Les envío el mejor de los saludos, aquí les va el siguiente capítulo, dedicado a todos ustedes con mucho cariño.
¡Dejen reviews para saber si la historia les está gustando o qué opinan de ella! :3
Besos xoxo
.
.
Capítulo 10: Reflexión II. Lo que conecta al mundo
.
.
-¿Podrías dejar de mirarme el cabello?
-Lo siento, andaba preguntándome ¿Qué clase de chica buscaría tener el corte de un chico?
-¡Hermano!
-Oh, no la fastidies, Touya- intervino una tercera voz masculina en esa conversación. Ya era la hora de la cena y el restaurante en el que estaban había comenzado a llenarse. Sakura estaba sentada en frente de Touya, mirándolo con desdén, mientras éste apoyaba la mejilla en su mano, sonriendo con un dejo de pedantería e hilaridad. A su lado yacía sentado otro joven adulto delgado, de cabello ceniciento, tez pálida como el brillo de la luna y lentes de marco redondeado, cosa que acentuaba sus finas facciones de ángel. Caballeroso, le sonrió a la joven con brillantes ojos:- te ves preciosa. Me da mucha emoción y nostalgia verte con ese corte de cabello, además de que te hace ver más joven.
-No tienes que decirle mentiras o se las creerá, Yuki.
-No son mentiras. Antes estaría mal de mi parte ver a Sakura así de linda y no dejárselo saber.- y la aludida, con las mejillas coloradas, infló el pecho orgullosamente mientras miraba a Touya con suficiencia. Este bufó y Yukito rio.
-¿Si ves, hermano? Deberías aprender de él.- farfulló la joven Kinomoto.
-Sí, "hermano", deberías- agregó Yukito, para luego soltar una carcajada al percibir el ligero rubor que provocó en Touya. Éste estaba tomando un poco de té y luego, discretamente, se limpió con una servilleta, para así posar la oscura mirada en su hermana menor.
-Y bien, Sakura, ¿Ese mocoso odioso, idéntico al otro mocoso con el que salías, es el mismo mocoso del que me escribiste en las cartas que es tu amigo, el escritor?
-Gracias-le dijo Sakura al mesero, cuando éste depositó el plato de takoyakis en frente de ella, quién tomó los palitos y se dispuso a comer mientras miraba fijamente a su hermano mayor:- Si, y repitiendo tantas veces "mocoso" para una sola frase, me hace dudar a mí de tus capacidades en ese campo- Touya rodó los ojos, bufando a modo de respuesta. Y Sakura suspiró, con la vista algo ida:- pensarás que su parecido a Hien es increíble pero…son tan distintos. Y, cuando conoces a Syaoran, te das cuenta que es un hombre muy interesante, culto y gentil…inspira el querer hablarle más y más.
Touya, quien había ido a visitarla a son de apoyo por lo de Hien, frunció el ceño marcadamente y, mientras empezaba a comer, compuso una famosa cara de "pocos amigos".
-Pues a mí me da mala espina, tiene cara de cretino, así como ese cretino que decía ser tu novio- dijo entre dientes, masticando de mala gana. Una gota emergió de la parte trasera de la cabeza de Sakura, quien siguió comiendo también.
-Eh… era mi novio- le rectificó ella, a lo que Touya solo rodó los ojos. Era un hermano mayor muy protector, y tal vez solo Yukito lograba entender esa faceta de él y, sobre todo, dulcificarlo. Lo cierto es que nadie lograba conseguir esas reacciones en Touya, salvo Yukito Tsukishiro y su encantadora sonrisa calma, que parecía un resplandor perfecto del cielo. En esas la puerta del restaurante se abrió y dejó visualizar a otro joven de magnífica belleza, rostro delicado y cabello plateado suelto por lo largo de su espalda. Tenía ese atractivo andrógino característico de los cuadros de los ángeles, y eso hacía que fuera un ser hipnótico a la vista. Hombres y mujeres se quedaban embelesados apreciándolo desde muy niño y, en su momento, Touya Kinomoto no fue la gran excepción. De hecho, él mismo interrumpió su réplica solo por verlo llegar, mientras Yukito, sentado a su lado, lo notó.
Sakura, percibiendo el repentino silencio emitido por su hermano, se viró y fue ahí que reparó en el recién llegado. Alto, esbelto, de pantalón azul oscuro, y camisa formal plateada de manga larga. Sus ojos lavanda era lo único en todo él que no resultaba suave y, de hecho, tenía una mirada bastante inquisidora. La muchacha sonrió ampliamente y alzó una mano a modo de saludo, en lo que el joven hombre los reconocía y se acercaba a la mesa de ellos.
-¡Jefe!- exclamó Sakura por inercia. Y Yue Tsukishiro, al llegar, se sentó el lado de ella, pues ya Yukito estaba sentado al lado de Touya.
-Por favor, Sakura, no estamos en la oficina. Fuera del edificio dejo de ser tu jefe- ella sonrió apenada, encogiéndose de hombros. Yue miró a su mellizo, quién le sonrió; gesto que, por supuesto, Yue no devolvió:- ¿Qué tal el viaje?
-Bien, bastante bien. Llegamos temprano y Touya ya dejó sus cosas donde Sakura. Tú, no esperé que te tardaras tanto- le dijo Yukito de manera gentil y Yue…no pudo ni componer una mueca incómoda. Solo suspiró y con una expresión indescifrable dijo:
-Si…me entretuve terminando algo, lo lamento-
Y Sakura rio para sus adentros apreciando eso, pues Yue y Yukito, pese a ser hermanos, ciertamente no se parecían en nada, empezando porque Yukito era excesivamente amable y simpático y Yue era frío y distante. Ni siquiera se parecían mínimamente en el físico, como era el caso de Syaoran y Hien Li. Tal vez lo único que ambos tenían en común (además del apellido) era su afecto por Touya y, así mismo, su afecto por Sakura.
La cena transcurrió de manera tranquila y casi consiguió devolver a Sakura en el tiempo. Rio como hacía rato no reía y también pateaba a su hermano debajo de la mesa cuando éste empezaba a fastidiar. Por un instante logró quitarse de encima la imagen de Syaoran y la tristeza que le produjo el que la llamara tan fríamente "Kinomoto" en la mañana… ¿No había sido él mismo quien había insistido en que se llamaran por el nombre de pila? Había querido hablar con él. Incluso leyó Claro de luna una segunda vez sintiendo que disfrutaba más de la historia. Lloró mucho al final cuando Shinosuke decidió practicar un seppuku en su sitio sagrado, su claro de luna, al sentir que su honor había sido mancillado y pereció ahí, en el olvido, mientras su alma se alzaba gloriosa por los cielos. La primera vez había disfrutado leyendo mucho ese libro al sentir en éste la técnica de un buen escritor… pero ahora que lo leía por segunda vez, podía leer más el alma de Syaoran. Palabra tras palabra, reflejaba a una persona minuciosa, pero también la gran mente que escondía tras las pocas frases que solía intercambiar en público. Hien era elocuente, pero poco filosófico. Syaoran, con tan sólo unas palabras, había podido crear no sólo un contexto, sino todo un mundo. Darle de forma tierna, como un dios, un alma a Shinosuke y a todos los que lo rodeaban. Pensaba, cuando lo leía, que Syaoran debía ser una persona que debía amar muy intensamente cuando se lo proponía. Debía ser de los que se entregaba en palabras, mente, cuerpo, alma y entonces, sólo entonces, logró dimensionar cuánto realmente debió haber amado él a Meiling y cuanto debió haber sufrido por ella. Una parte de sí sentía algo de envidia al respecto pues, pese a haber querido mucho a Hien, no estaba muy segura que lo de ambos fuera entonces un amor entregado.
Debía ser fantástico estar con alguien que te hace sentir como el mejor ser del universo.
.
.
Syaoran dio un sorbo a su copa de vino tinto y palpó el sabor fuerte de éste, antes de dejarla nuevamente a su lado, en el suelo alfombrado, y mirar la pantalla de su computador. Hacía tanto rato no bebía que se le hizo un poco extraño sentir tan familiar sabor, pero logró re habituarse con prontitud. Tenía la calefacción encendida, razón por la cual se daba el lujo de estar sin camiseta y tan sólo en pantalón ahí, en su apartamento. De alguna manera la salida de la mañana y el enojo que le siguió a ésta logró hacerlo centrar lo suficiente para hacerlo escribir, así fuera para desahogarse. Y se sorprendió mucho ver como en el transcurso de la tarde había avanzado veinte páginas largas. En ellas, Fiore acababa de ser comprometida en matrimonio con alguien más, mientras James, cómo "Hermano mayor" debía asistir a la boda y ayudar a los preparativos. Sin embargo, el hombre con el que pensaban casar a Fiore era de una alcance político importante y que, de hecho, se había visto envuelto en algunos escándalos de corrupción. El castaño soltó un suspiro mientras se detenía un momento, meditabundo, y luego bebió otro poco de vino. Fue en ese instante que tomó verdadera conciencia de lo mucho que realmente había escrito ese día, algo que sin duda no había sido el caso desde que Meiling estaba con él, o incluso un poco antes… ¿Qué había marcado la diferencia?
Bueno, él mismo se sentía un poco ridículo de vez en cuando con decir eso de que él creía en la existencia de las musas. Se suponía que el talento de escribir venía en el interior de cada quien y era explotado según el entorno. Sin embargo, él no lo veía del todo así. El veía la capacidad de escribir cómo aquello que conectaba lo más profundo del alma humana hacia los demás, en relación a los demás. Él no sólo escribía para sí mismo, él escribía para los otros también… para conectar con ellos. Él hacía una historia para que un determinado público la recibiera y la leyese. Entonces, ¿Qué eran las musas para Syaoran? Bueno, para empezar con esa respuesta…lo cierto es que vale la pena explicar que, a diferencia de su hermano Hien, desde niños a él le costó demasiado trabajo empatizar con las demás personas. Tal vez una de las grandes excepciones fue Eriol y la otra fue Meiling, y en ambos casos fueron ellos quienes empatizaron con él en primer lugar.
Por ese mismo motivo, en algunas circunstancias solía sentirse aislado… encerrado en su propia burbuja en la que, durante mucho tiempo, sólo tenía a los silenciosos autores de muchísimos libros que le hicieran compañía. Y durante unos años, eso fue todo lo que necesitó. Todos esos autores lo hicieron vivir muchas más aventuras en algún momento de lo que él mismo recordaba haber vivido en su escolaridad, o incluso en las salidas con sus grupos de amigos en la adolescencia. Él no era un hombre que le gustara en exceso las fiestas, caso opuesto a Hien otra vez, aunque ese elemento tal vez si pudo haber sido un gesto de rebeldía de parte suyo. El no querer ser igual a su gemelo. No. Él no era Hien. Él era Syaoran Li y quería que lo vieran como tal…que lo reconocieran por su nombre, por su esencia y no sólo por lo que representaba un distintivo color de ojos entre ambos. Él tenía capacidad de ser espadachín, luego mago, luego detective, luego un príncipe, luego un caballero. Todo dependía del libro que decidiera leer en ese momento, y el libro que sería el siguiente. Entonces...
¿Qué lugar tenían las Musas en esa composición del mundo?
Para él era el sinónimo de conexión que tenía hacia otra persona. Y que ese otro individuo pudiera tocar tanto su alma que lograra traspasar y comprender esa burbuja que lo rodeaba pero, por encima de todo, que lograra amarlo pese a ésta. Que conseguía ver el mundo a su lado, en el interior de ésta, pero le permitía salir de ella para presentarle su propio mundo. Para Syaoran, ese significado trascendía a amar tan significativamente a un alguien que se podía verter los versos enteros en esa persona y sentir que nunca serían suficiente para abarcarla. Eran el vínculo hacia el resto del mundo. Cuando tenía como punto de referencia una conexión semejante, podía entender entonces la magnitud de lo que representaba el "llegarle a alguien más"… y cómo podía ampliar esa proyección hacia los demás.
Sin embargo…Meiling…su última relación fue una relación bastante tóxica. Suspiró, algo ido, mirando la pantalla de su computador, sin verla realmente, y sólo pensaba en lo dependiente que se volvió su estabilidad de ella. Él vivía por y para ella, pero… ¿Acaso estaba eso bien? Echó la cabeza hacia atrás, un momento.
¿Qué diferencia había entre la dependencia de él hacia Meiling y la de Sakura por Hien?... ¿Qué rol, de hecho, estaba jugando Sakura recientemente con él? De repente se sintió en blanco y, durante varios segundos, no pareció tener respuesta alguna hasta que él mismo se la fue formulando progresivamente: Realmente no parecía haber mayor diferencia. Entre una relación corta, pero excesivamente dependiente, irreflexiva, pasional… a una larga, como la de Sakura, pero distante. Una que pudo durar casi una década, pero dónde Hien hacía caso omiso del sentir de novia durante tanto tiempo que murió sin darse cuenta de las crisis de identidad que ésta padecía. ¿Qué diferencia hay entre una relación corta que culmina en abandono y una larga en la que estás con alguien físicamente, pero en presencia te hace sentir solo? Durante un momento que permaneció en silencio, sintió algo de compasión hacia Sakura y su interior se suavizó un poco respecto a ella: Debe ser terrible estar rodeada de gente y en el fondo sentirse sola. Aunque bueno, ella tenía una familia que la amaba, según había escuchado. Y unos amigos que la querían mucho también. Pero, ¿Quién era él para opinar sobre eso? Después de todo, él era experto en eso de sumergirse en su propia burbuja cuando tenía muchas cosas que lo aquejaban y no entendía.
Muchos opinaban de Sakura como luz… ¿Acaso…?
"Fiore resplandecía como un sol naciente" escribió en sus laptop, y luego detalló esa frase otra vez, con sus ojos ámbares. Pensó en el beso, en su enojo y en ese estado estoico en el que se sintió en ese instante. Pensó en Sakura Kinomoto y en su propia percepción de ella… ¿Por qué? ¿Por qué había querido besarla? ¿Por qué se había molestado tanto? Haciendo el recuento, de repente se le hizo agradable el recuerdo de ella despertando en su sofá…ese mismo en el que se encontraba sentado. Ella era alguien de energía agradable y sonrisa refrescante. No era absorbente como Meiling, sino amena como una brisa con aroma a rocío. Estuvo pendiente de él, como cuando estuvo enfermo… e incluso después, disfrutaba mucho hablando de libros con ella. Syaoran le había empezado a hablar con el propósito de que ella siguiera adelante pero…de alguna manera, él también lo había hecho. Promovió a recobrarse a sí mismo, luego de sentirse perdido. Empezó a escribir una vez más.
Un sonido a las afueras de su departamento lo hizo volver bruscamente a la realidad y, con el tintineo de unas llaves, el joven abrió sus ojos claros de par en par y se incorporó de ipso facto, dejando el computador de lado, y dirigiéndose rápidamente a la puerta dónde se asomó por el pequeño mirador instalado en ésta. Y desde ahí vio a Sakura llegar, sonriendo. Lucía preciosa esa noche, febril, con su camisa negra de manga larga y sus jeans ajustados. De repente, al lado de ella, apareció el sujeto de cabellos oscuros con quien la vio en la mañana…ese tal ¿Cómo había dicho Eriol? Touya. Pero, ¿Qué horas eran? ¿Y por qué Sakura lo estaba invitando a entrar a su departamento a tan altas horas? Sintió la boca seca y el cuerpo tensionarse. No que fuera de su incumbencia pero entonces… ¿Por qué le molestaba tanto? Sin notar que eran observados, tanto Sakura como el "hombre ese" entraron al interior del 308, cerrando la puerta tras de sí. Y Syaoran, ahí de pie, tan sólo se quedó helado en la entrada de su propio departamento.
.
.
Las horas transcurrieron lentas y tortuosas. Tic, tac, tic, tac.
Syaoran no había conseguido dormir. Siguió sentado en el mismo sofá, dónde escribió, pero esta vez llevaba un buen rato indeciso y confuso y sin sentir realmente la voluntad de avanzar la historia. Su copa estaba a medio llenar… porque a lo largo de las horas que transcurrieron, él la llenó una y otra vez. Para entonces, se sentía algo atolondrado y aturdido.
Se sentía molesto, además. Muy molesto.
La única razón por la que no se había movido de ahí era porque necesitaba saber si el sujeto que había visto entrar en el 308 iba a salir, pero al darse cuenta que ya era entrada la madrugada, había perdido por completo las esperanzas de eso. Sólo podía hacerse la idea de una Sakura durmiendo desnuda entre los brazos de ese hombre, mientras él estaba ahí cómo un estúpido intentando darle sentido a un beso que no significaba nada… ¿Verdad?
Sacudió la cabeza de golpe, despejando esas ideas que sólo le hacían arder la garganta y encoger el estómago. Tensó la mandíbula y notó el reloj dando las cuatro de la mañana. El cielo seguía oscuro a esa hora, la noche era fría y las calles despedían un silencio exquisito que por lo general sólo podía añorarlo a la luz del día. Un silencio íntimo y refrescante.
Pero no para él. Apartó el laptop, ya rendido, definitivamente no iba a poder escribir esa noche más. Tenía demasiado enojo para eso, se sentía frustrado… y no sabía si era efecto del alcohol, pero ahora se sentía extrañamente valiente para decirlo. Así el beso no significara nada (porque no, no lo hacía… no), no iba a permitir que se burlaran de él en sus narices. No iba a permitir que jugaran con él una segunda vez, cómo había ocurrido con Meiling ya. Se incorporó de ahí con un renovado coraje y sin calzarse o ponerse una camisa siquiera, se dirigió hacia la puerta de su departamento y salió de ahí, cerrando la entrada tras sí. El frío del pasillo lo golpeó en su tibia piel muy de entrada, pero no bastó para quitarle la sensación de aturdimiento. Y con perdurable fuerza, se dirigió a la puerta del 308 y empezó a tocarla.
-¡Kinomoto!- exclamó, golpeando con los nudillos. Y al no recibir respuesta, empleó la palma de su mano completa, pegando fuertemente unas tres veces:- Kinomoto, ten los cojones de abrirme la puerta…. KI…NO…MO…TO.
Toda su reflexión temprana se había ido al carajo en ese momento dónde ya no pensaba desde la emotividad de la comprensión del alma, sino desde la tenacidad de un ego herido. Volvió a golpear, impaciente y cuando abrió la boca para llamarla más fuerte, la puerta se abrió. Y guardó silencio al ver a la chica con su pijama puesta, compuesta por un pantalón corto que dejaba ver unas piernas largas y bien moldeadas y una camisa de tiritas con el escote suficiente para que se notara que andaba sin sujetador. Sakura se cruzó de brazos, de hecho, algo avergonzada por tener que verse obligada a salir así, intentando disimular la desnudez que sintió de repente al vestir con tan delgada tela en su pijama, que era rosa salmón. Cuando ella dormía en la casa de él, al ser pleno invierno, solía llevar siempre pantalón largo y camisas amplias de manga larga, incluso al interior del departamento dónde había calefacción. Era la primera vez que la veía así, tan expuesta y de hecho su mirada no lo disimuló… pasando con una pasmosa lentitud desde sus piernas exhibidas, hasta sus amplias caderas, su estrecha cintura y… los senos que intentaba disimular al cruzarse de brazos, pero sólo parecía abultarlos más en el proceso. Se ruborizó, sintiendo que realmente se quedó sin habla. Y habría podido seguir así de no ser porque ahora era Sakura la que parecía molesta y terriblemente sofocada con la mirada de él. Ella era una persona tímida, ¿Qué necesidad había de hacerla salir así?
-¿¡Perdiste la cabeza, Syaoran!?- ella si lo seguía llamando por su nombre. Clavó sus ojos verdes en él y en ese instante inspiraron miedo, en lugar de su habitual dulzura:- ¡Son las cuatro y quince de la mañana! ¡Estaba durmiendo!
-¿Lo estabas?- Syaoran arqueó la ceja, escéptico, y ella imitó el gesto, pero por diferente motivo.
-Sí, estaba durmiendo, ¿Qué más estaría haciendo a esta hora en mi propia casa?- masculló la joven, impacientemente. Y luego, más contrariada, se apresuró a agregar:- ¿Qué estás haciendo tú a ésta hora en mi casa?- pero entonces Sakura parpadeó y lo miró más detenidamente. Aunque Syaoran se sostenía en pie, tenía una mirada más profunda de la que solía mostrar: Ésta era sombría, distante, embotada, con la pupila ligeramente dilatada mientras la miraba directo a los ojos. Sus mejillas yacían cubiertas por un rubor inusual en él. Tenía, además, su torso expuesto, estaba descalzo y sólo vestía con un pantalón negro. De repente, sintió el aroma que emanaba de él además de su perfume y abrió los ojos verdes con incredulidad:- … ¿Has estado bebiendo?
Syaoran tomó aire y pareció inflar el pecho en un gesto orgulloso e indiferente:- Si bebo o no, es sólo mi problema.
-¡Pues se convierte en mi problema también si llegas a la madrugada a molestarme! ¡Dime de una buena vez que rayos quieres!- exclamó Sakura de manera tan fuerte y explosiva, que el muchacho retrocedió de un respingo y la miró, asustado. Bajó la guardia de repente, pues Sakura lo tomó desprevenido con esa reacción. Y ella estaba tan molesta como rara vez se le veía, incluso daba miedo. Tanto así que la muchacha, del enojo, había descruzado sus brazos, dejando su busto libre tras la camisilla del pijama y él se sentía tan intimidado que, pese a eso, en ningún momento dejó de mirarla a los ojos, tenso. Le sostuvo la mirada largo rato y luego, armándose de valor, se aclaró la garganta y, con una voz mucho más dócil, habló.
-Ese beso que nos dimos no significa nada… ¿Entiendes? Nada en absoluto. No representó algo para mí. Fue nada. Y no me importa- lo dijo con voz ronca, aunque infinitamente más mesurada, pese a que sus palabras sonaran aun ligeramente arrastradas. Sakura concibió que se le bajó un poco la adrenalina del enojo ante eso, sintiendo de repente un vuelco en su estómago, aunque no sabía expresar éste qué significaba. Sólo supo que por un instante experimentó mucha amargura y su mirada pasó a tornarse más seria que molesta.
-Vale, ¿Algo más?
-Sí. Y has con tu vida lo que quieras, pero no me uses como uno de tus juguetes. Si te da la gana ve y revuélcate con el hombre que metiste a tu casa ahorita, porque no me importa.
-Es mi hermano, imbécil.- la voz de Sakura era baja pero cortante y Syaoran, quien iba a decir algo, se detuvo. La miró entonces fijamente y luego parpadeó, atónito.
-… ¿Tu hermano?
- Sí. Mi hermano.
-Oh…- y ahí, pese a la borrachera, de repente Syaoran se sintió terriblemente idiota. La miró fijamente, el cómo había interrumpido de la nada a esa hora donde ella y todo para darse cuenta que le hizo escándalo por su hermano. De hecho, en ese momento recordó cómo Sakura sí le había mencionado que su hermano vendría a visitarla…un mes atrás, poco antes que ocurriera lo del beso. Tomó aire, muy incómodo y la miró. Luego miró la puerta para después mirarla a ella de nuevo:-… Bueno, como sea, eso era todo. Me voy.- se viró hacia su departamento, mientras Sakura lo veía partir hasta que, en su lugar, notó como Syaoran se detenía. Pareció vacilar un instante, tocándose los bolsillos vacíos y profirió un insulto por lo bajo.
Ya agotada, Sakura suspiró:-… ¿Dejaste las llaves?- Syaoran se ruborizó de golpe, pero no respondió inmediato. Estaba algo ebrio, pero no del todo ido… ¿Con qué cara miraría a Sakura luego de todo eso? La chica, sin embargo, pese a todo no era un ogro. Se apartó, dándole vía para que entrara a su departamento:- Ven, entra. No puedes quedarte ahí afuera, pescarás otro resfriado. Te prepararé el sofá.
-Kinomoto…- Syaoran la miró, embotado. No se sentía capaz de llamarla por su nombre en esa fracción de segundo. Sakura suspiró, impaciente y, si estaba dolida, lo disimuló bien pues en ese momento pareció tener ganas únicamente de volver a su cama.
-¿Vas a entrar o no?
-No lo merezco.
-Tal vez no- reconoció ella, para luego solo soltar un largo suspiro y suavizar su expresión:- Pero de todas maneras hace meses yo no lo merecía y tú me recibiste. Ven, entra… igual, tenemos que hablar bien mañana.
Syaoran tomó aire y luego la miró fijamente. Fue un instante dónde solo sus miradas se conectaron y, tras un largo momento, soltó un suspiro y en silencio la siguió.
