Killua observaba la enorme espalda del Alfa que le había reclamado y no se engañaba, ese hombre seria su bomba de tiempo, en espera de saber algo sobre Kurapika para arrancarle el cuello… aunque a lo mejor y ese cerebro pequeño servía como para decirle que no debía de asesinar a su Omega Destino… más le valía a la biología jugar a su favor.
No se fiaba de su buen carácter.
El Alfa había ofrecido su hombro para que Alluka trepara y no se cansara. Se negó a correr por las montañas para llegar a la ciudad y hacer el viaje de un día en cuarenta y cinco minutos. Killua no comprendía esa manía del Ladrón por ir por lo difícil, lo tardado… quizá él veía una cosa que él no podía y eso era casi imposible, pero como buen paranoico que era, el casi era suficiente para dejar a Uvog hacer su voluntad… por el momento.
Su hermana estaba fascinada por el Alfa, casi parecía como si nunca conviviera con uno y Killua se obligó a recordar que fuera de su padre, Alluka no giraba alrededor de nadie más. Perceptiva y tierna, a la espera de un toque amable y de las buenas costumbres que ponían a los Omegas a obedecer a los siempre correctos e inteligentes Alfas que sabían siempre que era lo mejor para sus parejas Omegas… o para el mundo en general.
Y no pudo evitar pensar en Gon, en ese cretino que hacia las cosas a su voluntad, que lo dejaba en las sombras mientras que ascendía a la luz… pateo con fuerza el suelo y Uvog fingió no darse cuenta de su cambio en los pasos, en su bonito rostro… ahora Killua desprendía enojo y tristeza, algo que no hacía en su presencia y por él, Uvogin se sintió celoso de lo que fuera que hiciera tener la atención de su Omega.
-Pararemos.
-No – Objeto Killua. Ubogin bajo a la pequeña al suelo y la dejo perseguir las mariposas que revoloteaban a su alrededor, con un ojo en Alluka y el otro en Killua le permitió a su Omega que expresara su descontento. Él nunca fue un tirano con sus compañeros. Killua era su Destino pero no su primer Omega – No llegaremos… no sé a dónde – Reclamo – Pero no podemos seguir viajando por tierra de esta manera. Somos un blanco fácil y no estamos haciendo lo que yo planeaba con mi hermana, Uvogin – La tensión no era incomoda… era como una pelea de conocidos… Uvog prefería la disputa al silencio y la docilidad, al menos el Omega no tenía miedo de su fuerza y de lo que pudiera hacerle, un buen comienzo para su nada buena relación – Lleguemos a la ciudad y tomemos un Zepelín.
-No tengo dinero.
-Yo lo pago – Se cruzó de brazos.
-No uso dinero – Explico. Esperaba que Killua comprendiera – Soy un Ladrón. Marcharemos a pie. Si quieres que Alluka – La mencionada estaba feliz de que su Alfa de manada le dijera por su nombre. Uvogin la aceptaba y dejaba en claro que la conexión con su hermano se extendía hacia ella y se traducía en protección… nada mejor que tener a su hermanito y a Uvogin de guardaespaldas, ahora no temía a su hermano Illumi – Bueno… que ella conozca la ciudad, el mundo, la mejor forma de hacerlo es a pie. Andando por los rincones y comiendo lo que se tiene para ofrecer. No quedándose en hoteles caros y usando el tranvía o el zepelín – Killua no dudaba de las formas en las que el Alfa hacia las cosas, bastaba mirarle el taparrabo para saber que había hecho él mismo la ropa de la piel curtida de alguna bestia.
-Ella no es un cazador.
-Dime algo que no sepa.
-¡Estamos huyendo! – Decirlo fue más simple de lo que Killua imagino. Killua no se hacía ideas. Su padre, su … "madre" pudieron darle permiso de llevarse a Alluka pero conocía bien a su hermano y sus negros ojos lo perseguirían, cazaría, devolverían a la familia y vería alguna ruta para conseguir manipularlo, para poder usar a su hermana y no lo permitiría – Estabas muerto así que no conoces los alcances de mi familia cuando entramos en disputa.
No le contaría eso.
No saldría de su boca el cómo los adoctrinaban para no matarse entre familia, para seguir obedeciendo a lo que se debían. A las artes asesinas y a la cordialidad en el seno pero la mentira acababa cuando Illumi estaba detrás de él. Illumi no respetaría a Silva o a Zeno, no de la manera en la que los educaron, no cuando Alluka estaba tan cerca.
-Bien – Asintió Uvog – Hagámoslo como quieres.
Killua se asombró.
No esperaba aquello.
Alluka estaba a punto de decirle a su hermanito que Nanika nunca se equivocaba. Que esperara para ver que su Alfa no era malo. Quizá tosco y de olor penetrante, atosigante, demasiado penetrante pero que no era dañino. Que él podía confiar por vez primera en alguien que no fuera Gon y que le devolverían la cortesía.
Era la primera vez que su hermanito podría sentirse cuidado. Una sensación nueva que le costaría descifrar pero que haría a su momento, eso si no terminaba por huir del regalo de Nanika.
Killua cargo a su hermana, por precaución y uso su dios del trueno para acortar la distancia. De paso poniendo a prueba al Alfa.
Uvog silbo por lo alto, viendo el polvo hacer nubes. Su Omega era rápido. Se tronó los dedos, el cuello, flexiono las rodillas y estiro antes de correr. No alcanzaría a Killua pero podría estar muy cerca.
A Uvogin le preocupaba que su Omega estuviera evadiendo a su familia por cuestiones sociales. Aun siendo un cazador con talento, Killua podría estar bien atado a las costumbres buenas de cuna y la sociedad, y como Omega, Killua no tenía ningún derecho si es que ya estaba comprometido, vendido, sino Killua no fuera un cazador, Uvogin sabía que Killua no podría tener su dinero propio.
La asociación de cazadores no median el talento o la valentía con el sexo de sus activos, lo hacían por su nivel de impresión, técnica, talento para la lucha o la inteligencia aguda, median sus atractivos en envases diferentes cada año y dejaban que cualquiera entrara al examen, valiéndole madres los concesos de los Alfas que permitieran o no la entrada del Omega a las filas de guerra.
Sólo un Omega cazador tenía permitido trabajar sin el permiso de un Alfa y en el área que fuera, viajar sin Alfas, se le permitía quedarse con su cría aun viudo y se respetaba su decisión de volver a casarse o no sin la presión de arrancarle a su cachorro. Todo en el nivel social. Pero el Omega se veía condicionado a obedecer a su Alfa y su voz de comando… los Omegas cazadores podrían irles bien si es que estaban solos pero si su Alfa (Padre, hermanos, parientes directos o Destino) mandaban algo, ellos no debían o podían desobedecer.
Le daba curiosidad a que categoría pertenecía Killua.
Llegar a la ciudad no fue problema y cuando compraron los boletos, la señorita de la taquilla observo curiosa como era Killua el que pagaba.
-Uff – Bufo de mal humor – Por eso no me gusta comprar algo.
El Alfa pagaba. El Alfa disponía. El Alfa era una imagen engañosa a donde fuera. Uvogin había visitado demasiado el mundo, conociéndolo y siempre era el Alfa el que debía de estar por delante del Omega. Una pendejada a su opinión… su Líder era un Omega que aun cuando le pisaron en Ciudad Estrella hacía temblar al mundo con su nombre y a sus oponentes.
Kuroro Lucifer era el modelo perfecto de Omega, el que deseaba tener a su lado, educado, intelectual, de gustos finos, de adicción a la violencia… poderoso.
Observo a Killua subir por las escaleras del tren y dar las gracias groseramente a la otra azafata que les atendía y no pudo evitar pensar que la actitud de niño pillo era sólo una fachada de lo que podría lograr.
Los motores chillaron, y los engranes se pusieron en marcha… a las cinco de la tarde partían de la ciudad para ir al Este, a la ciudad de Kahn, una provincia que no tenía muchas cosas que ver pero que era el primer punto del Este, lo que Uvogin consideraba Este para desprecio de Killua. Los asientos eran cómodos y contaba con la opción de volverles camas. Bastaba decir que Uvogin no cabía ni de broma.
-Iré a ver si tienen otro camarote – Dijo Killua pero Uvogin lo detuvo justo a tiempo, antes de que la puerta se abriera por las manitas blancas. Uvogin sentó a Killua en el catre que le correspondía - ¿¡Que te pasa!?
-Se te olvida que soy un Ladrón – Repitió – He dormido en sitios peores. Y más estrechos… en tu cuerpo, por ejemplo – Killua saco vapor por los oídos y Uvogin hecho la carcajada – No voy a quejarme por dormir en el suelo, Killua. Déjalo estar.
-Pero…
-Y si lo que gustas es poner distancia entre los dos – Señalo con la mano a la puerta – Esta abierta pero cuando vuelvas seguiré aquí, esperándote. No puedes escapar de mí, Killua. No te dejare marchar hasta que sepa que mi cachorro no está en tu estómago, inflándote.
-¡No tienes por qué decirlo así! – Grito con las orejas de fuera… Uvogin se puso en guardia, cuidando la puerta y las ventanas - ¿Qué estás haciendo?
-Duerme un poco. Ocupas descansar.
Killua sintió el circulo de Nen extenderse en un radio razonable para el ataque y la defensa, de seguro que Uvogin había aprendido de Nobunaga a hacerlo. Nada entraría es la circunferencia sin que Uvogin lo supiera, ni una mosca o Illumi, ningún cazador… y eso que habían usado la identificación del cazador para comprar los boletos, por lo que era seguro que alguien intentase robársela.
Así como era seguro que Uvogin les arrancaría la cabeza.
Las horas pasaron y Alluka estaba dormida. Las ventanas estaban abiertas y las feas cortinas lilas apenas dejaban pasar algo de la luz natural de la noche sin luna. No parecía ser una noche especial, o parecido a singular. La máquina andaba por las vías y las aves (Seres muy grandes para serlo) volaban por encima, sin prestarles atención… andando y sin cuidado.
-No puedo dormir – Confeso con la oz disminuida, cobijado por la manta de algodón – No puedo.
-Está bien – Le contesto Uvog sin abrir los ojos – No lo hagas.
-No te lo tomes personal – Uvogin asintió pero Killua entendía que era en apariencia… que debajo de esos colmillos y las espesas capas de cabello violeta, el Alfa no estaba conforme con que dudara de él – No confió en nadie – Mintio… él confiaba en Gon aunque Gon lo hiciera a un lado – No duermo…
-Entendí.
-¡No es cierto! – Uvog gruño, fastidiado, entendiendo que la naturaleza sumisa del Destino obraba para que Killua estuviera en la necesidad de complacerlo. Killua era pequeño, un niño… como le advirtió el Beta calvo. Si el instinto no le nublara la mente, igual y se hubiera esperado a tomar a su Omega – Gracias… Temo dormir.
-¿Tienes pesadillas?
Killua no dijo nada…. Porque esos no eran pesadillas, no eran invenciones, miedos propios proyectados sino recuerdos. Al principio le costó averiguarlo pero conforme lo pensaba, dio con la respuesta, él veía los recuerdos de su Ommi, de su gestante… y no le apetecía volver a ver a Kuroro en esa situación, no abierto de piernas, rogando, pidiendo una piedad que no parecían querer darle.
Él no explicaba el vínculo que se forjo entre ellos si no se conocían, sino compartieron nada. Era ilógico pero la prueba era que cerraba los ojos y veía debajo de sus pies la basura del vertedero en Ciudad Estrella. La veía en el cielo y en sus estrellas. En sus olores… en las manos, en el círculo que le rodeaba y después, desaparecían como si nunca estuvieran, como si no formaran parte de él… y entonces, Killua podía comprender que era lo que sujetos como Uvogin compartían y ofrecían a su Gestante.
-¿Qué haces? – Murmuro Uvogin al notar a Killua hacerse espacio entre sus piernas, acurrucándose después de poner la manta sobre sus hombros – Omega.
Killua no le hizo caso.
Prendería la mecha del Destino.
Estaba por hacerlo, sellar parte de su vida como debía de ser.
-Intento dormir.
Uvog olio el fresco del cabello, el sudor y el humor, un coctel que hacia la huella de olor única en su Destino. Apostaba a poder encontrarlo donde fuera, seguirlo por ella, tirarlo y venerarlo… se mordió la lengua sin mucho estruendo, a modo de castigo por su sensibilidad fuera de lugar. Tratar de enamorarse de su Omega era la ruta más lógica, hacerlo: la mejor. Conseguirlo: Quien sabe.
El Destino giraba y la catástrofe seguía al asecho.
Por el momento más valía seguir nadando, al Este, como le dijo Killua que escucho oír de los miembros de su familia en la isla, antes de su suicida decisión de ir contra las hormigas Kimera.
-Duerme.
Porque él no podría.
La pequeña forma de Killua se cernía sobre sí mismo, encontrando el calor perfecto para no despertar a menos de que tuviera que hacerlo. Su delgado rostro le recordaba a Uvog una una de esas paletas que Kuroro le regalaba una vez al año, celebrándole su cumpleaños… era una paleta fría, blanca pero con fragmentos de fruta bien escondida, con distintos sabores. Así parecía el rostro de Killua, terso, de crema, con muchos secretos, arrugas inexistentes, blanco sobre blanco cubriendo los colores reales, dejando en las sombras lo real que Killua podría ofrecer.
No amaba a su Destino para eso faltaba mucho. Más que un viaje, más que una comida, faltaba toda una vida, faltaba unos instantes, los correctos momentos que le hicieran volver a la vida.
Uvog constato que Alluka siguiera bien dormida y refugiada en su cama, la cama alta por la que había peleado tanto. Al menos ella dormía sin temores.
No le costaría nada enamorarse de Killua… le costaría le mundo.
Destino… la palabra era muy pesada.
Cargada.
Plomo en sus tobillos… ladrillo en ellos, piezas que no le dejaban avanzar, no como imaginaba.
El no sería como el bastardo Destino de su Líder. No sería como los Alfas de su ciudad… menos como las bolas de estiércol que usaban a sus parejas como la peor cosa, o la persona que estaba allí para sonreírles y cuidarles aun con los huesos rotos.
No se comportaría como los Alfas que odiaba.
Uvogin pronto sabría que Killua curaba sus pesadillas estando en sus brazos.
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Gracias por leerme.
Sabes? la manera en como se quiere una historia es por medio de tu confianza, de tu insistencia y perseverancia, de esta manera en ser fiel que me tatuas con cada comentario... con cada pregunta, es manera de no forzarme a escribir y eso es un detalle que no puedo dejar de apreciar...
Gracias por tu paciencia...
Gracias por tu tiempo...
Y, gracias por animarme desde tu lugar...
