Nota : A partir de ahora, Bella ya no esta recordando los días de Francia. Ahora la historia se sitúa donde terminó el capítulo 2, es decir, cuando Edward y Bella se dan cuenta de que éste puede ser el padre del bebé.

CAPITULO 10 : REVELACIÓN

Cada mañana, en cuanto Jacob se iba a su instituto de la reserva, abría el tercer cajón de la cómoda. Allí, debajo de todas mis camisetas, guardaba la pequeña cajita de terciopelo azul. Era mi mayor tesoro, lo más cerca que podía estar de Edward, ahora que teníamos que estar separados. Abría la caja, miraba el anillo, pasaba mis dedos por encima de los diamantes, y la volvía a esconder. Ya se había convertido en un ritual.

Pero esa mañana no lo hice. Había algo mucho más importante que mi boda con Edward o mi conversión en vampira; mi bebé. En unas pocas horas, tenía que ir hasta la casa de los Cullen para salir de dudas acerca de la paternidad. Jamás pude llegar a imaginarme en una situación como esta; yo con un hijo, y dos supuestos padres. Me parecía surreal, el típico argumento de las películas que ponen en la televisión al mediodía. Aparte de esa duda, también se nos planteaba que clase de hijo tendría; un humano, un vampiro o un semi-vampiro. Todo era muy difícil.

Con cuidado recogí con unas pinzas de depilar, varios pelos de la almohada de Jacob, necesarios para la prueba de ADN. Los metí en una bolsita y los guarde en mi bolso. Carlyle me sacaría un poco de sangre en su casa.

Muy nerviosa, conduje hasta la mansión Cullen. No había vuelto después de la agonizante despedida con Edward, y mientras aparcaba mi camioneta en la entrada, pensaba en lo irónica que puede ser la vida a veces, y como te da una de cal y una de arena, siempre. Alice estaba en la puerta, esperándome. Me abrió la puerta, con semblante serio, y me llevó de la mano hasta el interior, hasta la cocina. Allí estaban Jasper, Esme y Carlyle.

"Bella, cariño. Cuanto te he echado de menos" – me dijo Esme, casi emocionada, dándome un enorme abrazo. A pesar de estar fría como todos los vampiros, me proporcionaba una calidez como nadie. Fue en ese momento cuando me di cuenta de lo muchísimo que la quería.

"Y yo a vosotros" – contesté, mirando al resto de vampiros. Jasper me dio la mano, siempre tan cometido, mientras Carlyle se limitó a sonreirme cortésmente a la vez que ponía sobre la mesa un montón de material médico. Alice no me soltó la mano en ningún momento.

"Supongo que estarás en ayunas" – me preguntó Carlyle. Asentí rápidamente, y me hizo un ademán para que sentara en una de los taburetes. Jasper y Alice abandonaron la cocina. Tan solo Esme se quedó allí conmigo, con su brazo sobre mis hombros, siempre dedicándome una amable sonrisa.

"Esme, no va a venir Edward?" – le pregunté sin aguantar más. Habíamos acordado no vernos en secreto, como los amantes, pero pensaba que su casa sería diferente. Total, toda su familia ya sabía que habíamos estado juntos en Europa.

"Claro que sí. Ha ido a cazar esta mañana, vendrá enseguida"

Sus palabras me tranquilizaron más que mil valiums, y suspiré aliviada. Carlyle me indicó que me remangara la camisa. Iba a sacarme sangre, así que Esme también salió de la cocina. Miré a Carlyle. Estaba serio, o enfadado, no sabría decirlo. Pero lo notaba molesto conmigo, y me supuse el porqué.

"Carlyle… me gustaría pedirte perdón"

Me miró extrañado, pero con dureza.

"Perdón porqué, Bella?"

"Bueno, se que el hecho de que Edward pueda ser el padre, no te hace gracia. Más que nada por las normas vampiras que tenéis"

Carlyle sacó una jeringuilla del envoltorio, y me paso un algodón empapado en alcohol sobre la cara interna de mi codo.

"Me gustaría que las cosas hubieran sido de otra manera. No me gusta ver a mi hijo disgustado, y tampoco en peligro"

Clavó la aguja en la piel, y la hundió en mi vena. Hice un gesto de dolor, pues odiaba las agujas, y cerré los ojos todo el rato que me sacó sangre. Cuando Carlyle me indicó que ya estaba, los volví a abrir y siguió hablando:

"No tienes porque pedirme perdón. Los Volturi solo han aprovechado lo de Lucy para, una vez más, persuadir a Edward"

"Persuadirlo? Para qué?"

"No te ha contado nada, verdad?" – me preguntó Carlyle acercándome un vaso de leche y una manzana. Negué con la cabeza y bebí un sorbo.

"Los Volturi siempre han querido a Edward para su clan. El poder que posee Edward es incomparable a cualquiera que tenga otro vampiro. Hay muchos otros vampiros lectores de mentes, pero solo Edward tiene la capacidad para leer las mentes vampiras"

"Entonces, los vampiros solo pueden leer mentes humanas?"

"Así es. Durante muchos años, han estado intentando convencerlo para que se uniera a ellos. Pero todos sus intentos fueron en vano. Edward no quería saber nada de ellos. Por eso, cuando se enteraron de que una humana lo había visto cazando, vinieron en seguida, ofreciéndole un cargo muy alto en su hermandad, a cambio de la muerte de Lucy"

"Y Edward se negó, claro…"

"Ya sabes que Edward no quiere que mueran inocentes, Bella. A pesar de no tenerle nada de aprecio a Lucy, prefirió sacrificar tu amor por un tiempo, que irse a Italia y no poder estar contigo nunca más"

"Y que pasará si el bebé es de Edward? Y si se enteran ellos? Vendrán a por él?"

"Todavía es pronto para saberlo, primero tenemos que saber si será humano o no"

Me pasé la mano por el vientre. No podía permitir que a mi bebé, que al bebé de Edward le pasara nada. Carlyle comenzó a preparar unas extrañas máquinas, que revelaban el ADN en unas pocas horas. Le entregué la muestra de Jacob.

"Puede que te parezca una tontería, pero tengo el presentimiento de que este bebé será un Cullen"

Carlyle me sonrió y me agarró ambas manos:

"Pase lo que pase, siempre te apoyaremos"

En ese momento escuchamos el ruido de un coche aparcando en el garaje. A los pocos minutos, Edward entró por la puerta, seguido de Alice, Esme y Jasper. Me levanté de la silla y nos miramos durante breves segundos. No sabía como actuar, después de nuestro pacto. Le sonreí y él me devolvió una sonrisa torcida. Carlyle carraspeó y todos salieron de allí, no sin antes de que Edward recibiera un pequeño empujón de Alice, como indicándole lo que hacer.

Nos fuimos aproximando el uno al otro lentamente, sin aparta la vista de los ojos.

"Hola…" – le dije yo con un hilo de voz. Estaba nerviosa y emocionada. A pesar de que lo había visto ayer, parecía que habían pasado siglos.

"Déjate de holas y ven aquí" – me dijo Edward a la vez que me pasaba el brazo por la cintura.

En ese momento me morí de felicidad. Edward estaba besándome de nuevo, después de tres meses. Me puse de puntillas para agarrarme mejor a su cuello, y profundicé el beso. Eran tan apasionado que empezaron a dolerme los labios y muy a pesar, tuve que parar.

"Pensaba que habíamos establecido una norma, señor Cullen" – le dije yo.

"Bueno, ya me conoces; a veces me gusta romperlas" – me contestó, con su mejor sonrisa, y pasándose la lengua por los labios. Me estaba provocando…

Volvimos a abrazarnos y salimos al salón, donde estaban los demás.

"Cuanto debemos esperar, Carlyle?" – le preguntó Edward a su padre. Se me hacía raro referirme a Carlyle como el padre de Edward, cuando este nunca lo llamaba `papá`.

"Unas dos horas. Será una prueba concluyente"

Ambos asentimos, y subimos a su habitación. Todavía seguía allí la cama donde dormía yo a veces, con la misma colcha. Me tumbé sobre ella, y Edward se sentó en el borde, cogiendo mi mano y dándole pequeños besos a mis dedos.

"Como va lo de Lucy?" – le pregunté. Edward agarró con más fuerza mi mano y se la llevo a su mejilla.

"Ya esta empezando a no soportarme"

"No me lo creo. Es imposible que alguien no te soporte" – le dije yo dulcemente. Él sonrió.

"Es en serio. Ya ha estado hablando con un abogado para empezar cuanto antes a preparar los papeles, pero…" – Edward se paró en seco. Frunció el ceño.

"Pero qué?"

"No creo que podamos llevar a cabo nuestras promesas si ese bebé no es hijo mío, Bella."

Me senté sobre la cama, a su lado y agarré sus manos. Edward agachó la cabeza y tomo aire fuertemente.

"Edward, se que este bebé es tuyo. No me digas porqué lo sé. Pero tengo una enorme intuición sobre ello."

Edward sonrió levemente y me acarició la mano. Nos tumbamos en su cama, abrazados, esperando que Carlyle nos llamara para conocer el resultado.

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Casi tres horas después, Alice llamó a la puerta. Edward se levantó enseguida y le abrió la puerta.

"Chicos, Carlyle os quiere abajo pero ya"

Miré a Edward y luego a Alice, que seguía muy seria. Empecé a temerme lo peor. Bajamos las escaleras de la mano, seguidos por Alice.

En el salón nos esperaban Esme, Carlyle y Jasper, seguramente intentando calmar el ambiente, para que todos estuviéramos tranquilos. Rosalie y Emmet estaban disfrutando de unas pequeñas vacaciones en Brasil, para celebrar una de sus múltiples luna de miel.

Nos sentamos en el sillón. No podía soportarlo más. Mi cuerpo entero palpitaba por los nervios.

Alice estaba de pie junto a Esme, que había pasado su brazo por los hombros de la pequeña vampira. Carlyle se sentó enfrente de Edward y mío, con los dedos entrelazados, mirando un papel. El papel… En ese papel estaba escrito mi destino, mi fututo, toda mi vida dependía de ese maldito papel.

"Bella, supongo que durante estos 3 meses has ido al médico"

"Así es" – le respondí al tiempo que Edward me daba ánimos agarrando con mas fuerza mi mano, que empezaba a estar sudorosa.

"Y… está todo normal, no?"

"Sí… crece normal, no hay anomalías… todo normal."

Carlyle miró a Edward con semblante preocupante.

"Carlyle, por favor, dinos ya que demonios pasa" – le rogó Edward poniéndose de pie.

Durante un breve momento, hubo un silencio matador. Todos nos mirábamos, mirábamos a Carlyle, y nos volvíamos a mirar. Mis esperanzas empezaban a desmoronarse. Mi perfecto futuro junto a Edward estaba disolviéndose. Edward gruñó, y Carlyle por fin habló, poniéndose de pie junto a Edward:

"El bebé es tuyo, Edward. Y es humano"