Saludos y abrazos para ustedes amigos! La oscuridad y la luz siguen debatiendo férreamente dentro del corazón de Kylo. La luz saldrá victoriosa o se la tragará la oscuridad?


Capítulo Noveno: Sólo en el Corazón (Parte II)

Afuera la voz airosa de Narloch se escuchó gritando improperios en herglés. La mujer nooriana bajó rápidamente del mueble del lavamanos y se puso de pie detrás de la puerta, al escuchar los pesados pasos del herglic que se acercaba por el pasillo.

-¿Lyrr? ¿Tu estar bien?- La voz tosca de Narloch se escuchó.

-¡Sí... estoy bien!- Contestó la morena, -¿Porqué se fue la luz? ¡Me asustó un poco! ¿Qué sucede mi señor?

-Narloch no está seguro. Lyrr tu puedes estar tranquila, Narloch irá a ver que pasa. ¡Holgazanes trabajadores! Hotel lujoso no debe tener estos problemas. Por favor no preocupar. Narloch resolverá esto- Exclamó el magnate, sintiéndose molesto y avergonzado de que un apagón ocurriera en el preciso momento en que tenia a una invitada. Seguramente después le contaría a su amo y quien sabe a sus amigas que el hotel de Narloch el herglic no es tan fino como parece, teniendo esa clase de fallas... La maciza criatura se oyó caminar nuevamente por el pasillo, iendo a la puerta para dirigirse al cuarto de mantenimiento del hotel y ver que había pasado.

Asegurándose de que el herglic había salido, la muchacha nooriana cerró el grifo de la regadera y sacó de su bolso un cilindro plateado que encendió, siendo una espada de luz color rojo. Abrió la puerta del baño y con la luz que le prodigaba caminó por la habitación rápidamente, como si buscara algo. Al lado de la alcoba principal, la morena encontró la entrada del despacho de Narloch, al cual ingresó, evitando hacer ruido. En él vio un escritorio lleno de cajones, anaqueles con platería fina y libros; un mueble con algunas botellas de vino. Debía mirar con sumo cuidado todos los detalles en aquella habitación, alumbrando con su sable, puesto que estaba segura que allí debía haber una caja fuerte que contenía lo que se le había encomendado en aquella misión.

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Mientras tanto en el casino Mano Afortunada, los juegos de azar y el correr de las bebidas alcohólicas no cesaban a pesar de que ya era avanzada la noche. El joven Antilles se encontraba sentado en una butaca color rojo en una de las mesas contiguas a la barra de licores, junto a algunos hombres adinerados que fumaban gruesos porros de hierba y eran acompañados por algunas hembras de distintas razas. Sentado en la esquina de la butaca, a su lado estaba de pie su mayordomo, el umbarano, que estaba en silencio esperando alguna orden de su amo. El joven pelinegro en verdad se sentía bastante fastidiado de estar rodeado de tanta gente, evitaba a lo sumo las muchedumbres y aquella en especial le parecía bastante patética. Aquel sitio de diversión superflua, donde todos parecían actuar como zombies idiotizados por el alcohol, la música estridente, las mujeres y el dinero, lo ponía enfermo. A pesar de ello, su rostro no lo reflejaba, sino que tenía aquella mirada fría e inexpresiva de siempre, había aprendido a no exteriorizar su sentir, quizás, por tantos años viviendo entre la oscuridad.

Pero había allí cierto elemento peligroso. El joven levantó la vista hacia la barra en donde la gentuza bebía y vio a aquel hombre que lo había atendido antes. En toda esa noche no se había topado con otro humano, parecía ser que el barman y él eran los únicos de raza humana en ese lugar. Y precisamente tenía que ser ese rostro. Era idéntico al hombre a quien había atravesado el corazón con su espada y destruido junto a la Starkiller. Por un momento al verle, sintió que algo dentro de él se removió, pero fue rápidamente eclipsado por un sentimiento de profunda indiferencia y frialdad. Snoke lo estaba probando. No, él no debía dejar ver que el recuerdo de Han Solo le afectaba y menos en aquella misión. Antilles apartó la vista de aquel hombre, que servía licores con una sonrisa y cuya apariencia era igual a la de su padre.

-Tu... ya no existes.

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En la oficina de Narloch, el millonario herglic, los minutos pasaban lentamente, mientras la intrusa buscaba con premura la caja fuerte, seguramente muy bien escondida en aquella habitación. Y fue cuando vio una extraña ranura en el suelo, bajo la alfombra, que la joven se dio cuenta de que había dado en el clavo.

Con cuidado, sacó del escote de su vestido una pequeña tarjeta negra con bordes picudos, la cual ingresó en la ranura, produciendo un ruido electrónico y abriendo parte de la plancha de madera que cubría el piso. La chica la levantó del todo y ahí se podía ver bien un hoyo cuadrado en donde reposaba barras de oro y algunas otras joyas, las cuales sacó poniéndolas a su lado, ya que no eran su objetivo. Al fondo de aquel orificio en el suelo, la joven aprendiz de Sith encontró una carpeta con papeles, la cual abrió.

-Así que estas son...- Pensaba la morena mientras sus ojos verdes vetados escudriñaban a fondo el texto de aquellas páginas, -Títulos de propiedad, transacciones y ... oh, excelente. La joven sacó los papeles y cerró nuevamente la caja fuerte, guardando la tarjeta electrónica de donde la había sacado.

-Señor Kylo...- Contactó mentalmente a su líder, -Tengo lo que necesitamos.

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El hielo en el rostro de Antilles pareció derretirse de a poco cuando su boca esbozó una pequeña sonrisa de satisfacción. Su cabeza se tornó hacia su leal sirviente, el umbarano, que estaba de pie mudo, mirando con ojos muertos a las gentes derrochando su dinero.

-Esta hecho. Haz lo que te encomendé- A penas aquella frase salió de los labios del pelinegro, el umbarano se movió de donde estaba, siguiendo disimuladamente a cierto personaje que había estado espiando todo ese tiempo con sus ojos fúnebres. La cabeza rapada iba entre la multitud en silencio, al ver que Grolric, el hermano menor del dueño del casino, Narloch, avanzaba hacia la entrada con dos féminas de raza Twi'lek, quienes se dirigian al hotel luego de una larga noche de apuestas. Cuando la nave de ellos despegó hacia su destino, el umbarano esperó unos minutos, para luego él entrar en su vehículo y también ir hacia el hotel. Al sentarse en la silla del piloto, cerró la cabina de la pequeña nave de ventanas de vidrio ahumado y se tocó el hombro izquierdo por debajo de la ropa, haciendo que su físico cambiara, como si se tratara de un holograma, para entonces aparecer su forma verdadera: la de un joven arkaniano. Éste condujo hacia el hotel, a terminar con su tarea, siguiendo a su presa, la cual ignoraba el funesto destino que le esperaba.

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En el interior del despacho de Narloch, Xinia Ren, quien se hacía llamar Lyrr en aquella misión, terminaba de acomodar todo para no levantar sospechas. La luz roja de su sable le alumbraba lo suficiente para dejar todo intacto. La joven se puso de pie, con la carpeta que contenía la prueba de la traición de Narloch al Imperio.

Mientras caminaba hacia la puerta rápidamente para dirigirse otra vez al baño, Xinia vio algo que llamó poderosamente su atención. Si se hubiese tratado de otra cosa, no le hubiese dado la menor importancia, pero aquello hizo que a su mente llegaran escenas de su pasado, dolorosas y oscuras. Cosas que ella pensaba había reprimido, pero que florecieron al momento en que sus ojos vetados entraron en contacto con una flor de pétalos carnosos color negro y tallo verde oscuro con espinas, que estaba puesta en exhibición como un adorno dentro de un frasco de vidrio ovalado.

-Fleareas... ¿Muṭintavarai?- Susurró la nooriana en su lengua natal, mientras temblaba un poco y las cinco ranuras verdes de sus ojos rasgados se achicaban. Un torrente de imagenes asaltaron a su mente: sangre, dolor, moretones, oscuridad... era como si estuviera inmersa en su propia mente, mientras un creciente miedo comenzó a nacer de ella.

-¡LYRR!- Aquel grito hizo que la muchacha regresara nuevamente a la realidad, volteándose hacia la puerta y viendo la figura gruesa de Narloch en la puerta mirándole con enojo. El herglic vio lo que la chica llevaba bajo el brazo y su furia se encendió.

-Tu... ¡Espía!- Gritó nuevamente el millonario, haciendo que la muchacha intentara atacarlo para defenderse, pero el herglic golpeó con fuerza su mano, haciendo que el sable se le cayera y con su otro brazo comenzó a apretarle el cuello para asfixiarla. Narloch la tenía contra el escritorio y Xinia trataba de zafarse de él con desesperación, mientras su nariz comenzaba a sangrar. Sentía tal presión en su pecho y cabeza al faltarle el aire, que no podía pensar bien en alguna estrategia que la librara de las manos del furioso Narloch.

-¡Narloch va a aplastarte el cráneo zorra!- Exclamaba enfurecido, sacudiéndola, -¡Nadie engaña a Narloch! ¡Nadie engaña a Narloch!

-No... suéltame... alguien... mi Señor Kylo... ¡KYLO!

Xinia trataba de patearlo y golpearlo, sin éxito. Ya se le acababan las fuerzas y sus ojos comenzaban a ver borroso, pero logró notar una figura que apareció detrás de Narloch, el cual portaba una espada de luz roja en forma de cruz, que enterró verticalmente en la cabeza del herglic, causando que sus ojos se dilataran y comenzara a escurrir sangre a montones por su boca.

-¡AGHHHAGGGA.. AHHHAGGGG!- Narloch balbuceaba tratando de decir algo, pero parecía ahogarse en su propia sangre. Sus manos cedieron, dejando de ahorcar a Xinia, mientras se volteaba lentamente para ver el rostro de su asesino: un joven de veinti tantos años, vestido de manera elegante, cuyo rostro se divisaba entre la oscuridad debido a la luz de su sable Sith.

La morena cayó al suelo tomando aire desesperadamente, mientras su rescatador sacaba su arma del cráneo del grueso y pesado cuerpo de Narloch.

-Tu y tu hermano han muerto por traición- Exclamó el joven con frialdad, -Quienes se involucren con los rebeldes, morirán- Y Narloch cayó al suelo innerte, susurrando por última vez el apellido del muchacho Antilles.

Por un momento todo quedó en silencio, a oscuras.

-MISIÓN CULMIDADA. CERRANDO SIMULACIÓN.

Se escuchó una voz robótica y los jóvenes vieron luz abundante.

Lo siguiente que reconocieron fueron a los stormthroopers que abrieron las cápsulas en donde se encontraban los aprendices recostados con electrodos pegados por la cabeza. Los soldados les quitaron los artefactos de las sienes y los tres Caballeros de Ren pudieron levantarse y sentarse.

-Un ajusticiamiento "limpio" sin evidencias- Se escuchó la voz de Snoke, que se acercaba caminando hacia los aprendices junto a Darth Pziedus, que parecía algo contrariado, -N'riaj Ren. Debo felicitarte por tu eficaz trabajo y disfraz. Nadie sospechó de que el mayordomo umbarano fuese un espía. Grolric y sus acompañantes fueron eliminados, sin llegar a ningún enfrentamiento. Sigue entrenando tus artes de espionaje. Excelente.

El joven arkaniano se levantó e hizo una reverencia, sonriendo con orgullo por su progreso, mientras movía su largo cabello blanco con cierto aire de superioridad.

-Puedes retirarte muchacho. El almuerzo está servido en el comedor- Le indicó Snoke y el discípulo inclinó nuevamente la cabeza para dirigirse hacia allí.

-Kylo Ren,- Continuó Snoke, -También debo decir que hiciste un trabajo satisfactorio, a pesar de que programé cierta sorpresa para ti en aquella simulación, pero reaccionaste como esperaba.

Kylo miró a su maestro solemnemente, recordando que había visto a su padre allí. Como había intuido, Snoke lo había implementado como prueba en el simulador.

-Y a pesar de que la misión se salió de las manos por unos instantes- Y los ojos arrugados de Snoke se enfocaron en Xinia por un momento quien estaba algo cabizbaja, -Tomaste responsabilidad de inmediato en lograr el objetivo que era un asesinato en silencio. También puedes retirarte. Creo que es hora de tu sesión en la cápsula recuperadora, a menos que desees comer primero.

Ren hizo una reverencia. -Iré a la enfermería. Con permiso-, dijo, caminando hacia la puerta. Darth Pziedus observó al joven en silencio.

-Hay algo que preocupa del niño Skywalker- Le comentó a Snoke telepáticamente, para el longevo yuuzhan vong, los recien cumplidos veintinueve años de Kylo Ren eran como los primeros años de un pequeño que apenas comenzaba a vivir, -A pesar de mantenerse tranquilo siento una batalla interna proveniente de él. Es como si la luz tratara desesperadamente de nacer en su corazón.

Snoke sonrió.

-Hay aun más oscuridad en él de la que percibes. A diferencia de su abuelo, ese muchacho lo tenía todo. Una familia, amigos... pero les dio totalmente la espalda. Darth Vader fue seducido por el Lado Oscuro en un momento de desesperación al querer salvar a su esposa... Kylo Ren fue seducido al Lado Oscuro sólo por hambre de poder. Ese joven nació rodeado de oscuridad.

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Luego de una hora, Kylo se encontraba sumergido dentro de la esfera de recuperación, cumpliendo con su tratamiento de purificación de los restos de radiación que había absorbido del crilio en la misión allá en Andrusia. Cuatro semanas habían transcurrido desde ese evento y el aprendiz sentía que su salud se había reestablecido casi completamente, a pesar de que su médico de cabecera decretara que el joven necesitaba tres meses para limpiarse totalmente de la radiación.

Conforme pasaban los días, el joven notaba que el medicamento que se le suministraba al suero en el que estaba suspendido era más fuerte, por lo que se sentía bastante adormilado cuando estaba dentro de la esfera. A pesar de su tiempo estar ocupado por los entrenamientos y su recuperación, Kylo había investigado acerca de Lucem, en la biblioteca Sith. Si utilizaba algún medio electrónico para su investigación, era probable de que despertara sospechas por su particular interés en aquel planeta. Y lo que más deseaba era encontrarse con Rey estando solo.

Aún no la había olvidado. No borraría tan fácil ese rostro de su memoria y las encendidas ganas de venganza que carcomían sus huesos. Esperaba pacientemente alguna oportunidad, una excusa para poder escapar hacia Lucem y buscar a Rey. No podía dejar que sus superiores y sus compañeros se enterasen de su plan.

Luego de un rato más, los ojos del muchacho habían cedido y estaban cerrados a causa de la medicina, como si estuviera durmiendo. La puerta del cuarto contiguo se abrió, pero Ren se quedó en la misma posición. Se trataba de Xinia, quien había salido ya de su cápsula recuperadora, vestida con su bata de paciente, descalza y el cabello mojado. La nooriana se quedó mirando en silencio por un momento la esfera que contenía al líder de los Ren, el cual dormía. Su cabello negro parecía levitar lentamente dentro del suero azuloso.

Xinia puso su mano en el vidrio de su esfera.

-En ese momento, cuando Narloch me ahorcaba...- Pensaba para sí la joven, -Lo llamé por ayuda. ¿Porqué? ¿Porqué tenía que ser él y no acudí a N'riaj? Yo era total merecedora de muerte, porque me dejé distraer en una encomienda importante. Pero él me ayudó... sé que como líder debía asegurarse de terminar la misión con éxito pero... se sintió como si en verdad... hubiera querido salvarme. Acudió con rapidez a donde yo estaba. ¿Porqué lo hizo?

La morena se sentó pensativa en la camilla que estaba al lado de la cápsula en donde estaba Ren. Recordó aquella flor de pétalos negros que había visto en la oficina del herglic en la simulación.

-Mi maestro Darth Pziedus me estaba probando con esa flearea, cómo no me di cuenta.

Xinia cerró los ojos y volvió a tener esos oscuros recuerdos de su infancia. Aquella flor, nativa del planeta en donde había vivido su niñez, le trajo remembranzas de todo el dolor de las torturas y abusos que había sufrido siendo esclava, hasta que el destino trajo al que ahora era su maestro al campamento en donde estaba cautiva. Ese día presenció una gran cantidad de muertos, al ocurrir allí una batalla cruenta, de la cual salió con vida por puro milagro.

-Necesito entrenarme más, el Lado Oscuro me dará el poder que necesito para olvidar.

La muchacha subió las piernas a la camilla y posó su cabeza sobre las rodillas mirando en silencio al joven humano que dormía en medio del suero azul.

-La naturaleza de toda criatura es hacia el mal, eso es lo que he visto toda mi vida. El odio me da el poder de castigar a quienes me hacen daño. Pero entonces porqué... ¿Qué significa que él haya querido ayudarme? ¿No es eso un acto de... bondad?

Xinia se levantó de la camilla y volvió a acercarse a la esfera.

-¿Habrá estado consciente de lo que hizo?

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