Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.
Una Razón
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Hush
It's okay
Dry your eyes, dry your eyes.
Soulmate dry your eyes, dry your eyes.
Soulmate dry your eyes
Cause soulmates never die
(Placebo, Sleeping with ghots)
Despertó cuando el rabo de Vegeta apretó demasiado su muñeca. Debió hacer lo que siempre hacía: acariciarlo hasta que éste se relajara y liberara. Se volteó para mirarlo, estaba de lado y la luz de la luna que se filtraba por las cortinas —una verdosa que no lo transformaba en simio gigante—, lo iluminaba lo suficiente para ver su rostro.
Desde la habitación de la cabaña que compartían hace dos días, podía escuchar el sonido del mar. Algo por lo que había soñado por tanto tiempo, desde que fue raptada. Cuando vivía en la Tierra, nunca se dio el tiempo para disfrutar del océano, y cuando despertó Vegeta, fue una de las cosas que mencionó entre tantas otras sin sentido, invadida por la emoción de verlo recuperado. Entonces Vegeta, en otro ataque de impulsividad de los que era presa, desde que estaba con ella, se vistió, la llevó a una nave y llegaron a un planeta prácticamente desolado con habitantes temerosos, que por supuesto al reconocer al príncipe, los atendieron y brindaron una cabaña alejada de todo y cerca del mar. Los atendieron tal y como los sirvientes de palacio: prácticamente no los veían y la comida aparecía cuando era necesario. Bulma intentó conversar con los nativos, para conocer más del planeta, sus costumbres y si había algún lugar interesante para visitar y comprar ropa, pero la evitaban todo el tiempo e incluso huyeron despavoridos cuando ella levantó la voz, molesta por no obtener respuestas más allá del sí y no. Entonces Bulma decidió no seguir intentando, seguramente pensaban que era violenta como los saiyajin, y no podía hacer nada contra esa reputación ganada.
En cuanto acarició su rostro, abrió los ojos. No dijo nada, la quedó mirando en silencio y ella hizo lo mismo por un largo rato.
—Tenía una nave para escapar del planeta después que te marcharas a pelear —susurró terminando con el silencio—. Accedí a involucrarme contigo para ganar tu confianza y construir una nave y volver a mi planeta.
—No sabía lo de la nave —respondió igual de relajado que ella, como si hablaran cualquier tema sin importancia. Siempre supo que en un comienzo, la mujer le coqueteó para ganar cosas. Él no era tonto y no podían engañarlo.
Era tarde y no habían dormido mucho.
—Tus informantes no lograron descubrir todo sobre mí. —Sonrió y se cubrió el hombro desnudo con la cobija.
—La que te di fue inútil entonces…
—No, porque tuve un problema con la que construí y terminó destrozada.
—¿Qué clase de problema?
—Nada de qué preocuparse. —Levantó la mano para volver a acariciar su mejilla—. ¿Pensaste que podría irme?
—No —respondió seguro, pero la verdad es que se le pasó por la cabeza en más de una ocasión durante los días que estuvo peleando, y en parte, eso lo hizo apresurarse en acabar más rápido con todos sus enemigos. Y luego, continuar peleando en Vegetasei para detener el ataque sorpresa, pese a encontrarse en tan mal estado. Un poder que nunca antes había sentido, se apoderó de él.
—Lo pensé muchas veces, demasiado, pero aquí estoy.
—No podías escapar.
—Era lo que siempre quise. ¿Por qué estás tan seguro?
—Porque eres mía.
—Maldito engreído. —Levantó una ceja—. Como si tú no te murieras por mí. —Se le acercó para pegar su cuerpo desnudo al de él. Lo besó un par de veces antes de seguir hablando—. Me encanta este lugar. No sabía que tuvieran planetas para salir a vacacionar.
—¿Vacacionar? —La abrazó por la cintura y tocó su piel. Subió y bajó la mano, y pronto su rabo se unió a las caricias.
—No creo que conozcan esa palabra —dijo sonriendo—. No me imagino a los saiyajin tomando vacaciones en playas paradisíacas.
—Este planeta nos pertenece, pero no hemos decidido qué hacer con el aún. No tiene nada para explotar ni mano de obra esclava útil. Es por eso que está intacto.
—Fuese mi planeta ya lo hubiera convertido en el lugar de moda de celebridades. Con hoteles, restaurantes, piscinas, casinos, cabañas cerca de la playa, centros de bellezas y de moda. Hay muchas formas de hacer negocio sin esclavizar o destruir.
—Todo eso suena aburrido.
—Es como me siento cuando hablas de combates. Así que aprecio el gesto de traerme aquí. Es primera vez que salgo de Vegetasei desde que llegué.
—No quería que nadie me molestara. Mi trabajo ya estaba hecho, mi padre que se encargue de tomar el planeta enemigo.
—¿Mañana me acompañaras a la playa? Llevamos casi tres días aquí y no has querido bañarte conmigo.
—Aburrido. —Movió un poco las cobijas para poder ponerse sobre ella sin destaparla. No tenía frío, pero ella sí y se había acostumbrado a protegerla de todo. Aunque ya se encargaría de hacerla entrar en calor.
—La próxima vez voy a construir una cámara de gravedad portátil para llevarla en una cápsula y así tendrás algo más que hacer mientras yo me divierto.
—Eso me gustó. —La besó en la boca y bajó a su cuello.
—Estaba siendo irónica. —Sonrió y cerró los ojos.
Vegeta ya no la dejó seguir hablando. La joven mujer lo había despertado, así que aprovecharía el momento para agotarse y luego volver a dormir.
(…)
—Tienes nuevas cicatrices —comentó sin dejar de masajear su espalda. Estaba sentada sobre él, con la arena tibia bajo ellos. Detrás podía oír el sonido del mar y las olas, pero por más que insistía no había logrado llevarlo al agua. Aunque ya tenía en mente cómo conseguirlo, de la misma forma que lo sacó de la cabaña—. Pensé que con el tanque no te quedarían marcas.
—Las heridas más graves siempre dejan marcas.
—Entonces creo que investigaré sobre el funcionamiento de los tanques y ese líquido para perfeccionarlo. Admito que se ven sexy en ti, pero si sigues así, cuando seas anciano, no tendrás espacio en el cuerpo sin cicatrices. —Cargó más las manos para ejercer presión sobre sus hombros.
—Sé que lo harás bien.
Bulma sonrió al oír esas palabras de confianza. Vestía solo ropa interior, lo más parecido a un bikini que pudo encontrar para este viaje inesperado. Por supuesto, en cuanto regresara a Vegetasei, mandaría a confeccionar lindos trajes de baño, pero se le apetecía más ir de compras a algún lugar bonito. Vegeta vestía el short de spandex negro que usaba para entrenar, lo único que encontró Bulma cuando guardó su monótona ropa. Ella siempre supo que cuando se enamorara de verdad, sería de un hombre diferente a todo lo que había conocido, pero esto ya era demasiado. Desde la ropa, las conversaciones, el sexo, hasta las discusiones y la vida entera que estaban viviendo, era totalmente distinto a lo que podría haber tenido con cualquier hombre. Y otro detalle importante: el suegro.
—¿Tu padre me quiere muerta? —preguntó totalmente tranquila, como si estuviera consultando sobre qué comida cenar.
—No permitiré que nadie te haga daño.
—Eso no fue lo qué pregunté. Sé que me protegerás siempre, pero el tiempo que estuviste inconsciente, Raditz me tuvo viviendo en su casa, y durante el día, mientras te escoltaba, me permitía estar contigo. Me estaba protegiendo de la gente de palacio.
—Nadie te pondrá un dedo encima, yo me encargaré de eso.
—Tu padre debería dar las gracias por tener una nuera como yo. Hermosa, talentosa e inteligente, pero es un bruto que cree que todo se trata de combate.
—No puede objetar mis decisiones.
—De haber nacido en Vegetasei, hubiese sido de las más poderosas.
—Tienes la altanería de las mejores guerreras —dijo sonriendo.
—Tomaré eso como un cumplido. —Se sentía tan segura con Vegeta, que ya no tenía miedo—. Ahora acompáñame, vamos al agua. —Se puso de pie y le tendió la mano.
Vegeta se volteó, pero no se puso de pie.
—Ve tú.
—No seas así. Te prometo que no te arrepentirás. ¿Alguna te has arrepentido de algo conmigo? —dijo coqueta.
Vegeta respondió con una sonrisa de lado. Jamás había apreciado su belleza en otro escenario. De hecho, nunca antes, se había fijado en su alrededor, hasta ahora.
Bulma retrocedió unos pasos, sin dejar de mirarlo. El sol era maravilloso, acostumbrada al clima frío de Vegetasei. Con su característica sensualidad, se quitó el sujetador y arrojó a la arena.
—¿Realmente no quieres acompañarme? —En cuanto sus pies tocaron el agua, bajó un poco las pantaletas para tentarlo—. Ha pasado tanto tiempo sin nadar, puede que lo haya olivado. ¿Vas a dejar que me meta al agua sola?
—Llevas tres días nadando sola. —No lo pensó, pero era la primera vez que sonreía tanto en un día, y por motivos que no eran la lucha o derrotar enemigos.
—Pensé que me cuidarías. —Terminó de quitarse la prenda para quedar completamente desnuda—. Vamos, Vegeta. Solo un par de minutos, te lo prometo.
Vegeta se puso de pie y miró de pies a cabeza.
—Está bien, pero después de esto nos iremos.
—Prometido —mintió.
(…)
Cuatro días después...
—¿Qué vas hacer?
—Ir al laboratorio. Tengo mucho trabajo por hacer y necesito ponerme al día —respondió luego de quitarse las zapatillas para lanzarse a la cama. Estiró brazos y piernas, perezosa y cansada.
—No es necesario que vayas más al laboratorio. Eres mi mujer. —Se quitó la ropa y tiró al suelo. Tenía cosas por hacer, pero primero se daría una ducha.
—Soy tu mujer, y eso no importa. Me gusta el trabajo en el laboratorio. No voy a quedarme todo el día sin hacer nada. Moriría de aburrimiento aquí si no trabajara en lo que me apasiona.
—Como gustes. —Fue al baño, con ella detrás.
—Tal vez si viajara a otros planetas más civilizados, podría distraerme más.
—Es muy peligroso. —Supo enseguida lo que pretendía.
—Oh, vamos. Hay cientos de planetas normales a los que podría ir sola y no me pasaría nada. —Lo vio meterse a la ducha, pero no se apartó, ni le importó mojarse el vestido.
—Tengo demasiados enemigos. —Le dio la espalda
—Pues yo ninguno, y dudo que alguien me reconozca, además puedo ir con Raditz.
—No.
—¿Por qué no? —Levantó la voz. Odiaba tener que pedir permiso para hacer algo, pero no había forma de salir del planeta sin su consentimiento.
—Es demasiado peligroso para ti.
—Ya investigué. Hay un par de planetas a menos de un día de aquí que son seguros, y podría ir de compras, respirar aire nuevo, caminar por las calles, ver gente normal y no guerreros sangrientos cada cinco minutos.
—Acabas de regresar de un planeta pacifico.
—Un planeta desierto, no es lo mismo.
—La respuesta es no —dijo más preocupado del shampoo en su cabello que en la conversación con ella.
—Al menos mírame cuando te hablo. —Terminó de meterse a la ducha para obligarlo a voltear y mirarla. Quiso seguir reclamando, pero él la tomó del cuello y cintura y acorraló contra la fría pared.
—Tienes que entender las consecuencias de ser mi mujer. Esto no es un juego ni algo pasajero. Algún día serás la reina de este planeta y ya es hora que comiences a comportarte como tal.
—Vegeta… —Debió tomarse unos segundos para hablar. Sus palabras la estremecieron, pero no se dejó encantar por completo, necesitaba decirle lo que pensaba—. Yo quiero estar contigo, pero ya no soy esclava, no puedo vivir encerrada toda mi vida.
—Si pudiera te tendría encerrada en mi cuarto toda la vida… —La tomó del rostro y acarició el labio con el pulgar—. Pero no es así como funcionas.
—Me alegra que te des cuenta de eso. —Lo besó en la boca y abrazó—. Entonces, ¿podré viajar a otros planetas cercanos?
—Lo voy a pensar. —Ahora él la besó. Retiró los tirantes del vestido mojado para desnudarla.
—Te prometo que no me meteré en problemas.
—Aún no he dicho que sí. —Bajó las manos para tocarla y quitar sus pantaletas.
—No te preocupes, yo me encargaré de que lo hagas. —Se aferró de su cuello cuando la tomó del trasero para levantarla.
Esa tarde, ella no fue al laboratorio, ni él atendió sus asuntos pendientes.
(...)
—Vegeta, que gusto verte recuperado —comentó irónico el rey en cuanto vio a su hijo llegar al salón.
El monarca se encontraba en su asiento a la cabecera, acompañado de Paragus y otros saiyajin adultos, todos alrededor de una larga mesa de madera gruesa y oscura. Había mucha comida y alcohol para todos, y mujeres hermosas de diferentes razas se preocupaban de que nada les faltara a los hombres.
—Pensé que habías muerto luego del ataque al planeta, Vegeta. —Observó a su hijo sentarse al otro extremo de la mesa. Le molestó que no lo mirarse mientras le hablaba y estuviese más atento al vino de su copa—. Te dejé en un tanque de recuperación y no supe cuando despertaste. Te marchaste por una semana, regresaste ayer, y nuevamente me enteré por un soldado que estabas de vuelta.
—Lo siento mucho, padre. La próxima vez pediré tu permiso para salir del planeta. —Sin mirar a la mujer que llenó su copa, bebió.
—Estábamos preocupados por usted, príncipe —intervino Paragus—. Lo dejamos en muy mal estado en un tanque, y de pronto desaparece. Por un momento pensamos que había sido tomado inconsciente del cuarto de recuperación.
—Qué poca confianza en mí —respondió con una sonrisa altanera en los labios—. ¿Ahora se olvidaron quién ganó la guerra?
—Por supuesto que no, Vegeta. —El rey bebió de su copa, sin sacar la vista de su hijo. Estaba consiente que él había sido quien guió a los hombres a la victoria, y por eso, su orgullo de guerrero y monarca estaban heridos—. Y es por eso que te esperábamos.
—¿Hay una sorpresa para mí?
—Realizaremos un torneo, príncipe Vegeta. En honor a usted y a la victoria del planeta sobre el enemigo —dijo Paragus.
—Eso suena interesante.
—Será dentro de dos meses. El tiempo necesario para que los mejores guerreros regresen. Y tú también vas a participar.
—Por supuesto que participaré, padre. Y ganaré. —Vació la copa y alejó un poco para que la mujer a su lado le sirviera más. El rey notó que en ningún momento miró a la hermosa mujer con poca ropa.
Vegeta siempre había sido indiferente a las mujeres cuando había gente alrededor. Su padre ya conocía a su hijo, y estaba acostumbrado, pero el último tiempo comenzó a molestarle su actitud, especialmente cuando se enteró de la proclamación sobre esa humana ante todo el planeta, y luego la desaparición en cuanto despertó del tanque de recuperación para irse con esa mujer.
El comportamiento extraño de su hijo ya estaba en boca de todos. Era una vergüenza para él que el príncipe demostrara tanta debilidad hacia una mujer insignificante luego de haber guiado al batallón a la victoria, y este torneo en su honor tenía más de un propósito. Tenía planeado recuperarlo por completo.
—Será un acontecimiento especial, hijo. No solo celebraremos la supremacía de nuestro imperio, también será el día que anuncies tu compromiso ante todo el planeta.
—¿Compromiso? —Vegeta no borró la sonrisa soberbia, pero fue claro que tensó los labios y por primera vez miró directamente a los ojos a su padre.
—Algún día serás el rey de Vegetasei, y ya es hora que escojas una guerrera para que sea tu compañera y engendren hijos poderosos, herederos dignos del trono. Y el último día del torneo lo anunciaremos.
Todos los hombres presentes miraron al príncipe y esperaron su respuesta.
—¿Acaso vas a morir que ya estás pensando en buscar más herederos? —Mantuvo su postura arrogante y burlona.
—No, Vegeta, pero he decidido que ya debes escoger una guerrera digna de ti.
—Tú preocúpate de gobernar, que yo me ocupo de conquistar planetas y traer victorias, padre.
—Ese es el problema, Vegeta. Últimamente has caído en errores que pueden salirte muy caro, y como rey no voy a permitir eso.
—Yo no cometo errores. —Su rostro se puso serio y el tono de voz más grave. No permitiría que cuestionaran sus decisiones, ni siquiera el rey.
—Lo estás haciendo, Vegeta. Cuando decidiste quedarte con esa humana no le vi importancia, todos alguna vez nos hemos encaprichado con una prostituta que sabe moverse, pero…
—Fui bastante claro el día antes de partir a la guerra. —Interrumpió a su padre de forma calmada y segura, pero por dentro ya le ardía la sangre al escuchar cómo se refería a Bulma—. La humana no es una prostituta, es mi mujer, y mi decisión se debe respetar, al igual que a ella.
El rey sonrió por sus palabras.
—Escúchate, Vegeta. Estás hablando así de una insignificante criatura. Te concedo que es una hembra exótica y además inteligente, eso es difícil encontrar entre las concubinas, pero el príncipe no la declara como su mujer, simplemente se la coge.
—Desde hace mucho tiempo tomo mis propias decisiones, y no voy a dejar de hacerlo porque ahora te incomoda. —Volvió a levantar la copa para que la llenaran.
—Puedes conservarla. Te lo mereces por tu constante desempeño sobresaliente, pero mándala de regreso a tu harem. Hay nuevas mujeres que agregué de regalo por tu victoria. Más de una puede interesarte. Ve con ellas y disfruta. Y no olvides que te estoy dando una oportunidad de recapacitar, Vegeta.
—Ya te dije, padre. Mi decisión ya está tomada.
—¿Es tu última palabra? —El silencio en el salón era insoportable. Solo se escuchaban las voces de padre e hijo enfrentándose en una batalla de miradas.
—¿Cuantas veces tengo que repetirlo para que entiendas?
El rey tomó un sorbo de su copa antes de hablar con total tranquilidad.
—Todos, retírense de inmediato.
No fue necesario volver a repetirlo. Todos los hombres se pusieron de pie y abandonaron el salón sin preguntar, al igual que las mujeres.
Vegeta se cruzó de brazos y piernas, mientras que el rey apoyó los codos en la mesa y entrelazó sus dedos.
—Todo el mundo está hablando de tu patético comportamiento, Vegeta.
—Si tanto quieres una reina, busca una para ti.
—Ni siquiera de Tarble hubiera esperado algo así.
—Lamentablemente, padre, no puedes deshacerte de mí tan fácilmente, como lo deseaste con Tarble hasta que se te adelantaron.
—Que no se te olvide que soy más fuerte que tú. —Su boca se puso tensa cuando habló.
—Si tú lo dices. —Curvó un poco los labios al decir eso.
El rey terminó de beber el vino, se puso de pie y caminó hacia su hijo. Vegeta no se movió un milímetro, simplemente lo siguió con la vista hasta que lo tuvo al lado.
—Puedes hacer lo que quieras Vegeta, te lo mereces, pero dentro de dos meses, cuando finalice el torneo, anunciaremos tu compromiso con una guerrera de elite. Tienes dos meses para escogerla, de lo contrario lo haré yo, y de paso, me encargaré de tu prostituta. —Le dio una palmada en el hombro y se marchó.
El príncipe terminó el vino en un sorbo antes de salir a paso rápido y decidido.
—Todo está muy bien, pero necesito un informe más detallado. —Caminó por el laboratorio revisando la carpeta que le entregaron. Detrás de ella iban dos científicos para hablarle sobre el trabajo hecho durante sus días de ausencia.
—Los trabajos se han visto detenidos por la reconstrucción de los lugares destruidos por la batalla.
—No puedo creer que los usen como mano de obra bruta. Para eso pueden usar saiyajin. —Pasaba de una hoja a otra, sin mirar por donde iba, atenta a lo que había en el papel y lo que decían los hombres que la acompañaban.
—Parte del laboratorio también se vio afectado, maquinaria importante y como siempre nos han dejado al final de la lista de reconstrucción.
—Me encargaré de solucionar eso. Ahora hay mucho trabajo que hacer. Tenemos escasez de naves y armaduras. Pensé en nuevas aleaciones y modelos, pero primero tenemos que tener todo el laboratorio funcionando al cien por ciento.
—Sí, señora.
—Retírense, ahora. —Vegeta llegó caminando y se detuvo en cuanto encontró a Bulma.
Por supuesto, los científicos y todos los que estaban cerca se fueron del lugar con la cabeza agacha para no mirar al príncipe a los ojos. En pocos segundos la pareja quedó sola.
—¿Qué pasa? Estoy trabajando. Tengo mucho que hacer.
No le respondió, tampoco se acercó. La quedó mirando, ansioso, incluso temeroso de que algo pudiese pasarle. Jamás había experimentado un sentimiento así y lo odió. En ese momento maldijo el día que la conoció. Por su culpa ya tuvo problemas lidiando con primeras sensaciones, pero el miedo era algo que nunca había pasado por su mente, hasta ahora, y no estaba dispuesto a acostumbrarse a algo así.
—¿Qué pasa, Vegeta? —Se le acercó, y aprovechando a que estaban solos, lo abrazó y besó en la boca. Estaba tan tenso que lo sintió en sus labios—. ¿Vegeta?
—Nada. —La tomó de las manos para que dejara de tocarlo.
—¿Nada? No te ves como nada. Me estás asustando.
—No es nada de qué preocuparse. —Relajó la mirada y tomó su rostro. Como siempre, acarició su labio con el pulgar.
—Si no quieres decirme, está bien, pero trata de mentir mejor la próxima vez. —Le dio un beso corto en los labios, pero él la retuvo y obligó a alargarlo, más fuerte y apasionado.
(…)
Después de ducharse, tomó una toalla y volvió a su cuarto para vestirse. Comenzaría a entrenar más horas para alistarse para el torneo. Tenía la posibilidad de viajar de misión a un planeta cercano y poderoso, pero no volvería a dejar a Bulma sola hasta solucionar el problema. Le llamó la atención verla aún acostada durmiendo, cuando ella siempre andaba de un lado a otro en las mañanas como si estuviese atrasada, cuando ni siquiera era su obligación ir a trabajar al laboratorio.
Se puso lo pantalones y las botas, sin dejar de mirarla.
—¿Todo bien? —Al no tener respuesta fue a la cama y sentó a su lado.
En ese momento, Bulma abrió los ojos y bostezó cansada. Vegeta movió su cabello para ver su rostro, y tocó sus mejillas al ver su rostro pálido.
—Estás enferma. Haré traer un doctor.
—No, no es necesario. —Con un poco de dificultad se sentó para mirarlo—. No dormí bien, y estoy cansada. He tenido mucho trabajo, solo necesito dormir.
—¿Estás segura?
—Sí, a veces me pasa. Antes lo solucionaba con un día en el spa, pero ahora solo duermo.
—Entonces descansa. No vayas al laboratorio hoy.
—Cuando despierte me sentiré mejor. —Volvió a bostezar y se recostó.
Vegeta la tapó y observó un rato. En verdad estaba cansada, ya que se durmió a los pocos minutos e incluso comenzó a roncar.
Se puso de pie para terminar de vestirse e irse a entrenar.
(...)
—Debería sacarte del laboratorio de una vez por todas. —Encendió la chimenea con un pequeño rayo para calentar el cuarto. Luego de eso, fue a la licorera por la botella de vino. No se molestó en tomar las copas, estaba agotado después de haber entrenado todo el día sin parar a la máxima gravedad, aunque hubiera continuado, pero no pasaría tantas horas sin ver a Bulma, especialmente por la advertencia de su padre, aunque los días habían pasado y nada había sucedido.
La semana había estado tranquila, sin sobresaltos ni sorpresas, salvo hoy, que fueron a interrumpir su entrenamiento para avisarle que su mujer había tenido un pequeño accidente en el laboratorio. Una parte de la nueva nave en la que trabajaba cayó y la golpeó en el pie; intentaron llevarla a un tanque de recuperación, pero Bulma se negó por completo por miedo a meterse en un frasco gigante de vidrio lleno de agua. El ver a Vegeta en ese lugar la hizo tomarle miedo y evitarlo. Así que ahora descansaba sobre el sofá con el pie y tobillo derecho vendado. No se veía asustada ni con dolor, estaba demasiado ocupada devorando la comida recién llegada, ya que había estado tan concentrada en su trabajo que no había probado bocado en todo el día.
—Pero no lo vas a hacer, tengo mucho que hacer. Cosas que te van a encantar.
—No sabes cuidarte. —Se sentó al otro extremo, junto a sus pies. Ella estaba con las piernas estiradas y la espalda apoyada en el brazo derecho del sofá.
—¿No sé cuidarme? —Levantó una ceja—. Pasé cuatro años como esclava. Pretendían venderme como prostituta y terminé en el laboratorio. Evidentemente sí sé cómo cuidarme. —Sacó un trozo grande de queso y lo comió con ganas.
—Ahora estás probando lo contrario.
—No seas dramático, Vegeta, fue un golpecito. —Tomó un racimo de uvas azules, lo más cercano a alguna fruta de la Tierra—. Ya casi no me duele.
—¿Así? —Con un dedo le tocó un poco más fuerte de lo que la había estado tratando. Inmediatamente, Bulma dio un brinquito por el susto y dolor que sintió en toda la pierna.
—¡Bruto! ¡¿Cómo se te ocurre hacer eso?!
—Pensé que no te dolía —respondió serio, un poco molesto por lo descuidada que era. Para él, era tan frágil, débil y delicada físicamente que tendía sobreprotegerla de más.
—No vuelvas a hacer eso, bruto. —Le arrojó un par de uvas directo a la cara.
—Tú no vuelvas a hacer eso. —Por supuesto no significaron nada, pero de todas maneras no le gustó.
—¿Por qué? ¿Qué me vas hacer? —rió con ganas y le lanzó más.
—No sigas —ordenó y puso la mano en frente de su rostro para detener el ataque de uvas y pan.
Bulma no se detuvo, todo lo contrario. Le arrojó lo que encontró a mano, presa de un ataque de risa. Vegeta le gritó para que se detuviera, pero solo aumentaba sus risas. Debió tomarla del tobillo sano para atraerla y alejarla de la comida. Terminó acostada con el hombre encima afirmando sus muñecas.
—Debería castigarte ahora mismo. Estás completamente loca —dijo con la mandíbula tensa, mientras ella no dejaba de reír.
La joven aprovechó la posición para abrazar su cintura con las piernas y evitar que se alejara.
—Te ves horrendo cuando frunces el ceño. —No lo dejó responderle. Le tapó la boca con besos.
Vegeta no esperó y la tomó en brazos para llevarla a la cama.
Rato después descansaban sobre la cama, desnudos y sudorosos. El calor de la chimenea mantenía el cuarto cálido y agradable.
—¿Cuándo podré salir del planeta? —preguntó acostada sobre su pecho.
—Ahora me estoy preparando para el torneo, luego de eso me preocuparé de ti.
—Puedo ir con Raditz. No tardaría más de cuatro días.
—Si vas a salir de aquí será conmigo.
—¿Acaso piensas acompañarme de compras? Si en ese planeta desierto tuve que obligarte para que me acompañaras un rato a la playa, no creo que quieras ir a ver ropa conmigo, y te advierto que puedo pasar todo el día probándome ropa.
—Primero perderé en combate antes de acompañarte a esas cosas.
—¿No te gustó hacerlo en la playa? —Acarició su pecho. Hay muchos lugares interesantes donde podemos hacerlo.
Vegeta sonrió por su comentario. No podía creer que después de tanto tiempo juntos, aún sintiera tal deseo por ella, y otras muchas cosas más.
—Me encargaré de todo luego del torneo. Ahora debo entrenar.
—¿Y no estás apresurado en salir a misión?
—Por ahora no. —La abrazó con un brazo cuando ella lo estrechó con fuerza y cerró los ojos.
—Vegeta… No me arrepiento de mi decisión.
No le respondió, se preocupó de acariciar su cabello. La joven se movió un poco para cubrirse con el cobertor.
—Bulma…
—¿Sí? —Bostezó agotada. Últimamente se cansaba con mayor facilidad. Definitivamente debía alimentarse mejor, o terminaría enfermándose, y no quería otra excusa para que Vegeta exagerara —según él—, por su comportamiento irresponsable.
—Prométeme que tendrás más cuidado. Necesito concentrarme en mi entrenamiento, y si continuas metiéndote en…
—Puedes entrenar tranquilo, Vegeta. Tu torpe y débil humana estará atenta para que nada malo le pase. —Se volteó y lo tomó del brazo para que la abrazara—. Ahora duérmete, estoy muy cansada.
Ella se durmió casi enseguida. Mientras que a él le tomó mucho trabajo. La idea de sacarla del planeta había quedado atrás. Sabía que su padre nunca amenazaba sin concretar, pero esta vez era diferente, él era el príncipe de Vegetasei, no cualquier soldado menor y era quien más victorias había traído al planeta. Ya faltaba un mes para aquel dichoso torneo, y en ese lugar se encargaría de dejar todo en claro con su padre y el reino entero, por eso debía continuar entrenando para terminar lo más rápido posible, y demostrar una vez más que es el mejor, pero el estar pendiente de ella todos los días, no lo dejaba concentrarse como debía. Era el momento de tomar una decisión.
(…)
Los robots terminaron destrozados en el suelo, el calor en la cámara de gravedad era infernal, y el aire pesado dificultaba la respiración, pero el hombre no se detuvo. Continuó lanzando golpes y patadas a un enemigo invisible. Hizo abdominales, flexiones de brazos, piernas, y otros cientos de ejercicios que lo llevaron al extremo. La gravedad estaba al máximo, y pese a sentir varios músculos lastimados, no se detuvo, aún quedaban un par de horas para entrenar y no se detendría por ninguna herida. Sentía que su poder se había estancado y pese a exigir su cuerpo más allá de los límites, no lograba sobrepasar lo que logró cuando combatió contra su último enemigo, y sobre todo cuando volvió a Vegetasei y se encargó de aquellos que quisieron tomar su planeta. No lograba entender qué le faltaba para volver a ese nivel y sobretodo, superarlo.
Golpearon a su puerta con fuerza. Eso era raro, ya que nadie tenía permiso de interrumpirlo durante su entrenamiento, y la única persona que desobedecía ese mandato, Bulma, no tenía la fuerza suficiente para golpear de esa manera la puerta reforzada. Ignoró el llamado y continuó con los abdominales, pero se desconcentró por culpa de la insistencia y golpes cada vez más rápidos y agresivos.
Molesto, se puso de pie y apagó la gravedad. Su cuerpo sintió el cambió de presión y el malestar y cansancio disminuyeron un poco. Caminó hacia la puerta y abrió para los golpes cesaran de una vez.
—He dicho que no me interrumpan —dijo molesto, al ver el soldado, pero en cuanto se fijó en su cara alterada, supo que algo no andaba bien—. ¿Qué pasa?
—Príncipe, es su mujer… —respondió el hombre nervioso y asustado, incluso tartamudeó un poco por el miedo de tener que ser él quien le diera la noticia al hijo del rey—. No nos dimos cuenta y abandonó el laboratorio, y su mujer…
—¡¿Qué fue lo que le pasó?! —Tomó al soldado de la armadura y zamarreó para que hablara. No se dio cuenta, pero su corazón se aceleró mucho más que cuando estaba entrenando.
—Lo siento señor, pero fue al mercado, y alguien la atacó por la espalda. Se encuentra grave en…
No esperó a que terminara. Ya sabía en el lugar que debían tenerla. A cada paso que daba, su corazón se aceleraba más y más, y el sudor frío comenzó a caer por su sien y nuca. Pasó junto a unos soldados que le hablaron, pero no los escuchó, de reojo vio sus bocas moverse sin sonido alguno. Aceleró el paso, y por primera vez experimentó lo que era el miedo, lo que pensó que era temor y sintió cuando su padre hizo la amenaza, no era nada en comparación con lo que lo invadía ahora.
Si algo le pasaba a Bulma… si algo le sucedía, haría correr ríos de sangre y ya sabía por quién comenzar.
Continuará...
Bueno, y aquí estoy, un poco más atrasada, pero actualizando. Les cuento que el martes volveré a clases y estaba viendo trabajos atrasados para entregar, además me tienen de niñera de mi sobrino y por eso me retrasé en escribir. Soy feliz, el jueves fui al doctor y pese a que me falta un poco para recuperarme, la neumonia ya se fue, así que me dio de alta. También les comento que debido al retraso, no escribí todo lo que quería para el capítulo, pero gracias a eso, quedan dos episodios más para que termine y no uno.
La soberbia de Vegeta le jugó en contra. Él sabía de lo que era capaz su padre, lo conocía muy bien, pero se creía tan importante y superior a todos que por un momento pensó que a él no lo haría nada, pero se equivocó, y lo averiguó de la peor manera.
En cuanto al capítulo anterior y a varios rws que llegaron: Sí, mi idea era hacerlos pensar que Bulma se marcharía jajajajaj sorry por hacerlos sufrir, pero me gusta el drama. Y esas dos escenas eran recuerdos, no sueños.
Como ya mencioné, el martes regreso a clases, así que haré lo posible para actualizar la próxima semana, ya que los primeros días serán tranquilos, pero luego nos llenarán de trabajos, tareas y pruebas. Amo esta historia, y quiero terminarla a tiempo, no dejarla abandonada, así que cumpliré.
Muchísimas gracias a todos los mensajes que llegaron. Aprecio las buenas vibras para que mejorara pronto, y pese a que tardó un poco más de lo esperado la recuperación, ya lo peor pasó.
Siento si hay muchos errores. Me instalaron office hace poco y anda raro. A veces word no me guarda los cambios que hago, pero revisé varias veces, así que espero que no se hayan pasado muchos detalles.
Besos y abrazos a Vegeta Biefs: (Sí recuerdo tu mensaje, muchas gracias) Rosspe, Maytelu: (ya falta poco para saber el final) Avis: (yo también amo la historia n.n) Gabo Chan, Pau Brief-Love-Vegeta, Guhxjspasalasdhdhdjs54, Carols2497, JLgonzalez: (Ninguno de los hermanos abandonaría la pelea hasta que el otro muriera) Anngles: (El fic de Milk, Radtiz y Kakarotto no es tan largo, pero igual es de varios capítulos, aunque cuando me inspiro tiendo alargarlos, así que no sé cuántos capítulos son exactamente) Viara616, Mimitaz: (Gracias por haber abandonado el anonimato para dejar un comentario, lo aprecio mucho) Dayana07, LizetGalvan: (Falta poco para que sepas si tus teorías son acertadas o no XD) Caroonte1: (La única forma de detener a su hermano era asesinándolo) Stitchita, Veros, Carofibp, Vebu Ouji Brief, Lady Basilisco 220282: (No, no te equivocas, jajajaja) Nina, LucretiaDroogie: (Después de escribir tanto de Raditz en otros fics, terminé queriendolo) Anirva.g, Prl16, Andreaahp, Sora147, Dekillerrave, Soofii821, Annie Oh, Ina, Leetzi y a todos los guests por sus comentarios.
Con cariño,
Dev.
12/08/2016.
