CAPÍTULO 10
Al día siguiente, Merlín les pidió a todos que se volvieran a reunir en la habitación de Arthur para hablar de algo que podía solucionarlo todo. Así pues fue un grupo curioso de caballeros, príncipe y sierva que volvieron a reunirse tan solo un día más tarde en dicha habitación.
Cuando llegaron, Merlín aún no estaba allí, no que fuera muy raro, después de todo tenía la mala costumbre de llegar tarde a todos lados. Pero se sorprendieron cuando esta se presentó con una mirada entre nerviosa y asustada, y más cuando comenzó a dar paseos nerviosos por toda la habitación.
- Merlín… Merlín.. ¿Qué pasa?
El príncipe trató de tomarla en brazos mientras le hablaba, pero ella tan solo lo miró antes de con cuidado sacar algo de su bolsillo y presentárselo.
- ¿Qué…?- Comenzó Arthur pero luego mirándolo bien lo cogió antes de estudiarlo con atención.- Esto es un sello nobiliario… aunque desconozco de que familia. ¿De donde lo has sacado?
- Gaius me lo dio anoche… era de mi padre.
- ¿¡Qué!?- Fue la exclamación general.
- Gaius me explicó que lo s Señores del Dragón eran todos de familia noble… por lo visto, mi padre era el último miembro de la familia Emrys.
- ¿Emrys?
- ¿No es como nos dijiste que te llamaban los druidas?
- Sí, por lo visto los druidas lo sabían.
- ¿Cómo Gaius acabó con el sello de tu padre?- Preguntó Arthur serio.
- Mi padre se lo dio cuando huyó de Camelot. Por lo visto, le dijo que ya no lo necesitaría.
El príncipe miró el sello con una expresión pedregosa, y ligeramente tempestuosa. No era muy difícil saber que era lo que estaba pensando, que Gaius tendría que haber hablado en cuanto Merlín había llegado a Camelot, era una mujer noble y por lo tanto se merecía se trataba como tal.
- No me lo dijo para protegerme.- Dijo la bruja que había adivinado sus pensamientos.
- ¿Qué?
- Gaius no me dijo nada para protegerme. Tu padre hubiera reconocido el sello, y sabría que era hija de un Señor del Dragón… y sabes lo que habría hecho.
- Lo sé.- Dijo con un suspiro.
Y no tuvo que decir que sería lo que haría, todos lo sabían. Si Uther hubiera sabido que era hija de Balinor, sin importar su nobleza la hubiera hecho matar.
- Bueno, ahora las cosas son diferentes. Arthur es regente y nadie tiene que relacionar Emrys con Balinor, y si lo hicieran, solo habría que recordar que el último Dragón está muerto… por lo tanto no habría ningún tipo de problema.- Comentó Gwen
- Antes de hacer ningún movimiento, tenemos que investigar… para que esto funcione tenemos que asegurarnos que las posesiones de tu familia fueron devueltas a la corona porque la familia se extinguió… si por casualidad en los registros dice que fue considerada traidora por usar la magia, no serviría de nada.- Comentó Arthur.
- No creo que Gaius habría mencionado la auténtica procedencia de Merlín si ese fuera el caso.- Comentó Leon pensativo.- Pero yo me encargaré. Puedo informar que quieres dar propiedades a los nuevos caballeros y quieres saber que condados son disponibles… nadie lo pondrá en duda.
- Espera, espera…- comenzó Gwaine.- ¿No será sospechoso si después no lo hace?
- No, porque la oportuna llegada de una hija de la extinta familia Emrys, hará que me repiense dar algo de tierra hasta que haya pasado algo más de tiempo.- Rió Arthur.
Dicho y hecho, esa misma tarde Leon se acercó a los registros y comenzó a investigar sobre los condados disponibles, la misma excusa que había comentado. Geoffrey ni siquiera lo puso en duda, y menos de Sir Leon, era bien conocido de su lealtad e integridad.
Para el caballero resultó deprimente cuando vio las muchas familias nobles que habían perecido durante la Gran Purga, sobretodo ahora cuando sabía que muchas de ellas habían muerto a manos de su Rey por el simple hecho de tener magia.
Finalmente encontró el registro sobre la familia Emrys. Por lo visto, había gobernado la región de las Montañas Blancas. Realmente no se trataba de una zona con grandes campos fértiles, es cierto, pero el hecho que se situaba en las montañas hacía que hubiera varias minas de metales preciosos e incluso una cantera, lo cual la hacía valiosa… solo por eso el consejo podía intentar poner trabas… pero, a su satisfacción, nada en todo le registro marcaba que había sido tachada de traidora. De hecho, alababa al último Lord, Ballach Emrys por su ayuda durante la conquista de Camelot. No se hablaba de ningún hijo, pero sí que era cierto que marcaba como finalizada la familia un par de años después de la muerte de Lord Ballach.
Leon sonrió, era justo lo que quería saber, y tal y como ya había supuesto no había nada en los registros que marcara que habían practicado la magia. Tras despedirse del encargado de los archivos, se dispuso a dar su información al príncipe.
Tras eso solo quedaba planear como llevar a cabo el plan. No podía simplemente llegar como si tal cosa. No tenía que ser perfectamente planeado. Así pues, muy pronto se volvió a reunir el grupo, pero estaba vez en las habitaciones de Gaius, ya que estaba enterado tanto de la situación, como del plan.
Fueron muchas las ideas que se propusieron, tanto que Merlín hiciera acto de presencia como una Dama noble, a que apareciera como una campesina… tenía que ser creíble, así que optaron por un término medio. Sería una campesina, sí, pero obviamente no tan pobre como las de las aldeas periféricas.
Gwen se encargaría de hacerle un vestido sencillo, pero ligeramente mejor que el de los plebeyos… aunque del mismo materia. De esa forma mostraría una cierta superioridad, también estaba el hecho que se trataba de una persona instruida, sabía leer y escribir y además su forma de hablar y de comportarse no era exactamente lo que uno esperaría de un campesino.
Así pues, hicieron ver que la joven tenía una recaída de su extraña enfermedad, y que debía regresar a Ealdor y que lo más probable es que no fuera a regresar. Volvería a su casita en el bosque y unos cuantos días más tarde, Merlín volvería como ella y pediría una audiencia con el Príncipe Regente.
Una vez en la casita, Gwen buscó un momento libre, y le tomó medidas… algo que la joven realmente nunca llegó a creer.
- Dioses, Merlín… ¿Cómo no nos dimos cuenta cuando llegaste?
- Llevaba el pelo corto, y eso condiciona mucho. Esperabais ver a un hombre, así que eso era lo que veíais.
- Que crédulos que éramos.- Rió la joven sierva.- Ua verás, estarás preciosa… no que necesites mucha ayuda.
- No digas tonterías, Gwen… soy muy simple.
- Eres hermosa. En realidad, tan hermosa como Morgana, pero diferente a la vez.
- No sé si sentirme alagada, aunque sea falso, o insultada.
- ¡Merlín!
Un par de días más tarde, el vestido estuvo listo y cuando se lo probó ella misma tuvo que estar de acuerdo que se veía muy favorecida. Habían decidido que regresara a la ciudad cinco días después de su marcha, así que aunque tenía el vestido, hasta dos días más tarde no debía llegar a Camelot.
Gwen se había comprometido que ese día iba a venir temprano y que ele iba a ayudar a arreglarse.
- Llevas tanto tiempo como un muchacho, que ni te acordarás de como arreglar tu pelo.
- Seré una plebeya, Gwen, no puedo llevar peinados de gente noble…
- Tú solo déjame a mí.
- Pero…
- Nada.
El día acordado, Gwen se presentó temprano, y con mucho cuidado comenzó a peinarla. Dio tantas vueltas y tirones en su pelo que la joven bruja creyó que se iba a quedar bizca. En muy poco tiempo, tenía un peinado que sin llegara a ser tan intrincado como el de las damas de la Corte, era ligeramente más elaborado que el de las campesinas y plebeyas…
- Gwen…
- No, recuerda, eres de sangre noble, vas a reclamar lo que es tuyo, por lo que debes parecer mejor que una simple plebeya. Además, las damas de la corte suelen ir más elaboradas incluso cuando van sencillas y lo sabes.
Después de eso, hizo camino hasta la ciudad, y por primera vez en mucho tiempo se sintió expuesta. Nunca había paseado por esas calles como una mujer, siempre había estado disfrazada de hombre y aunque sus amigos le habían dicho que nadie vería el parecido, aquello que lo hicieron solo supondrían o casualidad o bien que eran familia… Esa era la teoría, pero el hecho que no dejaban de mirarla no ayudaba.
Finalmente se acercó hasta uno de los guardias, y con toda la confianza que le daba el conocerlo desde hacía años, pidió una audiencia con el Rey.
- El Rey está indispuesto.
- ¿Y a quien puedo pedir audiencia, pues?
- El Príncipe Arthur, actúa como regente hasta que el Rey se recupere.
- Me gustaría hablar con él.
- El Príncipe está muy ocupado….
- Ya he dicho…
- ¿Qué está pasando aquí?
Si alguien le hubiera dicho a Merlín que todo el plan podría peligrar por un guardia que en verdad hacía su trabajo, no lo creería. Estaba poniéndose poco a poco frustrada cuando había aparecido el caballero… Merlín lo conocía bien, era un hombre leal a Arthur y Camelot, y aunque no formaba parte del grupo de caballeros que rescataron el reino, era un hombre amable y de buen corazón.
- ¡Sir Pellinor!
- He dicho, que ¿que está pasando aquí?
- Es esta campesina, mi señor, quiere una audiencia con el príncipe y no quiere reconocer que el príncipe está muy ocupado.
- Aún así, esa no es forma de hablarle a una mujer.- Dijo Sir Pellinor muy serio.-Ahora, ¿puedes decirme por qué deseas ver al príncipe?
Merlín asintió antes de lentamente introducir su mano en sus ropas y con mucho cuidado sacar el sello nobiliario. Luego con toda la dignidad que pudo reunir, se lo dio a Sir Pellinor. El caballero cogió el sello con sorpresa y se lo miró con atención, luego se lo devolvió a la joven antes de hablar.
- ¿De donde has sacado eso, muchacha?
- Es mío. Es mi única herencia.
El caballero la miró un poco más, antes de hacerse a un lado y hacerle un gesto para que lo siguiera, al mismo tiempo que le daba una mirada funesta al guardia cuando este hizo el gesto de protestar.
Fue guiada por los diferentes pasillos y corredores antes de llagar a las puertas de la sala del trono, donde tal y como ya sabía había una reunión del Consejo.
Sir Pellinor entró, para explicar al príncipe la situación en la que se encontraban., poco después volvió a salir, e hizo gestos para que entrara. Merlín agradeció sus muchos años al servicio de Arthur por que gracias a eso sabía no solo a lo que se enfrentaba, sino también a quien… sabía que la situación podía ser muy intimidante.
- Adelántate… Dime, ¿Cómo te llamas?
- Merlín, Sire.- Y ante esto se levantaron susurros por el Consejo a la vez que Arthur alzaba las cejas.
- ¿Merlín, dices?
- Si, Sire…. ¿Os sorprende?
- Mi sirviente, también se llama Merlín.
- Oh.
- Bien, Sir Pellinor dice que tienes en tu posición un sello nobiliario.
- Así es, Sire.- Dijo ella mientras lo sacaba.- Pertenecía a mi padre.
El príncipe lo tomó y lo miró antes de pasárselo a Geoffrey, guardián de los archivos. El anciano lo miró con atención antes de asentir al príncipe.
- Es auténtico, Sire.
- ¿Sabes a que familia pertenece?- Preguntó Arthur a Merlín.
- No Sire. Nunca lo vi, hasta que un viejo amigo de mi padre me lo dio.
- ¿No tu padre?- Preguntó un consejero.
- No tuve la oportunidad de conocer a mi padre, Mi Lord.
Se hizo un silencio incómodo, antes de que el viejo guardián de los archivos, lanzara una mirada llena de conocimiento al príncipe.
- Sire, creo que sé a que familia pertenece este sello, pero tendría que confirmarlo.
- Ves, pues.
- Sí, Sire.
- ¿De donde procedes, Merlín?
- Nací en el reino de Cenred, mi Lord… vivió toda mi vida en una pequeña aldea con mi madre.
- ¿El reino de Cenred?
- Sí, Sire. Mi madre era la sanadora, y he estado aprendiendo el oficio, si bien aún no tengo todos los conocimientos necesarios como para considerarme a mi misma sanadora.
El príncipe saludó con la cabeza y a continuación dijo de continuar con la reunión hasta que Geoffrey pudiera corroborar la familia a la que pertenecía, así que la joven bruja permaneció a un lado hasta que volvieran a tratar de ella… casi como si no hubiera abandonado su papel como el siervo del príncipe.
Estaba ensimismada en sus pensamientos, cuando el guardián de los archivos regresó a la sala con una expresión solemne.
- Ah, Geoffrey, espero que hayas podido averiguar lo que deseamos.
- Así es, Sire. Tal como yo pensaba el sello pertenece a la familia Emrys.
- ¿Emrys? Desconozco esa familia…
- No me extraña, Sire, se creía muerta desde hace más de veinte años… de hecho, vos a penas teníais un par de años.- Comentó el anciano.- La familia Emrys, poseía la región de las Montañas Blancas. Aunque no se nombra al padre de la joven en los archivos, es cierto que no se dio a la familia por extinta hasta cinco años después de la muerte de Lord Ballach, lo que hace suponer que realmente sí que tenía un hijo.
El anciano la miró con fijeza, y había un cierto reconocimiento en su mirada, lo que le hizo darse cuenta de algo, sabía quien era su padre y también lo que era… lo que literalmente la puso en peligro de muerte si Uther se recuperaba…
- ¡Las Montañas Blancas!- Exclamó un Consejero con horror.- ¡Es uno de los feudos más ricos! No podéis considerar seriamente…
- ¡Es su herencia!- Dijo otro.- No podéis seriamente insinuar denegarle lo que es suyo por derecho.
- ¿Y por qué no supimos nada hasta el momento? ¡Seguro que porque era un brujo! ¡Por eso!
- Siento discrepar,- Cortó Geoffrey otra vez.- pero tal cosa no es cierto. Recuerdo a Lord Ballach y era leal y ciertamente no un hechicero. Más bien creo, de acorde a la historia de la joven, que se casó con alguien que su padre no aprobó, por eso eliminó el nombre de los archivos.
- Una plebeya…
- Una plebeya.- Confirmó el anciano.- Eso no dice nada en contra de esta joven, salvo que es la única superviviente de una poderosa familia y por derecho, hay que devolverle lo que le pertoca.
Ante esto, se hizo el silencio entre los consejeros, era bien sabido que la opinión del Guardián de los Archivos era muy respetada por la familia real… y si consideramos lo justo que era de por sí el príncipe, era un hecho que le devolvería a la joven su feudo.
- Creo que es justo entonces, que se le devuelva lo que es suyo…- Sentenció el príncipe.- Espero, mi Lady, que permanezcáis durante un tiempo en la Corte; supongo que desconoceréis muchas de las tareas que conlleva un feudo, y estoy seguro que Geoffrey os ayudará.
- Gracias, Sire… Lo haré.
Lo sé, lo sé... y lo siento. Me he retrasado mucho en actualizar y la culpa es solo mía. He pasado por un periodo de pereza a la hora de pasar al ordenador, y luego llegaron las fiestas, me fui de viaje, etc, etc, etc... vamos que por una cosa u otra la casa sin barrer. Bueno, espero que os haya gustado este capítulo y nos vemos en el próximo.
