Bueno, me había propuesto que si llegaba a los 780 visitors antes de las 22h subía un nuevo capitulo, y como así ha sido, aquí os lo traigo
Muchas gracias a todos los que seguís este fic, y os pido que dejéis una review que no cuesta tanto, es gratis y como mucho son 30 segunditos de nada, podeis decirme lo que os gusta, lo que no, ideas o lo que querais, pero hacedme el favor de hacerlo que no cuesta tanto y ayuda mucho =)
Espero que os guste!
Capitulo 10
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, caminé en dirección a mi mesa, mirando por todos lados buscando a Beckett.
Mi gozo en un pozo, por mucho que busqué, Beckett no estaba allí. Me senté en la silla delante de mi mesa, apoyé los codos en ella dejando caer mi frente sobre las manos y suspiré completamente decepcionada, al menos tendría más tiempo para pensar en lo que iba a decirle.
Gates salió de su despacho y se acercó a mi mesa. Levanté la mirada cuando me di cuenta de que estaba justo delante de mí, mirándome con la intención de descubrir por mi expresión qué me pasaba.
- ¿Ocurre algo Castle? – preguntó al ver que no le decía nada.
No capitán, solo estoy algo cansada, no he dormido muy bien.
- Siento oír eso, pero le traigo este papeleo para que lo revise bien y podamos archivarlo, creo que le va a llevar un buen rato – dijo entregándome unos archivos.
- Ahora mismo me pongo con ello capitán. ¿Sabe dónde están Beckett, Esposito y Ryan? – le pregunté interesada.
- Están fuera investigando sobre el caso que entró ayer. Dudo que hoy pisen la comisaria.
Mi cara volvió a demostrar una vez más la decepción que sentía.
- Vale, gracias capitán – dije intentando mostrar una sonrisa, aunque por la cara que puso Gates, no la convencí mucho.
Volvió a su despacho sin decir nada más. Cogí los papeles, y me puse a ello. La verdad es que fue muy difícil concentrarme en ellos, en mi cabeza lo único que veía eran las imágenes de lo ocurrido esa mañana, el sentir tan cerca a Beckett, pudiendo notar su respiración sobre mis labios, como mi menté se nubló y lo único que quería hacer era besarla y perderme en su boca. No dejaba de pensar en cómo una décima de segundo lo había cambiado todo, un carraspeo inesperado que hizo que todo se viniera abajo.
Por una parte no me arrepentía de nada porque me moría de ganas por hacerlo, pero por otra, tenía la horrible sensación de que por culpa de intentar besarla, todo iba a cambiar entre nosotras.
Como dijo Gates, los chicos no aparecieron por la comisaria en todo el día. El papeleo me llevó más de lo que esperaba, y aunque mi cabeza seguía dándole muchas vueltas a todo, las horas pasaron bastante rápido.
Cuando acabé la jornada, me levanté de mi sitio, y me fui a casa andando.
Las calles de Londres me parecieron más frías que de costumbre, la decepción por no haber podido ver a Beckett y aclarar las cosas me invadía a cada paso que daba, el sonido de Beckett saliendo de mi casa repicaba en mi cabeza como si estuvieran dándome martillazos en la misma por dentro.
Llevé mi mano derecha hasta la sien y con un dedo a cada lado, hice círculos sobre ella intentando despejarme sin dejar de caminar.
Por muchas vueltas que le diera, seguía sin saber que iba a decirle cuando la tuviera en frente, como iba a excusar mi comportamiento.
Sin darme cuenta, llegué hasta la puerta de mi casa. Subí sin muchas ganas, notaba como todo mi cuerpo pesaba como una roca, y entré en casa.
Me dirigí a la habitación, solté el bolso en el suelo, y mi cuerpo cayó en la cama como un peso muerto, estaba mentalmente agotada y no aguantaba un segundo más de pie.
Por suerte empezaba a olvidarme de la prótesis, ya formaba parte de mí, apenas me molestaba y podía relajarme sin necesidad de sacármela. Algo bueno tenía que tener ese maldito día.
Cuando el sueño empezaba a llegar a mí, sonó el timbre, haciéndome abrir los ojos de golpe sacándome de mi por fin absoluta relajación.
Me levanté sin muchas ganas y fui hasta la puerta. Cuando la abrí, me encontré con Esposito.
- Hola Castle – dijo con una sonrisa en la cara - ¿puedo pasar? – puso carita de niño bueno.
- Estaba a punto de dormirme, pero claro, pasa – dije haciéndole sitio para que pasara.
Esposito entró y cerré la puerta.
- ¿A qué se debe tu inesperada visita? – pregunté.
- ¿Tengo que tener una razón para venir a ver a mi mejor amiga después de un día duro de trabajo? – preguntó con cara de fastidio y confusión.
- Supongo que no, pero podrías haberme avisado antes, ya sabes, por un aparatito pequeño que llevas en tu bolsillo llamado teléfono.
- Dios Castle a veces no sé cómo te soporto, cuando te pones irónica me dan ganas de estrangularte.
- Espo en serio, no he tenido el mejor de los días, no tengo ganas de discutir.
- No tendrá eso algo que ver con Beckett ¿Verdad? – soltó de repente dejándome con la boca abierta – por tu cara veo que he dado en el clavo.
- ¿Ahora todo lo que me pase según tú es por Beckett? – pregunté con tono enfadado intentando disimular que tenía toda la razón.
- No es eso, pero por la actitud de Beckett durante todo el día de hoy, he podido deducir que algo había pasado entre vosotras.
- ¿La actitud de Beckett? ¿Ha dicho algo de mí? - pregunté elevando el tono.
- ¡Lo sabía! Soy un hacha en esto – exclamó riendo mientras hacia un gesto de victoria con el brazo.
- Javi, déjate de celebraciones y cuéntame que ha pasado – dije casi gruñendo, la curiosidad podía conmigo y con mis intentos de disimulo.
- ¿Tanto te cuesta ofrecerme una cerveza y acompañarme hasta el sofá para que pueda contarte todo cómoda y tranquilamente? – preguntó en tono de burla.
Le puse una mirada asesina que provocó una risa en él y me dirigí al frigorífico. Mientras tanto, Javi se fue al sofá y se sentó.
Cogí dos cervezas y fui hasta el sofá, le di a Javi la cerveza de forma no muy agradable, haciendo que casi se le cayera encima, y me senté a su lado.
- Si me tratas así, creo que no te voy a contar nada – dijo con una sonrisa malévola.
- Vas a conseguir que te dispare Javi.
- Vale, vale – dijo levantando las manos como si se rindiera – Pues esta mañana, cuando Beckett ha llegado, la he notado muy distraída, como si no dejara de darle vueltas a algo, así que con toda mi curiosidad, le he preguntado si le pasaba algo – dio un trago a su cerveza.
- ¿Y qué te ha dicho? – pregunté nerviosa.
- Pues la primera vez, su respuesta ha sido que no le pasaba nada, así que lo he dejado correr.
- ¿Y ya está? ¿eso es todo? – pregunté algo impaciente.
- Como he dicho, antes de que me interrumpieras con tu impaciencia, eso ha sido la primera vez. Después de un rato, cuando estábamos interrogando a uno de los testigos del caso, he notado que seguía ausente, ni siquiera preguntaba nada, así que cuando hemos acabado con el testigo, le he vuelto a preguntar, y esta vez, me ha dicho que le había pasado algo esta mañana con una amiga y que no podía sacarlo de su mente.
- ¿Y cómo sabes que hablaba de mí?
- Soy policía ¿recuerdas? He atado cabos. He pensado que quizás habíais estado entrenando y había pasado algo.
- Pues no, hoy no hemos entrenado, pero si ha pasado algo – dije bajando la vista hacia mi cerveza, no me había dado cuenta de que seguía con ella en la mano sin haberle dado ni un sorbo.
- ¿Me lo vas a contar? Vamos Castle, siempre nos lo hemos contado todo – dijo haciendo que volviera a alzar mi mirada.
- Lo sé Javi, lo sé, pero este tema me está superando, es algo de lo que me cuesta hablar.
- Ya te dije que no me importaba saber que te gusta Beckett – dijo llevando la cerveza nuevamente a sus labios.
- Beckett ha pasado la noche aquí – solté sin pensarlo más.
- ¡Qué!– exclamó escupiendo de golpe el líquido que tenía en la boca por la sorpresa - Pero si ayer bajó con nosotros.
- Su moto se estropeó y vosotros ya os habíais ido, así que Beckett volvió, el seguro no podía hacer nada hasta esta mañana y le ofrecí quedarse aquí – suspiré un poco agobiada por recordar de nuevo lo que había pasado.
- ¿Os liasteis o algo así y por eso se ha rayado?
- No exactamente. La noche fue un poco extraña, tuve un sueño subido de tono con ella y me levanté a beber agua, ella apareció por la cocina y me insinuó que también había tenido un sueño erótico conmigo – di un trago a la cerveza.
- Esto se pone interesante – dijo levantando las cejas repetidamente.
- Ella se fue a su habitación y yo volví a la mía. Por la mañana, cuando nos despertamos y después de una rayada mental por mi parte, tuvimos una pequeña "discusión" – hice las comillas con los dedos – y no sé muy bien cómo, acabamos abrazadas, al separarnos, nos quedamos mirando y no se me ocurrió una idea mejor, que acercar mis labios a los suyos con intención de besarla.
- ¿Y te correspondió? – preguntó muy interesado.
- Todo lo contrario, antes de que pudiera besarla, salió huyendo.
- ¡Joder! ¡Qué putada Castle! – exclamó mi amigo – ¿y qué pasó luego?
- Se metió en la habitación, y cuando me fui a la mía a vestirme, aprovechó para salir e irse sin decir nada más. Pensaba hablar con ella en la comisaría, aunque no sepa muy bien qué decirle, pero como sabes, no habéis aparecido por allí – dije poniendo cara de tristeza.
- No sé qué decirte Castle, ¿sabes si le gustas? O si le gustan las mujeres al menos.
- No, no sé nada seguro, pero desde que llegó, no ha dejado de insinuarse, de darme a entender que al menos había una atracción por ambas partes.
- ¿Y por qué no se lo preguntas directamente y te dejas de tonterías?
- No creo que sea el mejor momento para hacer eso Javi – dije soltando un suspiro de frustración.
- Bueno Castle, no sé muy bien que decirte, no quiero darte un mal consejo, que empeoren las cosas y me culpes de ello – dijo riéndose.
- Pues menuda ayuda eres – dije dándole un golpe en el hombro pero en plan cariñoso.
Javi dejó la cerveza en la mesa y me dio un abrazo.
- Eres como mi hermanita pequeña Rose, y odio verte sufrir, estos últimos meses han sido horribles para todos, así que ahora que empezabas a levantar cabeza, no quiero que vuelvas a caer. Deberías intentar hablar con ella y aclarar las cosas – dijo sin soltarme, acariciando mi espalda de arriba abajo.
- No sé cómo hacerlo, tengo la sensación de que si lo hago la cagaré aún más – dije apoyada en su pecho dejándome abrazar por sus musculados brazos – ojalá pudiera enamorarme de ti, todo sería más fácil.
- No digas tonterías Castle, nosotros no estamos hechos para estar juntos, si nos pasamos el día discutiendo, además, lo fácil nunca ha sido divertido. Y por tus gustos últimamente, creo que me sobra algo entre las piernas – dijo riéndose a carcajadas haciendo que me separara de él y le volviera a pegar en el hombro, pero esta vez con más rabia que cariño.
- Eres un capullo integral Javier Esposito – fruncí el ceño como muestra de mi pequeño enfado.
- Lo sé, pero por eso me quieres tanto y no podrías vivir sin mí – dijo con cara de satisfacción.
- Creo que va siendo hora de que te vayas, estoy bastante cansada y creo que en cualquier momento voy a cerrar los ojos sin querer y quedarme dormida aquí sentada – dije levantándome del sofá.
- Vale, vale, ya me voy doña gruñona – dijo levantándose.
Nos dirigimos a la puerta, nos despedimos con un abrazo y dos besos, y Javi se fue.
Volví a mi habitación exhausta mental y físicamente, me tumbé en la cama, y a los pocos minutos, me quedé frita.
Me desperté después de haber pasado la noche en un coma profundo, desayuné mi café mañanero, me arreglé, y me dispuse a ir a la comisaría con la idea clara de hablar con Beckett.
Cuando llegué, me di cuenta de que aún no había llegado, así que con la esperanza de que no tardara en venir, me senté en la silla y me entretuve con el papeleo que había encima.
Sonó el ascensor, y levanté la vista. Ahí estaba ella, con un abrigo de color azul entallado en la parte de la cintura, marcando sus curvas peligrosamente, haciendo que la simple visión de su cuerpo en movimiento me derritiera por dentro. Definitivamente iba a ser muy difícil pedirle perdón por algo que sentía que quería volver a hacer una y otra vez.
A su lado, llevaba a un detenido esposado, un hombre bajito, con barba de tres o cuatro días, con cara de enfadado, vestido con un chándal zarrapastroso.
Beckett clavó su mirada en mí, pero no sonrío, tenía una expresión dura que hizo que se me erizara el bello. Acto seguido, entró con el detenido a la sala de interrogatorios.
Me levanté rápidamente y fui a la sala contigua para observar su interrogatorio. Cuando entré, Espo y Ryan estaban allí, ni siquiera me había dado cuenta de que habían llegado junto a Beckett.
Les saludé con un gesto de cabeza acompañado de un ¡Ey!, a lo que ellos respondieron de la misma forma.
Me quedé en silencio, observando cada movimiento de Beckett mientras interrogaba al sujeto. Se sacó la chaqueta y la dejó en la silla, permitiéndome deleitarme con ese cuerpo que me volvía loca. Llevaba una camiseta roja bastante ajustada y unos pantalones negros que marcaban su perfecto y respingón trasero.
Se movía de un lado a otro, intentando ponerle nervioso, haciendo las preguntas justas pero adecuadas. De repente miró hacia el espejo, clavando su mirada en mí, como si pudiera sentir que estaba observándola. Suspiró y siguió con el interrogatorio. El sujeto en cuestión acabó confesando que no había sido él, pero que sabía quién podía haberlo hecho. Beckett siguió indagando, hasta que consiguió que dijera un nombre. Cuando finalmente dijo el nombre, Beckett cogió la chaqueta y salió de la sala. Se acercó a donde estábamos y nuestras miradas se cruzaron.
- ¿Lo habéis oído? – preguntó a los chicos sin dejar de mirarme.
- Sí, ahora mismo me pongo a buscar a ese tal Ronald Jenckins – dijo Ryan saliendo de la sala haciendo que Beckett se apartara para dejarlo salir.
- Creo que Ryan necesitará mi ayuda – dijo Espo saliendo precipitadamente.
Nos quedamos en silencio por unos segundos, mirándonos fijamente a los ojos. Noté como mis piernas empezaban a flojear, mi pulso se aceleró y no se me ocurría nada que decir.
- Hola – solté casi en un suspiró, mi boca no me permitió decir nada más.
- Hola Castle ¿podemos hablar? – dijo sin cambiar su expresión seria.
UuUuUuUuU parece que la cosa se pone sería, ¿Qué le dirá Beckett? ¿Sabrá Rose qué decirle? Para saber más, toca esperar al proximo capitulo =P
