Capítulo 10. Café y pizza
-¡Hermione! ¡Eres tú!- De dos zancadas, Ron recorrió la distancia que lo separaba de ella. La observó un instante, antes de tirársele encima y darle un fuerte abrazo, mientras ella permanecía muda de la impresión.
Cuando al fin la chica logró zafarse, Ron pudo contemplarla con detenimiento. Sus rizos estaban ordenados y un poco más cortos. Tenía buen semblante y no estaba tan delgada como la última vez que la había visto (claro en aquella época acaba de terminar la guerra y habían pasado muchas privaciones). Notó que ya no era la niña, ni la adolescente que en ocasiones veía en sus recuerdos. Ahora era una mujer (y muy bonita). Ahora tenía veintitrés años y, a diferencia de él, tenía exactamente la misma estatura. Sus ojos café proyectaban ese brillo seductor que lo volvía loco. Quiso decirle tantas cosas, pero solo pudo preguntar:
-Hermione. ¿Qué haces aquí?
-Vine a hacer unas compras- contestó la chica mientras apuntaba con la barbilla el enorme almacén que se cernía a la espalda de Ron.
-Ah claro, unas compras. Aquí, justo aquí.
- Y tú Ron ¿Qué haces aquí?
-Es una larga, aburrida y estúpida historia. Espera a qué le cuente a Harry que te encontré... que nos encontramos quiero decir.
-¡Harry!- dijo Hermoine, cómo quién acaba de recordar algo. -¿Lo sigues viendo? ¿Cómo está él?
-¿Qué si lo sigo viendo? Claro que sí. Es mi mejor amigo. Además de que es el novio de Ginny.
-Wow, que bien.
Ambos chicos siguieron conversando por un buen rato en medio del parqueo del almacén, a la vista y paciencia de todos quienes pasaban por allí, tanto clientes como empleados. Ron no podía creer que en medio del caos que era su vida, hubiera encontrado a Hermione justo ahí, en el lugar menos pensado. Tantos años preguntándose dónde estaría y mejor aún cómo estaría y ahora la tenía justo al frente, tenía ganas de abrazarla, de besarla, de hacerle mil preguntas y de contarle igual número de cosas, así que lo tomó por sorpresa cuando ella trató de despedirse, con la excusa de que tenía mucho que hacer.
-¿Cómo Hermoine?- contestó Ron al intento de huída. -Tenemos años de no vernos y simplemente me dices que te vas porque estás ocupada. Tengo muchas cosas que contarte.
-Es que me imagino que tú también estás ocupado y no te quiero distraer más.
-Pues te equivocas, no estoy para nada ocupado. En realidad no tengo absolutamente nada qué hacer. Así que no te vas a librar de mí tan fácilmente.
Hermione, no pudo más que sonreír.
-Bueno Ron- dijo la chica. -Cuéntame esa historia larga y aburrida que te tiene por acá.
Ron recordó que a la vuelta del almacén había un lugar donde vendían comida. Lo sabía porque todos los días pasaba por allí, a pesar de que nunca había entrado, le pareció que sería una buena idea salir del parqueo y sentarse a conversar e incluso comer algo. Curiosamente se percató que tanto su cabeza como su estómago habían dejado de dolerle.
Los chicos entraron al local que resultó ser una cafetería pequeña y agradable. Tomaron una mesa ubicada en una esquina.
Una simpática camarera les entregó el menú del cual Ron no entendió ni una palabra.
Hermione, sin ver el menú, se limitó a pedir un café capuchino y Ron pidió exactamente lo mismo.
Al poco rato la joven trajo dos tazas grandes y humeantes, con una gruesa capa de espuma blanca rociada con canela en polvo.
Hermione inhaló el fuerte aroma que desprendía la bebida y luego la probó complacida. Ron la imitó.
-Esto es asqueroso- dijo Ron, tras darle un sorbo a su taza.
Hermione, estalló en carcajadas, ante la mirada interrogadora de Ron.
-¿De qué te ríes?- quiso saber Ron.
-De nada... Solo que… es exactamente lo mismo que dijiste la primera vez que probaste un capuchino.
-Claro que no- contestó Ron. -Nunca antes había probado esta porquería.
-Sí que lo habías hecho y dijiste exactamente lo mismo. ¿No te acuerdas? Fue justo después de la boda de tu hermano Bill, cuando tuvimos que huir. De previo a ir a Grimauld Place, fuimos a una cafetería y...
-¿Dónde nos atacaron aquellos mortífagos, Dolohov y aquel otro?- la interrumpió Ron. -Con razón no me acuerdo, tenía cosas más importantes de qué preocuparme. Cómo seguir vivo, por ejemplo.- Ron estaba visiblemente divertido y agregó: -Pero claro tú si te acuerdas, siempre tuviste excelente memoria, veo que no has cambiado.
Hermione sonrió nuevamente y Ron sintió que su corazón le daba un vuelco. De repente parecía que volvía a tener dieciséis años.
-Échale un poco de azúcar- intervino Hermione. -Al café, me refiero. Hará que te sepa mejor.
Ron siguió el consejo de la chica, sin embargo tras tres cucharas de azúcar llegó a la conclusión de que no había forma que el sabor mejorara. Mucho se sorprendió cuando Hermione le confesó que ella era prácticamente adicta al café, pues tomaba de cuatro a cinco tazas por día.
Los siguientes minutos transcurrieron sin darse cuenta. Ron le contó los motivos por los cuáles estaba en las afueras del almacén, todo lo relacionado con la PREPPA y su intento de incursión en el mundo muggle. Hermione lo escuchaba muy atenta, realizando muestras de admiración ante todo lo que escuchaba.
-Ron, no lo puedo creer. Auror, estás a punto de convertirte en auror. Ese era tu sueño desde niño. Me imagino que es realmente difícil llegar a convertirse en uno. Te felicito.
-¿Y qué hay de ti? -le preguntó Ron. -¿Qué has hecho todos estos años? ¿Dónde has estado?
-Después de la guerra, fui a Australia, a buscar a mis padres. Eso ya lo sabías. Luego nos fuimos a Estados Unidos, a Boston. Ahí seguí estudiando y hace unos días volví a Londres, porque a mi papá le hicieron una buena oferta de trabajo. Por el momento vine sola, mi papá tenía que dejar todo arreglado en Boston, mientras tanto estoy alistando el apartamento donde viviremos. Por eso estaba en el almacén, tenía que hacer varias compras.
-Estados Unidos. Tengo un compañero de clases que es de ahí. Dice que la comunidad mágica es enorme, especialmente en Nueva York. ¿No se sintieron extraños tus padres entre tantos magos y brujas?
-Ron- intervino Hermione. –Yo también tengo varias cosas que contarte. En primer lugar todo este tiempo no he vivido con mis padres, de hecho solo he vivido con mi papá, no con mi mamá. Ella murió. Y en segundo lugar no he vivido en ninguna comunidad mágica, sino en el mundo muggle. Yo no volví a practicar la magia.
-¿Queeeeé?- Preguntó Ron, atragantándose y visiblemente confundido. –¿Qué me quieres decir? No entiendo nada. Ya no eres una bruja. ¿Y Cómo es eso que tú mamá falleció? ¿Cuándo pasó, cómo pasó?
Hermione le contó que ella logró encontrar a sus padres en Australia. Los localizó por medio del consulado británico, no fue difícil dar con ellos. Sin embargo, cuando los encontró su mamá estaba muy enferma y al poco tiempo murió. Le contó que ese triste suceso tuvo como resultado que la relación con su padre se viera fortalecida, por lo que aceptó su propuesta de irse con él a Boston, donde vivía el resto de su familia paterna, pues en Londres ya no había nada para ellos.
Ron escuchaba esta historia muy contrariado. No entendía cómo Hermione podía decir que en Inglaterra ya no había nada para ella. ¿Y él? ¿Y Harry? ¿Qué acaso no eran también su familia? ¿Sus amigos? Sin embargo le pareció que no era el momento para realizar reproche alguno, pues se notaba que el recuerdo de lo pasado afectaba a su amiga.
-Hermione, lamento mucho todo lo que me cuentas- digo Ron mientras inconscientemente posaba su mano sobre la de ella. -No tenía ni idea de que tu mamá había… bueno ya sabes. Yo también conozco el dolor que se siente al perder a un familiar cercano, a un ser querido…
-Ron no tienes que decírmelo, yo sé que tú me entiendes.
-Pero lo que no entiendo es eso de que ya no practicas la magia. ¿Tuvo algo que ver la muerte de tu mamá?
-Mira Ron, cuando mi mamá falleció, estuve muy triste. Pero luego la tristeza se convirtió en furia, conmigo misma. Pensé en todo el tiempo que pude pasar con ella y no lo hice. La mitad de mi vida la pasé en ese internado, lo que me impidió estar junto a mis padres. Mi madre pasó sus últimos meses lejos de su propia casa, rodeada de extraños, creyendo que era alguien que no era. Y todo fue mi culpa, desde los once años, desde que me fui de casa, prácticamente los abandoné, los últimos años ni siquiera pasé las vacaciones con ellos, siempre pensé en mi y solo en mi, nunca en ellos. Sabes Ron, si hubiera encontrado a mi madre un par de semanas más tarde ni siquiera hubiera estado junto a ella cuando murió. Ni siquiera me hubiera podido despedir.
Esto último lo dijo Hermione visiblemente afectada, mientras las lágrimas surcaban su rostro.
-Hermione, lo entiendo, entiendo tu dolor- dijo Ron -Pero ¿Qué tiene todo esto que ver con la magia?
-Todo Ron. ¿Qué no lo ves? Por tratar de ser una bruja, descuidé a mis padres, a mi familia, los abandoné, los envié lejos, solos. Todo fue culpa de la magia, por eso decidí que nunca más volvería a practicarla. Después de la muerte de mi mamá decidí vivir como una mugle y cuidar de lo poco que me quedaba.
-Hermione, sigo sin entender- exclamó Ron mostrándose un tanto irritado. –Tú, eres la mejor bruja he conocido. Todo tu talento. ¿Cómo puedes desperdiciarlo? Vivir como una muggle, cuando no lo eres. ¿Qué culpa tiene la magia en lo que te sucedió? En la Academia de Aurores hubiera dado lo que fuera por tener la mitad de tu capacidad, de tu inteligencia.
-Discúlpame Ron- contestó Hermione molesta. –Discúlpame si mi inteligencia no estuvo a tu disposición para ayudarte- agregó en tono irónico. -Si no entiendes mis motivos, por lo menos trata de respetarlos… pero sabes en algo tienes razón. La magia no tuvo la culpa de lo que le pasó a mi mamá. La culpa fue únicamente mía, por dejarla sola, por no estar junto a ella cuando enfermó.
-Hermione. No fue mi intención herirte. Sé que tuviste tus motivos y aunque no los pueda entender, sé que hiciste lo que consideraste correcto. No quisiera que la primera vez que nos vemos luego de tanto tiempo, terminemos discutiendo- una leve sonrisa, a modo de disculpa, se dibujó en los labios de Ron.
-Ay Ron, parece que hay cosas que nunca cambian.- La chica también sonrió.
-Sí, eso parece- agregó Ron, quien al cabo de un rato con deseos de cambiar el rumbo de la conversación añadió -Entonces ahora eres una... renegada.
-¿Una qué?- preguntó Hermione un tanto confundida.
Ron le explicó del Club de los Marginados y de cómo había dado con él. Le contó que había visto a Luna, quien le había explicado lo de los renegados y que si bien Luna creía que existían, nunca los había visto. Ron no podía creer que su amiga de toda la vida, sin ni siquiera saberlo, se hubiera convertido en una auténtica renegada. Siguieron conversando y al cabo de un rato descubrió que no era mentira que Hermione tomaba mucho café, ya que en las horas que pasaron juntos la chica ordenó otras dos tazas de capuchino. Hermione le explicó que su afición por la bebida inició luego de irse a vivir a Boston e ingresar a la universidad a estudiar Derecho, carrera que requería gran dedicación y desvelo, por lo que descubrió en el café un aliado para ello.
-¡Derecho!- exclamó Ron impactado por la noticia. –Así que eres… ¿Cómo le dicen los muggles?... Abogada.
Hermione le dijo que todavía no, que le faltaba poco. En Boston había logrado avanzar bastante, pero ahora que había regresado a vivir a Londres debía buscar una universidad donde continuar con sus estudios. También le contó que por el momento estaba viviendo sola, en el centro de Londres, a pocas cuadras del antiguo trabajo de Ron, en lo que ella llamó una torre de apartamentos, esto mientras regresaba su padre, lo que sucedería en unas dos o tres semanas. Cuando Ron le explicó donde vivía él, ella se mostró muy sorprendida.
Así, entre tazas de café, plática, risas, discusiones y recuerdos, se hizo de noche. Ron insistía en que la vida muggle era una verdadera porquería y Hermione, un poco más relajada, le aseguraba que tenía sus cosas buenas.
-Ah sí dime una sola cosa que sea mejor en el mundo de los mugles que en el mundo mágico y te daré la razón- insistía Ron.
-Es fácil. Los muggles tienen, o mejor dicho, tenemos que hacer todo con nuestras propias manos, no hay varitas, ni pociones que nos ayuden, por eso sabemos valorar los logros, porque todo nos cuesta mucho. Desde que volví a vivir como muggle aprecio más las cosas pequeñas y sencillas, como la puesta del sol…
-Ay Hermione- la interrumpió Ron. –Estamos hablando en serio, no me vengas con bobadas como el atardecer o peor aún el amanecer, que no tienen nada de maravilloso y que en todo caso también se pueden ver en el mundo mágico. ¿Que acaso crees que no sale el sol? Me refiere a algo que de verdad sea mejor, algo que los muggles tengan y los magos no. Te apuesto lo que sea a que no existe.
-Es que en este momento no se me ocurre nada- dijo Hermione. –Tengo que pensarlo.
-Bueno cuando se te ocurra algo, me lo cuentas.
Los chicos decidieron que ya era hora de abandonar la cafetería, pues llevaban horas en ese lugar. Regresaron al parqueo del almacén a recoger el coche de Hermione. Ron se ofreció a acompañarla hasta su casa, pese a que la chica le aseguró que era a tan solo un par de cuadras. El coche de Hermione era un Mini Cooper, color rojo, de dos puertas, realmente pequeño para las largas piernas de Ron. La chica le contó que era alquilado y que había aprendido a conducir en Boston, pero que ahora estaba volviendo a aprender, pues en Londres se manejaba por la derecha. Ron escuchaba con atención, pese a que no entendía mucho.
Efectivamente el edificio de apartamentos, donde vivía Hermione, quedaba a escasas tres cuadras del almacén. Ron, se sorprendió bastante cuando vio lo alto que era, además de que por fuera parecía muy elegante. También se sorprendió cuando Hermione se limitó a dejar el coche en la acera, mientras un chico uniformado le tomaba las llaves. En la puerta de la edificación había otro hombre elegantemente vestido, quien Hermione saludó desde lejos, le explicó a Ron que era el portero, algo así como Filch, solo que más educado.
Los chicos permanecieron un rato en la acera del edificio, pues parecía que ninguno de los dos quería despedirse.
-¿Estás seguro que no quieres que te lleve a tu casa?- preguntó Hermione.
-Estoy seguro. No te molestes. No me gustaría que tuvieras que regresar sola. Yo puedo tomar el autobús.
-Bueno si tú lo dices…Ron quería decirte que fue una agradable sorpresa volver a verte. No sabía qué encontraría en Inglaterra luego de todos estos años, así que me alegro mucho que fueras el primer conocido con quien me encuentro.
-Para mí también ha sido una gran alegría, volver a verte, después de tanto tiempo.
Un silencio incómodo se produjo entre ellos.
-Creo que ya es hora de irme- dijo Ron. -Pero mañana tengo que volver al almacén, tengo que recoger lo que llaman liquidación o algo así. Tal vez pueda pasar a verte, si no te molesta.
-Claro. Pasa, ven cuando quieras.
Los chicos se despidieron con un fuerte abrazo. Ron se resistía a soltarla, pues temía no volver a verla, pero al cabo de unos segundos no tuvo más opción que aflojar un poco el abrazo.
Ella dio media vuelta y caminó rumbo a la entrada principal de su edificio. Ron permaneció inmóvil en la acera, observándola mientras se alejaba. Se disponía a marcharse, cuando Hermione giró y de prisa regresó a su lado.
-Lo tengo- dijo Hermione. -Sabía que había algo. La pizza.
-¿Qué?- preguntó Ron un tanto confuso. -¿De qué estás hablando?
-De la pizza. Apostaste que no había nada que fuera mejor en el mundo muggle que en el mágico. Y ahí lo tienes. La pizza. Es deliciosa y solo los muggles la comen. Nunca he visto a un mago haciéndolo.
-Pues no sé de qué me hablas- dijo Ron visiblemente divertido. –Pero me parece que es de uno de mis temas favoritos. La comida. Si tú dices que es buena, la probaré, pero tendrás que acompañarme. ¿Es un trato?- propuso Ron mientras extendía su mano derecha, en señal de acuerdo.
-Es un trato- dijo Hermione, estrechando la mano de Ron.
Gracias a aquellas personas que se han tomado el tiempo para leer, para dejarme comentarios o incluirme entre sus favoritos. Hace años que inicié esta historia, porque quería contar mi propia versión, me costó mucho decidirme a publicarla, así que cada vez que recibo noticias de que a alguien le ha gustado, me alegro mucho. Han sido pocos los comentarios, pero cada uno ha sido especial y me motivan a continuar subiendo los capítulos que con tanto cariño he escrito. Un abrazo.
