Aquí estoy chicas/os batiendo mi propio record de rapidez. Sé que dije que actualizaría antes del miércoles pero las musas me abandonaron y no era capaz de encarrilar el final del capi.
Agradecimientos especiales para: fior aquarium, luna-maga, kari-sama, manchanita, Serena Princesita Hale y Danny. Miil Gracias por vuestros maravillosos reviews!
Como siempre también muchísimas gracias a los que me agregaron a alertas favoritos y demás y a los que leen entre las sombras.
Todos son igualmente de importantes para mí.
Bueno mis niñas, este fin de semana me voy de boda asique no sé si podré actualizar el domingo como tenía pensado pero sino como muy tarde el lunes subo el siguiente capi vale?
Os confieso que estoy bastante nerviosa por saber vuestras opiniones sobre este capítulo, yo no estoy en exceso encantada de cómo me ha quedado.
Ya os dejo con él, no os entretengo más!
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Diaclaimer: Todo lo que podáis reconocer pertenece a la gran J.K.
-No te arrepentirás de esto- le aseguró y Hermione supo que no lo haría.
Pocos segundos después Hermione solo fue consciente de los labios de Malfoy sobre los suyos. Al principio solo era labio contra labio, lo único que hacía Malfoy era aplastar la boca de Hermione con la suya propia pero poco tiempo después Hermione pudo sentir como la lengua de Malfoy rozaba sus labios como si le pidiera permiso para profundizar el beso. Al principio ella se resistió pero el chico era muy hábil y atrapó su labio inferior con sus dientes haciendo que ella no pudiera evitar abrir la boca y ser invadida por la lengua del rubio. Al principio tanteó el terreno lentamente, recorriendo cada recoveco de su boca con una tranquilidad que empezaba a poner nerviosa a Hermione pero en cuanto la lengua de la chica despertó de su letargo y le respondió tímidamente al beso, éste se tornó más voraz y hambriento que antes.
Draco se esforzaba en mantener sus manos apoyadas en la despensa que estaba a espaldas de ella luchando con su deseo de agarrarla por la cintura y apretarla contra él. Estaba comprobando que lejos de perder ese interés, si se podía llamar así, por ella lo único que hacía era avivarlo aún más. Estaba descubriendo, sin que eso le agradara demasiado, que podría llevarse horas besándola y no se cansaría. Los labios de ellas eran suaves y cálidos, además tenía un sabor dulce que no pudo evitar relacionar con aquel aroma dulzón que siempre desprendía
Hermione por su parte se sentía en una pequeña nube, todos sus sentidos estaban nublados. Sólo era capaz de sentir, de sentir los labios de Malfoy sobre los suyos en ese beso hambriento descubriendo que no lo hacía nada mal y que, lejos de desagradarle, le encantaba. Este beso no tenía nada que ver con los que se había dado con Víctor y tenía que reconocer, aunque nunca en voz alta, de que éstos eran mucho mejores.
Cuando sus cuerpos reclamaron por un poco de oxígeno, ambos se separaron al unísono haciendo que un agradable chasquido sonara cuando sus bocas se despegaron. Draco abrió los ojos para observar la reacción de ella pero la chica aún permanecía con los ojos cerrados, permitiéndole observarla más detenidamente. Estaba completamente sonrojada, tenía la boca ligeramente abierta intentando recuperar todo el aire perdido y sus labios permanecían rojos e hinchados a causa del reciente beso. Poco a poco Hermione abrió los ojos y alzó la vista para encontrarse con la mirada gris de él. Hasta el momento en el que abrió los ojos, no fue consciente de que se encontraba en las cocinas de Grinmauld Place y que se acababa de besar con su enemigo acérrimo y además ¡lo había disfrutado!
Cuando esos pensamientos llegaron a la mente de la chica, sintió como la vergüenza se apoderaba de ella y deseó salir corriendo pero ni lo intentó porque sus piernas no le hubiesen respondido.
-¡Hermione!- sonó la voz de Harry desde la planta de arriba y se oyeron sus pasos bajando la escalera.
Hermione se horrorizó ante la idea de que su mejor amigo la pillara en tales circunstancias pero antes de poder empujar a Malfoy para apartarlo de ella, éste ya se había retirado y se había posicionado en uno de los sillones junto a la chimenea como si no hubiese ocurrido absolutamente nada.
Al instante Harry hizo su aparición en la cocina.
-Hermione por favor sube- pidió a su amiga- En uno de sus ataques, Ron golpeó la pared de su habitación y creo que se ha fracturado algún dedo.
Hermione sólo distinguió a oír un pequeño murmullo lejano, observaba al chico con porte arrogante que estaba sentado en un sillón unos metros más allá. Él se la devolvía acompañada de una sonrisa ladeada.
Harry pasó la mirada de uno a otro sin comprender absolutamente nada.
-¿Me he perdido algo?-preguntó y entonces se dirigió al rubio y lo señaló acusadoramente con el dedo- ¿Qué le has hecho?
-No ha pasado nada Harry- por fin Hermione volvió en sí- No ha sido nada, en serio- añadió al ver la mirada escéptica de su amigo- Vamos a ver que le ha pasado a Ron en la mano.
Con esas últimas palabras la chica salió de la cocina prácticamente corriendo arrastrando a Harry tras ella aún dudando si darle su merecido a Malfoy o no.
oOo
Media hora después Hermione se encontraba tumbada bocarriba en su cama observando el techo. Y es que no era nada fácil asimilar en apenas treinta minutos, lo ocurrido con Malfoy.
Después del incidente (había decidido llamarlo así) subió con Harry a echarle un vistazo a la mano del pelirrojo que no dejó de demostrar su enfado en todo el tiempo que Hermione permaneció en su habitación. Después de un par de movimientos con la varita, la mano de Ron había quedado como nueva y ella decidió dejar a sus amigos a solas y se encerró en su habitación sin ninguna intención de hablar con nadie en mucho tiempo.
Se había besado con Malfoy.
Mientras más lo pensaba, más absurdo sonaba en su cabeza. Draco Malfoy, su némesis, enemigo acérrimo, la persona que más insultos le ha dedicado… Tenía muchos adjetivos para describir su relación pero ninguno agradable. Y ahora de buenas a primeras se besa con él, en la cocina, dónde cualquiera de sus amigos los podía haber visto.
De acuerdo que Malfoy llevaba unos días raro, muy raro. Le había confesado que se sentía atraído por ella, se enfadó cuando supo de la existencia de la carta de Víktor y más aún cuando se enteró de su visita, pero de ahí a que la arrinconara en la cocina y la besara forzosamente…
Cínica.
El beso no había sido en absoluto forzado y no solo eso, también había sido correspondido y disfrutado. No podía negar que Malfoy besaba bien, muy bien. Aún podía sentir sus labios sobre los suyos y cómo su lengua se movió con maestría hasta adentrarse en su boca. Ante tal pensamiento no pudo evitar rozar con la yema de sus dedos sus labios.
Para. Se estaba comportando como una estúpida quinceañera enamorada y obnubilada por un simple beso.
Era una maldita irresponsable y una egoísta.
Una cruenta guerra se estaba librando fuera, una guerra en la que tarde o temprano ella y sus amigos iban a tener que participar, y solo pensaba en besos a escondidas con el maldito hurón.
Las cosas no podían seguir así.
oOo
Su plan estaba resultando ser una mierda.
Por fin había conseguido besar a Granger, hasta ahí todo bien. El problema venía cuando, después de una hora y media, no dejaba de darle vueltas a ese beso. Y peor aún, le picaban las manos por ir a su habitación, aporrear la puerta y volver a besarla. Tenía que reconocerlo, decir que le había gustado el beso era quedarse corto.
Sabía que Granger no había besado a muchos chicos (según tenía entendido solo al orangután de Krum) pero ese aire tímido al devolverle el beso, ese aire inocente que la rodeaba siempre, hicieron que sus ganas por besarla se avivaran.
Maldita sea.
Se suponía que solo quería besarla para poder borrar esa supuesta obsesión que sentía por ella pero había conseguido justamente lo contrario. A lo mejor necesitaba cansarse de ella para poder borrarla definitivamente de su mente.
No sabía cómo hacerlo pero conseguiría dejar de pensar en ella y de degradar su orgullo como lo estaba haciendo al pensar en una hija de muggles. Pero tenía la ligera sospecha de que a partir de ahora Granger no se lo pondría tan fácil.
oOo
El tiempo en aquella casa con tan poco que hacer pasaba lentamente, como si a las manecillas del reloj les diera pereza avanzar. Habían pasado tres días desde el incidente, tres largos días en los que la chica había conseguido esquivar limpiamente a aquel que tantos quebraderos de cabeza le ocasionaba. Pero sabía que tres días era demasiado tiempo y que no tardaría mucho tiempo en verlo y tener que afrontar la situación.
En aquellos tres días, su cabeza no había parado de funcionar incluso dormida. La primera noche soñó que Malfoy de nuevo la acorralaba, esta vez entre las estanterías, y que volvía a besarla de una manera más brusca y hambrienta que la otra vez y que ella le correspondía con mucho entusiasmo.
Ella había decidido evitarlo pero sabía que en el fondo, a una parte de su ser le encantaría verlo para saber si estaba tan perturbado por aquel beso como ella.
No había dejado de pensar en millones de explicaciones para que él decidiera besarla de aquella manera pero eso se convertía en un serio problema al ni siquiera saber porqué ella lo había correspondido.
Sabía que tenía coincidir con él y tenía la corazonada de que sería inminente y al día siguiente pudo comprobar cuan cierta era esa intuición.
Después de comer Hermione se encontraba en la biblioteca, cómo venía siendo costumbre desde que se encontraba en aquella casa. Había movido uno de los dos sillones que se encontraban frente al fuego y lo había llevado hasta uno de los rincones de la habitación, resguardada por un par de estanterías. Se negaba a tener que dejar de visitar su lugar favorito solo porque Malfoy también lo hiciese, allí estaba lo suficientemente resguardada como para que si él entrara no la viera.
Ya había pasado una hora desde que se encontraba allí sentada, enrollada en una gruesa manta para combatir el frío, enfrascada en aquella lectura. Pero un sonido la desconcentró y alzó la vista. Le había parecido oír la puerta abrirse pero no había oído nada más, ni la puerta cerrándose ni pasos en el interior de la biblioteca. Después de unos segundos más en alerta y sin oír absolutamente nada decidió volver a su libro creyendo que habían sido imaginaciones suyas, pero nada más lejos de la realidad.
-Eres una Gryffindor de pacotilla Granger, estás deshonrando a los de tu casa.
Esa voz. Esa voz que arrastraba las palabras y que siempre llevaba aquel matiz de burla. No podía creer que la hubiese encontrado, seguro que la había espiado y había esperado el momento oportuno para entrar. Despegó la vista de su libro y la clavó en el chico rubio que se encontraba a unos metros de ella.
-No me importa lo más mínimo tu opinión Malfoy- le soltó mordazmente mientras se apresuraba por recoger sus cosas y salir de la habitación.
-¿De nuevo huyendo Granger?- está vez la voz estaba más cerca y cuando Hermione se levantó del sillón pudo comprobar que Malfoy le estaba cortando el paso, evitando su huída.
-Yo no huyo de nada- le dijo la chica con el mentón alzado- Sólo que tu presencia me molesta terriblemente.
Una risotada cargada de ironía salió de la garganta del rubio.
-Admítelo Granger, llevas evitándome desde que ocurrió aquello- no hacía falta que especificara que era aquello porque ambos lo sabían perfectamente- ¿Tienes miedo de que se vuelva a repetir? ¿Acaso la puritana Hermione Granger teme que no sea capaz de controlarse?
Ante esas palabras Hermione no pudo evitar sonrojarse hasta la raíz del pelo, ¿cómo tenía el descaro de decirla esas cosas? Pero lo que más la enfurecía era que no había dicho ninguna mentira.
-No volverá a ocurrir Malfoy, aquello fue un completo error- dijo con la mayor entereza posible.
-Te veo muy segura de eso Granger- le habló el rubio con aquel tono de voz grave y sugerente empezando a acortar la distancia entre ellos.
Al ver el avance del chico Hermione sujetó el grueso libro contra su pecho escudándose tras él.
-No te acerques Malfoy- le dijo en tono amenazante.
-Vamos Granger, la otra vez también te negaste en un principio pero luego no te oí quejarte.
Cada vez el espacio entre ellos era más pequeño, haciendo que el aroma mentolado del rubio volviera a rodearla por completo. Su razón ya comenzaba a nublarse y lo único que la separaba de su enemigo era el grueso tomo que sujetaba contra su pecho. Lo que más le molestaba era que a una pequeña parte de ella le encantaría volver a sentir aquellos labios sobre los suyos pero su parte racional que aún sobrevivía la incitaba a huir de allí, que ella no estaba preparada para mantener ningún tipo de relación con alguien como él y que no sería capaz de no implicarse sentimentalmente.
-En serio Malfoy, apártate- el tono que usó esta vez era mucho más suplicante que el anterior.
Y fue por ese tono de súplica que Draco frenó y se quedo quieto a unos centímetros de ella. No sonó a la fuerte y decidida Hermione Granger que lo amenazaba como minutos atrás, sino a una Hermione Granger que se veía desprotegida y débil. Eso hizo que un sabor amargo se instalara en él, ¿le tenía miedo? Él podía ser muchas cosas, lo reconocía, pero jamás forzaría a una chica.
-¿Me temes?- dijo en un tono de voz impersonal- ¿Qué clase de monstruo te crees que soy?- ahora esa estupefacción inicial fue sustituida por la incipiente ira.
- Por supuesto que no te temo- dijo la chica recomponiéndose de su muestra de debilidad anterior.
-¿Entonces a que ha venido ese tono de súplica? Nunca forzaría a una chica.
-Yo no he dicho nada de eso…-¿por qué intentaba justificarse?
-Puede que no lo dijeras Granger pero en el fondo es lo que crees.
Y muy enfadado abandonó la habitación dejando a una muy sorprendida Hermione.
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Los días pasaron y ahora el que evitaba por completo al otro era Malfoy, bueno quizás la palabra exacta no era evitar, sino ignorar. Malfoy continuaba moviéndose a sus anchas por la casa sin ningún tipo de reparo solo que cuando se encontraba con Hermione la ignoraba completamente. Ni una sola palabra, ni gesto, ni siquiera una mirada, como si fuera invisible. Y eso empezó a molestarle a Hermione.
La chica llevaba con ella dos tipos de sentimientos, odio por sí misma y tristeza. Debería no importarle absolutamente nada lo que él decidiera hacer o no hacer, pero no era así. Al principio le era indiferente pero ahora estaba completamente desquiciada, le molestaba y le dolía a partes iguales que Malfoy la tratara así. Si realmente el supiera el motivo de su temor, a lo mejor no hubiese reaccionado así, ¿o sí?
Y además se odiaba a sí misma por encontrarse en esa situación, ¿desde cuándo a ella le molestaba esa renovada paz que el rubio le otorgaba?
Maldita sea.
Necesitaba que las cosas volvieran a la normalidad o si no se volvería completamente loca.
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Puede que estuviera actuando irracionalmente, algo que él no hacía nunca, pero le daba igual. Granger le había dado en su jodido orgullo y eso le molestaba. Vale que en los últimos años su actitud con ella no fuera la mejor esperada pero de ahí a creerlo un acosa mujeres había una gran diferencia.
Estaba haciendo un gran esfuerzo por no decirle un par de cosas a la chica cada vez que se la cruzaba por la mansión. La única cosa buena que le sacaba a esta situación era la mirada que le dedicaba Granger últimamente, apostaría su varita a que empezaba a molestarle que la ignorara. ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Si seguía así puede que un día de estos fuese ella la que fuese tras él obligándolo a hablar con ella.
Y no tardó mucho más tiempo en saber que sus conjeturas acabarían siendo ciertas.
oOo
No tenía noción ninguna del tiempo, ¿era lunes? ¿O martes? Ni idea, lo único que sabía que estaban a mediados del mes de Noviembre, que hacía un frío de los mil demonios y que Malfoy llevaba cerca de una semana ignorándola como si fuera invisible. Y además Harry y Ron estaban de un humor de perros y no se podía tener una conversación civilizada con ellos y todo por culpa de aquel enclaustramiento al que los tenían sometidos.
Se estaba volviendo loca, completamente loca. Después de muchas horas de insomnio y dolores de cabeza había decidido abordar a Malfoy y pedirle una explicación, al igual que él se la exigió hace semanas.
Él único sitio donde no podrían ser interrumpidos por nadie era la biblioteca, era el único sitio de la mansión que sus amigos jamás pisarían por voluntad propia. Y la hora perfecta era después del almuerzo, Ronald con la barriga llena se resistiría a subir las escaleras por lo que las posibilidades de ser encontrados eran prácticamente nulas.
Tal y como había planeado, se dirigió a la sala justo después de comer y se perdió entre las estanterías para hacer tiempo mientras que el rubio decidiera ir allí o no. Después de media hora y cuando creía que el susodicho no aparecería, oyó el sonido de la puerta abriéndose y no le hizo falta asomarse para saber que era él. Sus pasos eran silenciosos y se movía con sigilo cómo buena serpiente que era. Lo oyó dirigirse directamente hacia el sillón frente a la chimenea y poco tiempo después dejó de oír sus pasos por lo que supo que se había sentado.
Ahora que lo tenía donde quería, los nervios empezaron a hacer de las suyas. Ya no tenía tan claro eso de abordarle, y mucho menos pedirle una explicación. Podía ser muy cruel con ella y lo que menos le apetecía era escuchar sus insultos.
-Eres una Gryffindor de pacotilla Granger, estás deshonrando a los de tu casa.
Casi pudo oír las palabras que le dijo hacía ya unos días. De Gryffindor de pacotilla nada, iba a afrontar la situación.
Haciendo acopio de todo su valor salió de entre las estanterías y se dirigió hacia él con el mentón bien alto.
-Malfoy- dijo cuando llegó a su altura y como era de esperar él hizo como si no hubiese escuchado nada.
-No puedes ignorarme eternamente- volvió a insistir.
Nada. El chico parecía una estatua de mármol a excepción del movimiento de sus ojos siguiendo la lectura.
-Al final va a resultar que el cobarde eres tú- plan B, atacarle a su ego.
Bingo.
Lentamente el chico levanto su mirada del libro y la clavó en ella. Hermione estuvo tentada de retroceder y salir pitando de allí porque la mirada que le devolvía era fría como el hielo. Durante unos segundos se quedaron en silencio, solo observándose intentando descifrar lo que decían sus ojos. Pronto, ella se dio por vencida al saber que la mirada del otro era completamente inescrutable asique decidió romper ese silencio.
-¿Por qué tienes esa actitud ahora conmigo? ¿Acaso no recuerdas todo lo que he hecho por ti?- sabía que no era un buen comienzo echarle en cara nada pero su orgullo estaba dañado y esa era la única forma de curarlo.
-¿Qué actitud se supone que estoy teniendo contigo?- respondió él con una calma, que en el fondo no sentía, sin cambiar ni un ápice su mirada.
-¿Qué qué actitud estás teniendo? ¿Te parece poco que me estés ignorando?- la chica empezaba a perder los estribos.
-Creo que es lo justo.
-¿Lo justo? ¿Justo por qué?
-Cruzaste la línea al creer que sería capaz de forzarte a nada- Hermione pudo percibir la molestia que aquello le provocaba.
-Yo jamás dije nada de eso- repuso exasperada- Tú solo lo diste por hecho.
-¿Por eso estás aquí? ¿Vas a explicarme porque prácticamente me suplicaste que me alejara de ti?
Una pequeña parte de Draco se sentía feliz al saber que ella no soportaba aquella situación y esperaba expectante una respuesta coherente por parte de ella. Hermione se tensó, por supuesto que no pensaba decirle nada.
-Por supuesto que no pienso decírtelo- pero al ver que él iba a volver a hablar añadió rápidamente- Pero no creo que seas ese tipo de personas, si no ¿crees que estaría aquí?
Mierda, mierda y mierda. Maldita sea. Estaba dejando ver demasiado sus sentimientos, ¿qué iba a pensar él ahora? Hermione temblaba de pies a cabeza y no tardó mucho tiempo en ponerse completamente roja. Mientras Draco disfrutaba de la situación, pero no solo por como la chica se ponía nerviosa sino porque un sentimiento cálido se agazapó en su interior al poder leer lo que ella le dejaba entrever. Ahora sabía que Granger no pensaba eso de él, lo cual le quitaba un peso de encima. Pero ahora tenía un nuevo tema que añadir a sus largas horas de pensamientos, ¿desde cuándo a él le importaba tanto lo que ella pudiera decir?
-Dime entonces porque estás aquí.
-Quería una explicación por tu comportamiento, eso es todo-respondió altiva.
-Pues ya la tienes ¿no? Ya está todo solucionado, ¿algo más?
-No, eso es todo. Adiós Malfoy- respondió orgullosa y se dio media vuelta dispuesta a salir de la biblioteca con una pequeña sonrisa adornando su rostro y sin saber que el chico al que dejaba atrás tenía otra muy similar a la de ella.
Primer beso que escribo, por favor decidme que les pareció y que tengo que mejorar lo agradecería muchísimo. Háganme saber todas sus opiniones y críticas que yo muy gustosamente tendré en cuenta!^^
Y como este ha sido el capitulo número diez y estamos de aniversario, os regalo a un Draco que os acorrale contra la despensa de la cocina y….bueno, lo demás lo dejo a vuestra imaginación. Os adoro!
