Disclaimer: Victorious y sus personajes no me pertenecen.
Pasó el cordón por el último orificio y apretó fuertemente antes de hacer el nudo final. Estaban tan ajustadas que casi cortaban la circulación, pero se sentía tan bien estar dentro de ellas, era relajante volver a su ropa negra, al cabello suelto y desarreglado, al maquillaje fuerte y a sus botas rojas… sus hermosas botas rojas.
—Cariño, ¿vas a salir? —preguntó Amanda, viendo a su hija arreglándose en su habitación después del trabajo.
—No, solo quería sentirme normal.
—Te entiendo tanto —lo primero que pienso al llegar de la oficina, es quitármelo todo y andar por la casa con mi pijama y un buen libro.
—Odio el uniforme. Odio ese trabajo.
La madre miraba a su joven hija abatida, lo había hablado varias veces con su ex-esposo durante los últimos días. Jade necesitaba volver a lo suyo, este empleo la estaba destruyendo de a poco.
—Corazón, ¿no has pensado tal vez, en… volver al Café?
—¡No! —dijo cortante, desinflándose de a poco con resignación—. Hoy… hoy vi a Vega. Me dejó una carta de los chicos.
—Y… —su mamá dudaba de preguntar. Ese nombre había quedado terminantemente prohibido, pero ella había sido quién lo trajo a colación; haría el intento—. ¿Cómo está?
—Triste… creo.
—Sé que no quieres hablar sobre lo que pasó, pero…
—No, no quiero… no todavía mamá, déjalo.
—Está bien —respondió entendiendo que su hija necesitaba algo de espacio aún—. ¿Y leíste la carta?
—Sí… No quería, pero no pude evitarlo.
Su bebé tenía esa carita de nostalgia a la que no se podía resistir, le robó un beso y un corto abrazo antes de que ésta la hiciera a un lado, molesta.
—Apuesto a que te quieren de regreso en el Café.
No apostaré algo que claramente perderé —dijo arreglándose un poco la ropa del estrujón de hace un momento.
—¿Por qué no vas a verlos, cariño? Hoy es viernes, hay concierto, ¿no?
—Sí, toca una banda bastante conocida, seguro el lugar va a estar repleto.
—Anda y distráete. Te hará bien salir de tanta rutina.
Jade la dio la razón y se apresuró a tomar su chaqueta de cuero, su billetera y las llaves de su auto para ir al recital.
Después de la visita de Tori esa tarde a su nuevo lugar de trabajo —porque no podía llamarle a ese hueco, oficina—, se sentó a leer lo que sus ex-compañeros de trabajo le habían escrito. Era una foto de todos en el club con una calcomanía de troll face sobre la cara de Tori y un papel que contenía una corta frase.
«Regresa, engendro del mal».
Se notaba que ellos estaban de su lado en todo esto, que no sabían qué había pasado y desaprobaban lo que había hecho su amiga. Simple, pero preciso: te queremos y estamos contigo, vuelve.
Le había causado melancolía; después de más de un mes de verlos a diario, salir con ellos a hacer locuras por la ciudad, conversar de estupideces en los recesos y mensajear los fines de semana, esta semana y media había sido el mismísimo infierno.
Además, lo que había dicho Tori era cierto. Muchas veces le repitió que no tendría un bebé, un par que no estaba embarazada. Ella fue la que decidió no creerle, no hacerle caso, pensar que se trataba del aborto y cometió el error de ponerse en el lugar de un bebé que no existía, de intentar salvarlo, como si tratara de ella misma.
Aún así, seguía molesta con su amiga, no tanto por la mentira del bebé, sino por ocultarle que era gay. Algo que ella jamás pensaría que es razón de burla. Que lo gritaría a los cuatro vientos, por supuesto, Tori le gustaba lo suficiente como para alejar a cualquiera que quisiera algo con ella, pero no se burlaría, sobre todo porque no le gustaría que por lo mismo se burlaran de ella.
Llegó y no era para menos la sorpresa que se llevó. La banda que había contratado hace un par de semanas —antes de renunciar—, había llevado a tanta gente hasta el Café que habían tenido que montar un escenario en el parqueadero y cerrarlo por la noche para que la gente pudiera estar cómoda.
Estacionó su auto a un par de cuadras y caminó hacia el lugar. Encontrar a sus amigos se le hacía una tarea casi imposible, mucho menos cuando los músicos comenzaron a tocar.
El ruido de la gente, los saltos, los empujones y los gritos desaforados, se sentían como una explosión. No sabía si agradecer ya no estar ahí para coordinar ese evento o si hubiese amado hacerlo… No, olvídenlo. Definitivamente lo habría amado, así le hubiera costado la vida. Todo era mejor que sacar copias en la boca del infierno.
Se detuvo un instante al llegar a la puerta trasera y respiró hondo virando la manija. Solo esperaba que Tori no estuviera ahí, aunque no tenía porque, le había dicho que ya no trabajaba en el Magic Box. Jade, simplemente, no estaba lista para verla aún, necesitaba procesar su ira o esperar a que pasara algo más grande que la haga preguntarse ¿por qué estar enojada con la chica que le gusta, era tan importante?
—¿Jade? —exclamó Julia al verla y los otros dos chicos que se encontraban en la sala de empleados dieron vuelta para encontrarse con el mismísimo Gasparín que tanto extrañaban. La preocupación de sus rostros se transformó a una sonrisa.
—No se les ocurra abrazarme —les advirtió Jade, poniendo una mano al frente, marcando más la expresión en sus rostros.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Cami— No quiero decir que no estemos felices de verte, pero… no esperábamos que vinieras.
—Quería a agradecer la carta —respondió cerrando la puerta a sus espaldas— y visitarlos un rato, conversar o algo.
—¿La carta? —preguntó Theo mirando a sus dos compañeras.
—¡No! —se lamentó Julia, caminando apresurada a su casillero, encontrándolo completamente vacío— ¿La foto? ¿Esa carta?
—Sí. Vega me la dio hoy cuando fue a verme en el lobby de papá…
—¡¿Viste a Tori?! —preguntaron al unísono, alarmados, sorprendidos y con muchas preguntas, ¿para qué había ido a verla y por qué se llevó la carta que se suponía que ni siquiera sabía que existía?
—Sí, hoy en la tarde —respondió la pálida chica, observándolos confundidos.
—No debimos escribirla. —Se lamentaba Theo.
—Bueno ya lo hicimos, olvídalo, porque esa no fue la razón —dijo Julia enojada con su compañero.
—¿Pueden explicarme que diablos pasa?
—Tori salió a su break de la tarde y no regresó…
—Se fue, eso es lo que pasa… Tori se fue —interrumpió Theo a Cami de un solo golpe.
Todos en la cafetería estaban asustados, pero Nya les había encargado el local antes de salir muy apurada a casa para encontrarse con su esposa y entender que había ocurrido.
—No sabemos si se fue…
—¡Vamos, Cam! —la cortó Julia—. Tú sabes muy bien como ha pasado los últimos días, mucho más hoy que estuvo con cara de zombi.
—¡Eso no quiere decir que se haya ido!
—¿Y por qué se fue Nya como loca a su casa, dejándolo todo después de más de dos horas de buscarla?
—¡Se fue, tomó sus cosas y se fue!
—¡¿Quieren callarse por favor?! —gritó Jade, que ya no entendía nada sobre las voces de sus tres amigos—. ¿Quién sabe qué pasó?
—Nadie —contestó Cam acercándose— ¿Qué te dijo? ¿Por qué fue a verte?
—Fue a pedirme que regrese, me pidió disculpas, me entregó la carta y se marchó —respondió Jade empezado a preocuparse. Finalmente algunas cuadraban.
«Lo siento, Jade. Te juro que nunca más vas a tener que preocuparte por mí», recordaba las palabras de la latina. «Yo ya no trabajo ahí… no tendrás que volver a verme».
—¿Qué más te dijo? —le preguntó Cami tratando de entender.
—Que regrese y que no me preocupe, que ella ya no trabajaba aquí.
—¡¿Si ven?! —dijo Theo alzando la voz—. ¡Se fue!
—Voy a llamar a Nya…
—¡No Cam! Debe estar muy preocupada en este momento, no es bueno que maneje hasta aquí —respondió dirigiéndose a la puerta—. Voy directo a su casa, los mantendré informados —dijo Jade, cerrando la puerta y corriendo hacia su auto. Tori había ido a verla, no solo para convencerla que regrese, fue a despedirse.
"Diablos… diablos, diablos, diablos", pensaba dando golpes a su volante. ¿A dónde pudo haber ido? ¿Y que pasaría si no podían encontrarla? "¿Qué hiciste? ¿Qué diablos hiciste, Vega?"
Para cuando llegó a donde Nya, ya había llamado a su padres que no tardaron en hacerse presentes. Stephan West es uno de los más reconocidos abogados en las cortes de menores, seguro podría ayudar de alguna forma.
—Entonces la última persona que habló con ella fuiste tú —preguntó su padre recibiendo un movimiento de cabeza afirmativo y una explicación de lo que le había dicho. Sabía que mientras más información tuvieran, sería más fácil encontrarla.
—Nya, voy a ser sincero contigo —dijo el papá de Jade cruzándose de brazos—. Tori es muy lista. Decidió irse un viernes, antes de un fin de semana largo, seguramente porque sabe que las carreteras estarán repletas de gente durante el feriado y será difícil seguir sus pasos.
—Pero ¿eso no le complicaría salir de la ciudad? —preguntó Sophie apoyándose de su esposa.
—En este caso no, estuvo por la oficina a eso de las cuatro de la tarde, lo que quiere decir que partió justo antes de la hora pico —explicó el hombre todavía muy serio y preocupado—. A esta hora puede estar en San Diego o a medio camino de San Francisco.
—¿Y si salió de California, papá? —preguntó Jade, pensando en como iban a encontrarla.
—No hija, Tori es muy lista como para hacer eso. Teniendo a un papá detective, debe saber muy bien que, si cruza las líneas del estado siendo menor de edad, el caso de su desaparición podría llegar a la policía federal, empeorando la situación.
—Tengo que ir a buscarla. Tengo que encontrarla, no puedo dejarla ir —decía desesperada su tía—. ¡Esta anocheciendo! ¿Dónde va a dormir? ¿Dónde está, Sophie? ¿Dónde está? —Se Abrazó de su esposa y se puso a llorar finalmente con todo el peso del mundo encima—. Tengo que encontrarla.
—Hay otra cosa de la que tenemos que hablar antes de salir a buscarla —mencionó aún más serio Stephan—. Tori aún está bajo la custodia legal de sus padres, tenemos que dejarles saber que su hija desapareció.
—Ellos la echaron de casa y en estos tres meses, a pesar de que los hemos buscado e insistido que vengan a visitarla, no han sido capaces ni de hacerle una llamada telefónica.
—Entiendo Nya. Podríamos tratar de entablar un reclamo de custodia, por lo menos temporal, por abandono y expulsión. Pero todo dependerá del juez que logremos conseguir y si los papás de Tori están dispuestos a dejarla ir sin pelear —sugirió el abogado, explicándoles las opciones que tenían—. Pero tienen que estar conscientes que David y Holly pueden alegar que hubo descuido y falta de supervisión de su parte y hacer una contra demanda.
—¿Y qué hacemos entonces? —preguntó Sophie por su esposa que estaba demasiado alterada como para hacer preguntas.
—No es obligación ni de los padres ni de los custodios informar a la policía sobre la huida de un menor de edad, sobre todo si está cerca de los dieciocho años, como en este caso. La policía local no va a darle prioridad, no la buscarán —explicaba las circunstancias normales que él veía a diario en su trabajo—. El problema con Tori es que tu hermano es detective y el puede influenciar al departamento para iniciar la búsqueda inmediata, además de solicitar el paso de poder a los federales, si se llega a sospechar que Tori salió del estado.
—Entonces debemos llamar a David.
—Espera Nya, aún no —dijo Stephan bajando la mano de la mujer que sostenía el teléfono, lista para realizar marcar—. Creo que lo mejor es intentar buscarla nosotros este fin de semana. Recopilar información lo más pronto posible y tratar de recuperarla sin involucrar a sus padres. Así evitaremos la posibilidad de la demanda y nos aseguramos de poder conseguir un buen juez que nos ayude con la custodia.
—Pero la policía podría encontrarla antes que nosotros —dijo Nya— eso es lo más importante.
—Mira, no voy a acusar a tu hermano de nada, porque no lo conozco más que por un par de reuniones de padres de familia en la escuela, pero trabajo de esto todos los días —aclaró a la desesperada mujer—. Si David y Holly están en tal negación sobre el hecho de que su hija sea gay, podrían querer aprovechar la situación para recuperar a Tori e internarla en uno de los típicos centros de curación de la homosexualidad que existen en el país.
Esos lugares no eran legales pero se escondían bajo la bandera de campamentos y tratamientos de espiritualidad que albergaban a cientos de jóvenes que se veían obligados a negar su identidad o serían castigados severamente, manipulados mentalmente hasta llegar el colapso total y luego devueltos a sus familias completamente rotos y con depresiones que en muchos casos terminaban muy, muy mal.
Lo había visto tantas veces que no podía permitir que eso sucediera en esta ocasión.
—Lo mejor será buscarla esta noche por la ciudad. Ir a los albergues, a las estaciones de buses, hasta a los parques —sugirió rápidamente y viró su atención a su hija—. Jade, llama a Cat, pregúntale si alguna vez habló con ella sobre que haría en estos casos y toma su computadora para revisar el historial del navegador de internet.
La joven asintió y rápidamente subió a su habitación buscando su tableta digital, el celular que había dejado atrás y la laptop que usaba en casa.
Revisó todo pero Tori había tenido mucho cuidado de borrar cada archivo y hacerlos desaparecer. Hasta encontró la aplicación para eliminar por completo documentos y registros de navegación, ahí, en el escritorio de la computadora.
Su celular no tenía nada, había removido la tarjeta de memoria y lo había formateado en su totalidad.
Bajó y con un suspiro avisó que no encontró ninguna pista y que ni siquiera había encontrado su tableta.
—Eso puede ser bueno —dijo el hombre—. Podemos tratar de encontrarla con el GPS.
Llamaron a la compañía del servicio de telefonía celular y como Nya era la dueña del plan, no tuvo problemas en conseguir la información de donde se encontraba el aparato.
La dirección que les dieron estaba apenas a dos cuadras de distancia así que Sophie se dirigió a la dirección acompañada de Jade, mientras Nya se quedó en casa para tratar de dar la mayor cantidad de información al investigador privado de la firma de Stephan.
Lamentablemente, cuando llegaron a esa casa y tocaron el timbre, salió a recibirlas un joven de dieciséis años que les contó había comprado algunas cosas a una chica delgada y muy bonita, entre los que se encontraba su tableta digital, la consola de videojuegos y el mp3; había sido toda una ganga para el adolescente. Según él, Tori necesitaba el dinero con urgencia y por eso lo vendía a ese precio.
Jade y la pelirroja, regresaron a casa y explicaron lo que había acontecido. Nya ya había terminado con el investigador y todos se dispusieron a recorrer la ciudad buscándola.
Dieron varias vueltas a la ciudad. No dejaron un solo albergue sin inspeccionar, fueron a los parques y a las estaciones de gasolina acercándose a las afueras de la ciudad, pero nada, ni una sola pista de la morena.
Al día siguiente, el investigador privado se dirigió al edificio de oficinas y logró descubrir algunas cosas útiles. Al ser un lugar muy importante, tenían su propia compañía de taxis y no fue difícil encontrar al conductor que había llevado a Tori a la estación de buses.
Siguieron la pista y pudieron localizar a la persona que le había vendido el boleto, lo malo es que no recordaba exactamente a dónde, ese fin de semana había vendido boletos a no menos de quinientas personas. El siguiente paso era preguntar, por toda la estación, si alguien había visto a la latina. Dialogaron con cada uno de los conductores y asistentes del día anterior, hasta que hallaron al indicado.
La ruta empezaba en San Diego, pasaba por Los Ángeles y terminaba en San Francisco, atravesando casi todas las ciudades pequeñas. Al fin, tenían una idea de en dónde podía estarse escondiendo.
Mientras se realizaban estas averiguaciones, el papá de Jade decidió trabajar en el caso de la custodia legal para Nya. El único problema fue que aún faltaban 27 días para poder realizar la petición de cambio de custodia por abandono.
—Ha pasado un día completo —dijo Nya, completamente exhausta al regresar a su hogar al toque de las 10:39 de la mañana.
—Debemos dormir unas horas para poder salir a buscarla en los pueblos aledaños —mencionó Sophie, pero su esposa estaba demasiado preocupada y nerviosa como para irse a la cama, debía seguir intentando—. Espera Nya, ¿a dónde vas?
—Al Café —respondió tomando sus llaves y mientras se marchaba por la puerta dijo—: los chicos podrían tener alguna novedad.
Al mismo tiempo, en la casa de Amanda, arribaban Jade y su padre.
—¿Cómo les fue? ¿Alguna noticia?
—No —dijo Jade, abalanzándose a los brazos de su madre—. ¿Mamá, qué voy a hacer sin Tori? —dijo apretándola fuerte.
—Cariño… tranquila, bebé. —La consoló, iniciando un tierno vaivén de lado a lado, su hija se notaba agotada y desesperada—. Tori va a aparecer, ya verás.
—Jade, hija —le habló su padre, posando una mano en su espalda—. Trata de dormir, tenemos que emprender viaje en algunas horas, vamos.
Vencida volteó hacia su padre y le agradeció la ayuda que les estaba dando, dejando que su madre la guiara hasta su habitación, unos segundos después.
Jade no se tomó ni la molestia de quitarse la ropa. Lanzó sus botas a lo más lejos de su habitación y vio como manchaban la pared con el golpe, pero no le importó. Su impecable cuarto no le interesaba, su propia apariencia física tampoco, mucho menos su comodidad. Se tapó con un cobertor y se quedó dormida inmediatamente.
Despertó, tres horas más tarde, con una llamada de su amiga Cat. La pequeña pelirroja no había atendido la noche anterior y con todo lo que tenían que hacer para encontrar a la morena ni se preocupó en volver a llamarla.
—¿Cat? —contestó, todavía en sueños.
—Hey, perdón por no contestarte ayer, ¿necesitabas de mí?
—Cat, Tori huyó de casa.
—¿Qué dijiste?
—Kitty Cat, Tori se fue… se fue y yo soy tan estúpida que no pude darme cuenta. No entendí lo que quería decirme porque estaba tan molesta con ella que no presté atención a sus palabras— sollozaba Jade en el auricular, mientras su amiga trataba de entender que había pasado.
—Cálmate —sentenció Cat— ¿Cuándo pasó? ¿Qué pasó?
—Ayer, se fue ayer… fue a verme a la oficina de papá para disculparse conmigo y pedirme que regrese a la cafetería.
—¡Oh Jade!, no me digas que la trataste de la patada, como siempre —preguntó su amiga, casi adivinando la charla entre ambas.
—Lo siento Cat, te juro que lo siento —repetía la chica de esos hinchados ojos azules, que al momento tenían un rojizo tono al rededor—. Si pudiera regresar el tiempo la besaría apenas entró al hueco.
Cat trató de tranquilizarla y de recordar todas las charlas que tuvo con su amiga, pero no venía a su mente ni un solo detalle de qué harían si huyeran de casa. Ni una leve idea de donde podía estar.
—Voy a ducharme —mencionó la abrumada chica despidiéndose—. Papá vendrá por mí en media hora para ir a recorrer las afueras de la ciudad.
—Espero que tengas suerte, de verdad y por favor avísame si … llegas a saber cualquier cosa.
—Seguro, Cat —respondió antes de colgar la llamada. Se mantuvo pensativa. Estaba tan arrepentida, si tan solo hubiese escuchado, si le hubiese dado una oportunidad, pero no. Todo tenía que ser a su antojo, a su tiempo, a la voluntad de su capricho. Sollozó su cansancio lleno de pena y se levantó hacia al cuarto de baño.
Otro día de búsqueda, horas de horas de recorrido por cada pequeño callejón y por todas las avenidas y carreteras que no habían cubierto el día anterior. No tuvieron suerte, Tori debió haber ido a una ciudad grande a unas horas de distancia. San Francisco fue el primer destino en ser descartado, Max, su ex-novia, vivía allí y Tori sabía que la podrían encontrar con facilidad.
Analizaron todas las posibilidades y sugirieron viajar a Fresno —una ciudad de mediano tamaño que quedaba en el camino—, era lo suficientemente extensa para perderse y sería la primera paraba que revisarían antes de considerar separarse e ir a otros lugares.
El domingo por la noche, regresaron por la autopista principal con menos esperanzas que cuando iniciaron la búsqueda. Jade iba con el asiento del copiloto totalmente reclinado, tratando de dormir un poco, lo que le fue imposible. Viró la cabeza, alejando su vista de la ventana, para observar detenidamente al hombre que manejaba a su izquierda.
—Gracias, papá. —Su tristeza era palpable en su entrecortada voz.
—No tienes nada que agradecer, hija — contestó él, alcanzando su cabeza para darle una leve caricia que no fue rechazada. Su agotada hija sentía que necesitaba ese cariño o caería en una profunda depresión por toda la culpa que sentía.
—¿Crees que lograremos encontrarla?
—No lo sé —suspiró su padre, tomando nuevamente el volante con sus dos manos—. Espero que sí… o que recapacite y regrese sola.
—Papá, tengo miedo.
—Lo sé, créeme… yo también —dijo honestamente, mostrándose por primera vez realmente intranquilo y continuó el camino a casa.
Hablaron sobre continuar la búsqueda y ella —sin pensarlo dos veces— se ofreció a acompañar a Nya y Sophie, acordando con sus padres que no iría al trabajo esa semana y únicamente saldría de la ciudad acompañada de una o ambas de las tías de Tori, pero no sola. Ella seguía siendo menos y no querían que se metiera en problemas.
Al siguiente día, llegó a la casa de la pareja muy temprano en la mañana. Tocó el timbre a las 7:00 AM en punto y fue recibida con una taza de café recién hecha. Ya todo estaba listo, los mapas, las direcciones, las fotos para repartir, todo; de repente, el sonido de la puerta se repitió.
Sophie se acercó rápidamente, por un momento tuvo la esperanza de que Tori estuviera del otro lado, pero no.
—¿Holly?
—Hola… ¿Sophie, verdad?
La pelirroja asintió y la dejó pasar a la sala.
—Amor, ¿quié…? —Se frenó de golpe al ver a su cuñada sentada en uno de los sofás.
—Holly, ¿qué haces aquí?
Nota de auor:
Muajaja, ya lo sé. No encuentran a Tori, todo es desesperación. ¿Dónde se metió Vega? ¿Dónde?
Gracias por todos sus comentarios, me encanta leerlos, ver las caritas plasmadas por ahí. Es completamente inspirador así que muchas, muchas gracias por leer la historia y si tienen preguntas, sugerencias, comentarios ya saben pueden hacerlo en la cajita de reviews.
Nuevamente ":)" ":(" ya saben el procedimiento. No les cuesta más de 4 segundos y qué son 4 segundos en la vida. ¡Vamos, anímense!
En otras noticias, estoy escribiendo un Cori corto, centrado en Cat, su relación con Tori y su amistad con Jade. Si les gusta esa pareja sé que podrán divertirse mucho porque hay una subtrama que los hará vivir muchas aventuras.
Ese fic tendrá apenas 5 capítulos y ya están dos publicado bajo mi perfil. Se llama Between the Bars, así que se los recomiendo.
Ahora sí, parto a dormir y seguro publicaré el siguiente de Café en siete días, es decir el próximo jueves.
Un buen fin de semana y que descansen. ¡Adior!
