DE ARDIDES Y MENTIRAS

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CAPÍTULO X

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Breves notas de la autora:

Créditos financieros, igual que en el capítulo I.

Lamentamos que Heimdall sea tan inútil xD. Es un problema manejarlo y todo el tiempo alguien logra dejarlo fuera. Nunca lo mencionamos pero siempre estamos pensando en él y cuando ocurre algo lo primero es: "¡No podemos hacer eso! Porque Heimdall lo hubiera visto". De hecho Cuencas Vacías propuso envenenarlo desde el capítulo 2. (Ophelia, me hubieras hecho caso!). Pero de verdad perdón que todo el tiempo alguien logra evadirlo, si hacemos otro fic de estos prometemos dejarlo más poderoso.

Sé que no suena muy lógico pero a ninguna de las dos nos va el Mpreg. La razón, además de que es extraño imaginar a un personaje masculino con barriga de embarazo, es que se presta demasiado al OOC. Tratamos de manejar a Loki de la mejor manera posible pero, de antemano nos disculpamos por todo el OOC del pobre jötun; ponerlo así era indispensable para la trama.

Una vez más, muchas gracias por los reviews, por los follow y por los favorite's. Su apoyo es el combustible que nos hace esforzarnos en cada entrega. De verdad mil, mil gracias por dedicar algo de su tiempo a esta historia.

ADVERTENCIAS: Mpreg, Slash, Thorki.

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Capítulo X:

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Odín contempló su ciudad, tenía las manos posadas sobre el pasamanos del balcón de sus aposentos. Frigga aguardaba a sus espaldas acomodada sobre un butacón, tenía las manos entrelazadas sobre sus piernas, y aunque su rostro mantenía la serenidad, era en las manos donde se leía la tensión de su cuerpo. Su reina le había contado que Loki gestaba un hijo de Thor con todo lo que ello implicaba, desde cómo había podido suceder hasta las consecuencias de esa magia. Tras sus palabras se quedaron callados durante varios segundos.

El Padre de Todo se había encerrado en sus pensamientos. Lo primero que había cavilado era que por fin podía ver con claridad el plan de Laufey. Siempre tuvo la certeza de que había un ardid fraguado por el rey jötun que inmiscuía a Loki directamente. Sí, había pensado en asesinatos, traiciones y envenenadas palabras susurradas al oído de Thor, pero jamás había pensado que su papel sería dar un vástago para después morir. Y no cualquier descendiente, sino un heredero a los tronos de Jötunheim y de Asgard. También comprendió que Laufey casi había conseguido su objetivo cuando, tras el matrimonio, pidió que Loki fuera trasladado a Jötunheim y él había accedido. Había sido Thor quién se había negado y obstruido los designios del otro rey. Podía imaginarse lo que habría ocurrido de haberlo conseguido. Jamás habrían vuelto a ver a Loki y sólo muchos años después, al encontrar en las filas de Jötunheim a un guerrero con fuerza descomunal, habrían sabido la verdad. Y Thor nunca habría podido dañar a un hijo suyo.

Su siguiente reflexión fue cómo desbaratar aquel plan. Lo más sencillo sería asesinar al infante junto con su gestante pero matar a Loki, aun cuando nunca nadie se enterara de que él dio aquella orden; lastimaría a Thor más allá de lo imaginable. Odín no podía negar lo evidente: su hijo amaba al jötun. Y a pesar de todas las pruebas que siempre le ponía a su heredero para forjarlo, no podía herirlo de esa manera. Se giró dejando atrás su vasta ciudad. Frigga seguía esperando que dijera algo. Su amada había dejado en claro que movilizaría a Harma, a todos los maestres y eruditos, y si la magia de Asgard no era suficiente buscaría en otros reinos a alguien que pudiera ayudarlos para que Loki no muriera. Ella también le había cogido cariño.

Durante todo ese tiempo Odín había hecho lo imposible por ser reconocido como la cabeza de una coalición de reinos. Era un proyecto en verdad ambicioso, la guerra logró imponerle como rey indiscutido de Nornheim. Midgard siempre había sido tutelado por Asgard por lo que podía considerarse parte de esta liga, y Vanaheim había cedido su influencia en política exterior a Svartálfheim con quien siempre había tenido buenos tratos. Odín tenía la oportunidad de anexar a su proyecto de un solo golpe Alfheim y Jötunheim. Quería conseguir ser el Padre de Todo en una alianza de paz nunca antes vista, ni siquiera por su padre Bor. Había diferencias que podían arreglarse con pluma y no con espada pero Laufey, al igual que Giselher en su momento, era un soberano que no se podía convencer únicamente con palabras.

Tomó una resolución.

–Voy a otorgarle la ciudadanía aesir a Loki y se lo voy a informar a su padre –dijo. Al hacerlo Laufey ya no podría obligar a su hijo ni siquiera a visitarlo y dejaba en claro que sólo él tenía potestad sobre el joven y sobre aquel que engendró. –A Laufey no le gustará eso, y se imaginará o sabrá con certeza la razón por la que lo he hecho, actuará en consecuencia como mejor le parezca pero no va a obtener a nuestro nieto por ningún medio –determinó Odín; después de todo no sólo lo movía su pensamiento político, sino también la acción de acoger al próximo miembro de su familia bajo su manto protector. La idea de anular el matrimonio de Loki con Thor la desechó por completo.

Una sonrisa en los labios de Frigga no tardó en demostrar que estaba de acuerdo con esa acción. Odín haría llamar a su secretario para que redactara ambos documentos. Loki había sido la llave de la alianza con Jötunheim e iba a ser la razón por la cual terminara. Como en un tablero, el rey había movido la primera pieza hacia una posible guerra.

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–En mi interior llevo a tu hijo.

A pesar de la oscuridad de la alcoba, cada uno podía ver la expresión del otro con pasmosa claridad. El silencio tras la confesión congeló el momento. Sus miradas fueron disonancia. Loki mostraba semblante serio aunque por dentro tenía un mar de sentimientos en plena furia. Estaba iracundo con su padre por haberlo encaminado hacia aquel destino y puesto una sentencia de muerte sobre su cabeza, estaba decepcionado consigo mismo por no haberlo previsto a tiempo y haberse sumergido en la idea de que era libre. Y estaba molesto con aquel que crecía dentro de sí asesinándolo, ese engendro, paladeó esa palabra aunque no la dijo. Por otra parte, los ojos de Thor traslucieron sorpresa y confusión, como si no hubiera entendido las palabras que acababa de decirle, y posiblemente no lo hubiera hecho.

–¿Qué? –Preguntó reaccionando por fin.

Loki se mostró reacio a volver a repetirlo.

–¿Es qué tengo que deletreártelo? –Preguntó ofuscado.

Thor negó con la cabeza. Loki esperó a que lo acribillara a preguntas de cómo era eso posible, que se apartara del lecho para pensar lo que le estaba diciendo o mostrara recelo ante lo antinatural de aquella confesión pero no esperó que reaccionara como lo hizo. Thor apartó las sábanas que estorbaban entre ellos y se echó encima de él. Sin perder un segundo, buscó su vientre palpándolo con sus cálidas manos; no podría sentirlo, aún era demasiado pequeño. Luego de ese momento, estalló en carcajadas, Loki por un instante creyó que Thor pensaba que aquello era una broma.

–Por eso te noté… –se interrumpió a sí mismo. Su voz denotaba la felicidad que lo desbordaba –un hijo ¿estás seguro? –Inquirió. No, Thor lo había comprendido bien pero no había ni siquiera suspicacia en su reacción. Estaba ocupado pensando que Loki le daría un hijo, algo que jamás había esperado de él, ¿acaso lo que sentía no era lo que la gente llamaba felicidad?

–Tú madre y yo le hemos visto –le aseguró Loki. Seguía esperando las preguntas obligatorias pero luego se dio cuenta de que Thor no las haría, así era su naturaleza. El que hacía una tragedia en su cabeza era él, no Thor.

–Iré a las caballerizas para que procuren tener un potrillo al momento de que nuestro hijo nazca, así será su caballo desde un principio. Será de Tanngrisner, le pediré a Sif que nos preste a Freki para que sea una montura egregia. Yo tuve mi primer caballo a los tres siglos, era asombroso. También tenía una armadura de niño y le quedaría bien, o tal vez no, quizás sea muy alto por tus herencia de gigante pero los enanos de Svartálfheim podrían ajustarla. Si fuera niña, podría entrenarse como valkiria igualmente, me encantaría que tuviera tus ojos –continuó hablando. Loki lo dejó seguir su monologo, sólo para averiguar hasta donde era capaz de llegar. –Debería tener amigos de su edad. ¿Crees que Volstagg y Fandral quieran tener los suyos pronto? Aunque de Fandral sólo habría que rastrear algunas doncellas, tal vez ya sea padre –y se rió. –Dijiste que lo viste con mi madre, yo también quiero verlo –pidió. –No podría estar más contento que ahora, pídeme lo que quieras –le dijo Thor.

Fue de nuevo hacia él, le tomó de la nuca para acercarlo a sí y darle un beso, luego otro y otro más. Loki tragó saliva. La felicidad de Thor era palpable y le dolía, tanto así que tuvo deseos de destruirla.

–Prométeme que cuando ya no esté, cuidarás que mi padre no le ponga sus manos encima –le dijo. Nuevamente Thor se mostró desconcertado, no estaba entendiendo así que Loki se explicó mejor. –Esto es lo que quería cuando me convirtió en una yegua a la que podía aparear con quien se le diera la gana. ¡Y me vendió a ti! –Loki lo empujó para que se apartara de él y se enderezó en el lecho. –No soy tonto Thor, sé cómo me mirará la gente cuando se entere de mi preñez. Noté la duda en los ojos de Frigga cuando lo miró, sé qué pensará Odín al respecto y tú…

–Yo jamás te he visto de otra manera –lo interrumpió.

Era cierto, pero Thor lo amaba de una forma en que nadie más lo había hecho. El súbito enojo de Loki se apagó. Thor se acercó a él, lo tomó de los hombros y lo rodeó gentilmente. El cuerpo del jötun había vuelto a ser frío y estaba tenso así que el dios del trueno apoyó su espalda contra la cabecera de la cama y se quedó con Loki entre los brazos, acariciando su piel en silencio hasta que pasaron varios minutos.

–¿A qué te refieres cuando has dicho que ya no estarás? –Le inquirió.

Loki no había querido decirlo de esa manera, le hubiera gustado explicárselo tal como hizo con Frigga pero el enojo que experimentó le había ganado. Era fácil ser rudo y hosco con Thor porque se lo permitía, jamás le reprendía y al contrario, siempre estaba dispuesto a perdonar su mal genio.

–En Vanaheim me enteré de esta anatema, me va a consumir hasta no dejarme nada para vivir, para traerlo al mundo yo debo morir, por eso no me importa si tiene un caballo o si usara armadura, si será una doncella con el color de mis ojos o tendrá amigos. Eso me tiene sin cuidado.

Thor se quedó callado cavilando lo que había dicho. Su abrazo se hizo mucho más fuerte.

–Debe haber alguna forma de impedirlo. Nuestra ciencia es mucho más avanzada que en cualquier otro reino, habrá una forma de impedirlo y la encontraremos –dijo con seguridad. A Loki le impresionó la manera en que Thor siempre era optimista, no se había quejado de aquel lance, ni maldecía a los vanir por su magia retrograda, no se indignó con Laufey, no gritó ni se desgarró. Aquella criatura que se alojaba en su interior no le pareció una abominación si no que parecía en verdad feliz con la idea. Loki se apretó contra él y finalmente no se resistió al impulso de enderezarse y mirar a través de sus iris azules. Leyó esperanza, una resolución que casi le hizo olvidar su fatal destino ¿acaso habría alguien más en los nueve reinos con unos ojos así?

Loki se dejó envolver y apretó los ojos. Se quedaron callados durante varios minutos sin que ninguno de los dos hablara pero sin que pudieran conciliar el sueño tampoco. Thor si tenía preguntas después de todo, la primera fue desde cuándo había empezado a gestarse ese hijo; y se quedó sin aliento cuando supo que la respuesta era desde antes de la boda. Su voz mostró tanta preocupación sobre el hecho de que Loki estuviera en la guerra de Alfheim sin que ninguno de los dos supiera las consecuencias de sus actos que prometió no ponerlo en peligro nunca más. Loki desahogó su coraje contra su padre aunque Thor no era bueno siguiéndole en sus quejas pues él no veía practicidad en ello, y estaba seguro que de no haber sido por ese plan de Laufey ellos jamás hubieran estado juntos ¿qué rey hubiera convencido a un igual para casar a su vástago varón con otro? Loki encontró su sentido del humor después de todo. Hablaron de lo que Rurik había dicho pero prefirieron no hacer demasiadas especulaciones. Loki le pidió que no lo anunciara a ninguno de sus amigos aún pues no se sentía listo para enfrentar a nadie más por el momento.

Finalmente, como en antaño, aquella noche sólo pudo dormir abrazado a Thor con todo su ser.

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A Thor la vida le había dado un vuelco. Desde que Loki le dijo que esperaba un hijo suyo semanas atrás, se encontró absorto en sus pensamientos acerca de aquella pequeña criatura. No le dijo a Loki del miedo que sentía en su interior por la idea de qué pudiera morir, no podía confesarlo porque su amado ya tenía bastante trasluciendo en sus ojos para que él le impusiera sus propios temores. Tampoco podía mostrarse entusiasmado y feliz como hubiera querido porque eso parecía enfadarlo, como si le traicionara por sentirse así. Le hubiera gustado acudir con Harma de inmediato para que atendiera a Loki pero él se rehusó aunque prometió dejarse revisar por Frigga mientras no se notara, había respetado su decisión como también le dejó que se alejara de él aludiendo la gestación. No podía tocarlo tanto como le gustaría y le había pedido que no compartieran más el lecho. Loki cumplió cabalmente con esas palabras y volvieron a dormir separados, pero al cabo de unos días acabó colándose en las madrugadas en la cama de Thor, quién mejor optó en cada ocasión por fingir que dormía. Loki se abrazaba a él con cuidado como no queriendo despertarlo pero con tanta firmeza como si se le fuera la vida en ello; cuando el jötun caía rendido en brazos del sueño era el turno de Thor de abrazarlo, a veces lo hacía inconscientemente pues esa era su costumbre al estar juntos, aunque a veces estaba despierto y aprovechaba ese momento en que su amado estaba en paz para acariciar su vientre y susurrarle palabras de consuelo que en la vigilia sólo lo harían enojar. Todo era tan complicado con Loki que Thor pensaba que Sif tenía razón cuando le dijo que lo que se merecía era un jötun difícil.

A sus amigos no les pasaba desapercibido las horas que pasaba metido en sus propios pensamientos. Thor prefería no dejarlos preguntarle nada y usó como excusa la petición que su padre le hizo, de hacer amistad con Adalster, para evadirlos. Aunque no sabía hasta donde podía llegar considerando que ayudó a matar a su padre. Lo había invitado a entrenarse con él, aunque Adalster era más de los que preferían leer, de no ser necesario y de Loki tener humor, le hubiera pedido a él que se encargara del príncipe alfh.

Tras días eludiendo hasta sus pensamientos Sif le salió al paso.

–¿Podemos hablar? –Y antes de que se le ocurriera cualquier excusa, ella le tomó de un brazo y lo haló a su alcoba.

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Con serenidad, Loki revisaba los documentos que Frigga le había encargado. Como reina no sólo atendía la vida en palacio o la estancia de los diplomáticos extranjeros. Atendía las peticiones que tuvieran que ver con la funcionalidad de la ciudad, y con los pupilos de la corte. Sin embargo aquella tarde Frigga no prestaba atención a sus asuntos, contemplaba a Loki de vez en cuando. Habían pasado semanas desde que supiera que gestaba a su nieto, las prácticas bajo la supervisión de Volstagg se habían suspendido al día siguiente de saber lo que ocurría y no importó que Loki dijera que eso no afectaba al nonato porque Thor no quiso escuchar aquello. Las lecciones con los maestres continuaban en los aposentos de Loki sin que ninguno de ellos protestara. La familia real al completo había callado, a Frigga le constaba que ni siquiera Thor había hablado de ello con sus amigos para no incomodar a Loki, pero la figura sílfide del jötun estaba cambiando y Frigga lo notaba bajo sus ropas.

La reina había hablado ya con Rurik, lo había hecho traer hasta Valaskialf y se entrevistó con él pero no hubo mayores respuestas ni esperanza en sus palabras. No había perdido la fe de encontrar una solución. Quería que Harma lo revisara pero no sabía cómo pedírselo pues desde que vio a su nieto en el lector de almas, Loki no había querido volver a las casas de curación, aun cuando sabía que Thor se lo había pedido. A ella le había dejado auscultarlo un par de veces más pero el tiempo avanzaba y no debían ser negligentes. Estaba a punto de tomar la palabra cuando Loki habló primero.

–¿La puerta de Eldgjá? –Preguntó enseñándole el papel, aunque Frigga no necesitaba verlo para saber de qué hablaba. –¿Dónde está?

–Cerca del mar Mývath, pasando la planicie de Ida. Es una fortificación con torre y lo que protege es un camino natural que existe entre Jötunheim y Asgard. Como portal está vigilado por una guarnición aunque en realidad no se necesitan muchos hombres para defenderla pues no se puede abrir por el lado de Jötunheim. Mi esposo mandó a los ingenieros a verificar su estado –le explicó. Loki asintió sin estar sorprendido, parecía que ya sabía de la existencia de esos pasajes. –Estaba previniéndose por si tu padre se mostraba ofensivo por una misiva que mi amado le envió –comentó Frigga. Loki la miró curioso, instándola a continuar hablando. La reina tomó un pergamino próximo a su mesa. –Se lo iba a dar a Thor para que te lo entregara, ya que él lo solicitó en tu nombre –dijo indecisa pero finalmente se lo tendió.

Loki tomó aquel documento, tenía el sello de Asgard, lo abrió con cuidado y lo desdobló. Era una carta de ciudadanía dirigida a él, en donde le otorgaban nombramiento como aesir: Loki Odínson, del linaje de Laufey. Estaba firmado por Odín y por el concejo, tenía fecha de unos días atrás.

–Se los agradezco –dijo pero no parecía muy entusiasmado.

–Pensamos que a tu padre no le gustaría y mi esposo no quiere ocultárselo pues siguen siendo aliados. La carta debe haber salido esta mañana así que esperaremos su respuesta, te mantendré informada de ella –le dijo pero a Loki no parecía importarle demasiado la reacción de su padre. Frigga aprovechó el momento –he estado pensando en otorgarte nuevas alcobas para tu comodidad. He dispuesto que alisten las que están al lado de los aposentos de Thor y hacer que los conecten mediante un espacio en común. –Era así como estaban dispuestas las de Odín y ella, cada uno tenía sus aposentos independientes pero compartían una habitación como matrimonio.

De esa manera estaría más cerca de Thor y de ella, y esa zona del castillo accesible sólo por una escalera era un área a la que no se permitía el paso sin autorización. Aún no hablaba con Sif pero deseaba hacer lo mismo con ella. Mudarla a las alcobas frente a Thor en deferencia a su rango aunque estás no estarían enlazadas.

–También me gustaría que viéramos a Harma... –Loki le prestó toda su atención.

–Preferiría que no –dijo –Harma es buen maestre pero no tiene conocimientos de este tipo de magia y prefiero no inmiscuirlo.

–Pero tenemos que revisar el estado de tu gestación, no sabemos cuándo tendrás a este bebé por ello debemos observar su desarrollo –dijo Frigga hablando con todos los conocimientos que Rurik le transmitiera, pero Loki estaba negando con la cabeza.

–Cuando avance más mi estado comprenderé que sea necesario pero no creo que sea apremiante en este momento –dijo mirándola. Algo en la mirada de Frigga debió delatarla porque de inmediato Loki continuó hablando –no quisiera exponerme innecesariamente al escrutinio de personas que me verán como si esto fuera hechicería oscura. Entiendo tu preocupación pero si no es necesario y urgente, no quiero hacerlo. Con Harma no tengo la confianza que he alcanzado contigo –expresó Loki con mirada consternada.

Frigga lo entendió, a ella igual la habían acusado de brujería cuando quedó encinta. Asintió alcanzando la mano de Loki.

–Te entiendo hijo –cedió –te revisaré personalmente pero llegará un punto en el que mis conocimientos no alcanzarán y tendremos que recurrir a Harma –le dijo mirándole. Por el momento, Frigga lo dejaría estar.

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La respuesta de Laufey a su nueva ciudadanía llegó en forma de misiva dirigida a Ull y al capitán de su guardia. Loki no hubiera sabido de ella de no ser porque su amigo se presentó en sus aposentos, aterrorizó a Radha con una mirada cuando intentó detenerlo y casi le estampó el correo en la cara para que lo leyera. En pocas líneas dejaba en claro que Loki no era ya hijo de Jötunheim por lo que ni su pueblo, ni sus soldados debían prestarle más servicios. Era un extranjero y como tal no poseía derechos. No había que ser un sabio para entender que eso significaba que lo quitaba de la línea de sucesión, no era ya el segundo heredero a un trono que antes Loki había añorado.

Dejó la carta sobre su escritorio y miró a su amigo que esperaba alguna palabra hacia él.

–No te veo haciendo las maletas –le dijo.

–Si salieras más, sabrías que los otros ya van rumbo al Bifrost sin intenciones de informarte antes de ello. Al contrario, yo quiero saber qué está pasando, no comprendo porque los ases te han hecho uno de ellos, ni porque tu padre te ha desterrado de tu mundo. ¡Te ha desterrado! –Le dijo todo lo alarmado que Loki no se sentía. –De verdad Loki ya no sé de qué vas. Se suponía que ibas a conquistar Asgard, que el reino dorado pagaría las afrentas cometidas en las guerras contra nosotros pero no veo cómo lo vas a hacer siendo proscrito. ¡Prometiste venganza por mi hermano! No puedes ser un aesir, no deberías haber aceptado su ciudadanía. –Ull hizo un gesto obsceno pero su voz se había ido apagando junto con sus argumentos.

–No volveré a Jötunheim jamás –le reveló Loki. Pero sus palabras no bastaron para que Ull diera media vuelta y se marchara sin más, se quedó de pie frente a él esperando. –Es difícil explicarlo, no se lo he dicho a nadie más pero estoy gestando al hijo de Thor con ayuda de mi magia así que… –se interrumpió ante la mueca de incredulidad que colocó su amigo. Algo así había esperado de su esposo pero cuando el rostro de Ull reflejó lo mucho que le perturbaba la idea, finalmente agradeció que Thor se lo hubiera tomado de mejor manera.

–Eso que dices es muy desagradable –dijo el jötun, y aun así sus palabras eran moderadas para lo que reflejaban sus ojos. Miró a Loki y luego a su cuerpo un par de veces más –sino fuera porque te conozco pensaría que es una broma de pésimo gusto. ¿Un hijo? –Lo vio llevarse una mano al rostro, no era la respuesta que el gigante esperaba, desde luego. –¿Qué se supone qué debo hacer?

Loki no sabía si sentirse halagado porque Ull dudara en marcharse de inmediato pero le hacía preguntarse si su amigo se rehusaba a tomar una decisión por él, como su amigo y príncipe; o si algo de aquel rumor de Ull rondando a Sif tendría algo de verdad. Sabía que era amigo de la valkiria y dudaba que los gustos de su amigo fueran hacía las aesir a las que encontraba con poco encanto físico.

–Deberías seguir a los otros. Yo estaré bien.

–Si no fuera por mi hermano y por mí, esos hipócritas asgardianos te habrían matado aquella vez –le recordó pero tras eso se serenó. –Loki, te aprecio de verdad. No hay rencor en mi partida sólo quiero dejar eso en claro –le dijo.

Ull se marchó sin mayor ceremonia. Los jötun no se inclinaban a hacer gala de cariño, lo que le iba bien al aesir en ese momento que no estaba de humor para un drama superior. Leyó de nuevo la carta de su padre encontrando la sutileza de sus palabras donde no mencionaba a su futuro heredero ¿es qué creía que podía ponerle aún las manos encima? Loki se encontraba muy lejos del alcance de Laufey. Un momento después Thor entró a su alcoba. Debió de haberse encontrado con Ull en la puerta pues su rostro parecía sorprendido.

–Escuché que tus guardias jötun se habían marchado, pensé que él igual lo había hecho –dijo.

Loki no respondió nada, sólo se encogió de hombros. El dios del trueno se inclinó sobre él para besarlo y Loki le entregó los labios pero cuando la mano de Thor se estiró hacía su vientre, Loki no dudó en atajarla. Ambos intercambiaron una mirada, Thor se mostró contrariado pero no dijo nada como siempre, en vez de ello se dejó caer en el sillón a un lado.

–Empieza a notarse –dijo Thor. Loki lo sabía. La ropa empezaba a quedarle mal, tendría que llamar a Yrsa para que la ajustara sin embargo aún podía crear ilusiones y fue lo que hizo, se colocó sobre sí mismo una donde no se notaba ni un ápice que su cuerpo iba adquiriendo cierto volumen. Thor frunció el ceño. –¿Te avergüenza? –Preguntó.

La respuesta era sí pero Loki no la dijo. Quitó aquella ilusión a sabiendas que no dudaría, que tarde o temprano esa magia desaparecería. Thor esperaba su respuesta sin quitarle la mirada de encima y Loki escogió sus palabras.

–Me incomoda –dijo finalmente.

Loki estaba al tanto de lo mucho que se había negado a las peticiones de Thor. A pesar de su insistencia y de la reina, seguía sin acudir a visitar a Harma para ponerlo al tanto de su situación. Cuando se negó a que su esposo siguiera compartiendo su lecho pensó que él simplemente iría a la cama de Sif pero no, lo encontraba cada madrugada en sus propios aposentos aguardándolo. Le quedaba en claro que Thor y Sif ni siquiera estaban intentando mantener la apariencia de ser un matrimonio. Pero donde auguró que el dios del trueno se empecinaría sería en ver a su hijo en el lector de almas y no fue así, Thor respetó su decisión aunque no pareció hacerle gracia. Loki no podía seguir diciéndole que no. Una vez con Frigga tratando un asunto con un comerciante necio e insistente, la reina cedió y Loki no entendió por qué lo hizo hasta que ella lo explicó: Si cedes ante las cosas pequeñas puedes ser firme en las importantes.

Ese dicho era el que Loki escogió para la ocasión. Podía dejar que Thor lo viera a él todo lo que quisiera.

–¿Quieres cenar conmigo esta noche? –Le preguntó Thor.

–Sabes que lo hago con tu madre –le dijo extrañado de que le hiciera aquella petición cuando ya sabía que siempre acudía con la reina. Thor se puso en pie –¿puedo volver entonces después? –Pero Loki negó con la cabeza.

Thor pareció querer decir algo más pero finalmente sólo le dio otro beso antes de irse. Loki en cambio se dirigió hacia su cama. Aquellas estancias que Frigga prometió aún no estaban listas así que continuaba donde siempre, y antes de acudir a donde la reina prefería tomar una pequeña siesta y pensar en la carta de su padre. No es que le pesara su destierro aunque significaba que jamás volvería a ver la nieve. En cuanto se metió al lecho perdió la noción del tiempo en los sueños pero despertó con un alboroto proveniente de su sala de estar, aguardó un segundo y al otro Ull entró a su habitación sin anunciarse. Por un instante Loki pensó que había soñado con su amigo trayéndole la noticia de que había sido proscrito.

–¡Me han desterrado! –Gritó Ull antes de que Loki siquiera pudiera hablar, sólo le tomó un instante comprender que no era un alucinación.

–Pensé que te habías ido –fue lo único que comentó.

–Todo es culpa de Myr –dijo Ull pero eso no fue una verdadera respuesta para Loki. –No quería irme sin despedirme de Sif, pero su doncella no me dejaba pasar, al final la he empujado después de que me tuvo ahí como pasmarote por una hora. No hice una plática eterna, sólo fue un instante, hice mis baúles y cuando llegué al Bifrost el portero me dijo que mejor no me fuera porque mi rey acababa de proclamar que estaba desterrado bajo pena de muerte si me atrevía a volver. ¡Pensó que mi demora era porque mi lealtad estaba contigo! –Todo eso lo dijo con aire ofendido y como si esperara que Loki sacara la solución de su manga.

–Yo te dije que te fueras para alcanzar a los otros –dijo Loki. No le sorprendió la actitud de Ull, siempre hacía las cosas a su ritmo y demeritaba la importancia de los asuntos. Ull entrenaba del diario pero no tenía ningún puesto en el ejército jötun. Estaba más interesado en piedras y construcciones que en la crueldad de la batalla, por eso no era amigo de Hildetand y no le extrañó que su padre pensara que se había dejado deslumbrar por Asgard, que no sería una idea tan desencaminada. –Podrías escribirle una carta al rey para explicarle lo sucedido pero no creo que lo convenzas si le dices la verdad –le auguró. Laufey no era de los que pudieras prestarle excusas.

Ull se dejó caer en un sofá aledaño a su lecho haciéndolo crujir bajo su peso.

–Extraño Jötunheim, parece que no pero lo hago y también a mi hermano –masculló –soy el último miembro de su familia, si no acudo yo, nadie más irá a su tumba a visitarlo –y en ello su tonó sonó triste.

A pesar de todo Ull seguía siendo su amigo. Loki pensó en alguna solución.

–Hay una entrada de Asgard hacía Jötunheim que no es el Bifrost, está custodiada pero posiblemente se pueda usar –dijo Loki. Ull alzó la vista ante esas palabras, pareció menos abatido pero básicamente porque siempre creía en lo que Loki le decía. –Podrías ir sin que en Jötunheim te vean, aunque claro, tendrías que volver a Asgard después de visitar la tumba de Vill –dijo. Eso siempre y cuando Odín tampoco lo considerara un peligro para sus ciudadanos. Le aconsejó prudencia en sus acciones y le aseguró que encontrarían el modo de usar esa salida.

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–En Midgard encontré una armadura diferente a las de otros mundos. Tiene tablones superpuestos de madera, una máscara ceremonial y una espada ligera como nunca se ven en Asgard, al guerrero que la viste le llaman samurái. Creo que al príncipe le gustaría ya que adora coleccionar armaduras –comentó aquella mañana Yrsa.

–No le gustan –negó Loki de inmediato ante la mirada atónita de la comerciante. –La gente da por sentado que le agradan y se las regalan, Thor las agradece, las guarda y a veces, si eres alguien importante, las luce. Después las olvida –dijo con tono aburrido. A Yrsa le tembló la comisura de los labios y a Loki no le quedó más que rodar los ojos. –Está bien, tráela –aceptó.

De inmediato ella aplaudió.

–Qué bueno, porque ya la encargué.

Pero no era de obsequios de lo que Loki quería hablar.

–Necesito nuevas ropas –le dijo. Leyó la duda en los ojos de Yrsa, no hacía mucho le había llevado nuevas prendas y Loki si bien jamás se entusiasmaba por ese hecho las había aprobado. –No me quedan bien, necesito que las ajustes –fue más específico –pero no quiero que envíes a ninguna de tus ayudas, quiero que las medidas las tomes tú –añadió. Si la petición le sonó extraña, Yrsa no lo demostró.

–Desde luego –aceptó –puedo hacerlo en este mismo momento –dijo buscando la cinta para tomar las medidas.

Loki leyó las dudas de la comerciante pero no le esclareció nada aunque sabía que estaba llegando el punto en que no podía continuar ocultándolo, por supuesto que no haría la celebración que se supone sucedía cuando estaba a punto de nacer un príncipe en Asgard. Se puso en pie para facilitarle la tarea, pese a que era inútil que le hiciera medir todo su cuerpo cuando el problema radicaba en un solo lugar. Yrsa fue girando alrededor de él, haciendo pequeñas anotaciones en una libreta hasta que llegó a la altura de sus caderas, la vio ampliar la cinta y luego desde su posición mirarlo con intensidad. Yrsa conocía las medidas de su cuerpo mejor que él mismo, no en balde desde el principio le obsequió ropa que él jamás se había medido y que le había sentado a la perfección, así que no le extrañó su rostro donde leía que estaba pensando que él había subido demasiado de peso.

–No quiero que lo comentes –le dijo y se quedó callado. Cada vez que lo decía no era más fácil –estoy esperando un hijo de Thor, por eso tu ropa no me queda.

Yrsa dejó caer la cinta y tuvo que recuperarla de sus pies. Su rostro era estupefacción y cuando se recobró le salió con una pregunta de lo más inesperada.

–¿Puedo tocarlo? –Loki se apartó bruscamente.

–¿Qué dices mujer?

–Perdone. –Yrsa recuperó el color de su rostro –es sólo que, lo que me dice es un milagro, un niño nacido de la fortuna debe ser de buena suerte, por eso quería tocarlo pero entiendo que mi petición fue demasiado lejos –dijo Yrsa apenada, recuperó su talante de inmediato –comprendo que necesite ropas, y querrá disimular tu estado. Puedo acomodar las prendas para que se crucen no sobre su estómago sino antes, y habrá que quitar capas de ropa para que no se vea más grande –dijo tanteándolo, si se lo decía de esa manera no era porque Loki deseara presumir su embarazo.

Loki agradeció que Yrsa entendiera con pocas palabras.

En cuanto la comerciante salió de ahí, fue a buscar al gobernador Erwel en sus aposentos en Valaskialf. Esperó a que enviara por Hagbard para hablar. Loki le había pedido que no dijera nada pero no podía ocultarlo a sus amigos, porque además notaba que Loki no tendría tiempo ni ganas de ocuparse de las corredurías de los chismes pero para eso los tenía a ellos que tan bien conocían el manejo de la corte. En cuanto se reunieron les contó lo que sabía, la noticia cayó sobre los dos hombres como si fuera un balde de agua helada.

–Un hijo –masculló el acerero –no sé porque siempre que escucho de ello me altero –y exactamente parecía perturbado.

–Seguramente por recuerdos de todas las doncellas que desfloraste –atacó Yrsa. –No me atreví a preguntar más, no estaba de buen humor pero no tengo razones para no creer en sus palabras –dijo. Loki no mentiría sobre ello.

–Debe ser por su magia –comentó Erwel –. Hace unas semanas firmamos la concesión de ciudadanía del príncipe. Pensé que era porque el dios del trueno lo había solicitado para su esposo pero ahora estoy seguro de que el rey lo sabe –y se quedó callado cavilando para sí mismo. Si Odín lo había hecho así era posible que quisiera poner a su nieto en la línea de sucesión. Tragó saliva pero no pudo comentarle a sus amigos el temor que aquello le inspiraba, ¿es qué Loki podía hacerse de más poder?

–Ahora sí, Olenna lo va a destrozar –presagió la comerciante. –Ha estado muy quieta desde el arresto de su sobrino pero esto lo cambiará todo, no va a tolerar que un nieto que no sea de su sangre sea el próximo rey. Tenemos que hacer algo –les dijo a sus amigos.

–Podemos evitar que corran los rumores –dijo Erwel de inmediato.

Hagbard negó con la cabeza.

–Nadie se resistirá a comentarlo en cuanto se sepa. Es un chisme demasiado jugoso –dijo mirando a Yrsa que servía bien de ejemplo. –Conociendo a Olenna sabemos lo que dirá: que lo hizo adrede con ayuda de su magia, y aún peor, brujería negra.

–Menos mal que ya no pueden juzgar a nadie por hechicería o el príncipe Loki estaría en el estrado –dijo aliviada la mujer.

–Lo que hay que hacer es correr nuestro propio rumor –aclaró el acerero. Erwel pareció no muy convencido pero únicamente porque no era su fuerte ni tenía la mente para desarrollar algo así. –Una buena historia siempre tiene algo de verdad y algo malicioso para que sea creíble. Olenna dará la parte ladina diciendo que lo hizo adrede con su magia, y nosotros diremos lo que, esperemos, se convertirá en verdad– Hagbard meditó un momento–: Que lo hizo porque el dios del trueno se lo pidió, quería un heredero y él se lo dio con ayuda de su magia –dijo el acerero y esperó a que opinaran sus compañeros.

–¿Y si le preguntan al príncipe la verdad? –Inquirió Erwel que no estaba muy convencido.

–¿Tú irás a preguntarle al general si es cierto? –Se burló Hagbard –el rumor no es para la reina ni para los tres guerreros que tienen acceso a su persona, es para la mayora, es para los siervos, los cortesanos y para el pueblo. Dijiste que el Padre de Todo le concedió la ciudadanía, ya lo sabe y lo aprueba, no es nuestro rol cuestionar los motivos por los que nacerá aquel infante sino mantener las aguas tranquilas para que el príncipe Loki lo tenga y su hijo esté en la línea de sucesión –dijo. Le debían sus puestos a Loki y no era cuestión de que al primer problema se echaran hacia atrás, con un heredero Loki aseguraba su posición como consorte y eso los beneficiaba. Con esto Loki establecía superioridad definitiva sobre Sif, y aquello aplastaría de una buena vez a Olenna.

–En palacio aún no se sabe, la mayora no me ha dicho nada –dijo Yrsa.

–Esperaremos. Debemos dejar que Olenna diga la primera palabra porque si escucha este rumor, podrá inventarse algo mejor y no, el golpe de gracia debe venir de nosotros –dijo Hagbard convencido de sus palabras. Erwel aún parecía dudar pero aceptó.

–Un nuevo príncipe –suspiró Yrsa. Aquella noticia haría temblar a Asgard.

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Ásta trató de escurrirse de la cama sin que su acompañante lo notara, pero apenas se había movido un poco cuando su amante preguntó con voz adormilada.

–¿Ya te vas? –Sonaba decepcionado así que ella se apresuró a mentir.

–No, sólo voy a beber un poco de agua –iba a envolverse en una sábana.

–Puedes hacerlo desnuda –sonrió e hizo como le pedía. Mientras bebía vio su reflejo en un espejo, se acomodó el lacio cabello negro, ya se había habituado a la palidez de su piel en lugar del rubor que normalmente lucía. –Vuelve a la cama –le dijo el hombre y, ella clavó sus ojos verdes en su amante.

–¿Cómo? Me dijiste una vez que no podía amanecer contigo, pues bien, eso que ves a través de las cortinas es el sol que anuncia que es hora de irme –lo reprendió con tono juguetón.

–Tengo una reunión esta mañana, será tediosa y amarga, necesito de ti para estar con ánimo dispuesto, ven. –Ásta fue de vuelta a la cama y se dejó envolver por el hombre.

–¿Con quién es la reunión? –No pudo evitar preguntar curiosa mientras las manos del aesir corrían por su piel.

–Con Olenna –apretó los labios pero no dejó que se notara lo mal que le sentaba ese nombre. –Llevo días evadiéndola pero me persigue con tanta insistencia que accedí a vernos. Los criados de las habitaciones reales tienen una sospecha y seguro querrá que yo se lo confirme.

–¿Cuál? –Su amante se frenó y la miró a los ojos, sonrió dispuesto a compartir aquella noticia.

–Loki espera un hijo de Thor. –Ásta ya lo sabía, Yrsa se lo había contado pero procuró mostrarse muy sorprendida, su amante asintió. –La reina lo persuadió de permitirme revisarlo y he visto su vientre hinchado, incluso escuché el corazón del bebé –al maestre aquello no le sentaba como si estuviera hablando de algo abominable. –Honestamente es fascinante, esa magia suya hizo algo increíble, estoy complacido de que se me permita tener acceso a un caso clínico de esta índole –sus últimas palabras las dijo con tono profesional.

Retomaron lo suyo pero la mente de ella estaba en otro lado. No sabía si prevenir a Loki de que Harma iba a hablar, ya no tenía tan fácil acceso a su príncipe como antes, ahora estaba muy vigilado y demasiado cercano a la reina. Seguro para la tarde todo Valaskialf lo sabría.

–Mi querido Harma, no eres muy discreto que digamos –le susurró.

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–Thor, una palabra –había dicho Volstagg luego de otro día de entrenamiento. Thor siguió a sus tres amigos a una sala aparte. Todos se quedaron callados. Los tres guerreros habían pedido esa audiencia con su amigo y ahora no sabían por dónde empezar. Volstagg, cuyo semblante exudaba cortesía decidió hacerse oír. –Thor, creemos que no hay una forma educada de preguntar esto así que me tomaré el atrevimiento de ir al grano. ¿Qué pasa con Loki? –los otros dos asintieron. Thor no necesitó que le explicaran el índole de la pregunta.

–¿Escucharon rumores? –Fandral asintió enfáticamente.

–Y también eso explicaría el que haya suspendido su instrucción militar y el hecho de que últimamente se la pasa recluido –dijo el espadachín haciendo memoria y percatándose de que hacía semanas que no veía al hechicero.

–Bien, pues es cierto, en su vientre lleva a mi hijo.

–Eso temíamos –dijo Fandral y Volstagg le propinó un codazo menos discreto de lo que se proponía. Hubo otro silencio incómodo y el voluminoso león de Asgard volvió a hablar.

–Bueno, si a ti no te causa problema entonces a nosotros tampoco sin embargo deberías saber que en la corte algunos dicen que esto es magia negra y otros desean acercársele para verlo como si se tratara de un fenómeno de circo. Lo siento, sé que eso debe molestarte pero es la verdad.

–¿Quién? –el tono fue amenazante.

–No importa quién –Hogun rompió su habitual silencio. –Thor, la hazaña de vencer al dragón junto contigo le ganó respeto, curar a los heridos de guerra le ganó apoyo, pero esto tendrá el efecto contrario.

–Dicen de él que te tiene embrujado –siguió Fandral –sabemos que no –se apresuró a decir –pero lo que sí es cierto es que es un poderoso hechicero. Esto –Fandral hizo un ademán de redondear su vientre –es fruto de su magia, ¿cierto? –Thor asintió. –Y entonces no dejamos de preguntarnos ¿por qué lo hizo? ¿Es para derrotar a Sif en algún enfermizo juego?

–No lo hizo a propósito –dijo Thor. Notó en la mirada de sus amigos que no le creían. Al final se decidió a confiar en ellos. –Esa magia mata a quién la porta. A menos que descubramos como evitarlo Loki morirá cuando mi hijo nazca.

Volstagg se rascó la frente. Hasta Hogun se veía menos receloso ante esa nueva información.

–Temen que me manipule –adivinó Thor y los tres asintieron.

–Quiénes han notado su estado empiezan a llamarlo monstruo. De por sí dudaban de él por la forma en que te obligaron a aceptarlo, esto podría ser un ardid planeado junto con su padre –habló Hogun.

–Loki no es parte de ningún ardid –lo defendió Thor. Es que ninguno de ellos tres conocía a Loki como él. Hogun lo miró como si se fijara en él por primera vez.

–Thor, lo único que queremos es que pienses en lo que está pasando con la cabeza fría y sin dejarte llevar. –Ese día Hogun estaba muy comunicativo.

–Lo amo –admitió Thor.

–¿Por qué? –Preguntó Fandral. Era mejor pregunta qué "¿en serio?" Y por eso Thor decidió responderles. Lo pensó dos segundos.

–Porque es Loki. –No le importaba si lo temían, si lo insultaban, si dudaban; Thor tenía toda su confianza depositada en él y eso le bastaba. –Su hijo será mi heredero y lo defenderé de las habladurías, les pido su apoyo en esto.

–Aunque no lo hicieras sabes que cuentas con nosotros –dijo Fandral.

–Quisiera aislarlo de la perfidia de la corte.

–Eso sería demasiado complicado pero veremos que se le moleste lo menos posible –se despidieron de su amigo. En cuanto lo perdieron de vista Fandral se volvió hacia los otros dos. –No le preguntamos si ya se lo contó a Sif.

No querían que algún sirviente malicioso le diera la noticia a la valkiria por lo que se dirigieron a sus aposentos y solicitaron audiencia de inmediato. Cuando los dejaron pasar la encontraron ataviada con un vestido ligero en lugar de las usuales ropas de combate, se veía algo tensa pero los recibió con una sonrisa y los instó a sentarse. A veces se les olvidaba que su amiga ahora era una princesa de Asgard. Los tres guerreros se quedaron en pie mirándola sin que ninguno se atreviera a hablar. La mujer notó al punto que algo sucedía.

–Tenemos una noticia que darte –dijo Volstagg sin encontrar mejores palabras. Se quedaron callados de nuevo.

–¿Es Thor? –Preguntó Sif al ver la expresión en el rostro de sus amigos.

–No –dijo Fandral, –él está bien. –Hubo un nuevo silencio.

–Por Brunhilda, hablen ya o les juro que clavaré mi espada en alguno de ustedes –amenazó. Hogun fue quien finalmente se le acercó, la tomó de los hombros y la miró con calma.

–Se trata de Loki, él está esperando un hijo. –La escena se congeló un segundo, Sif suspiró cansada.

–Ya lo sabía –les dijo –Thor me lo contó hace días, lamento no habérselos comentado pero no me correspondía. –Se apartó y fue a tumbarse en un sillón de la estancia. Les contó lo sucedido aquel día en que lo obligó a abrirse ante ella. La noticia había impactado en su persona pero, ya que Thor le contó que Loki moriría si no hallaba una solución, no pudo enojarse con el hechicero por aquella magia. No había hablado con Loki, a pesar de que lo estimaba porque no encontraba que palabras decirle para confortarlo, eso jamás había sido lo suyo. A Thor, que era su amigo de toda la vida, solo había podido darle una palmada en el hombro a modo de apoyo.

–¿Estás bien? –Preguntó Fandral.

–Sí, es sólo que esta situación me produce dolor de cabeza –ella se había vuelto daño colateral del romance de Thor con Loki.

–Al que se atreva a decir algo como que fuiste vencida por Loki o a insultarte de cualquier manera, le partiremos la cara, eso tenlo por seguro –le dijo Volstagg. Ella sonrió –no es que no puedas hacerlo tú misma.

Sif les agradeció y prometió verlos después, debía cenar con su madre. La dejaron para que terminara de alistarse, aunque nada más salir de sus habitaciones, los tres guerreros notaron a los sirvientes mirarlos de soslayo y cuchichear, ya sabían.

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Sif afrontó aquella cena como un autómata. Estaban sólo su madre y ella. Su padre había acudido a una reunión con el rey. Había esperado que su madre montara en cólera, despotricara y luego le echara la culpa de que Loki estuviera preñado, como si fuera su obligación meterse en la cama en medio de ambos para impedir que algo así sucediera. En cambio, su madre estuvo muy silenciosa, derrotada. Comieron en silencio. Olenna levantaba la mirada de tanto en tanto y la observaba con ojos llorosos. Cuando terminaron, Sif se despidió algo descolocada por su comportamiento. Su progenitora la abrazó inesperadamente.

–Eres muy hermosa –le dijo soltándola y acomodándole el cabello detrás de la oreja. –No entiendo cómo es que pasó todo esto, lo siento tanto –Sif le dio unas palmaditas en la mano. –Tu padre verá que tu reputación no sea cuestionada –Sif asintió, seguro iban a decir que ella era infértil o que Thor no la amaba. –Sé que no he sido la mejor madre para ti pero te juro que te quiero. –Sif se dejó conmover y abrazó a su madre, no podía molestarse con esa nueva versión de ella. Se despidieron acordando cenar juntas más seguido y plantar cara con dignidad a los rumores. Cuando Sif ya se dirigía a la puerta Olenna habló alto y claro. –Lo pagará muy caro –muy a su pesar Sif sonrió, ahí estaba la madre que conocía.

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La noticia de que Loki esperaba un hijo cayó como una tromba en el palacio pero al parecer aquellos a quienes concernía de manera más cercana estaban prevenidos para el caos que quedaría a su paso. En efecto, Olenna inició el rumor de que ese hijo estaba maldito dado que se trataba de hechicería oscura para atar al príncipe heredero por siempre a él. Aquel chismorreo corrió como una marejada arrasando con todos en Valaskialf pero ni siquiera llegó a las calles de la ciudad cuando ya se había transformado en otra cosa: que Thor le había pedido un heredero a Loki y este se había embarazado, usando su magia, sí, pero todo lo hizo por lealtad al dios del trueno. Cuando en las tascas se empezó a escuchar sobre eso el relato se acompañaba invariablemente de las palabras "lo hicieron así porque se aman".

En cuanto a Loki, nunca estuvo más solicitado para acudir a cenas, torneos, recitales, paseos, incluso salidas a cazar, pero todas las invitaciones de nobles curiosos por observarlo y por ganárselo ahora que su posición estaba más que asegurada, fueron interceptadas y rechazadas de antemano. Además de que en las nuevas habitaciones donde había sido instalado era imposible entrar si no habías sido convocado expresamente para ello. Verlo se volvió casi imposible. Los únicos que seguían teniendo acceso fácil a él eran los sirvientes del castillo los cuales pasaban delante suyo casi como si se tratara de un portento milagroso. Sköll y Ertan habían redoblado la vigilancia. La etiqueta a seguir, en cuanto al trato que se le debía dispensar a ambos príncipes consortes, nunca fue tan estricta.

Por último, los tres guerreros pasaron menos tiempo del que esperaban defendiendo el honor de Sif y de Loki. Starkag había movido todo el poder en sus manos para defender a su hija, y la contraparte ofensiva, que no podía ser otro que Erwel no estaba interesado en enlodar a la valkiria, aunque fue inevitable que se diera por hecho que Sif era estéril. Por cierto, el gobernador de Harokim estaba ocupado en otro asunto, el nombre del fallecido general Hibald se oía con mayor frecuencia en relatos, canciones de los bardos y celebraciones en su honor donde casi se aseguraba que el general de los hired había sido indispensable para matar a Giselher y de colmo en forma de dragón. Erwel había alentado todo ello aún a instancias de Hagbard. Tal vez sus amigos estaban muy ocupados con la historia romántica pero él, como miembro del concejo no podía pasar por alto que los engranes de la guerra estaban en movimiento y que el Padre de Todo planeaba algo. Y un bardo con una lira, hacía tanto daño como un guerrero con una espada.

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Radha acudió a comer con demás pajes, doncellas y algunos einheriar a las cocinas del palacio.

Cuando lo denigraron de escudero de Thor a paje del príncipe consorte se había sentido muy desdichado. El principal motivo era que temía perder contacto con el general que adoraba. Estaba seguro de que sólo lo vería en actos oficiales y festejos, siempre de lejos. Sin embargo, benditos sean Tyr y Siofua, el general tenía una gran preferencia por Loki. A Radha eso lo regocijaba. Veía al dios del trueno inclusive más que cuando era su escudero. El general inclusive sabía ya su nombre, lo cual no consiguió antes; y cuando lo encontraba por coincidencia en el palacio Thor lo saludaba con lo cual el paje se hinchaba de orgullo delante de los demás ases.

Su amistad con Oleg estaba acabada. Lo había visitado en la prisión tan sólo para que su amigo le gritara su desprecio. Se habían conocido desde la infancia, por ser uno sobrino de Starkag y el otro de Hibald. Al crecer se fueron distanciando, Oleg parecía tener un futuro prometedor en la corte mientras que Radha se fue quedando rezagado por su torpeza hasta que uno acabó convertido en capitán de los einheriar y el otro en poco más que un sirviente. Cuando Oleg logró aquel cargo a Radha le halagó el que se interesara en su persona y no se molestó al tener rol de espía, nunca pensó que las cosas acabaran tan mal. Creyó que Oleg sólo se inventaría cosas sobre Loki, como aquello de que tenía embrujado al hijo de Odín, pero nunca consideró que llegaría al intento de homicidio. Menos mal que había fallado. Hubiera sido terrible saberse en parte responsable de que el amado de su general hubiera muerto, y encima llevando consigo al hijo del dios del trueno.

Por cierto, aquello le resultaba muy extraño. Y no era el único al que le pasaba eso. Esa tarde cuando el tema salió a relucir Radha acabó tomando la palabra debido a su cercanía con tan particular asunto. Le agradaba ser considerado experto en cuanto a lo que se decía del príncipe consorte. Procedió a explicar a los presentes que a Loki casi no se le notaba su estado y no parecía tener síntoma alguno propio de las féminas aunque Radha, quién ya lo conocía bien, notó que a veces lucía adormilado; fuera de eso no sabía que esperar.

–Debe ser un brujo muy poderoso, me pregunto qué clase de bebé resultará de todo esto –comentó alguien con temor.

–Será un pequeño príncipe o princesa hermoso, saludable y digno de nuestra adoración –habló Radha más que confiado –Loki sin duda es poderoso, y aunque esto nos resulte peculiar no debemos olvidar que lo hizo para darle a Thor un gesto de cariño y lealtad como ninguno, y que fue el propio dios del trueno quien le solicitó tal magia.

–Deben estar muy enamorados –Radha asintió, aunque los detalles de la relación se los calló. Loki ya le había pedido antes que no fuera contando lo que observaba en relación a Thor y honraría la confianza de su señor.

–¿Cuándo nacerá? –Preguntó la mayora.

–No lo sé –admitió Radha –parece tener poco tiempo de gestación –la gente se puso a especular y a hacer cálculos, concordaron en que aún faltarían varios meses para conocer al hijo de sus príncipes.

Tras la comida volvió al servicio del hechicero. Al dirigirse a sus aposentos se cruzó con Yrsa. La comerciante se estaba encargando de preparar la habitación para el bebé, una amplia estancia anexa al pabellón que el príncipe ocupaba. Recordaba que cuando los trasladaron aún más cerca de la familia real, Benfred el tenedor de libros casi se había echado a llorar pues Loki quiso reubicar su biblioteca personal en sus nuevos aposentos. Radha estaba a gusto con su nueva habitación mucho más amplia y cómoda que la anterior, además ahora había un grupo de sirvientes para dar mantenimiento y servir en ese recinto y él había sido nombrado jefe de todos ellos. Aunque por otro lado, el jötun que se quedó en Asgard, igualmente ocupaba una habitación como guardián inmediato del príncipe y a Radha aquello no le acababa de agradar.

Entró buscando al príncipe para preguntarle si necesitaba algo. Lo encontró en su estudio. Se había quedado dormido con un libro en las manos. Llevaba todavía su ropa de dormir e iba descalzo. Radha observó el volumen el cual estaba a punto de caer de manos del hechicero. Se trataba de un texto pequeño, de bordes ajados y hojas amarillentas, letra en cursiva además de que tenía la cubierta negra; Radha no podía leer el contenido, estaba escrito en otro idioma. Se acercó y lo tomó, la mano de Loki se cerró con sorprendente fuerza en su muñeca.

–Eres tú –murmuró y lo soltó de inmediato recobrando el ejemplar. Radha se sobó.

–Lamento molestarlo…

–No importa –dijo Loki acomodando el libro en su sitio.

–Acabo de ver a Yrsa –le contó Radha. El príncipe se había desentendido de los arreglos de la habitación de su futuro hijo y en ese momento no mostró ningún interés. Radha encontraba extraña su falta de entusiasmo pero cuando eso le pasaba se recordaba que el príncipe no era una mujer, y seguro se sentía descolocado con el asunto de gestar un bebé y por eso andaba algo irascible y poco emocionado.

–¿Te lastimé? –Inquirió Loki mirando como seguía sobándose. Le tomó el brazo y usó esa magia curativa de la que todos sabían. Sin embargo nada pasó. –No –dijo Loki más para sí mismo.

Se puso de pie y se concentró, Radha supuso que estaba tratando de usar su magia pero esta no funcionaba. Lo siguiente fue Loki dirigiéndose como un huracán a su habitación. Radha lo siguió como era su deber pero se encontró con que lo había dejado fuera. No salió de ahí el resto del día y en cierto momento a Radha le pareció escuchar el sonido de objetos rompiéndose.

El paje suspiró montando guardia en la antesala, así no podía cuidarlo.

La tarde caía cuando un par de siervas se asomaron preocupadas. Inquirieron si debían pedir ayuda a alguien pero Radha las despidió y les ordenó guardar discreción. A su señor le molestaría mucho que su arrebato se convirtiera en jugoso chisme de la corte. Pegó la oreja a la puerta, lo que había sonado durante horas como la destrucción sistemática de las posesiones de Loki había terminado. Cuando se giró ambas jóvenes continuaban ahí con cara preocupada. Radha bufó y miró la hora.

–El general está por llegar. Hagan lo que les digo, vuelvan a sus ocupaciones –procuró sonar firme, ambas obedecieron esta vez. Radha ya conocía el horario de ambos consortes. Tuvo razón. Reconoció los pasos del hijo de Odín aún antes de que entrara.

Thor había pasado el día en la arena entrenando a los alfh. Entre Sif, Fandral y él los habían obligado a luchar en pequeños grupos contra ellos. El resultado de aquello fue una inesperada batalla campal donde todos terminaron agotados y apaleados, inclusive él pues el grueso de los contrincantes se le fue encima, no usó al Mjölnir y se defendió con efectividad mediante una espada de hoja roma. Iba con algunos cortes encima, nada que Loki no le borrara en un parpadeo. El paje, Radha, lo esperaba casi como si fuera una madre dando quejas de un hijo en plena rabieta. Estaba preocupado pues Loki se había encerrado sin comer ni hablar con nadie, ni siquiera había acudido a sus lecciones del idioma norn que Stánic le daba a petición del propio Loki. Le contó que al parecer la magia del ojiverde le había fallado y aquello lo había alterado mucho. Thor bufó contrariado. Llamó tocando con los nudillos, si el hechicero no le abría por la buena no dudaría en echar abajo la puerta.

El cerrojo se abrió y Thor entró. La habitación estaba en penumbras debido a las cortinas cerradas, le tomó un instante que la vista se le acostumbrara a ello.

–¿Loki? –El hechicero estaba de pie ante él con la ropa entrecruzada de siempre. Los ojos de Thor se fueron a su abdomen el cual no abultaba nada. –Basta de ilusiones –se percató de que se le estaba ocultando. La versión de Loki ante él se disolvió al igual que la imagen que Thor veía de la habitación. Y entonces distinguió la escena. La antes pulcra y perfectamente ordenada alcoba de su consorte se había contagiado del caos que lo atenazaba. Los muebles estaban destruidos, las sillas volcadas con las patas rotas, la cama de lado, las cortinas rasgadas y aquellos jarrones y demás objetos con que la corte lo había obsequiado destruidos. Los libros también estaban desperdigados por la alfombra pero esos no parecían dañados.

–Ahora me ves –le dijo Loki atrayendo su mirada. Lo encontró en un rincón, sentado con la espalda apoyada en la pared, había pisado algún fragmento de vidrio y su pie izquierdo sangraba. –Saludos Thor –le habló con la voz apagada. El rubio se quedó dónde estaba. –Perdona el desorden pero pasé el día probando que aspectos de mi magia no han sido anulados. Resulta que aún puedo mover y romper objetos, proyectar ilusiones y generar algunas barreras, aunque la que impide oírme ya no me funciona bien.

–Ya sabíamos que esto pasaría –finalmente se le acercó y se agachó para ponerse a su altura –tu magia volverá eventualmente. –Trató de confortarlo.

–No entiendes, es como si me cortaras un brazo –hablando de cortadas sus ojos se fueron al pie de Loki que sangraba. –No puedo arreglarlo –le explicó. –Mi magia curativa se ha ido.

En vez de decirle algo se puso de pie y salió un momento. Regresó con vendas. Le limpió la herida y se puso a vendarla, era extraño que fuera Thor quién le curara y no al revés. Loki siguió cada uno de sus gestos con ojos hambrientos y tristes. Cuando terminó le tendió una mano y lo ayudó a levantarse.

–Te quedarás en nuestra habitación mientras Radha ve que todo sea limpiado y restaurado –le dijo. Loki no protestó, era ilógico pretender quedarse en ese sitio. El paje se asomó y soltó un grito de pena, a saber si era por los muebles rotos, por el estado de su señor, o por sí mismo dado que tendría la obligación de limpiar aquello. Lo dejaron de lado, lo único que Thor observó que Loki recogía fue un libro pequeño de pastas negras, el hechicero se apoyó en el dios del trueno debido a su pie lastimado y fueron a los aposentos que tenían en común.

Loki se arrebujó en la cama mientras Thor se cambiaba la armadura por algo más cómodo y se limpiaba la sangre seca propia y ajena que traía de la arena de combate. Cuando se le acercó el ojiverde tenía la mirada en la nada.

–¿Qué piensas? –Inquirió Thor.

–Esto me supera, me siento ultrajado de una manera que ni siquiera te puedo explicar. Quisiera… –hizo un ademán violento de quitarse algo de encima. Thor lo sujetó de las muñecas y lo obligó a recostarse. Su mano fue a su vientre. –No me toques –casi le siseó, pero él no se detuvo. –Voy a enloquecer –le musitó apretando los ojos al sentir el toque de Thor sobre él –suéltame –la petición fue a un tiempo una súplica y una amenaza.

Thor lo dejó ir y Loki se incorporó alejándose de él. Lo siguió pues lo veía demasiado inestable en ese momento, lo atrapó de los hombros y lo abrazó procurando no tocarle el abdomen.

–¿Qué puedo hacer?

–Nada, salvo lo que ya has hecho –no cesarían en su búsqueda de una solución.

–Te quiero.

–Lo sé. –En otro momento Thor le habría hecho el amor para apartarlo de la melancolía y para llenar aquel vacío que los empujaba lejos uno del otro a pesar de estar en la misma alcoba. Pero ya no podía resanar su relación con el contacto físico.

–No hay nada que no haría por ti –le aseguró. Loki se volvió hacia él.

–¿En verdad? –lo aguijoneó mirándolo.

–Haría lo que fuera por ti y por nuestro hijo. Lamento no haber dado aún con una respuesta pero lo haré, lo prometí antes y lo mantengo, no permitiré que mueras. –Loki le sonrió y lo abrazó, sus palabras lo confortaban en gran medida. El hechicero no creía en las buenas intenciones, las cosas se hacían o no se hacían y no había más, pero…

–Si tengo tu palabra en este asunto creo que sólo me queda confiar en ti, siempre todo te sale bien y además, creo que nunca te he escuchado mentir.

–Porque nunca lo hago –le dijo Thor más animado. Lo tomó del cuello y con cuidado lo besó largamente.

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Ásta entró a las nuevas habitaciones de su príncipe. Eran tremendamente amplias para su gusto y el pasadizo no terminaba en la habitación sino en la biblioteca. Tuvo cuidado en no ser vista por algún sirviente insomne ni por los guardias que pululaban por ahí a todas horas. Finalmente alcanzó la alcoba la cual igual era de Thor, lo cual la ponía nerviosa. Su príncipe la esperaba sentado con un libro de pastas negras, aunque se había quedado dormido. Ella lo contempló con ternura y se le acercó, trató de mirarle el vientre pues cuando estaba despierto le fastidiaba ser escrutado sin embargo estaba metido entre las sábanas de la cama y no lo logró.

–Príncipe –lo llamó y él se alertó de inmediato.

–¿Cómo fue todo? –Le preguntó saliendo de la cama. Ásta sonrió. Llevaba el cabello rubio, los ojos azules y la piel bronceada; aquel aspecto se lo había sugerido el mismo Loki cuando le confió esa misión. Ella llevaba días acechando, seduciendo, murmurando, exhibiéndose y en resumen, desplegando todo su repertorio de armas de conquista. Odín le había encargado a Loki vigilar a Eyvindur y no había dedicado un instante a esa tarea pero podía confiar en Ásta para que se acercara a él, como en el pasado le había dicho, un hombre satisfecho siempre soltaba más la lengua.

–Mal –le confió –pero creo saber ya por qué.

Loki la miró, su relación con ella seguía siendo un secreto que le había ocultado incluso a Thor. Con la gestación y la pena de muerte que conllevaba se había olvidado de las intrigas de palacio, pero este asunto en particular aún lo perturbaba y por ello decidió recurrir a ella. El aspecto que lucía su amiga era muy similar al que tenía el día que se conocieron, él había entendido por fin porque se la había acercado con esa figura, igual que con el cabello negro y la piel pálida; de rubia y ojiazul estaba emulando a Thor. Le dolía reconocerlo pero así tenía más posibilidades de seducir a su blanco.

–Espero que no sea porque te quedas sin habla y petrificada cuando lo ves igual que todas las admiradoras que ya tiene en palacio.

– ¡Loki! Eso sólo me pasó una vez –le dijo en tono de reprimenda. –Ni siquiera es de mi tipo, es sólo que sus condenados ojos sí que apabullan. Pero bueno, ya sé porque no hace caso de mis encantos, a ese le gustan los hombres –Loki soltó una carcajada, era lo más hilarante que había escuchado en semanas. Había valido la pena enviarla sólo por escuchar esa conclusión.

–¿Eso es todo? –Ella se cruzó de brazos.

–Pues a menos que tengas un hechizo que me haga cambiar de sexo no hay oportunidad ahí.

–Busca a alguien de tu profesión, hombre, joven, rubio, ya sabes, y envíalo en tu lugar –la boca de Ásta se tornó una O perfecta.

–Como ordenes –Loki le hizo una señal de que debía irse. –Príncipe, hay algo más que debería decirte –le había contado todo previamente, acerca de Harma y sus reuniones con Olenna, acerca de Erwel y Hagbard y los rumores que estaban haciendo correr, incluso le había hablado de la reacción de los sirvientes ante su embarazo y de lo que varios nobles pensaban al respecto. –Escuché que hay alguien entre los hired clamando acerca de la inocencia de Oleg y queriendo recabar gente que se atreva a solicitar su libertad –Loki movió la cabeza displicente.

–No importa.

–¿Te encuentras bien? –Preguntó ella acercándose y sin querer sus ojos se posaron en el vientre de Loki. Él bufó pero no se veía molesto. –Últimamente, excepto este asunto de seducir al elfo, nada te importa. No me puedo imaginar lo que sientes estando embarazado pero no debe serte fácil –le dirigió una tímida sonrisa.

–¿Quieres verlo? –Le preguntó Loki. Ella asintió fascinada, él se descubrió el abdomen, redondeado aunque incipiente. –No le cuentes a nadie que te lo permití.

–Nunca.

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Loki vio a Eyvindur desde la baranda. Estaba al margen de la arena observando luchar a los alfh que Thor entrenaba. Un corro de jovencitas entre las que reconoció a la hermana de Oleg se había conglomerado y le lanzaban miradas intensas al príncipe elfo. Igual notó que había siervas yendo y viniendo a su alrededor. El rango no era motivo para perderse de él. A oídos de Loki ya había llegado la historia de que a la hora de cenar el elfo invariablemente lograba que alguna fémina cayera tropezando con sus propios pies, y de que Thor solía pasar esa hora con el elfo. Ásta le informó que el joven que envió en su lugar no había conseguido seducirlo. En ese momento el príncipe miraba impertérrito a los combatientes ajeno a sus admiradoras. De pronto Thor lanzó al suelo a las nuevas tropas que entrenaban. Al incorporarse saludó a Eyvindur con un gesto. El elfo le devolvió el saludo con un gesto lánguido y una sonrisa. Loki no recordaba haberlo visto sonreír para nadie más, comprobó que sus celos, si bien se habían aplacado, seguían allí. Ya no quería destripar al hijo de Larus pero estaba intrigado por su trato hacia Thor. De pronto el elfo reparó en él. Loki se fue de la baranda.

Esa tarde esperó a que le avisaran de que el elfo estuviera en sus habitaciones y luego fue a verlo. Lo anunciaron al pasar. La alcoba lucía más bien como un pequeño taller, Eyvindur estaba trabajando en una mesa y no interrumpió su labor por la visita de Loki.

–Bienvenido –le dijo. Tenía en las manos una esfera plateada más grande que una cabeza, esta tenía manecillas, péndulos y engranes asomando a un costado. Con manos hábiles el elfo deslizó un nuevo engrane, cuando este hubo encontrado su sitio levantó la mirada. Sus ojos le conferían una mirada tan intensa que Loki por poco y desvió su rostro.

–Eso luce interesante –dijo en cambio y se acercó. –¿Qué es? –Eyvindur esbozó un amago de sonrisa.

–Un reloj cósmico –respondió –mide el paso de diversos astros y su posición en el cielo.

–¿Respecto a qué mundo? –Inquirió Loki al punto.

–Respecto a los nueve.

Muy a su pesar, Loki estuvo sorprendido. Observó como el elfo tomaba un resorte y lo introducía en su obra la cual miraba con cariño. Lo llevó a su sitio y el hechicero notó que no lo tocaba. Su magia le permitía construirlo.

–Creí que te dedicabas a hacer armas.

–Las hago, soy bueno en metalurgia y no negaré que las espadas que forjo no tienen nada que envidiar a las de los enanos pero soy un artífice, no un guerrero. En este tipo de artefactos vuelco toda mi magia. –Eyvindur sonrió. –Thor me dijo que tu magia se basa en ilusiones y en curar, deben ser dones muy apreciados ahora que perteneces a un pueblo de guerreros.

El hechicero fue a sentarse, ya se había cansado de mirar. Eyvindur le dirigió una breve mirada que fue a su vientre. Seguramente estaba enterado de lo que le sucedía así que a Loki ni le sorprendió.

–También puedo mover objetos, aunque no con semejante precisión –comentó el ojiverde.

–Yo también sé generar ilusiones. –Eyvindur se duplicó a sí mismo –pero son débiles –dijeron ambos elfos a la vez y se volvieron a unir en uno solo. –Soy el encargado del observatorio de mi mundo, al igual que de varios portales.

–¿La confluencia de los ríos de tu mundo? –Stánic le había hablado de ello y el elfo lo confirmó con un asentimiento.

–Tenemos una reliquia que energiza los portales hacia otros mundos pero sólo los hechiceros pueden abrirlos. Podemos llegar inclusive a Asgard sin necesidad del Bifrost.

–¿Y a los infiernos también?

–Sí, pero eso último está prohibido –dijo el elfo. –Aún no me dices a qué viniste. –Loki calló. Eyvindur no inspiraba confianza para explayarse. –¿Se trata de Thor?

–¿Qué hay con Thor?

–Seguro te contó que alguna vez nos relacionamos –dijo y sin esperar a que le preguntara cómo sabía eso, Eyvindur se adelantó a responder –lo conozco, él nunca miente ni oculta nada. Te vi vigilándome en la arena, no vine a tratar de robarte Loki.

–Lo sé –dijo. El afecto de Thor era incuestionable. –Aunque se nota que tienes preferencia por él. –El elfo definitivamente dejó su trabajo.

–Lo último que querría es generarle un problema contigo. Muchos no me creen cuando lo digo pero me relaciono con los demás con esfuerzo. –No dijo más, parecía estar recordando algo –eso no me pasó con Thor. Él fue el primero que me permitió ser yo mismo sin etiquetas de por medio –dijo Eyvindur. Muy a su pesar, Loki sabía lo que era aquello, a él lo había tratado de igual manera cuando se conocieron.

–¿Y su amorío?

–La palabra amorío es demasiado grande para lo que tuvimos. Lo hice por permitírmelo y por despecho hacia alguien a quien quise arrancarme de mis sentimientos. –Aquella confesión era tan privada que ambos callaron incómodos.

–Lo lamento. Quizá debí dejarlo correr pero no podía dejar de preguntarme cuál es tu verdadero propósito en Asgard.

–Ya te lo he dicho. Espero que esta conversación disipe tus dudas hacia mi persona. –El hechicero asintió. –Y Loki perdona pero hoy Thor me pidió hacer venir algunos maestres de mi reino.

–¿Por qué debería perdonarte eso?

–Vienen para intentar ayudar con tu gestación. –Los ojos de Loki se volvieron hielo. –Thor me contó todo –se miraron y Eyvindur dejó traslucir sus pensamientos por una vez. Thor en verdad le había dicho todo, Loki estaba seguro de que inclusive se había quejado de la manera en que lo apartaba y lo rechazaba pues en los ojos del elfo hubo un reproche.

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Stánic le enseñó a leer en norn. Una habilidad indispensable para disfrutar de todos los volúmenes de su biblioteca. Estaba repasando aquel libro pequeño y negro escrito a mano, lo había hallado dentro de otro libro, un volumen alfh que consistía en mapas de navegación, no entendía como un ejemplar como aquel había acabado dentro del otro. Eran poemas, y cuentos, historias de familia, recetas de cocina, sueños y hechizos. Todo el carácter del libro era muy femenino pero algo en el mismo lo tenía fascinado. Había empezado leyéndolo con lentitud descifrando una frase a la vez y traduciéndola al asgardiano para digerirla. Ahora lo leía y su cabeza daba sentido a todo tal cual estaba, en norn. Ventajas de ser un genio.

Estaba en la habitación que compartía con Thor y que ya era más suya que del rubio. Ya habían limpiado y remodelado sus aposentos destruidos en pleno frenesí por su magia curativa perdida pero Loki no había vuelto a ellas. Frigga no lo había reprendido y Thor se había mostrado comprensivo. Se tumbó en la cama apoyando la espalda en una almohada y agarró el libro.

"La muerte y la vida danzan en dualidad alrededor de un solo ser. Es Hela, quién desde el borde del mundo observa los hilos tejidos por las nornas". Ese era otro aspecto que le gustaba de aquel texto. Mencionaba a Hela, a Surtur, a las nornas y a Ygdrasill, no como entes malignos o benignos, sino como seres que simplemente existían, y los plasmaba tan cercanos como si en cualquier momento pudieran entrar por la puerta.

Llevaba días confinado, no es que nadie le hubiera prohibido salir, es que él mismo no tenía ganas de hacerlo. Sólo veía a tres personas: Thor, Frigga y Radha. Había dejado las lecciones definitivamente, los entrenamientos y las intrigas. Su ánimo era sombrío, tanto que hasta compadecía a Thor por no poder evadirlo. Si hubiera una nueva guerra seguro que el dios del trueno saldría corriendo a pelearla con tal de poner distancia. Loki no quería pelearse con él pero tampoco encontraba que decirle. Añoraba la cercanía física, tanto que por eso se metía en la cama de su cónyuge cada noche para abrazarse a su amplia espalda, sentir la firmeza de sus músculos y el calor de su piel. Muchas veces estuvo a punto de mandar a paseo su barriga estorbosa y suplicarle a Thor que le dejara recorrerlo completo con la boca para luego darle placer oral, pero eso sí, que no lo tocara ni lo mirara, pero entonces se daba cuenta de que eso en vez de aplacar sus ganas seguro las encendería más; y entonces maldecía y se alejaba sintiendo un fuerte dolor en el pecho y fuego en las entrañas.

Le quemaba la piel donde Thor lo tocaba y languidecía en espera de un beso. Esa era la mejor parte de su día, cuando el dios del trueno volvía de moler a los alfh y a Adalster; parecía cansado y con ganas de hablar las cuales se le escurrían al ver el semblante de fiera enjaulada de Loki, pero aun así no se acobardaba y se le acercaba para saludarlo con un beso en los labios. Ygdrasill sabría que Loki vivía esos días tan sólo para esperar ese beso. Thor lo tomaba de la nuca y lo acercaba a él con cuidado, lo besaba suavemente al principio para terminar a pequeños mordiscos, sonreía sin separarse dejando que Loki sintiera ese gesto; enredaba sus dedos en el cabello del ojiverde y asaltaba sus labios de nuevo disfrutando de forma casi obscena, a veces metiéndole la lengua y otras comiéndole los labios suavemente, pero nunca lo soltaba hasta Loki perdía la noción del tiempo y sentía los labios enrojecidos de tanto besarse.

Luego de ese beso todo se iba en picada. Intentaban conversar sobre su día pero Loki perdía el interés, sobre todo si Eyvindur salía a relucir; Thor le preguntaba que había hecho y el hechicero le daba respuestas parcas: lo de siempre, leer, nada; y así. Luego Thor, que al final del día era un héroe, trataba de rescatarlo de su pesimismo, lo abrazaba pero Loki se apartaba temeroso de que fuera a tocarlo de más; el dios del trueno guardaba la distancia a la vez que quería acercarse. Loki se moría por lanzarse a sus brazos pero su hijo, Engendro, le pesaba. Y así hasta que Frigga llegaba a tomar el relevo para cenar con Loki dejando a Thor libre unas horas. Hasta que Loki le dijera que no podían dormir juntos para luego terminar metido en su cama.

Cuando despertaba en la madrugada con las manos de Thor en su vientre, y escuchaba todo lo que el rubio quería decirle acerca de lo feliz que estaba por su hijo, de lo temeroso que se sentía ante la posibilidad de que él muriera y de todo lo que lo amaba, Loki se dejaba hacer fingiendo que dormía, agotado, hasta que de verdad sucumbía y soñaba con Jötunheim y la nieve, con Alfheim y su guerra, con Asgard y su príncipe. Y despertaba entristecido.

"No estés triste por un sueño." Las palabras lo devolvieron al presente, por poco y se queda dormido. "Voy a morir" había escrito la autora de aquel libro. "Sé que voy a morir" Loki prestó aún más atención. "Ven a buscarme, pues mi seidh me ha dicho que en mi muerte salvaré tu vida. No estés triste y no te sientes sobre tus manos o será tarde. Pelea". Una gota cayó sobre la página.

No sabía quién había escrito aquello, y no entendía por qué una sola lágrima se le había escapado al saberla muerta. Los norn hacían invocaciones a sus muertos pero él nunca lo había intentado, no sabía si la magia le alcanzaría.

–No puedo buscarte –cerró el libro y lo acarició. –No sé quién eres y sin eso no puedo.

–No te sientes sobre tus manos o será tarde –le dijo su propia voz. –Pelea.

Esa tarde cuando Thor llegó a él y le dio aquel beso; Loki le echó las manos alrededor y lo acercó más a él, tanto que el hijo de Odín estuvo por caerle encima y aplastarlo con todo y Engendro. Parecía sorprendido por tan efusivo recibimiento.

–¿Qué pasa? –Preguntó luego de su ritual de comerse uno al otro.

–Estoy feliz de verte.

–¿Y los otros días no lo estabas?

–Los otros días estaba sentado en mis manos.

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Loki aguardó junto con Frigga. Ambos guardaban silencio en espera de sus invitados. El salón de reuniones de la reina había sido preparado con sillones adicionales y con los sirvientes más discretos con los que Frigga contaba, escogidos por el mismo Sköll, tan silenciosos y leales como él. La reina había mencionado traer también un lector de almas, pero eso y la presencia de Harma fueron rechazados por Loki, aunque le prometió a Frigga que si los svartálf parecían conocer una solución se dejaría auscultar por ellos. Un heraldo anunció la llegada de la comitiva y los hicieron pasar. Se trataba de tres maestres escoltados por Thor y Eyvindur, ese era otro al que a Loki le hubiera gustado dejar al margen. Saludaron a la reina y luego a él, se acomodaron en sus respectivos lugares. El grupo estaba formado por un elfo de mediana edad, una mujer madura y otro más de aspecto astuto aunque era el más joven del grupo. Thor fue a acomodarse junto a Loki. Eyvindur se quedó de pie algo apartado pero no se veía incómodo.

Aquella reunión fue la peor a la que Loki hubiera tenido que asistir incluyendo aquel concejo de guerra en el que Odín terminó haciéndolo arrestar.

La reina les explicó todo lo que sabía a los maestres elfos. Loki tuvo que escuchar el relato que Rurik le contó, uno cuyos detalles ya se había repetido hasta el hastío. Los elfos interrumpieron con algunas preguntas relacionadas al tiempo de gestación y la salud del nonato. Frigga les aseguró que la última vez que lo vieron estaba en perfecto estado.

–Esto es similar a nuestra magia de sanación –explicó el mayor de todos. Aquel comentario avivó las esperanzas de la familia real. –En nuestro reino existe magia vinculante parecida. Cuando alguien es herido de gravedad y se encuentra al borde de la muerte, es posible crear un vínculo entre el caído y un hechicero de manera que la energía de este último lo mantenga con vida mientras lo curamos y mientras se recupera.

Les describieron casos de elfos con miembros cercenados, con la espina desecha, inclusive con el cráneo ajado que se habían salvado mediante aquella magia siempre y cuando la contraparte se mantuviera indemne y resistiera compartir su fuerza vital. Loki debía aceptar que los casos eran parecidos.

–¿Cuándo se agota el vínculo? –Preguntó.

–Cuando lo deshace aquel que lo forjó, que en esta situación es el bebé.

–De hecho es lo que hará. Cuando esté listo cortará el vínculo con Loki –el problema es que para ese momento el hechicero estaría muerto.

El ojiverde se cruzó de brazos mientras los elfos continuaban discutiendo. Aquella magia se realizaba en condiciones muy específicas, ninguna similar a la suya. Desgranaron para Frigga, para Thor y para él, detalles y alcances de esa magia.

–Lo que podemos hacer es abrir y extraer al infante –apuntó la mujer.

–Pero el vínculo seguiría activo, pondrías en riesgo la vida de ambos y si alguno de los dos no resistiera el otro también moriría.

–El bebé no estaría listo, no se puede sacar antes de tiempo, su corazón late porque el corazón de Loki late, separarlos implicaría que el infante moriría y seguramente arrastraría consigo al príncipe –eso mismo había dicho Rurik: "si lo matas te asesinas con ello".

–Aún es pequeño, podemos intentarlo antes de que le quite más energía, sería posible con ello que salváramos a Loki –insistió la elfa.

–Al costo de matar a su hijo. –Loki se tornó inescrutable pero vio por el rabillo del ojo que Thor negaba.

–¿Y si unen a la criatura con alguien más que no sea Loki? –Hubo silencio. La duda era de Eyvindur. –Sáquenlo cuando esté casi listo y denle la energía de otro hechicero para que sobreviva.

–No se puede, no puedes hacer dos vínculos a la vez, primero habría que deshacer su unión con el príncipe Loki –respondió el maestre más joven.

–Pues desháganlo –habló Loki frustrado. –Rompan nuestro lazo. –Todos los elfos, hasta Eyvindur negaron.

–Imposible –explicó la mujer. –Eso sería magia negra, y nadie de nuestro reino la realiza, ni siquiera sabríamos como.

Un pesado silencio cayó sobre todos.

–Los norn –habló el mayor –dicen que la magia que ellos practican no es negra ni blanca, sino que sólo es –su tono de voz daba a entender que no estaba para nada de acuerdo con tal aseveración. –Si alguien sabe cómo romper el lazo entre tu hijo y tú, deben ser ellos.

–¿Pero que le pasaría al bebé? ¿Si intentamos cortar su vínculo antes de que Loki muera? –Inquirió Frigga.

–No sobreviviría –fue la respuesta.

–¿Entonces que nos aconsejan hacer? –Siguió la reina. Los maestres retornaron su discusión. Loki se fue hundiendo en su silla. Estaban volviendo sobre lo mismo. Estuvo seguro de que aquello era inútil.

–Nuestro consejo –dijo el mayor y líder de todos ellos–es que dejen que la magia fluya como debe, y al final tomen al bebé del cuerpo de Loki lo más rápido posible. –El hechicero ni siquiera reaccionó. Era la misma fútil exhortación de Rurik.

–¿Esa es su conclusión? –Habló Thor por única vez –¿dejar morir a Loki?

–Y salvar a su hijo –completó la frase la elfa.

Salvar a Engendro, dejarlo morir a él. Para eso mejor hubiera pedido consejo a Laufey.

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El hechicero se disculpó y los dejó con Frigga, les dio las gracias por su intervención procurando que no sonara a sarcasmo y fue a refugiarse a la habitación de Thor. Se tiró en la cama y hundió la cara en la almohada del dios del trueno, la cual olía como él. Echaba en falta su antigua rutina de lecciones, intrigas de la corte, reuniones con Frigga, entrenamientos con los tres guerreros, las noches amando a Thor.

–Loki –lo llamó la voz del dios del trueno. Se incorporó.

–Dale las gracias a Eyvindur de mi parte –le pidió sin ocultar su hostilidad. –Gracias por una sentencia tan bien pronunciada.

–Sólo tratamos de descifrar una posible solución.

–Hubiera preferido que no lo involucraras. –Thor se quedó de pie sin acercársele, como si Loki fuera alguna fiera peligrosa. –Vino a la corte tan sólo a espiarnos, ya me lo imagino contándole todo esto a Larus quien se pondrá a buscarle en el acto alguna utilidad política.

–Eyvindur no actuó con malas intenciones.

–¡No seas tan confiado sólo porque te acostaste con él! –Estalló Loki. El semblante de Thor se volvió de piedra.

–Ya sé que informa a su padre de lo que acontece en Valaskialf, pero guardará silencio sobre ti, me lo prometió –Loki abrió la boca para escupir más ponzoña –deja de cuestionarlo –lo atajó Thor. El hechicero se mostró herido. –Es mi amigo, yo pedí su ayuda y con tu reacción a quien riñes es a mí. No sé bien a bien donde buscar pero si debo hacer venir maestres inclusive de Midgard lo haré.

–¿Para qué si todos te dicen lo mismo? Deja que Loki muera, salva a… –Engendro…

Thor finalmente fue a su lado. Lo tomó de los hombros.

–Ya basta. ¿Crees que no me hiere el que digan eso?

–Quiero intentar la solución que propusieron. No la de morir con grandiosidad para procrear a tu hijo. La otra, la de hacer cirugía. –Thor negó.

–Es demasiado arriesgado, podría perderlos a ambos –se rehusó Thor.

–Podría salvarme –le repitió pero el hijo de Odín se rehusó tajantemente.

–No a ese precio –su voz fue una súplica. –Hay que intentar con los norn. Hablar con Stánic.

Thor no podía escoger entre su hijo y él. Estaba empecinado en salvarlos a los dos. Lo que los elfos habían dicho confirmaba lo que Loki ya sospechaba; pero no se iba a dejar abatir tan fácilmente. Aquello estaba ocurriendo en su cuerpo, y él era el indicado para encontrar una solución. Debería decirle a Thor que se rindiera y que le dejara hacerse cargo pero miró su semblante angustiado, escuchó sus intentos de confortarlo, sintió sus brazos cálidos ciñéndolo.

–Hay que hablar con Stánic –acabó aceptando.

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El consejero había oído los rumores pero no los había creído y no se apaciguó hasta que Loki lo dejó ver su abdomen algo abultado. Se puso feliz como si fuera el abuelo de tal criatura aunque seguramente los engranes de su cabeza ya estaban calculando las implicaciones del nacimiento de ese príncipe. Hizo algo que nunca antes había hecho, se permitió tocar a su pupilo, le apretó un hombro a falta de un abrazo que su forma de ser tan puntillosa no le permitía.

–No me felicites –le pidió Loki y procedió a explicarle la contraparte de engendrar esa vida. Hablaban en sus habitaciones, sólo ellos tres. El hechicero agradeció a Stánic por mostrarse tremendamente ofendido con el proceder de Laufey a quién tildó de monstruo aborrecible.

–Los elfos svartálf dicen que quizá ustedes tengan alguna magia que pueda ayudar – le dijo Thor. Frigga había hablado con ellos hasta el cansancio pero no habían tenido otra solución que dar, finalmente los maestres habían vuelto a su reino pues tenían pacientes a los que atender.

Stánic hizo memoria.

–En nuestro reino existen hechiceros que se dedican a los menesteres de traer niños al mundo. Ayudan a las parturientas cuando algo sale mal y son muy eficaces, tienen la capacidad de arrancar de las garras de la muerte a madres e infantes aún en las peores situaciones. Todas son mujeres debido al carácter de este tipo de magia, las llamamos doulas. La más sabia y hábil de todas fue la reina madre Kaarina. Estoy seguro de que si alguien podría ayudar al príncipe sería ella.

–Pero murió –habló Thor. –Fue asesinada en Ijósálfar. –El consejero asintió entristecido recordando aquel acontecimiento. –¿No hay más de ellas? Debe haber otras doulas en Nornheim.

–Sin duda pero esta delicada situación requiere de una doula versada en la más poderosa magia. Kaarina estaba instruyendo a sus nietas en esto, a Héroïque y a su prima. La pequeña no tuvo tiempo de aprender demasiado además de no tener dotes mágicas muy sobresalientes, pero la otra joven; ella era la curandera de Gerenot, su vidente y también al ser mayor debió haber aprendido mucho más de Kaarina. –Thor se mostró entusiasmado. –Hasta donde Héroïque y yo sabemos ella está en Alfheim todavía.

–¿Cómo se llama? –Inquirió Thor –por Ygdrasill daré con ella a toda costa.

–Karnilla –dijo Stánic. El consejero fue despedido. Acababa de irse cuando Thor ya estaba convertido en un huracán de energía. Loki vio la resolución en su rostro. Saldría corriendo a Alfheim de inmediato.

–¿Cómo vas a hallarla? La viste una vez cuando te apresaron en Ijósálfar. ¿Recuerdas su rostro? –Thor negó.

–No voy a buscarla a ella –aclaró. –Al que debo encontrar es a Hagen, seguro siguen juntos –Thor abrió la puerta y llamó a un paje en el acto. –Tráeme a Adalster –le ordenó. –Él fue el último en verlos –aclaró.

–Thor –Loki lo vio llamar más sirvientes, quería que Fandral se reportara de inmediato, quería que prepararan su armadura, quería a Tanngrisner listo para partir de inmediato, inclusive envió un mensajero a Heimdall, le pidió transmitir un mensaje para Dgeir, necesitaba un informe de la situación de Alfheim de inmediato. –Thor –volvió a empezar Loki –quiero ir contigo.

–No –ya veía venir eso.

–Hagen tiene preferencia por mí, si yo aparezco es posible que se muestre y además es más factible que yo lo convenza de guiarnos a su prima que tú.

–¡Dije que no! –bramó Thor. –Por una vez Loki, por una vez no te me lances a la yugular y muéstrate de acuerdo conmigo. ¿Cómo quieres que te lleve a Alfheim? Eso es territorio jötun, si te detectan se nos echaran encima para entregarte a Laufey, además ya no tienes toda tu magia y te has debilitado, no te pondré en peligro y esa es mi última palabra.

Loki se amilanó. Fandral llegó en ese momento. Thor le explicó en pocas palabras que se iban a Alfheim, que alistara una compañía de pocos hombres y que le transmitiera esas noticias a los otros guerreros y a Sif para que cubrieran sus obligaciones en Asgard durante su ausencia. Le dijo todo en tono de su general no de su amigo y el espadachín no preguntó motivos ni detalles, partió al punto a cumplir órdenes. Luego de Fandral llegó Adalster. El príncipe tubérculo se mostró solícito, Thor hizo que le llevaran un mapa de Alfheim y para variar el hijo de Giselher se espabiló y con gran detalle le explicó a Thor la ruta que siguió en su viaje al lado de Hagen y Karnilla. Le contó todo lo que pudo sobre ella corroborando lo que dijo Stánic acerca de que se trataba de una poderosa hechicera.

–Dijeron que tenían un plan para ocultarse de los jötun y de los aesir, uno tan bueno que hasta Loki lo aprobaría pero no me dijeron cuál era –el aludido estaba sentado con mirada ausente pero en ese momento se fijó en Adalster. –Siempre hablaban de ti en términos de amigos –aclaró.

Thor le dio las gracias y lo dejó ir. Su ayuda de cámara volvía con su escudero el cual recibió instrucciones para ir a la armería y tomar lo necesario para combatir en climas gélidos. Las disposiciones avanzaban con velocidad.

–Debo avisar a mi padre y a mi madre –le dijo presto para irse pero parecía que igual y eso lo hacía con un heraldo y no personalmente.

–El fuego del dragón –le dijo Loki tratando de contenerlo. –Si Hagen se convierte en dragón y te quema no habrá forma de salvarte, te recuerdo que aunque te trajeran con presteza de vuelta a Asgard ya no tengo mi magia.

El dios del trueno se acercó a él y tomó sus manos.

–Lo sé, pero antes te dije que no hay nada que no haría para sacarte de este trance y lo mantengo. Correré el riesgo –lo besó fugazmente en los labios y lo soltó para irse. –Además, espero que le sigas gustando a Hagen tanto como antes –dijo con cierto fastidio.

Cuando el hijo de Odín cerró la puerta tras de sí Loki se encontró incómodo en el silencio de la habitación, pasaron los minutos sin que reaccionara. La sensación de haber sido él quien había empujado a Thor a la locura de meterse en un reino jötun a buscar a uno de sus peores enemigos hizo presa de él. Se sintió como un miserable. Se puso de pie, debería detenerlo, rogarle que se quedara con él pero algo lo frenó. Como si respondiera a su angustia Engendro se movió en su interior. Loki se quedó sin aire, nunca antes había percibido el movimiento de la criatura que llevaba consigo. Cuando salió de su ensimismamiento las luces del Bifrost a la lejanía le indicaron que era tarde para retener a Thor a su lado.

–Lo siento –le dijo a la nada. –Por todo –una de sus manos se posó en su vientre y el hijo de Thor se calmó bajo su tacto.

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Tras la partida de Thor, el tiempo que no le dedicaba a su consorte, Loki se lo dio a la reina Frigga. Luego de la manera en que se habían separado el resentimiento del hechicero parecía haberse apaciguado. Permitía que Harma lo revisara sin protestar por ello, dejó que Frigga tocara su vientre aunque Engendro no se movió para su abuela; incluso se mostró dispuesto a verificar como marchaban los preparativos de la habitación destinada al infante. Thor no les escribía, pasaron los días y lo único que recibieron de Alfheim fueron noticias provistas por Heimdall. No eran muy alentadoras pero Loki ya se esperaba que Karnilla no fuera fácil de encontrar. El portero les dijo que la búsqueda era casi desesperada, que Thor tenía a medio Tonsberghus removiendo cielo y nieve buscando. La reina contemplaba a quien le era como un hijo, su semblante a pesar de todo permanecía sereno.

–Si alguien puede encontrar a esa condenada norn es Thor –le dijo a Frigga.

La reina parecía intuir culpa en esas palabras pero Loki no se avino a relatarle que habían reñido antes de que Thor se fuera. Entretanto el Padre de Todo permanecía alejado y en silencio.

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La muerte de Oleg fue inesperada. Cayó sobre la familia de Starkag con crudeza, sin duda para ellos, los acontecimientos en palacio no eran sino de pruebas de fortaleza. Oleg había perecido en las mazmorras durante un motín. Los einheriar habían ayudado a los carceleros pero demasiado tarde pues Oleg yacía en un charco de sangre. No supieron bien a bien quien fue su asesino, pero su muerte fue prontamente vengada pues todos los amotinados fueron despachados durante la batalla con los guardias. Por deferencia a su rango, el mismo Ertan había acudido a las alcobas de Starkag para relatarle lo sucedido sin importar lo impertinente de la hora.

Sif recibió la noticia estoica pero no por ello le dolió menos la muerte de su primo.

Volstagg y Hogun habían acudido al funeral, aunque sabía que lo hacían en deferencia a ella, no por genuino aprecio por el difunto. Todos se habían ido ya. Sif seguía ahí parada mirando las estrellas, hacia más de una hora que la barca que condujera a Oleg al otro mundo se había perdido en lontananza. No lloraba, ella era una guerrera y las lágrimas las reprimía a fuerza de voluntad. No recordaba ya la última vez que se había permitido estallar en llanto. Era extraño el sosiego que había encontrado en ese momento. En la corte se daba por hecho que era infértil. Su madre, e inclusive su paciente y benévolo padre, le recordaron su deber de dar herederos al trono de Asgard. Un deber que se hacía más acuciante debido a la gestación de Loki, pero ella no tenía intenciones de hacer nada por cumplir. Thor era más su amigo que nunca y así le gustaba, no tenía el mínimo deseo de yacer con él buscando concebir. El duelo por Oleg al menos le permitiría un poco de paz. De pronto un manto le cubrió los hombros. Se giró al instante y se encontró con Hogun.

–No te escuché acercarte.

–Debe ser porque nunca me fui –le dijo él. –Perdona pero me quedé mirándote.

–¿Cómo podría perdonarte eso? –le dijo Sif envolviéndose más en aquella prenda que olía a él. Se quedaron callados como solían hacer. Ella exhaló pesadamente y rompió aquel silencio. –No voy a tener un hijo de Thor –le contó. –Nunca –se giró hacia él.

–Sif…

–No digas nada acerca de mis deberes –lo frenó. Él nunca le había reprochado el que hubiera accedido a la boda con Thor a pesar de sus sentimientos, y esa noche no sería la noche en que eso cambiaría. –Una palabra de consuelo por favor –le exigió sabiendo que era una egoísta por siempre contarle todos sus pesares y obligarlo a cargarlos junto con ella sin darle nada en retribución. Ni siquiera se habían tomado de las manos una sola vez.

–Haz lo que debas hacer –ella negó, eso no era suficiente para darle fuerzas y continuar. –Tú me entiendes mejor que nadie –le aclaró él mirando el mar –sabes que me gustaría decirte que hagas lo que quieras hacer pero no puedo. Decirte algo así equivaldría a traicionarte, no puedo avivar tus sentimientos por mí.

Sif era una criatura orgullosa y eso último, lo cual él daba por cierto aun cuando ella jamás lo hubiera admitido despertó su vena aguerrida.

– ¿Avivar mis sentimientos por ti? No me trates como si fuera una adolescente locamente enamorada a la que no debes darle alas –él sonrió. –¿De qué te ríes?

–¿Entonces cómo debo tratarte? ¿Cómo una adolescente locamente enamorada a la que sí debo darle alas? –Sif no entendía bien a bien porqué de repente estaba molesta con él. O quizá sí, quizá tenía que ver con el hecho de que no podía dar un hijo a su legítimo esposo porque estaba enamorada de él. O quizá no fuera nada de eso y todo se resumiera a no soportar saber que él la quería pero que nunca haría nada por demostrarlo, que los dos seguirían haciendo lo que era correcto a sus rangos y a sus respectivas situaciones y el muro invisible que los separaba jamás se rompería.

Le dio la espalda y se fue, pero la mano de Hogun en su brazo la frenó. Se volvió sorprendida por su osadía pero se quedó quieta cuando él la tomó de la cintura y la acercó.

–No lo hagas –le dijo Sif pero cuando Hogun le pidió sus labios no se los negó.

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Frigga había vuelto a sus habitaciones, había acudido al entierro de Oleg. Era una pena la manera en la que el joven había encontrado su final. Suspiró, esa noche no cenaría con ninguno de sus hijos. Uno estaba muy lejos tratando de salvar al otro; y el que quedaba en casa debía estar durmiendo ya, agotado por la carga de gestar un hijo contra su naturaleza. La reina fue recibida por su doncella quién le ofreció prepararle un té. La reina se lo agradeció y fue a su estudio. La barrera que vedaba ese recinto fulguró un instante cuando entró. Se acomodó y tomó un libro, era un volumen de cánticos y oraciones. Desde que Loki había vuelto de Vanaheim con la terrible noticia de que podía morir, ella oraba cada noche, pidiendo a las nornas que el destino escrito no fuera el de perderlo.

Los minutos se escurrieron entre sus manos, iba a dar por terminado su día cuando Jyana entró.

–Su alteza Sif desea verla –que la valquiria se presentara a esas horas y sin acordarlo previamente era toda una sorpresa. Esa era otra persona por la cual Frigga estaba muy preocupada últimamente. Se daba cuenta de que el matrimonio entre Sif y Thor le causaba gran dolor a ambos, sabía que la guerrera no cesaba en ser vituperada, cuestionada e inclusive blanco de crueles burlas. Frigga accedió a verla, al mirar su semblante la reina supo que su nuera deseaba hacerle alguna confesión y le pidió a Jyana dejarlas a solas. En cuanto la doncella se marchó Sif se lanzó a los brazos de la reina como nunca había hecho.

–¿Qué pasa? –Le inquirió la reina acariciándole el cabello como a veces hacía con Loki y con Thor, cuando los veía atribulados.

–Necesito de tu sabiduría –le dijo Sif –sé que no debería decirte esto pues eres la madre de aquel a quien llamo esposo pero… –la guerrera se mordió los labios y recobró la compostura. –Perdóname mi reina, es tarde y vine a perturbar tu descanso.

–Sif –le habló Frigga casi con severidad –te tengo en muy alta estima y si tal cosa es recíproca te pido que me relates el motivo de tus pesares, te prometo que no traicionaré la fe en mi persona que te llevó a venir aquí.

La valkiria se dejó caer a sus pies y habló. Le contó que estaba prendada de alguien, que esa noche lo había besado con todo el amor que no encontraba en brazos de su esposo, que su unión con Thor si era estéril pero se debía a la falta de interés de ambos, y que sentía que ya no podía seguir con aquello. Frigga estaba consternada por semejante revelación pero abrazó a Sif y le aconsejó conservar la prudencia y no permitir que su pasión por otro hombre la empujara a cometer el fatal error de ser infiel. Por lo demás la reina le aseguró que entendía la fuerza de sus sentimientos y que haría todo lo posible por ayudarla. Y lo haría, por Siofua lo haría.

–Encontraremos una solución –le dijo.

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Estaba a solas en sus aposentos cavilando culpa. Siempre dijo que sus acciones estaban encaminadas al bienestar de su familia. El día en que se anunció el compromiso de su hija con Thor, Olenna supo que había logrado el propósito de su vida, pues quién habría mejor para su Sif que el heredero al trono. Cuando se enteró de que habría un segundo consorte, fue la más indignada, aunque su enojo no alcanzó proporciones catastróficas debido a que se trataba de un hombre. Creyó que Thor lo desdeñaría, o que el rey terminaría por anular el matrimonio debido a que el jötun no podría tener hijos... ¡Y ahora estaba gestando al heredero de Asgard! Había escuchado que Thor le había pedido aquello, le gustaría preguntarle al dios del trueno si aquello era verdad. Esos escabrosos pensamientos la abrumaban pero el peso de la culpa que caía sobre ella no se debía a Sif, ni a Loki. Sino a Oleg.

Desde su encarcelamiento no lo había visitado, se distanció para minimizar el daño que el arresto del joven le causó a la reputación de su familia. Inclusive le prohibió a Danna ir a visitarlo, pues estaba intentando convertirla en prometida de Adalster, un partido con mayor valía que Bran. Su sobrina había acatado la resolución y a Oleg lo abandonaron. Olenna pensó que sería lo mejor y que llegado el momento podría conseguir su libertad, sus planes se vieron interrumpidos pues en la corte empezó a decirse que cuando Oleg intentó matar a Loki, ya sabía lo del hijo del dios del trueno y que aun así actuó en su contra. Eso era absurdo pero había que ver lo que la gente era capaz de inventar. Tiempo, sólo necesitaba tiempo. Pero ya no lo tenía, nunca lo tendría.

Dijeron que fue un accidente, pero aquello no era verdad, fue un asesinato. No le cabía la menor duda.

Le resultó sumamente triste el escaso número de deudos que acudieron a despedir a un joven valeroso. Starkag intentó consolarla pero al final se recluyó a solas. Sentía que le debía a su sobrino el vengarlo de alguna manera en compensación por haberlo dejado solo a su suerte. Su doncella irrumpió sacándola de su duelo por un momento.

–Mi señora, lo busca un hired, Soren hijo de Sven, dice que fue amigo del capitán Oleg –ella se enjugó las lágrimas e indicó que se le permitiera pasar. El nombre no le sonaba y tampoco reconoció al joven que se presentó ante ella. Era alto, de cabellos castaños y rasgos afilados, un rostro más entre los de todos. Le hizo una reverencia pero mantuvo su distancia.

–Lady Olenna, fui compañero de armas de Oleg, tuve la ventura de combatir a su lado en Alfheim, vine para transmitirle mis condolencias por su deceso –ella asintió, nadie más se había presentado para decir eso. –Lamento mucho la falta de respeto de mis compañeros al no acudir al funeral. Créame que muchos querían hacerlo pero no desean granjearse un problema con Ertan de la guardia de palacio –una lágrima escapó de los ojos de Olenna y eso pareció carcomer la conciencia de Soren.

–Mentira, al que le temen es al príncipe Loki –masculló ella. Soren se puso lívido pero asintió.

–Es cierto, el temor mantiene a raya a quienes podrían haber elevado sus voces para clamar por la libertad de Oleg. Dicen que lo que hizo fue un crimen pero yo y muchos otros creemos que lo que hizo fue lo justo. Un extranjero no debería ser nuestro príncipe, un hombre no debería tener el afecto del príncipe Thor.

–¿Y dónde están esos de los que hablas? Lo dejaron cargar con la culpa de todo –ella estalló en llanto pues era uno más de aquellos que criticaba.

–Lo sé y lo siento mi señora –Soren se comportó acorde a su rango y no se acercó más –fue un error de nuestra parte pero al menos yo estoy dispuesto a enmendarme. La muerte de mi amigo no puede quedarse así. Debemos vengarlo. –Ella negó –debemos ser valientes.

–Calla, Heimdall puede estarnos escuchando, Loki está preñado y hablar de matar a un inocente se castiga.

–La muerte no es la única solución –habló Soren apretando los puños. –Conozco gente que podría ayudarnos.

–¿Exactamente a hacer qué?

–No puedo hablar más mi señora como dijo el portero podría estarnos oyendo. Lo lamento –se disculpó y pidió permiso para irse.

–Quizá en otro momento podamos hablar con más calma –completó Olenna.

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Fue en Alfheim donde Thor se enteró que el primo de Sif había muerto dentro de las celdas. Fandral comentó que sin duda era culpa de los carceleros, pues era obvio que los prisioneros no querrían entre ellos a alguien que fue ex einheriar y menos a uno como Oleg. Thor supo que Sif estaría triste con aquella noticia, debió de haberle enviado alguna carta pero la búsqueda que llevaban a cabo le impidió pensar en palabras de consuelo y decidió que lo compensaría cuando estuviera frente a ella.

El viento gélido golpeó sus mejillas. Les había dicho a sus hombres que buscaban a la prima de Hagen, y no les mintió en cuanto al propósito de aquella misión: Ayudar a su hijo a nacer. Los hombres asintieron con gravedad pero ninguno de ellos había visto antes a la mujer, así que el dios del trueno no tuvo más que decirles que hicieran de cuenta que buscaban a Hagen.

–Debe ser la mujer más fea de los nueve reinos –dijo uno de ellos.

Les hizo una seña a sus hombres para que continuaran el trayecto. Contaban con exploradores alfh otorgados por Dgeir y estaban cerca de Akureyri, era la quina población que visitaban. Habían explorado los bosques aledaños a las contiendas que tuvieron con la guardia de Adalster en busca de señas de fogatas o de pisadas aunque hacía tanto tiempo que fue difícil hallar un rastro, habían hablado con campesinos en zonas que no aparecían en los mapas de Alfheim y buscado las costas congeladas del reino. En más de una ocasión, Thor había sobrevolado buscando en las zonas inaccesibles para los caballos pero volvía con Fandral después de terminar pues no estaba haciendo una búsqueda desordenada aunque fuera presurosa. Se habían encontrado con patrullas jötun que les lanzaban miradas hoscas sin entender qué hacían ahí pero hasta el momento no habían tenido percance con ninguno de ellos. Thor tenía intenciones de hablar con el gobernador de esa zona, los anteriores se habían mostrado amables con ellos pero no tenían ni idea de a quién buscaban y empezaba a temer que le ocultaban al príncipe norn y a la hechicera, así que hizo correr la voz de que no dañaría a Karnilla ni a quienes viajaban con ella. También prometió una recompensa por cualquier información que pudieran darle de los norn.

Les dieron hospedaje en Akureyri, aun cuando Thor prefería no parar, debía dejar que sus hombres y los caballos descansaran un par de horas antes de volver a montar y adentrarse en la tundra. El gobernador les había ofrecido su casa pero Thor se había negado a ello, no querían que pensaran que era un visita política pues más bien era un asunto personal, y el hecho de que una patrulla jötun empezara a seguirlos le tenía fastidiado. Eran los únicos huéspedes de la tasca, pues la conquista de Alfheim impedía que sus habitantes recorrieran la zona como en antaño. Mientras bebía vino especiado, notó que un hombre lo miraba intensamente y después de un momento, se acercó a él.

–Príncipe Odínson –le dijo con tono nervioso y sin encontrar otra fórmula. –Tengo información que tal vez te sea de utilidad –añadió. Thor dejo a sus hombres comiendo y le indicó al hombre que tomaran otra mesa para platicar. No era el primero que se acercaba con la idea de la recompensa pero pocos habían dado información en verdad útil. –Estaba viajando hacia Tonsberghus, pues es el único sitio donde los jötun no tienen poder, cuando vi un resplandor en la lejanía. Me acerqué arrastrándome entre la nieve y… vi al príncipe Hagen. –El hombre calló como esperando una reacción por parte de Thor el cual no se veía sorprendido, le hizo un gesto de que siguiera. –Aquel resplandor se debía a que se estaba convirtiendo en dragón aunque parecía que le costaba gran esfuerzo y dolor. Junto con él estaba una mujer que no puede ser otra que la buscas.

–¿Hace cuánto tiempo los viste?

–Hace dos semanas. Y otra cosa príncipe, ella se puso a dibujar en la nieve con sus manos, hizo un círculo con símbolos y cuando terminó el dragón le escupió fuego durante mucho rato. Yo no entendí que hacían pero la nieve no se fundía y el ambiente no se calentaba. Al final aquel círculo quedo prendido como brasas y luego se abrió– no sabía cómo explicar lo que vio –pues se abrió un hueco en el aire, como un túnel, no sé –Thor estaba tenso, no tenía magia pero había crecido escuchando a su madre con atención cuando hablaba de ella; temió que Karnilla hubiera creado un portal a otro mundo –desaparecieron en el aire –maldijo por lo bajo. –Me acerqué y eso que ella dibujó seguía ahí y no se borró.

Thor se levantó de la mesa y volvió donde Fandral.

–Págale a este hombre –le dijo Thor. Fandral lo miró un momento pero acató lo que le decía. Cerró los ojos pensando en su próximo movimiento. No podía rendirse. –Y luego haz que venga con nosotros, quiero que nos guíe –indicó.

Quería ver el círculo que la bruja había hecho, tal vez Heimdall, que sabía de ese tipo de cosas, pues el Bifrost dejaba marcas similares, pudiera saber a donde llevaba. Mientras salían de ahí, él cavilaba. Trataba de dilucidar qué haría su padre en su misma situación. Una vez, tiempo atrás, cuando había luchado contra Cul y no pudo derrotarlo; su padre había acudido al único que tenía todas las respuestas: Ygdrasill. Le había ofrecido un ojo a cambio de la sabiduría, y el árbol del mundo le mostró el camino. Si fuera necesario haría lo mismo.

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La noche caía cubriendo con su manto Asgard. Olenna contemplaba el espectáculo del sol poniéndose. Su cuerpo estaba tenso y percibía el peso de la ropa sobre ella, el cosquilleo de sus cabellos sueltos sobre su cuello, el vacío en su estómago y un sabor amargo en los labios. Normalmente ella no actuaba directamente, desde las sombras murmuraba y conjuraba, tiraba de los hilos adecuados para hacer cumplir sus deseos pero esta vez no había sido así.

–Por ti querido Oleg –le dijo a su sobrino ausente. –Mañana es el día. –Sabía que Loki saldría de paseo, había comprado al caballerizo y a un montón de siervos para que le informaran si el hechicero ordenaba prepara su caballo. No podían sustraerlo de Valaskialf y menos de sus nuevas habitaciones tan cercanas a las de la reina.

Se había entrevistado un par de veces más con Soren, se habían visto fuera del palacio a hurtadillas. El hired le reveló algo inusitado, tenía contactos en Jötunheim, gente que de alguna manera le había hecho llegar un mensaje; el rey Laufey quería de vuelta a Loki a pesar de todo, aseguraba que no lo lastimaría debido al hijo que esperaba que a final de cuentas era su nieto. Olenna estuvo de acuerdo con todo ello, lo mejor no era intentar asesinar al hechicero, aquella solución de enviarlo de regreso a su reino era mucho más piadosa para con el inocente que llevaba en su vientre. El problema estibaba en que era imposible usar el Bifrost para tal cometido. Ella tuvo la solución a ese pequeño inconveniente. La puerta de Eldgjá.

–Yo puedo hacerlo –aseguró Soren –juro por la memoria de mi amigo que puedo llevarlo hasta esa puerta, el problema serían los guardias que la custodian.

–Eso déjamelo a mí, muchos lo aseveran pero no estoy acabada, aún conservo influencias, tan sólo debes hacer que esa serpiente esté en la puerta el día y la hora que acordemos –le aseguró. Soren asintió enfáticamente. Ella no le preguntó detalles, entre menos se dijeran era mejor, si la mirada de Heimdall reparaba en ellos era mejor guardar ciertas cosas dentro de cada uno. –Gracias –le dijo Olenna, Soren le hizo una reverencia. Estuvo tentada de darle la mano pero al final no lo hizo, estaban en una tasca concurrida donde nadie parecía reparar en ellos pero era mejor conservar las formas.

La última vez que se vieron ella le tendió un mensaje. La fecha era el día siguiente, la hora era el mediodía. En ese momento sería el cambio de guardia. La puerta estaba custodiada por media docena de hired, serían reemplazados por un grupo leales a ella, soldados que apreciaron a Oleg y que odiaban tener que servir a un asqueroso gigante de hielo, uno que los tenía en deshonra a todos. Incitó su odio hacia Loki y además los colmó de oro. Lo único que debían hacer era permitir al hechicero pasar por aquel umbral y nada más. No quería que lo atacaran o lo lastimaran. Su parte estaba hecha, tan sólo restaba confiar en Soren.

–Mi señora –su doncella interrumpió. –El general Starkag la llama –ella asintió y se quitó algo de pesar para salir al encuentro de su esposo. –Y además, hay un mensaje para usted –la doncella le tendió una nota. Ella la tomó y la despidió, al quedarse sola nuevamente la desdobló. En el papel había una sola línea: "Todo está dispuesto, tenemos un aliado inesperado". Sonrió al tiempo que se la guardaba, destruiría aquel papel luego de cenar con su familia.

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Aquella mañana Radha preparó todo en las caballerizas. Loki había decidido ir de paseo. Cuando hubo alistado los arreos, regresó a buscarlo a sus habitaciones. No estaba listo y Ull le ordenó de malas pulgas que averiguara el porqué de la demora y le pusiera fin a ello. Radha entró a los aposentos de Loki y se encontró con que se había quedado dormido. Lo despertó aunque si hubiera sido por él, lo hubiera dejado continuar con su sueño. Loki se dio prisa en estar listo.

Loki arreó a Tanngrijos y el caballo de batalla aceleró el paso. Debido a Engendro no se podía dar el lujo de partir a la carrera, el riesgo de caer del caballo era alto, y aunque el hijo de Thor era defendido por su magia la ausencia de esta misma lo desalentó de actuar imprudentemente. Ull le seguía el paso y varios metros atrás iba Radha. El paje se había vuelto como su sombra en ausencia de Thor. Iban rumbo a Gladsheim aunque no llegarían tan lejos. El sol estaba en lo alto iluminando Asgard, alejando cualquier sombra del ánimo del hechicero. Thor aún no daba con Karnilla pero Loki tenía esperanzas.

Radha seguía a su señor. El caballo que el dios del trueno le regalara era demasiado veloz aun cuando ni siquiera estaba corriendo con toda su formidable potencia. El gigante de hielo que iba con ellos se mantenía a la altura con facilidad. A Radha no le había parecido bien aquella idea de salir a cabalgar pero jamás se atrevería a llevarle la contraria a Loki. Si se tratara de cualquier noble encinta le habrían prohibido terminantemente aquello, pero tratándose del hechicero, la reina había consentido.

Tanngrijos viró hacia el mar, la playa que lindaba era pedregosa. Las patas del caballo levantaban agua conforme avanzaba. Radha azuzó su montura para acercárseles, pareciera que su señor y su amigo dialogaban algo que no llegó hasta oídos del paje. Alcanzó a ver un brillo verde envolviendo al hechicero el cual se expandió alrededor de ellos como una burbuja que alcanzó inclusive a Radha. Loki aún conservaba magia y ahora la estaba usando, Radha se preguntó para qué. La situación le gustaba cada vez menos. Llevaban una hora cabalgando cuando en la lejanía atisbó una torre la cual era bañada por las olas del mar. Tal como temía, Loki y Ull se dirigieron hacia allá, desconocía lo que era ese sitio pero se veía amenazante.

Loki desmontó ante lo que evidentemente era un puesto de guardia, al verlos acercarse los guardias se dispersaron de manera ordenada y sin dedicarles ni una mirada. Su señor parecía desconcertado por ello.

–¿Por qué se fueron? –Preguntó en voz alta. Radha bajó de su caballo y se acercó.

–Qué más da. Querías evitar una confrontación –le dijo Ull. Junto a la torre había una cueva.

–Príncipe, príncipe regresemos –casi le rogó Radha.

–Espérame aquí –le ordenó Loki y se dirigió a examinar esa boca de lobo. Radha se miró los pies nervioso. Su general se había ido hacía casi un mes, antes de que partiera el paje se lo había topado. "Vigila de mi parte a Loki" le había dicho en medio de su prisa por irse.

–Se lo prometí –se dijo Radha –le dije que lo cuidaría –no se lo dijo en voz alta pues se quedó pasmado cuando el heredero al trono le había hablado con tanta familiaridad pero sí que se lo había prometido en su corazón. Aquello le resultaba demasiado extraño e intuía que algo iba mal, así que haciendo acopio de valor sacó la espada que llevaba sujeta a los arreos del caballo y se acercó.

Radha sintió que la temperatura disminuía gradualmente conforme se acercaba a la entrada de la cueva la cual se abría oscura ante ellos. Loki levantó una mano resplandeciente e iluminó un pasaje estrecho y accidentado. El paje se quedó sin habla, había hielo en aquel lugar y al fondo se vislumbraba una puerta altísima.

–Príncipe Loki –el aludido le lanzó una mirada de circunstancias.

–Te dije que me esperaras –le soltó fastidiado.

–Príncipe, ¿qué pasa? –Loki no se molestó en darle una explicación pero hasta Radha había escuchado del pasaje que conducía de Asgard a Jötunheim, y hasta un necio como él podía deducir que se encontraban en la entrada a ese lugar. –¿Te irás de vuelta a tu reino? –Lo increpó como nunca lo había hecho.

–Soy un aesir, este es mi reino –lo atajó Loki y el enojo en su voz silenció a Radha. Loki apagó su mano aunque aquella barrera verde seguía alrededor de ellos.

–Me voy pues –dijo Ull.

–Que Fimbulvert te guíe, ten cuidado –habló Loki.

–Lo tendré pero… –Ull se miró las manos y pareció abatido –perdóname pero no me voy solo –el hechicero dio un paso atrás. –Me ordenaron llevarte conmigo. –Loki negó.

Ull fue a sujetarlo pero lo que agarró fue una ilusión la cual se desvaneció ante el tacto del gigante, el verdadero surgió a unos metros tratando de evadirse hacia Tanngrijos. Sus movimientos habían perdido la agilidad de antaño y en dos zancadas Ull lo alcanzó de la ropa.

–¡Traidor! –Aulló Loki sacando una daga. Forcejearon pero el hechicero llevaba las de perder, el gigante le arrebató la daga y la lanzó lejos.

Ull soltó a su amigo dando un alarido cuando el tajo de la espada de Radha le cayó en un brazo. El paje volvió a levantar el acero pero el gigante le asestó una patada que lo lanzó por los aires.

Radha se dio contra una roca aturdido, estaba viendo borroso y se había quedado sin aire, tenía las costillas rotas. Aun así intentó volver a levantarse. No se había dado cuenta de que estaba gritando todos los insultos que conocía contra Ull. Vio al gigante levantar por la ropa a Loki el cual intentó generar su daga de hielo la cual no funcionó ni remotamente. Se estaban gritando algo en su idioma natal, súbitamente Ull lo soltó y cuando Radha tuvo la loca esperanza de que el gigante dejaría ir a su príncipe, éste le propinó un golpe en la cabeza que lo derribó inconsciente.

–¡No! –Ull cargó al hechicero con facilidad y corrió hacia aquella cueva que engulló a ambos dejando tras de sí a un Radha al borde de la desesperación.

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Frigga estaba en sus aposentos con Héroïque. La pequeña dominaba ya suficiente asgardiano para darse a entender sin ayuda de su mentor. Estaban ellas dos leyendo en silencio. A la reina le gustaba la compañía de su protegida. Súbitamente entró corriendo un miembro de su guardia. Sköll, quién la cuidaba apostado cerca de ella se levantó de inmediato. El semblante de su soldado daba a entender que algo grave ocurría.

–El paje del príncipe Loki está aquí pide hablar con urgencia con la reina –dijo sin pausas, ella lo hizo pasar de inmediato.

–Alteza –Radha entró sujetándose los costados dolorido, no hizo reverencias y en cambio estalló en llanto –se lo han llevado –habló.

–Serénate muchacho. ¿De quién hablas? –La voz templada de Sköll le imbuyó un poco de calma a Radha. Se pasó la manga de la ropa por el rostro.

–A Loki, Ull se lo llevó.

Frigga se cubrió la boca con una mano.

–¿A dónde? –Sköll empezaba a perder la paciencia.

–A Jötunheim –la reina ató cabos rápidamente.

–La puerta Eldgjá –le dijo a Sköll, el cual se precipitó hacia la salida de la sala gritando órdenes entre las que figuró el alertar a Ertan y a la guardia de inmediato. La reina se quedó con Radha el cual parecía estatua viviente. Entre balbuceos Frigga le sacó toda la historia y luego envió por un sanador que lo atendiera.

Dejó todas sus ocupaciones y se hizo escoltar hasta el observatorio del Bifrost. Heimdall ya la esperaba. La saludó con una reverencia y antes de que le formulara alguna pregunta el guardián habló.

–Está en Feigefossen, su padre lo hizo encerrar, aunque sigue inconsciente no le han hecho mayor daño –Frigga suspiró aliviada. –Antes no pude verlo, usó una barrera para evitar mi mirada –el guardián no dijo más pues equivaldría a criticar esa desconfianza que Loki le había demostrado desde siempre y el secretismo con el que siempre se manejaba.

–Envía un mensaje a Thor –le pidió la reina.

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Se quedó pensativo sobre el trono de Feigefossen. Ull, el que siempre consideró leal a su segundo hijo, había llegado al castillo con un obsequio que él no le había pedido: Loki. Laufey lo agradeció con un gesto y lo volvió a recibir en su reino después de haberlo desterrado, el chico demostró alivio en el rostro. No era más que un chiquillo en busca de la aprobación de un adulto, por eso Laufey no le dio más importancia. En cuanto a Loki, mandó a que le encerraran en su habitación aunque debió de haberlo puesto en las mazmorras por lo que había hecho, pero decidió ser clemente por el heredero que iba a otorgarle a Jötunheim.

Por supuesto que había sabido que su plan funcionaría. Decepcionado de Hildetand cuando aún era un niño, había decidido que el futuro no estaba en procrear con alguien de su misma raza, sino buscar a alguien más fuerte. Cuando halló a Járnsaxa supo que aquello podría funcionar. Nadie hablaba de la vanir en público, si acaso su nombre estaba escrito en la heráldica familiar pero nada más. Recordaba que igual que Loki había hecho entre los aesir, ella había mudado de apariencia a una semigigante de negros cabellos, para así ser apta para unirse a él. Laufey pensó que con tal despliegue de poderes por fin obtendría un heredero del cuál sentirse orgulloso.

Y había nacido Loki. Járnsaxa, al ver sus intenciones homicidas hacia el niño, le juró que era un foreldrar con la capacidad de tener hijos cual doncella, y fue por eso que Laufey se detuvo. Ella le había contado todo sobre aquella maldición vanir, pues él mismo no podía verlo de otra manera, y que la magia curativa era su signo distintivo. Ya que no era enteramente gigante, su segundo hijo sería adecuado para alguien de otro reino. Laufey no quiso inmiscuirlo con otro gigante, pues no quería repetir el mismo error, si no lo habría unido con Hildetand. El chico creció como pudo en el reino de hielo, sin que hubiera indicios de esa magia curativa que Járnsaxa había augurado. Escéptico, Laufey lo había abandonado en manos de Hildetand, sabía que su hijo mayor trataba con desprecio y violencia al menor pero aquello le tenía sin cuidado, podría haberlo matado y le hubiera dado igual. El día en que aquella dichosa magia que lo señaló como foreldrar se manifestó, Laufey recobró el interés en Loki.

El concilio de los reyes le permitió sopesar sus opciones. A Jötunheim, reinos como Nornheim y Asgard lo habían desangrado en los valles, en las planicies, en todas las contiendas habidas pero lo que él no pudo conquistar con espadas, su hijo lo haría con caricias. Así Laufey entraría por matrimonio en los reinos que no logró tomar. Eligió a Hagen porque Nornheim se acercó primero pero cuando Odín dejó el orgullo de lado, no tuvo ningún reparo en cambiar Nornheim por Asgard.

Pensó en su nueva situación. Odín quería quedarse con su guerrero, por eso había dado la ciudadanía a Loki. Laufey culparía a Ull, aún más, si querían la cabeza del secuestrador, él no tenía ningún problema en entregárselas pero no iba a devolverles a Loki. Lo había visto cuando lo llevaron ante él, tenía el vientre pronunciado. Sólo debía fingir que tanto Loki como aquel niño habían muerto durante el parto, lo cual no era una mentira tan grande pues al menos uno de ellos iba a morir. Aún no sabía cómo lograría burlar al portero de Odín pero una vez que naciera su pequeño vengador, lo mandaría a Alfheim para que estuviera escondido durante su entrenamiento.

Está vez por fin lo había logrado. No pudo evitar sonreír contento al pensar en ello, pero tras un segundo la desazón detuvo aquel gesto. No sabía por qué pero sentía que había sido demasiado sencillo. Aún recordaba como Loki se rebeló en Alfheim, como le había atacado y usado el cofre de los antiguos inviernos sin problemas cuando él jamás le permitió en el pasado ponerle ni siquiera un dedo encima, también se le antojaba extraño el que alguien como Ull, que no era el más brillante de su pueblo, hubiera podido sustraer a Loki sin que el hijo de Odín le volara la cabeza de un martillazo. No, no estaba bien, un negro presentimiento se alojó en su mente.

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Su celda era su antigua habitación.

Había despertado en su lecho hacia varios minutos, no tenía conocimiento del viaje ni de la hora en que arribaron a Jötunheim. Quien le había depositado en su cama lo hizo con cuidado y consciencia pues le había arrebatado las dagas que siempre llevaba consigo. Loki rebuscó en su ropa, soltó un suspiro de alivio cuando encontró que aún tenía aquel pequeño libro de pastas negras que jamás dejaba. No se lo habían quitado pues para nadie más resultaba valioso.

No los veía pero estaba seguro de que había guardias apostados en la entrada. Esperó quieto en su antiguo lecho a que llegara algún heraldo con la orden de acudir frente a su padre pero una hora después el único que entró fue un siervo para dejarle una bandeja de comida para él, sin ninguna palabra o una mirada. Lo mismo se repitió varias horas después cuando llegó la hora de la cena.

–Quiero ver a mi padre –le dijo al sirviente –o háblale al general Kjolen, dile que demando ver al rey –le repitió. Kjolen era el equivalente a Starkag, pero el sirviente había recibido órdenes de no responder a nada pues ni siquiera le hizo caso.

Lo dejaron varias horas a solas. Loki no estaba excesivamente preocupado, sabía que su padre no le haría daño porque estaba interesado en su nieto, aunque quizás eso no lo libraría de que lo hiciera azotar, sin embargo era un riesgo que asumió cuando fraguó aquello. Estaba seguro de que Radha habría regresado a palacio a contar lo que había sucedido, para eso le había permitido acompañarlo. Ull debió de haber sido recibido por Laufey con beneplácito, así que decidió no dedicarle un segundo pensamiento a su amigo.

Estaba en una jugada arriesgada que podía terminar con su muerte, pero para poder vengarse tenía que apostarlo todo incluido a Engendro. Era la contienda final, se había ocupado de alinear todas las fichas, y cada una se había movido conforme a lo que él esperaba; estaba algo nervioso porque el siguiente movimiento correspondía a Odín, y el Padre de Todo seguía siendo alguien a quién no podía manipular ni prever del todo. Se tranquilizó pensando en la cara de Laufey al momento en que supiera lo que iba a hacerle. Lo que Loki había ideado maduró con la sentencia de muerte sobre su cabeza, y no era un simple berrinche, ni puro odio podrido. Eran ideas sensatas, claras, bien planeadas. Laufey le iba a pagar lo que le hizo, aunque no fuera él quien se cobrara las venganzas.

Se quedó dormido sin que tuviera noticias de su padre pero despertó a mitad de la noche sobresaltado por no reconocer el lugar donde se encontraba. A partir de ahí no pudo conciliar el sueño. Este castigo basado en silencios era nuevo para su padre y podría haberlo asustado en el pasado pero ya no.

La escasa luz de la mañana se coló por las nubes cerradas de Jötunheim. Las ventanas de su habitación no se cimbraban, lo que significaba que no había ventisca en el exterior. Antes de que un sirviente ingresara con una nueva ración de silencios hoscos, entró Kjolen.

–El Rey Laufey le ordena acudir a su presencia –dijo el general.

Se levantó, aceptaba con ganas pues estaba harto de encontrarse ahí sin enterarse de lo que sucedía. Le escoltaron varios guardias que al principio le dirigieron, sin poder evitarlo, una mirada al pronunciado vientre antes de sumirse en su papel de guardianes estoicos. No se dirigieron a la sala del trono sino a una de las piezas aledañas en las que igualmente podían tratarse asuntos relacionados con el trono. Feigefossen no era un palacio tan grande como Valaskialf pero los salones eran mucho más alargados, las esbeltas columnas parecían dedos y las vetas azules del mármol blanco parecían venas. En las paredes había cincuenta antorchas pero las que estaban encendidas no llegaban a la docena, de manera que las sombras danzaban por el suelo e invadían los rincones. Sus pisadas resonaron en el piso, aún más, podía escucharse el sonido del viento. Su padre estaba ante una mesa y desayunaba. Los ojos de Laufey lo escudriñaron como quién observa detenidamente una pieza para estimar si realmente valía lo que había pagado por ella.

No había nadie más en la estancia, ni siquiera su hermano. No le indicó que se sentara pero de todos modos Loki lo hizo. Laufey en cambió le hizo una seña con un dedo que significaba que deseaba una de esas barreras de privacidad, Loki se rió pero la hizo por los viejos tiempos. Cuando activó el conjuro impidiendo que Heimdall escuchara y viera lo que sucedía ahí, notó que el tono verde desfilaba delgadamente, esa magia pronto iba a desaparecer.

Las primeras palabras que cruzaran, decidirían el resto del tono de la plática.

–Te dije que no deseaba verte con esa apariencia, por mucho que ahora seas aesir, estás en Jötunheim y por tanto eres jötun y yo tu rey –inició Laufey. Cierto, se lo dijo pero hacía tanto tiempo que Loki casi lo había olvidado.

–Esta es mi verdadera faz –rebatió Loki. No estaba dispuesto a dejar que Laufey decidiera algo como era su físico, no a esas alturas.

–Me haces difícil tragarme la ira –dijo Laufey.

–Deja de hacerlo, o te ahogarás. –Laufey no respondió a ello, en vez de eso prefirió lanzarle una larga mirada –¿quieres que llame a Kjolen para que me encierre de nuevo o me azote? Si no me vas a decir algo más, te dejaré para que medites tú solo la discusión –le retó.

Su padre en cambio soltó una risa.

–Eres increíble Loki. Parece que no te importa de verdad que esté iracundo contigo. Me has relegado ante tu nueva ciudadanía asgardiana, te has ocultado tras Odín y te has negado a acudir a mí, me has traicionado y decepcionado.

–¿Yo te he decepcionado a ti? Tú me has decepcionado toda la vida. Yo que era parte de tu familia, yo que podría haber sido rey fui enviado a otro país como consorte porque así te convenía. Hubiera gobernado bien, aun cuando sólo fuera mitad jötun me habrían temido, en Nornheim, en Svartálfheim, en Asgard, ¡por todos! –explotó. –Así que bien podrías hacer lo que siempre haces cuando algo sale de tu control, nada. –Su voz estaba impregnada de odio. –Tú me engañaste a mí, me mentiste acerca de los poderes de mi madre porque deseabas un heredero digno de ti ¿esto es lo que querías, no? –Aun las prendas holgadas de aesir no ocultaban su estado.

–Si. Eso es lo que quería. Si ella no me hubiera asegurado que tendrías capacidades únicas como hechicero te hubiera asesinado desde el momento en que naciste. Puedes agradecerle a ella tu suerte –dijo, pero era imposible que Loki sintiera odio hacia su madre, igual que tampoco nunca sintió cariño por alguien a quién no conoció. –Estarás confinado a tus aposentos, sólo tendrás visitas regulares de los arcanos. Ahí te quedarás hasta que nazca la criatura, sé que vas a morir cuando lo haga pero es un precio que estoy más que dispuesto a pagar. –Parecía en verdad contento. –En cuanto a Odínson, ya veré que haré para aplacarlos pero no creas que los aesir te librarán de tu destino, a veces me pregunto qué le hiciste al dios del trueno para que te apreciara.

–Me lo follé, padre –respondió Loki. Laufey se puso rojo de ira. –Odín no va a impedir que su hijo venga por mí. ¿No has notado que no he desempacado en mis habitaciones? Es porque mi estadía en verdad va a ser corta. –Loki apoyó su cuerpo en la silla, sus manos tomaron los brazos de la misma y se acomodó como si fuera a tomar impulso. –Antes de irme, me voy a dar el tiempo para explicarte la situación en la que te has metido, dices que encontrarás la manera de aplacarlos pero lo que ignoras es que el rey Odín quiere romper la tregua que los ha mantenido unidos pues ya no te necesita. Y ahora, me tienes retenido en tu reino y ellos también quieren a la criatura que llevo dentro, además de que ahora soy uno de los suyos, no necesita más excusa para atacarte –dijo con una sonrisa –si no hay noticia aún de ellos no es porque no les importe, es porque tu guarnición en Alfheim debe haber sido tomada sin que tú siquiera te enteraras –presagió.

O al menos eso esperaba, de todos modos no dejó que su voz no trasluciera nada que no fuera seguridad en cada una de sus palabras.

–Te aseguro que valdrá la pena lo que sucederá de aquí en adelante –tuvo que detenerse porque la expresión de su padre no podía ser más desconcertada. Cuando Ásta le habló de aquellos hired y su lealtad hacía Oleg, se le había ocurrido una idea, tuvo que esperar al momento propicio para ponerla en marcha. Sí, él había apañado el asesinato de Oleg. Aún recordaba la satisfacción de Ull cuando le dijo que le permitiría darle el golpe de gracia. Antes de que sus ilusiones desaparecieran había transformado al gigante y a él en guardias, juntos incitaron la revuelta. El siguiente paso fue muy claro y muy fácil, él fingió ser Soren para acercarse a Olenna, él había sugerido lo que debían hacer y ella actuó por su cuenta. Todo con tal de llevarlo de vuelta a Jötunheim de una manera que no pudiera interpretarse más que como un complot de Laufey. Lo que ni Olenna ni Ull sabían y Loki sí, era que aquello iba a desatar una guerra entre los dos reinos. –Yo lo planeé –dijo muy satisfecho de sí mismo. –¿Creíste que te dejaría que hurgaras en mí como si fuera carroña? –Inquirió.

Laufey se puso en pie intempestivamente y sin ningún anuncio lo golpeó en pleno rostro. Cayó de la silla con gran estropicio y la barrera se rompió en miles de pedazos. Laufey levantó la vista pero pareció que le importaba poco aquello, amagó una patada pero se frenó, no quería dañar al infante. Su hijo escupió sangre y se limpió los labios partidos con el dorso de la mano. El rey lo sujetó del cabello y lo puso en pie.

–Ganas me dan de abrirte, sacarte a ese niño y dejar que te mueras en tu propia sangre –dijo más que dispuesto a proceder de esa manera, tan sólo bastaría una orden.

–No te lo recomiendo, no puedo usar mi magia curativa y aún más, estoy enlazado con el niño, si me matas él morirá, si me lastimas, lo mismo pasará –dijo Loki confiando en que su madre no le hubiera contado que Engendro estaría protegido por su magia y que Laufey bien podría torturarlo y nada le pasaría a su nieto.

Laufey se refrenó, pero a penas duras. Dejó caer a Loki, podía ser que su hijo no fuera el más fuerte guerrero, nunca sería además uno de los gigantes más altos del reino pero desde luego que era un hijo de mala cuna con la lengua más rápida y despierta que Laufey había tenido la desgracia de padecer.

–No juegues conmigo, se me puede agotar la paciencia –tuvo que decir.

–Qué pena que no se te haya agotado antes –dijo Loki girándose para ponerse en pie.

De pronto un heraldo entró sin aliento. Consciente de que su presencia podía causarle la muerte por interrumpir tal reunión se apresuró a hacer un saludo.

–Mi rey –dijo pero se quedó callado al instante, parecía buscar las palabras que no le salían con rapidez –tiene que ver esto –dijo finalmente. Aquella sala no contaba con ventanas hacia el exterior así que Laufey se trasladó a los balcones exteriores seguido de Loki que también deseaba averiguar lo que sucedía.

El espectáculo sucedido en las planicies fuera de Feigefossen era la luz del Bifrost golpeando la tierra. Del portal salieron raudamente diversas huestes marchando en filas ordenadas, poco a poco tomaron filas en posición de batalla. A pesar de la lejanía Loki distinguió a los hired apostando sus largas sarisas al frente, a los ulfhednar poniéndose por detrás de ellos. Avanzaron a paso de andadura, hombro con hombro, escudo con escudo, con las lanzas hacia adelante, empujados por el redoble obsesivo de los tambores hasta que quedaron a una distancia casi imprudente de la primera muralla de la fortaleza. La luz no cesaba, Odín debía haber vaciado los campos de entrenamiento, entre las doradas armaduras asgardianas se distinguían cotas de malla plateadas y escudos redondeados, eran los alfh. La marcha de los soldados resonaba en la distancia. Sin perder el tiempo empezaron a montarse las máquinas de asedio, eran monstruosidades de noventa pies de altura, el sonido apabullante de los martillos les llegaba a pesar del viento. No vio rostros, estaban demasiado lejos pero casi podía jurar que las figuras más altas eran de Bran y de Volstagg.

De pronto el cielo se cubrió de nubes tormentosas, las cuales, como si siguieran el ánimo de su dios, empezaron a relampaguear, y Loki supo que Thor había llegado. No podía verlo, claro estaba, pero podía sentir el ambiente electrificado.

–Siempre has querido enfrentarte a Asgard, esta es una buena oportunidad para demostrar toda esa valentía de la que siempre presumes –dijo Loki. Espolear a su padre para que fuera a la guerra no podría ser difícil pero en el fondo Loki sabía que era un cobarde y que le tenía miedo a un enfrentamiento directo con Thor, ya no mencionar al mismo Odín.

–Calla, antes de que haga que te amordacen –ordenó Laufey. Y sin embargo su rostro sólo mostró lo viejo que realmente era. –Llama a Kjolen y a Hildetand; manden un mensaje a Alfheim, quiero saber cómo están las cosas allá –ordenó el rey al heraldo que salió presuroso. Miró entonces a Loki. –No eres mi hijo.

–Al contrario. Soy más tu hijo que Hildetand, pero no te preocupes yo también odio la comparación –dijo Loki sin apartar la mirada de las huestes as y alfh que seguían aumentando en número. –¿No es hermoso? –Le preguntó a su padre.

La mirada de Loki estaba ensombrecida por completo en tinieblas de muerte y destrucción. Y esa, sólo era la primera parte de su maquinación.

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CONTINUARÁ…

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