(Card Captor Sakura y sus personajes son propiedad de CLAMP)

IMPORTANTE

Antes de nada, quiero felicitar a Sweeping Girl, que cumplió sus 17 añitos el 4 de abril, fecha en la que tendría que haber actualizado con este capítulo y que al final, por una cosa o por otra, no pude... ¡Felicidades!

Recomiendo que antes de leer el capítulo paséis por mi blog y descarguéis las canciones que van a aparecer en el mismo, por si alguien quiere escucharlas durante la lectura y en los momentos oportunos.

Dirección de Lie for Love, mi blog (los comentarios en las entradas son bienvenidos xD): Link en mi profile.

Tengo más cositas que decir, pero el resto lo comentaré en el apartado de Notas de la autora. Por el momento, os dejo con Preliminares, el nuevo capítulo de Mentir por Amor. Enjoy!


Mentir por Amor

Capítulo 9

Preliminares

(Shaoran)

La tensión del ambiente se puede cortar con un cuchillo, tal y como este silencio en el que nos hemos sumido. Sakura se ha quedado completamente petrificada, siendo observada por mi prima que lleva en la cara esa sonrisita de superioridad que tan sólo ella puede mostrar.

—¿Su… pro… me… ti… da…? —Sakura palidece al repetir la última palabra que ha pronunciado mi prima y después sus mejillas se colorean de un rojo que no indican nada bueno— ¡¿SU PROMETIDA? ¡Shaoran voy a matarte! ¡Idiota, imbécil, infiel!

Sakura toma entre sus manos uno de los cojines que descansan tranquilamente sobre el sofá y comienza a golpearme una y otra vez mientras yo maldigo a Meiling por la bajo. Ella se ríe mientras Sakura continúa hecha un basilisco, sin darme ninguna tregua y sin dejar que yo le explique nada.

—¡Sakura! ¡Te estás equivocando! ¡Ella no es…!

—¡No mientas, Shaoran! ¡Sí que lo soy! —grita Meiling.

—¡No, no lo eres! ¡Tú sueñas!

Sakura se detiene en su empeño de seguir golpeándome y se refugia en mi pecho entre sollozos.

—Idiota… —susurra abrazándome con fuerza.

—Oye, Sakura, lo que te ha dicho Meiling no es verdad. —explico mientras le lanzo una mirada asesina a mi queridísima prima, que se encoge de hombros y clava una mirada asesina en Sakura, ganándose una llena de reproche por mi parte— Sí es cierto que lo fue durante un tiempo, pero tan sólo éramos unos niños. Ya no tiene ninguna importancia. Yo te quiero a ti, tonta.

Ella alza sus ojos verdes hacia los míos castaños. Se pierde en mis pupilas, que reflejan las suyas bañadas en lágrimas y que yo retiro cuidadosamente con el dorso de mi mano. ¿De veras se ha creído la mentira de Meiling? Desde luego no puede ser más inocente… ¡Y me encanta que sea así! Pues de esa manera aumenta más mi fuerza, mi voluntad de protegerla a toda costa.

—¿Seguro?

—Pues claro que sí. ¿Acaso lo dudas?

Me inclino para besarla, pero justo entonces a Meiling se le ocurre carraspear para interrumpirnos de nuevo.

—Mira, bonita —interviene enfadada apartando a Sakura de mi lado— Vale que el momento sea muy emotivo y todo lo que tú quieras, pero no es cuestión de comerle el morro a mi primo estando yo delante. Si no os dejáis caer sobre el sofá y acabáis en otro sitio, a saber el trauma que me habríais causado para el resto de mi vida.

—Lo siento… —murmura apenada al tiempo que sus mejillas comienzan a colorearse— Esto… ¿Primos? ¿Sois primos?

—Pero qué dices, Sakura, no te disculpes. – digo ignorando su pregunta- Esta es mi casa, en ella entra quien yo quiera y con el permiso de hacer lo que…

—No, Shaoran, está bien así. Ella tiene razón.

Sakura se levanta del sofá y se recoloca el vestido que tan deliciosamente se había deslizado por su cuerpo acabando en el suelo. Luego se dirige a la puerta tras recoger el abrigo y ponerse las botas mientras yo sigo sus pasos.

—¿Adónde vas?

—A mi casa. Creo que tú tienes muchas cosas que hablar con ella —dice señalando a mi prima con el dedo.

—Pero le has dicho a tu hermano que esta noche no irías.

—No te preocupes. No pasará nada. Además si hoy tampoco voy a dormir mi padre sospechará que algo sucede.

Mientras su hermano no piense que yo le he hecho algo y venga para partirme la cara, no hay de qué temer… Maldita sea… ¡He ido a enamorarme de la chica con el hermano más sobreprotector del planeta!

Ya en la puerta, Sakura toma el pomo y la abre, saliendo a la fría noche.

—Es muy tarde, ¿seguro que estarás bien si vas sola? – pregnto preocupado.

—Totalmente. Te veo mañana en el instituto, ¿vale?

Me da la espalda mientras cierra la puerta tras de sí. Sin embargo, antes de que lo consiga, la retengo estrechándola contra mí. Sakura enrojece.

—Lamento que este momento nos lo hayan arrebatado —digo al tiempo que dirijo una mirada cargada de reproche a Meiling. ¡Si no llega a ser por ella, Sakura y yo habríamos…!— Pero te prometo que ya no nos van a quitar ninguna noche más, ¿eh?

Sakura asiente algo cohibida antes de corresponder a mi abrazo con Meiling de espectadora.

—No importa, Shaoran. Quizás sea mejor así por el momento. Oye, yo…

—Que te quede bien claro que yo sólo te quiero a ti.

La beso con fuerza rematando la frase. Ella corresponde a ese beso de forma automática, como si lo hiciera por cumplir, pero después sonríe amablemente, como siempre, o por lo menos finge una sonrisa muy elaborada. Luego se marcha sin más mientras yo sigo sus pasos con la mirada. ¿Seguro que estará bien sola? Sí, Sakura sabe cuidarse.

Cuando regreso al salón, Meiling continúa entada sobre el sofá, con las piernas pegadas al pecho y rodeándolas con sus brazos. El pelo cubre su rostro por completo y lo único que puedo escuchar como señal de que en ese cuerpo hay vida, es un quejido lastimero.

—¿Meiling?

—Así que… —comienza ella hundiendo su cara en sus rodillas— Sólo éramos unos niños… y ya no tiene importancia. Qué tonta…

—Vamos, ¿qué pasa ahora? Te presentas en mi casa, espantas a mi novia después de decirle que tú y yo tenemos algo y luego vas y te pones así. No te entiendo, Meiling. ¿Qué quieres?

—¿Que qué quiero? —pregunta alzando la vista y sosteniéndome la mirada, resistiendo la tentación de echarse a llorar— ¡Era una promesa, Shaoran! ¡Y las has incumplido! Prometimos que estaríamos juntos.

—Sí, es cierto. Prometimos estar juntos hasta que yo me enamorara. Y resulta que ya lo he hecho. Por si todavía no te has dado cuenta, me he enamorado de Sakura.

—¡Pero era nuestra promesa! —exclama echándose encima de mí— ¿Es que significó tan poco para ti? ¿Acaso me has valorado alguna vez o has pensado en mí como algo más? ¡Dime!

—Meiling —susurro con seriedad tomándola por los hombros y apartándola de mi lado. ¿A qué viene toda esta escenita? No hay quien entienda a las mujeres— Eres una persona muy especial para mí. Siempre has estado a mi lado y eso es algo que nunca voy a poder olvidar, ¿entiendes? Pero debes comprender que mis sentimientos no han ido más allá de ahí, que… yo no te veo de la forma en que tú quieres que te vea. Yo… sólo quiero a Sakura.

—¡Lo comprendo! ¿Crees que necesitas darme explicaciones? —me espeta enfurecida— Es guapa, llena de vida y parece tan inocente… No hay más que mirarla a la cara para saber que ella es tu tipo, que no necesitas a nadie más, pero, pero… ¡Eso no cambia nada!

—Pero bueno, ¿entonces qué sucede?

Meiling vuelve a ocultar su rostro, esta vez tras sus manos. Después abandona el sofá y se dirige al vestíbulo, donde la espera una maleta en la que yo no había reparado antes.

—Nada, Shaoran. Será que durante todos estos años no he dejado de ser una idiota.

Se seca las lágrimas con la manga de su camiseta y abre la puerta de entrada cargando con la maleta.

—¿Adónde vas ahora?

—He alquilado una habitación en un hotel del centro. Sólo había pasado por tu casa para saludarte y ver qué tal estabas, pero como tardabas en volver me quedé dormida sobre el sofá. Toma. – Meiling se acerca a mí y deja caer en la palma de mi mano las llaves del apartamento – Ielan me dio una copia para que pudiera entrar. Estaba segura de que sin ella habrías sido capaz de dejarme en la calle. Pero en fin, ya no la necesito.

Meiling sale a la frío noche sin más, tras ponerse un abrigo largo y de color rojo y sujetar con firmeza su maleta negra. Me siento en la obligación de decirle algo, pero ¿qué?

—Meiling, para mí eres alguien muy especial, ya te lo he dicho – susurro atropelladamente soltando las primeras palabras que cruzan mi cerebro.

—Ya, lo sé… pero siempre después de Sakura.

Agacho la mirada, pues esa es la verdad. Y no necesito que haya otra, por muy triste que se ponga mi prima debe aceptar que ella sólo es una más.

—No te preocupes, Shaoran. Y ándate con ojo, porque a partir de mañana voy a ir a tu instituto, así que no pienso quitarte el ojo de encima. Te recuerdo que tienes…

—Una misión que cumplir… Soy consciente de ello.

—Oh, ¿en serio? – pregunta con sarcasmo – Shaoran, me da igual lo hagas. Si te gusta esa chica yo te voy a apoyar, pero ve con cuidado. Sólo eso…

Tras esas solemnes palabras, Meiling desaparece cerrando la puerta a su paso y cargando su pesada maleta a cuestas. Eso como si… No, no puede ser… Ella aún no puede confiar en aquella promesa de hace tantísimos años. Ya no tiene sentido… nunca lo tuvo.

Pero entonces, ¿a qué diantres ha venido todo ese espectáculo? Prefiero no saberlo. Para empezar, ni siquiera tendría que haberse trasladado a Japón…

Ielan… Estoy seguro de que la presencia de mi prima aquí se debe a la actuación de mi madre.

Más que resignado me dejo caer sobre el sofá. Un escalofrío recorre toda mi columna vertebral, por lo que decido recuperar mi camiseta abandonada a su suerte en el suelo, junto con las prendas de Sakura, prendas que obviamente, ya no están.

Meiling… ¡Qué inoportuna! ¿Por qué siempre has sido igual?

Sólo hasta que encuentres al amor de tu vida, yo seguiré estando a tu lado. ¡Seré tu novia! ¡No! ¡Tu prometida! ¿verdad, Shaoran? ¡Estaremos juntos! ¿Me lo prometes?

Meiling se inclina exageradamente sobre la mesita de madera, a punto de derribar el té. Tiene los ojos relampagueantes, esperando a que yo abra la boca para decir lo que quiere oír. Pero a veces, mi prima es una pesada de pesadilla… ¡Y eso que sólo tenemos cinco años! ¿Cómo va a ser mi prometida? ¡Anda ya! Aunque bien es cierto que parece desesperada, incluso al borde de las lágrimas.

¿Prometido?

Extiende su dedo meñique cerrando los cuatro restantes en torno a la palma de su mano mientras se inclina más y más. Intentando retrasar el momento de hablar, tomo un sorbo de té de la taza más cercana y poco falta para atragantarme, pues la bebida es demasiado fuerte. Meiling sique petrificada en la misma postura, dejándome la amarga sensación de que si le digo que no, se derrumbará por el rechazo. ¿Una niña puede sentir estas emociones a tan temprana edad? Tengo claro que mi prima no es para nada anormal. ¡Ella es paranormal!

Está bien… Prometido… —contesto suspirando al tiempo que entrelazo mi dedo meñique con el suyo aún extendido— ¡Pero sólo hasta que me enamore de verdad!

¡Oh, Shaoran!

Meiling se tira a mi cuello en plancha derribándome de la silla y cayendo al suelo. Ella solloza repitiendo mi nombre una y otra vez mientras yo siento que me falta el aire.

¡Meiling, suéltame!

¡Es una promesa, Shaoran! ¡Es nuestra promesa!

Qué recuerdos…

Dos años después de aquello, Lyang me encomendó la misión de encontrar a esa misteriosa chica cuya magia inactiva podría acabar con todo el Emporio Li sólo por el hecho de existir.

Durante el tiempo en que permanecí en Hong Kong entrenándome duramente para cumplir exitosamente esa tarea, Meiling no dejó de estar a mi lado, siempre apoyándome en lo que podía. Se puso muy triste cuando tuve que confesarle que me marchaba a Japón, pues todo apuntaba a que esa chica se encontraba allí. Insistió muchísimo en acompañarme motivada por aquella falsa promesa que realicé más bien por salir del paso que por sentir de verdad el querer que ella fuera mi prometida. A fin de cuentas, yo nunca he sentido por Meiling algo más que no sea afecto fraternal. Finalmente llegué solo a Japón, en donde continué entrenando al tiempo que realizaba una vida normal de cualquier chico de catorce años, soportando las llamadas telefónicas de mi padre, presionándome para que me diera prisa en encontrar a la chica de la profecía. Tres años después, casi cuatro, sigo en las mismas. ¡Qué desastre! Ya no se trata únicamente de encontrarla. Ahora no dejo de preguntarme si, en el caso de dar con ella, yo sería capaz de arrebatarle su preciada vida.

En mi habitación, extraigo la espada de mi cuerpo y me siento sobre la cama cruzando las piernas, extendiendo la afilada hoja hasta el techo. Cuidadosamente, presiono los dedos índice y corazón en posición horizontal sobre la misma. Cierro los ojos y comienzo ese extraño ritual.

Por decreto del dios del Fuego, del Oráculo del Oro, del viento de las tormentas. Por el Agua, la Tierra, la Sangre que corre por nuestras venas… Formad parte de mí como la ley que guardo y ayudadme a lograr mi meta, el lugar donde aguarda el devenir de la profecía. Uníos y sed mi estela.

La hoja de la espada comienza a brillar, al igual que el tablero mágico que descansa sobre el escritorio. Una luz azulada se extiende repentinamente hacia el centro de Tomoeda y llegando más allá, alcanzando la Torre de Tokio.

Rápidamente me asomo por la ventana de mi cuarto, intentando vislumbrar cualquier cosa oculta detrás de algún edificio o simplemente tratando de dar con algo más que oscuridad, pero resulta inútil. Allá donde la luz emergente del tablero se pierde, ya no hay nada. Sólo la Torre de Tokio, no más.

—Shaoran… Shaoran…

Una voz femenina, extrañamente familiar, resuena en mi cabeza provocándome agudos pinchazos. No puedo evitar dejar escapar un grito por la sorpresa y apuntar con la espada hacia el lugar en donde puedo escuchar la voz, el mismo en donde se termina el haz de luz azul; esa torre… ¿Qué… es esto?

—¿Quién eres? –pregunto llevando las manos a mi cabeza y presionando las sienes con fuerza para intentar no sentir ese dolor tan repentino.

—Shaoran, Shaoran… —masculla débilmente la voz. Es suave, dulce, pareciera entonar una deliciosa nana. ¿Dónde he escuchado yo esa voz?— En… cuén… tra… me…

—¿Dónde estás? –susurro a duras penas con los ojos cerrados, muestra de las fuertes punzadas que sacuden mi cabeza sin piedad— ¿Dónde… puedo encontrarte?

El dolor es tan insoportable que mis rodillas se quiebran bajo su propio peso.

—Shaoran… En… cuén… tra… me… Estoy aquí… Siempre he estado aquí…

—¡Espera!

El tablero deja de brillar, la estela de luz desaparece y la espada cae al suelo con gran estrépito mientras yo me retuerzo de dolor sin saber qué está sucediendo ni de quién era esa voz…

Otro pinchazo acaba por derrumbarme de una vez por todas. Siento cómo mi cuerpo decide abandonarme, cómo mis ojos se cierran y cualquier emoción desaparece en un profundo sueño que más bien podría calificar de pesadilla.

Así que la Torre… La Torre de Tokio…

[…]

23 de diciembre. Mediodía.

Eriol se apoya indiferente contra el tronco de un viejo cerezo deshojado mientras le da la última calada a su cigarrillo antes de arrojarlo al suelo.

Es viernes, nos encontramos en el instituto Seijô disfrutando de lo que queda de diciembre. Mejor eso que estar en un aula cerrada, aunque calentita, dando clase de Japonés. El patio está completamente desértico, ocupado por las últimas hojas desprendidas de los árboles que rodean los terrenos del instituto. Éste es el único cerezo de por aquí, el más hermoso de todos, tal vez porque su flor lleva el mismo nombre que Sakura.

—No hay duda –dice Eriol de pronto, sacándome de mis pensamientos— Esa voz que escuchaste no es otra que la de esa chica, estoy seguro. Se te acaba el tiempo, Shaoran…

—Puede que sólo fueran imaginaciones mías… A fin de cuentas esa noche fue muy movida.

Eriol niega con la cabeza, los ojos vagando distraídos en el horizonte.

—No creo. Ese tipo de sueños no se tienen porque sí. Además, aquella misma noche llegó Meiling, ¿no? Y yo también estaba aquí. Al haber más miembros de la Familia Li juntos, es probable que nuestro poder se incrementara y ello te diera la oportunidad de tener esa visión al utilizar tu magia. ¿Dices que te resultaba familiar aquella voz?

Asiento con la cabeza. Así que ahora voy a tener que darle las gracias a mi prima. Vaya, vaya…

—Así es, pero no podría decir a quién pertenece. Aunque era una voz… muy cálida.

—¿Esa noche sucedió algo más?

—No – digo y de mal humor, añado casi para mí- Aunque tenía que haber pasado…

—¿Decías?

—Nada. No tiene importancia.

Eriol deja escapar un largo suspiro y enciende otro cigarrillo.

—¿Quieres? –pregunta ofreciéndome la cajetilla.

—No, gracias. Después de Japonés pienso regresar a clase y no quiero que se note nada.

Él se encoje de hombros y prende con un mechero plateado su dosis de nicotina volviendo a guardar la caja segundos después.

—Como sea —continúa— Si vuelves a pasar por algo parecido, avísame. Aunque si yo fuera tú, echaría un vistazo a la Torre de Tokio. No conviene hacer esperar por más tiempo a Lyang, y si has dado con alguna pista, deberías aprovecharla.

Una vez más vuelvo a asentir y acaricio suavemente el tronco del cerezo. Algunas ramas presentan pequeñísimos capullos cerrados esperando la llegada de la primavera para renacer en todo su esplendor.

—Shaoran —prosigue Eriol haciendo círculos con el humo de su tabaco— ¿Estás completamente seguro de que no sabrías decirme de quién es esa voz?

Aprieto los puños con fuerza sobre la corteza del árbol.

—Sí, lo estoy. No tengo… ni idea de quién puede ser.

—¿En el caso de que lo supieras me lo dirías?

—Sí. Aún no sé de quién se trata, pero pronto lo averiguaré. Y cuando lo haga terminaré de una vez por todas con esta historia.

—No te creo, Shaoran —me espeta entre dientes— Pero eso es cosa tuya. Ya no te voy a decir nada. Al menos, no de momento.

—Piensa lo que quieras. ¿Tú sabes algo, Eriol?

—¿Yo? Nada que deba interesarte.

El silencio se extiende entre nosotros, roto tan sólo por las caladas que Eriol pega a su cigarro. Desde la llegada de Meiling Li y su entrada en el instituto Seijô, las cosas han cambiado radicalmente entre Sakura y yo. Apenas pasamos tiempo juntos, quedando muy de vez en cuando para estudiar nuestros exámenes y saliendo algún que otro fin de semana para tomar algo. Ella no ha vuelto a subir a mi apartamento desde aquella noche, sino que las veces en que hemos estado bajo techo, ha sido en su casa y bajo la tutela de su hermano, que cada cinco minutos abría la puerta de la habitación de Sakura con cualquier excusa para comprobar que realmente estábamos estudiando. Y cada vez que yo sacaba el tema de "allí donde lo dejamos la otra vez", simplemente se sonrojaba y miraba en dirección contraria.

Por otra parte, mi prima no hacía otra cosa más que rondar por los alrededores, insistiéndome en la importancia de continuar las investigaciones sobre la profecía que amenazaba con la destrucción de nuestra familia, por lo que tampoco podía ver a Sakura cuando Meiling se presentaba en mi apartamento para echarme una mano con mi maldita misión. Creo que ni siquiera hace falta la mera mención de que ni Sakura podía escuchar el nombre de Meiling, ni Meiling el de Sakura.

Y qué decir de los últimos tres días. Apenas hemos cruzado cuatro palabras. Tal ha llegado a ser mi desesperación porque me diera algo más que sonrojos y desvíos de miradas, que me he visto en la obligación de robarle algún beso que ella ha correspondido sin querer llegar a más, sin superar la barrera de la inocencia que poco a poco se va debilitando cada vez más entre nosotros.

—¿Qué planes tienes para Nochebuena? –interviene Eriol cortando el hilo de mis pensamientos de nuevo.

—¿Nochebuena?

—Sí, es mañana. ¿No vas a ir con Sakura a ningún sitio?

—¿Con Sakura? ¿Y por qué habría de ir con ella?

—¡Vega ya, Shaoran! ¿Crees que no me he enterado de que estáis saliendo desde hace casi un mes? Al final lo has conseguido, campeón.

—Bueno, yo…

¡Maldita sea! ¿Se puede saber cómo se ha enterado? ¿Por qué Eriol siempre está al tanto de todo?

—¿Por qué no venís con nosotros? –dice rebuscando algo en sus bolsillos.

—¿Ir a dónde?

—Aquí, mira.

Eriol extrae un par de papeles que no resultan ser más que dos entradas para una famosa discoteca del centro de Tomoeda. Entre colores verdes, rojos y blancos aparece la imagen de una jovencita disfrazada de Papá Noel y rodeada por un montón de cascabeles y bastones de caramelo. A su lado y en letras grandes y claras puede leerse el eslogan cuidadosamente escogido para la ocasión; "Ven a bailar la Navidad". Luego hay una lista con las típicas ofertas de la noche como los DJ's, las consumiciones gratuitas a partir de cierta hora, los espectáculos, la música, la fiesta tornillo-tuerca

—¿Entradas para Paradise?

—Ajá, nuestro querido amigo Ryuo ha conseguido entradas para todos. Y gratis. Va a ser una gran fiesta y vamos a ir todos; Yamazaki, Chiharu, Ryuo, Tomoyo, Meiling… incluso Rika y Naoko. ¿Por qué no te llevas a Sakura?

Me encojo de hombros. Sí, tenía pensado hacer algo con Sakura en Nochebuena, pero nada relacionado con discotecas. Una cenita en un restaurante, un paseo bajo la luz de las estrellas y la luna… no sé, algo más romántico que matarnos a bailar bajo potentes altavoces que provocan sordera. Aunque tal y como están las cosas, pasar una Nochebuena tan íntima podría llegar a resultar incluso violento. Quizás sería mejor pasar la noche con nuestros amigos. Sí, por qué no, pero…

—No sé, Eriol… Sakura se ha criado en un ambiente muy familiar. Tal vez quiera pasar la Nochebuena con su padre y su hermano.

—¿Y qué? Puedes ir a recogerla después de cenar y os venís con nosotros. Shaoran, hace tiempo que no estás con los chicos. Ryuo, Yamazaki y yo somos tus amigos. Pasar tiempo con tu novia está bien, pero no puedes olvidarte de tes amis, ¿eh?

—Está bien –contesto tomando las dos entradas que él me ofrece— Se lo diré a Sakura, a ver qué dice.

—¡Bien dicho! –responde alegremente alzando su pulgar en señal de victoria. A continuación, sus manos vuelven a perderse en el interior de los bolsillos de su pantalón de uniforme— Y para lo que pueda surgir a lo largo de la noche, aquí tienes mi regalito…

Eriol extrae un objeto rectangular y lo introduce en mis propios bolsillos antes de que pueda verlo. Sin embargo, no han pasado más de dos segundos cuando yo saco el paquete de preservativos que me ha dejado tan sutilmente.

—¿Y esto qué significa? –pregunto zarandeando la caja a la altura de sus ojos.

Eriol pone cara de póquer.

—¿Necesitas que te haga un croquis? –dice sonriendo pícaramente mientras yo resoplo y me dejo caer junto al cerezo— Ya es hora de que pases a la acción, Shaoran. Si no es con Sakura, creo que no tendrías ningún problema con tu prima… Se ve que la chica te tiene ganas.

—Eriol, ve al psiquiatra. Tienes un problema grave.

—Haz lo que quieras. Pero seguro que no habías caído en comprarlos. Estas cosas suelen pasar en fechas como éstas. Shaoran, te faltan varias… ¡Orgías!

—Bah.

Me guardo la caja de preservativos en la mochila que descansa a mi lado sobre el suelo y observo las nubes pasar tranquilamente mientras echo una rápida ojeada al reloj. Aún faltan quince minutos para que acabe la clase de Japonés.

—Eriol, ¿sigues saliendo con Daidouji?

Él también se deja caer a mi lado, desechando el último cigarrillo.

—¿Con Tomoyo? Sí, desde hace bastante tiempo.

—¿Cuánto? —intuyo alzando las cejas.

Eriol observa sus manos contando con los dedos.

—Unos cuatro meses. –contesta al fin.

—Cuatro meses —repito— Entonces… ¿por qué le dijiste a Sakura que te gustaba? Lo pasó muy mal cuando os pilló a Tomoyo y a ti en la cama, ¿sabes? Tenías que haberla visto. No… dejaba de llorar. —añado frunciendo el entrecejo al recordar su rostro entristecido, la vista aún perdida en las nubes blancas y el cielo gris, amenazando con una ventisca— ¿Por qué no nos dijiste nada a nadie? ¿No has dicho que somos tus amigos?

—Ya, lo siento por Kinomoto. En verdad no pretendía hacerla daño con todo esto… Y en cuanto a vosotros… Tampoco pretendía ocultároslo de esta forma, pero ¿qué habríais dicho? Prefería mantenerlo en secreto y Tomoyo tampoco mostró ningún inconveniente en esconderlo.

—Pero… ¿por qué? ¿Qué hay de malo en saber la verdad?

—¿Y por qué tú no me habías dicho lo de Sakura? Ha sido Tomoyo quien me ha contado que probablemente ella acabaría saliendo contigo. Supongo que se conocen demasiado. Es una pena que se hayan distanciado así.

Yo simplemente me encojo de hombros sin saber qué decir. Imagino que no le conté nada a Eriol porque en cierta manera estaba resentido con él por haber engañado a Sakura, por ser el motivo de sus lágrimas. Pero cierto era que eso me había favorecido a mí. O sencillamente es que no quería admitir que Eriol tarde o temprano acabaría teniendo razón; que yo terminaría con Kinomoto, esa chica perfecta para mí. Aún así me dolía que ella no compartiera toda su felicidad, que no se mostrase tal y como ella es; alegre, soñadora, inocente, adorable… Y todo porque todavía seguía enfadada con Tomoyo, su mejor amiga, casi como una hermana. ¿Daidouji no se sentía culpable? ¿O es que Eriol le había contagiado su egocentrismo y el resto del mundo no le importaba nada? Tratándose de dos amigas como ellas, rechazaba esa posibilidad. Estoy seguro de que para Tomoyo, Sakura era una persona muy importante y que aún lo sigue siendo.

—¿De verdad quieres estar con Tomoyo Daidouji, Eriol? ¿No estás con ella sólo por estar, por tener una más?

—¿Y tú, Shaoran? ¿Quieres estar con Sakura Kinomoto?

—Sí —respondo a la milésima de segundo de realizar la pregunta— Quiero estar con ella. Lo demás me da igual. ¿Tú?

—Lo mismo digo. Tomoyo no es una más. Yo la necesito a mi lado de verdad, pero… Si tú realmente quieres seguir con Kinomoto no necesitabas preguntarme por qué no te conté nada. He ahí la razón…

—¿Qué tiene eso que ver?

—Todo a su tiempo, Shaoran – murmura misteriosamente sin dejar de mirar el cielo— Todo a su tiempo.

(Sakura)

—Estas grafías son propias del katakana, no lo olvidéis. El katakana es una silabario junto al hiragana, que consta de 46 caracteres representados por sílabas formadas por una consonante y una vocal, o bien una única vocal que puede ser….

Veinte minutos más de charla y juro que me tiro por la ventana…

Es la frase que cruza mi mente a todo correr desde los primeros cinco minutos de clase de Japonés. ¿Para qué me sirve a mí el katakana? ¡Si ni siquiera me interesa! Yo con el japonés de toda la vida me basto y me sobro. Bastante tengo ya con aprender además inglés y español como para que le den más vueltas a mi propio lenguaje. ¿Y a dónde ha ido Shaoran? Se suponía que debía estar justo ahí, sentado en el pupitre situado detrás del mío, acariciando mi pelo, como siempre que tenemos estas clases tan sumamente aburridas. De esta manera, el tiempo se nos pasa más rápido, aunque parezca una tontería. Pero no está… Chico listo, segurísimo que se ha saltado la clase junto con Hiiraguizawa, ya que él tampoco se encuentra en el aula. Y es conocido por todos que ellos dos odian las clases como ésta, incluso los mismos profesores. Pero no les dicen nada porque siempre aprueban los exámenes. ¡Qué envidia! ¡Ojalá yo pudiera hacer lo mismo con las Matemáticas!

¿Y qué? Aunque estuviera Shaoran la cosa no cambiaría demasiado. A fin de cuentas, llevamos varios días sin cruzar más que cuatro palabras por no quedar mal, más por cumplir que por cualquier otra cosa. Y todo por lo que estuvo a punto de pasar aquella noche… Quizás pensaba que de esa forma él podría permanecer a mi lado, pues después de todo no quería que se marchara. Pero tras analizarlo bien, me di cuenta de que habíamos cruzado una línea inexistente, que habíamos ido demasiado deprisa… y que yo quería que así fuera… ¿Por qué no? Yo quería repetir el momento, pero siempre tenía una extraña sensación rondando a mis espaldas… Como si esto no fuera lo correcto. Por lo que dejé pasar el tiempo, echando a un lado a Shaoran, que nada había hecho…

Además, su prima, Meiling Li, no ha hecho otra cosa más que fastidiar durante todos estos días, interrumpiéndonos cada dos por tres, molestando con excusas baratas para llevarse a Shaoran y retenerlo el tiempo suficiente como para que yo perdiera la paciencia y decidiera largarme. ¿Por qué ha tenido que aparecer justo ahora? Por no mencionar que últimamente, Shaoran también ha estado muy raro, sin querer verme porque según él, "tenía cosas que hacer". ¿Qué pasa conmigo? ¿Qué pasa con nosotros?

—Kinomoto, ¿podría resolver el ejercicio 3 de la página 187?

Y además, mi padre empieza a sospechar que tengo que estar saliendo con alguien, porque si no, no me explico a qué vienen los últimos interrogatorios; que si dónde has estado, que si hay una llamada y no es de tus amigas, que si este chico que viene a estudiar contigo se te pega demasiado…

—¿Kinomoto?

Y para colmo, ese paso de la nueva coreografía que no sale. Los campeonatos de primavera se acercan y aún tenemos que montar tres bailes más. ¡Y ese maldito paso no sale! La música no cuadra bien, hay animadoras que no vienen a los entrenamientos, cada vez hace más frío…

—¡Sakura Kinomoto!

—¡¿Qué quiere?

De pronto, treinta y dos pares de ojos se clavan en mí, claramente asombrados por aquella contestación tan brusca hacia la profesora Mutsumi. Inmediatamente oculto la boca tras mis manos, pero ya es demasiado tarde.

—Kinomoto, salga usted ahora mismo al…

¡RIIIIIIIIIIING!

El timbre que indica el final de las clases irrumpe en el aula en ese preciso instante, dando por finalizada la clase de Japonés y salvándome de un posible parte de incidencia.

—Dejémoslo aquí por hoy –masculla la profesora Mutsumi algo molesta por no haber podido echarme al pasillo— Si continúa así, Kinomoto, habrá represalias.

Y abandona el aula cargando con su maletín de cuero marrón y el ceño visiblemente fruncido.

—Salvada por la campana, ¿verdad?

Tomoyo Daidouji posa una mano sobre mi hombro y sonríe amablemente desde su pupitre, como si jamás hubiese pasado nada entre nosotras, como si ella no hubiera empezado a construir ese muro invisible que cada vez nos distancia más y más.

—Sí, claro –murmuro entre dientes guardando todos mis libros en la cartera lo más deprisa posible pasa salir de allí cuanto antes— Bueno, me voy…

Tomoyo abre la boca para decir algo, pero finalmente se calla clavando la vista en las baldosas del suelo como si se tratase de una niña que acaba de perder a su madre de vista en un enorme centro comercial, al borde del llanto.

Pero yo no me achanto por eso. En su lugar salgo al exterior y busco a Shaoran con la mirada mientras consulto el reloj. La siguiente clase en nuestra lista es Biología; prácticas de laboratorio por ser viernes.

Finalmente puedo divisar la figura de Shaoran apoyada en el tronco del único cerezo que hay por los terrenos del instituto. Está solo contemplando las nubes mientras juguetea con un par de papelitos rectangulares.

—¡Eh, Shaoran!

Corriendo me acerco hasta el cerezo y también me siento a su lado. Le doy un ligero beso en los labios, tras el cual me dispongo a tomar algo de aire y sacarme de la cabeza la imagen de Tomoyo sonriendo como siempre lo ha hecho. No puedo negarlo… La echo tanto de menos…

—¡Hola, amor! –saluda Shaoran alegremente, y añade pícaro como él solo— ¿Qué tal la clase de Japonés?

—¿Amor? ¿Desde cuándo me llamas así?

—¿Qué pasa? ¿No puedo? ¿Te molesta?

—No, claro que no, pero…

—Entonces, todo bien. ¿Qué tal la clase, amor? –repite.

—Fatal… La próxima vez que te la vayas a saltar avísame para que lo haga contigo.

Shaoran acaricia mi cabello y deposita detrás de mi oreja una pequeñísima flor de cerezo que se saca de la manga como por arte de magia.

—Es la única que he podido encontrar en este árbol. El resto está esperando a la primavera.

—¡Qué bonita! –exclamo con una sonrisa pintada en el rostro.

—Aún conozco a una más hermosa.

Shaoran me besa con fuerza, presionando suavemente mis labios contra los suyos para que abra la boca y nuestras lenguas se encuentren en su habitual danza, algo que no ha sucedido últimamente por todas las dudas que sacuden mi mente y mi corazón cuando me da por pensar en los últimos acontecimientos vividos junto a él.

No puedo seguir así… Shaoran no se lo merece.

Poco a poco correspondo a ese beso, fundiéndome con él mientras me acaricia con delicadeza. Pero nuevamente es la campana, la misma que me ha salvado el cuello, la que interrumpe totalmente la magia del momento.

Enfadada por esa interrupción, me aparto de su lado y Shaoran procede a levantarse tras tratar de deshacerse de la pereza que invade su cuerpo. Yo imito sus movimientos y le indico con la cabeza el camino hacia los laboratorios.

Shaoran me toma de la cintura y ambos nos perdemos entre las filas de alumnos en dirección a nuestra próxima clase de Biología.

—¿Ya tienes planes para Nochebuena, Sakura?

Niego con la cabeza.

—Qué va… Mi hermano se va a pasar la noche con Yukito, y mi padre, Fujitaka, vuelve a marcharse a una nueva excavación esta misma tarde. Así que estaré sola.

—Entonces, ¿te apetece venir conmigo? Podemos cenar en algún sitio y después ir aquí.

Shaoran me tiende dos entradas para la discoteca Paradise, en el centro de Tomoeda. Sopeso las posibilidades por unos segundos. ¿Por qué no? Me apetece bailar la Navidad.

—Vale, no parece una mala idea. ¿Cómo las has conseguido? –pregunto señalando las entradas.

—Eriol me las ha dado. Al parecer, Ryuo ha conseguido para todos, así que no va a faltar nadie. No es un inconveniente, ¿verdad?

—¡Claro que no! Cuantos más seamos, mejor. Además, hace tiempo que no salgo por ahí con mis amigas, y si ellas también van a ir, perfecto.

Shaoran sonríe y toma una de las entradas guardándola en su cartera y cediéndome la otra.

—Muy bien, ahora solo falta la cena –dice aparentemente alegre— Bueno, eso déjamelo a mí. Abrígate bien, ¿de acuerdo?

—Entonces lo dejo todo en tus…

—¡Kinomoto!

Meiling Li se acerca a nosotros a toda velocidad, el cabello negro ondeando libremente al viento y una sonrisa de superioridad en los labios.

Shaoran resopla enfadado, cruzando los brazos sobre el pecho y consultando su reloj para comprobar si puede echar a su prima con la excusa de que llegamos tarde. Lamentablemente, eso no es para nada cierto…

—¿Tienes un minuto? –pregunta recuperando el aliento perdido tras la carrera. –Tengo algo importante que decirte.

—¿Tiene que ser ahora mismo? Tenemos clase y…

—Oh, si ahora no puedes no hay problema. Podemos vernos después de clase. ¿Sabes cuál es la cafetería que hace esquina con el bloque de apartamentos de Shaoran? Quedamos allí luego, ¿vale? ¡Me voy!

—¡Meiling!

Imposible, ya se ha perdido definitivamente en dirección a los laboratorios, dejándome con una molesta duda que no quiere abandonar mi mente. Shaoran me toma de la mano con el entrecejo fruncido y me conduce hacia los laboratorios de mal humor.

—Pasa de ella –masculla sin dejar de mirar al frente.

Asiento con la cabeza y continuamos nuestro camino en silencio hasta llegar a clase, en donde nos esperan unos ratoncillos blancos junto a un puñado de instrumentos metálicos y sumamente afilados reposando inocentemente sobre la mesa, así, como quien no quiere la cosa.

Meiling se sienta con Ryuo en la fila de mesas situada detrás de la nuestra, una vez nos han emparejado para hacer la disección a esos pobres bichos blancos que, sin saber nada, corretean alegremente en sus treinta centímetros por quince de jaula. Me sonríe abiertamente tomando el cúter entre sus manos y es entonces cuando yo siento que voy a correr la misma suerte que esos ratones.

Me revuelvo en mi asiento cuando Shaoran saca a nuestro ratón de la jaula para examinarlo de cerca al tiempo que echa un vistazo a los apuntes del encerado con la intención de realizar la mejor disección de todas. Yo me dedico a llevarme las manos a la boca a punto de vomitar cuando coge un punzón plateado y busca la vena aorta del ratón para matarlo lo más rápidamente. Él lo nota.

—Vale, este es el plan –dice dejando el punzón sobre la mesa y pasándome el cuaderno en blanco que tenemos para apuntar las observaciones— Yo hago la disección y tú te encargas de anotar lo que te vaya diciendo.

—Me parece bien –contesto rápidamente recuperando mi habitual tono de piel, dejando el pálido para otro momento.

Así pues, me giro sobre la silla de manera que no pueda ver lo que el resto de mis compañeros están haciendo y me dedico a apuntar todo lo que Shaoran me va dictando y… Dios, cada línea que escribo es más asquerosa que la anterior. ¿Para qué me habré apuntado a Biología? ¡Yo soy de letras!

Horas más tarde y tras recoger nuestras calificaciones del trimestre y los entrenamientos del equipo de animadoras, por fin salimos del instituto Seijô hacia nuestro fin de semana navideño. Mejor dicho, hacia nuestras vacaciones navideñas.

Sin perder demasiado tiempo en echarle un vistazo a mis notas, salgo corriendo en dirección a la cafetería que me ha indicado Meiling.

Es un lugar pequeño, aunque abarrotado de gente, de estilo francés. Un toldo rojizo cubre una terraza acristalada en donde hay varias personas tomando un tentempié, leyendo el periódico o simplemente conversando de cualquier tema que nada tiene que ver conmigo ni ha de importarme lo más mínimo. En el interior tampoco falta el ajetreo; varios hombres y mujeres estan jugando a las cartas alrededor de una gran mesa redonda, mientras otros tantos se encuentran tras la barra bebiendo una cerveza al son de una música de ambiente proveniente de los altavoces más cercanos y el ir y venir de los empleados que allí trabajan.

Yo escojo una mesa junto a un gran ventanal desde el que se puede ver todo el ancho de la calle, dejando la cartera sobre el suelo, cruzando las piernas y echando un vistazo de vez en cuando para tratar de atisbar la figura de Meiling entre la gente. Un camarero ataviado con un uniforme granate viene a tomarme nota. Tras apuntar que la chica de la mesa quince quiere un zumo de naranja del tiempo, aparece Meiling con su habitual sonrisa de autosuficiencia.

—¡Hola! Perdón por el retraso –se disculpa ocupando el asiento junto al mío y llamando a otro camarero con la mano— ¿Hace mucho tiempo que esperas?

—No, solo hace un par de minutos…

Cuarto de hora después, ambas tenemos nuestras bebidas sobre la mesa y charlamos amigablemente, como si no hubiera nada ni nadie que nos enemistara. Pero lo cierto es que Meiling no tarda en sacar el tema del que ha venido a hablar. Por un momento deja toda su alegría de lado y se inclina sobre el tablero de la mesa cruzando ligeramente los brazos sobre el pecho. Y como suponía, no se podía tratar de ninguna otra cosa…

—A ver, Kinomoto, ¿qué pasa con Shaoran?

Maldita sea… ¿A ella qué le importa?

—¿A qué te refieres?

—Sé que estás saliendo con él, pero no me veo que estés al cien por cien. Lo que quiero preguntarte es si realmente estás enamorada de mi primo o no.

Ya, claro… Pensará que para mí es sencillísimo responder a esa pregunta… ¿Realmente ya estoy enamorada de Shaoran? ¡Y yo qué sé! Decido evitar el tema por el momento.

—¿Y tú desde cuándo conoces a Shaoran?

Sí, sé que es una pregunta estúpida teniendo en cuenta que son familia, pero qué le vamos a hacer, es lo primero que se me ha pasado por la cabeza. Obviamente, la reacción inmediata de Meiling es reírse a carcajada limpia.

—¡Desde siempre! ¡Somos primos! –contesta apartando las lágrimas con el dedo índice— Pero no fue hasta que tuvimos cinco años que empezamos a llevarnos bien. Shaoran nunca ha tenido amigos de verdad, pese a que él lo da todo por los demás… a su manera, claro.

—¿A su manera?

—Sí, nunca sabes que quien ha hecho que las cosas salgan bien ha sido él. No quiere que nadie tenga que deberle nada, no pretende que nadie le dé las gracias, sólo quiere ayudar desde el anonimato. Por eso siempre ha estado solo… Hasta que llegó a Japón junto con Eriol y se juntó con Yamazaki y los demás.

Eriol… La forma en que Meiling habla de él, tan cercana, tan amigable, tan cálida, denota que en cierto modo se deben de conocer.

¡Un momento!

Esa fotografía… aquella que encontré en la casa de Hiiraguizawa aquella tarde de tormenta, la tarde en la que Tomoyo y él…

¡No hay duda! Esos tres niños situados en el centro de la foto tenían que ser ellos; Meiling Li, Shaoran Li y Eriol Hiiraguizawa. Sí, ya se conocían de antes… Shaoran y Meiling son familia; primos, de hecho. Pero, ¿qué hay de Eriol? Los apellidos no coinciden. ¿Un amigo? ¿Un viejo conocido de la familia? ¿Qué es Eriol Hiiraguizawa para los Li? ¡Me muero de curiosidad! ¿Por qué Shaoran nunca me ha contado nada de eso? No sé nada sobre él, sólo ciertas pinceladas de su pasado, débiles, insignificantes… ¿Por qué vino a Japón? ¿Por qué Meiling lo ha seguido hasta aquí? ¿A qué viene tanto secretismo?

—¿Ya conocías a Hiiraguizawa, Meiling? –pregunto intentando resolver parte de mis dudas.

—Sí, él también ha estado siempre ahí. Es como una especie de hermano; necesario, vital… importante.

—¿Qué quieres decir con eso?

Meiling se reclina en su asiento y mira soñadora por la ventana.

—Simplemente que las cosas no serían iguales si él nunca hubiera estado con nosotros.

No me entero de nada, pero tampoco me atrevo a seguir preguntando sobre el tema. Segurísimo que ella no querrá contarme nada relevante. Aún así…

—Meiling, ¿por qué Shaoran tuvo que trasladarse a Japón?

—Él tiene asuntos que resolver aquí –contesta cambiando la expresión de su rostro, endureciendo sus rasgos- Y más vale que no olvide quién es ni lo que ha venido a hacer. Por eso estoy yo aquí. No puedo permitir que cambie sus metas.

Ella juguetea entrelazando los dedos de sus manos una y otra vez con nerviosismo, bebiendo sorbitos de su café, ya algo frío.

—Oye –intervengo regresando sin pretenderlo al tema inicial de la conversación— ¿Tú estás…? Ya sabes, de Shaoran…

Meiling clava sus ojos carmesíes en los míos.

—¿Enamorada? –pregunta alzando una ceja.

Yo asiento agachando la mirada, revolviéndome incómoda en la silla.

—Sí… Al menos parece que le tienes mucho cariño. –digo al fin.

-Bueno, él y yo hemos compartido muchas cosas inolvidables… Pero supongo que pese a aquella promesa de hace tantos años, yo no he sido para él más que su prima, una amiga que siempre va a estar ahí, nada más. –hace una breve pausa en la que se dedica a observar atentamente todas y cada una de mis facciones- Pero sí, podría decirse que yo he llegado a estar enamorada de Shaoran.

Mi corazón da un fuerte vuelco al escuchar esas últimas palabras. No sé por qué, pero he sentido una punzada de dolor en el pecho al saber que otra chica tan apegada a mi novio puede sentir amor por él cuando ni siquiera yo siento algo así. O quizás…

—Así que… tú…

—Sí –asiente— Aunque comprendí que él jamás me iba a tomar en serio, por lo que traté de olvidarle a toda costa saliendo con otros chicos, intentando pasar de todo su mundo, como si de pronto nunca hubiese existido en mi vida, pero es… ¡Imposible! ¡No hay otro como él! A pesar de que lo he intentado con todas mis fuerzas no he logrado deshacerme de sus recuerdos.

¿Por qué? ¿Por qué duele tantísimo? Esas palabras… ¡Esas malditas palabras que se clavan en mi alma! ¿Es posible que ella necesite a Shaoran más que yo?

¡Cállate, Meiling!

—Ya veo…

Me mira de reojo antes de volver a hablar.

—Así que ahora que estoy aquí no puedo desaprovechar esta oportunidad. Sé que ahora está saliendo contigo, pero no pienso rendirme nunca –termina con una sonrisita amable— ¿Y tú qué? ¿Qué harás?

—¿Cómo?

Meiling apoya su barbilla entre sus manos entrelazadas.

—Tú también estás enamorada de Shaoran, ¿cierto? Le quieres, no hay más que verte la cara cuando estáis juntos.

—Oye, espera un…

—Lo siento, Kinomoto, pero no pienso perder contra ti. Esto es lo que quería decirte.

Meiling se termina su café y se levanta de la silla recogiendo su cartera con los libros en el trayecto. Yo estoy tan asombrada con todo ese diálogo que no sé cómo reaccionar.

—En serio, Sakura… —continúa interviniendo por última vez— Deberías analizar lo que sientes. No quiero competir con nadie si no se juega al cien por cien, ¿eh? Te deseo la mejor de las suertes.

Se marcha a pasa ligero contoneándose de un lado para otro, llamando la atención de los clientes que permanecen sentados en sus mesas y cuya vista se pierde en las curvas de la anatomía de Meiling, a quien no parece importarle lo más mínimo esas miradas.

[…]

—¡Me voy! —grito saliendo a la fría calle mientras me pongo mi abrigo.

—Ve con cuidado, Sakura.

Fujitaka Kinomoto, mi padre, me ayuda a colocarme correctamente el abrigo al tiempo que muestra esa sonrisa tan agradable.

—No te preocupes, papá, que tengas un buen viaje para la excavación y Feliz Navidad.

Mi padre vuelve a sonreír.

—Feliz Navidad, te llamaré en cuanto llegue.

Asiento con la cabeza y tras darle un rápido beso en la mejilla, cierro la puerta tras de mí. Sólo tengo que cruzar la esquina y ahí está él; Shaoran, esperándome en su Kawasaki negra. Lleva unos pantalones de tela negros, al igual que su chaqueta, y camisa y corbata vez se ha olvidado su preciada cazadora de cuero en su apartamento, sustituyéndola por oscuro y largo chaquetón de tela más gruesa. Sonríe al verme llevar y me invita a subir a la moto tras un gesto de la mano.

—Estás preciosa, Sakura —dice subiéndose y arrancando la Kawasaki mientras yo me aferro a su cintura y me sonrojo ligeramente confiando en que la oscuridad de la noche disimule el rojo de mis mejillas— ¿Te has abrigado bien, como te dije?

—Sí, tanto que hasta tengo calor, ¿pero a dónde vamos a cenar?

—Ahora mismo lo verás.

Shaoran aprieta el acelerador tras añadir esas palabras con un misticismo absoluto, y ambos nos perdemos en nuestra noche de Nochebuena.

(Shaoran)

Tal y como tantas veces en las que me subo a la Kawasaki, ahora también me sentía completo. Obviamente no llevaba conmigo mi música, ni mi cazadora de cuero, ni tampoco las gafas de sol, pero sí a la chica, lo más preciado que puedo tener en este momento; Sakura Kinomoto, esa que se aferra a mi cintura con tanta fuerza, como creyendo que en algún punto la voy a dejar caer. Pero se equivoca por completo, nunca voy a soltar esas manos que me abrazan de esta forma tan mágica.

Zigzagueando por las callejuelas de Tomoeada, al fin llegamos hacia nuestro destino; el Templo Tsukimine. Hace algún tiempo ya estuve aquí, en este mismo lugar, a la orilla de este río y sobre el puente de piedra que ahora atravesamos en mi moto. Fue entonces cuando descubrí que estaba enamorado de Sakura, pese a que no quisiera admitirlo.

—¿Esto también forma parte del templo? —pregunta Sakura observando todo cuanto la rodea.

—En efecto, pero no has visto lo mejor.

Acelero la Kawasaki y continúo mi rumbo por el terreno desigual que conduce más allá del templo, un lugar que seguramente será desconocido por mucha gente, excepto para nosotros.

Y aquí estamos, rodeados por un montón de cerezos, se extiende un prado verde frente a nosotros, un sitio acogedor y hermoso que había pasado completamente por alto la última vez. En el centro hay una casita acristalada que quizás en algún momento desde su construcción había servido para guardar los instrumentos de jardinería del templo, pero ahora estaba vacía, a excepción de una mesita en su interior, una mesita iluminada con un pequeño candelabro situado en el centro, sobre la que reposan dos bandejas cubiertas con una cúpula plateada.

Sakura y yo bajamos de la moto tras dejarla aparcada junto a un robusto roble. Poco a poco avanzamos hasta la casita acristalada y débilmente iluminada por las llamas procedentes de las velas blancas que se consumen en los candelabros.

—Esto es… —comienza Sakura observándolo todo— Alucinante… ¿Lo has preparado tú?

Asiento con la cabeza apartando a la derecha la silla de madera para que mi novia pueda tomar asiento.

—¿Te gusta?

—Es precioso, Shaoran.

Sakura se inclina sobre la mesa cuando yo ya he tomado asiento y me besa suavemente en los labios mientras yo conduzco mis manos hasta su pelo, acariciándolo.

El momento dura apenas unos segundos, pues pronto ella vuelve a sentarse y a escudriñar la bandejita plateada con curiosidad. Finalmente y tras indicarle que puede desvelar el secreto de la cena, decide asomarse al plato levantando la tapa cuidadosamente al tiempo que dibujo una estúpida sonrisa en mis labios.

Muy sorprendida, Sakura extrae un pequeño papelito muy bien doblado y también sonríe mientras intenta averiguar su contenido.

—"Esta noche es para ti —comienza a leer en voz alta— Fíjate, aquí, bajo las estrellas en nuestro pequeño refugio, viviendo un momento único, simplemente juntos. Sí, créetelo, te regalo esta noche y cada uno de sus segundos, pues es mi manera de darte las gracias por haberme entregado las ganas de vivir. No soy un poeta, no domino el juego de las palabras, ya lo sabes, pero quiero que entiendas que esto es todo lo que soy, todo lo que estoy dispuesto a ofrecerte ahora mismo, a rendirme a ti si hace falta, a encadenarnos eternamente en este mundo finito, mi princesa, porque desde el primer día en que te vi me enamoré de ti aún sin saberlo ni querer admitirlo. Déjame ser tu luz en esta noche blanca, toma mi mano y piérdete en su tacto, no dejes que cada minuto se quede en uno más. Vive y hazlo conmigo, pues he dejado de quererte. Sí, mi pequeña flor de cerezo… Créetelo también; ya no te quiero… No puedo quererte porque ya estoy perdido en todo tu ser, en toda tu alma. TE AMO… Te amé desde el primer momento, te amo ahora y te amaré siempre. No tengas dudas, no finjas que te sorprendes, en el fondo esto también lo sabías, pero no me importa repetirlo una y mil veces. Sakura, te amo. Y sólo te pido un poco más de tiempo para que el sentimiento sea mutuo, para que tú también puedas decirme que me quieres, que me necesitas a tu lado y que me pidas que esté contigo durante el resto nuestras vidas. ¿Te lo digo otra vez? Te amo…"

Ella acaba de leer la nota con lágrimas en los ojos e inmediatamente vuelve a abandonar la silla para abalanzarse sobre mi cuello, abrazándome con fuerza y besándome una y otra vez.

—¿Por qué lloras, tonta?

Sakura no dice nada y simplemente oculta su rostro en mi pecho mientras yo me dedico a juguetear con los mechones de su pelo liso y brillante.

—Shaoran… Es lo más bonito que… que…

—Shh…

La beso suavemente dejándome llevar demasiado rápido por ese gesto que ella corresponde sin tapujos, tomándola de la cintura y arrastrándola hacia la pared más cercana, en donde queda acorralada entre los cristales de la casa y mi propio cuerpo que está pegado al de ella. Sakura se limita a jugar con el nudo de mi corbata, deshaciéndolo lentamente y tirando del mismo para acercar mi rostro al suyo y volver a fundirnos en un apasionado beso que caldea la temperatura del ambiente, derritiendo la nieve que afuera ha comenzado a caer.

En un momento dado, Sakura sube su pierna derecha hasta la altura de mi cintura y deja que yo la sujete con la mano mientras la sigo besando y arrastro la tela de su vestido morado, el mismo que yo le regalé, hacia límites insospechados.

Una de mis manos abandona su pelo y va a parar a la cremallera del vestido situada en la espalda, pero ella me detiene, separándose por unos segundos y recuperando el aliento perdido.

— Shaoran —susurra muy lentamente. Tiene los labios hinchados de tanto besuqueo y respira agitadamente a la par que sus ojos me observan intensamente— Te quiero.

Y, lo juro, creo que me vuelvo loco, que no es real, que todo es fruto de mi cruel imaginación que me está gastando una broma de mal gusto. Tanto es así que se lo tengo que preguntar.

—¿Qué?

—¡Te quiero! —confiesa colgándose de mi cuello.

Ya está, he vuelto a caer. ¡Muerte a la cordura! ¡Desfogue! ¡Pasión! ¡Amor!

¿Y todo por qué? ¡Porque ella me quiere! ¡Sakura ha dicho que me quiere! ¡Me quiere a mí! ¡A Shaoran Li! ¿Acaso podía ser de otra manera?

Sin poder evitarlo alzo a Sakura entre mis brazos, sonrisa cómplice que intercambiamos sin necesidad de nada más. Damos varias vueltas alrededor de la casita acristalada y volvemos a besarnos en el mismo punto en donde estábamos antes. Ella acaricia los botones de mi camisa, descendiendo hasta alcanzar los del pantalón y haciendo círculos con los dedos entorno a los mismos sin llegar a desabrocharlos.

Yo hago lo propio con esa cremallera que tiene un asunto pendiente conmigo y que acaba rindiéndose, bajando por la blanca espalda de Sakura.

Mis manos se cuelan por el bajo de su vestido y acarician temblando cualquier trocito de piel que encuentran a su paso mientras ella desabrocha con la boca los botones de la camisa. Uno tras otro van cayendo mostrando mi pecho desnudo. Sakura se agacha y deja caer un delicado beso en la zona abdominal y subiendo lentamente, rozando con sus labios toda mi piel hasta alcanzar mi boca y fundirnos de nuevo.

No sé si será porque aún no hemos cenado, pero ambos tenemos hambre, hambre del otro… Deseo de un fuego hasta ahora oculto, un fuego que quema demasiado, más que el mismo Infierno y que tiene sabor a Cielo.

Aquí y ahora, los dos solos, no hay nada más ni nadie que pueda interrumpirnos. Y si queremos amarnos ahora, bajo las estrellas cuyo brillo se cuela por las pequeñas ventanas de nuestro refugio acristalado, nos amamos, pues ya no hay dudas que nublen nuestras miradas enamoradas. Sólo existe el palpitar de nuestros locos corazones, los cuales bailan al mismo son, cien por cien sincronizados por primera vez.

Mis dedos comienzan a acariciar aquella zona, entre sus piernas, primero muy despacio y después más y más deprisa. Sakura se deshace en suspiros entre mis brazos. Y lo cierto es que no tengo idea de lo que estoy haciendo, pero sus reacciones son justo lo que yo necesito para saber si estoy haciendo bien mi trabajo o no.

Pronto, Sakura comienza a jadear más y más fuerte, a medida que yo sigo acariciando esa zona, ascendiendo y descendiendo, hasta rozar con mis dedos la tela de su ropa interior. Está caliente y comienza a humedecerse. Me quedo quieto, sin saber si lo correcto es detenerme ahí o continuar. Observo a Sakura. Tiene los ojos suavemente cerrados y la boca entreabierta. No lo pienso demasiado y antes de continuar la beso en los labios con pasión, con deseo…

¿Quién o qué podría estropear la magia de un momento como este?

El cristal sobre el que estamos apoyados se empaña ligeramente y poco a poco una hebra blanquecina se va extendiendo sobre él, así… muy lentamente se va haciendo grande y aumenta más cuando Sakura se apoya sobre la misma, dando un ligero respingo al contrastar la temperatura de su cuerpo con la del frío cristal. ¿Un grieta?

De pronto me detengo en mi afán de besarla y llegar a más allí mismo cuando un repentino dolor se adueña de mi cuerpo. Un dolor que ya he sentido antes… Fuerte, agudo, insoportable… . Sakura lo nota.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué paras ahora? —pregunta algo preocupada.

Espera un segundo…

—Shaoran, ¿estás bien?

¿Qué es esta sensación? ¿Por qué justo ahora? El dolor no cesa su insistencia y continúa desplazándose por toda mi cabeza y descendiendo a cada una de mis articulaciones, agarrotando mis músculos mientras la grieta en el cristal se expande más y más.

Luego ya no hay nada… Sólo oscuridad. ¿Dónde está Sakura?

Shaoran… En… cuén… tra… me… Estoy aquí… Siempre he estado aquí…

Un fogonazo de luz alumbra toda la estancia mientras yo siento que me precipito a un vacío inexistente. ¡Maldita sea!

—¡Cuidado!

El cristal de la pared se hace añicos justo cuando aparto a Sakura hacia el centro de la casa y los dos caemos al suelo con gran estrépito. Los cristales se extienden por toda la superficie mientras una corriente de aire gélido penetra por el hueco que ha dejado la rotura, viento que termina por apagar las llamas de las velas que aún seguían encendidas en el candelabro.

—¡¿Estás bien? —grito desesperado ante la sola idea de que le haya podido pasar algo— ¡Sakura!

Ella se incorpora entre los cristales rotos, comprobando si tiene algún tipo de herida, pero parece estar bien. Sonríe.

—Sí, ¿y tú?

—Estoy… bien… —mascullo entre dientes posando una mano sobre mis sienes masajeándolas con las yemas de mis dedos. El dolor ha desaparecido por completo, al igual que esa extraña sensación, esa presencia…

Ambos miramos a nuestro alrededor. No hay más que restos de lo que podría haber sido una velada perfecta. ¡Maldición!

—¿Qué es… lo que ha pasado?

—No lo sé… pero creo que será mejor que nos vayamos, empieza a hacer frío —murmuro colocándome la ropa— Cenamos de camino a la discoteca, ¿vale? De todas formas se me había chamuscado la cena antes de traerla aquí, así que el plan B son unos bocadillos que tengo en la moto…

—¿En serio?

Un segundo, dos, tres…

—Sí.

Sakura se echa a reír inocentemente colocándose su vestido y tomando el abrigo abandonado en el respaldo de su silla. Parece no importarle haberse quedado sin la cena de Nochebuena y también haberse perdido los postres, pero en fin… ya no queda otro remedio que resignarse y continuar la noche.

Así pues, tras recoger un poco, los dos regresamos a la Kawasaki y nos marchamos de los terrenos del Templo Tsukime, perdiéndonos en las luces de Tomoeda y entre los copos de nieve que no han dejado de caer desde antes de que Sakura me confesara que finalmente me quiere…

Qué noche más extraña, ¿cierto?

Y lo mejor… aún está por venir.

(Sakura)

—¡Sakura! ¿Dónde diablos os habíais metido? Llegáis veinte minutos tarde. ¡Nos estamos congelando de frío!

Chiharu Mihara tira de la manga de Takashi Yamazaki y lo arrastra hacia el interior de la discoteca indicándonos con un gesto de la cabeza que los sigamos. Shaoran y yo obedecemos sin tener tiempo ni ganas de explicar el motivo de nuestro retraso, porque ni tan siquiera nosotros somos capaces de crear una argumentación lo suficientemente lógica como para que resulte creíble.

Mira, es que estábamos a punto de hacer el amor cuando la pared de la casita en donde nos encontrábamos ha estallado en mil pedacitos de cristal y hemos tenido que marcharnos de allí y buscar otro lugar para terminar nuestra cena; unos bocadillos, simples pero deliciosos, todo hay que decirlo, de jamón y queso, tras los cuales hemos tenido que venir hasta aquí, una discoteca situada en la otra punto del mundo de donde nos encontrábamos.

La verdad, no sé a qué suena esa clase de explicación, así como tampoco soy consciente de lo que ha estado a punto de pasar otra vez… ¡Maldita casa acristalada! Si no es la bruja de Meiling tenían que ser los cristales que no tenían otra noche para hacerse añicos sin motivo alguno más que ésta. ¿Y yo qué? ¡A dos velas de nuevo! Y Shaoran… acababa de decirle que lo quería… Todo era perfecto, si bien hacía algo de frío que se podía subsanar con la teoría de que nuestros cuerpos podían propagar su calor del uno al otro y del otro al uno.

Dios, ¿por qué haces sufrir a tus pobres criaturas de hormonas revueltas? ¡A los adolescentes no se nos hace eso! Rectifico, ¡a los adolescentes enamorados!

Porque sí, mi tiempo me ha costado, pero fin he comprendido que estoy perdidamente enamorada de Shaoran. Sobre todo desde la charla con Meiling y caer en la cuenta de que no iba a dejar que nada ni nadie me lo arrebate, si es que alguien no lo ha hecho ya. ¿Con cuántas chicas habrá estado Shaoran antes que conmigo? ¿Cuántos besos de los que a mí me entrega habrá dedicado a otros amores? ¿Y esas frases tan bonitas que se inventa para mí? ¿O esas sonrisas que regala y que son tan extremadamente complicadas de interpretar? ¿Cuántas veces se habrá entregado a la pasión con otros labios en noches como ésta?

Sacudo la cabeza de un lado para otro prefiriendo no imaginar esas cosas. Ahora está conmigo, ¿no? Eso es lo que importa. Lo demás me trae sin cuidado.

El cuarteto maravillas, a saber, Chiharu, Yamazaki, Shaoran y yo, avanzamos entre la gente que baila alegremente en la pista de baile. Todos van muy bien arreglados, aunque hay alguno que otro que porta un magnífico disfraz de Santa Claus o de alguna de sus ayudantes.

Ryuo se presenta ante nosotros con Meiling colgada de su brazo. Ambos llevan unos cuernos de reno sobre la cabeza y ya parecen haberse tomado algunas copas de más. ¡Si es que son tal para cual! Bueno, mejor… así Shaoran se queda libre por esta noche.

—Bueno, ¿qué? ¡Ven a bailar conmigo, Shaoran! —grita Meiling haciéndose oír entre la música que suena a todo volumen.

No, no, no ,no, no, no

No fire, no fire I

I wanna feel the music higher

And touch the sky

No love, no love

You drive me crazy

You crazy boy

I wanna live with you

A déjà vu

—¿Qué? —estallo agarrando a Shaoran por el brazo— ¡De eso nada! ¡Ven!

Y arrastro a mi novio hasta la pista de baile.

—¡Sa… Sakuraaaa!

Pero no puede hacer nada por zafarse de mi agarre y ambos acabamos en el centro de la pista, bailando como podemos entre tanta gente mientras imagino que puedo acabar con Meiling con sólo mirarla. ¡Será mejor que no baje la guardia con ella esta noche!

I don`t wanna lie, I`m feeling so blue

So take me away, so take me with you

Hey mystery girl I`m falling for you

I`m living tonight the last déjà vu

La discoteca se convierte en un duelo de miradas entre Meiling y yo entre luces de colores y música a todo volumen. Ambas nos comemos a Shaoran con los ojos e intentamos matarnos con el choque de sentimientos entre las dos, una guerra de amor en mitad de la nieve, en mitad de la Navidad y entre copas que van y vienen y que llevan algo más que alcohol.

Es irónico pensar que la Noche de Paz se vaya a convertir en una cruenta batalla por aquél capaz de hacer volar a dos chicas con sólo el roce de su piel. Sí, irónico, pero en sí la vida es una gran ironía que no deja de repetirse día tras día.

Meiling también entra en la pista de baile acompañada de Ryuo y ambos comienzan a moverse tratando de no derribar el contenido de sus vasos de cristal, mientras Yamazaki y Chiharu observan la escena desde lejos y se besan muy de vez en cuando y de forma fugaz.

—¡Shaoran! ¡Cambio de parejas!

Yamazaki también se cuela entre la gente que baila sin importarle el resto de personas que intentan hacer lo mismo y arrastra a Shaoran a la esquina más apartada de la discoteca.

—¡Ten cuidado con Takashi, Li! —exclama Chiharu entre divertida y "contentilla", por no decir que ella también se ha pasado con la bebida— ¡A ver lo que vais a hacer allí los dos solos! ¡Te recuerdo que tienes novia!

Shaoran se dedica a guiñar un ojo misteriosamente para después perderse con su amigo entre la multitud, siempre bajo la atenta mirada de su prima; Meiling Li.

Chiharu decide imitar a su novio y, tomándome del brazo, me conduce hasta la barra y me obliga a tomar asiento en uno de los taburetes negros y acolchados situados frente a la misma.

No, no, no ,no, no, no

No fire, no fire I

I wanna feel the music higher

And touch the sky

No love, no love

You drive me crazy

You crazy boy

I wanna live with you

A déjà vu

—¿Qué os pongo, guapas?

Un camarero de unos veintisiete años se inclina sobre la barra con una sonrisita pícara en los labios. Es alto, delgado y rubio. Sus ojos azules se clavan en nosotras con un brillo matemático un tanto especial. Espera… ¿Matemático?

—¡Ahí va!

—¡No puede ser!

—¡PROFESOR FLOURITE!

Él asiente con la cabeza e inmediatamente señala la lista de bebidas que cuelga detrás de la barra.

—Aquí llamadme sólo Fye, chicas. ¿Creéis que os voy a dar clase de Mates en Paradise?

—¿Pero qué hace usted aquí? —pregunto con la boca abierta. ¿Qué hace nuestro profesor de Matemáticas en la discoteca Paradise?

—¡Eh! Nada de usted, ya os lo he dicho sólo Fye. —dice sonriendo amigablemente— Es uno de mis trabajillos, el sueldo de profesor no me llega para todo lo que quiero. ¿Qué pasa? ¿Es que pensáis que los profesores no tenemos vida propia?

—No es eso, es que…

—Entonces no habéis visto lo mejor…

Fye se agacha por un momento y cuando se incorpora sobre la barra de nuevo tiene entre sus manos un pequeño micrófono.

Chiharu y yo intercambiamos miradas cómplices. Siempre habíamos pensado que Fye era capaz de todo y más, pero esto ya es demasiado. ¡Anda ya!

—¡Atención! —anuncia con la boca pegada al micro— ¡Es la hora de que los Dj's entren en acción! Así que más vale que nos pongan a vibrar, ¿verdad, KuroDJ? ¡Un fuerte aplauso para él!

Una pequeña cabina en lo alto del segundo piso de la discoteca se ilumina con una luz roja entre las ovaciones de las personas que esperan disfrutar del tema estrella de la noche. Y de pronto, nuestro profesor de Educación Física, Kurogane, aparece con unos enormes cascos en la cabeza y rodeado de una infinidad de instrumentos conectados a máquinas y potentes altavoces.

—¡Larguirucho! ¿Quién ha dicho que puedas llamarme así? —grita desde arriba con el entrecejo fruncido, aunque después decide cambiar la expresión de su rostro por otra más amigable— ¡Gente! ¡Feliz Navidad!

¡¿Qué? ¿Kurogane es el pinchadiscos de Paradise? Venga, ¿y qué más?

Nuestro profesor de Educación Física se sitúa frente a una mesa de mezclas y comienza a interpretar su tema musical entre los chillidos de la gente que ya baila sin control, totalmente exaltados por esa noche navideña que de tranquila y pacífica tiene más bien poco.

—Bueno, chicas —continúa Fye guardando el micrófono— ¿Qué va a ser?

Chiharu me mira intuitiva mientras yo pienso a toda prisa en qué clase de mirada tengo que devolverle.

—Dos vodkas con limón —suelta como quien no quiere la cosa.

Fye se da la vuelta sonriendo y yo me giro hacia Chiharu.

—¿Cómo es que le has pedido alcohol? Ahora está de buenas, pero no deja de ser un profesor del Seijô. Además…

Me detengo de pronto. Además… ¡No quiero perder el control esta noche! Si se diera la oportunidad de… de… de repetir ciertas experiencias (o mejor dicho, de culminarlas), quiero estar al cien por cien…

—¿Qué más da? Venga, yo invito.

Fye regresa al cabo de diez segundos con las bebidas en la mano y su habitual sonrisa.

—No os paséis, ¿vale? —dice tomando el dinero de Chiharu— Feliz Navidad.

Ambas asentimos con la cabeza y nos giramos en nuestros taburetes mientras yo me dedico a contemplar mi vaso con la mirada perdida en su contenido. Si es un poquito no pasará nada, ¿verdad?

¿Verdad?

—¿Qué tal te va con Li, Sakura? —pregunta Chiharu tras tomar su primer sorbo— Yamazaki me ha contado que estáis saliendo.

—Sí, esto…

—¿Sí? ¿Y cómo besa? ¿Cómo lo hace? ¿Es bueno? ¡Mira que si quieres hacemos un intercambio de parejas!

¿Eh? ¿Eh? ¡¿EH?

—¡No digas gilipolleces, Chiharu! —estallo colorada como un tomate. ¿A qué ha venido este interrogatorio?

—Sólo digo que hay que estar abierta a nuevas opciones, mujer… Las parejas de hoy en día somos gente moderna.

—Lo que tú digas…

—¡Por supuesto que sí!

El tema de Kurogane sigue sonando exitosamente. Shaoran reaparece con Yamazaki en el centro de la pista de baile. Ambos están riendo y hablan animadamente de sus cosas. Meiling también se da cuenta de su presencia y abandona a Ryuo y sus cuernos de reno para acercarse a Chiharu y a mí.

—¿Qué, Kinomoto? ¿Vas a pasar ya a la acción? Si no lo haces tú, lo haré yo. Así que decídete, que el tiempo corre… Y no va a ser a tu favor.

¡¿Pero qué diantres se cree ésta con amenazas?

Meiling se pierde de nuevo antes de que pueda darle la última respuesta, la que le iba quitar las ganas de intentar nada con Shaoran. ¿No puede simplemente aceptar que él está conmigo y que yo quiero estar con él?

—¡Mira a esos dos!

Chiharu señalada hacia un lado de la pista, un rincón discretamente oculto en donde dos personas bailan tranquilamente dejando escapar de vez en cuando algún que otro beso en los labios del otro.

Tomoyo y Eriol. Ella ataviada con un vestido corto y negro, ampliamente escotado, y zapatitos de tacón. El pelo largo y suelto, dejándolo caer libremente sobre su espalda. Él con un esmóquin grisáceo y camisa roja, se pega a su novia paseando sus manos a sus anchas por cualquier curvatura de su cuerpo.

—Ya ni se molestan en ocultarlo… —susurro tristemente dando un sorbo al vodka con limón y comprobando que a Fye se le ha olvidado accidentalmente echarle el vodka.

—Ha pasado algo con Tomoyo, ¿verdad, Sakura? —intuye Chiharu.

—Pues…

—¡Sakura!

Rika y Naoko llegan a la carrera, algo sofocadas y sonrojadas. Llevan los vestidos algo descolocados y el pelo ligeramente revueltos y tratan inútilmente de recuperar el aliento perdido.

—¿Se puede saber qué os pasa? —comienza Chiharu observando su bebida y dando pequeños sorbos con el entrecejo fruncido— Creo que a esto la falta algo…

—Sakura, ¿quieres hacer el favor de controlar a tu novio? —interviene Naoko— ¡Es increíble!

Oficialmente acabo de perderme. Mmm… ¿Shaoran?

—¿Cómo?

—¡Se estaba dando el lote con Meiling hace un minuto!

—¡¿QUÉ?

—¡No mientas, Naoko! —dice Rika— Sakura, tranquila… no ha pasado nada, pero Meiling está pegada a Li todo el tiempo y ya lo ha intentado… aunque él no se ha dejado. De cualquier modo, será mejor que los vigiles de cerca, sólo por si acaso…

¿Qué, Kinomoto? ¿Vas a pasar ya a la acción? Si no lo haces tú, lo haré yo. Así que decídete, que el tiempo corre… Y no va a ser a tu favor.

Como impulsada por un resorte salto del taburete y sorteo a la gente hasta tener una mejor vista de toda la pista de baile.

Justo en el centro está Meiling bailando con Shaoran, aferrándose a sus hombros con fuerza y acariciando su pelo castaño, rozando con sus labios la piel de su cuello. Él le dice algo, pero no puedo saber qué. Ella sonríe y… después todo sucede a cámara lenta.

El tema de Kurogane, el cual lleva por nombre Stand with me, llega a su cénit, la gente alza las manos al cielo y Meiling se pone de puntillas, sosteniéndose sobre los hombros de Shaoran. Él se echa hacia atrás, pero…

—¡Shaoran!

Él se gira y me mira, aunque en un rápido movimiento, Meiling pega sus labios a los de mi novio al tiempo que cierra los ojos. El vaso que sostenía Shaoran cae al suelo haciéndose añicos. En mi cabeza la música deja de sonar, la fiesta se termina y todo comienza a dar vueltas. No hay nada más ante mí, sólo Shaoran y Meiling que se besan… y unas ganas incontrolables de llorar.

Meiling lo deja respirar durante algunos segundos y la discoteca recupera su ajetreo habitual, el cual únicamente ha dejado de existir dentro de mí. Ella sonríe y lo abraza, clavando su mirada desafiante en la mía, como queriendo decir que ahora he perdido el reto, que el premio se lo lleva ella.

Yo les doy la espalda muy enfadada, disgustada, decepcionada y un montón de sensaciones más que se arremolinan en mi pecho sin llegar a formar un orden concreto.

Antes de que mi cuerpo quede totalmente paralizado, busco recupero mi abrigo y salgo corriendo de la discoteca sin volver la vista atrás e ignorando a la gente que me llama intentando sin éxito retenerme con sus voces.

—¡Sakura…!

Shaoran empuja a Meiling y echa a correr detrás de mí, sorteando a nuestros amigos, que no pueden creerse haber presenciado este ridículo lío de faldas.

Yo no escucho nada, no veo nada, quizás porque para mí ya no hay nada… No sé ni adónde voy, ni me importa perderme entre las calle de Tomoeda. Me da igual lo que pueda sucederme porque acabo de corroborar mi teoría de que desde hace algún tiempo, mi vida es una completa mierda.

De pronto, alguien me agarra del brazo y tira de mí con fuerza, con desesperación, cobijándome en un pecho que en estos momentos desearía no conocer tan bien.

—¡Sakura! —exclama Shaoran apretándome contra sí, impidiéndome la escapatoria y casi la respiración.

—¡Suéltame, imbécil! —grito intentando salir de allí y seguir corriendo a ninguna parte.

Seguimos forcejeando en la oscuridad de la noche, como si él fuera un ladrón y yo su pobre víctima que no encuentra refugio para poder salvarse. Quién sabe, igual ese es nuestro caso. Primero me roba el corazón y ahora… ¿qué más quiere arrebatarme?

Shaoran me separa momentáneamente para más tarde besarme sin ningún tipo de delicadeza, posesivamente, con fuerza. Su boca sabe ligeramente a alcohol, pero sólo ligeramente, como si tan sólo hubiera podido probar un sorbo del vaso cuyo contenido ha acabado derramándose por el suelo entre un centenar de cristales rotos.

—¡No…!

Pero no me suelta, me sigue besando una y otra vez, tomando mi rostro entre sus manos y apartando como puede esas lágrimas que caen de mis ojos. Yo golpeo su pecho, pero él más fuerte, más veloz… y otra vez consigue atraparme entre una pared de ladrillos del callejón más cercano y su propio cuerpo, amordazándome hasta asegurarse de que ya no tengo ninguna escapatoria, hasta que yo comprendo lo mismo y me dejo besar. Sólo así, sin corresponderle, sólo me dejo hacer lo que él quiera hasta que se aburra y decida concederme la palabra.

Finalmente se detiene y me observa algo preocupado.

—¿Ya te has cansado? —pregunto fríamente.

—Sakura, yo no…

De improviso le cruzo la cara con la palma de mi mano abierta. El golpe resuena como un eco macabro por todo el callejón. Pero Shaoran no se mueve de su sitio, permanece estático, únicamente rozando con sus dedos su mejilla, la cual empieza a enrojecer.

—¿Esa es tu respuesta? —susurra, aparentemente tranquilo y seguro de sí mismo— Ésta es la mía.

Y otra vez vuelve a besarme del mismo modo justo cuando yo abro la boca para protestar.

Los segundos se suceden entre beso y beso, entre más y más forcejeos que no llevan a ninguna parte, tomando pequeños descansos para recuperar el aliento.

—¡¿Qué haces? ¡Si quieres besar a alguien, vete con Meiling! ¡A esa zorra seguro que no…!

—¿Es que ya lo has olvidado? —pregunta tomándome por los hombros— ¡Puede que yo con Meiling tuviera una promesa, pero contigo tenía otra! Cada vez que tú me golpearas yo te besaría, ¿lo has olvidado?

Sus palabras consiguen acallar las mías. No, no lo he olvidado… Aquella promesa…

—¡Eres un idiota, Shaoran! ¿Lo sabías? —exclamo dejándome caer sobre su pecho.

Él me abraza con fuerza y nos quedamos en silencio hasta su próxima intervención.

—¿Crees que yo he besado a Meiling por gusto? ¡Por supuesto que no! ¡Vamos, Sakura! Yo te quiero a ti, parece mentira que no lo sepas.

—¡Pero…!

—Sakura —dice seriamente— Te amo… Métetelo en la cabeza.

Me ama, me ama… ¿Cómo puedo saber que es verdad? Tan sólo las palabras no son suficientes. Quiero que lo demuestre, porque yo también le amo… Ya no sé ni desde hace cuánto tiempo y tampoco me importa permanecer sumida en la ignorancia. Me he enamorado de Shaoran Li y ya no hay más que decir.

Esta vez soy yo la que se alza de puntillas para besarle, quizás queriendo comprobar de esta forma que me está diciendo la verdad. Y entonces parece ser de nuevo él; suave, cálido, delicado, simplemente Shaoran, el que me quiere, el que me dice que me ama sin tapujos, al que también amo yo…

—Yo también, Shaoran… Y por eso me duele que tú hayas…

—No ha significado nada, te lo juro. Para mí Meiling siempre ha sido alguien más de mi familia. Es especial a su manera, pero nunca la he visto de otra forma. Tú eres la única con la que quiero estar, ¿sabes? Sólo tú, Sakura —Shaoran se aparta de mi lado y rebusca entre sus bolsillos algo que resulta ser una pequeña cajita de madera— Mira, pensaba dártelo un poco más tarde, pero creo que ahora es el momento. Es para ti.

Temblando por la emoción del momento acepto la cajita que él me ofrece y al abrirla, descubro dos pequeños anillos de plata, ambos entrelazados y… ¿qué es eso que brilla en cada anillo? Son nuestros nombres… El mío, Sakura, y el suyo, Shaoran, grabados sobre el metal blanquecino.

—Feliz Navidad, Sakura —susurra tomando el anillo que tiene su nombre y colocándomelo en el dedo anular de la mano izquierda, como si ese anillo tuviera otra clase de significado.

Sin palabras, sólo puedo devolverle las suyas…

—Feliz Navidad, Shaoran —digo deslizando el anillo que lleva mi nombre en el mismo lugar de su mano en donde él ha puesto el mío— Y muchísimas gracias… amor.

Él se ríe y vuelve a besarme en el cuello, ascendiendo suavemente hasta llegar a la boca.

—Oye, Sakura… ¿y si pasamos del resto de la fiesta y nos perdemos tú y yo por ahí?

—¿Quieres decir que nos vayamos a tu apartamento? —ronroneo juguetonamente mordiéndole los labios sin presionar demasiado.

—Sabes lo que eso significa, ¿no?

—Por supuesto. ¡Ver Pesadilla antes de Navidad en el sofá mientras comemos palomitas!

—¡Venga! No bromees…

—¿Qué? Es un clásico de la animación.

—Sakura…

Sonrío alegremente refugiándome en su pecho y deleitándome con el latir presuroso de su corazón.

—Lo sé, Shaoran… Quiero estar contigo. Tú me dijiste que te permitiera correr el riesgo, que te diera una oportunidad y lo he hecho. Al final has acabado saliéndote con la tuya, ¿eh? Te quiero, ya lo sabes. Y ahora sí que no estoy bromeando.

—¿Y acaso dudabas que lo fuera a conseguir? ¡Por favor! No olvides que soy Shaoran Li.

—Sí, eso también.

Shaoran me toma de la cintura y nos encaminamos hacia su Kawasaki, aparcada junto a la puerta de la discoteca Paradise en cuyo interior nuestros amigos continúan bailando.

Todo es perfecto. No hay nada que estropée nuestra felicidad, sino un millar de puertas abiertas al amor, almas perdidas y reencontradas tras muchísimo tiempo de infatigable búsqueda. Él y yo bajo la nieve, en esta moto que brilla con los acordes de Never Surrender, éxito de Skillet que en este momento dan por la radio.

¿Qué más puedo pedir?

Do you know what it's like when
You're scared to see yourself?
Do you know what it's like when
You wish you were someone else
Who didn't need your help to get by?

Do you know what it's like
To wanna surrender?

I don't wanna feel like this tomorrow
I don't wanna live like this today
Make me feel better, I wanna feel better
Stay with me here now and never surrender
Never surrender

Do you know what it's like when
You're not who you wanna be?
Do you know what it's like to
Be your own worst enemy
Who sees the things in me I can't hide?

Do you know what it's like
To wanna surrender?

I don't wanna feel like this tomorrow
I don't wanna live like this today
Make me feel better, I wanna feel better
Stay with me here now and never surrender

Make me feel better, you make me feel better
You make me feel better, put me back together

I don't wanna feel like this tomorrow
I don't wanna live like this today
Make me feel better, I need to feel better
Stay with me here now and never surrender

Put me back together
Never surrender, make me feel better
You make me feel better
Stay with me here now and never surrender


Notas de la autora:

¡Hola otra vez! ¿Qué os ha parecido este nuevo capítulo? ¡Espero ansiosa poder leer vuestros reviews! No puedo creer que ya haya llegado a los 100. ¡Muchísimas gracias a tods!

En especial tengo que dar las gracias a varias personas. ¿Comenzamos?

- Hachikooo: Simplemente gracias por todo, ya te lo he dicho un montón de veces. Conocerte de verdad ha sido de lo mejorcito que me ha podido pasar. No todos los días encuentras a tu Empanada xDD ni a gente que comprenda tus traumas Tsubasarianos o Kobatarianos entre otros. Nuestras Happy Hours en Historia son lo máximo, por no hablar del viajecito a París, obsesionadas con todo lo que llevara la firma "George" o "Paradise" (por el manga de Paradise Kiss, de Ai Yazawa, autora de Nana). En fin, gracias por leer y comentarme este fanfic, así como ayudarme con las dos J. Ya sabes que al final elegí la primera, supongo que porque nunca dejó de serla. Ya he comentado por ahí que en elagunos puntos llegué a plasmar su personalidad en la de Shaoran O_o Razón por la cual tuve que borrar ciertas partes y empezar de nuevo. Shaoran no es tan niñato...

- Anonima Fan: Qué puedo decirte... No sé describirte qué sentí cuando leí tu review, pero acabé con una sonrisita en los labios y a punto de echar la lágrima. ¡MUCHAS GRACIAS! En verdad es muy importante para mí descubrir que hay gente a la que le gusta esta historia o mi forma de escribir. Espero que también hayas disfrutado con este capítulo y que también te vaya muy bien en todas tus cosas ^^ En serio, significa mucho para mí, así que de nuevo, soy ya la que debe darte las gracias por ese review. ¡Un abrazo muy fuerte y cuídate!

- Lesly: Gracias por todo tu apoyo, espero que de verdad consigas hallar la verdadera felicidad escojas el camino que escojas y que ahí estaré yo para animarte en lo que sea, pese a la distancia, ya lo sabes.

- A toda la gente de YouTube y foros como Konpeito entre otros: ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODS! Sois maravillosos y tantísimos que si me pongo a nombraros no acabaría en la vida, pero creo que sabéis perfectamente de quién estoy hablando, ¿verdad?. Gracias por leer esta historia y comentármela. Me hace muchísima ilusión leer cada review y conocer vuestras opiniones. Espero que este capítulo os haya gustado y os animo a leer el resto, porque a partir de aquí se avecina un cambio de trama.

- Y a todos aquellos que en algún momento me habéis dejado un review: Lamento muchísimo no poder nombraros a tods, a pesar de que realmente me gustaría hacerlo, pero comprended que si no, no terminaría nunca este apartado que ni tan siquiera sé si alguien se dedica a leer. Bueno, daros igualmente las gracias por vuestros comentarios y críticas. Es por vosotros por lo que yo continúo con esta historia, así que me alegra muchísimo saber que hay gente a la que de verdad le está gustando y que me anima a continuar. ¡GRACIAS!

Eso es todo, amigs.

Nos vemos en el próximo capítulo de Mentir por Amor. ¿La fecha de publicación? No tengo ni idea, a lo máximo en dos semanas, ya lo sabéis. Hasta entonces, me despido recordándoos que siempre que queráis podéis pasaros por mi blog y dejarme un comentario o lo que sea, pues de vez en cuando suelo actualizar con algún spoiler de los próximos capítulos y los dibujos del fanfic.

¡Un abrazo a todos! Be happy! ;D

Ess-chan.

...