidad la base para otros más complejos.

—Mi piña se ha torcido el tobillo —dijo Dudley. — ¿Crees que me quitará puntos por eso?

—Ni idea. Las piñas no tienen extremidades en sí.

—Mira Teseus.

Harry miró en la dirección que Dudley señalaba; su hermano y sus tres amigos, "los cuatro mosqueteros" como Blaise y Neville solían llamarlos, corrían hacia la cabaña de Hagrid. Harry se encogió de hombros sin darle mucha importancia, Theon solía frecuentar mucho al guardabosques, así que no le resultaba raro. Probablemente irían a celebrar el fin de los exámenes. Se tumbó con las manos en la nuca mirando al cielo, sintiendo una suave brisa calidad que anunciaba la inminente llegada del verano. No entendía porque pero además de poder volar sin escoba, manejar las corrientes de aire y tener un excelente control y entendimiento sobre las plantas, podía desentrañar el clima, entenderlo. Sentía cuando iba a llover, a nevar, a cambiar las temperaturas. Podía sentir en punto crítico en el que una estación cambiaba a otra. Era como una especie de intuición.

—Ojala hiciese el suficiente calor como para poder bañarnos en el lago —comentó Dudley.

—Lo hará, en un par de días.

—No seré yo quien no te haga caso en eso, Teseus. Todavía recuerdo aquella excursión de la escuela, un precioso día soleado en el campo y dijiste que iba a llover. Dos horas después aquello parecía el diluvio universal.

—Debería hacerme meteorólogo – Bromeó sin apartar la vista del cielo. Pudo ver como surcaba el cielo una lechuza nívea con las alas pintadas de rojo. Una de las lechuzas "nada llamativas" que usaba el ministerio para los mensajes importantes —Parece que el ministro ha vuelto a meter la pata y necesita que Dumbledore le resuelva la papeleta. —Señaló la lechuza.

—La verdad no sé cómo fue elegido. ¿Tan tontos son los votantes?

—No Dud, los votantes no son tontos. Los magos de a pie no votan al ministro en unas elecciones. Es la propia corte quien lo hace. El Wicengamot —Se incorporó, apoyándose sobre los codos y mirando a su amigo —Terminada la guerra, la anterior ministra anunció que se iba a retirar y empezaron a postularse candidatos y a fijar fechas. Había tres candidatos: Bartemius Crouch, Cornelius Fudge y Joseph Perkins. Perkins no despertaba muchas simpatías; por un lado era demasiado amante de todo lo muggle; por otro, era demasiado mayor y con una salud cuestionable —Comentó con calma —Así que todo quedaba entre crouch y Fudge. Crouch era el favorito.

—Era. O sea, que dejo de serlo.

—Hubo un escándalo. Durante esa época estaban atrapando lo que quedaba de los seguidores de Voldemort, un grupo de magos que se hacía llamar mortífagos. El hijo de Crouch fue sorprendido con ellos. Crouch hizo un juicio solo para despreciar públicamente a su hijo negando su existencia, pero el daño ya estaba hecho.

—Eso es...

—Cruel sí. Pero en esa época todo era cruel. Bastaba que fueses miembro de una familia de oscuros antecedente para que fuese suficiente que te encerrasen si alguien te señalaba como partidario del mago oscuro —Pensó en Sirius. Había sido Crouch quien había ordenado que lo encerrasen sin el juicio justo a los que todos tienen derecho, acusándolo de asesinar a Pettegrew —Sin comprobaciones, sin pruebas fehacientes, sin juicio. Sin permitir hacer uso de los derechos —Lamentablemente, aun habiendo caído en desgracia, Crouch seguía teniendo mucho peso político. Había sido un golpe de suerte para él que una viuda "bienintencionada" señalase a Sirius como aliado de Voldemort; esa misma viuda controlaba los asientos de su hijo hasta que este cumpliese la mayoría de edad. Crouch se había quitado un rival político de encima y Lily había ganado un aliado en el tribunal pudiendo hacer casi lo que quisieran. Lo que no habían esperado era que Sirius se hubiese asegurado de tener un suplente adecuado para esos asientos. La propia Andrómeda, contra la que no podían hacer nada.

—Pues vaya. Los actos del hijo destruyeron la carrera del padre.

—No creo que como ministro hubiese sido mejor que Fudge. Fudge es un chapucero, Crouch hubiese sido un dictador.

—Ambas son malas opciones.

—Sí, pero ahí no acaba la historia de la elección del actual ministro. Antes de adjudicarle el puesto a Fudge, se lo ofrecieron a Dumbledore.

— ¿Y aun así Fudge recurre a su consejo?, es absurdo. Le está dando poder a un posible rival político.

— Así es, Dumbledore fue muy listo. Prefirió quedarse en Hogwarts. Tía Andromeda afirma que estando en el castillo puede manejar mejor los hilos, moldear a algunos a su antojo.

— ¿Crees que sea cierto?

Harry quedó unos instantes en silencio, nunca se había planteado esa posibilidad en serio. Pensando de forma fría, ser director le daba la oportunidad de moldear a los niños a su antojo. Siendo director podría haber parado el acoso entre los miembros de distintas casas; sin embargo, castigaba severamente a unos mientras que a otros les daba palmaditas en la espalda. Por otra parte estaba lo de la piedra, si siempre había estado en un lugar seguro, ¿por qué llevarla al castillo y hacerse notar sobre ello?¿tendría relación con Theon?; si era así, ¿la trajo porque Theon vendría al colegio o adelanto un año la entrada de Theon porque venía la piedra?. Frunció el ceño al recordar la conversación que tuvo semanas atrás con Neville. Era un cebo, un doble cebo.

—Empiezo a creerlo.

Pasaron horas allí junto al lago, dejando aquel tema de lado y abordando otros más simples y triviales como el quiddicth. Los de Gryffindor, pese a hacer ganado contra Hufflepuff, tenían una derrota contra Slytherin que los hacía estar en tercer lugar, mientras que Ravenclaw estaba en segundo lugar a ochenta puntos de Slytherin. Ravenclaw tenía una oportunidad de arrebatarles la copa a Slytherin en el partido del sábado, Gryffindor necesitaba un milagro en ese último partido de la temporada.

También hablaron sobre lo que harían en verano y las cosas importantes que les pasaban. Dudley le contó que desde navidad, su padre buscaba ampliar el mercado y aparte de invitarlo a pasar unos días en su casa durante el verano. Harry le comentó que su prima Dora le había prometido llevarlo a ver la final de quiddicth de la temporada, donde se enfrentaban el Puddlemere y los tronados. Dos equipos duros que apostaban muy fuerte.

Durante la cena se percató de la ausencia de Dumbledore y la expresión de júbilo oculta en el rostro de Quirrel. Se enteró por los alumnos de cursos superiores que Dumbledore había partido hacia el ministerio. En ese momento unió las piezas finales del puzzle. Al llegar a la sala común, fingió encontrarse mal aludiendo que no tenía muchas ganas de fiesta y se encerró en el cuarto usando el espejo para hablar con Neville.

— ¿Van a ir al tercer piso, no?

—Sí. ¿Quieres que los detenga?

—No. Sólo avísame de cuando salen. Voy a hacer algo estúpidamente temerario. Les cubriré las espaldas.

—Suerte Teseus. ¿así te llama Dudley, no

—Sí. Estaré pendiente del espejo.

Instalo el espejo en su mesa de estudio, habiendo desplegado el mapa por la misma y dejado la capa preparada sobre su cama. Vigiló los movimientos del mapa. Los de Quirrel y ese tal Tom Riddle que cada vez perecía más un apéndice del profesor. También controlo los del resto de profesores. Vio a Quirrel y a Riddle moverse a medianoche hacia el tercer piso. También pudo fijarse en que los "mosqueteros" lo hacían; justo unos segundos después de verlos recibió la llamada de Neville.

—Nos reuniremos al pie de la torre de Astronomía en dos minutos.

De forma que, dos minutos después, ambos estaban al pie de la escalera cubiertos por la capa de Harry. Harry dio a Neville indicaciones para que mandase a una lechuza a Dumbledore; todo ello tras contarle de forma rápida sus sospechas y deducciones. Le entregó la capa a su amigo antes de ir tras los demás. No podía adelantarlos, pero podía alcanzarlos usando los pasadizos. Los alcanzó justo en la entrada.

— ¿Qué hace el bastardo aquí?

—Eso lárgate. Aquí no pintas nada —dijo Seamus.

—Pinto lo mismo que vosotros.

—No te llevarás la gloria de Theon, bastardo —dijo Dean Thomas.

—No me interesa su supuesta gloria.

— ¿Qué haces aquí, Harry? — Theon lo miraba analítico —Bueno no importe. Snape va a robar la piedra. Ayúdanos o vete, bastardo.

—Pero Theon... —Comenzó a protestar Ronald.

—Ron. Ninguno de los cuatro somos hábiles en herbología, y si lo que dijo Hagrid es cierto, todos los profesores han puesto sus propias protecciones.

— ¿Tiene que ser el bastardo? —insistió el pelirrojo. —Neville...

— Si Neville hubiese estado despierto le habría pedido que viniese. No tenemos tiempo de buscar a otro — reconoció Theon.

—Sólo os diré na cosa —dijo Harry. —El ladrón es Quirrel y tiene un ayudante.

— ¿Cómo lo sabes? —preguntó Dean.

—Sigamos —cortó Theon la conversación. —Traje la flauta que me regaló Hagrid para dormir al perro.

Entraron con demasiada facilidad en la sala. Un simple encantamiento para abrir puertas. Harry pensaba que aquello había sido muy fácil. Demasiado fácil. Le parecía que estaba preparado. Dentro aguardaba el cebero, impresionante pero más pequeño de cómo lo relataban los mitos. En su mente corrió la divertida idea que el cerbero original se dedicaba a divertirse de cuando en cuando. Theon se había puesto a tocar, a pesar que una suave melodía se proyectaba por la estancia. Harry ayudo al resto de la cuadrilla de su hermano a retirar las zarpas de la trampilla y a abrir la susodicha.

—Sólo hay oscuridad –dijo Weasley. —Hay que dejarse caer.

—No estoy seguro que sea lo más acertado. —Harry intuía que ahí les aguardaba una potencialmente peligrosa y mortífera planta.

—Míralo. El bastardo tiene miedo — se burló Seamus. —Pues yo voy a saltar.

Tras Seamus saltaron Dean y Rob. Harry hizo señas a su hermano para que se subiese a su espalda; luego saltó. Reguló el aire de la estancia para que la caída de ambos fuese más suave y segura. Se sintió espantado al ver la planta de la que se trataba y la sobrevoló dejando a Theon en un lugar seguro.

— ¿cómo has hecho eso? —Cuestionó su hermano.

—Sinceramente, no lo sé. Tenemos que ayudar a tus amigos. —Estos estaban siendo estrangulados por la planta. Ron y Dean completamente cubiertos hasta el pecho; Seamus con el cuello comprimiéndose. —Hay que liberarlos antes de prenderle fuego. Si se complican la cosas.

—Tu eres el experto en plantas.

Harry se concentró, acercándose a la mortífera planta. No podía negar que estaba nervioso, ¿y si no lograba controlarla?; podía notar como Seamus Finnigan iba perdiendo el color de la cara y los otras dos cada vez estaban más tapados. Tocó la planta, con cuidado y destreza haciendo que la planta se relajase. Le hizo vez al lazo del diablo que ellos no eran una amenaza, sólo unos críos jugando donde no debían. La planta finalmente los soltó.

—No la ataquéis —rogó Harry. —Es la guardiana de este sitio. —Se arrodillo junto a Seamus liberándole las vías aéreas y palpando el cuello.

—Esa planta mató a nuestro amigo tú tan tranquilo —increpó Ronald.

—Vuestro amigo no está muerto. Aún respira, aunque necesita ayuda.

—No hay forma de volver a subir —dijo Thomas. —Nos has dado mala suerte viniendo, bastardo.

—Esto nos está retrasando —dijo Theon. —Dean, quédate con Seamus y H.. el bastardo. Ron y yo seguiremos.

(***)

Theon y Ronald avanzaron por el pasadizo, palpando la pared y caminando a ciegas hasta escuchar un aleteo. Al llegar a una estancia vieron que había unos extraños pájaros y una puerta cerrada con candado. Ni siquiera un "Alohomora" sirvió para abrirla. Nada de lo que probaron sirvió.

— ¿Y si la echamos abajo? — sugirió Theon.

—Los pájaros podrían atacarnos si tocamos la puerta. Si al menos tuviéramos la llave.

— ¿La lleve? —inquirió confundido. —Esos pájaros lo parecen, ¿por eso lo dijiste?

— ¡Llaves, Theon!, ¡Hay que atrapar la llave!

— ¿Tú crees?

—Sí, mira. Son escobas y tu eres el mejor en vuelo de nuestra generación.

—No fui el primero en clase. El bastardo me quitó el lugar.

—El bastardo no cuenta para nada.

Theon se subió a la escoba, y se elevó. Nada más hacerlo las llaves voladoras comenzaron a atacarlo, golpeándolo y picándolo todo lo que podían. Eso le era molesto, le dificultaba el poder ver. Pasó unos largos minutos buscando entre el conjunto de llaves hasta que logró dar con la adecuada, curiosamente la única que era diferente. Abrieron la puerta entre picotazos de las otras llaves para acabar entrando en una fría estancia llena de piezas gigantes de ajedrez. Las piezas les cerraban completamente el paso.

—De esto me encargo yo —le dijo Ronald Weasley a Theon.

(***)

Pasaron un buen rato en silencio, con Seamus que había recobrado la consciencia pero que seguía sintiéndose mareado. Harry los oía cuchichear, más prefería ignorarlos. Estaba buscando la forma de salir de allí.

— ¿Por qué nos ayudaste?, ¿y cómo lo hiciste? – Le preguntó el irlandés entrecortadamente.

—Quirrel trabaja para Voldemort. Es el mensaje que vine a daros. Hice que mandasen una lechuza a Dumbledore, fuisteis vosotros los que quisisteis que bajase.

—Tu. No te creo, bastardo —observó Dean Thomas.

— ¿Me llamas bastardo tú? —susurró. —Tengo entendido que tu padre os abandonó antes que nacieses. No eres el más indicado para hablar de bastardos. —Se encogió de hombros. Vio como Seamus de cuando en cuando tosía, sin llegar a recuperar el color de la cara. —Hay que sacar a tu amigo de aquí.

— ¿Y cómo piensas hacer eso?

—De la misma forma que logré que la planta nos soltase. Pidiéndoselo.

—Eso es una locura. No pienso subirme a esa planta, además el techo está muy alto.

—Tú mismo, Dean Thomas. Ven con nosotros o quédaté. Pero no pienso quedarme parado mientras tu amigo se pone cada vez peor.

Harry apartó a Dean usando una llave de Karaté y cargó a Seamus sobre su espalda; luego caminó con firmeza hacia la planta. La acarició suavemente pidiéndole que le elevase para poder salir. Dean todavía no había reaccionado. Harry tuvo la sensación que se había pasado un poco. Pudo esquivar al cervero con facilidad, esté seguía dormido. Avanzó por los pasillos presuroso hasta llegar a la enfermería. No había pensado en qué decir. Al entrar se encontró a Dumbledore dando indicaciones a la enfermera. Ambos lo miraron fijamente. La de Dumbledore era una mirada de disgusto, la de la enfermera de preocupación.

—Lo encontré en el tercer piso. Ha sido asfixiado –dijo acelerado. —Logré que recuperase la conciencia pero la perdió de nuevo.

—Deje a su compañero sobre la camilla para que lo revise.

—Acompáñeme fuera, joven Potter —deje fríamente el director-

Harry siguió las indicaciones de la enfermera con delicadeza y luego siguió al director al pasillo. No se fiaba del director, y por su expresión tenía la impresión que estaba en un buen lío.

—Cuéntame lo sucedido — ordenó.

Harry bajo la mirada intencionadamente, Andrómeda le había hablado de las supuestas habilidades legeremánticas del director y la sospecha que siempre lo usó en los alumnos. Harry le hablo de cómo escuchó a Theon y ron hablar sobre Flamel. De cómo se entró por medio de ese par de indiscretos que la piedra estaba en el castillo y que esa noche iban a bajar. Aseguró haber tratado de impedírselo pero al no poder los había seguido por si los había recapacitar.

—...y cuando ví que nos enfrentábamos al lazo del diablo, actué por instinto ¿sabe?. Se me dan bien las plantas y logré que los soltara sin dañar la planta. Luego traje a Seamus aquí.

—Nunca me pareció que tu hermano y tú tuvieseis una relación.

—No la tenemos. Para ellos sólo soy el bastardo.

—Regresa a tu sala común. No habrá castigo.

(***)

Theon no había dudado en seguir adelante después que Ron se sacrificase para que pudiesen pasar por el tablero, cumplir con su papel de héroe era más importante. No se entretuvo verificando si estaba bien o no, tenía que detener a Snape como fuese. Ayudar a Quirrel a detener a Snape. Cruzó la habitación con el trol muerto, conteniendo las ganas de vomitar y pasó a una especie de antesala llena de botellas. Ambas puestas se envolvieron en fuego, tanto la que tenía delante como la que quedaba a sus espaldas. Una en fuego negro, la otra en fuego púrpura. En la mesa con las botellas había una hoja de pergamino.

—Odio las adivinanzas —fijo al terminar de leer, sentándose enfurruñado en el suelo sin saber qué hacer. No era tan idiota de jugársela al azar. Así le encontró el director. —Profesor Dumbledore. Yo le he fallado. Quería proteger la piedra pero no se seguir.

—No te preocupes Theon. Lo has hecho bien hasta ahora. —Le entregó una de las botellas. —Ten, con está podrá regresar. Tus amigos están bien. Coge las escobas del cuarto de llaves e id los tres a la enfermería.

— ¿Los tres?, si somos cuatro. Bueno cinco con el sucio bastardo.

—Tu hermano ya se las ingenió para llevar al señor Finnigan a la enfermería —dijo dulcemente el director. —Ve a ayudar a tus amigos.

—Sí, director. —Tuvo que contener la rabia de no haber sido el héroe a la altura de las expectativas.

(***)

Unas semanas después, todos sabían lo sucedido, o al menos creían saberlo. A Harry no le gustaron los rumores que ponían a Theon por las nubes, como el chico preocupado por la seguridad del colegio y gracias al cual dos de sus amigos habían sobrevivido. Que a él no se lo mencionase le daba igual, pero que se faltase a la verdad no. Theon les había dejado atrás después que Seamus casi moría, estaba más empelado en la gloria personal que en que su amigo estuviese bien. Un ególatra con la cabeza llena de aire y pájaros era lo que su hermano era; alguien que creía que sus ambiciones estaban por encima de los demás.

El director tampoco ayudaba a eso, se había enterado que le había dado tal cantidad de puntos por enfrentar tan noblemente el peligro. Esos puntos de última hora habían dado la vuelta al marcador, haciendo que Gryffindor ganase la copa.

Por ello, unos cuantos alumnos de primero y él, se habían negado a acudir al gran comedor. Entre estas estaban la mayoría de los Slytherin y los de su grupo de amigos: Dudley, Neville, Blaise y Tracey. Se juntaron en las cocinas, reveladas por Dudley para festejar el auténtico campeón de la copa de la casa. Slytherin.