Casey POV

Desperté a causa de los gritos que oí y de una sensación de presión en la cintura. Cuando me incorporé en la cama estaba en mi cuarto. Recordaba haber llegado allí en brazos de Alex.
Lamos me pasaba un trapo húmedo en la frente y me daba un poco de néctar en una copa de bronce celestial.

"¿Cuánto tiempo..." balbuceé frotándome las piernas y acariciando la venda que había a mi alrededor para que no se me infectase la herida que me dejaron cuando me marcaron.

"Teniendo en cuenta que es el veinticinco de Junio..." puso su cara de concentración y empezó a hacer cálculos invisibles en el aire. "Seis días. Casi una semana, bella durmiente."

"¡¿Qué?" aullé. El cumpleaños de Jake fue hace tres días y me lo perdí...

"Sí, es mucho tiempo, pero al menos estás bien."

No dije nada. Estaba absorta en mis pensamientos hasta que volví a oír los gritos que venían del pasillo. Escuché detrás la puerta de mi cuarto para entender la discusión.

"¡Me da igual que fuera una novatada! Os dije que no le hicierais daño ¡y la habéis marcado!"Adonis me estaba defendiendo, les estaba regañando. ¿Por qué era tan bueno conmigo?

"Oye, Lamos. ¿Sabes si Alex ha venido a visitarme estos días?" pregunté.

Intentó disimularlo, pero vi una mirada nerviosa antes de que girase la cara para mirar a través de la ventana y encontrarse con la luz del sol de mediodía.

"¿Me estás escondiendo algo?" pregunté recelosa.

Retorció el trapo húmedo que antes me había pasado por la frente e hizo círculos en el suelo con la punta de los pies. Me miró inocentemente a los ojos.

"Verás, Casey... Hay algo que no sabes..."

"¿Qué le ha pasado a Alex?" estaba empezando a preocuparme por él.

"Bueno, Alex no es realmente quien dice ser" dijo de un tirón. Casi no pude entenderlo.Casi.

Sacudí la cabeza intentando analizar lo que dijo. ¿Que no es quién dice ser? ¿Qué quería decir con eso? Le envié una mirada para que continuase con la explicación.

"Alex es en realidad... bueno, él es Adonis transformado."

Sentí como si se me hubiera parado el corazón. Un recuerdo me vino en mente; cuando Alex obligó a TJ a decir que él le había contado quién era yo en realidad, y TJ de repente dejó de negarlo y dijo que era verdad. Me dio una sensación extraña, como si estuviera hipnotizado o algo... Ahora lo comprendía todo. Alex, o más bien dicho, Adonis, manipuló a TJ para hacerme creer que él se había ido de la lengua. Yo creí que Alex era humano y más tarde, cuando me robó el colgante, me hizo creer que él se había unido al bando de los malos y me había robado el collar para que me fuera con ellos. Durante todo este tiempo Alex era una mutación de Adonis. Pero la pregunta que me hacía era: ¿El Alex del que me enamoré es el mismo que me ha traicionado? No estaba segura de eso.
Quería salir para hablar con Adonis y pedirle una explicación por el engaño. Antes de salir me di cuenta de que las voces ya no se oían y que había pasado seis días inconsciente y sin ducharme ni lavarme los dientes. Dije a Lamos que nos veríamos después de comer y fui a ducharme. Antes de dejar que el agua corriese y se calentase me miré detenidamente en el espejo. Tenía la cara sudada y había algunas cicatrices en el lado de mi mandíbula de la pelea contra el león. Tenía el pelo hecho un desastre. Siempre fui rubia y desde hace ya cuatro años llevaba extensiones de colores en un pelo al estilo emo. No es que sea emo, solo es que me gustan ese tipo de peinados. Decidí que era hora de hacer un cambio, uno grande. Me arranqué las extensiones del pelo y las guardé en mi maletín. No llevaba las extensiones para que el pelo pareciera más largo, solo me las puse para dar un poco de color y estilo propio a mi peinado.
Bajé en un momento a la tienda que había en la planta principal y compré tinte color negro azabache de la marca Arco Iris. Ese iba a ser un cambio extremadamente duro, pero lo superaría.
Subí de nuevo a mi habitación y me metí en el baño. Pringué mi pelo con aquel componente espeso y esperé media hora- tal y como estaba escrito en las instrucciones de la caja del tinte -. Durante la espera aproveché para cepillarme los dientes. Los sentía tan sucios que estuvo diez minutos cepillándolos. Era excesivo pero necesario. Los treinta minutos pasaron lentamente. Dejé la venda encima de la tapa del váter y me metí en la ducha. Dejé que el agua se llevase los restos de tinte que quedaron en mi pelo y luego lo lavé enérgicamente dos veces. Me puse mascarilla protectora y me enjaboné el cuerpo. Me aclaré y salí de la ducha. Sequé un poco el pelo con la toalla y me vestí. Luego me coloqué delante del espejo con los ojos cerrados para no verme reflejada en él. Contuve el aire y conté hasta tres. Al mismo tiempo que solté un gran suspiro abrí los ojos. Me quedé sin respiración. No parecía... yo. Me quedaba bien pero me veía muy diferente. Tenía un aspecto más agresivo y maduro que antes. Aproveché la ocasión para cortarme las puntas y dar un poco de forma al peinado y luego lo sequé y planché.
¿Qué diría Denisse si me estuviera viendo? ¿Y Jake? Mark seguro que se reiría de mi para molestarme y luego diría algo para hacerme sentir bien. Nunca me han importado demasiado las opiniones de los demás, pero esta vez quería parecer más madura, más... mayor. Incluso tenía un aspecto más intelectual que antes y me agradaba.

Busqué a Adonis por todos lados hasta que lo encontré almorzando y viendo la televisión en su despacho.

La puerta estaba entreabierta y di unos toquecitos en ella para llamar su atención.

"Adelante" dijo con la boca llena de espaguetis.

Entré desafiante y apoyé mis dos manos en su mesa mirándolo fijamente a los ojos, los cuales me contemplaron atónitos. Su boca se abrió de golpe y le colgaron algunos fideos de ella. Con una mano se la cerré de golpe y se tragó la comida. Dio un trago de vino tinto de su copa, apagó el televisor y se giró hacia mi estupefacto.

"¿C-Casey?" tartamudeó.

"La misma" dije satisfecha por su reacción.

"¿Qué te has hecho en el pelo?" preguntó. "Quiero decir... ¿por qué te lo has hecho? Pareces mucho más mayor y madura. Estás... hermosa."

"No es eso de lo que he venido a hablar."

Arqueó las cejas y me miró perplejo. "¿De qué has venido a hablar?"

"De Alex. Quiero que me lo cuentes todo."

Se puso nervioso por un instante y cambió a una expresión más segura de sí misma.

"¿Qué quieres que te cuente? Se ha ido una temporada con su madre en Indianápolis. ¿Te acuerdas de la conductora del automóvil que nos trajo aquí? Ésa es su madre. Se ofreció a ayudarnos con el transporte" mintió. Seguía hincando el diente a sus espaguetis.

Le tomé el plato y lo aparté de él. Me miró desconcertado.

"Quiero la verdad, Alex" lo acusé.

Soltó el tenedor de golpe y se limpió con un trapo los restos de tomate de su cara.

"¿Cómo sabes eso?" preguntó.

"Digamos que tengo... contactos" pronuncié las palabras exactas que él dijo hace tiempo.

Me contempló con frialdad y suspiró vencido por mi mirada insistente.

"Quiero que sepas que el Alex de verdad sí existe" comentó en voz alta dando la vuelta a su mesa.

"¡Eso no me importa, ahora!" le espeté. "¡Quiero saber el por qué te transformaste en él!"

"¡Porque estoy enamorado de ti y tu lo estabas de Alex!"

Quedé petrificada. ¿Yo le gustaba a alguien? No podía ser. Y mucho menos que ese alguien fuera el mismísimo dios Adonis. Cuando se dio cuenta de lo que confesó puso una mano detrás de su cabeza e intentó calmar las cosas.

"Yo creía que nunca te fijarías en mi, así que cuando descubrí que estabas enamorada de ése chico... decidí transformarme en una copia exacta de él."

Por un lado me sentía alagada y estuve a punto de ruborizarme. Por el otro, me había mentido demasiadas veces.

"¿Y así es como quieres conquistar el corazón de una chica?" pregunté. "¿Robando el alma de su mejor amigo y obligándola a venir contigo?"

"Al principio no quise que fuera así..." confesó. "Solo quería alejarte de Jake. Le ofrecimos un lugar aquí, con nosotros, pero él no lo aceptó. Así que la única forma de mantenerte alejada de él era obligándote a que vinieras con nosotros."

"¿Y por qué querías alejarme de Jake?" dije enfadada. "¿Sabes qué? No quiero saberlo. No quiero nada más de ti. Me voy."

Di media vuelta y me dirigí hacia la puerta. Tenía la intención de ir a la habitación de Alex para registrarla y encontrar el collar, pero me cogió del brazo antes de cruzar la puerta. Di media vuelta y vi que se sacaba algo del bolsillo. Era el collar que andaba buscando todo este tiempo.

"No vas a ir a ninguna parte, mocosa" dijo en un tono enfadado. "¿O quieres que tu amigo muera? Al fin y al cabo, soy yo el que controla su vida o su muerte."

"¿Eres lerdo o qué? Juraste por el Río Estíge que no lo mataríais" le recordé.

"Dije que nosotros no lo mataríamos. Nunca dije que cualquier otra persona pudiera hacerlo..." me amenazó.

¡Maldita sea! Tenía razón. ¿Cómo pude ser tan boba como para no ver eso? Estaba frustrada. Sacudí su mano para quitármela de encima y me fui furiosa a la cafetería.
Lamos y los demás lestrigones me habían guardado un sitio. Lo más extraño es que los demás monstruos y dioses no me miraron mal. ¿Tan distinta estaba? Pues al parecer sí, ni mi amigo Lamos me reconoció. Gracias a los dioses, dijo que me quedaba bien. Empezaba a gustarme ese color.

Jake POV

Dormía plácidamente en mi cama hasta que un estrépito me despertó de golpe y casi caigo de la cama.

"¡¿Qué ha sido eso?" dije.

Andrew, que al igual que yo aún estaba en su cama, gruñó y abrió los ojos molesto porque le había despertado.

"No sé..." se dio la vuelta hacia mirando hacia el lado contrario a mi e intentó volver a dormirse.

Me duché, me lavé los dientes y cogí mi camiseta de Campamento Mestizo y mis bermudas. Le quité la manta a Andrew para que se despertara. Era la una del mediodía; otra vez nos habíamos perdido el desayuno. Estos últimos días íbamos a dormir muy tarde. Por mi cumpleaños mis amigos me prepararon una fiesta, y el resto de días me acostaba a las doce porque estaba perfeccionando al máximo el trabajo para aprobar el curso. Desde mi punto de vista, perfeccionar era buscar algo en elWikipedia y hacer 'copiar' y 'pegar'. Durante el curso, Casey me dijo que no era muy fiable porque cualquiera podía editar la información, pero nunca le hice caso en ese tema.
Salí de mi cabaña para ver qué fue lo que me había despertado de mis dulces sueños; los romanos estaban cargando armas y municiones a una furgoneta. Jasón estaba a lo lejos hablando con Annabeth.

"¿Qué rayos ocurre?" les pregunté.

"Los del Campamento SPQR han descubierto dónde se entrenan los dioses menores y los monstruos... En el Internado John Collins" me informó Annabeth. "Quieren guerra."

"¿Y por qué no los detenéis?" pregunté. "Creía que antes de pelear necesitaríamos un plan o intentaríamos solucionarlo con palabras."

"¿Con palabras?" dijo Annabeth. "Jake, la profecía dice que dos campamentos permanecerán unidos y puede que ganen o pierdan. Eso solo puede significar que hay una guerra asegurada. No creo que la profecía se refiera al ajedrez."

Asentí pesadamente. No podía creerme que habría una guerra de verdad y que Casey lucharía contra nosotros. Ella era la traidora.

"Piensas en ella, ¿verdad?" preguntó Jason.

Lo miré perplejo y rogué para que no se me hubieran subido los colores a las mejillas. Annabeth sonrió y Jason me dio un golpecito en el brazo.

"Te preocupas demasiado, Jake" suspiró Annabeth. "Puede que Casey sea la traidora, pero si te acuerdas de la profecía, ella está destinada a ayudarnos al final."

"¡Es verdad!" exclamé aliviado. "¿Cómo no había pensado en eso antes?"

"Porque aunque no eres un pez físicamente, tienes una memoria muy parecida" dijo como si fuera obvio.

"¡Eh, más respeto!" me quejé.

"No seas bobo, os viene de familia. A Percy suele pasarle lo mismo..."

Los tres nos pusimos a reír, pero paramos en seco cuando vimos a una familia pasearse por el campamento. Una familia humana. Para ser más exactos: la de Casey.

"¡Me da igual lo que me diga, Quirón! El Señor D me ha dejado entrar y voy a buscar a mi hija. Sé que está por aquí" gruñía su padre.

Su mujer, Jessica, y sus tres hijos, TJ, Trey y Amy, lo seguían a toda prisa. Mark y Denisse intentaban calmar a Henry, su padre. TJ y su padre intentaban mantenerse lejos del centauro. Ellos lo podían ver, tenían una vista... especial. Jessica y los pequeños no tenían esa habilidad. Cuando el padre me vio desvió su trayectoria abandonando a Quirón y a mis amigos por el camino y se me acercó preocupado. Nunca lo había visto en carne y huesos. Solo nos veíamos algunas veces cuando Casey estaba en el salón hablando conmigo en su portátil por el video chat de Skype.

"Nosotros mejor nos vamos" dijeron Annabeth y Jason. "Suerte."

"¡Hola, señor!" exclamé intentando disimular. "¿Qué le trae por aquí?"

"Mi hija" dijo entristecido. "Se fue sin decir nada y solo dejó una nota."

Me dio un trozo de papel color naranja en el que Casey había escrito.

Papá, siento mucho irme sin decir nada, pero tengo que prepararme para la guerra. No puedo contarte mucho, solo que estaré perfectamente bien. Espero que lo entiendas.

PD; No intentes encontrarme ni contactar conmigo. Tampoco intentes descubrir dónde estoy y por qué; sé que te defraudaría. Os quiero mucho a todos.

Casey.

"Tú eres el chico del que tanto habla Casey, ¿verdad?" preguntó la hermana pequeña de mi amiga cuando terminé de leer la nota. Procuré no ruborizarme pero creo que no funcionó.

"Y tú debes de ser Amy, ¿no? Casey me dijo que eras muy bonita, pero nunca pensé que lo serías tanto" reconocí.

Sonrió felizmente y me dio un abrazo. La cogí en brazos y le acaricié el pelo. Me recordaba a mi hermana pequeña cuando tenía su edad. Solo que yo y Nichole solíamos pelearnos bastante y Casey mantenía una relación muy buena con su familia. Ella estuvo muchos años sin ver a su padre así que decidió hacer todo lo posible por seguir manteniendo esa fuerte relación entre su familia. No quería discutir, siempre evitaba todo tipo de discusiones Solo quería sentir que estaba protegida por ellos. Quería sentirse como nunca antes lo había hecho.

"¿Puedes llevarme con ella? Sé que el único sitio al que iría para prepararse para la guerra es aquí" dijo suspirando.

Miré a Quirón y a mis amigos y llegamos a un acuerdo silencioso. Debía contarle lo ocurrido. No sabía cómo, pero tenía que hacerlo.

"Señor, creo que tenemos que hablar en privado" comenté.

Dejé a Amy en brazos de su madre y acompañé a su padre en la Casa Grande. En ese momento no había nadie allí dentro. Quirón ayudaba a los romanos a colocar las armas en la furgoneta y podía ver al Señor D desde la ventana recogiendo fresas de los campos.
Hice un gesto para que el padre de Casey se acomodase en el sofá y yo me senté en la mesita de café, justo delante de él.

"Verá, señor..."

"Llámame Henry" me cortó. "Sé que intentas ser educado conmigo, pero estamos en familia."

Asentí y continué. "Verás, Henry..."

Empecé a contarle todo desde el principio; desde que Casey y yo tuvimos un pequeño imprevisto con la Maldición del Fénix hasta lo último que supe de ella. Tuve que dejar algunas escenitas a parte o me estrangularía allí mismo. A medida que hablaba sus ojos se abrían como platos y se humedecían. Reaccionó justo como yo lo hice al enterarme. Ninguno de los dos éramos capaces de creer que todo aquello estaba pasando, pero era la cruda realidad. Intentaba suavizar las cosas un poco pero parecía empeorarlo aún más. Las expresiones del padre de Casey pasaron de preocupado a triste y a decepcionado. Tenía la cara roja y apretaba los dientes para no romper a llorar.

"N-No puede ser" murmuraba una y otra vez negando con la cabeza.

"Yo tampoco quiero creerlo, créame."

"¿Y si no está en el campamento... dónde está?" preguntó.

"Sólo sabemos dónde se entrenan y se preparan. No estoy seguro de si ella está allí. Cuando la vi por última vez se fue con Alex."

Se levantó firme y me miró convencido.

"Voy a buscarla. Tiene que estar allí, y cuando vuelva a casa va a estar castigada durante un mes sin Internet ni televisión."

"No puedes ir a buscarla, es demasiado peligroso" dijo el Señor D entrando por la puerta. Llevaba unos tejanos sucios y una camisa abierta por el pecho que le apretaba la barriga. "Si quiere, no tiene que castigarla usted. Yo estaría encantado de tomar ese papel..."

"¿Demasiado peligroso?" preguntó ignorando la oferta del dios. Supongo que Casey ya le había contado quién era el Señor D y que sus castigos eran muy duros.

"Vamos, Henry" dijo amistosamente poniendo el brazo alrededor de sus hombros, "aquel lugar está repleto de monstruos y dioses. Te matarían en un segundo."

"Me da igual" replicó éste. "Solo quiero ver a mi hija."

"Señ... Henry" me corregí. "Tenemos un plan. Usted manténgase al margen, sólo la distraería."

Dudó por un segundo y terminó por asentir.

"Solo prométeme que cuidarás de mi hija" suplicó entristecido. "Te la dejo en tus manos. Sé que a ella le importas mucho."

"Al fin y al cabo soy su mejor amigo, ¿no?"

"Tú y tu familia podéis alojaros en la Casa Grande por un tiempo si se siente más tranquilo" ofreció el Señor D.

Sí, ya sé lo que estaréis pensando: ¿Dioniso está siendo generoso? Qué raro. Pero él ya perdió a su hijo, Castor, cuando luchaban por salvar el Olimpo de la destrucción y estoy seguro de que sentía compasión por Henry.

Durante la cena me quedé sentado en mi mesa del comedor. Veréis, en el campamento, el comedor no tiene paredes ni techo y está rodeado por columnas. Hay una mesa o dos para cada dios. Sus hijos deben sentarse en la mesa en honor suyo. La noticia de lo que pasó entre yo y Casey se difundió y los de la mesa de Ares me enviaban besitos en el aire. Mark los hacía parar, pero eran muchos contra uno. Los de Afrodita me sonreían, algunas me guiñaban el ojo y otras me levantaban el pulgar. En resumen, el beso que tenía que ser secreto ahora había salido a la luz.
No paré de oír gritos de emoción por la próxima guerra que se avecinaba, los romanos cantaban y bailaban de felicidad mientras los griegos se limitaban a hablar entusiasmados y a entrenar sin parar. Yo también debería estar haciendo lo mismo, Mark y Denisse estaban enfadados porque me salté bastantes entrenamientos, pero, desde que pasó lo que pasó, no tenía muchas ganas de entrenar.

Fui a dar un paseo en el bosque y mi mejor amigo me siguió. Estuvo detrás de mí todo el rato intentando no hacer ruido para que no supiera que estaba detrás de mí. No le funcionó.

"¿Qué quieres Mark?" pregunté.

"¿Cómo sabes que soy yo?" se quejó. "Bueno, da igual. He venido para hablar."

Lo miré desconcertado. "¿Hablar de qué?"

"De lo que todo el mundo habla. Tío, ¡eres una celebridad, no dejan de hablar de ti!" exclamó entusiasmado.

"¿Qué he hecho?" pregunté aún más desconcertado.

Me miró incrédulo. Sus ojos me decían que yo ya conocía la respuesta, y era verdad, sabía de qué quería hablar. ¿Por qué no dejaban ese tema de una vez? ¿No veían que solo conseguían entristecerme aún más?

"Mira Mark, lo que pasó fue un error y ya está. No volverá a repetirse nunca, y ahora está muy claro."

"Pero a ti te gustaba, ¿verdad?"

"¡¿Por qué todo el mundo cree que me gusta Casey? Pregunté molesto.

Se removió incómodo y habló.

"Jake, desde que la conociste no has parado de mirarla como si fuera tu pertenencia más apreciada..."

"No es mía. ¡Y no me gusta!" contesté irritado. "¿Te importaría dejar el tema?"

"Entonces, ¿por qué la besaste?" espetó enfadado por mis respuestas.

"¡No lo sé, Mark! ¡No tengo ni la más mínima idea!" dije encogiéndome de hombros. "Lo único que sé es que nos ha traicionado y que me siento fatal, tío. La echo de menos..."

De repente, Mark hizo un gesto que nunca antes me había mostrado. Me abrazó, intentaba hacerme sentir mejor. Y lo consiguió. Saber que tenía a mi mejor amigo a mi lado en cualquier situación me reconfortaba. Pero poco a poco el abrazo se hizo más incómodo.

"Eh, colega, gracias por todo" dije dándole unas palmadas en la espalda. "Pero ya puedes soltarme..."

Deshicimos el abrazo y me dio una colleja.