9.

Lechuzas y avens

El profesor de la jaqueca acostumbrada se llamaba Gabriel Gamma. Los chicos de Stormenhand se enteraron de su nombre de pila una semana después de la primera clase de Transformaciones, el curso que tenía a cargo, en el que solo se había presentado como el Profesor Gamma y de manera muy cortante, tanto que ni siquiera Lila Elmira se atrevió a hacerle preguntas durante la clase.

¿Y por qué los muchachos se sentían tan realizados después de conocer su nombre? En el caso de Artemis, que caminaba con la capucha puesta junto a Saba, inmersa en el grupo de los de primer curso, porque el profesor Gamma le pareció, ni bien lo vio, una estatua, pero rara, como contrahecha. Porque se notaba que no le gustaba hablar de nada con nadie, a menos que le tuviera alguna clase de estima y porque había un brillo en sus ojos que le causaba mucha curiosidad, porque gracias a él, la debilidad que aparentaba menguaba. Además, le recordaba un poco a su tío Remus.

El tío Remus.

La capucha de Artemis cayó sobre su espalda cuando levantó bruscamente la cabeza.

- ¿Qué pasó?- preguntó Saba, con recelo.

Las cosas se habían vuelto medio extrañas con Saba. Sobre todo porque Artemis había tenido más de esas visiones del niño no Slytherin en la semana y se había quedado congelada muchas veces en los pasillos, en clases, durante su detención con Edge el viernes a las seis de la tarde, incluso una vez cuando estaban colgados de cabeza a Saba le pareció que Artemis se había desmayado, pero se contuvo esa vez y todas de preocuparse demasiado. Y ¿Cuánto era demasiado? Muy poco.

-No le he escrito a mi tío desde que llegamos- dijo ella. A su lado, Saba dijo "ahhh".

Seguro pensaría que seguía molesta con él, pero ya no era cierto. Aunque no podía evitar sentirse extraña, era imposible no sentirse rara junto a su amigo cuando sabía lo que era capaz de hacer. Seguro la había sentido antes…

Quitó los pensamientos de Saba de su cabeza y se tomó el resto del viaje para pensar lo que iba a poner en la carta, que no era mucho, solo lo necesario, unos detalles sobre la Ceremonia de Iniciación y la Bienvenida que les había hecho Ursa Ater, también sobre las clases de esgrima, Sami y Saba. Las últimas líneas, que eran preguntándole como iban las cosas en la casa, fueron las más difíciles de resolver, porque no dejaba de pensar en preguntarle sobre su papá y cuándo lo iba a poder ver y cuán bien estaba avanzando en las clases de magia, tanto como para estar preparada e ir al lugar ese… pero no podía escribirle eso a su tío, porque la carta lo molestaría, por eso se dijo que iba a esperar, aunque fuera una semana, para mandarle otra carta preguntándole por su papá. Escribió lo que tenía ni bien llegó a su habitación, dobló la carta con cuidado y salió a buscar la lechucería. Aunque no sabía cuanto se demoraba una lechuza regular en hacer ese tipo de viaje (ni siquiera sabía cuanto tenía que recorrer para ir hasta su casa) esperaba que lo hiciera pronto y que llegara con su tío en la mañana, que fuera una de las primeras noticias que recibiera al despertarse.

En uno de los pasillos se encontró con Saba y Sami, el primero le contaba a la segunda sobre la detención y lo fácil que era convencer a Edge de que no harían nada malo de nuevo.

-Te acompaño- se ofreció Sami, cuando Artemis les dijo que buscaba la lechucería- yo también quiero mandarle a mis papás una lista de libros para que compren-

Saba se les unió, pero no se puso junto a Artemis.

Mientras caminaban, Sami sacó del libro que tenía en la mano no uno, sino tres pergaminos largos escritos con tres colores diferentes.

- ¿No que era solo una?- preguntó Saba, mirando sorprendido la cantidad de títulos escritos en cada pergamino.

- Sí, es una para que compren para la casa, porque creo que a todos les interesarían, hasta hay un libro de cuentos para mis hermanos que son menores de edad mental; otra lista es para mi papá, para que implemente la biblioteca de su despacho, son cosas más serias que me recomendó el profesor Dimber sobre Relaciones Muggles y la última es para mi-

- "Guía Máxima de Animales Acuáticos Mágicos"… Sami, creo que ese está en la biblioteca y si no, yo tengo un ejemplar que te puedo prestar-

-Sí, hay unos cuantos que están en la biblioteca de la escuela, pero yo quiero tenerlos en la mía-

Artemis se detuvo, habían llegado a una bifurcación de caminos.

- ¿Derecha o izquierda?- preguntó.

-Derecha, el de la izquierda lleva al criadero de avens de Edge- respondió Sami, caminando y revisando sus listas.

- ¿Al criadero de qué?- preguntaron Artemis y Saba al unísono.

- De avens… Edge es un criador aficionado de avens, le regaló uno al profesor Dimber hace años. Es como decir la lechuza oficial de Goldenwand, la que lleva las cartas más importantes de la escuela-

¿Cómo Sami sabía tanto?

- ¿Cómo sabes tanto?-

-Todo el mundo en Valthemoon lo sabe- respondió la niña, encogiéndose de hombros- Saba ¿te pasa algo?-

Se había puesto pálido de la nada y miraba al frente ausente, como si estuviera a punto de desmayarse. Artemis se le acercó un poco, temiendo que realmente se desvaneciera y mientras Sami lo abanicaba con sus listas, le volvió a preguntar si se sentía bien.

Él no dijo nada, se soltó de ambas y empezó a dar de zancadas por el camino de la izquierda, refunfuñando cosas en un lenguaje que Artemis no reconocía y apretando con mucha fuerza los puños. Era la primera vez que veía a su amigo así de molesto y estaba desconcertada porque no tenía idea de la razón por la que se había puesto así.

Ella y Sami llegaron corriendo tras Saba, que miraba furioso una puerta de madera bastante grande, probablemente el criadero de los animales que había dicho Sami que criaba Edge, el conserje. Estaba molesto, era obvio y se hacía más obvio a medida que sus cejas se iban más y más hacia delante, frunciendo el ceño más de lo que una persona podía hacer y sus ojos cambiaban de color, estaban caramelo y su rostro ya no era el suyo. Eso obligó a Artemis a detenerse, por precaución.

- ¿Este es el criadero?- preguntó a Sami, bastante más tranquilo de lo que Artemis esperaba.

-Sí- respondió Sami, con los ojos abiertísimos.

- ¿Quién cree que es ese imbécil para tener encerrados a…? él es el animal, no los avens-

Así que todo era por los avens.

Raro. ¿Por qué tanto escándalo? Artemis frunció el ceño, pero esperó un poco más, tenía que haber algo detrás de todo, algo que Saba todavía no decía y que justificaba su súbito cambio.

Pero parecía que lo había dicho todo, porque inmediatamente estiró su varita y apuntó a la puerta.

-Bombar...-

- ¡NO!-

Artemis se colocó ante la puerta con los brazos abiertos, fue lo primero que se le ocurrió para detenerlo, y Saba bajó inmediatamente su varita, con miedo. Sami había lanzado un chillido que pasó totalmente desapercibido, pero cuando sus dos amigos se miraron fijamente mientras respiraban agitados, volvió a chillar, suavecito, solo para desahogar el miedo que sentía. Artemis la miró por el rabillo del ojo y por un segundo, tuvo ganas de abrazarla.

¿Qué te pasa Saba?

Sin decir una sola palabra y con el rostro aún alterado, Saba tomó de las manos a Artemis y Sami y las llevó corredor abajo, hacia la lechucería. Artemis miró su nuca con el entrecejo fruncido durante todo el viaje y en más de una ocasión se plantó en un lugar, pero Saba la haló más fuerte, parecía determinado a llevarlas a algún lugar, pero no tenía idea de para qué. De todas maneras, no tenía por qué hacer eso, cogerlas de las muñecas sin explicación previa y sin explicación previa jalarlas. Sami, a su lado, aún lucía bastante asustada y eso hizo que Artemis se molestara aún más con Saba.

Las hizo entrar a la lechucería, las soltó y se acercó al enorme ventanal que estaba frente a ellos, por el que salían y entraban las lechuzas. Artemis miraba atentamente cada paso que daba y por un segundo pensó que se iba a tirar, pero Saba solo silbó un par de veces, con un silbido grave que Artemis jamás había escuchado y esperó. A los pocos minutos un ave preciosa entró a la lechucería y se posó en el hombro de Saba, quien le acarició la cabeza un par de veces.

Sami susurró algo ininteligible y se tapó la boca. Artemis estaba fascinada por el ave, era más que hermosa, tenía algo en sus plumas, una especie de brillo sobre su color celeste platinado que la distinguía inmediatamente de las demás lechuzas, además de que era más grande que cualquiera y sus ojos estaban llenos de eso tan extraño que había percibido en Saba…

Entonces, lo entendió. Y su amigo se volvió a ellas, con su rostro de vuelta.

-Él es Lossentaur, mi aven.-

-Ya me estaba imaginando- susurró Sami, con una risita nerviosa.

- ¿Ahora entienden por qué me puse así cuando Sami dijo que Edge tenía un criadero de avens?-

-No exactamente-

No del todo, muy cierto. Artemis no terminaba de comprender, pero sospechaba.

Saba se acercó a sus amigas con Lossentaur en el hombro.

-Cuando cumplí cinco años me regalaron a Lossentaur, estaba pequeño, desplumado y sus ojos aún estaban cerrados, parecía que lo habían sacado muy pronto de su nido, pero mis papás serían incapaces de hacer algo así, entonces, me dijeron que no estaba mal, no acababa de nacer y que esa era la edad en la que se acostumbra a regalarle un aven al niño elfo. Desde ese momento Lossentaur quedó a mi cargo, pero no es nada más una lechuza- Saba miró a los ojos a su aven y este le devolvió la mirada- es como mi hermano. Una pluma suya es el núcleo de mi varita-

- ¿Pensaste en Lossentaur, entonces?-

-Ningún aven puede crecer en cautiverio- dijo Saba, terminante- son criaturas sensibles y fieles, pero aprecian mucho su libertad-

-La pareja perfecta de un elfo- comentó Sami y Saba asintió.

Artemis entendió perfectamente la molestia de su amigo. Sobre todo cuando dijo que Lossentaur era como su hermano, aunque ella no tenía hermanos… entonces no sabía perfectamente lo que Saba había sentido. Me gustaría tener un hermano. Protegerlo. Proteger a alguien tan fuerte como lo hace Saba. Un hermano. Pero por otro lado, sí podía firmar que lo entendía, porque estaba segura de que haría todo por su papá. Comprendió que quisiera liberarlos a todos, pero no era inteligente destruir la puerta, porque los iban a castigar y probablemente atraparían a los avens de nuevo.

No le dijo nada para arreglar las cosas porque inmediatamente después Saba llevó a una lechuza de la escuela junto a ella y sonrió mientras le ataba la carta para el tío Remus a la pata. Entonces, Artemis supuso que no estaba molesto por no haberle permitido volar la puerta del criadero y las explicaciones estaban de más.

-Lo que estabas diciendo cuando estabas molesto…- empezó Sami, tímida.

-Era élfico-

- ¡Lo sabía!-


A la mañana siguiente, todos los alumnos de primer curso Stormenhand corrieron emocionados al claro principal, habían estado esperando con ansias ese día, debido a que era su primera clase de vuelo.

Artemis miraba a todos lados, buscando al profesor que ya llevaba 5 minutos tarde. Estaba tan emocionada como los demás: esa mañana se levantó a las seis, se puso doble venda en el brazo, las ajustó bastante bien y no tomó desayuno por si vomitaba. Tenía un buen presentimiento, sobre todo porque hasta ese día tenía ganas de revivir el salto al vacío de la Bienvenida.

- ¿Alguien sabe quien es el profesor?- preguntó Lila Elmira.

Artemis puso los ojos en blanco. No importaba quien era el profesor.

- ¿Y si es Ursa Áter?- preguntó el niño de frente amplia, Artemis creía que se llamaba Greg.

Las sonrisas se borraron de todos los rostros.

Claro, podía ser ella, porque les había planeado la Bienvenida y siempre que la veían fuera de clases estaba montada en una escoba, hasta cuando entró a dictar su primera clase de Pociones, lo hizo en escoba y por la ventana. Era un hecho que le gustaba volar y lo hacía bien, al menos controlaba la escoba porque volaba muy rápido y la habían visto haciéndolo de cabeza. Los iba a hacer volar de cabeza.

-Espero que no sea ella- le dijo Saba a Artemis.

- ¡Ahí viene alguien!- señaló el niño moreno de cabello enorme.

En efecto, una escoba iba hacia ellos a toda velocidad, dando la impresión de que su objetivo era estrellarse contra el gran grupo de chicos… como Ursa Ater había hecho… todos se miraron nerviosos y algunos cruzaron los dedos, esperando que no fuera ella quien se acercaba cada vez más y más.

- ¡Hola, clase!-

No era Ursa Ater. Todos suspiraron aliviados cuando escucharon una voz de hombre bastante gruesa saludándolos. Un profesor, en realidad no importaba si era otra profesora o una criatura mágica o el director Hamal, con tal de que Ursa Ater no pusiera en peligro sus vidas una y otra vez durante las mañanas de viernes y lunes; ya bastante tenían con las clases explosivas de Pociones.

Ni bien bajó de su escoba, el profesor se quitó la capucha y algunos soltaron exclamaciones de alegría, a Artemis se le pusieron ligeramente rojas las mejillas y Saba la miró con una sonrisita de sorna. Era el profesor Pólux Altair, con todo y su cicatriz en el ojo derecho, quien les iba a enseñar Vuelo, además de esgrima y con eso se consagraba como el profesor preferido de los de primer curso.

Momento. La cicatriz la tenía en el izquierdo.

Artemis frunció el ceño e inmediatamente hizo como si estuviera escribiendo en el aire, para asegurarse de que no había confundido derecha con izquierda. No, no se había confundido y ella no era zurda, así que ese lado era el derecho y esa cicatriz, al menos las últimas veces que la había visto, estaba en el izquierdo. ¿Había vuelto a cambiar?

-Mi nombre es Cástor Altair y soy el encargado del curso de Vuelo y también el entrenador de la Selección Escolar de Quidditch- saludó.

Gemelos. Con razón. Artemis suspiró aliviada. Gemelos. Cástor y Pólux Altair.

Y ya que lo sabía, se dio cuenta de que la diferencia entre ambos profesores iba más allá de la cicatriz que les cruzaba el ojo. La sonrisa con la que este profesor Altair saludaba era muy distinta a la del profesor Pólux, porque era más amplia, menos estricta.

-Como hoy solo tenemos una hora, nos vamos a saltar las explicaciones sobre quidditch y lo demás, porque supongo que lo que quieren es volar ¿no?-

Todos asintieron. Artemis se volvió y miró seriamente a Lila Elmira, que ya estaba levantando la mano, pero la bajó inmediatamente y evitó su mirada durante toda la clase.

- ¡Accio escobas!-

Una veintena de escobas salieron volando desde todas las ventanas del Castillo y se posaron elegantemente ante cada uno de ellos, tentándolos a tocarlas. Algunos estiraron sus manos y a penas sintieron la madera contra sus dedos, porque al segundo todas las escobas cayeron al suelo, como si les hubieran quitado la vida.

-Pongan una mano sobre la escoba y con la voz muy firme digan ¡Arriba!- indicó el profesor Cástor Altair, sonriendo al ver la cara de decepción de los muchos que intentaron tomar las escobas.

¡Arriba!

El niño no Slytherin dijo ¡Arriba! Mientras que una niña a su lado gruñía malhumorada porque la escoba no le hacía caso. Había soñado con el niño no Slyhterin la noche anterior, pero no se había acordado de eso hasta ese momento. Se había aparecido mientras ella y Saba caminaban por El Paso y había empezado a caminar con ellos, mirándolos, oyendo su conversación y a Artemis le pareció inaudito que una persona se inmiscuyera de esa manera en la vida de los demás y más inaudito le pareció que fuera el niño no Slytherin y no Lila Elmira, pero no dijo nada, porque sabía que era un sueño y que en algún momento el niño se iba a desvanecer o iba a decir no Slytherin y ella iba a despertar y sin embargo siguió callado mirándolos, mirándola. Y ella no dijo nada y siguió diciéndose, mintiéndose, que era porque sabía que era un sueño y que en algún momento el niño se iba a desvanecer o iba a decir no Slytherin.

-Arriba-

- ¿Ah?-

El profesor Cástor Altair estaba parado junto a Artemis y miraba con una sonrisita pedagógica y divertida su mano pálida, suspendida a centímetros de la escoba.

-Tienes que decir arriba para que llegue a tu mano-

-Ah-

Se acababa de ir. Seguramente se había quedado quieta, mientras pensaba. Saba a su lado le dedicó una mirada seria y los labios apretados, pero no le dijo nada, sacudió levemente la cabeza y volvió a su escoba, a la que trataba como yo-yo. Sí, si su amigo se había puesto así era porque se acababa de perder dentro de ella.

-Arriba- dijo, lo más seria que pudo y la escoba llegó a su mano.

El profesor Cástor Altair sonrió.

-Muy bien, sigue practicando-

- ¡Profesor Altair!-

Edge, el conserje, corría hacia el grupo de alumnos de primer curso de Stormenhand, levantando una mano para llamar la atención del profesor, quien dejó de hablar con Artemis y se acercó al pobre hombre que se quedaba sin aliento.

Todos dejaron lo que hacían y fijaron sus ojos en la gran espalda del profesor Cástor Altair que tapaba completamente a Edge, por tanto, ninguno podía saber lo que le estaba diciendo, ni siquiera podían ver las mímicas que hacía y sus brazos no se movían.

De pronto, el profesor Altair se paró muy derecho con un movimiento brusco, como si hubiera pasado una corriente de aire frío por su columna. Lentamente se volvió hacia los alumnos y caminó hacia ellos lo más normal que podía. Artemis lo notó más pálido y vio que, detrás de él, Edge se retorcía las manos.

Algo no andaba bien.

-Chicos, lamento decirles que vamos a acabar la clase de hoy más temprano de lo usual. ¿Qué clase tienen después?-

-Defensa Contra Las Artes Oscuras- respondió Lila Elmira.

-Sí pues…- asintió un par de veces con los ojos perdidos, como si estuviera tomando una decisión rápida- no creo que tengan esa clase hoy, los voy a dejar en el gimnasio y van a esperar ahí hasta que llegue un profesor-

- ¿Por qué nos van a dejar en el gimnasio?-

Por mucha rabia que le diera, Artemis tuvo que admitir para sí misma que Lila Elmira había preguntado lo que ella también quería saber.

-Van a esperar a que llegue la profesora Ater-

La profesora Ater nunca llegó y ellos estuvieron esperando en el gimnasio tranquilamente durante media hora, después de la cual la mayoría de los chicos decidió tomar el gimnasio y empezaron a hacer duelos con los encantamientos que mejor conocían, es decir, duelos de confundus y en su mayoría, malhechos.

Artemis y Saba evitaron por todos los medios mirar hacia arriba, las vigas del techo los tentaban a subirse, pero sabían que si lo hacían, los demás los iban a imitar y pronto su ocupación secreta iba a dejar de ser secreta y como consecuencia, iba a dejar de ser ocupación. Así que se contentaron con ver los duelos y las mil caras que Lila Elmira ponía cada vez que dos chicos se colocaban frente a frente y estiraban sus varitas el uno hacia el otro. Es más, cuando se cansó de hacer caras, Lila Elmira empezó a emitir ruiditos extraños, como si estuviera gruñendo con la boca herméticamente cerrada.

- ¿Te sientes bien Lila?- le preguntó Kitty McDaughtry, la niña rubia de cachetes inflados que se había hecho su amiga.

-Sí, a menos que cualquiera de estos niños falle la puntería y me de con sus encantamientos mal hechos de lleno en el pecho-

- ¡No nos des ideas Elmira!-

- ¡Ja! Aunque quisieras no podrías atinar, Ru Hugin-

Ru Hugin, un niño alto de cabello muy oscuro que le tapaba un ojo, dejó la pelea con el niño que se había hecho un peinado enorme el primer día, Artemis lo recordaba porque la había salvado de caer de la alfombra voladora, se volvió hacia Lila Elmira y se le acercó lentamente, con la varita en alto, apuntando a su pecho.

-Si eres tan buena, por qué no peleas conmigo-

- ¡Eso no sería pelear!- replicó Lila Elmira- ni siquiera sabes más hechizos-

- ¿Quieres ver?-

-No te me acerques tanto, Ru Hugin!-

- ¡Ru tiene razón! Las chicas se han quedado sentadas, ellas también deberían jugar- Greg, el de frente amplia, apuntó con su varita a una niña de pelo castaño amarrado en un moño, que estaba echada un poco alejada del grupo de chicas- Creixell, te reto-

-No quiero-

-Hada, ¡te reto!-

- ¡Ya!

El niño moreno de cabello enorme, Marcus Ullr y Hada, la niña más baja de Stormenhand, se pusieron frente a frente, estiraron sus varitas en movimientos teatrales y lanzaron los confundus entre risitas. Ninguno de los dos funcionó y todos abuchearon.

- ¿Animada Lila?-

-No te me acerques tanto, Hugin-

- ¡Yo quiero retar a Sean!-

-Estamos jugando con las mujeres, Otto- recordó Ru, aún mirando a Lila Elmira.

-Ya, entonces a Ghana-

Otto, pelirrojo encendido, se acercó a una niña de pómulos prominentes, que se ponía de pié.

-Acepto- dijo.

Se colocaron frente a frente y contaron hasta tres al mismo tiempo. Dos confundus bastante bien hechos salieron de sus varitas y los dos fueron expulsados metros más allá. Todos aplaudieron y las niñas empezaron a animarse a pelear, excepto Creixell y Lila Elmira, que seguía de brazos cruzados mirando de reojo la varita de Ru.

-Yo quiero retarte, Artemio-

El niño que se había hecho el peinado el primer día miró fijamente a los ojos a Artemis, mientras la apuntaba.

Artemio.

La había tomado desprevenida, por eso lo miraba con los ojos tan abiertos y sin atinar a responder. Saba, a su lado, apretó los puños y si no hubiera sido porque Artemis se puso de pié, echaba al niño con sus propias manos.

No, no estaba así porque la había tomado desprevenida. Estaba así porque le había dicho Artemio y no había escuchado ese nombre desde la escuela primaria…

Artemio.

Solo un niño la llamaba Artemio.

-Mi mamá dice que falda y pantalón usan los pobres porque no tienen más para abrigarse en invierno-

Artemio. Golpe. La enviaron a la dirección por primera vez después de que golpeó a un niño en el estómago. Pero nunca le preguntaron por qué lo había golpeado.

Artemio.

Ella no se llamaba Artemio, se llamaba Artemis.

-Tú- el niño del peinado, el que la había agarrado antes de que se chorreara por la alfombra voladora, su compañero de señorío era el primer niño al que había golpeado, el niño odioso de la escuela primaria. Y sí, mirándolo con atención por primera vez, sus ojos seguían tan odiosos como antes, igual de burlones.

¿Cómo alguien tan odioso podía ser mago?

- ¿Te acuerdas de mi nombre?- le preguntó el niño.

Artemis negó.

-Joshua. Te reto, Artemio ¿Qué dices?-

-Artemis- corrigió ella.

- ¿Qué?-

-Artemis-

- ¡AUGH!-

- ¡Sean!- Kitty MacDaughtry y unos niños más corrieron en torno al niño, que acababa de ser expulsado por el hechizo de la rubia de cachetes regordetes y había caído sobre su brazo. Artemis y Joshua se distrajeron de su pelea por un momento y también se volvieron para ver al niño.

-Yo sabía que esto iba a terminar así- dijo Lila Elmira, sonriendo.

-Mentirosa. Tú no quisiste jugar por miedo- respondió Ru, acercándose más.

-No soy mentirosa- eso pareció dolerle- tampoco miedosa-

-A ver…-

-Ya déjala, Ru. No quiere pelear-

Artemis se volvió y vio como Saba defendía a Lila Elmira, quien lo miraba sorprendida.

- ¡Miren! ¡20 knuts a que le atino a ese pájaro!-

Greg Easthouse estaba en una encrucijada. Jamás le gustaron las peleas, ni que la gente hiciera mucho ruido a su alrededor, a menos que el también fuera partícipe y en esos momentos, cuando todo se había salido de control y cada uno hacía las cosas por su lado, sintió la necesidad de hacer algo para recobrar la atención de la clase y volver a los duelos, que era lo que quería hacer, porque descubrió que era bueno en eso. Así que levantó su varita, lanzó la apuesta, capturó la atención de todos y gritó CONFUNDUS hacia una de las ventanas altas que tenía el gimnasio.

Una lechuza pasaba por ahí en ese momento y el hechizo le dio en una ala. El ave volvió la cabeza buscando al atacante, su mirada perdida estaba desesperada, intentó llegar hasta la ventana, para apoyarse, pero al mover el ala dañada emitió un chillido desgarrador, era imposible usarla. Cayó y a los segundos, oyeron el sonido seco de su cuerpo chocando contra las hojas de afuera.

Todos estaban petrificados.

Artemis salió corriendo del gimnasio, en busca de la lechuza, con el corazón latiendo fuertemente contra su pecho. La encontró tiesa, junto a un árbol. Por un segundo pensó que estaba muerta, pero cuando se acercó para verla mejor, se dio cuenta de que respiraba y que sus ojos no estaban totalmente abiertos, sino que entrecerrados, por el dolor, supuso.

Era tan bonita.

Acercó ambas manos con miedo y al no recibir ningún ataque, la tomó con la mayor delicadeza, sin apretar su ala herida, la derecha, la envolvió en su túnica y regresó al gimnasio. Estaba viva, solamente tendrían que ir a la enfermería o a donde algún profesor, no tenían por que explicar lo que habían estado haciendo, podían decir que la escucharon caer, salieron a ver y estaba ahí, entre las hojas. Eso iba a satisfacer a los profesores… aunque solo a ellos.

-Toma- le dijo a Greg Easthouse, entregándole la lechuza. Él era el responsable.

- ¿Está viva?- preguntó Creixell.

-Sí, pero le duele. Toma-

Greg se hizo hacia atrás.

- ¿Yo porqué?-

Artemis abrió mucho los ojos, sorprendida. Porque él había sido quien la había atacado. Había apostado 20 knuts a que le daba a la lechuza que no le estaba haciendo nada.

Se la volvió a estirar, de repente estaba asustado.

-Yo no voy a cargar eso. ¿Para qué la cogiste? Déjala donde estaba-

- ¿Qué?-

-No es mi lechuza ¿para qué la voy a curar? Si la llevo, se van a enterar de lo que hemos estado haciendo y nos van a castigar, a mí sobre todo, porque yo la derribé-

Artemis se volvió a entregarle la lechuza a Saba y vio una fila de floretes acomodados en un acero que estaba empotrado en la pared de junto. No lo pensó dos veces, tomó uno de ellos rápidamente y apuntó a Greg.

Todos dieron un paso hacia atrás.

-Eres un cobarde- le dijo con rabia. Un cobarde de los peores, Greg Easthouse. Derribó a un animal que no le había hecho nada y no era capaz de ayudarlo porque tenía miedo a que lo castigaran. Un cobarde ese niño con su voz de cobarde y se quería hacer el valiente retando a todo el mundo a duelo y hablándole como le hablaba!. Un cobarde, Greg Easthouse.

-Black…- Ru intentó mediar, pero Artemis no le hizo caso, miraba fijamente a Greg Easthouse y lo apuntaba sin temblar.

-Sácame esa es… espada del pecho. Le voy a decir al… pro… profesor Altair que has estado jugando con las espadas sin permiso-

- ¡Cobarde!- gritó Artemis apretando el protector metálico contra el pecho del niño, que cerró los ojos con fuerza.

¡Cobarde!

La sangre le hervía a Artemis y estaba segura de que se había puesto toda roja de la rabia, porque su frente y sus mejillas estaban quemándole. Nunca había tenido más ganas de golpear a alguien.

- ¡Viene el profesor Altair!- gritó Hada, desde la puerta del gimnasio

- ¿Cuál de los dos?-

-No sé, son iguales-

-Artemis, ya- susurró Saba a su lado.

Pero aun quería golpearlo, darle un pisotón, lo que fuera y a la vez, sabía que su amigo tenía razón, ya era suficiente. Bajó la espada y la puso en su lugar segundos antes de que el profesor Altair entrara al gimnasio y pidiera que se agruparan en torno a él.

-Bien, chicos… vamos a empezar con su clase de esgrima-

Esgrima. Entonces era Pólux.

-A partir de ahora todas las clases de los viernes van a ser compartidas con sus compañeros de Darkenlord. No se preocupen, que los dos van bastante parejos y de todas maneras, no creo que haya ningún problema con eso, ¿verdad?-

-No profesor Altair- respondieron todos, un poco nerviosos.

Hasta ese momento, el profesor no había hecho hincapié en lo desordenado que estaba el gimnasio, ni en sus frentes sudorosas o el brazo herido de Sean, que estaba sentado en una esquina, con la espalda doblada hacia delante. Entonces, era probable que no se hubiera dado cuenta… pero si los Darkenlord iban al gimnasio y se daban cuenta…

-Profesor, Sean tuvo un accidente- dijo Kitty MacDaughtry, acercándose a Sean.

El profesor Altair fue con ella hacia el niño. Los demás los siguieron.

- ¿Te sientes bien?-

Sean negó.

-Kitty, ¿podrías llevarlo a la enfermería, por favor?-

-Sí profesor-

Todos miraron al profesor conteniendo el aliento. Seguro ya se había dado cuenta del desorden. Seguro les iba a preguntar que había pasado.

-Saba…- el niño elfo se sobresaltó- ¿qué es eso que tienes en los brazos?-

Todos se sobresaltaron. Artemis miró furiosa a Greg Easthouse y dio un par de pasos adelante.

-Es una lechuza profesor. Tiene el ala rota. La encontramos fuera del gimnasio- dijo. No estaba mintiendo. El animal era una lechuza, tenía un ala rota y la encontró fuera del gimnasio, sobre hojas caídas. Todo lo que había dicho era cierto. Que no hubiera dicho toda la verdad era completamente distinto. Que no hubiera acusado a Greg Easthouse era una demostración de que ella era totalmente diferente a él.

-Llévenla con la profesora Helga- dijo el profesor Altair- tiene a cargo el curso de Cuidado de las Criaturas Mágicas, seguro sabrá curar a la lechuza. Vuelvan lo más pronto que puedan ¿Entendido?-

-Sí profesor Altair- respondieron Artemis y Saba al unísono y salieron del gimnasio al mismo paso.

-Al menos vamos a atender a la lechuza- dijo Saba.

Artemis asintió.

No tenían idea de donde estaba la oficina de la profesora Helga, ni siquiera tenían idea de quien era la profesora Helga, así que entraron al castillo en busca de algún profesor que pudiera decirles. A la primera persona a la que vieron fue Edge, pero Saba tomó del brazo a Artemis con tanta fuerza, que ella se contuvo de preguntarle, su amigo seguía molesto por el incidente de los avens y se negaba a hablar con el conserje. Ella lo entendía, pero le preocupaba esperar tanto tiempo, porque la lechuza podía ponerse peor…

-Al siguiente le preguntamos, cualquiera, te lo juro- prometió Saba y justo cuando terminaba de decirlo, apareció el profesor Bridge, de Historia de la Magia.

- ¡Profesor Bridge!-

-Alumnos- respondió él, volviéndose- ¿sí, díganme?-

-Profesor, disculpe ¿Sabe dónde queda la oficina de la profesora Helga?-

Saliendo del Castillo por la puerta Norte… o Sur… o Este, Artemis no entendía las referencias, nunca había sido buena para ubicarse según los puntos cardinales. Lo que sí entendió fue que estaba al lado opuesto del gimnasio, pegada al Castillo, pero formando parte del claro.

Artemis y Saba corrieron hacia la oficina, la lechuza estaba respirando más bajito y Saba sentía algo extraño en su pecho, una presión que lo ponía triste. Tocaron la puerta apresuradamente y de la misma manera les atendió una mujer rubia despeinada que tenía un mandil de plástico encima.

-Pro… profesora Helga?-

-Sí ¿qué desean?-

-Nosotros encontramos a esta lechuza fuera del gimnasio- dijo Artemis, mientras Saba le entregaba la lechuza- creo que tiene el ala rota-

-Pobre bebé… a ver…- la profesora Helga tomó a la lechuza con mucho cariño- ¿Cómo te has hecho esto bebé?- la auscultó unos segundos- esta lechuza no es de la escuela ¿Es suya?-

-No- dijeron Artemis y Saba al unísono.

Seguro era de algún estudiante. Ese Greg Easthouse cobarde…

-No es un tipo de lechuza muy común… están seguros que la encontraron aquí en el claro de Goldenwand?-

-Sí profesora-

-No importa, ya hablaremos de eso luego. Dejen la lechuza a mi cargo y vuelvan a clase-

-Pero…-

-Va a estar bien... Cuando se reestablezca, los mando a buscar señores…-

-Schuppermault-

-Black-

-Muy bien-

Artemis hubiera preferido quedarse, pero el profesor Altair les había pedido que no se demoraran. Además, esa profesora, Helga, parecía de confianza.

- ¿Ya no sientes esa cosa rara en el pecho?- le preguntó a Saba, cuando salían del Castillo.

-No- respondió su amigo con una sonrisa- va a estar bien, vas a ver-

-Ojalá-

¡PLAF!

Artemis se tropezó con una mochila, que estaba puesta en medio de las escaleras y si no hubiera sido porque Saba la tiró hacia atrás, habría rodado todos los peldaños hasta el claro.

- ¿Quién…?

Se volvió maquinalmente hacia su lado derecho y vio a una niña de trenzas con el vestido amarillo de Valthemoon, tratando de esconderse entre las columnas enormes de la escalinata.

-Se te cayó la mochila- le dijo Saba, agachándose a recogerla.

La niña suspiró sonoramente y lo miró con una sonrisa amplia.

Artemis frunció el ceño. ¿Se había escondido ahí para ver a Saba?

-Tienes que tener más cuidado- le dijo su amigo- puede caerse alguien-

La niña de Valthemoon asintió, sonriendo.

-Lo siento- le dijo.

-No te preocupes, pero ten más cuidado-

-Sí-

Saba se volvió también sonriendo y Artemis lo miró ceñuda.

- ¿Qué?-

-Nada-

Lamentablemente cuando regresaron a clase, su humor no mejoró. Los de Darkenlord se habían juntado con los de Stormenhand para hacer movimientos de pelea y apoyada en una columna, con el florete en el piso, esperando, estaba Hanna Marianne que ni bien vio a Saba corrió hacia él y le pidió ser su pareja.

Saba asintió. Artemis lo miró sorprendida y antes de que su amigo pudiera decirle nada, Marianne se lo estaba llevando a una de las colchonetas.

Resopló. Le iba a costar mucho disfrutar las futuras clases de esgrima con Hanna Marianne revoloteando siempre por donde estaba, intentando acercarse a Saba y alejarlo de ella.

- ¿Me permitirías ser tu pareja?-

Las mejillas se Artemis se encendieron involuntariamente cuando el profesor Altair le pidió trabajar con ella. Respiró profundamente, pero lo más tranquila que pudo, para que el profesor no lo notara y asintió seriamente.


-O sea que no me vas a hablar-

El domingo, durante el desayuno, Saba hizo la última intentona de arreglar las cosas con Artemis, quien escuchaba atentamente la historia de Sami sobre las propiedades curativas del Beleño que había descubierto en un libro tan viejo como el director Hamal y que hasta la profesora Hel, de Herbología, había olvidado.

-Le subió dos puntos al señorío por mi intervención- finalizó la niña, sonriendo- me dijo que no había encontrado a un alumno tan interesado en su curso y que fuera a Valthemoon hacía años- Sami dejó de sonreír y se cruzó de brazos- aunque… puede haber estado insinuando que ha tenido una serie de alumnos haraganes que no se preocupan por la Herbología y lo dijo con un tonito raro, como si quisiera decir que somos muy petulantes y que por eso no nos dedicamos al humilde oficio de criar y conocer plantas mágicas. Claro, porque año tras año los estudiantes de Valthemoon se han especializado en asuntos más elevados, el cielo por ejemplo. Bien elevado. El espacio. Más arriba todavía. ¡Pero qué quiere que hagamos! Por alguna razón, todos, o la mayoría, de Valthemoon tenemos en común ese gusto por las estrellas y el estudio de cosas no tangibles. Ideas. Al menos más que los otros señoríos. De repente por eso nos agrupan-

- ¿Ni un ratito?- intervino Saba, aprovechando que Sami tomó una bocanada bastante grande de aire- ¿ni una palabra?-

Artemis lo miró con ambas cejas levantadas.

-Qué, ¿se pelearon?- preguntó Sami.

-No- dijo Artemis.

-Pero está molesta conmigo- admitió Saba.

- ¿Por qué?-

-Me dejó por Hanna Marianne-

Sami miró a Saba como si estuviera bañado en pus.

- ¿Por esa?-

-Sami, no has hablado con ella mucho, no la conoces-

-Claro que la conozco, lleva clase de Encantamientos conmigo-

-Pobre- dijo Artemis. Sami asintió.

-Es tonta- esta vez fue Artemis quien asintió.

-Pero a mi me cae bien- admitió Saba- es buena gente y también es graciosa-

-Bueno, contigo todo el mundo es así- soltó Sami.

-No, ella no es como todo el mundo conmigo-

¿Qué?

Artemis lo miró con los ojos muy, muy abiertos.

-Tampoco tú, ni Sami- trató de rescatar Saba, pero era muy tarde- ustedes tampoco, son mis amigas, igual que algunos chicos, pero…-

- ¿Señorita Black, señor Schnnupertmault?

La profesora Gabrián estaba detrás de ellos, parada derecha, vestida impecablemente, pero lucía extraña dentro de todo su orden, como cansada. Saba y Artemis se pusieron de pié inmediatamente e hicieron una leve reverencia sin saber por qué.

-Síganme- dijo la profesora, sonriendo de medio labio- espero que no le moleste, señorita Sodeburg-

-No, para nada-

A medio camino, Artemis se volvió para ver a Sami, quien gesticuló bastante grande: "¡¿En qué problema se han metido ahora?" A lo que Artemis respondió con "Nada" y se encogió de hombros.

- ¿Qué hemos hecho?- le susurró a Saba y este también se encogió de hombros.

La profesora Gabrián los llevó por un camino bastante curioso, si estaban yendo a su oficina, porque Artemis estaba segura que iban en sentido contrario. A la profesora le gustaba enredarse. Cuando llegaron al tercer piso, supo que ya no iban a su oficina, ni a la de Edge, para detención, ni al gimnasio, ni a los baños, ni a su salón de Defensa Contra las Artes Oscuras.

Pero estaba segura de que no había hecho nada.

Finalmente llegaron a una bifurcación de caminos que a Artemis se le hacía conocida. Claro. Era el camino a la lechucería. Seguro había llegado la respuesta del tío Remus y la estaban llamando para recogerla de la misma lechuza que había tomado de la escuela… seguramente tenía que pagar algo por el servicio, pero había dejado su monedero en la habitación.

-Pasen- les dijo.

Artemis y Saba se miraron, entraron con cuidado y esperaron a la profesora Gabrián.

- ¡Mira!-

Entre tantas lechuzas, había una preciosa, gris, con los ojos negrísimos, parada muy derecha sobre un palo, mirando a las demás con cierto recelo. Artemis la reconoció al instante, era la lechuza que el cobarde de Greg Easthouse había derribado. ¡Estaba sana!

Corrió a verla de cerca. Su ala estaba derechita, sin rasguños ni nada.

-La profesora Helga me dijo que ustedes le llevaron esa lechuza, para curarla- empezó la profesora Gabrián.

-Sí- respondió Saba.

-Que la habían encontrado fuera del gimnasio, con el ala dañada ¿Es cierto?-

-Sí-

- ¿Saben quien le hizo eso? La profesora Helga dice que no fue un golpe mientras volaba, con alguna rama, sino un impacto de varita. ¿Saben quien lo hizo?-

-No, profesora- respondió Artemis, dejando de mirar a la lechuza y mirando a su tutora.

La profesora miró a ambos fijamente a los ojos por un momento, con la expresión durísima.

-Bueno, felizmente la encontraron- dijo más tranquila, aunque no del todo complacida- hemos hecho un registro y la lechuza no pertenece a ninguno de los alumnos de Goldenwand, ni a sus familiares o amigos-

-Entonces ¿Cómo puede estar adentro?- preguntó Saba.

-De muchas maneras. Una de ellas es que puede haber crecido en el bosque-

-O sea que es salvaje-

-Pero se ha quedado aquí toda la noche-

Saba asintió.

Artemis no entendía mucho de lo que estaban conversando. Solo miraba a la lechuza, ya sabía que era bonita, pero sana se le veía aún mejor.

-Por eso, decidimos que lo mejor era dársela a uno de ustedes, después de todo, ustedes fueron quienes la salvaron. Señorita Black, tengo entendido que no tiene lechuza ¿Desea quedarse con ella?-

¿Qué?

Sí.

Artemis asintió.

- ¿En serio?-

-Si desea-

-Sí-

-Entonces es suya. Al lado de su cama encontrará una guía para el cuidado de las lechuzas, me encargaré de que los elfos domésticos dejen un ejemplar para usted- dijo- Me enorgullece que dos alumnos míos hagan algo tan noble- les sonrió antes de salir.

Saba se volvió hacia su amiga con la sonrisa amplia y los ojos muy abiertos, a lo que ella respondió con un asentimiento casi frenético de la cabeza.

La lechuza era suya. Suya. Nadie le iba a hacer daño nunca más y si lo intentaban, se las verían con ella.

Saba fue a buscar a Sami al Comedor y pasaron los tres juntos la tarde en la lechucería, en torno a la lechuza de Artemis, que había tenido la gentileza de posarse en el piso, después de que los chicos estuvieran tres horas de pié, contemplándola.

- ¿Sabrá que es tuya?- preguntó Sami.

Artemis se encogió de hombros. Saba asintió.

-Ella te vio cuando la defendiste. Eso no se le va a olvidar-

-Saba, es una lechuza común, no una persona. O un aven- recordó Sami- pero maravillosa, maravillosísima- agregó, al ver la mirada de pocos amigos de Artemis.

- ¿Cómo le vas a poner?-

Nombre. Artemis se encogió de hombros, no lo había pensado. Lechuza sonaba bien. Lechuza macho, en todo caso, según lo que decía Saba. Lechuza macho, ¡ven! Lechuza macho, Lossentaur, Lossentaur, Lechuza macho. No. Necesitaba un nombre.

¿Por qué le habían puesto Artemis? Su papá seguramente. ¿Por qué le había puesto así? ¿Había conocido a una Artemis le lo fascinó a tal punto de querer recordarla siempre? ¿O el segundo nombre de su mamá era Artemis? ¿Qué significaba Artemis? ¿Hija de Sirius?

- ¡Ya sé!- exclamó Sami, tan fuerte que todas las lechuzas de rededor se sobresaltaron y la lechuza de Artemis la miró con la cabeza chueca- ya sé- repitió bajito- Apollus. Así puede ser tu hermano-

Un hermano a quien proteger sin importar qué. Artemis sintió que su corazón empezó a palpitar más fuerte y acercó una mano a la cabeza de su lechuza, que se dejó acariciar.

-Apollus-

-Bonito nombre- admitió Saba- Artemis y Apollus-

Artemis y Apollus. Apollus, hermano de Artemis.

-Tú no tienes derecho a palabra- espetó Sami, levantando una ceja- todavía estamos molestas contigo. ¿No Artemis?-

Bonita lechuza. Y parecía mirarla con la misma gravedad con la que ella miraba, como si entendiera lo que le quería decir con los ojos. A ninguno de los dos nos gusta hablar, ¿verdad Apollus?

- ¡Hasta cuando!- rezongó Saba

-Hasta que cortes todo tipo de comunicación con Hanna Marianne.

- ¿Por qué?-

-Porque no se baña-


Muchas gracias (muchas muchas) por leer.

Cris, no te preocupes, que esto es solo un fanfic y lo que tu estás haciendo es maravilloso. Ayudar a tantas personas me parece genial. Te admiro.

Ehhh, caroblack, gracias por lo de la imaginación, pero no es nada. Estoy segura de que todos somos capaces de imaginar mundos o situaciones, pero no todas del mismo rubro. y bueno, el universo de Artemis todavía es imperfecto, así que no es la gran obra ni nada. Un beso, gracias por leer.

Morwen! si me acuerdo! Ohhh, ese foro esta horrible! No pude acomodarme después del cambio así que me salí y años después (meses nomás) colgué antes del silencio que es la precuela de la muerte que a su vez es la precuela del principal. En fin. Creo que te has quedado atracada del aburrimiento en antes del silencio, pero no importa. Un besote y gracias por recordar.

Andreinha garotinha! ¬¬ ya empieza la universidad de nuevo... nnnnoooooooooooooo!

Zelany, sí, los sueños de Artemis son muy pesados y van a serlo más todavía. Muchas muchas gracias x leer siempre.

Capítulo corregido.