SNK no me pertenece, idea de Isayama. A Christmas Carol tampoco, idea de Dickens
Bajó con su mejor ropa a la salida de su casa, buscó en su perchero su sobretodo, pero recordó que aun lo tenía Petra con el. Salió confuso y sentía que su cabeza se le explotaría. Aquel sueño pareció tan real que dudaba que estuviera vivo y que ese día fuera exactamente veinticinco de diciembre. Levi paseó por un rato por las calles, escuchando alarmado por si hablaran de él, suspiró de alivio, nadie hablaba de su presunto fallecimiento, si, definitivamente todo había sido un sueño. En su caminata, observó una pequeña figura conocida, la pequeña niña de pelo corto con su osito de peluche en brazos, la misma niña que confundió a él y Petra como novios. Estaba ahora esperando fuera del mercado a sus padres que compraban la comida para el almuerzo navideño, mientras jugaba con su oso. En poco tiempo, notó la presencia del bajo hombre cerca.
–¡Oh! Hola señor –saludó sin problemas, por alguna extraña razón, el temor que antes le causaba aquel hombre se había esfumado por completo al verlo, a diferencia de la primera vez que lo conoció–. ¿Como han estado usted y la srta. Rall?
Levi se sorprendió un poco que ella lo recordará y supiera quien era Petra. Él por su parte, ni siquiera sabía su nombre.
–Bien realmente, eh... –balbuceó intentando recordar su nombre.
–¡Ay! Olvidé mis modales, si mamá y papá me vieran ahora se enojarían muchísimo. Mi nombre es Martha y este es Sleepy –levantó un brazo del peluche imitando el modo de saludar la extremidad, a Levi le causó un poco de extrañeza su comportamiento, pero recordó que ella no era más que una simple niña. Agarró una mano de Martha y devolvió el saludo.
–Un gusto, soy Levi Ackerman. Pero siendo sincero, hace mucho que no veo a la srta. Rall.
–¿Qué pasó? ¿Se pelearon? –el negó–, Me alegro, porque hace tiempo la srta. Rall me dijo que usted estuvo de mal humor, espero que haya seguido mi consejo.
–¿Qué consejo?
–Uno romántico que aprendí de mis padres, que cuando una pareja se pelea debe darse besos, ¿Ella y usted se dieron besos? –Levi sintió un poco sus mejillas enrojecer y a su mente llegó la memoria del muérdago, cuando la castaña besó su mejilla. El recuerdo lo hizo sonreír inconscientemente, ahora entendía porque Petra había hecho ese osado acto.
–Uno, hace tiempo. Pero no te preocupes, todo marcha bien con nosotros –la pequeña rio entre dientes.
–Se nota que hizo efecto, ahora usted está de menos mal humor y luce menos tenebroso –Levi debía admitir que lo que decía la niña era verdad, algo en su interior le hacía desear ver a Petra ya mismo, pero también sintió que siendo un día especial debía primero arreglar algunos asuntos importantes laborales y familiares.
–Martha ¿Podrías hacerme un favor? –la aludida asintió.
–Si. ¿Qué es? –Levi sacó de un bolsillo una bolsa de dinero y se la dio a la pequeña.
–Dile a tus padres que compren con este dinero que te doy, el pavo más grande del mercado y lo lleven a la siguiente dirección –sacó un papel que rezaba exactamente la dirección de la casa de la familia Jaeger–. El vuelto se lo puede quedar tu familia.
–Woah, es mucho dinero. Está bien Sr. Ackerman, lo haré, y feliz Navidad.
–Igualmente, cuento contigo –Martha volvió a asentir y se escabulló en el mercado buscando a sus padres. Levi no pudo evitar pensar que era muy madura e independiente para su edad, estaba seguro que cumpliría bien su trabajo y que cuando se convirtiera en una mujer, sería tan maravillosa como Petra–. Ahora, a la tienda de regalos, pero debo ir primero por un bolso.
La mujer de ojos miel se hallaba ahora parada frente a la biblioteca de su viejo amigo Arlet. Entró muy feliz y tranquila, la mañana de Navidad la ponía de muy buen humor y estaba segura que estaría el libro que tanto esperaba.
–¡Feliz Navidad Armin! –saludó efusivamente.
–Feliz Navidad también Petra –el rubio se encontraba acomodando dos libros en uno de los estantes de más altura, escalando con una pequeña escalera.
–¿Por qué trabajas en Navidad? Hoy deberías de tener tu día libre.
–Vaya Petra, si que tomas muy en serio tu trabajo –la mujer rió por el comentario, era verdad, desde que conocía a Levi, había tomado su trabajo más en serio que de costumbre–. No te preocupes, solo estaré abierto hasta mediodía, luego cerraré y me iré a la fiesta de la srta. Zoe.
–¿Tu también iras a la fiesta de la prima de Le-, eh, digo, del Sr. Ackerman?
–Claro, ella y yo nos hicimos muy amigos mientras estuve buscando información de él. Es muy amigable, todo lo contrario a su primo –bajó de la escalera, buscando otro libro que se encontraba en el suelo–. Cambiando de tema ¿Por qué razones viniste aquí? Además de para saludarme, claro.
–Era sobre el asunto de David Copperfield, se que me dijiste por octubre que lo tendrías desde el mes pasado. Pero con el trabajo y mi enfermedad se me olvidó venir.
–Ah, sobre eso –el joven rubio tragó en seco–. No me lo creerás, pero el último ejemplar lo compraron hace media hora antes de que tu vinieras –Petra gimoteó bajando su cabeza, no podía creer la tanta mala suerte que tenía, lo venía esperando de hace un año y todavía no lo podía conseguir. Suspiró resignada.
–Bueno, hasta luego, te veo en la fiesta ¡Feliz Navidad!.
–Igualmente. A propósito Petra, lindo sobretodo ¿Es nuevo? Se ve muy costoso.
–Gracias, en realidad es de alguien más, me lo prestó hace casi un mes, pero olvide devolvérselo.
Terminando la conversación, salió del lugar un poco apesadumbrada, planeaba regalarse el libro para Navidad, pero bueno, debería esperar para año nuevo. Pensó en el sobretodo que llevaba, lo olió un rato y sonrió, incluso después de lavarlo seguía oliendo a él, tenía su fragancia y su esencia. Trató de borrar su sonrisa algo apenada, estaba segura que el bajo hombre jamás correspondería sus sentimientos, se molestó un poco con ella misma, se supone que no debía influenciarse tan personalmente con su trabajo, pero fue inevitable, ahora ya no podía dejar de pensar en él.
Estuvo casi toda la tarde caminando y diciendo a quien pasaba un tranquilo "Feliz Navidad", algo raro, todos en el pueblo sabían el odio que ese hombre propiciaba a esa festividad y hoy se encontraba hablando amablemente, aunque su semblante seguía igual de serio, ya no era tan frío y arisco, casi sonaba alegre al hablar. Charló con algunos mendigos y deseó a sus trabajadores como Erd, Auruo y Gunther una feliz Navidad, en cuanto los vio, acción que los dejó con la boca abierta ¿Desde cuando el amargo de su jefe salía en días festivos? No lograban captarlo.
–¿Ese era tu jefe? –preguntó uno de los hermanos de Auruo al aludido.
–Pues si... creo.
–No es en nada a como lo describías, bueno, tal vez es muy bajo y serio, pero todo los demás no.
–Antes lo era.
–Disculpe señor –se disculpó un joven que tropezó con el azabache, el mismo que juntaba los fondos para los desamparados.
–Usted, ¿No es quien hacía los donativos a las personas indigentes? –reconoció Levi.
–Si señor Ackerman, lamento haberlo molestado y tropezado con usted, trataré de no meterme más en su camino, con permiso, buenos días.
–Espere joven, ¿Ya recolectó algo?
–Bueno si ¿Pero por que lo pregunta?
–Estuve pensando en donar un poco –le entregó al chico pecoso otra bolsa de monedas de oro que tenía guardada en su bolso.
–Pero... ¿Está seguro que esto es un poco? –preguntó por el peso del pequeño bolso, estaba seguro que debía haber más de cien monedas.
–¿Necesita más? –tenía su mano lista un bolsillo de su gabardina.
–No, creo que con esto esta muy bien. Muchas gracias señor –ambos estrecharon sus manos en señal de saludo y genuina cordialidad. Aunque el joven no podía evitar sentir mucho pudor, todo era muy extraño, ese hombre que lo había echado diciendo que era mejor que la gente muriese para reducir la población, hacía donaciones con casi cien monedas de oro.– Feliz Navidad– dijo al despedirse y seguir con su camino.
–Feliz Navidad también– despidió el más bajo.
En poco minutos, el gran salón donde su prima organizaba la fiesta yacía frente suyo, se le veía muy bien decorado por dentro y fuera, con muñecos de nieve a alrededor de la casa e improvisada guirnaldas hechas con hojas secas, su prima realmente siempre fue inteligente para manualidades como esa. Dudó un rato en entrar, pensó en como los demás invitados lo mirarían y que dirían de él. "Igual, nunca me importó lo que dijeran de mi, ¿Por qué lo haría ahora?" "Porque tu corazón ya no es el mismo". Sintió que una pequeña voz le respondía, abrió la puerta con decisión, "Ya no hay vuelta atrás".
Se escuchaba música sonar y distinguía a algunos niños y adultos jugando lo que parecía "el gallito ciego", y quién era elegido para ser tapado los ojos era nada más y nada menos que su prima. La música alegre se detuvo, todos se quedaron mudos al contemplarlo y no había alguien que no lo observase, salvo Hanji, que con los ojos vendados no entendía nada.
–¡Oigan! ¿Qué pasó con la música y por qué no estamos gritando de entusiasmo? –se sacó la venda rápidamente e igual que los demás, quedó sin habla–. Hola, Levi –saludó atónita.
–Hanji... –él se acercó paso lento y con su semblante caracterisitico–. Feliz Navidad –susurró sin poder mirarla a los ojos. Pero sintió que un gran abrazo lo envolvía y lo levantaba del suelo
–¡Feliz Navidad para ti también Levi y feliz cumpleaños! –entre risas, gritó la miope. Todos aplaudieron sin entender porque, pero sabían que debían hacerlo, el lazo se volvía a unir en los últimos integrantes de esa rara familia.
–Hanji ¿Qué te dije de los abrazos? –murmuraba lo mejor que podía y con una rabia que decidió ignorar por tratarse una fiesta.
–No importa hoy es un día muy especial –seguía riendo sin saber que empezaba a cortarle la respiración al bajo.
–Hanji, no puedo respirar.
Lo soltó lo más rápido que pudo y se disculpó como unas treinta veces de casi matarlo en su cumpleaños. Luego fue presentándolo a los invitados, a pesar de que la mayoría sabía bien quien era, estaban doblemente sorprendidos al ver que salió de su costumbre de encerrarse en su trabajo, pero más por haber traído algunos regalos y por lo mucho que se esforzaba por sonar agradable saludando a todos, incluso hasta los niños, aunque le fuera imposible sonreír. Él por su parte, también se llevó sus sorpresas, a la vista del jardín del sitio, estaba con su lacio cabello corto castaño y su dulces ojos miel admirando todo su entorno...
–Petra...
–¿La conoces Levi? Vaya, este mundo si que es un pañuelo, yo la conocí casi de casualidad, mientras compraba algunos víveres para la fiesta. Me resultó tan agradable, que nos hicimos amigas, le hable mucho sobre ti. Espero que no te enojes, pero ella insistía en conocer mucho de ti, creo que era una especie de admiradora secreta, o tal vez le gustabas, quien sabe... –el azabache a penas escuchaba a la pelirroja, no podía apartar sus ojos de ella, abrió la puerta, que tenía un vidrio del medio por el que la había mirado, y salió sin hacer algún ruido. Ella estaba dada vuelta, viendo las tristes ramas secas por la nieve.
–¿Inspeccionas hasta la naturaleza? –susurró su pregunta suavemente al oído. Giró de pronto y soltó un pequeño jadeo de sorpresa.
–Levi... Creí que eras de los que no le gustan los eventos sociales –el aludido dio una pequeña risa.
–Cuando se trata de la familia, no se debería decir que no, aunque no quieras –la mujer frente a él, sólo asentía a lo que decía mientras miraba el piso y se sonrojaba levemente. Levi notó eso, y lo encontró adorable, como aquella vez que la visitó estando ella enferma–. Te queda bien.
–¿Eh? –levantó su cabeza a él incomprendida.
–El sobretodo, te va bien –Petra casi pega un chillido, olvidaba que llevaba la prenda del ojiazul.
–Yo olvide dártelo antes, lo siento –estaba a punto de sacárselo, pero una mano en la suya la detuvo.
–Está bien, puedes quedártelo por ahora, hace algo de frío y, además, quería darte esto.
Levi sacó de su bolsa un libro encuadernado, pero no era cualquier libro, su boca formó una gran O al verlo, era ese que ella estuvo buscando largo tiempo,
–David Copperfield, pero Armin dijo... Tú, tu fuiste el que compró el último ejemplar.
–Si, recordé que me dijiste lo mucho que lo querías y era el último que te faltaba de tu colección y yo... bueno... por eso... –calló y los dos se sumergieron en un silencio extraño, sin desear verse a los ojos. Una bella música lenta y romántica sonó de afuera, incitando en la castaña el querer bailar.
–¿Te gustaría bailar?
–¿No se supone que debo ser yo quien te invite? –ella rio.
–¿Y qué esperas para hacerlo? –él suspiró resignado, de muchas formas ella tenía para sacarlo de quicio, pero no podía negar que era algo que le encantaba.
–¿Me concedes esta pieza? –dijo extendiendo su mano a ella, quien sonrió a flor de piel y la tomó con la suya, no sin antes guardar el libro en su cartera.
–Por supuesto.
Los dos iniciaron un lento y sencillo vals. Levi en verdad no bailaba muy bien, pero a Petra poco y nada le importaba eso, estaba hipnotizada por su penetrante mirada azul. En él la diferencia no disminuía, los bellos globos oculares miel lo enloquecían y desorientaban, junto a su dulce fragancia, ella estaba exactamente como en su sueño, pero en la realidad, se veía más hermosa de lo normal. Recordando su sueño y el acto que quiso hacer pero no pudo, lo impulsaron a acercarse más a ella, sin importarle si también así la castaña disfrutaba de su cercanía, algo que en verdad lo disfrutaba. Dejándose llevar, empezaron a cerrar sus ojos, olvidando el frío a su alrededor o la nieve que los cubría, o la fiesta de adentro, solo se sentían ellos dos solos, en todo el mundo entero. Sus labios estaban a punto de extinguir la distancia que los separaba, pero...
–¡Levi! Ven te hice, te tengo una sopre... ¡ups! –ambos se separaron rápido y avergonzados–. Lo siento ¿Interrumpía algo? –el bajo suspiró y su compañera, desviaba su rostro al piso sonrojada.
–No ¿Qué quieres, cuatro ojos?
–¿Eh? ¡Ah! Si, ¿Qué era? ¡Ya recordé! Ven entra, te tengo una sorpresa. La srta. Rall también puede venir –Levi fue el primero en entrar, seguido un poco más lejos de la baja mujer. Aprovechando, Hanji se acercó a su oído a susurrarle algo para molestarlo.
–Con que tenías novia y no me lo decías –chasqueó la lengua un poco avergonzado de que su prima justo lo encontrara a él y a Petra en un momento como ese.
–Cállate, Hanji.
–No escucho alguna negación.
–Cierra el pico, cuatro ojos.
–Levi, no seas así, que es tu cumpleaños.
El aludido ignoró la queja de la pelirroja y siguió caminando hasta la sala central, donde todos estaban reunidos rodeando la mesa más grande de aquel comedor, que sobre ella, yacía un gran pastel. "Feliz cumpleaños", gritaron, sorprendiendo, como se esperaba, al cumpleañero y a su compañera, Petra.
–Este pastel lo hice cuando me diste esa gran bolsa de monedas de oro, en ese momento tuve la esperanza de que vendrías. Me alegra mucho que estés aquí –dijo la miope, con una mirada cálida al azabache, quien tenía un semblante suave y, aunque no sonreía por su cara de sorprendido, obviamente estaba muy agradecido.
–Hanji, yo... Gra–
–¡Ah! Si, creo que el pastel es demasiado alto y grande. Espero que no tengas problemas en soplar la velas –dejó soltar una carcajada, que se agrandó cuando el rostro de Levi volvía a expresar disgusto, con su típico ceño fruncido–. Solo bromeaba. Vamos...
"Feliz cumpleaños a ti" vociferaban todos cantando. El ex–avaricioso hombre no sabía que cara poner, pero en todo el canto -sentado en el medio de la mesa- se mantuvo impasible, salvo en un segundo, en que encontró con su mirada a Petra, quien también cantaba, y le dedicó una corta y sincera sonrisa.
–Pide tres deseos, enano.
Quiso mascullar algún insulto a Hanji, pero se calmó recordando lo importante que era el festejo y pensó, por un rato, sus deseos. Al cabo de pocos segundos apagó las velas, con ayuda de algunos niños traviesos que se colaron cerca del pastel. Entonces, la fiesta que era por Navidad, se terminó convirtiendo, en su primer fiesta de cumpleaños en años, con los juegos y bailes de siempre. A pesar de la insistencia de Hanji, y un poco de la de Petra, Levi se negó a participar de algún juego, ya no era más avaricioso, pero aún mantenía su orgullo y dignidad.
Cerca de la tarde, el bajo hombre supo que debía visitar un último hogar antes de regresar y seguir festejando.
–¿A donde vas Levi? –preguntó la pelirroja, cuando lo buscó para querer sacarlo a bailar y lo encontró en la entrada del salón.
–Voy a visitar un amigo Hanji, no te preocupes, volveré en seguida.
–¿Puedo ir contigo? –interrogó acercándose Petra, tenía la certeza de que sabía a quien visitaría.
–Muy bien, pero debes de saber que vamos caminando, espero que eso no te baje la glucemia.
–Estaré bien, comí hace poco.
–¿Qué? ¿Y yo no puedo acompañarte? –la pelirroja estaba algo enfadada de su exclusión.
–No, está es tu fiesta y debes mantener a tus invitados –contestó seriamente su primo. Hanji estuvo a punto de replicar su punto, pero entendió a que quería llegar todo eso Levi.
–Ah~ ya entiendo, quieres estar a solas con tu novia –terminó su oración guiñando, de una forma pícara, haciendo ruborizar a los dos.
–No es mi novia, cuatro-ojos –Petra formó una mueca de decepción y tristeza por la ruda negación. Por un momento, pensó que entre los dos se había formado un vínculo más fuerte que el de la amistad.
–¿No? –cuestionó la castaña un poco desolada al bajo hombre.
–No, ¿O si? –ahora la incertidumbre inundaba al azabache ¿Realmente no eran novios, aunque tenían algo más que una -bastante inusual- amistad?
–¿Entonces si?
–No lo sé.
–Muy bien, muy bien –interrumpió la cuatro-ojos la pequeña discusión, llevándolos por los hombros hasta la salida–. Piénsenlo con cuidado en el camino, váyanse ahora o se retrasarán y ¡Feliz Navidad amigos!
El camino estaba más espeso de la última vez que caminaron juntos. El silencio estaba permanente, era un poco incomodo y ni uno o el otro se atrevía a romperlo. Levi aumentaba el ritmo de la marcha para poder terminar el asunto lo más rápido posible, pero en parte amaba estar cerca de Petra, lo último que quería era incomodar a la mujer.
–¿Y como has estado? –preguntó mejorando un poco el ambiente–. Hace tiempo que no te veo.
–Bien, mi garganta ya no me duele y de hace una semana que no toso. Así que todo bien –rio nerviosamente, la castaña rememoró que ese era su tic nervioso.
–Conocías a Hanji, ¿No? –ella asintió.
–Fue una vez que compraba para comer y bueno...
–De ahí obtuviste información mía –la baja calló de forma muy cortante y su tic nervioso se presentó una vez más.
–Bueno, le había dicho que tomaría medidas extremas. Para mi no hay más extremos que la vida personal de alguien.
–Ajá, ¿Alguien alguna vez te dijo que eres una entrometida? –en su pregunta, su tono de voz contenía un poco de sorna.
–Si, mi amigo el señor Arlet que me ayuda con todo lo referido a mi investigación, es el que me ayuda a conseguir la información.
Las calles ya eran familiares para ambos, ese lugar lo tenían perfectamente en su memoria, estaban cerca de ese hogar muy humilde pero muy alegre. Pero más que nada lo recordaban por otra cosa más especial e intima para ellos. El ojiazul se detuvo y dejó escapar una débil risa entre dientes, que no pasó desapercibida por su compañera.
–¿Qué pasa Levi? –se acercó hasta donde estaba, parándose a su lado.
–¿No recuerdas este lugar? –ella dio un vistazo por largo a tiempo al barrio donde estaban y una que otra memoria vino a su mente.
–Si –fijó en la vivienda que todavía tenía ese muérdago en su entrada, donde los dos tropezaron una vez allí sin querer.
–Es donde pusiste en práctica aquel consejo de Martha –el rostro de Petra se contorsionó hasta que su boca cayó de su quijada y sus ojos se agrandaron desmesuradamente.
–¿Cómo sabes de eso?
–Ella me lo dijo –dulcemente acarició la mejilla rosada de la mujer.
Ambos rostros se acercaron hasta romper la distancia de sus labios. El beso fue tierno, cálido y afectuoso. Era algo especial y mágico que hace mucho no habían sentido, una fría brisa los rozó, haciendo que se fundieran en un agradable abrazo. Ella rodeando su cuello con sus brazos y él su cintura. Se separaron, mientras ella reía un poco y juntaron sus frentes.
Siguieron el camino en un silencio más ameno, tomado de las manos.
–¿Iremos hasta la casa de Jaeger? –cuestionó la castaña sin borrar su expresión de alegría de su cara.
–Si, le daré una buena noticia.
–¿No podrías esperar hasta mañana en el trabajo?
–No sería tan divertido, entonces. Tengo un plan que quiero llevar a cabo. Necesito que seas discreta y silenciosa –llegaron, según ellos, en poco tiempo a la casa de la familia Jaeger. La verdad es que el tiempo fue más largo, pero estando juntos les había parecido muy corto.
–Quédate aquí –tocó la puerta y su semblante pasó de ser amable a frío y cruel. A los segundos la mujer de la casa abrió la entrada y frunció el ceño cuando se encontró a la última persona que desearía ver en Navidad.
–¿Qué quiere? –su tono era amenazador y cualquiera en lugar de él temería, pero Levi nunca lo haría.
–Vengo a ver a su esposo –respondió con igual tono, pero fingido.
–¿Para qué?
–No le incumbe. Solo dígale que venga ahora o no tendrá que molestarse más con ir a su empleo. Si no lo llama entraré directamente.
La mujer bloqueó la entrada con su cuerpo.
–Sobre mi cadáver.
–No creo que él quiera ser viudo en Navidad –la tardanza dentro de la casa preocupó a Eren y se dirigió hasta la puerta.
–Mikasa ¿Qué sucede? –grande fue su sorpresa al encontrase con su propio jefe en su propia casa.– ¡Sr. Ackerman! ¿Por qué está aquí?
–Quería saber porque no fue a trabajar hoy Jaeger.
–Pe-pe-pero hicimos un trato en que, que, que hoy, bueno, nos daría el día libre por... por Navidad –tartamudeó de tanta presión de su enano jefe, quien bufó en forma de burla.
–Navidad, una excusa para holgazanear –se adentró en la casa, empujando a la asiática, notó el gran pavo en la mesa y sonrió en una pequeña comisura. Taro estaba sentado, dispuesto para comer, se bajó de su silla y caminó hasta el jefe de su padre. Levi levantó su brazo, casi como una señal de que lo lastimaría
–¡Taro, aléjate de él! –bramó su madre al niño, pero el azabache en vez de herirlo, solo le acarició con dulzura su cabeza, antes de volverse cara a cara a Eren.
–Veo Jaeger que trabaja demasiado duro, mucho más de lo que creía –Mikasa avanzó hasta su hijo y lo separó del Ackerman con rabia–. No me deja más opción que aumentarle el sueldo
–¿Como se atreve a entrar así en una casa ajena? Espera... ¿Qué? –Mikasa se quedó paralizada, no tanto como su esposo claro, que formaba su boca una gran "O".
–Pero –Eren no sabía como reaccionar, pensó por un momento que alguien secuestró a su jefe y este debía ser un impostor, o en caso de que lo fuera, debía atarle las manos y llamar al manicomio, porque tenía que estar loco para hacer algo así el avaricioso señor Ackerman. Taro, se soltó de su madre y se paró otra vez frente a Levi.
–Gracias señor Ackerman, por el pavo.
–¿Fue él quien lo envió? –se preguntó en voz alta la asiática.
–Si mamá, fue exactamente él.
–¿Cómo sabes? –el azabache siguió el interrogatorio al chico confuso.
–Martha me lo dijo, ella es mi amiga.
–Ya veo, esa niña es como Petra, esta en todos los lugares y se entera de todo –como por arte de magia para los habitantes de la casa, la aludida apareció en la entrada.
–¿Como dices de mi?
–¡Srta. Rall! –exclamó Eren, con gran sorpresa de también verla a ella.
–Exactamente, como dije, en todos los lugares.
–¿Ella fue quien lo convenció señor? –preguntó el castaño más confundido que nunca
–De hecho, el me convenció a mi de venir aquí.
Eren seguía sin entender y mucho menos Mikasa, todo parecía bueno para se verdad, era igual a esos milagros navideños de los cuentos de Dickens. Aceptaron gustosos la generosa oferta de Levi. Tanto él, como Petra, se quedaron un rato charlando con la familia, pero el bajo hombre recordó la fiesta con su prima que estaba preparada de hace mucho.
–Lo siento Eren, debo irme. Hanji me espera, seguro quiere cantarme otra vez "Feliz cumpleaños", ya sabes, con lo eufórica que es.
–Espere, Sr Ackerman ¿Hoy es su cumpleaños? –este asintió–, Vaya, no lo sabía, feliz cumpleaños –estrechó su mano a la de él, de forma amistosa.
–Gracias Jaeger –hizo un ademán a Petra para retirarse y ella hizo caso, despidiendo con afecto a Mikasa y el pequeño Taro. Ya estando en el umbral dio un último adiós a la familia.
–¡Feliz Navidad, Eren, sra. Jaeger y Taro! –saludó la trabajadora social.
–Igualmente –dijo la mujer de la casa, menos defensiva con el jefe, después de todo, ya no era el avaricioso que explotaba a su empleados, ahora parecía alguien más honesto y justo, a pesar de que seguía con el mismo semblante serio, ya no era más ese semblante frío, sino más cándido.
Antes de que pudieran iniciar su caminata para volver a la fiesta, escucharon a el niño que los llamaban.
–Espere sr. Ackerman –el nombrado se dio la vuelta, recibiendo un cariñoso abrazo del pequeño en sus piernas, casi quiso quitárselo, pero la mirada de su compañera, lo tranquilizó–. Feliz Navidad y feliz cumpleaños también.
–Gracias, feliz Navidad, igual –dijo rápidamente un poco incomodo de la muestra de afecto por el infante, pero dio una rápida y desapercibida sonrisa. Petra acarició los cabellos del pequeño con un dulce afecto, estos se desordenaron, haciendo al chico reír.
–Y que Dios nos bendiga a todos...
.
.
.
.
Qué bella es la Navidad
Día de felicidad
De ilusiones y canciones
La familia en el hogar
Se reúne para estar
En serena y dulce paz
Qué bella es la Navidad
Bueno, fue un año difícil, pero pude casi terminarlo, pensaba hacer un epilogo, pero más tarde, ahora estoy cansada, con los preparativos para la fiesta de año nuevo.
Feliz Navidad Y un prospero año nuevo a todos, especialmente a mis queridos lectores.
Bye bee~
se despide Lady Le Fleur
