Mente frágil
Capítulo 10
Abrió lentamente sus ojos, demostrando en esa acción que no tenía ganas de despertar. Estaba extrañamente cómodo. Normalmente, no era tan confortable dormir en el suelo de su habitación.
Mientras recuperaba la consciencia, notó que estaba envuelto en lo que parecían ser sábanas.
La confusión fue grande.
¿Había dormido en una cama?
Pero eso significaría que…
Con gran sorpresa se quedó mirando sus alrededores. Después de unos momentos, una sonrisa se hizo paso en sus labios.
Su psiquiatra debía de tenerle bastante confianza como para permitirle dormir ahí. Podría salir si quisiera, escapar. Cuántas veces había querido salir de ese lugar. Quizás si antes se hubiera presentado esa oportunidad, la habría tomado.
Ahora, sin embargo, no quería más que quedarse ahí.
Empero, un ruido llamó su atención.
Intentó moverse para quedar en una posición más cómoda, que le permitiera observar quién o qué había causado el ruido. Lo único que logró, en cambio, fue que un quejido escapara de su boca. Claro, cómo lo había olvidado, el bastardo no había utilizado ningún tipo de lubricante la noche anterior.
Pero ya estaba acostumbrado. El dolor era molesto, pero había aprendido a ignorarlo.
-Puedo darte algún medicamente para el dolor- Esta vez, al identificar esa voz, logró darse la vuelta.
Su psiquiatra estaba ahí. Obviamente, acababa de darse un baño. Estaba completamente vestido, pero su cabello húmedo lo delataba. Y no iba a negar, que se veía muy bien así.
-No es necesario. Ya estoy acostumbrado- respondió.
-Como quieras-
-¿Dormimos en la misma cama?- preguntó de pronto y con humor el ojirubí. Su sonrisa aumentó cuando miró cómo su psiquiatra se molestaba ante la pregunta.
-Por supuesto que no- contestó de inmediato el ojiazul. Traer a su paciente a su habitación había sido un suficiente ejemplo de falta de ética.
Así que se había quedado casi toda la noche sentado frente al escritorio, dándole vueltas en su mente al caso de Yami. Hasta que por ahí de las tres de la mañana, finalmente sucumbió al cansancio y se quedó dormido sobre los muchos papeles que habían sobre el escritorio.
Claro, gracias a eso, había despertado con un molesto dolor de espalda.
Alzó una ceja, sintiéndose casi perturbado, cuando miró cómo su paciente hacía un puchero.
Realmente no quería saber en qué estaba pensando el ojirubí en ese momento.
-Iré a hablar con el director. Puedes darte un baño si lo deseas- informó. Debía encargarse finalmente del asunto del famoso demonio. Solo esperaba que el director no le diera otro de sus sermones, ésta vez del por qué no tenía que haber llevado a su paciente a su habitación, o quizás del por qué no debió de haber golpeado al guardia hasta dejarlo inconsciente.
El menor se notó sorprendido. ¿Le tenía el ojiazul la confianza suficiente como para dejarlo solo?
Sonrió entonces, de manera burlona. Esto se ponía cada vez más interesante.
-Está bien- aceptó. Y solo para tomar desprevenido al castaño, pronunció algo más. –Te extrañaré, Seto-
Estuvo a punto de reír, cuando miró la mueca perturbada que el ojiazul mostró.
No dijo nada más. Solo esperó a que el sonido de la puerta al cerrarse se escuchara.
Cuando eso sucedió, decidió salir de la comodidad de aquella cama.
Después de todo, se sentía sucio. Un baño, por lo tanto, sonaba bien.
Además, la idea de bañarse sin que nadie lo estuviera viendo era bastante positiva. De hecho, el solo estar en una habitación sin vigilancia era casi milagroso. Se sentía como un pájaro liberado de su jaula.
No pudo dejar de sonreír, durante el camino hacia el baño. Hacía mucho que no sentía así, libre. Y aunque quizás ese mismo día volvería al encierro, tenía esos minutos para disfrutar de esa sensación que todas las personas de afuera tenían. Esa sensación que él mismo había tenido antes de lo llevaran a ese hospital.
Nadie lo estaba viendo en ese momento. Ni siquiera él.
Se quitó la bata y se metió a la ducha. Cuando el agua cayó, no pudo evitar dejar escapar un gemido complacido. Agua caliente. Hacía mucho tiempo que no se bañaba con agua caliente.
En ese hospital, lo obligaban a bañarse con agua helado, que en contadas ocasiones se entibiaba un poco.
Aún así, no estaba del todo cómodo. Siempre que se bañaba, su mente comenzaba a recordar.
No quería recordar. Pero su mente se mandaba sola, no necesitaba permisos. Si ella decía que debía recordar, recordaría.
Inconscientemente, se fue dejando caer, resbalando su espalda contra la pared. Así, terminó sentado en el piso de la ducha.
Sus ojos se volvieron distantes. Ante ellos, la habitación pareció cambiar. Pero eso no importaba, no importaban los detalles, sino el sonido de la puerta al abrirse, y los pasos que le siguieron a dicho ruido.
Conocía de memoria el sonido de esos pasos. Odio y amor, sentía algo que podría estar en medio de ambos sentimientos.
-Has estado ahí por horas- Un escalofrío recorrió su cuerpo.
-"No te acerques, no te acerques"- se repitió en su mente. Pero el miedo comenzó a inundarlo, cuando volvió a escuchar el sonido de esos pasos.
-Lindo Yami, ¿qué te molesta?- La pregunta solo logró aterrarlo más.
-No te preocupes, no voy a intentar ahogarte como en aquella ocasión. Tienes que entenderlo. No podía creer que me hubieras desobedecido. Pero todo está perdonado-
Solo entonces notó, que se encontraba dentro de una tina, y no de una ducha. Una tina llena de agua. Una tina, donde casi había muerto ahogado.
Cerró su puño derecho, solo para darse cuenta de algo. Ahí sostenía el mango de un cuchillo.
No quería sonreír, pero lo hizo.
-Confórtame… por favor- Era su voz, pero al mismo tiempo no era. De pronto, se convirtió en un simple espectador. Su boca se movió sola, su cuerpo entero parecía tener voluntad propia.
Más pasos, pasos que se acercaban.
-Siempre has sido así. Como un niño inocente, necesitado de amor-
Podía sentir la respiración sobre su oreja. Estaba demasiado cerca.
Dos brazos lo rodearon.
Había llegado la hora.
No supo nada más después de eso, solo que había sentido cómo el cuchillo en su mano atravesaba algo duro y suave al mismo tiempo.
Supo que gritó, de desesperación o tristeza, eso no lo sabía.
Supo que un líquido rojo cayó sobre su rostro.
Supo que lloraba.
Solo supo, que al abrir sus ojos volvió a encontrarse en una ducha.
Los recuerdos nunca se irían.
Abrazó sus piernas, y miró al vacío.
-¿Quién me protegerá del más oscuro y terrible?- murmuró, con pesar en el corazón. Cerró los ojos y permitió que una lágrima solitaria cayera. -¿Quién me protegerá de mí mismo?-
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-¿Qué quiere decir?- preguntó el ojiazul revelando en su voz rastros de incredulidad. Sabía bien por dónde iba el asunto.
-Ya se lo había dicho, joven Kaiba. Yami Motou es quizás el paciente más manipulador que ha tenido este hospital. Por favor no malentienda mis palabras, cuando digo que existe la posibilidad de que todo esto haya sido planeado de antemano- expuso el hombre, mostrándose ciertamente consternado.
Seto Kaiba no era una persona que mostraba fácilmente sus emociones. Pero esta vez, la sorpresa fue fácil de leer en sus facciones. El director quería decir que Yami… ¿había planeado todo? ¿Todo lo referente al demonio?
No podía ser. Solo alguien demente haría tal cosa.
-Mírelo desde este punto de vista. El paciente está solo ahora, sin ningún tipo de vigilancia. Entiendo claramente que cualquier humano con consciencia y emociones habría hecho lo mismo que usted. Ayudar a la víctima es una reacción humana completamente normal. Todos sabemos eso, inclusive un paciente mentalmente perturbado- prosiguió el mayor. –Un paciente, que claramente quiere escapar del confinamiento en el que se encuentra-
La última afirmación pareció caer como un balde de agua fría sobre el castaño.
Quizás en la mayor parte de los casos no había estado de acuerdo con el director. Empero, esta vez no iba a negar que sus palabras tenían sentido. De hecho, parecían completar un rompecabezas que ni siquiera sabía que existía en los rincones de su mente.
Tenía sentido, ¿cierto? El loco engaña al psiquiatra. El loco está solo en una habitación sin vigilancia.
El loco escapa.
Si hubiera estado solo en ese momento, habría sacudido la cabeza para alejar esos pensamientos.
Él había visto a Yami. Solo él había presenciado su reacción. Él había visto aquella expresión de angustia en el rostro de su paciente.
Fue él quien engañó al joven para que confesara que era inocente.
Yami no había planeado aquello. Su paciente no estaba poniendo en práctica un juego tan retorcido.
-Le pido que regrese a su habitación, joven Kaiba. Si el paciente no está ahí, por favor avísele de inmediato a los guardias- la voz del director lo sacó de sus pensamientos.
-Va a estar ahí- profirió con extraña firmeza. Yami no lo había engañado. Un simple paciente manipulador no era más inteligente que él.
Se dio la vuelta. Dio dos pasos y se detuvo.
Miró por sobre su hombro al director.
-Lo llevaré a los jardines hoy- anunció. No estaba pidiendo permiso, simplemente estaba informando.
Un suspiro de resignación resonó por toda la oficina.
-En otra ocasión, me habría opuesto terminantemente a una idea como esa. Pero si su paciente no ha escapado, he de suponer que el abuso que sufrió no fue consensual. Lo mínimo que puedo hacer para enmendar la situación es no oponerme- afirmó. Subió entonces la mirada, que había desviado segundos atrás hacia la superficie del escritorio. -Sin embargo, le pido que use la gabacha mientras esté afuera. Por seguridad, todo paciente problemático debe estar acompañado por un médico cuando se encuentre en los jardines. Es necesario por lo tanto que usted se identifique como uno- explicó.
El ojiazul simplemente se limitó a asentir. Al menos, el director parecía finalmente estar aceptando que se habían cometido graves errores con Yami Motou.
-Asegúrese de que ese hombre no se vuelva a cruzar por mi camino. No le gustará el resultado que verá si eso sucede-
-Descuide joven, me encargaré de ese asunto. No volverá a ver a ese guardia- afirmó el de mayor edad.
Después de esas palabras, el ojiazul salió del lugar, dejando escapar el enojo con el azote de la puerta.
Tan pronto estuvo solo, el director se llevó una mano a la frente y la masajeó en un esfuerzo por aclarar en su mente todo aquel asunto. Claro, siempre había problemas con Yami Motou. Pero considerando que el ojiazul había tomado el caso poco tiempo atrás, eran numerosos y repentinos los conflictos que se presentaban.
Era bastante curioso que el paciente comenzara a dar tantos problemas exactamente cuando se le asignó un nuevo psiquiatra.
Desde el principio había insistido en que el hijo de Gozaburo era demasiado joven como para hacerse cargo de un caso tan complicado.
Aunque claro, estos problemas fácilmente podrían indicar que el ojiazul estaba avanzando. Sin embargo, y conociendo a Yami Motou, podrían también ser resultado de sus juegos de manipulación.
Él conocía bien al ojirubí. Él había estado ahí cuando el menor llegó por primera vez al hospital. Cabe decir que el joven parecía más un cadáver que una persona que aún respiraba, y que su semblante era casi aterrador y propio de un maniático.
No tenía caso negar, que las habilidades de este paciente en particular para engañar y manipular eran sorprendentes. No dudaba de que como abogado defensor, Yami podría lograr que declararan inocente a un asesino serial, sin importar cuantas pruebas presentara la fiscalía. En ocasiones, parecía que el menor podía leer la mente de las personas.
Por eso estaba preocupado. Él era un amigo cercano de Gozaburo desde hacía años. Por lo tanto, estaba más que enterado acerca de la muerte del único hijo biológico de su socio.
Y además, también conocía las circunstancias en las que se había dado esa muerte.
Viendo la situación desde un punto de vista psiquiátrico, era bastante obvio que la frialdad y hasta rabia que mostraba el ojiazul casi todo el tiempo, estaba estrechamente entrelazada con aquel trágico evento.
Lo había notado desde mucho antes de que el castaño siquiera entrara a la universidad. Cuando iba de visita a la lujosa casa de Gozaburo, era común ver a Mokuba acompañado de amigos. Según le había dicho su socio, Mokuba hablaba más al teléfono que un gerente de una trasnacional. Algo bastante normal en un niño que entraba a la adolescencia.
Con Seto, en cambio, era otra historia. El joven permanecía casi todo el tiempo encerrado en su habitación. En ocasiones, hasta pedía que le llevaran ahí la cena. Si bien no tenía nada de malo que a una persona le gustara pasar tiempo sola, el comportamiento tan al extremo antisocial del ojiazul era preocupante. Y si salí, lo hacía con su hermano, o solo.
El joven era inteligente, no tenía caso negar eso. En más de una ocasión lo había dejado sin argumentos.
Sin embargo, un trauma tan grande como el de ver a una persona morir en esas circunstancias era muy serio. Eso sin mencionar, que también existía la secuela que había dejado el incendio en el que murieron los padres del castaño.
Y aunque Gozaburo aseguró que el ojiazul estaba en perfecto estado como para atender a un paciente problemático, él, quien veía al castaño durante su trabajo, podía notar que el caso comenzaba a afectarle. El solo hecho de haberse olvidado de algo tan simple como la ética profesional, dejando así que un peligroso paciente durmiera en su habitación, decía mucho.
Y aunque no comentó sobre eso, puesto que no tenía ánimos de pelear nuevamente con el ojiazul, consideraba las acciones del castaño como riesgosas.
Verdaderamente, estaba preocupado por la salud mental del joven psiquiatra.
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A pesar de que había estado convencido de que Yami no había escapado, una oleada de alivio lo inundó cuando, al entrar a la habitación, encontró sus ojos con los carmesí de su paciente.
El menor se encontraba sentado en el borde la cama, con sus piernas balanceándose ligeramente. El joven no era muy alto, después de todo.
-Volviste- susurró el ojirubí, casi con alegría. Parecía un pequeño niño travieso así. Era bastante… perturbador.
-No es como si pudiera irme para siempre. No tengo tanta suerte- el comentario sarcástico salió de forma no intencional. Lo pensaba, claro, pero no era debido decirlo. Sin embargo, su boca pareció tener otra opinión.
El menor sonrió, ladeando la cabeza hacia la izquierda.
-Pensé que te gustaba ser mi psiquiatra- murmuró con fingida inocencia.
Para el ojiazul fue bastante obvio, que su paciente se estaba divirtiendo bastante con la presente situación.
-¿Qué fue lo que vi anoche?- cambió el tema. Aunque no creería algo tan disparatado, las palabras del director lo habían puesto a pensar. ¿Qué fue exactamente lo que vio en aquella habitación?
El semblante de Yami de inmediato endureció. Tanto así que sus ojos estuvieron muy cerca de mostrar el típico brillo insano.
-Lo viste violándome. Eso viste- dijo eso con extraña seriedad.
-¿Es eso cierto o es lo que quieres hacerme creer?- preguntó el ojiazul, mostrando desconfianza. De pronto, las palabras del director tomaban más sentido. El solo cambio en el semblante de Yami dejaba mucho que desear.
El ojirubí rió por varios segundos.
-¿Quieres saber la verdad? Bien… fue consensual. De pronto sentí ganas de que alguien me violara. Me gusta el dolor, ¿lo sabías? ¿Y sabes qué más? Mi psiquiatra anterior, yo hice que me golpeara. Lo obligué a hacerlo. ¡Porque quizás soy un maldito masoquista!- exclamó, con aparente indignación. -¿Es eso lo que querías oír?- preguntó luego.
El ojiazul suspiró, resignado. Aún tenía sus dudas, pero se las reservaría por el momento.
-No escapaste, teniendo la oportunidad de hacerlo. Sé lo que vi. Y si no era real… eres un buen actor- afirmó.
Ante la mirada atenta del ojirubí, caminó hacia un perchero que estaba cerca.
Su gabacha siempre estaba ahí, aunque no pensó que algún día la necesitaría.
Yami, tan pronto comprendió las acciones del castaño, habló.
-¿Eres un médico ahora?- La pregunta iba teñida con enojo.
-Soy un médico. El hecho de usar o no una simple gabacha no me hará menos médico que todos los demás- profirió el ojiazul. –Pero imagino que no tendrás inconveniente… si te digo que si me pongo la gabacha podré llevarte a los jardines-
Estuvo cerca de mostrar una sonrisa socarrona, cuando de reojo notó cómo el semblante de Yami se iluminaba.
Era como darle un dulce a un niño.
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Magi: terminé! Estoy a punto de llorar T.T Finalmente he podido actualizar. Sí, se suponía que debía actualizar primero "Flor de loto", pero no tienen idea del estrés que tengo con ese fic. He escrito tres veces el capítulo y con ninguno estoy satisfecha Y.Y Pero no voy a abandonar ese fic! Simplemente, tengo un enorme bloqueo. Ténganme un poquito de paciencia.
Volviendo a este fic, en un review me preguntaron que cómo Yami sabe el nombre de su psiquiatra. En el primer capítulo, Yami le pregunta a Seto que quién es él. Ahí, él le dio su nombre. Por eso Yami sabe que su psiquiatra se llama 'Seto' n.n
Y como querían ver a Seto con gabacha, ahí lo tienen! xD Y en el siguiente capítulo tendrán mucho más tiempo para admirar a Setito así. Y quizás, en el siguiente capítulo haya un poco de SetoxYami. UN POCO, conste. No es seguro, pero ya veremos. Por el momento, el tema del romance será bastante sutil.
Por cierto, me siento bien sabiendo que piensan que Seto está IC. He intentado no hacer que nuestro ojiazul se salga de su personalidad original. Es bastante difícil, pero me alegra saber que lo he hecho bien n.n
Otro asunto que plantearon en un review, sobre otro de mis fics. Realmente el puzzleshipping ya no es lo mío. Esa es una de las razones por las que no he podido sentarme a reescribir mi fic "Hermoso Amanecer". Créanme, lo he pensado, y ya varias personas me han propuesto que lo vuelva a subir. Y por supuesto que me gustaría darle una conclusión. Pero por el momento, mi prioridad es terminar "Flor de loto" y este fic.
Agradecimientos a kalhisto azula, Chris M Black, niko-chan, Yami224, Elsa Agabo, Azula1991, Sunako-Raven, Chiyo Asakura, DarkYami Motou, Akia-Usagi, Cordobesita-azul, Natsuhi-san, Kimiyu, ERIAxDMG, DiAnItA LiNdA, AelinCeleb, Atami no Tsuki, bijutsu-tobidei-chan por sus reviews! Muchísimas gracias por sus comentarios n.n Me alegra que les guste este fic y me disculpo por toda la espera que les he hecho pasar. Lo mismo va para quienes leen "Flor de loto". Estoy haciendo lo posible por actualizar.
Espero que les haya gustado este capítulo.
Hasta la próxima.
Ja ne
