Capítulo 10: Caffe Latte & Black Tea
"El acto más valiente es pensar por ti mismo. En voz alta." —Coco Chanel
Me desperté a la mañana siguiente con una ligera pulsación en mi cabeza y un dolor en mi espalda. El primer indicio de que había echado un polvo anoche. La segunda señal de que cogí la noche anterior era la extraña cama en la que estaba durmiendo en este momento y obviamente la habitación desconocida en la que me desperté. Okay, tal vez no tan desconocida. Recuerdo claramente el estar mirando el techo mientras estaba en mi espalda anoche gimiendo como una puta.
El estridente sonido de mi teléfono fue lo que originalmente me despertó, y rodé con un quejido, buscando a ciegas por el borde de la gran cama mientras tanteaba por mis pantalones donde sabía que había dejado mi teléfono en el bolsillo trasero. No me pregunten cómo, pero de alguna manera me las arreglé para llegar a mis arrugados jeans en el suelo cerca de los pies de la cama antes de sentir unos fuertes brazos envolverse alrededor de mi cintura tirando de mí hacia la cama y directo al pecho masivo de Reiner.
Parpadeé a través de mis mechones que estaban tapando mi vista un poco y me encontré con la vista pecaminosa de la cara mañanera de Reiner. Su pelo corto y rubio se veía adorable aplanado en un lado de su rostro mientras el otro lado estaba apuntando en todas direcciones. Abrió uno de sus ojos dorados para mirarme y me dio una sonrisa torcida.
—Buenos días, hermoso —dijo en un tono somnoliento, enviando descargas de excitación directamente hacia mi creciente erección. Por un segundo, me olvidé de que mi teléfono estaba sonando por completo y estaba listo para la tercera ronda.
—¿Vas a contestar eso o voy a tener que tirarlo por la ventana? —preguntó, dejándose caer en su espalda y jalándome consigo, así que estaba echado encima de él—. Fui un jugador de fútbol americano en la secundaria, estoy seguro de que probablemente podría lanzarlo a una buena distancia si tuviera que hacerlo.
Suspiré, entrecerrando mis ojos ante el nombre del contacto que iluminaba mi pantalla. El sol de la mañana que entraba en la habitación de Reiner era suficiente para hacer que me dolieran los ojos, pero la pantalla LCD casi me dejó ciego. "Pequeño Satanás" estaba llamando; lo que significaba Levi. Miré la hora en la esquina superior derecha de mi pantalla y solté un quejido de nuevo. Solo eran las ocho de la mañana. ¿Por qué demonios Levi me estaba llamando tan temprano un puto sábado?
Deslicé mi pulgar por la pantalla y respiré hondo antes de contestar el teléfono, tratando de sonar lo más despierto y alerta posible y no como si acabara de despertar de una noche de sexo con una ligera resaca.
—¿Sí, Levi? —respondí.
De repente, Reiner nos estaba volteando otra vez, acorralándome contra el colchón con su peso y jadeé haciendo un ruido vergonzosamente alto mientras sostenía el teléfono contra mi oreja. Los labios de Reiner comenzaron a arrastrarse por todo mi torso desnudo, dejando calientes y prolongados besos en mis clavículas y pezones.
—¿Qué carajos fue eso? ¿Mocoso? ¿Estás ahí? —escuché la voz de Levi en el otro extremo de la llamada—. ¿Eren? Contéstame, maldita sea.
Intenté que el teléfono no se me cayera de las manos mientras Reiner se prendía de uno de mis pezones y empezaba a morderlo y chuparlo fuertemente. Cerré los ojos y me mordí el labio tratando de tragar un gemido antes de responderle a Levi.
—¡E-estoy aquí! Solo-solo dejé caer mi… teléfono —mentí débilmente. Le di una mirada molesta a Reiner, quien estaba riéndose entre dientes mientras continuaba besando hasta mi estómago, cosquilleando la piel con su lengua a la vez que descendía debajo de las sábanas.
—Tch. Necesito que vengas a la oficina. Estás en casa, ¿no es cierto? —preguntó con desconfianza.
—¿Q-qué? —tartamudeé. De repente sentí los labios de Reiner en mi polla y contuve el aliento, esperando que Levi no haya oído mientras trataba de no gemir directamente en el teléfono.
—No me hagas repetir, Eren. Ya sabes lo mucho que detesto esa mierda. ¿Qué carajos estás haciendo de todos modos? Suenas distraído.
Sentí que Reiner metía un dedo en mi trasero mientras me la chupaba y antes de que pudiera detenerme, solté un jadeo y gemí fuertemente en el teléfono; completamente desenfrenado y claro como el día. Puse una mano sobre mi boca, los ojos abiertos en pánico y me di cuenta de lo que acababa de suceder. Gemí mientras estaba en una llamada con mi jefe de todas las personas.
—…Eren —escuché a Levi soltar un gruñido con mi nombre en la otra línea y rápidamente traté de salvarme de pasar más vergüenza.
—E-estaré ahí tan pronto como -ahh- pueda, Levi. ¡Adiós! —y sin siquiera esperar por una respuesta, corté la llamada y tiré el teléfono hacia el otro lado de la cama como si me hubiera quemado en verdad.
Arqueé mi espalda, agarrando las sábanas con mis manos mientras gemía de nuevo y embestía débilmente en la boca de Reiner al mismo tiempo que su grueso dedo se deslizaba dentro y fuera de mi dilatada entrada.
—¡Uhn, mierda…! —maldije mientras me mordía el labio inferior y me venía directamente en la boca de Reiner. El dedo que estaba penetrándome desapareció y sentí que empezaba a acariciarme en la base de mi polla mientras ahuecaba sus mejillas y chupaba la punta, sacándome otro orgasmo.
Caí sin fuerzas contra las sábanas, respirando pesadamente y mirando hacia el blanco techo en aturdimiento. El clímax de mi orgasmo desvaneciéndose lentamente, dejándome un poco mareado y parpadeé para reenfocar mi visión.
Reiner salió de las sábanas un momento después, limpiándose las comisuras de sus labios con la más grande sonrisa en su cara. Traté de fruncirle el ceño, pero era difícil de hacer cuando mi corazón todavía latía como loco en mi pecho con las secuelas de mi orgasmo mientras mi cuerpo se recuperaba.
—Eres un idiota, Reiner —dije sin verdadera malicia en mis palabras a la vez que tiraba un brazo sobre mis ojos y suspiraba.
Lo escuché soltar una risita.
—Creo que quieres decir que quieres mi polla —dijo mientras se arrastraba para echarse a mi lado, colocando besos perezosos en mi cuello y la parte inferior de mi mandíbula.
—Por muy tentador que eso suena, no puedo. Levi quiere que vaya a trabajar hoy y debido a que decidiste chupármela en tan buen momento, acabo de pasar la vergüenza de mi vida por teléfono con mi jefe —me quejé.
—Espera, ¿qué? ¿Levi quiere que vayas a trabajar un sábado? ¿Me estás tomando el pelo?
Sacudí mi cabeza de lado a lado como respuesta para la pregunta de Reiner y lo oí suspirar.
—Hombre, ese enano sí que sabe cómo dictar la vida de alguien. Trabajar un sábado, ¿acaso es Satanás?
—Sí —bromeé—. Ugh, no tiene sentido el deprimirme por eso. Mejor me apresuro para terminar con este día. ¿Puedo usar tu ducha? No quiero oler a alcohol, humo de cigarrillo y sexo cuando llegue al trabajo. Levi me mataría.
—Sí —Reiner suspiró—. El baño está en el pasillo, primera puerta a la derecha.
—¿Crees que pueda tomar prestada una camisa o algo tuyo? Si voy a la oficina usando la misma ropa de ayer estoy bastante seguro de que Levi tendrá un ataque de mierda.
—Dudo que alguna de mis camisas te quede, pero voy a buscar y ver si tengo algo.
Agarré mis jeans y ropa interior que estaban tirados al azar alrededor del piso de Reiner y me puse los bóxers rápidamente. Reiner me dio una palmada en el trasero y solté un grito por la sorpresa. Solo le lancé una mirada molesta mientras caminaba hacia el baño para tomar una ducha bien merecida.
Me lavé todo el sudor de la noche anterior (y esta mañana) y restregué mi cabello con el champú de fresa y crema perfumada que tenía Annie. Era raro el usar la ducha y champú de alguien más, pero me pareció que podría acostumbrarme a hacer esto si Reiner y yo nos convertimos en algo serio. Era divertido estar con él, fácil de llevarse bien. Tenía madera para ser un buen novio. ¿Entonces por qué sentía que algo le faltaba?
Terminé de lavarme con agua caliente y salí de la ducha secándome lo más rápido y meticulosamente que podía. Levi no especificó a qué hora exacta me quería en la oficina, pero he trabajado para él el tiempo suficiente para saber que le gusta la gente ágil y rápida. No como si tuviera alguna prisa en particular para ver a mi jefe después de esa cosa vergonzosa que pasó con la llamada. Dios, eso fue tan vergonzoso. No creo que pueda mirar a Levi a los ojos durante unos días.
Me miré en el espejo empañado y vi las marcas que Reiner había esparcido por todo mi cuerpo la noche anterior. Habían moretones muy visibles en mis caderas que estoy seguro eran porque Reiner las agarró muy fuerte anoche y unos chupetones formándose en mi cuello, pecho y clavículas. Sentí que me parecía a algo parecido a un guepardo, pero decidí ignorarlo mientras me continuaba secando con la toalla.
Después de ponerme la ropa interior y jeans, me colgué la toalla usada alrededor del cuello y regresé al dormitorio de Reiner. Podía oler el café procedente de la cocina y me pregunté si Reiner lo había hecho o si Annie o Bertholdt ya estaban despiertos.
Al volver a entrar a la habitación, me encontré a Reiner ya vestido con unos jeans azules y una camiseta ajustada. Su cabello desordenado fuera de vista, a pesar de lo adorable que era. Levantó la vista y me vio de pie en la puerta desvistiéndolo con la mirada e hizo lo mismo conmigo, con una amplia sonrisa.
—Debería tomarte una foto justo así. ¿Es posible que alguien se vea tan hermoso todo mojado después de una ducha? —ronroneó, dando unos pasos hacia mí y colocando sus manos en mi cintura.
Se inclinó y puso sus labios contra los míos suavemente y dejé que mis ojos se cerraran mientras nos besábamos con lentitud y sin prisa, mordisqueando los labios del otro de vez en cuando hasta que tuve que ponerle fin a nuestra sesión de besos.
—Tengo que irme —le recordé con una pequeña sonrisa y él soltó un quejido.
—¿No puedes llamar y decir que estás enfermo o algo? Es el fin de semana por el amor de dios —murmuró Reiner mientras caminaba de vuelta a los pies de la cama y agarraba algo.
Me lanzó una chaqueta blanca y roja de universitario con sus iniciales cosidas en el parche lateral del brazo. La cogí con facilidad y deslicé el cálido material sobre mi torso desnudo. Olía a Reiner.
—Esa es la cosa más pequeña que tengo. Es mi vieja chaqueta de la preparatoria. Ya no me cabe, pero parece que a ti te queda muy bien —sonrió.
Subí la cremallera de adelante y luego cerré los botones, disfrutando de la calidez que me proporcionaba, pero notando cómo las mangas aún me quedaban un poco largas. Le sonreí de vuelta y fui a ponerme mis botas de anoche, doblando los bordes hacia abajo para un look más casual. Me imaginé que no necesitaba verme completamente elegante para trabajar hoy de todos modos. La última vez que trabajé un sábado, el edificio estaba vacío a excepción de Levi y unos cuantos empleados de Survey Corp. La mayoría conserjes.
—Te la devolveré el lunes —dije.
Reiner solo hizo un ademán con la mano.
—No te preocupes. ¿Quieres que te lleve? La oficina está como a diez minutos en coche.
—¿Te importa? —pregunté con una sonrisa de disculpa.
—Nah. Vamos. Creo que Annie y Bert ya están despiertos.
Efectivamente, cuando Reiner y yo entramos a la cocina, Annie estaba sentada en el sofá de felpa marrón con una enorme taza de café en las manos haciéndola ver incluso más pequeña de lo que ya era. Sonreí y le di un breve abrazo desde detrás del sofá y pude ver la más pequeña de las sonrisas detrás del borde de su taza mientras tomaba un sorbo. Bert estaba haciendo el desayuno supongo y le di un pequeño saludo con una sonrisa, a lo que el regresó con una sonrisa incómoda suya.
—Voy a darle un aventón a Eren a la oficina. Guárdame un plato, ¿quieres, Bert? —llamó Reiner mientras se dirigía a la puerta de su departamento compartido.
—¿Por qué la oficina? —preguntó Annie suavemente desde el sofá.
—Levi llamó y me pidió que fuera. No me preguntes por qué, estoy tan perdido como tú —dije con un suspiro.
Annie se limitó a sentir con entendimiento antes de regresar su atención a la televisión de pantalla plana que estaba mostrando una lucha MMA de la noche anterior y deseé haberme quedado y verlo con ella en el fondo de mi mente. Quitándome esos pensamientos, rápidamente seguí a Reiner y bajamos por las escaleras de su complejo de apartamentos preparándonos para el aire frío de la mañana. Reiner solo se había puesto una chamarra ligera antes de irnos y me pregunté si no se le estaban congelando las bolas en este clima. Yo, por otro lado, estaba perfectamente calentito en la chaqueta universitaria (1) de Reiner.
Rápidamente nos subimos en su Durango plateado y por suerte él subió la calefacción mientras arrancaba el coche y dejó que se calentara por unos minutos antes de acelerar hacia el gran edificio de cristal que era Survey Corp Publications. Reiner y yo charlamos durante el corto viaje, pero más pronto de lo esperado estaba aparcando frente al edificio y mientras me movía para salir del auto, lo sentí detenerme al agarrarme del brazo y jalarme hacia él para que pudiera capturar mis labios en un beso.
Fue corto y dulce y se separó con una sonrisa.
—¿Puedo llamarte más tarde? —preguntó, con un tono de esperanza en su voz.
No pude evitar sonreír.
—Claro.
Se inclinó para otro beso, pero esta vez me alejé antes de que pusiera sus labios en su objetivo y lo escuché quejarse, haciéndome reír mientras salía de su Durango.
Después de cerrar la puerta, metí una de mis manos en el bolsillo de su chaqueta y me despedí antes de darme la vuelta hacia el frente para entrar al edificio. No necesitaba mirar hacia atrás para saber que Reiner probablemente estaba viendo mi trasero mientras me alejaba.
—Este es el resto del equipo que va a trabajar con nosotros en el suplemento para Cosméticos Brzenska. Erd, Gunther, Auruo y estoy seguro de que ya conoces a Petra —Levi presentó a las cuatro figuras sentadas en su oficina después de informarme por qué estaba aquí a las ocho de la mañana un sábado.
Sonreí cortésmente a las tres caras nuevas y me presenté como el asistente de Levi. Erd y Gunther parecían chicos bastante geniales. Erd era muy relajado mientras Gunther estaba un poco más en el lado serio, pero no me importaba mucho. El que se llamaba Auruo por otra parte, bien, no fui criado para juzgar a las personas antes de conocerlas, pero este tipo era un total imbécil. Toda su conducta era como una mala versión de la actitud alta y poderosa de Levi, y no necesitaba lidiar con dos divas al mismo tiempo. Levi era suficiente diva para que pudiera manejarlo.
Petra dio saltitos hasta mí y me dio un fuerte abrazo. No pude evitar abrazarla de vuelta, porque ella era tan malditamente adorable.
—¿No es divertido, Eren? ¡Vamos a trabajar juntos de nuevo! —dijo Petra emocionadamente, recordándome a una pequeña niña mientras sus grandes ojos miel brillaban.
—Sí. Solo espero que los modelos que usen para esta sesión no se queden en el tráfico otra vez y me vea obligado a reemplazarlos —bromeé.
—¡Oh, tonterías! Apuesto a que si te ponemos en la portada de cualquier cosa venderías millones —Petra me halagó y sonreí tímidamente.
—Si no les importa, me gustaría realmente trabajar un poco —Levi resopló desde detrás de su escritorio. Petra y yo nos enderezamos en nuestros asientos.
—Bien, Rico nos pidió que no hagamos el concepto demasiado sensiblero, lo que está bien para mí. Recon no es conocido precisamente por ser cursi —plata y azul se movieron hacia mí entonces—. Eren. Ya que este concepto fue tu idea, ¿qué tienes en mente para el tema de la sesión de fotos? —todos los ojos en la habitación se volvieron hacia mí con expectación.
Me aclaré la garganta suavemente y saqué una libreta que tenía en mi escritorio para situaciones como esta. No es como si no estuviera haciendo nada cuando no estoy corriendo por el edificio de Survey Corp haciendo el trabajo sucio de Levi. Pasé a través de mis notas y empecé a enumerar algunas ideas de temas que había escrito el día anterior con la esperanza de conseguir una oportunidad así. Nuestro concepto era "De Madres e Hijas", así que tuve que pedirle a Mikasa un poco de ayuda en la parte de "Hijas".
—La última idea para el tema que tuve era hacer que la persona modelando a la madre en la sesión le permita a la hija aplicar el maquillaje en su cara por ella —terminé, cerrando mi libreta y mirando a las otra caras en la habitación mientras murmuraban entre sí.
Erd habló primero.
—Creo que ese es probablemente el mejor tema que podemos elegir. Cuando piensas en ello, es algo que va a relacionarse con nuestros lectores si mostramos algo más doméstico y menos pasarela.
—Estoy de acuerdo. Además, no es demasiado cursi. Justo como Rico pidió —añadió Gunther.
—Esa suena como una idea de mierda para mí. ¿Qué es más cursi que una imagen de una madre y una hija poniéndose maquillaje la una a la otra? Esta no es la revista Home Life. ¡Es Recon Magazine, la biblia de la moda exclusiva de Nueva York! Necesitamos algo que se incorpore bien a la edición.
Mentalmente rodé mis ojos ante la opinión de Auruo. Por supuesto, no esperé que mis ideas fueran aprobadas de inmediato, pero él podría haber sido al menos un poco más de mente abierta al respecto.
—Tengo que estar de acuerdo con Auruo hasta cierto punto. Es una buena idea, Eren. No me malinterpretes. De alguna manera tenemos que confiar en ti para este suplemento considerando que a Rico le agradó tu idea primero y básicamente dijo que te encargaras de la totalidad del suplemento con plena libertad, pero tenemos que tener en cuenta la imagen de Recon también —reflexionó Levi—. Petra. Dime lo que crees que podría mejorar la idea de Eren.
—Hmm. Bueno, creo que hacer la sesión en blanco y negro le daría algo de clase a la imagen, y creo que Mike estaría de acuerdo conmigo en que las sesiones monocromáticas siempre son populares y bastante usadas en la mayoría de revistas de moda. Si le añadimos el filtro a blanco y negro se mezclaría muy bien con el resto de la edición.
Levi tarareó mientras se ponía a pensar lo dicho, y tenía que admitir, era en momentos como estos en los que veía a Levi en una luz muy positiva. El lado profesional de él que nadie realmente llegaba a ver. Era admirable en este estado, un verdadero profesional a mis ojos. Llámenme un nerd, pero siempre tenía una especie de figurada erección cada vez que Levi empezaba a hablar de negocios. Él siempre es firme, directo y seguro de las decisiones que toma como Editor en Jefe y hasta ahora sus decisiones no le han hecho mal a Recon. El enorme éxito de la edición de diciembre era prueba de ello.
Definitivamente era el indicado para este puesto y eso solo me hacía respetarlo más sabiendo que en realidad me daba la oportunidad de expresarle mis ideas a pesar de solo ser un asistente. Si me hubieran preguntado cuál era mi opinión de Levi hace un mes, hubiera escupido ante la sola mención de su nombre, pero si me fueran a hacer la misma pregunta ahora, probablemente enumeraría una página llena de pensamientos sobre Levi. Aunque la opinión más importante que tenía sobre él era que al trabajar a su lado había definitivamente llegado a respetar su ética de trabajo. Nunca tomaba atajos.
—Díganle la idea a Mike y vean cuándo es lo más pronto que podemos empezar a elegir las modelos —dijo Levi finalmente mientras miraba directo a Petra, quien sonrió ampliamente y asintió—. Eren, voy a necesitar que estés en la elección de las modelos también. Sino no tendría sentido que supervisaras el progreso de este suplemento —asentí con comprensión ante las palabras de Levi—. Erd, quiero que tú y Gunther usen todos sus medios para este trabajo y consigan una lista de las mejores agencias de modelos en el área de Manhattan. Denle la lista a Eren una vez que la tengan —los dos asintieron secamente—. Creo que eso básicamente cubre la sesión. Vamos a pasar a la siguiente tarea a la mano.
Los seis de nosotros trabajamos diligentemente las siguientes horas, intercambiando ideas y conceptos para otras secciones del suplemento y sobre cómo podíamos sacar el lado más suave de Cosméticos Brzenska. Era una sensación extrañamente reconfortante el estar con este grupo de personas. Me había enterado entre recesos que Erd, Gunther y Auruo habían trabajado con Levi varias veces en el pasado, así que eran veteranos con estas cosas, pero eso solo hizo que me agradaran más. No me hacían sentir como el chico nuevo o diferente al resto, le daban la bienvenida a mis ideas y opiniones con la mente abierta y era agradable el ser tratado como un igual.
—Eren —llamó Levi mientras salía de su oficina con los otros.
Levanté la vista desde mi lugar detrás de mi propio escritorio, tenía mi teléfono presionado contra una oreja, colgado entre mi mejilla y hombro mientras mis manos se ocupaban en organizar archivos.
—Reserva una mesa para seis en Café Rose. Vamos todos a comer juntos.
—Claro. ¿Necesitas que haga algo mientras están fuera? —pregunté rápidamente.
Después de colocarse su abrigo negro, Levi me lanzó una mirada incrédula.
—Dije que todos vamos a comer. Eso te incluye a ti, mocoso. Ahora, date prisa.
Me quedé sentado mirando a Levi como si le hubiera crecido una segunda cabeza, luego Petra y los otros se acercaron a mi escritorio. Gunther tomó el teléfono de mí y lo colgó, Erd cogió el bolígrafo de mi mano y lo puso de vuelta en el porta lapiceros mientras Petra cerraba la libreta que había abierto y después los tres me sonrieron.
—Vamos, chico —animó Erd.
—¿Creíste que íbamos a dejarte atrás? Somos un equipo ahora —dijo Gunther.
—¡Vamos, Eren! ¡Andando! —trinó Petra entusiasmadamente.
—Um —empecé sin convicción—. Bueno.
Agarré mi teléfono de un cajón de mi escritorio y lo metí en mi bolsillo antes de pararme para seguir al resto. Auruo y Levi ya estaban de pie junto a los ascensores y los cuatro los alcanzamos rápidamente. Todos nos apiñamos en el ascensor, charlando juntos antes de finalmente llegar a la planta baja.
Erd y Gunther insistieron en que el café no estaba tan lejos del edificio de Survey Corp, así que decidimos caminar hasta allí en vez. Fue un paseo corto, diez o quince minutos si hubiera estado contando correctamente. Durante ese tiempo ya había llamado y reservado una mesa para nosotros. Las calles de Manhattan estaban tan ocupadas como siempre, llenas con masas de cuerpos cruzando las calles y de pie en las intersecciones.
Era extraño el estar caminando a una cafetería con mi jefe, Levi Ackerman, con sus caros zapatos Armani. Casi daba risa pensar que el Rey del Mal estaba en verdad caminando y mezclándose con los plebeyos. A veces era fácil olvidar que Levi era en realidad un ser humano como todos los demás. Estaba tan acostumbrado a verlo conseguir todo lo que quería con solo chasquear sus dedos.
Llegamos al café en casi nada de tiempo a pesar de las aceras llenas de gente. La anfitriona rápidamente nos hizo sentar en la mesa que específicamente reservé para nosotros, asumí que ya que a Levi le gusta su privacidad iba a pedir una mesa en el rincón cerca de una ventana grande. Fue una gran mesa redonda con seis sillas alrededor de ella, naturalmente. Levi tomó la silla en el centro, Petra tomó con rapidez la de su derecha y Auruo tomó la que estaba a su izquierda, yo me senté entre Petra y Erd y todos ordenamos nuestras bebidas poco después.
Ya había estado en Café Rose en varias ocasiones antes porque me gustaba el ambiente cómodo. Era muy relajado a pesar de la dura y monótona combinación de colores del café. Las paredes estaban pintadas de un gris oscuro con bordes blancos y los pisos de loza eran de un tono más claro de gris. Los colores eran fríos y raros para una cafetería, pero lo encontraba encantador a su propia manera. Eren estaba sentado frente a mí charlando alegremente con Petra y lo observé cuidadosamente por encima del borde de mi taza.
Esta mañana había sido incómoda por decir lo menos, pero no quería ahondar en eso ahora mismo. Después de anoche, mi opinión original de Eren había cambiado… por así decirlo. Vi un lado diferente de él en Club Sina, uno que nunca pensé que fuera capaz, pero definitivamente me demostró que estaba equivocado. Mi punto es, mis pensamientos estaban llenos con el mocoso, demasiado para mi gusto. Tranquilamente di un sorbo del té negro traído por nuestro mesero, el calor deslizándose hacia mi estómago era bien recibido después de soportar el frío de afuera en la marcha hacia aquí. (X) Una suave canción sonaba en el fondo y me pareció calmante la acústica de la guitarra.
—Hombre, espero que no nieve esta Navidad —se quejó Erd mientras se recostaba en su asiento para estirarse un poco.
—¿Otra víspera de Navidad con tu madre? —se burló Gunther con una media sonrisa. Toda la mesa se rio entre dientes.
—Oh, claro. Ríanse. Lo lamentarán cuando tenga una cita bien sexy. ¿Entonces quién reirá al último?
—Aún yo —bromeó Gunther, tomando un sorbo de su café.
—¿Qué tal tú, Eren? ¿Estás saliendo con alguien? —preguntó Erd moviendo sus cejas.
De repente, todos los ojos en la mesa estaban en Eren, incluyendo los míos. Plata y azul chocando con turquesa y dorado. Lo vi tragar antes de sonreír nerviosamente y tomar un sorbo de su latte.
—Uh, no, no realmente —¿acaso podría sonar más sospechoso?
Sabía tan bien como cualquiera que haya estaba en el club la noche anterior que el mocoso se había ido con Reiner Braun, pero no iba a mentir, cuando llamé y pregunté si estaba en casa esta mañana tenía un presentimiento de que no lo estaba.
—Lo dudo —agregué, mirando hacia otro lado con rapidez cuando sus ojos se movieron hacia los míos.
—Levi tiene razón. En serio dudo que una lindura como tú no esté saliendo con nadie. Tiene que haber alguien que te interese —intervino Petra.
Eren soltó una risita mientras dejaba su taza en la mesa. Se quedó pensativo por un momento antes de levantar la mirada, sonriendo un poco.
—Bueno, por supuesto que hay alguien que me interesa, pero no estamos saliendo ni nada —finalmente admitió. Una de sus bronceadas manos alzándose para ajustar la liga que estaba sujetando la mayoría de su cabello.
Nuestro camarero volvió justo cortando nuestra conversación. Hicimos nuestras órdenes y continuamos charlando, todos preguntándole a Eren cosas curiosas ya que él era el chico nuevo de este grupo. Había trabajado con Erd y Gunther en el pasado, por eso sabía que podía confiar en ellos. Petra era una amiga desde hace mucho tiempo y Auruo, a pesar de sus molestas como mierda tendencias a copiarme pobremente, era bastante fiable.
—Recuerdo cuando conocí a Levi. Casi me oriné los pantalones —rio Erd—. No lo hice, por cierto —añadió.
—Sí, en mi primer día trabajando en Survey Corp me encontré con él en los ascensores y accidentalmente arañé sus zapatos nuevos Versace e hizo que me ponga en cuatro y limpiara los pisos —Gunther sacudió la cabeza con una sonrisa.
—También recuerdo decirte que me compraras un nuevo par. Sigo esperando, Gunther —solté la más pequeña de las sonrisas por detrás del borde de mi taza, agarrándola con la punta de mis dedos.
—Eso fue hace cinco años, señor —tragó Gunther.
—Exacto. ¿No me has hecho esperar lo suficiente? —levanté una ceja en cuestión.
Gunther parecía que estaba a punto de cagar sus pantalones y resoplé en mi taza antes de tomar otro sorbo.
—Ustedes no tienen carácter. Es por eso que son débiles contra la mirada del Capitán —se mofó Auruo.
—Mira quien habla. Si no recuerdo mal, había un rumor flotando por el piso veinte de que tu primer encuentro con Levi involucró té derramado en una camisa Dolce & Gabbana y escuché que lloraste cuando Levi te dio su mirada asesina —Erd sonrió, dándole un codazo a Gunther quien sonrió también. Petra tenía una mano cubriendo su boca para ahogar sus risitas en vano. Estaba temblando con risas silenciosas.
—¡¿D-de quién escuchaste eso?! —Auruo casi gritó, su cara retorcida con mortificación.
—Oh, un pajarito que vio toda la cosa.
Bufé con diversión mientras Auruo y Erd discutían, mis ojos arrastrándose hasta Eren para verlo tratando terriblemente de no reírse al fruncir sus labios con fuerza por la divertida historia de Erd sobre mi primer encuentro con Auruo.
—¿Hablan en serio? —preguntó Eren.
—En realidad fue peor de lo que el rumor lo hace sonar. Auruo se meó encima y luego se puso a llorar de vergüenza —dije, curvando mi labio con disgusto ante el recuerdo.
—¡Levi!
—Tch. El mocoso se iba a enterar de todos modos.
—¡Aw, incluso llama a Eren "mocoso" como solía llamarnos a nosotros! —arrulló Petra—. ¡Eso ya es señal de que eres oficialmente parte de este equipo! —ella sonrió ampliamente y rodé mis ojos.
—Un mocoso sigue siendo un mocoso. Todos ustedes lo son para mí.
—¿Entonces cómo fue tu primer encuentro con Levi, Eren? Ya todos contamos nuestras historias —preguntó Gunther curiosamente.
Pues, mierda. Tenía curiosidad acerca de esto. Literalmente solo ha pasado un mes y una semana desde que Eren y yo nos conocimos y recuerdo nuestro primer encuentro dolorosamente bien. Quería oír cómo el chico iba a explicar esto.
—Bueno —empezó Eren después de suspirar profundamente—, él fue un pendejo. No, un realmente enorme imbécil —la mesa se puso inquietantemente silenciosa y todos intercambiaron nerviosas miradas entre ellos, pero Eren, la pequeña mierda, mantuvo contacto visual conmigo. Oro fundido y vívido turquesa mirándome casi de una manera desafiante.
—¿Y? —dije calmadamente, haciendo un gesto con mi mano para que continuara.
—Y —se sentó un poco más erguido en su asiento, frunciendo el ceño—, literalmente, las primeras palabras que me dijo fueron: "¿Estás jodiéndome?", y eso fue antes de que me arrastrara hasta la oficina de Erwin Smith —Eren luego me sonrió sarcásticamente—. Qué buenos tiempos —cantó.
—Buenos tiempos, de hecho —murmuré—. No te olvides sobre cómo te amenacé para hacer que renunciaras en la primera semana —dije, recostándome casualmente en mi asiento con una sonrisita.
—Claro, ¿cómo podría olvidarlo? Aun así, aquí estamos un mes después y todavía sigo aquí —dijo Eren muy dulcemente—. ¿Por qué no solo admites que soy el mejor asistente que has tenido?
Me burlé.
—Un mes no es nada para presumir, no te pongas engreído. Trata de terminar tu primer año conmigo y luego ya veremos.
—Lo estoy deseando —esta vez él sonrió genuinamente y puede que mi corazón haya palpitado. Tal vez. Solo un poco. Okay, lo hizo.
Mientras tanto, Petra y los otros escuchaban en silencio nuestra charla. Ninguno lo suficientemente valiente para interrumpir. Estaba seguro de que estaban muy sorprendidos por lo descarado que Eren estaba siendo conmigo, pero a esta altura ya estaba acostumbrado a la actitud y sarcasmo de Eren. Incluso lo encontraba bastante encantador a veces. Okay, no acabo de pensar que Eren es encantador. ¿O sí?
—Wow, Eren. ¿Estás diciendo que eso sucedió en tu primer día y no saliste corriendo llorando o meándote encima? —preguntó Erd con una media sonrisa.
—No. Para ser honesto, estaba más cabreado que otra cosa. Quería probarle a Levi que no iba a renunciar solo porque no le gustaba la forma en que me veía o lo que sea —Eren admitió.
—Bueno, esa es la primera vez. No creo que haya conocido a alguien al que su primer encuentro con Levi no lo dejó en lágrimas o asustado por completo —Gunther reflexionó en voz alta.
—Entonces, ¿cuál es tu opinión de Levi ahora, después de haber trabajado con él durante tanto tiempo, Eren? Y sé honesto —preguntó Petra emocionada. Bien, ahora no estaba seguro de si quería oír esto.
—¿Honestamente? —preguntó Eren, Petra asintió—. Mi opinión de él no ha cambiado mucho. Sigo pensando que es un pendejo —me lanzó una mirada y evité sus ojos esta vez, sintiéndome extrañamente desalentado—. Pero —añadió—, supongo que he llegado a respetarlo un poco ahora que he llegado a ver su lado profesional. He visto lo estresante que es ser el Editor en Jefe de tan importante y respetada revista y bueno, supongo que quiero ayudarlo lo más que pueda. Espero que pueda ser alguien en quien él pueda confiar completamente en el futuro.
Mis ojos se movieron para encontrarse de vuelta con los de Eren, pero los suyos estaban mirando pensativamente a su latte medio vacío, una suave sonrisa curvando sus labios carnosos y sus mechones cayendo desordenadamente en su rostro. Me acordé de cómo lucía la primera vez que lo vi en mi oficina una vez más, cabello un salvaje desastre, gafas, jeans azules y Converse. No mucho ha cambiado desde el primer día que lo conocí. Aún era increíblemente determinado y obstinado como siempre, trabajador y diligente con cualquier tarea que le daba. La única cosa que había cambiado era su apariencia.
Nuestra comida llegó, finalmente, y la conversación fue reducida a una simple charla entre bocado y bocado mientras comíamos. Todos en la mesa sabían muy bien que no debían hablar con comida en sus bocas o personalmente metería mi pie en sus traseros y los haría limpiar mis zapatos con sus lenguas. Mis ojos seguían encontrándose con los de Eren a lo largo de nuestro tranquilo almuerzo y cada vez que veía dorado y verde esmeralda, mi corazón hacía una cosa extraña que no me gustaba.
Después de almorzar, todos regresamos a la oficina y terminamos cualquier cabo suelto que había quedado para el suplemento. Decidí que los dejaría ir temprano a casa teniendo en cuenta que habían estado aquí desde las ocho de la mañana y era sábado. A las cuatro de la tarde los eché a todos y Petra, Erd y Gunther le dieron a Eren alegres despedidas. Incluso intercambiaron números antes de que se fueran, Auruo dejándole a Eren su número solo para casos de emergencia o lo que demonios significara eso.
Entonces, solo estábamos Eren y yo en el edificio. Estaba terminando con la maqueta del libro con el progreso para la edición de enero mientras Eren estaba guardando todo para irse. Dudé en detenerlo antes de finalmente decidir que dejara de ser un marica sobre ello y aclaré mi garganta ruidosamente mientras Eren apagaba su computadora de escritorio.
—Eren —llamé y él rápidamente levantó la cabeza en mi dirección—. Espérame. Te llevaré a casa.
Lo escuché suspirar y luego se estaba paseando por mi oficina con las manos metidas en sus bolsillos delanteros, encogiéndose de hombros.
—Lo estás haciendo de nuevo —dijo vagamente.
—¿Haciendo qué de nuevo? —pregunté con una ceja levantada en cuestión.
—Esa cosa en la que ordenas a la gente sin darles opción en el asunto.
Rodé mis ojos.
—Solo cállate y déjame llevarte a casa, idiota.
Eren se encogió de hombros y luego se estaba dando la vuelta para salir de mi oficina.
—Claro. Te esperaré afuera.
Lo observé en silencio mientras agarraba algunas cosas de su escritorio y se iba por los ascensores, desapareciendo por la esquina y fuera de mi línea de visión. Suspiré mientras hojeaba las últimas páginas de la maqueta, marcando mis propias notas en los papeles de color neón brillante que sobresalían de los bordes del libro.
Una vez que había terminado con la maqueta del libro, la guardé con llave en un cajón de mi escritorio y me puse de pie para tomar mi abrigo detrás de la puerta. Revisé mis bolsillos para asegurarme de que tenía todo lo que necesitaba antes de apagar las luces en mi oficina y cerrar la puerta antes de dirigirme hacia los ascensores. Me descolocaba un poco dejar el edificio de Survey Corp mientras aún había luz afuera.
Mis zapatos repiquetearon fuertemente contra los impecables azulejos blancos del edificio vacío. Cualquier otro habría encontrado el ensordecedor silencio inquietante, pero yo encontraba comodidad en él. Cuando finalmente llegué al vestíbulo, asentí hacia el guardia de seguridad de servicio para el fin de semana mientras caminaba por el hall principal hacia las puertas delanteras. Aspiré el frío aire de diciembre y podría jurar que olía a canela y menta en el ambiente, pero eso sería ridículo. Solo era mi imaginación y mi mente cansada jugándome trucos.
Miré a mi alrededor en busca de una familiar cabeza de cabello castaño desordenado y la encontré cuando giré hacia mi derecha y vi a Eren apoyado en la misma columna de piedra en la que lo encontré sentado esa noche de noviembre hace casi un mes. Tenía su teléfono en la mano mientras tocaba la pantalla con el pulgar, sus cejas muy juntas dándole una seria expresión, pero sus labios estaban ligeramente separados y pude verle rodar algo en su boca con la lengua.
—Vamos, mocoso —dije dando un paso hacia él.
Sus ojos se movieron para encontrarse con los míos y se iluminaron con algo que no pude descifrar. Metió su teléfono en el bolsillo de sus pantalones y trotó hacia mí con las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta.
Me siguió hasta mi coche que estaba aparcado en el garaje. Mi lugar de estacionamiento estaba reservado con una placa que tenía mi nombre en ella, cortesía de Erwin Smith cuando me convertí en Director Creativo. Abrí las puertas de mi Lamborghini negro y escuché a Eren hacer un sonido entre una risa y una tos ahogada.
—Puertas verticales, ¿estás jodiéndome? —lo escuché murmurar más para sí mismo que otra cosa y no pude evitar sonreír. No podría decir si estaba más cabreado o impresionado o ambos.
—¿Sorprendido? —pregunté mientras me deslizaba en el asiento delantero—. Por cierto, no ensucies mi auto o te mataré y tiraré tu cuerpo sobre el puente de Brooklyn.
Lo vi rodar sus ojos.
—No, no estoy realmente sorprendido. Como que debí haber esperado que tú de todas las personas en primer lugar conduzcas un Lamborghini y en segundo lugar que tenga puertas verticales. ¿Por qué todos los ricachones tienen que tener coches con puertas verticales? —resopló después de subirse al asiento de copiloto.
—Bueno, no sé si todos los ricachones —sonreí.
Salimos del estacionamiento y hacia las siempre bulliciosas calles de la Ciudad de Nueva York. Por suerte, Eren mantuvo las manos quietas mientras manejaba, si había algo que odiaba sobre dejar que la gente entre a mi auto, era cuando empezaban a tocar mierda dejando sus huellas manchadas en todo. Eren tuvo que dirigirme en qué calles voltear ya que la última vez que lo llevé a casa fue en mi limusina y mi chofer era el que estaba detrás del volante.
—Entonces, ¿estoy bien en asumir que no me llamarás mañana para ir a trabajar a las ocho? —preguntó Eren, rompiendo el tenso silencio flotando sobre nosotros durante el viaje.
—Relájate, chico —solté un bufido—. No habrá más llamadas inesperadas a las ocho de la mañana.
—Bien. Mi casa está en la siguiente cuadra —instruyó.
Volteé en la siguiente manzana y conduje hasta que Eren me pidió que me detuviera. Aparqué el coche y me senté en un incómodo silencio mientras Eren dudaba en salir del auto.
—Um, gracias por traerme, supongo. Nos vemos el lunes —dijo torpemente.
Solo di un breve asentimiento con la cabeza mientras él abría la puerta del lado del pasajero, cerrándola suavemente y luego trotando por la calle un poco. No me había dado cuenta antes, pero Eren había dejado una camisa blanca y negra que estaba cuidadosamente doblada en un cuadrado en el asiento de mi coche y la observé con suspicacia. ¿No era esa la camisa que estaba llevando la noche anterior cuando se fue son Reiner? Sin lugar a dudas era la camisa que había usado anoche en el club, ¿cómo podría olvidar la manera en que se veía con ella mientras bailaba en la pista esa noche?
Puse el coche en avance, lentamente soltando el freno y me moví con cuidado por la acera más cerca de donde Eren se dirigía solo para verlo parado frente a una casa de color azul claro con un porche cerrado hablando con un chico flaco rubio que tenía unas patillas realmente cagadas. Eren se veía muy molesto, si el profundo ceño fruncido en su rostro era alguna indicación. Bajé la ventana de mi lado y decidí llamarlo mientras frenaba a su costado en la acera.
—Oi, Eren —dije, bajando las gafas de sol que había posado en mi nariz. Eren y el chico patillas se volvieron para mirarme. Estiré la mano y agarré su camisa, enrollándola un poco antes de tirarla por la ventana hacia él. La atrapó con facilidad—. Dejaste tu camisa en mi auto.
La mirada en la cara del rubio no tenía precio. Sus ojos se agrandaron mientras se quedaba mirándome como si acabara de crecerme una puta verga en la frente, luego se giró para mirar a Eren quien seguía frunciendo el ceño.
—¿Acabas de llegar a casa con ese tipo? ¿No es el mismo con el que te vi hace unas semanas? —preguntó el rubito.
—Thomas, ya te lo dije. No es asunto tuyo con quien me junto —escupió Eren. Esta podría haber sido mi señal para irme, pero decidí permanecer alrededor en caso de que el rubito aquí ocasione algún problema innecesario.
—Me mentiste, estás viéndote con él, ¿no es cierto? Pensé que odiabas a tipos engreídos como él, ¿pero ahora estás saliendo con uno?
—¡No es asunto tuyo, Thomas! Ahora vete a casa, ya te dije que no quiero volver a verte.
El rubito parecía a punto de protestar mientras su boca se abría para replicar, pero esta vez yo interrumpí.
—Oi, Chuletas de cordero —chasqueé mis dedos antes de señalar con mi pulgar detrás de mí—. Piérdete, él no quiere hablar contigo.
El güerito, o Thomas como había escuchado que Eren lo llamaba hace unos momentos, me frunció el ceño y se veía tan feroz como un cachorro a quien le acababan de dar un baño. Le lancé mi mejor mirada enojada y noté la manera en que tragó antes de resoplar y volverse hacia Eren.
—Hablaremos más tarde, ¿de acuerdo? —Thomas murmuró en voz baja.
—Adiós, Thomas.
El chico titubeó en irse al principio, pero un solo vistazo hacia mí, que seguía mirándolo con molestia desde mi ventana hizo que se alejara al fin. Eren suspiró pesadamente y arrojó la camisa que le había lanzado encima su hombro.
—¿Acosador psicópata o algo así? —pregunté.
—Peor. Ex-novio —Eren bufó, pero luego sonrió y mi corazón se hinchó un poco—. Gracias de nuevo.
Empujé mis gafas de sol con un dedo antes de girarme al frente otra vez, evitando efectivamente el quedar cautivado por esa bonita sonrisa y esos ojos incluso más bonitos mientras sonreía.
—Nos vemos el lunes. Trata de no ser asesinado por el chico patillas, aún te necesito para la sesión de fotos del suplemento.
La última cosa que escuché antes de subir mi ventana e irme manejando fue el ligero, despreocupado sonido de la linda risa de Eren mientras me alejaba.
Aclaraciones:
(1) Atuendo de Eren en mi perfil.
(X) Canción del capítulo en mi perfil.
N/T: Aw, ¿qué fue eso? ¿Hermoso y necesitado fluff? ¿Levi no siendo un imbécil? Increíble :v
Gracias por sus comentarios, me animan mucho. Al parecer Eren nos sorprendió a todos en el anterior capítulo. Hay que ser pacientes con el Riren :'v
En el siguiente capítulo regresa nuestra querida Hanji con sus locuras :3
