EL DON
Y sabiendo que nos podíamos negar a acompañarle, ninguno lo hizo. Íbamos a conocer a alguien que nos hablase de él y que nos podía ayudar a comprenderle mejor. Sin duda era conocido en este mundo, los ancianos rumanos se habían salvado gracias a él, había conocido a Aro antes de su reinado de terror, antes de alzarse y asumir el poder. Había conocido a una pareja de vampiros hace más de tres mil años que querían sobrevivir como nosotros, de animales, y los había llamado Adán y Eva y, por una razón que aún desconozco, los perdió. Castigó a Aro por haberlos destruido, sus palabras resonaban en mi cabeza, intentando comprenderlas "os avisé porque me caéis bien. "Alguien" ayudaba a Aro y salvaros a vosotros fue su castigo por matar a mi Eva y robarme a mi Adán". Mi conocimiento histórico sobre los Vulturi es demasiado limitado, pero a menos que no le hayan hablado del pasado, Carlisle no me serviría de ayuda, necesitaba historia de hace tres mil años y no conocía a quien me pudiese instruir.
—A lo mejor es que no lo has pensado correctamente —me sobresalté con el sonido de su voz—. Perdona, no quería asustarte, ¿sabes?, mi conocimiento humano se remonta a unos diez millones de años, los vampiros llevan poco más o menos, por lo que pongo a tu disposición mis conocimientos de historia vampírica.
— ¿En serio? Me encantaría, por ejemplo, ¿cómo empezó?
— ¿Te apetece que montemos una reunión y lo comentamos? Acaban de llegar Jacob y Renesmé, estarán hambrientos y hay que contarles que nos vamos, ¿qué tal si tú pones la mesa para todos y yo preparo una delicatessen? Una vez me dijeron que se conquistaban mejor los corazones cuando estaban bien alimentados, pero si los colapsas de sabores extraordinarios, haces con ellos lo que quieras.
—Me gusta tu iniciativa —y me eché a reír—. Prométeme que volveremos todos, que no dejaremos atrás a nadie y que volveré a estar con mi hija, que…
—Bella… ven, acércate, deja que te sitúe… así, coloca tu cabeza junto a la mía, enfrentadas, frente con frente. Coge mis manos, respira… aunque no lo necesites, hazlo, cierra los ojos…
— ¡No!
— ¿Qué has visto?
—Una pesadilla que solía tener, un niño pequeño, sobre una montaña de cadáveres, los Vulturi van a atraparlo y…
—Conozco tus sueños, ahora inténtalo de nuevo, por favor, vamos, relájate, otra vez, coloca tu frente junto a la mía, coge mis manos, respira profundamente, vamos Bella, intenta relajarte, cierra los ojos, relájate…
Su voz comenzó a sonar monótona y lejana, había regresado tres años atrás, me sentía como si volviese a dormir. Pero no dormía, no sentía que estuviese descansando, pero veía todos mis sueños y pesadillas, desde que conocí a Edward, del primero al último. Pululaban por mi cabeza mientras yo continuaba sumida en mi inconsciencia, hasta que oí su voz, lejos, pero la podía distinguir, me hablaba: "has soñado con todo esto, tienes que recordarlo para que lo comprendas. Recuérdalos". No entendía, pero nadie entiende la mitad de sus sueños ni cómo se expresa en ellos, pasas de un escenario a otro sin querer y al final consigues lo que buscas, o no. Recuerda tus sueños, pues voy a intentarlo.
Empecé desde el principio, aquellos en los que por más que corriese no conseguía acercarme a Edward, el estaba lejos de mi mundo, distante. La primera vez que vi a Jacob convertido en el lobo que era, había sido en un sueño, no le faltaba detalle, tenía que relajarme y respirar, aunque no lo necesite. Imágenes de mis más vívidos sueños se iban sucediendo, una tras otra, hasta llegar a la abuela. Bueno, sabía que era yo y no la abuela quien aparecía en este sueño, pero mi rostro se parecía tanto al suyo… y no quería pensar en mí con ochenta años y mi dios griego en sus eternos diecisiete. Recordé, como en todos, desde el principio hasta el final, hasta que la voz de Esme me alarmó. Recuperé la consciencia poco a poco, comencé a sentir el duro mármol de la encimera contra mi espalda y situé las voces que se encontraban en la cocina concediéndome un mapa perfecto, puse en marcha mis sentidos y abrí los ojos.
—Se supone que los sueños se olvidan al momento, que el cerebro lo sabe y los entierra en lo más profundo de la memoria, cuando no se autodestruyen, así que, ¿cómo he podido recordarlos tan bien? —pregunté a Noah.
— ¿Qué se supone que estabas haciendo tirada inconsciente en la cocina? ¿Tú has hecho esto de forma voluntaria? —Mi expresión respondía las preguntas que la asustada Esme me hacía— ¿Sabes el susto que me has dado?
—Lo siento, no pretendía asustar a nadie, estaba… soñando, pero sin dormir. Noah me invitó a explorar mi mente, y eso es lo que estaba haciendo.
— ¿Qué es lo que te ha llamado la atención especialmente?
—Bueno, no sé si estaba ahí originalmente, pero he visto a Jacob transformarse en el lobo que es, antes incluso de saber a ciencia cierta que Edward era un vampiro, se me han cruzado los pensamientos, ¿verdad?
—No.
—Me estás diciendo que había soñado con todo esto antes de que llegase a ocurrir.
—Sí.
—Pero eso es imposible, yo…
—Tienes un escudo mental muy poderoso, has perdido la parte más sabrosa de tu don. Tu mente iba por delante de ti en tus sueños, te mostraba la realidad que tus ojos no llegaban a ver, o no sabían interpretar. Tienes mucho potencial, tu cabeza es… compleja, pero yo te ayudaré a ver lo que tengas que ver. Los vampiros no duermen, pero eso no significa que tú no puedas soñar, cuando lo consigas, sabrás lo que os depara el futuro, y me marcharé. Vamos a conquistar los estómagos de tu hija y tu amigo, esto requiere paciencia, ten calma.
Y con una sonrisa atravesando su rostro, se dispuso a preparar el manjar más rico que nunca hayan probado los únicos en la casa capaces de alimentarse de comida sólida. Paciencia, nos lo contaría todo, pero a su debido tiempo, no pretendía ocultarnos nada, sólo protegernos. Ahora lo sabía. Y no era la única, ella nunca dudó de él y no era por la atracción que ejercían sobre sí mismos, era algo más que yo no podía sentir, pero ella sí, lo había averiguado antes que yo y le había defendido porque así lo sentía. Porque Alice, siempre es así.
Y es realmente Alice quien puede ver el futuro y no yo. Seguía sin comprender por qué soñé que Jacob era un lobo rojizo antes de verlo con mis propios ojos, que mi amado esposo era un vampiro antes de saberlo, antes de tan siquiera imaginármelo. Pero lo más desconcertante era el niño al que había visto en mis sueños, los Vulturi iban a matarlo y mi hija continuaba conmigo dos años después de su nacimiento, no entendía nada. Mi mente era más compleja de lo que yo creía, mi don era más perfecto de lo que yo imaginaba y aún no sabía controlarlo correctamente.
—No desesperes Bella. Alice ve el futuro tomado a partir de decisiones, tú ves aquello que los demás son, independientemente de lo que hagan. Cuando tengas un momento, piensa en mí, intenta soñar conmigo, me verás tal y como soy en tu sueño, quizás así te fíes más de mí.
—Yo confío plenamente en ti.
—No, no lo haces y no debes hacerlo hasta que no sepas quién soy. Con el resto de la gente pasa igual, debes "soñar" con ellos para saber quién es aquel que se acerca a vosotros. Tu don, junto con el de Edward y el de Alice, son muy importantes para el futuro de vuestra especie. Tu mente es un escudo mayor de lo que crees, eres…
—Hola Noah, mamá, Jacob y yo nos vamos a cazar.
—Oh, no, de eso nada jovencita. Os estoy preparando una comida deliciosa y no te puedes negar. Si no te gusta, te dejo que te vayas a cazar, pero pruébala, por favor.
—La verdad es que no me hace mucha gracia la comida humana, pero vale, si la has preparado tú seguro que está deliciosa.
Mi pequeña no le negaba nada a su ángel de la guarda. Mientras ellos comían, yo iba a mantener una charla conmigo misma, mis sueños eran tan… extraños. Tenía que averiguar hasta dónde daba de sí mi mente, era lo que llevaba haciendo desde que supe que tenía un don, por lo que me echaría una pequeña siesta.
