Caminos sin retorno.

Camus caminaba por las calles, con total parsimonia. Sabía que debería de terminar de hacer las compras, para la cena, antes que su padre llegara a la casa y se rabiara de lo lindo. Se detuvo en una esquina, no muy lejos, había una escuela. Desde la distancia, se podía ver el antiguo edificio. Soltó un pequeño suspiro, preguntándose qué hubiera pasado si su madre no le hubiera llevado a Francia. Tan ensimismado estaba en sus pensamientos, que no noto que el semáforo cambio dos veces, cuando lo noto, ya estaba rojo de nuevo. Soltó un pequeño suspiro, un auto se detuvo en la esquina, prefirió ignorarlo y siguió imaginando como hubiera sido su vida si se hubiera criado en Grecia. Tal vez, hubiera conocido a Milo. Tal vez se hubiera hecho amigo del chico, por lo que había oído de él. Era de esas personas con la que te encariñas rápido. Su mente seguía divagando en esas posibilidades, cuando sintió algo punzante contra su cadera.

-Comienza a caminar-le ordeno una voz, con matices burlones. El chico obedeció- eso es… buen muchacho Camus…

-¿Qué dijo?-Sintió una punzada al costado del cuello, abrieron la puerta y le hicieron sentarse en la parte de atrás. Su mirada no tardó en hacerse borrosa. Quien quiera que fuera esa persona, incluso guardo la mercadería que el chico llevaba. No quería dejar "señales" en plena calle.

-Ya tengo a los dos…-comento sonriente, mientras subía al auto. No había nadie a la vista, sonrió satisfecho. Si había algo que tenia de bueno ese barrió, era la soledad que había en sus calles. Había estado de paso, regresaba del lugar en donde había encerrado al pequeño Ángelo Di Santi. Justo vio a Camus, no debería de desperdiciar semejante oportunidad…

Departamento de investigación, cuartel de la policía.

Que el chico no aparecía, fue algo que se asumió de inmediato. Ya habían pasado alrededor de 24 horas. La descripción de Ángelo no tardo en circular por las radios policiales y aparecer en los diarios. Manigoldo informo como estaba su hijo vestido, la última vez que le vio. Pero eso no evitaba que se sintiera impotente. Tenían 48 horas, o eso creía, antes que ese loco matara a su hijo. Hijo que no pudo ver en 10 años.

-Atiende…-el hombre se paseaba por el despacho de Saga, con los ojos llenos de lágrimas de impotencia.-Maldita sea, Ángelo, atiende el teléfono.

-No pudimos salvar al mío, pero salvaremos al tuyo-informo Kardia, con un semblante sumamente frio. Si las sospechas eran correctas, no esperaría al juicio. Le rompería todos los huesos al infeliz que le había arrebatado a su hijo.- lo encontraremos…

-¿Siempre pudo ver fantasmas?-pregunto Sorrento, cuando entro al lugar.

-Sí y espero que el próximo que vea, no sea el de mi hijo-gruño mientras volvía a intentar llamar de nuevo.-puso cara pensativa, llamando a toda su frialdad. La vida de su hijo estaba en juego.- Los celulares de ahora tienen GPS y todas esas cosas ¿No?

-Si-Kardia le miro.- Se supone, que tienen que atender al teléfono… para ser rastreado

-¿Cuantas antenas, para celulares, hay en total?-pregunto ignorando las palabras de Kardia.

-Muchas, no se ignoró eso. ¿Por qué?

-Cada antena, tiene un código distinto… Cuando un celular, pasa a estar bajo la influencia de otra antena, queda un registro en la base de datos…-El hombre le miro- y si el celular de Ángelo tiene GPS o alguna estupidez rastreable…

-Podremos localizarle.-Kardia miro a su amigo, no era mala idea y era una pequeña esperanza.

-Siempre y cuando tenga en celular consigo…-Manigoldo le arrojo su celular. Sorrento lo atrapo y observo el mensaje. –Te respondió a las 6:45 pm…-miro al hombre- ¿ese es el último contacto?

-Tenemos una hora aproximada.-informo el hombre…-nosotros llegamos alrededor de las 7…-movía las manos nervioso.- ¿Degel? ¿Le avisaron?

-Sí, me dijo que le quito las llaves a Camus.-comento algo burlón el griego.- espero que no haya encontrado las de repuesto…

-¿Tu sabes dónde están esas?

-Sí, Degel siempre las dejaba en el cajón de los cubiertos.-El celular de Kardia comenzó a sonar- Hablando de roma…-Atendió, sus ojos se abrieron de forma desmesurada.- Degel, más despacio… ¿Como que desapareció?

Casa de Degel.

-Camus no aparece por ningún lado…-el hombre se recargo en la encimera.- le llamo al celular y no atiende, encontró el otro juego de llaves y salido…-Miro la nota que decía que iba a comprar.-me dejo una nota, diciendo que se fue a comprar… pero no regresa… Ya eh revisado hasta el cansancio las tiendas… No está, me dijo uno que le vio salir con las compras… Pero no llego, Kardia, mi hijo no aparece.-aguardo un momento, mientras su amigo hablaba. Se sentía histérico, como pudo ser tan idiota en dejar el otro juego de llaves.- si, buscare una foto de Camus y la llevare, dios que este bien…-corto la llamada y se limpió las lágrimas. Para luego ir a su estudio a quitar la foto de Camus.-Camus… donde estas… ¿Por qué me desobedeciste?-Las lágrimas cayeron de sus ojos, mientras observaba al chico en la fotografía.- son solo cuatro calles, cuatro calles de aquí a la tienda… ¿Dónde estás?

Milo miro a su padrino con pena, había estado atrasando el momento de ir a ese lugar. Pero ya no tendría otra opción, tendría que ir al lugar donde estuvo vivo por última vez… No quería enfrentarse a esa situación, pero el entorno pedía a gritos que lo hiciera.

En algún lugar de la ciudad.

Ángelo tironeo de sus muñecas, le era imposible liberar sus manos. Lágrimas de pánico abandonaron sus ojos… Voy a morir, ese infeliz me matara… Papá, por favor sácame de aquí, papá ayúdame. Miro las fotografías, eran los chicos desaparecidos, incluso había algunas que se notaban sumamente viejas. En esas fotos, los jóvenes tenían los ojos de color verde. Era el mismo asesino, su padre estaba en lo cierto.

Comenzó a respirar despacio, tendría que controlarse. Observo fijamente el entorno, debería ser una habitación de cuatro metros de largo por tres, o tres y medio, de ancho. Había dos mesadas, una repleta de herramientas y otra repleta de diferentes utensilios. ¿Acaso Milo habría visto lo mismo? Acaso su amigo había visto la muerte, rodeándole y no sabiendo cómo reaccionar. Su padre, estaba investigando el caso… Su padre que fue y seguiría siendo, uno de los criminólogos más importantes. Su padre, que había escrito varios libros muy bien documentados, seguramente le estaría buscando con insistencia. Él había nacido, al igual que Milo, cuando sus padres ya eran "grandes". Su padre se había formado en Italia. Resolviendo casos, en ese lugar, fue donde se hizo conocido entre los miembros de la misma profesión. Si su padre, había logrado tantas cosas, de seguro lograría encontrarle…


Camus abrió los ojos, estaba amarrado a un poste. Sus manos estaban sujetas por encima de su cabeza con una gruesa cuerda. Estaba de rodillas en el suelo, sus tobillos habían sido esposados, provocando que le fuera imposible pararse. Ambas permanecían del otro lado de la columna. Tenía una cinta sobre sus labios, cinta que rodeaba toda su cabeza. Sentía la brisa acariciando su vientre, sabía que estaba descalzo y sabía muy bien lo que le podía pasar…

Ese loco, esa persona que tanto había temido su padre… Le había logrado poner las manos encima. Ahora entendía, ahora se arrepentía de haber vuelto. Solo había vuelto, porque no quería dejar a su padre solo. Por qué sabía que este estaba pasando un momento difícil y que era mejor que estuviera acompañado. Había pensado en cocinar algunos de los platillos, que recordaba, que su padre disfrutaba. Quería que su padre se calmara, quería hacerle sentir relajado… Que olvidara un poco, a ese loco maniático, que había asesinado a su ahijado.

Escucho un ruido, cuando levanto la mirada, se encontró con un sujeto que le miraba burlón.

-Eres igualito a Degel… lo único que cambia es el color de cabello…-informo el hombre, que vestía ropas militares- no te preocupes, ahora estoy ocupado… Pero pasado mañana-sonrió con maldad.- veré a tu alma, expresándose por tus ojos…-Camus mantuvo su respiración serena. Ese sujeto hizo una mueca. – ¿Acaso no le temes a la muerte…? –El chico le miro atentamente, pero no hizo gesto alguno- creo que nos divertiremos… mucho.-apoyo una mano sobre el muslo del chico.- no te preocupes, no me interesa fornicar con un francés.-informo al ver la expresión de pánico del chico.- espero verte llorar como niña-le susurró al oído.- por cierto, este lugar.-indico la inmensa habitación- es parte del antiguo matadero Russells. Si siguen buscando en la ciudad, jamás encontraran nada…-sonrió con burla- ¿no te parece una buena elección?-pregunto burlón.- aquí fue a donde traje a mi primer muchacho, me pareció un lugar seguro y lo sigue siendo-comento burlón, antes de comenzar a alejarse.


Paso ante la puerta, que daba acceso a la habitación, donde tenía a Ángelo. Observo por la mirilla, el chico seguía con los ojos cerrados y con una respiración calma. Tendría que mantener apariencias, ya se divertiría con él. Pasado mañana, solo debería esperar un día más y se podría divertir con los muchachos.

Interior de la habitación.

-Ángelo. Ángelo, despierta.-el italiano abrió los ojos y se encontró que su amigo estaba parado a su lado. –Resiste amigo, te salvaremos…-Miro los amarres de las muñecas y tobillos.- ¿Crees que pueda desatarte? Podía mover cosas y prender la tele… ¿Crees que pueda?-la mirada de súplica de Ángelo, hizo que perdiera las dudas y decidiera poner en práctica su teoría. Con manos algo temblorosas comenzó a desatar la muñeca derecha de su amigo. Era un nudo muy complicado, pero no imposible. Una vez liberada la mano, Ángelo comenzó a desatar su otra muñeca, mientras Milo liberaba sus tobillos.

Cuando se quitó la cinta, varios cabellos fueron arrancados de raíz. Miro a su amigo, quien revisaba la habitación con la mirada.

-Gracias, Milo.-se acercó a la puerta, intento abrirla, pero fue imposible…-está cerrada por fuera…-golpeo con rabia la puerta. – Maldita sea…-las lágrimas comenzaron a caer por los ojos de Ángelo.-QUIERO SALIR…-Golpeo la puerta.- ¡AYUDA!

-Angeló, para puede andar cerca…

-Quiero vivir, Milo, quiero vivir…-comento el chico, al borde de la histeria.- quiero salir… ¡QUIERO SALIR! ¡AYUDA!-Comenzó a gritar, mientras golpeaba la puerta. Comenzó a revisar las herramientas, alguna debería de serle útil. Miro una pequeña cierra.- para que mierda es eso…

-¿Para qué crees? A mí me la paso por los brazos…-el chico le mostro los antebrazos, pequeños cortes le adornaban.- Ten cuidado, hay que buscar la forma de sacarte…-Angelo se dio vuelta y comenzó a observar la habitación. Miro una ventila, encima de la mesada mayor, que estaba contra la pared.

-Creo que tengo una idea…-Se subió a la mesada y observo la ventila. Quiso abrirla, pero noto que esta estaba atornillada- Donde hay uno…-comenzó a buscar un desarmador- tiene tantas porquerías, pero ningún desarmador…-tomo un cuchillo y comenzó a utilizarle para sacar los tornillos-vamos funciona, funciona porquería…-Milo miraba a su amigo, realmente esperaba, que sirviera.

Antigua zona de corrales.

Camus tenía los ojos cerrados, a pesar de ser un lugar abandonado, se mantenía bastante limpio. Recordó el detalle de que los cuerpos eran lavados, el desgraciado mantenía todo limpio para que nadie pudiera rastrear el lugar donde tenía prisioneros a los chicos… Cinco chicos de ojos verdes y seis de ojos celestes… Siete contándole a él, 12 personas habían pasado por las manos de ese maniático. Cerró los ojos, rogando que alguien descubriera a ese maniático.

Departamento de Minos. Varias horas después.

Minos se acercó a la puerta y observo por la mirilla, una sonrisa burlesca se hizo presente en sus labios. Sonrisa que desapareció segundos antes de abrir la puerta.

-Buenas noches-saludo cordialmente.- ¿En qué puedo servirles?

-¿Mayor Minos Grifo?

-Sí. Necesitaríamos hacerle algunas preguntas.-informo el joven de cabellos lilas.

-¿Con respecto a qué?-pregunto indiferente.

-Con respecto a Milo Escorpión.-Informo Saga.

-Pobre muchacho-puso una cara afligida, tan creíble, que Saga y Sorrento se la tragaron- pasen…-se hizo a un lado- conocí a Milo cuando tení años… Era como el niño de todos-comento con un dejo de tristeza.- es difícil ya no verle… Todos le teníamos gran estima y todos estamos de acuerdo, en hacer pagar al cerdo que le hizo eso.-comento con una mueca de notoria ira- es mejor que lo encuentren ustedes, antes que alguno de nosotros.-Sorrento y Saga intercambiaron miradas. Ese hombre, no podría haber sido el asesino de Milo… No si se mostraba de esa forma.

-¿Cuándo fue la última vez que le vio?

-El viernes a la tarde, creo-hizo cara pensativa- sí, el viernes. Me acuerdo porque Lune, mi secretario, le reprendió por estar con la patineta...-Hizo una pequeña mueca nostálgica- ese era un buen chico… ¿Sabían que trabajaba en un comedor comunitario?-pregunto con una expresión entristecida- daba clases de apoyo a los chico que concurrían a ese lugar. Hay veces, que las mejores personas… Son la que se llevan lo peor de la vida.-comento con una lagrima- pobre muchacho, eso que le hicieron fue una barbarie.-Se dio cuenta que los dos detectives, se estaban tragando su acto. Para sus adentros sonrió.- ¿necesitan algo más?

-Su secretario, también es albino ¿no?

-Si-el hombre le miro- ¿por qué?

-Por nada.-informo Sorrento, le hizo un gesto a Saga y se retiraron del departamento.

Calle.

-No se tu… pero estoy en duda…-informo Saga- mi mente dice una cosa y mi instinto otra completamente distinta…

-¿Que te dice le segundo?

-Que desconfié, de quien muestra mucha amabilidad… -la lluvia comenzó a hacer acto de presencia, con su suaves caricias transmitidas en forma de gotas.-averigüemos quien es ese tal Lune.

Ruta.

La patrulla se detuvo a un costad. Los dos policías, protegidos por chaquetas amarillas de la lluvia, se acercaron a la persona que seguía caminando. Completamente ajeno a los dos uniformados, en una mano llevaba un cuchillo de caza afilado. Estaba vestido solamente con un pantalón vaquero azul. Su cabello se había pegado a su rostro y las gotas de lluvia recorrían su cuerpo en forma descendente.

-Eh chico…-uno de los policías, tomo al joven del brazo- ¿estás bien? Central, aquí móvil de carretera numero 1235… Encontramos un adolescente, de aproximadamente 19 años… Procedemos a llevarlo al hospital, parece drogado…-miro a su par y le indico con la cabeza al chico.

-Ven muchacho…-el otro policía comenzó a guiar al chico en Shock hacia el auto. En eso noto los raspones en sus brazos y heridas en sus muñecas.-tiene heridas pequeñas…

-Ya lo revisaran en el hospital…

Continuara.